EL ANTICRISTO
(Maldición sobre el cristianismo)
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Me opongo, dicho una vez más, a que el fanático sea introducido en el tipo del redentor: la palabra impérieux [imperioso] usada por Renan, anula ya por sí sola el tipo. La «buena nueva» consiste cabalmente en que ya no hay antítesis; el reino de los cielos pertenece a los niños; la fe que aquí hace oír su voz no es una fe conquistada con lucha, - está ahí, está desde el principio, es, por así decirlo, una infantilidad que se ha retirado a lo espiritual. El caso de la pubertad retardada y no formada del todo en el organismo, como derivación de la degeneración, es familiar al menos a los fisiólogos. - Semejante fe no se encoleriza, no censura, no se defiende: no lleva «la espada» no barrunta en absoluto hasta qué punto ella podría llegar alguna vez a dividir. No da pruebas de sí misma, ni con milagros, ni con premios y promesas, y menos aún «con la Escritura»: ella misma es en todo instante su milagro, su premio, su prueba, su «reino de Dios». Tampoco esa fe se formula a sí núsma -lo que hace es vivir, se defiende de las fórmulas. Es cierto que el azar del ambiente, del idioma, de la formación anterior determina un cierto círculo de conceptos: el cristianismo primitivo maneja sólo conceptos judeo-semíticos ( - entre ellos está el comer y beber en la comunión, ese concepto del que la Iglesia ha abusado tan perversamente, como de todo lo judío). Pero guardémonos de ver en esto algo más que un hablar por signos, una semiótica, una ocasión de emplear metáforas. justo el no tomar ninguna palabra literalmente es, para este anti-realista, la condición previa para poder hablar sin más. Entre indios se habría servido de los conceptos del Sankhya, entre chinos, de los de Laotse - sin sentir en ello ninguna diferencia - .Con cierta tolerancia en la expresión se podría llamar a Jesús un «espíritu libre» - ninguna cosa fija le importa.- la palabra mata, todo lo que está fijo mata. El concepto, la experiencia «vida», única que él conoce, se opone en él a toda especie de palabra, fórmula, ley, fe, dogma. El habla meramente de lo más íntimo: «vida» o «verdad» o «Luz» son sus palabras para designar lo más íntimo, - todo el resto, la realidad entera, la naturaleza entera, el lenguaje mismo no tienen para él más valor que el de un signo, un símbolo. -En este lugar no es lícito en modo alguno equivocarse, aun cuando sea muy grande la seducción que hay en el prejuicio cristiano, quiero decir, eclesiástico: semejante simbolismo par excellence está fuera de toda religión, de todos los conceptos del culto, de toda experiencia del mundo, de todos los conocimientos, de toda política, de toda psicología, de todos los libros, de todo arte -su «saber» es justo la tontería pura en lo referente a que algo así exista. La cultura no le es conocida ni de oídas, no necesita luchar contra ella, - no la niega... Lo mismo ocurre con el Estado, con el orden y la sociedad civiles en su totalidad, con el trabajo, con la guerra - jamás ha tenido motivo alguno de negar «el mundo», jamás ha barruntado el concepto eclesiástico «mundo»... justo el negar es lo totalmente imposible para él. - Asimismo falta la dialéctica, falta la noción de que una fe, una «verdad» pudieran ser probadas con razones ( - sus pruebas son «luces» interiores, sentimientos interiores de placer y afirmaciones interiores de sí mismo, meras «pruebas de la fuerza»  Semejante doctrina no puede tampoco contradecir, no comprende en modo alguno que haya, que pueda haber otras doctrinas, no sabe representarse en absoluto un modo contrapuesto de juzgar... Mi donde tropieza con él, lo lamentará, desde su más íntima simpatía, como «ceguera», - pues ella ve la «luz» pero no hará ninguna objeción...


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En la psicología entera del evangelio falta el concepto culpa y castigo, asimismo, el concepto premio. El «pecado», cualquier relación distanciada entre Dios y el hombre, se halla eliminado, - justo eso es la «buena nueva». La bienaventuraza no es prometida, no es vinculada a unas condiciones: ella es la única realidad- el resto es signo para hablar de ella... La consecuencia de semejante estado se proyecta en una nueva práctica, la práctica propiamente evangélica. No es una «fe» lo que distingue al cristiano: el cristiano obra, se distingue por un obrar diferente. El no opone resistencia, ni con palabras ni en el corazón, a quien es malvado con él. El no establece ninguna diferencia entre extranjeros y nativos, judíos y no judíos («el prójimo» es propiamente el que tiene la misma fe, el
judío). El no se encoleriza con nadie, ni menosprecia a nadie. El no se deja ver en los tribunales, ni se deja citar ante ellos «circunstancia, ni siquiera en el caso de una infidelidad demostrada de aquélla. - Todo esto es, en el fondo, un único principio, todo, consecuencias de un único instinto.-
La vida del Redentor no fue otra cosa que esa práctica, - tampoco su muerte fue otra cosa... El ya no necesitaba, para su trato con Dios, fórmulas ni ritos - ni siquiera la oración. Ha roto con  la entera doctrina judía de penitencia y reconciliación; sabe que únicamente con la práctica de la vida es como uno se siente «dívino», «bienaventurado», «evangélico», «hijo de Dios» en todo tiempo. Ni la «penitencia» ni la «oración en demanda de perdón» son caminos que conducen a Dios: sólo la práctica evangélica conduce a él, ella precisamente es «Dios». - Lo que con el evangelio quedó eliminado fue el judaísmo de los conceptos «pecado», «remisión n del. pecado», «fe», «redención por la fe» - la entera doctrina eclesiástica judía quedó negada en la «buena nueva.
El instinto profundo de cómo hay que vivir para sentirse «en el cielo», para sentirse   «eterno», mientras que con cualquier otra conducta uno no «Se siente en el cielo»: ésa es la única realidad psicológica de la «redención». - Una nueva forma de vida, no una nueva fe ...
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Si yo entiendo algo de este gran simbolista, es que él tomó por realidades, por «verdades», únicamente realidades interiores, - que concibió el resto, todo lo natural, temporal, espacial, histórico, únicamente como signo, como ocasión de parábolas.. El concepto «hijo del hombre» no es una persona concreta, perteneciente a la historia, una realidad singular, irrepetible, sino un hecho «eterno», un símbolo psicológico desligado del concepto de tiempo. Lo mismo vuelve a ocurrir, y en el sentido más alto, con el Dios de ese simbólico típico, con el «reino de los cielos», con la afiliación divina». Nada es menos cristiano que las tosquedades eclesiásticas que hablan de un Dios como persona, de un «reino de Dios» que se avecina, de un «reino de los cielos» situado más allá, de un «hijo de Dios» segunda persona de la Trinidad. Todo eso es perdóneseme la expresión - un
puñetazo en el ojo - ¡oh, en qué ojo! del evangelio; un cinismo histórico -mundial en el escarnio del símbolo... Pero resulta patente - no para todos, lo confieso - a qué se alude con los signos «padre» e «hijo»: con la palabra «hijo» se expresa el ingreso en el sentimiento de transfiguración global de todas las cosas (la bienaventuranza), con la palabra «padre», ese sentimiento mismo, el sentimiento de eternidad, de perfección. - Me avergüenzo de recordar qué es lo que la Iglesia ha hecho de ese simbolismo: ¿no ha colocado en el umbral de la «fe» cristiana una historia de Anfitrión? ¿Y, encima de eso, un dogma de la «inmaculada concepción» '?... Pero con ello ha maculado la concepción - -
El «reino de los cielos» es un estado del corazón no algo situado «por encima de la tierra» o que llegue «tras la muerte». El concepto de muerte natural falta completamente en el evangelio: la muerte no es un puente, un tránsito, la muerte falta porque pertenece a un mundo completamente distinto, a un mundo sólo aparente, sólo útil para proporcionar signos. La «hora de la muerte» no es un concepto cristiano  -la «hora», el tiempo, la vida física y sus crisis no existen en absoluto para el maestro de la «buena nueva»... El «reino de Dios» no es algo que se aguarde; no tiene un ayer ni un pasadomañana, no llega dentro de «mil años» - es una experiencia en un corazón; está en todas partes, no está en ningún lugar...
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Este «buen mensajero» murió tal como vivió, tal como enseñó - no para «redimir a los hombres», sino para mostrar cómo se ha de vivir. Lo que él legó a la humanidad es la práctica: su comportamiento ante los jueces, ante los sayones, ante los acusadores y ante toda especie de calumnia y burla, - su comportamiento en la cruz. El no opone resistencia, no defiende su derecho, no da ningún paso para apartar de sí lo más extremo, más aún, lo provoca... Y él ora, sufre, ama con quienes, en quienes le hacen mal... Las palabras dichas al ladrón en la cruz contienen el evangelio entero-. «Este ha sido en verdad un hombre divino, un 
'hijo de Dios'», dice el ladrón. «Si tú sientes eso - responde el Redentor --entonces estás en el paraíso, entonces también tú eres un
hijo de Dios ... » . No defenderse, no encolerizarse, no hacer responsable a nadie...Por el contrario, no oponer resistencia ni siquiera al malvado, -amarlo...
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-Sólo nosotros, nosotros los espíritus que hemos llegado a ser libres, tenemos el presupuesto para entender algo que diecinueve siglos han malentendido, - aquella honestidad, convertida en instinto y en pasión, que hace la guerra a la «mentita santa» más aún que a toda otra mentira... Se ha estado indeciblemente lejos de nuestra amorosa y precavida neutralidad, de aquella disciplina de espíritu que es la única que permite adivinar cosas tan extrañas, tan delicadas: en todo tiempo se ha querido aquí, con un desvergonzado egoísmo, sólo la ventaja propia, a base de la antítesis al evangelio se ha construido la Iglesia... Quien buscase signos de que una divinidad irónica mueve sus dedos tras el gran juego del mundo, encontraría un apoyo no pequeño en el enorme signo de
interrogación que se llama cristianismo. Que la humanidad esté postrada de rodillas ante la antítesis de lo que fue el origen, el sentido, el derecho del evangelio, que haya canonizado en el concepto «Iglesia» justo aquello que el «buen mensajeros sentía por debajo de sí, por detrás de sí -en vano se buscará una forma mayor de ironía histórico-universal - -
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- Nuestra época está orgullosa de su sentido histórico: ¿cómo ha podido llegar a creerse el sinsentido de que al comienzo del cristianismo está la grosera, fábula de un taumaturgo y redentor, -y de que todo lo espiritual y simbólico es tan sólo un desarrollo tardío? Al contrario: la historia del cristianismo - a partir de la muerte en la cruz - es la historia del malentendido, cada vez más grosero, de un simbolismo originario. A cada expansión del cristianismo sobre masas más amplias aún, más toscas aún, que iban perdiendo cada vez más los presupuestos de que aquel nació, hízose más necesario vulgarizar, barbarizar el cristianismo, - éste engulló dentro de sí doctrinas y ritos de todos los cultos subterráneos del imperium romanum [imperio romano], el sinsentido de todas las especies de razón enferma. El destino del cristianismo consiste en la necesidad de que su misma fe tuviera que volverse tan enferma, baja y vulgar, como enfermas, bajas y vulgares eran las necesidades que con él debían quedar aplacadas. La misma barbarie enferma acaba por agregarse al poder en cuanto Iglesia, - la Iglesia, esa forma de enemistad mortal a toda honestidad, a toda altura de alma, a toda disciplina de espíritu, a toda humanidad franca y bondadosa. - Los valores cristianos - los valores aristocráticos.- ¡sólo nosotros, nosotros los espíritus que hemos llegado a ser libres, hemos restablecido esa antítesis de valores, la más grande que existe! - -
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-En este lugar no consigo reprimir un sollozo. Hay días en que me invade un sentimiento más negro que la más negra melancolía - el desprecio a los hombres. Y para no dejar ninguna duda sobre qué es lo que yo desprecio, sobre quién es el que yo desprecio: es el hombre de hoy, el hombre del que yo soy fatalmente contemporáneo. El hombre de hoy -yo me asfixio con su sucia respiración.. Frente a las cosas pasadas soy, al igual que todos los hombres de conocimiento, de una gran tolerancia, es decir, de un autodominio magnánimo: yo atravieso con una sombría cautela ese manicomio que ha sido el mundo durante mílenios enteros, ya se llame «cristianismo», o «fe cristiana», o «Iglesia cristianas, - me guardo de hacer responsable a la humanidad de sus enfermedades mentales. Pero mi sentimiento cambia, explota, tan pronto como ingreso en la época moderna, en nuestra época. Nuestra época está enterada... Lo que en otro tiempo no era más que algo enfermo se ha convertido hoy en algo indecente,-es indecente ser hoy cristiano. Y aquí comíenza mi náusea. - Miro a mi alrededor.- ni una palabra ha quedado ya de lo que en otro tiempo se llamó «verdad», nosotros no soportamos ya ni siquiera que un sacerdote tome en su boca la palabra «verdad». Aun cuando la pretensión de honestidad sea modestisima, nosotros tenemos que saber hoy que, en cada frase que dice, un teólogo, un sacerdote, un papa, no sólo yerra, sino que miente, -que ya no es libre de mentir por «inocencia», por «ignorancia». Tanbbién el sacerdote sabe, como lo sabe todo el mundo, que ya no hay un «Dios», un «pecador», un «redentor»,- que la «voluntad libre», el «orden moral del mundo son mentiras: - la seriedad, el autovencimiento profundo del espíritu no permiten ya a nadie no estar enterado de eso... Todos los conceptos de la Iglesia se hallan reconocidos como lo que son, como la más maligna superchería que existe, realizada con la finalidad de desvalorizar la naturaleza, los valores naturales; el sacerdote mismo se halla reconocido como lo que es, como la especie más peligrosa de parásito, como la auténtica araña venenosa de la vida... Nosotros sabemos, nuestra conciencia lo sabe hoy -qué valor tienen, para qué han servido esas siniestras invenciones de los sacerdotes y de la Iglesia con las cuales se alcanzó aquel estado de autodeshonra de la humanidad capaz de producir náusea con su espectáculo - los conceptos «más allá», «juicio final», «inmortalidad del alma», el «alma» misma; son instrumentos de tortura, son sistemas de crueldades mediante los cuales el sacerdote llegó a ser señor, siguió siendo señor... Todo el mundo sabe eso: y, sin embargo, todo sigue igual que antes. ¿A dónde ha ido a parar el último sentimiento de decencia, de respeto a sí mismo, si hasta nuestros estadistas, por lo demás una especie muy desenvuelta de hombres y de anticristianos completos de la acción, continúan hoy denominándose cristianos y van a comulgar?... Un joven príncipe, a la cabeza de sus regimientos, magnífico como expresión del egoísmo y de la altanería de su pueblo, - ¡pero confesándose cristiano, sin ninguna vergüenza! ... ¿A quién niega, pues, el cristianismo?, ¿qué quiere decir «mundo»? Ser un soldado, ser un juez, ser un patriota; defenderse; mantener el honor propio; querer la ventaja propia; ser orgulloso... Toda práctica de todo instante, todo instinto, toda valoración que se transforme en acción son hoy anticristianos- ¡qué engendro de falsedad tiene que ser el hombre moderno para no avergonzarse, a pesar de todo, de seguir llamándose cristiano! - - - Anticristo
























































































































































































































































































































































































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-Voy a volver atrás, voy a contar la auténtica historia del cristianismo. - Ya la palabra «cristianismo» es un malentendido -, en el fondo no ha habido más que un cristiano, y ése murió en la cruz. El «evangelio» murió en la cruz. Lo que a partir de ese instante se llama «evangelio» era ya la antítesis de lo que él había vivido: una «mala nueva», un
disangelio. Es falso hasta el sinsentido ver en una «fe», en la fe, por ejemplo, en la redención por Cristo, el signo distintivo del cristiano: sólo la práctica cristiana, una vida tal como la vivió el que murió en la cruz, es cristiana... Todavía hoy esa vida es posible, para ciertos hombres es incluso necesaria: el cristianismo auténtico, el originario, será posible en todos los tiempos... No un creer, sino un hacer, sobre todo un no -hacer -muchas -cosas, un- ser distinto... Los estados de consciencia, una creencia cualquiera, un tener- algo- por- verdadero, por ejemplo, - todo psicólogo lo sabe - son, en efecto, estados completamente indiferentes y de quinto orden comparados con el valor de los instintos: dicho con mayor rigor, el concepto entero de causalidad espiritual es falso. Reducir el ser-cristiano, la cristiandad, a un tener -algo-por-verdadero, a una mera fenomenalidad de consciencia, significa negar la cristiandad'. De hecho no ha habido en absoluto cristianos. El «cristiano», lo que desde hace dos milenios se llama un cristiano, es meramente un auto-malentendído psicológico. Miradas las cosas con mayor exactitud, en él han dominado, a pesar de toda «fe», meramente los instintos - ¡y qué instintos! -En todos los tiempos, por ejemplo en Lutero, la «fe» ha sido únicamente un manto, un pretexto, una cortina tras la cual los instintos jugaban su juego, una inteligente ceguera acerca del dominio de ciertos instintos... Ls «fe» -ya antes la llamé la auténtica listeza cristiana, - se ha hablado siempre de la «fe», pero se ha obrado siempre tan sólo por instinto... En el mundo de representaciones del cristiano no aparece nada que roce siquiera la realidad: por el contrario, nosotros hemos reconocido en el odio instintivo a toda realidad el elemento impulsor, el único elemento impulsor existente en la raíz del cristianismo. ¿Qué se sigue de esto? Que también in psychologicis [en las cuestiones psicológicas el error es aquí radical, es decir, determinante de la esencia, es decir, sustancia. Quítese aquí un concepto, póngase en su lugar una única realidad,- ¡y el cristianismo entero se precipitará rodando en la nada! -Visto desde lo alto, este hecho, el más extraño de todos, una religión que no sólo está condicionada por errores, sino que tan sólo en errores dañosos, tan sólo en errores que envenenan la vida y el corazón es inventiva e incluso genial, no deja de ser un espectáculo para dioses, - para aquellas divinidades que son a la vez filósofos y con las que yo me encontré, por ejemplo, en aquellos famosos diálogos de Naxos. En el mismo instante en que la náusea se retira de ellos ( -¡y de nosotros! ), vuélvanse agradecidos al espectáculo del cristiano: acaso tan sólo en razón de este curioso caso merezca el pequeño y mísero astro llamado tierra una mirada divina, un interés divino... No infravaloremos, pues, al cristiano: el cristiano, falso hasta la inocencia, supera en mucho al rnono, - con respecto a los cristianos, una conocida teoría sobre la descendencia se convierte en mera galantería...
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- La fatalidad del evangelio se decidió con la muerte, - quedó colgada de la «cruz»... Sólo la muerte, esa muerte ignominiosa y no aguardada, sólo la cruz, la cual estaba en general reservada únicamente a la canaille [gentuza], -sólo esa horrorosísima paradoja enfrentó a los discípulos con el auténtico enigma- «¿quién fue?, ¿qué fue?» -El sentimiento trastornado y, en lo más hondo, ofendido, el recelo de que acaso tal muerte fuera la refutación de su causa, el horrendo signo de interrogación «¿por qué precisamente así?» -ése es un estado que se comprende muy bien. Aquí todo tenía que ser necesario, poseer un sentido, una razón, una suprema razón; el amor de un discípulo no conoce el azar. Sólo entonces se abrió el abismo: «¿quién lo ha matado?, ¿quién era su enemigo natural?» -esta pregunta irrumpió como un rayo. Respuesta. el judaísmo dominante, su estamento supremo. A partir de ese instante los discípulos se sintieron en rebeldía contra el orden, concibieron posteriorrnente a Jesús como alguien que estaba en rebeldía contra el orden. Hasta entonces faltaba en su imagen ese rasgo belicoso, ese rasgo que dice no, que hace no; más aún, él era la contradicción de ese rasgo. Es evidente que la pequeña comunidad no entendió precisamente lo principal, lo ejemplar en ese modo de morir, la libertad, la superioridad sobre todo sentimiento de ressentiment.- - ¡signo de cuán poco le llegó a entender!  En sí jesús no pudo querer con su muerte otra cosa que dar públicamente la prueba más fuerte, la demostración de su doctrina... Pero sus discípulos estaban lejos de perdonar esa muerte, -lo cual habría sido evangélico en el sentido más alto; y menos aún de ofrecerse a una muerte idéntica, con una suave y afable calma de corazón... Fue justo el sentimiento menos evangélico de todos, la venganza, el que de nuevo se impuso. Era imposible que, con esa muerte, la causa pudiera haber llegado a su final: se necesitaba una «reparación», un «juicio» ( -y, sin embargo, --qué puede ser menos evangélico que la «reparación», el «castigo», el «someter a juicio»! ). Una vez más pasó a primer plano la expectación popular de un rnesías.- se fijó la mirada en un instante histórico: el «reino de Dios» viene para juzgar a sus enemigos... Mas, con esto, todo queda malentendido: ¡el «reino de Dios», como acto conclusivo, como promesa! El evangelio había sido, sin embargo, precisamente el estar-ahí, el estar-cumplido ese «reino», la realidad de ese «reino». justo tal muerte era precisamente ese «reino de Dios»...Sólo ahora se introdujo en el tipo del maestro todo el desprecio y toda la amargura contra los fariseos y los teólogos, - ¡con esto se hizo de él un fariseo y un teólogo! Por otro lado, la veneración, vuelta salvaje, de esas almas salidas completamente de sus quicios no soportó ya aquella evangélica igualdad de derechos de todo el mundo a ser hijos de Dios enseñada por Jesús: su venganza consistió en exaltar a Jesús de una manera extravagante, en desligarlo de ellos mismos: exactamente igual que en otro tiempo los judíos, por venganza contra sus enemigos, habían separado de ellos mismos a su Dios y lo habían elevado a la altura. El Dios único y el hijo único de Dios: ambos, productos del ressentiment ...
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-Y a partir de ese instante surgió un problema absurdo, « ¡cómo pudo Dios permitir eso! » La trastornada razón de la pequeña comunidad encontó a esto una respuesta realmente espantosa y absurda:Dios entregó su Hijo para remisión de los pecados, como víctima. ¡Cómo se acabó de un solo polpe con el evangelio! - ¡El sacrificio reparador, y en su forma más repugnante, más bárbara, el sacrificio del inocente por los pecados de los culpables! -¡Qué horrendo paganismo! - Jesús había sustituido, en efecto, el concepto mismo «culpa», - negó todo abismo entre Dios y el hombre, vivió esa unidad de Dios y hombre como su «buena nueva»... ¡Y no como privilegio  -A partir de ahora en el título del redentor ingresan sucesivamente: la doctrina del juicio y del retorno, la doctrina de la muerte como muerte-sacrificio, la doctrina de la resurrección, con la cual queda escamoteado el concepto entero de «bienaventuranza», realidad entera y única del evangelio,- ¡en favor de un estado después de la muerte! ... Con aquella insolencia de rabino que lo distingue en todo, Pablo logicizó así esta concepción. esta impudicia de concepción: «si Cristo no resucitó de entre los muertos,
vana es nuestra fe». - Y de un solo golpe se hizo del evangelio la más despreciable de todas las promesas incumplibles, la desvergonzada doctrina de la inmortalidad personal... ¡Pablo mismo la enseñó incluso como premio!...
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Ya se ve qué es lo que, con la muerte en la cruz, había llegado a su final: un punto de arranque completamente originario para un movimiento budista de paz, para una efectiva, no meramente prometida, felicidad en la tierra. Pues - ya lo he destacado - la diferencia fundamental entre ambas religiones de décadence continúa siendo ésta: el budismo no promete, sino que cumple, el cristianismo promete todo, pero no cumple nada. - A la «buena nueva» la sucedió inmediatamente la peor de todas: la de Pablo. En Pablo cobra cuerpo el tipo antítético del «buen mensajeros, el genio en el odio, en la visión del odio, en la implacable lógica del odio. ¡Cuántas cosas ha sacrificado  al odio este
disevangelista!  Ante todo, el redentor; lo clavó a la cruz suya. La vida, el tiempo, la doctrina, la muerte, el sentido y el derecho del evangelio entero - todo eso dejó de existir cuando este falsario por odio comprendió qué era lo único que él podía usar. ¡No la realidad, no la verdad histórica! ... Y, una vez más, el instinto sacerdotal del judío perpetró  e inventó una historia del cristianismo primitivo. Más aún: falsificó otra vez la historia de Israel, para que apareciese como la prehistoria de su acción:  todos los profetas han hablado de su «redentor»... Más tarde la Iglesia falseó incluso la historia de la humanidad, convirtiéndola en Prehistoria del cristianismo... El tipo del redentor, la doctrina, la práctica, la muerte, el sentido de la muerte, incluso el después de la muerte - nada quedó intacto, nada.continuó siendo siquiera parecido a la realidad. El centro de gravedad de toda aquella existencia, Pablo lo desplazó sencillamente detrás de esa existencia, - lo situó en la mentira del Jesús «resucitado». En el fondo él no podía usar en modo alguno la vida del redentor,  - necesitaba la muerte en la cruz, y algo más aún... Tener por honesto a un Pablo, cuya patria era la sede principal de la ilustración estoica, cuando a base de una alucinación adereza la prueba de que el redentor sigue viviendo, o prestar siquiera fe a su relato de que él tuvo esa alucinación, sería una verdadera niaiserie [bobería] por parte de un psicólogo: Pablo quería el fin, por consiguiente quiso también los medios... Lo que él mismo no creía, creyéronlo los idiotas entre los cuales arrojó su doctrina. - Su necesidad era el poder; con Pablo, una vez más quiso el sacerdote alcanzar el poder, - él sólo podía usar conceptos, doctrinas, símbolos con los que se tiraniza a las masas, con los que se forman rebaños. - ¿Qué es lo único que Mahoma tomó en préstamo más tarde al cristianismo? El invento de Pablo, su medio de lograr la tiranía sacerdotal, de formar rebaños: la creencia en la inmortalidad - es decir, la doctrina del «juicio»...
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Cuando se coloca el centro de gravedad de la vida no en la vida, sino en el «más allá» - en la nada, - se le ha quitado a la vida como tal el centro de gravedad. La gran mentira de la inmortalidad personal destruye toda razón, toda naturaleza existente en el instinto, - a partir de ahora todo lo que en los instintos es beneficioso, favorecedor a la vida, garantizador del futuro, suscita desconfianza. Vivir de tal modo que ya no tenga sentido vivir, eso es lo que ahora se convierte en el «sentido» de la vida...¿Para qué ya el sentido de comunidad, para qué la gratitud a la ascendencia y a los antepasados, para qué colaborar, confiar, para qué favorecer y tener en cuenta algún bien general?... Todas esas cosas son «tentaciones», todas esas cosas son desviaciones del «camino recto» - «una sola cosa es necesaria... En cuanto «alma inmortal», cada uno tiene idéntico rango que cualquier otro, en el conjunto de todos los seres la «salvación de cada individuo tiene derecho a reclamar una importancia eterna, pequeños santurrones, y locos en sus tres cuartas partes, tienen derecho a imaginarse que, en razón de ellos, las leyes de la naturaleza son transgredidas de modo constante - nunca se estigmatizará con bastante desprecio semejante intensificación hasta lo infinito, hasta lo impúdico, de toda especie de egoísmo. Y, sin embargo, el cristianismo debe su victoria a esa deplorable adulación de la vanidad versonal, - con ella es con la que ha persuadido a seguirle cabalmente a todos los malogrados, a todos los hombres de sentimientos rebeldes, a los fracasados, a todos los desechos y escorias de la humanidad. La «salvación del alma» - dicho
claramente: «el mundo gira alrededor de mí»... El veneno de la doctrina «idénticos derechos para todos» - es el cristianismo el que lo ha diseminado de modo más radical, desde los más escondidos rincones de los ínstintos malos el cristianismo ha hecho una guerra a muerte a todo sentimiento de respeto v de distancia entre los hombres, es decir, al presupuesto de toda elevación, de todo crecimiento de la cultura, - con el resentimiento de las masas ha forjado su arma capital contra nosotros, contra todos los seres aristocráticos, joviales, generosos que hay en la tierra, contra nuestra felicidad en la tierra... La «inmortalidad», concedida a todo Pedro y a todo Pablo ha sido hasta ahora el atentado máximo contra la humanidad aristocrática, el atentado más maligno. - ¡Y no infravaloremos la fatalidad que desde el cristianismo se ha introclucido furtivamente hasta en la política! Nadie tiene ya hoy valor para reclamar derechos especiales, derechos señoriales, un sentimiento de respeto para consigo mismo y para con sus iguales, - un pathos de la distancia... ¡Nuestra política está enferma de esa falta de valor! - El aristocratismo de los sentimientos ha sido socavado de la manera más subterránea por la mentira de la igualdad de las almas; y si la creencia en el «privilegio de los más» hace y hará revoluciones, es el cristianismo, no se dude de ello, son los juicios cristianos de valor los que toda revolución no hace más que traducir en sangre y crímenes! El cristianismo es una rebelión de todo lo que- se-atrastra-por-el- suelo contra lo que tiene altura: el evangelio de los «víles» envilece...
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-Los evangelios no tienen precio como testimonio de la ya incontenible corrupción existente dentro de la primera comunidad. Lo que Pablo llevó luego hasta el final, con el cinismo lógico de un rabino, no fue, a pesar de todo, más que el proceso de decadencia que co menzó con la muerte del redentor. -Nunca se leerán con bastante cuidado esos evangelios; tienen sus
dificultades detrás de cada palabra.Yo confieso, y espero que no se me tome esto a mal, que, justo por ello, son para un psicólogo una diversión de primer rango, - como antítesis de toda corrupción ingenua, como el refinamiento par excellence, como maestría artística en la corrupción psicológica. Los evangelios son algo aparte. La Biblia en general no consiente ninguna comparación. Estamos entre judíos: primer punto de vista para no perder aquí completamente el hilo. La trasposición de sí mismo a lo «santo», la cuál se vuelve aquí realmente genio y que jamás ha sido alcanzada ni de manera aproximada en ningún otro libro ni ser humano, esa superchería de palabras y de gestos como arte, no es el azar de un talento individual cualquiera, de una naturaleza cualquiera de excepción. Para esto se necesita raza. El judaísmo entero, una preejercitación y una técnica judías seculares completamente serias, alcanzan su última maestría en el cristianismo en cuanto arte de mentir santamente. El cristiano, esa ultima ratio [última razón] de la mentira, es el judío duplicado - incluso triplicado... La voluntad radical de emplear únicamente conceptos, símbolos, gestos comprobados por la práctica del sacerdote, el rechazo instintivo de toda otra práctica, de toda otra especie de perspectiva de valores y de utilidad - eso no es sólo tradición, eso es herencia.- sólo por ser herencia actúa como naturaleza. La humanidad entera, incluso las mejores cabezas de las mejores épocas - (exceptuando uno solo, que quizá sea un simple monstruo - ) se han dejado engañar. El evangelio ha sido leído como libro de la inocencia... : indicio no pequeño de la maestría con que aquí se ha representado la comedia. - Ciertamente: si nosotros viésemos, aunque sólo fuera de paso, a todos esos prodigiosos santurrones y santos artificiosos, todo habría acabado, - y justo porque yo no leo ninguna palabra sin ver gestos, acabo con ellos... Yo no soporto en ellos una cierta manera de alzar los ojos. -Por suerte, para la mayoría los libros son mera literatura - -Es preciso no dejarse llevar a engaño. «¡no juzguéis! », dicen, pero ellos mandan al infierno a todo lo que los estorba. Al hacer que Dios juzgue, son ellos mismos los que juzgan; al glorificar a Dios, se glorifican a sí mismos; al exigir precisamente las virtudes de que ellos son capaces - más aún, que ellos necesitan para permanecer encumbrados -, aparentan grandiosamente pelear por la virtud, luchar por el dominio de la virtud. «Nosotros vivimos, nosotros morimos, nosotros nos sacrificamos por el bien» ( - la «verdad», la «luz», el «reino de Dios»): en verdad, hacen lo que no pueden dejar de hacer. Al abrirse paso con aire de santurrones, al estar sentados en un rincón, al vegetar en la sombra como sombras, hacen de ello un deber: en cuanto deber, su vida aparece como humildad, en cuanto humildad, esa vida es una prueba más de piedad... ¡Ay, esa humilde, casta, misericordioso especie de mendacidad! «La virtud misma debe testimoniar a nuestro favor»... Leánse los evangelios como libros que ejercen seducción con la moral: la moral queda confiscada por esas gentecinas, ¡ellas saben cuánta importancia tiene la moral! ¡Con la moral es con lo que mejor se lleva a la humanidad por la nariz! - La realidad es que aquí una muy consciente arrogancia de elegidos representa el papel de la modestia: de una vez por todas, uno se ha puesto a sí mismo, a la «comunidad», a los «buenos y justos» de un lado, el de la verdad -y al resto, «al mundo», del otro... Esta ha sido la especie más funesta de delirio de grandeza habido hasta ahora en la tierra: pequeños engendros de santurrones y mentirosos comenzaron a reivindicar para sí los conceptos «Dios», «verdad», «luz», «espíritu», «amor», «sabiduría», «vida», como sinónimos de ellos mismos, por así decirlo, para de ese modo trazar una frontera entre el «mundo» y ellos; pequeños judíos superlativos, maduros para toda especie de manicomio, invirtieron hacia sí mismos los valores, como si sólo el cristiano fuera el sentido, la sal, la medida, también el juicio final de todo el resto... Toda esta fatalidad fue posibilitada únicamente por el hecho de que ya existía en el mundo una especie afín, racialmente afín, de delirio de grandeza, el delirio de grandeza judío.- desde el momento en que se abrió el abismo entre judíos y judeocristianos, a estos últimos no les quedó otra opción que emplear contra los judíos los mismos procedimientos de autoconservación aconsejados por el instinto judío, mientras que los judíos habían venido empleando hasta entonces esos procedimientos sólo contra todo lo no-judío. El cristiano es sólo un judío de confesión «más libre».- Anticristo
























































































































































































































































































































































































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- Voy a dar unas cuantas pruebas de lo que esa gentecilla se ha metido en la cabeza, de lo que ha puesto en boca de su maestro: puras confesiones de «
almas bellas». -
   «Y si en algún lugar no os reciben ni escuchan, marchaos de allí y sacudid el polvo de vuestros pies, en testimonio contra ellos. Yo os digo: en verdad, a Sodoma y a Gomorra les irá mejor en el juicio final que a aquella ciudad» (Marc. 6, 1 1) - ¡Qué evangélico!
   
«Y a quien escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le seria que le colgasen al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar» (Mare. 9, 42)  ¡Qué evangélico!...
   «Si tu ojo te escandaliza, arrójalo de ti. Mejor te es entrar con un solo ojo en el reino de Dios que tener los dos ojos y ser arrojado al fuego del infierno; donde su gusano no muere y su fuego no se apaga» (Marc. 9, 47) - No es precisamente al ojo a lo que se refiere ...
«En verdad, yo os digo, hay aquí algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el reino de Dios» (Marc. 9, 1 l). - Bien mentido, león...
«Quien quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo y tome su cruz sobre sí y sígame. Pues ... » (Nota de un psicólogo. La moral cristiana es refutada por sus pues: sus «razones» refutan, - eso es lo cristiano). Marc. 8, 34. -
«No juzguéis, para que no seáis juzgados.Con la medida con que midáis se os rnedirá a vosotros.» (Mar. 7, 1) - ¡Qué concepto de la justicia, de un juez «justo»! ...
«Pues si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si os comportáis amistosamente tan sólo con vuestros hermanos, ¿qué hacéis de especial? ¿No hacen eso también los publicanos?» (Mat. 5, 46) -Principio del «amor cristiano: quiere, en última instancia, ser pagado bien...
«Pues si vosotros no perdonáis a los hombres sus faltas, tampoco os perdonará vuestro padre que está en el cielo "'» (Mat. 6, 15). -Muy comprometedor para el llamado «padre»...
«Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura»(   [Mat.6, 33]...). Todo eso: a saber, la alimentación, el vestido, todas las necesidades de la vida. Un error, para expresarle modestamente... Poco después Dios aparece como sastre, al menos en ciertos casos...
«Alegraos en ese día y saltad de gozo: pues he aquí que vuestro premio es grande en el cielo. Lo mismo hicieron también sus padres con los profetas» ([Luc. 6, 231 ... ). ¡Chusma desvergonzada! Se compara ya con los profetas...
«¿No sabéis que sois templo de Dios y que el espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguien destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él: pues el templo de Dios es sagrado, y vosotros sois ese templo» (Pablo, 1 Cor. 3, 16) - Cosas como ésas no se las despreciará nunca bastante...
«¿No sabéis que los santos juzgarán al mundo? Pues si el mundo va a ser juzgado por vosotros: ¿no sois bastante buenos para juzgar cosas menores?» (Pablo, 1 Cor. 6, 2). Por desgracia, no es simplemente el discurso de
un habitante de manicomio... Este espantoso estafador continúa diciendo textualmente: «¿No sabéis que nosotros juzgaremos a los ángeles? ¡Cuánto más a los bisnes temporales! »...
«¿No ha hecho Dios de la sabiduría de este mundo una tontería? Puesto que el inundo con su sabiduría no reconoció a Dios en su sabiduría, Dios se complació en hacer bienaventurados a los creyentes mediante una predicación necia. No muchos sabios según la carne, no muchos poderosos, no muchos nobles son llamados. Sino lo que es necio ante el mundo lo ha elegido Dios para deshonrar a los sabios; y lo que es débil ante el mundo lo ha elegido Dios para deshonrar a lo fuerte. Y lo innoble ante el mundo y lo despreciarlo lo ha elegido Dios, y lo que es nada, para aniquilar a lo que es algo. Para que ninguna carne se gloríe delante de él» (Pablo, 1 Cor. 1, 20 ss.)'. -Para comprender este pasaje, que es un testimonio de primerísimo rango para la psicología de toda moral de chandala, léase el tratado primero de mi Genealogía de la moral: en él ha sido puesta de manifiesto por vez primera la antítesis entre una moral aristocrática y una moral de chandala, nacida del resentimiento y de una venganza impotente. Pablo ha sido el más grande de todos los apóstoles de la venganza...
Anticristo
























































































































































































































































































































































































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-¿Qué se sigue de esto? Que uno hace bien en ponerse los guantes cuando lee el Nuevo Testamento. La cercanía de tanta suciedad casi compele a hacerlo. Así como no eligiríamos para nuestras relaciones a unos judíos polacos, tampoco elegiríamos a unos «primeros cristianos»: no es que sea siquiera necesario tener una objeción contra ellos... Ni unos ni otros
huelen bien. - En vano he estado buscando en el Nuevo Testamento aunque sólo fuera un rasgo simpático; nada hay en él que sea libre, bondadoso, franco, honesto. No hay allí siquiera un primer comienzo de humanidad, - faltan los instintos de la limpieza... En el Nuevo Testamento hay únicamente instintos malos, no existe siquiera valor para ellos. Todo en él es cobardía, todo es cerrar los ojos y engañarse a sí mismo. Todo libro se vuelve limpio cuando uno acaba de leer el Nuevo Testamento: para dar un ejemplo, yo, inmediatamente después de Pablo, he leído con embeleso a aquel graciosísimo y petulantísimo burlón que fue Petronio, del que podría decirse lo que Domenico Boccaccio escribió al duque de Parma sobre César Borgia.- é tutto festo (todo él es firme] -inmortalmente sano, inmortalmente jovial y bien constituido-... Esos pequeños santurrones, en efecto, hacen mal sus cálculos en lo principal. Atacan, pero todo lo atacado por ellos queda, por eso mismo, distinguido. Aquel a quien un «primer cristianos lo ataca, no queda ensuciado... A la inversa: es un honor tener contra uno a «primeros cristianos». Uno no lee el Nuevo Testamento sin sentir predilección por lo que en él es maltratado, - para no hablar de la «sabiduría de este mundo», que un insolente bravucón intenta en vano deshonrar «con una predicación necia»... Pero incluso los fariseos y los escribas sacan ventaja de tales adversarios, tienen que haber poseído algún valor para ser odiados de manera tan indecente. Fariseísmo - ¡ése sería un reproche que a los «primeros cristianos» les sería lícito hacer! - En última instancia, eran los privilegiados: eso basta, el odio del chandala no necesita más razones. El «primer cristiano - temo que también el «último cristiano, al que acaso yo llegaré aún a ver  -es, desde lo más profundo de su instinto, un rebelde contra todo lo privilegiado -vive, lucha siempre por «derechos iguales»... Vistas las cosas con más exactitud, no le queda otra opción. Si uno quiere ser en su propia persona un «elegido de Dios» -o un «templo de Dios», o un «juez de los ángeles» -, entonces todo otro principio de elección, basado, por ejemplo, en la honestidad, en el espíritu, en la virilidad y el orgullo, en la belleza y la libertad de corazón, es sencillamente el «mundo», - el mal en sí... Moraleja: toda palabra en boca de un «primer cristiano» es una mentira, toda acción que él realice, una falsedad instintiva, - todos sus valores, todas sus metas son perjudiciales, pero aquel a quien él odia, aquello que él odia, tiene valor... El cristiano, en especial el cristiano-sacerdote, es un criterio de valores - - ¿He de añadir que en todo el Nuevo Testamento no aparece más que una única figura a la que es preciso honrar? Pilato, el gobernador romano. Tomar en serio un asunto entre judíos -es una cosa de que él no logra persuadirse. Un judío más o menos -¿qué importa?... La burla aristocrática de un romano ante el cual se está abusando desvergonzadamente de la palabra «verdad», ha enriquecido el Nuevo Testamento con la única frase que tiene valor, - que es su crítica, incluso su aniquilación: «¡qué es la verdad! » ...
Anticristo
























































































































































































































































































































































































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- Lo que nos separa no es el hecho de que ni en la historia, ni en la naturaleza, ni detrás de la naturaleza reencontremos nosotros un Dios, - sino el que aquello que ha sido venerado como Dios nosotros lo sintamos no como algo «divino», sino como algo digno de lástima, absurdo, nocivo, no sólo como un error, sino como un crimen contra la vida... Nosotros negamos a Dios en cuanto Dios... Si se nos demostrase ese Dios de los cristianos, sabríamos creerlo menos aún. - Dicho en una fórmula: deus, qualem Paulus creavit, dei negatio [Dios, tal como Pablo lo creó, es la negación de Dios . - Una religión como el cristianismo, que en ningún. punto tiene contacto con la realidad, que se derrumba tan pronto como la realidad obtiene su derecho, aunque sólo sea en un punto, tiene que ser, como es obvio, enemiga mortal de la «sabiduría del mundo», quiero decir, de la ciencia, - esa religión dará por buenos todos los medios con que puedan quedar envenenadas, calumniadas, desacreditadas la disciplina de espíritu, la pureza y la severidad en las cuestiones de conciencia del espíritu, la aristocrática frialdad y libertad de espíritu. La «fe» como imperativo es el veto a la ciencia, -in praxi [en la ráctica], la mentira a cualquier precio... Pablo comprendió que la mentira - que la «fe» era necesaria; más tarde la Iglesia comprendió a su vez a Pablo. - El «Dios» que Pablo se inventó, un Dios que «deshonra la sabiduría del mundo» (en un sentido más estricto, las dos grandes adversarias de toda superstición, la filología y la medicina), es en verdad únicamente la resuelta decisión de Pablo mismo de hacer eso: llamar «Dios» a su propia voluntad, ahora [doctrina], eso es algo primordialmente judío. Es Pablo el que quiere deshonrar «la sabiduría del mundo»: los enemigos de Pablo son los buenos filólogos y médicos de formación alejandrina -, es a ellos a quienes él hace la guerra. De hecho, no se es filólogo y médico sin ser también, al mismo tiempo, anticristiano. En efecto, como filólogo uno mira por detrás de los «libros santos», como médico, por detrás de la degeneración fisiológica del cristiano típico. El médico dice «incurable», el filólogo, «superchería»...
Anticristo
























































































































































































































































































































































































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- ¿Se ha entendido de verdad la famosa historia que está al comienzo de la Biblia, - acerca de la angustia infernal de Dios frente a la ciencia?... No se la ha entendido. Ese libro sacerdotal par excellence comienza, como es obvio, con la gran dificultad interna del sacerdote: éste tiene un único peligro grande, por consiguiente «Dios» tiene un único peligro grande. -
El viejo Dios, todo él «espíritu», todo él sumo sacerdote, todo él perfección, se pasea por su jardín placenteramente: sólo que se aburre. Contra el aburrimiento luchan en vano incluso los dioses.¿Qué hace? Inventa al hombre, - el hombre es algo entretenido... Pero he aquí que también el hombre se aburre. El apiadamiento de Dios por la única molestia que en sí tienen todos los paraísos no conoce límites: pronto creó también otros animales. Primer fallo de Dios:el hombre no encontró entretenidos a los animales, - los dominaba, no quería siquiera ser un «animal». - Por consiguiente, Dios creó a la mujer. Y de hecho, ahora el aburrimiento se terminó - ¡pero también se teminaron otras cosas! La mujer fue el segundo fallo de Dios. - «La mujer es, por su esencia, serpiente, Eva»- esto lo sabe todo sacerdote; «de la mujer viene todo infortunio al mundo» - esto lo sabe asimismo todo sacerdote. «Por consiguiente, también la ciencia viene de ella»... Sólo a través de la mujer llegó el hombre a gustar del árbol del conocimiento. - ¿Qué había ocurrido? Al viejo Dios lo invadió una angustia infernal. El hombre mismo había sido su máximo fallo, Dios se había creado un rival, la ciencia hace iguales a Dios, - ¡se han terminado los sacerdotes y los dioses si el hombre se vuelve científico! -Moraleja: la ciencia es lo prohibido en sí, - ella es lo único prohibido. La ciencia es el primer pecado, el germen de todo pecado, el pecado original. La moral no es más que esto. - «No conocerás». -el resto se sigue de ahí. -La angustia infernal de Dios no le impidió ser listo. ¿Cómo defenderse de la ciencia?, ése fue durante largo tiempo su principal problema. Respuesta.- ¡fuera del Paraíso el hombre! La felicidad, la ociosidad inducen a tener pensamientos, - todos los pensamientos son pensamientos malos... El hombre no debe pensar. -Y el « sacerdote en sí» inventa la indigencia, la muerte, el peligro mortal del embarazo, toda especie de miseria, vejez, fatiga, sobre todo la enfermedad, - ¡simples medios en la lucha con la ciencia! La indigencia no le permite al hombre pensar... Y, ¡pese a todo!, ¡algo espantoso! La obra del conocimiento se alza cual una torre, asaltando el cielo, trayendo el crepúsculo de los dioses, - ¡qué hacer! -El vicio Dios inventa la guerra, separa los pueblos, hace que los hombres se aniquilen mutamente (los sacerdotes han tenido siempre necesidad de la guerra ... ). La guerra - ¡entre otras cosas, una gran perturbadora de la paz de la ciencia! - ¡Increíble! Pese a las guerras, el conocimiento, la emancipación con respecto al sacerdote, aumenta. -Y al viejo Dios se le ocurre una última decisión: «el hombre se ha vuelto científico - no queda otro remedio, ¡hay que ahogarlo!»...
Anticristo
























































































































































































































































































































































































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- Se me ha entendido. El comienzo de la Biblia contiene la Psicología entera del sacerdote. - El sacerdote conoce únicamente un peligro grande: ese peligro es la ciencia - el concepto sano de causa y efecto. Pero en su conjunto la ciencia prospera sólo en circunstancias propicias, - para «conocer» hay que tener tiempo, hay que tener espíritu de sobra... «Por consiguiente, hay que hacer desgraciado al hombre», - ésa fue en todo tiempo la lógica del sacerdote. -Se adivina ya qué es lo primero que, de acuerdo con esa lógica, Y ¡no al mundo: - el «pecado»... Elconcepto de culpa y de castigo, el entero «Orden moral del mundo» han sido inventados contra la ciencia, - contra la liberación del hombre respecto al sacerdote... El hombre no debe.mirar hacia fuera, debe mirar dentro de sí. no debe mirar dentro de las cosas con listeza Y cautela, como alguien que aprende, no debe mirar en absoluto: debe sufrir... Y debe sufrir de tal modo qué en todo tiempo tenga necesidad del sacerdote. - ¡Fuera los médicos! Lo que se necesita es un salvador. -El concepto de culpa y de castigo, incluida la doctrina de la «gracia», de la «redención», del «perdón» - mentiras completas, carentes de toda realidad psicólogica - todo eso ha sido inventado para destruir el sentido de las causas en el hombre: ¡son el atentado contra el concepto causa y efecto! - ¡Y no un atentado con el puño, con el cuchillo, con honestidad en el odio y en el amor! ¡Sino un atentado salido de los instintos más cobardes, más astutos, más viles! ¡Un atentado de sacerdotes! Un atentado de parásitos! ¡Un vampirismo propio de pálidas y subterráneas sanguijuelas! ... Si las consecuencias naturales de un acto no son ya «naturales», sino que se piensa que están producidas por fantasmas conceptuales propios de la superstición, por «Dios», por «espíritus», por «almas», como consecuencias meramente «morales», que son un premio, un castigo, una señal, un medio de educación, entonces queda destruido el presupuesto del conocimíento, -entonces se ha cometido el máximo crimen contra la humanidad. - El pecado, digámoslo otra vez, esa forma par excellence de autodeshonra del hombre, ha sido inventado para hacer imposible la ciencia, la cultura, toda elevación y aristocracia del hombre; el sacerdote domina merced al invento del pecado.
Anticristo
























































































































































































































































































































































































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En este lugar no voy a dispensarme de dar una psicología de la «fe», de .los «creyentes», en provecho, como es obvio, precisamente de los «creyentes». Sí aún hoy no faltan quienes no saben hasta qué punto ser «creyentes» es indecente -o un indicio de décadence,de una quebrantada voluntad de vida -, mañana lo sabrán. Mi voz llega incluso a los duros de oído. - Si es que yo no he oído mal, parece que entre los cristianos hay una especie de criterio de verdad, al que se da el nombre de «la prueba de la fuerza». «La
fe hace bienaventurados a los hombres: por tanto, es verdadera. - Aquí sería lícito objetar, en primer término, que precisamente ese hacer- bienaventurados a los hombres no está probado, sino sólo prometido: la bienaventuranza está vinculada a la condición de la fe, - se debe llegar a ser bienaventurado porque se cree... Pero que ocurra efectivamente lo que el sacerdote le promete al creyente para el «más allá», el cual es inaccesible a todo control, ¿con qué se prueba eso? - En el fondo, pues, la presunta «prueba de la fuerza» no es a su vez más que una fe en que no dejará de darse el efecto que uno se promete de la fe. Expresado en una fórmula: «yo creo que la fe hace bienaventurados a los hombres; por consiguiente, es verdadera».-Mas con esto hemos llegado ya al final. Ese «por consiguiente sería el absurdum mismo como criterio de verdad. - Supongamos, sin embargo, con un poco de condescendencia, que el hecho de que la fe hace bienaventurados a los hombres ésta demostrado - no sólo deseado, no sólo prometido por la boca un poco sospechosa de un sacerdote; -¿sería la bienaventuranza, - o, dicho más técnicamente, el placer alguna vez una prueba de la verdad? Lo es tan poco, que casi aporta la prueba de lo contrario, y en todo caso induce a la máxima suspicacia acerca de la «verdad» cuando en la pregunta «¿qué es verdadero?» hablan también sentimientos de placer. La prueba del «placer» es una prueba de «placer», - nada más; ¿a base de qué, por vida mía, estaría establecido que precisamente los juicios verdaderos producen más gusto que los falsos y que, de acuerdo con una armonía preestablecida, traen consigo necesariamente sentimientos agradables? - La experiencia de todos los espíritus rigurosos, de todos los espíritus de índole profunda enseña lo contrario. Con lucha ha habido que conquistar todo avance en la verdad, a cambio de él ha habido que entregar casi todo lo demás a que se adhieren el corazón  honesto en las cosas del espíritu? ¡Ser riguroso con el propio corazón, despreciar los «bellos sentimientos», hacer de cada sí y de cada no un asunto de conciencia! - - La fe hace bienaventurados a los hombres: por conisiguiente, miente...
Anticristo
























































































































































































































































































































































































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Que a veces la fe hace bienaventurados a los hombres, que la bienaventuranza no hace ya de una idea fija una idea verdadera, que la fe no desplaza montañas, sino que emplaza
montañas donde no las hay: una fugaz visita a un manicomio resulta bastante clarificadora a este respecto. No, desde luego, para un sacerdote: pues por instinto él niega que la enfermedad sea enfermedad, que el manicomio sea un manicomio. El cristiano tiene nécesidad de la enfermedad, más o menos como los griegos tienen necesidad de un exceso de salud, - poner-enfermo al hombre es la verdadera intención oculta de todo el sistema de procedimientos salutíferos de la Iglesia. Y la Iglesia misma - ¿no es ella el manicomio católico como último ideal? - ¿La tierra en cuanto tal como manicomio? - El hombre religioso, tal como la Iglesia lo quiere, es un décadent típico; el momento en que una crisis religiosa se adueña de un pueblo viene caracterizado siempre por epidemias nerviosas; el «mundo interior» del hombre religioso se asemeja, hasta confundirse con él, al «mundo interior» de los sobreexcitados y extenuados, los estados «supremos» que el cristianismo ha suspendido por encima de la humanidad, como valor de todos los valores, son formas epileptoídes, - la Iglesia ha canonizado in majorem dei honorem - [para mayor honra de Dios] únicamente a locos o a grandes estafadores... En una ocasión me he permitido calificar el training [gimnasia] cristiano entero de penitencia y redención (donde mejor se lo estudia hoy es en Inglaterra) de folie circulaire [locura circular] producida metódicamente, como es obvio, en un terreno ya preparado para ello, es decir, radicalmente enfermizo. Nadie es libre de hacerse cristiano: uno no se «convierte» al cristianismo, -hay que estar suficientemente enfermo para ello... Nosotros los que somos distintos, los que tenemos valor para la salud v también para el desprecio, ¡cómo nos está permitido a nosotros despreciar una religión que ha enseñado a malentender el cuerpo!, ¡que no quiere desprenderse de las supersticiones del alma!, ¡que hace un «mérito» de la alimentación insuficiente! , ¡que en la salud combate una especie de enemigo, demonio, tentación!, que se persuadió de que es posible pasear un «alma perfecta» en un cadáver de cuerpo, y que para ello tuvo necesidad de fabricarse un nuevo concepto de «perfección», un ente pálido, enfermizo, idiotamente exaltado, la denominada «santidad», - ¡la santidad, que no es más que una serie de síntomas propios del cuerpo empobrecido, enervado, incurablemente corrompido! ... El movimiento cristiano, en cuanto movimiento europeo, es de antemano un movimiento conjunto de los elementos de desecho v desperdicio de toda especie: - ese movimiento quiere llegar al poder con el cristianismo. No expresa la decadencia de una raza, es un agregado de formas de décadence que desde todos los lados se aglomeran y se buscan. No fue, como se cree, la corrupción de la Antigüedad misma, de la Antigüedad aristocrática, la que hizo posible el cristianismo.- nunca será demasiada la dureza con que se contradiga al idiotismo docto que todavía hoy sostiene algo así. -En la época en que las enfermas, corrompidas capas de los chandalas se cristianizaban en el imperium entero, el tipo opuesto, la aristocracia, se hallaba presente en la figura más bella y más madura. El gran número llegó a dominar; el democratismo de los instintos cristianos venció... El cristianismo no era «nacional», no estaba condicionado por la raza,-se dirigía a toda especie de desheredados de la vida, tenía sus aliados en todas partes. El cristianismo tiene en su base la rancune [rencor] propia de los enfermos, el instinto dirigido contra los sanos, contra la salud. Todo lo bien constituido, lo orgulloso, lo petulante, sobre todo la belleza, daría sus oídos y sus ojos. Voy a recordar una vez más la inapreciable frase de Pablo: Lo que es débil ante el mundo, lo que es necio ante el mundo, lo innoble y despreciado ante el mundo lo ha elegido Dios»: esa fue la fórmula, in hoc signo [bajo esta insignia] venció la décadence,-. -Dios en la cruz - ¿es que no se entiende todavía el terrible pensamiento que está detrás de ese símbolo? -Todo lo que sufre, todo lo que pende de la cruz, es divino... Todos nosotros pendemos de la cruz, por consiguiente nosotros somos divinos... Sólo nosotros somos divinos... El cristianisrno fue una victoria, por causa suya pereció una mentalidad más aristocrática - el cristianismo ha sido hasta ahora la máxima desgracia de la humanidad. - -
Anticristo
























































































































































































































































































































































































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El cristianismo es también antitético de toda buena constitución espiritual, -sólo puede utilizar como razón cristiana la razón enferma, toma partido por todo lo idiota, lanza una maldición contra el «espíritu», contra la superbia [soberbia] del espíritu sano. Dado que la enfermedad forma parte de la esencia del cristianismo,  también el estado de ánimo típicamente cristiano, la «fe», tiene que ser una forma de enfermedad, todos los caminos derechos, honestos, científicos del conocimiento tienen que ser rechazados por la Iglesia como caminos prohibidos. Ya la duda es un pecado... La falta completa de limpieza psicológica en el sacerdote - que se delata en su mirada -es un fenómeno consecutivo de la décadence, - obsérvese en las mujeres históricas y, por otro lado, en los niños de constitución raquítica la regularidad con que la falsedad por instinto, el placer de mentir por mentir, la incapacidad de mirar y caminar de frente son expresión de décadence. «Fe» significa no-,querer-saber lo que es verdadero. El pietista, el sacerdote de ambos sexos es falso porque está enfermo- su instínto exige que en ningún punto la verdad obtenga su derecho. «Lo que pone enfermo es bueno; lo que viene de la plenitud, de la sobreabundancia, del poder es malvado»: ése es el modo de sentir del creyente. La no-libertad de mentira - en eso yo adivino a todo teólogo predestinado. - Otro rasgo distintivo del teólogo es su incapacidad para la filología. Por filología debe entenderse aquí, en un sentido muy general. el arte de leer bien, -el poder leer hechos sin falsearlos con interpretaciones, sin perder, por afán de comprender, la precaución, la paciencia, la sutileza. Filología como ephexis [indecisión] en la interpretación. trátese de libros, de novedades periodísticas, de destinos o de hechos metereológicos, -para no hablar de la «salvacíón del alma »... El modo como un teólogo, lo mismo en Berlín que en Roma, interpreta una «palabra de la Escritura» o un acontecimiento, una victoria del ejército de su patria, por ejemplo, a la luz superior de los salmos de David, es siempre tan audaz, que un filólogo, al ver eso, se sube por las paredes. ¡Y qué hará cuando los pietistas y otras vacas de Suabia atavían esa mísera cotidianidad y esa habitación llena de humo que es su existencia con el «dedo de Dios», y la transforman en un milagro de gracia,  «providencia», de «experiencias de salvación»! Un dispendio, por modestísímo que fuera, de espíritu, para no decir de decencia, tendría que hacer ver a esos intérpretes, sin embargo, la infantilidad e indignidad de tal abuso de la prestidigitación divina. Si tuviéramos en el cuerpo cierta cantidad, aunque fuera muy pequeña, de piedad, un Dios que nos cura a tiempo del resfriado o que nos hace subir al coche en el preciso instante en que se desencadena un aguacero, debería ser para nosotros un Dios tan absurdo, que, aunque existiese, habría que eliminarlo. Un Dios como criado, como cartero, como calendario, -en el fondo, una palabra para designar la especie más estúpida de todas las
casualidades... La «divina providencia, tal como continúa creyendo hoy en ella aproximadamente una tercera parte de la «Alemania culta», sería una objeción tan fuerte contra Dios, que no se la podría imaginar mayor, ¡Y, en todo caso, es una objeción contra los alemanes! ...
Anticristo
























































































































































































































































































































































































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-Que los
mártires prueban algo en favor de una causa es algo tan poco verdadero, que yo negaría que´mártir alguno haya tenido nunca algo que ver con la verdad '-. En el tono con que un mártir le echa en cara al mundo su propio tener-por-verdadero algo exprésase ya un grado tan bajo de honestidad intelectual, un embozamiento tal para el problema de la verdad, que a un mártir no se necesita jamás refutarlo. La verdad no es algo que uno posea y otro no posea- así pueden pensar sobre la verdad, a lo sumo, los campesinos o los apóstoles-campesinos a la manera de Lutero. Estemos seguros de que la modestia, la reserva en este punto aumentarán siempre en la misma medida en que aumente la meticulosidad de conciencia en cosas del espíritu. Estar enterado de cinco cosas, y rehusar con mano delicada enterarse de otras... La verdad, tal como todo profeta, todo sectario, todo librepensador, todo socialista, todo hombre de Iglesia entiende esa palabra es una prueba perfecta de que ni siquiera se ha comenzado a adquirir aquella disciplina de espíritu y aquella autosuperación que resulta necesarias para encontrar una pequeña verdad cualquiera, aunque sea muy pequeña. - Las muertes de los mártires, dicho sea de paso, han sido una gran desgracia en la historia: han seducido... La conclusión sacada por todos los idiotas, incluidos las mujeres y el pueblo, de que una causa por la cual alquien se entrega a la muerte (o que incluso produce, como el cristianismo primitivo, epidemias de ansia de morir) es algo sin duda importante, - esa conclusión se ha convertido en una rémora indecible para la investigación, para el espíritu de investigación y de cautela. Los mártires han sido dañosos para la verdad... Todavía hoy basta una persecución un poco tosca para proporcionar un nombre honorable a un sectarismo en sí muy indiferente. - ¿Cómo?,  ¿es que el hecho de que alguien entregue su vida por una causa modifica algo el valor de la misma? - Un error que se vuelve honorable es un error que posee un atractivo más de seducción- ¿creéis, señores teólogos, que nosotros os daremos ocasión de representar el panel de mártires por vuestra mentira.? - Una causa se la refuta poniéndola con todo cuidado en hielo. - también a los teólogos se los refuta así... La estupidez histórico-mundial de todos los perseguidores ha consistido precisamente en dar una apariencia de honorabilidad a la causa adversaria, - en hacerle el regalo de la fascinación del martirio... La mujer continúa estando hoy de rodillas ante un error, porque se le ha dicho que alguien murió por él en la cruz ¿Es, pues, la cruz un argumento? - Mas sobre todas estas cosas sólo uno ha dicho ya la palabra de que se tenía necesidad desde milenios,-Zaratustra.
Signos de sangre han escrito en el camino que ellos recorrieron, y su tontería enseñaba que con sangre se demuestra la verdad.
Mas la sangre es el peor testigo de la verdad - la sangiré envenena incluso la doctrina más pura, convirtiéndola en delirio y en odio de los corazones.
Y si alguien atraviesa una hoguera por defender su doctrina, - ¡qué demuestra eso!   Mayor cosa es, en verdad, que de su propio incendio salga su propia doctrina.
Anticristo
























































































































































































































































































































































































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No nos dejemos inducir a error: los grandes espíritus son escépticos. Zaratustra es un
escéptico. La fortaleza, la libertad nacida de la fuerza y del exceso de fuerza del espíritu se prueba mediante el escepticismo. A los hombres de convicción no se los ha de tener en cuenta en nada de lo fundamental referente al valor y al no-valor. Las convicciones son prisiones. Esos hombres no ven bastante lejos, no ven debajo de sí: mas para tener derecho a hablar acerca del valor y del no-valor hay que ver quinientas convicciones por debajo de sí, - por detrás de sí... Un espíritu que quiere cosas grandes, que quiere también los medios para conseguirlas, es necesariamente un escéptico. El estar libre de toda especie de convicciones, el poder-mirar-libremente, forma parte de la fortaleza... La gran pasión, que es el fundamento y el poder del propio ser, más ilustrada, más despótíca aún que el intelecto humano, toma a éste todo entero a su servicio; le quita todo escrúpulo; le da incluso valor para usar medios no santos; en determinadas circunstancias le permite convicciones. La convicción como medio.- muchas cosas no se las consigue más que por medio de una convicción. La gran pasión usa, consume convicciones, no se somete a ellas,-se sabe souverain [soberana]. -A la inversa. la necesidad de fe, la necesidad de alguna incondicionalidad en el sí y en el no, el carlylismo, si se me quiere disculpar esta palabra, es una necesidad propia de la debilidad. El hombre de fe, el «creyente» de toda especie es, por necesidad, un hombre dependiente,-alguien que no puede erigirse a sí mismo en finalidad, que no puede erigir finalidades a partir de sí mismo. El «creyente» no se pertenece a sí mismo, sólo puede ser un medio, tiene que ser consumido, tiene necesidad de alguien que lo consuma. Su instinto otorga el honor supremo a una moral de la desisimismación: todo lo persuade a ella, su inteligencia, su experiencia, su vanidad. Toda especie de fe en sí una expresión de des-simismación, de extrañamiento de si mismo... Si se tiene en cuenta cómo a los más les resulta muy necesario un regulativo que desde fuera los ate y los fije, cómo la coacción, en un sentido más alto la esclavitud, es la condición única y última bajo la que prospera el hombre débil de voluntad, y sobre todo la mujer: se entenderá también la convicción, la «fe». El hombre de convicción tiene en ella su espina dorsal. No ver muchas cosas, no ser imparcial en ningún punto, ser íntegramente un partido, tener una óptica rigurosa y necesaria en todos los valores - ésa es la única condición para que tal especie de hombre llegue a subsistir. Mas, con esto, ella es la antítesis, el antagonista del hombre veraz, - de la verdad... El creyente no es libre de tener conciencia para la cuestión de lo «verdadero» y lo «no verdadero: ser honesto en ese punto sería inmediatamente su ruina. El condicionamiento patológico de su óptica hace del convencido un fanático - Savonarola, Lutero, Rousseau, Robespierre, Saint-Simon -, el tipo antitético del espíritu fuerte, el cual ha llegado a ser libre, Pero los gestos grandes y afectados de esos espíritus enfermos, de esos epilépticos del concepto, actúan sobre la gran masa, - los fanáticos son pintorescos, la humanidad prefiere ver gestos a oír razones...
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- Un paso más en la psicología de la convicción, de la «fe». Hace ya mucho tiempo propuse yo que se considerase si las convicciones no son acaso enemigos más peligrosos de la verdad que las mentiras (Humano, demasiado humano). Esta vez quisiera hacer la pregunta decisiva-. ¿existe en absoluto una antítesis entre mentira y convicción? - Todo el mundo lo cree; pero ¡qué es lo que no cree todo el mundo! -Cada una de las convicciones tiene su historia, sus formas previas, sus tentativas y fallos: deviene convicción después de no serlo durante largo tiempo, después de apenas serlo durante un tiempo más largo todavía. ¿Cómo?, ¿es que entre esas formas ernbrionarias de la convicción no podría estar también la mentira? -A veces lo único que se requiere es un simple cambio de personas - en el hijo deviene convicción lo que en el padre era todavía mentira. - Yo llamo mentira a no querer ver algo que se ve, a no querer ver algo tal como se lo ve: carece de importancia el que la mentira tenga lugar ante testigos o sin testigos. La mentira más habitual es aquella por la que uno se miente a sí mismo; el mentir a otros es relativamente el caso excepcional, - Ahora bien, ese no-querer- ver lo que se ve, ese no querer-verlo-tal-como se lo ve, es casi la condición primera para todos los que son, en cualquier sentido, un partido: el hombre de partido se convierte por necesidad en un mentiroso. La historiografía alemana, por ejemplo, está convencida de que Roma fue el despotismo, de que los germanos trajeron al mundo el espíritu de libertad- ¿qué diferencia hay entre esa convicción y una mentira? ¿Es lícito seguir admírándose sí, por instinto, todos los partidos, también los historiadores alemanes, tienen en la boca las grandes palabras de la moral, - de que la moral siga existiendo casi por el hecho de que el hombre de partido de todo tipo tiene necesidad de ella en todo instante? - «Esta es nuestra convicción-. nosotros la confesamos ante todo el mundo, nosotros vivimos y morimos por ella, - ¡respeto a todos los que tienen convicciones! » - tales cosas yo las he escuchado incluso de boca de antisemitas. ¡Al contrario, señores míos! Un antisemita no se vuelve en modo alguno más decente por el hecho de que mienta por principio... Los sacerdotes, que en tales cosas son más sutiles y que comprenden muy bien la objeción existente en el concepto de convicción, es decir, de una mendacidad que es radical porque sirve a una finalidad, han heredado de los judíos la listeza de introducir en ese lugar el concepto «Dios», «voluntad de Dios», «revelación de Dios». También Kant, con su imperativo categórico, siguió el mismo camino: aquí su razón se volvió práctica. -Hay cuestiones en las que no le corresponde al hombre decidir sobre la verdad y la no-verdad: todas las cuestiones más altas, todos los problemas supremos del valor están más allí de la razón humana... Comprender los límites de la razón -sólo eso es verdaderamente filosofía... ¿Para qué dio Dios al hombre la revelación? ¿Habría hecho Dios algo superfluo? El hombre no puede saber de por sí qué es bueno y qué es malvado, por ello Dios le ha enseñado su voluntad... Moraleja: el sacerdote no miente, - la cuestión «verdadero» o «no-verdadero», en aquellas cosas de que los sacerdotes hablan, no permite en modo alguno mentir. Pues para mentir se tendría que poder decidir qué es aquí verdadero. Mas justo eso no lo puede decidir el hombre; el sacerdote es, pues, sólo el portavoz de Dios. - Tal silogismo de sacerdotes no es, en modo alguno, meramente judío o cristiano: el derecho a la mentira y la listeza de la «revelación» son parte integrante del tipo sacerdote, tanto de los sacerdotes de la décadence como de los sacerdotes del paganismo ( - paganos son todos aquellos que dicen sí a la vida, para los cuales «Dios» es la palabra para designar el gran sí a todas las cosas). -La «ley», la «voluntacl de Dios», el «libro sagrado», la «inspiración» - todas ésas son únicamente palabras para designar las condiciones en las que el sacerdote accede al poder, con las que mantiene en pie su poder, - esos conceptos se encuentran en la base de todas las organizaciones sacerdotales, de todas las estructuras de poder sacerdotales o filosófico- sacerdotales. La «mentira santa» - es común a Confucio, al Código de Manú, a Mahoma, a la Iglesia cristiana--. no falta en Platón. «La verdad existe»: esto significa, en cualquier lugar en que se lo oiga, el sacerdote miente...
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- En última instancia lo que importa es la finalidad con que se miente. El hecho de que en el cristianismo falten las finalidades «santas» es mi objeción contra sus medios. Sólo
finalidades malas:  envenenamiento, calumnia, negación de la vida, desprecio del cuerpo, degradación y autodeshonra del hombre por el concepto de pecado, - por consiguiente, también sus medios son malos. - Con un sentimiento opuesto leo yo el Código de Manú, una obra incomparablemente espiritual y superior, tanto que el simple nombrarla a la vez que la Biblia sería un pecado contra el espíritu. En seguida se lo adivina: esa obra tiene detrás de sí, dentro de sí, una auténtica filosofía, no simplemente una maloliente judaína compuesta de rabinismo y superstición, - da algo a morder incluso al psicólogo más exigente. Sin olvidar lo principal, la diferencia radical de toda especie de Biblia: son los estamentos aristocráticos, los filósofos y los guerreros, quienes con ese Códizo controlan a la masa: por todas partes valores aristocráticos, un sentimiento de perfección, un decir-sí a la vida, un triunfante sentimiento de bienestar consigo mismo y con la vida, sobre el libro entero brilla el sol. - Todas las cosas sobre las que el cristianismo derrama su vulgaridad insondable, como, por ejemplo, la procreación, la mujer, el matrimonio, son tratadas aquí en serio, con respeto, con amor y confianza. ¿Cómo se puede realmente poner en manos de niños y de mujeres un libro que contiene aquella frase infame -  «a causa de la fornicación tenga cada uno su propia mujer, y cada una su propio hombre: es mejor casarse que abrasarse»? ¿Y es lícito ser cristiano mientras la génesis del hombre esté cristianizada, es decir, ensuciada con el concepto de la inmaculata conceptio [inmaculada concepción ?... Yo no conozco libro alguno en el que a la mujer se le digan tantas cosas delicadas y afectuosas como se le dicen en el Código de Manú; esos vejetes y santos antiguos tienen una manera acaso nunca superada de ser atentos con las mujeres. «La boca de una mujer - se dice una vez -, el pecho de una muchacha, la oración de un niño, el humo del sacrificio son siempre puros». Otro pasaje: «no hay nada más puro que la luz del sol, la sombra de una vaca, el aire, el agua, el fuego y la respiración de una muchacha». Un último pasaje - acaso también una santa mentira -: «todas las aberturas del cuerpo situadas por encima del ombligo son puras, todas las situadas por debajo son impuras. Solo en la muchacha es puro el cuerpo entero».
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La no-santidad de los medios cristianos es sorprendida in fagranti cuando se compara la finalidad cristiana con la finalidad del Código de Manú, - cuando se arroja una luz intensa sobre esa máxima antítesis de finalidades. El crítico del cristianismo no puede dejar de hacer despreciable al cristianismo. - Un código como el de Manú surge como surge todo buen código: él resume la experíencia, la listeza y la moral experimental de largos siglos, es una conclusión, no crea nada más. El presupuesto de una codificación de su especie es la intelección de que los medios de proporcionar autoridad a una verdad lenta y costosamente adquirida son radicalmente distintos de aquéllos con los que se la probaría. Un código no relata jamás la utilidad, las razones, la casuística que ha habido en la prehistoria de una ley: precisamente con ello perdería el tono imperativo, el «tú debes», el presupuesto para que se le obedezca. El problema consiste exactamente en esto. - En un cierto punto de la evolución de un pueblo la capa más circunspecta del mismo, es decir, la que más mira hacia atrás y hacia adelante, declara concluida la experiencia de acuerdo con la cual se debe - es decir, se puede - vivir. Su meta consiste en recoger la cosecha más rica y completa posible de los tiempos de experimento y de mala experiencia. Por consiguiente, de lo que ahora hay que guardarse ante todo es de contínuar-haciendo-experimentos, de la perduración del estado fluido de los valores, de seguir examinando, escogiendo, criticando in infinitum [hasta el infinito] los valores. Frente a eso se coloca un doble muro: por un lado, la revelación, es decir, la aseveración de que la razón de aquellas leyes no es de procedencia humana, no ha sido buscada y encontrada con lentitud y fallos, sino que, por ser de origen divino, es completa, perfecta, no tiene historia, es un regalo, un milagro, ha sido sencillamente comunicada... En segundo lugar, la tradición, es decir, la aseveración de que la ley viene existiendo ya desde tiempos antiquísimos, de que ponerla en duda constituye una impiedad, un crimen contra los antepasados. La autoridad de la ley tiene su fundamento en estas tesis: Dios la dio, los antepasados la vivieron. - La razón superior de tal procedimiento está en el propósito de desalojar a la consciencia paso a paso de la vida reconocida como correcta (es decir, probada por una enorme y bien cribada experiencia): de tal modo que se logre el automatismo completo del instinto, - ese presupuesto de toda especie de maestría, de toda especie de perfección en el arte de vivir. Establecer un código al modo de Manú significa conceder en lo sucesivo a un pueblo el derecho a llegar a ser maestro, a llegar a ser perfecto,  - a ambicionar el arte supremo de la vida. Para ello hay que hacerlo inconsciente. esa es la finalidad de toda mentira santa. - El orden de castas, que es la ley suprema, dominante, es sólo la sanción de un orden natural, de una legalidad natural de primer rango, sobre la que ningún capricho, ninguna «
idea moderna» tiene poder. En toda sociedad sana distínguense, condicionándose recíprocamente, tres tipos de diferente gravitación fisiológica, cada uno de los cuales tiene su propia higiene, su propio campo de trabajo, su propia especie de sentimiento de perfección y su propia especie de maestría. Es la naturaleza, no Manú, la que separa entre sí a los preponderantemente espirituales, a los preponderantemente fuertes de músculos y de temperamento, y a los terceros, que no destacan ni en una cosa ni en otra, los mediocres, -estos últimos son el gran número, los primeros, la selección. La casta suprema - yo la llamo los menos- - tiene también, por ser la perfecta, los privilegios de los menos: entre ellos está el de representar en la tierra la felicidad, la belleza, la bondad. Sólo a los hombres más espirituales les está permitida la belleza, lo bello: sólo en ellos no es debilidad la bondad. Pulchrum est paucorum hominum  [lo bello es cosa de pocos hombres]: el bien es un privilegio. En cambio, nada les puede estar menos permitido que los modales feos o una mirada pesimista, un ojo que afee -, y menos aún una indignación por el aspecto global de las cosas. La indignación es el, privilegio de los chandalas; e igualmente el pesimismo. «El mundo es perfecto - así habla el instinto de los más espirituales, el instinto que dice sí: de esa perfección continúan formando parte la imperfección, el debajo- de- nosotros de toda especie, la distancia, el pathos de la distancia, el chandala mísmo». Los hombres más espirituales, por ser los más fuertes, encuentran su felicidad donde otros encontrarían su ruina: en el laberinto, en la dureza consigo mismos y con otros, en el experimento; su placer es el autovencirniento, el ascetismo se convierte en ellos en naturaleza, en necesidad, en instinto. Consideran un privilegio la tarea difícil, una recreación el jugar con cargas que aplastan a otros... Conocimiento - una forma de ascetismo. - Ellos son la especie más venerable de hombres: esto no excluye que sean los más joviales, los más amables. Dominan no porque quieran, sino porque son, no tienen libertad para ser los segundos. - Los segundos: son los guardianes del derecho, los que cuidan del orden y de la seguridad, son los guerreros aristocráticos, es ante todo el rey como fórmula suprema que engloba al guerrero, al juez y al mantenedor de la ley. Los segundos son el ejecutivo de los más espirituales, los que más próximos les están, los que les alivian de todas las cosas groseras que hay en el trabajo de dominar  - su séquito, su mano derecha, sus mejores discípulos. - En todo esto, digámoslo una vez más, no hay el menor capricho, no hay nada «hecho»: lo que es distinto, eso es algo hecho - la naturaleza queda deshonrada entonces... El orden de castas, la jerarquía, lo único que hace es formular la ley suprema de la vida misma, la separación de los tres tipos es necesaria para la conservación de la sociedad, para la posibilitación de tipos superiores y supremos, -la desigualdad de derechos es la condición primera para que llegue a haber derechos.-Un derecho es un privilegio. En su especie de ser tiene cada uno su privilegio. No infravaloremos los derechos de los mediocres. La vida que aspira a lo alto se vuelve cada vez más dura, - aumenta el frío, aumenta la responsabilidad. Una cultura elevada es una pirámide: sólo puede erguirse sobre un suelo amplio, tiene como presupuesto ante todo una mediocridad fuerte y sanarnente consolidada. Los oficios manuales, el comercio, la agricultura, la ciencia, la mayor parte del arte, en una palabra, el conjunto entero de la actividad profesional no es compatible más que con una mediocridad de potencias y deseos: entre las excepciones esas cosas se hallarían desplazadas, el ínstinto que les es propio entraría en contradicción tanto con el aristocratísmo como con el anarquismo. Hay un destino natural que le lleva a uno a ser una utilidad pública, una rueda, una función: no la sociedad, sino la especie de felicidad de que los más son capaces es la que hace de ellos máquinas inteligentes. Para el mediocre, ser mediocre es su felicidad-, la maestría en una sola cosa, la especialidad, es un instinto natural. Sería completamente indigno, no de un espíritu profundo el ver ya una objeción en la mediocridad en sí. Esta es incluso la primera necesidad para que sean lícitas las excepciones- una cultura elevada está condicionada por la mediocridad. Si el hombre de excepción trata precisamente a los mediocres con unos dedos más delicados que a sí mismo y a sus iguales, eso no es meramente cortesía de corazón, -es sencillamente su deber... ¿A quién es a quien yo más odio, entre la chusma de hoy? A la chusma de los socialistas, a los apóstoles de los chandalas, que con su pequeño ser socavan el instinto, el placer, el sentimiento de satisfacción del obrero -  que lo hacen envidioso, que le enseñan la venganza... La injusticia no está nunca en los derechos desiguales, sino en el reclamar derechos «iguales»... ¿Qué es malo? Pero si ya lo he dicho: todo lo que procede de la debilidad, de la envidia, de la venganza.. - El anarquista y el cristiano son de una misma procedencia...
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