Los diez años del filósofo errante (1879-1888)

CAMBIOS EN NIETSCHE DESPUES ABANDONO BASILEA
Es evidente que el abandono de su profesión en Basilea no fue debido a una decisión propia de Nietzsche sino al fatum de su enfermedad. Por ello a Nietzsche se le presenta ahora una nueva tarea: arregárselas con la enfermedad, romper su fuerza y convertirla de enemigo extraño en compañera que le ayude a realizar el objeto de su existencia. Para lograrlo, Nietzsche acabará por introducirla en el todo de su vida como otro elemento vital más. Por ello decide como una de sus  tareas el hacer que la enfermedad actúe como un estímulo intelectual. En este contexto, y, dado que durante este tiempo que estamos analizando (1879-1890) se produce en Nietzsche un cambio y una
transformación muy importantes, siempre se ha intentado analizar las causas y los motivos: ¿factores biológicos? o ¿factores anímicos?
Sea lo que fuere, Nietzsche comprendió que el abandono de sus tareas docentes en Basilea y su enfermedad le imponían un nuevo reto en su vida y que ello implicaba un riesgo de tal magnitud que hacía que, de momento, toda su existencia se congelara. Pero que su existencia estuviera congelada, como en hibernación, no significaba que dejara de estar viva. Nietzsche, aún siendo consciente de lo grave de su enfermedad, siente dentro de sí una fuerza que le exige ser descargada a través de la reflexión y del pensamiento. No está dispuesto a dejar de comunicar, en su nueva vida solitaria, sus puntos de vista y sus intuiciones, aunque su soledad le exija tener que hablar con su propia sombra.
Para poner en práctica sus proyectos lo primero que hace es buscar el lugar externo idoneo con el que su enfermedad interactúe lo más positivamente posible. En el verano de 1879 se dirige a Wiesen situada en el punto de partida para el paso a la Alta Engadina. En esta zona, despues de desechar una nueva invitación de Köselitz para establecerse en Venecia, es dónde decide asentarse; concretamente en St. Moritz. Allí decide vivir en una habitación alquilada y llevar una vida austera y dieteticamente controlada. Al poco tiempo de estar allí afirma estar satisfecho con la elección del lugar aunque ello no significa que hayan desaparecido los momentos de hastío.
De todos modos, Nietzsche era consciente que la Engadina solamente le servía como refugio estival y que el invierno la convertía en un lugar totalmente aislado, lo que era demasiado, incluso, para el solitario Nietzsche. Comienza hacer planes, teniendo como modelo a personajes de la antigüedad, (por ejemplo, el Jardín de Epicuro), y alimenta la idea de tomar a su cuidado en Naumburg, cerca de la vivienda paterna, en el llamado Zwinger, en la ancha muralla de la ciudad, una torre con un huerto.
El 20 de septiembre de 1879, junto con su hermana, se dirige a Naumburg en donde iba a enfrentarse con el invierno, posiblemente, más negro de su existencia. Allí tambien acabará por abandonar el sueño de la torre con su huerto. Entretanto, y a pesar de tanto malestar y sufrimiento, lleva a la imprenta El caminante y su sombra. Envia ejemplares a muchos de sus amigos a partir del 18 de diciembre de 1879. En la publicación de esta obra, Köselitz habia sido un elemento fundamental y, por ello, Nietzsche, se lo agradece con un regalo. Por otro lado, aúnque Nietzsche no envió directamente este libro a los Wagner, parece seguro que allí la obra fue leida.
Por fín, Nietzsche decide abandonar el nebuloso y oscuro Naumburg. El 10 de febrero de 1880 se dirige hacia la Alta Italia y, más allá, hacia la Riviera francesa.
Biografía de Nietzsche













































































































































































































1880-1882
(Del Caminante a Aurora y La Gaya ciencia)
El 13 de febrero de 1880 Nietzsche llega a Riva.Con ello entra en otro espacio cultural y climático esencial en su universo vital. Mientras los valles alpinos (Engadina) lo son en el verano. Ahora, lo serán los territorios alpinos del sur. En definitiva:
mar+montaña. El 22 de febrero recibe la visita de su amigo Köselitz que vivía en Venecia en condiciones extremadamente humildes. Por detrás, sin embargo, Paul Rée es quien posibilita su visita a Riva ayudando economicamente a ámbos. Köselitz y Nietzsche están juntos 4 meses. Las tres primeras semanas en Riva. Despues se trasladan a Venecia.
En este tiempo Nietzsche había comenzado las anotaciones que llevarían finalmente a la publicación de Aurora. En esta obra Nietzsche sacará las más duras consecuencias de su encontronazo físico con la Navidad cristiana en Naumburg, en dónde Nietzsche siente estar a las puertas de la muerte. Los pensamientos que ahora surgen en él los comparte casi unicamente con Köselitz, pues, en esta época, su correspondencia es muy limitada. Tambien comienza a cuestionar su modo de entender la amistad y, sobre todo, la compasión, como puede verse analizando lo que escribe a Rée cuando éste pierde a su hermana.
En Venecia comienza, sin embargo, a molestarle el siroco y la lluvia, lo que no impide que sea aquí en dónde surjan gran parte de los aforismos para Aurora, asi como la realización de un buen número de lecturas que le hará su amigo Köselitz. En el verano de 1880 se dirige a Marienbad en un viaje que describe como decepcionante. Tal decepción aparece tambien reflejada en el aforismo 388 de Aurora. A pesar de todo, Nietzsche, se queda dos meses en Marienbad, es decir, hasta el 1 de septiembre. Despues se dirige a casa de su madre en Naumburg en donde pasa 5 semanas sin dar señales de vida. De Naumburg parte el 8 de octubre de 1880 y se instala en Stresa, en dónde continúa con su trabajo en Aurora. El 8 de noviembre se dirije a Genova para volver encontrar su ansiado paisaje: el mar. Por ello, mientras a la Engadina le había dedicado un aforismo en el Caminante y su sombra; ahora, en el aforismo 423 de Aurora hará referencia a la costa rocosa de Genova junto al mar. Y es que Nietzsche, a partir de ahora muy claramente, decide protegerse contra toda excitación externa demasiado fuerte y, por ello, se esconde como un oso en su caverna. Le interesa, en medio de su cruel enfermedad, lograr el aislamiento necesario para prestar atención a su interior, a sus visiones y a sus problemas.
El 25 de enero de 1881, Nietzsche envía a Köselitz el manuscrito provisional que de momento tenía el título de La reja del arado pero que acabará por convertirse en Aurora, gracias, en parte, a sugerencias de Köselitz. El 8 de julio de 1881, desde Sils, Nietzsche, anunciará a su amigo Overveck la reciente salida de imprenta de su último libro.
Entretando, en uno de esos arrebatos de Nietzsche motivados por la necesidad de cuidados, plantea a su madre que se traslade a Baden-Baden. Ello será motivo de un nuevo enfrentamiento y la aparición de una nueva fisura en la relación familiar. Ante la imposibilidad de llevar a cabo el proyecto Baden, acepta la sugerencia de Köselitz de viajar a Recoaro. Allí a Nietzsche le agrada el paisaje aunque no el clima. De todos modos el contenido esencial de la estancia fue que Köselitz le dió a conocer su música realizada para Broma, astucia, venganza. Nietzsche la aprobó sinceramente y es ahora cuando se le ocurre para Köselitz el pseudónimo de Peter Gast. Nietzsche tambien aprovecha la estancia junto a Köselit-Gast para ampliar sus lecturas, esta vez de acento claramente científico-materialista, como, por ejemplo, sucede con la Mecánica del calor de Mayer que tanto influiría en Nietzsche en la súbita idea, de siguiente agosto, sobre el eterno retorno de lo mismo.
El mal estado de salud le hace abandonar Recoaro para dirigirse a Sils-María en donde se quedará tres meses, hasta el 1 de octubre de 1881. Tiene que soportar grandes dolores de cabeza que, ahora, comienza a atribuir a la atmósfera cargada de tormenta y de electricidad, cuando, en realidad, todo se debía a un gran desasosiego interior y al nerviosismo que le producía saber cual sería la reacción de sus amigos ante su nueva obra. En este sentido sufrirá una gran decepción ante la apocada carta que recibe de Jacob Burckardt. A pesar de todo, en estos momentos de su vida, lo cierto era que todo rechazo le sonaba como venido de un mundo lejano. Por ello, sigue buscando un lugar ideal en donde esconderse para poder seguir creando. Llega a pensar, incluso, en trasladarse a la planicie mexicana. Entretanto, la muerte de su tio materno vino a enturbiar aún más las relaciones con su madre, pero lo cierto es que tal muerte le sirvió a Nietzsche para comprender áun más claramente cuál era realmente su destino.
Su afán por conocer, sin embargo, no desfallece. Sigue encargando libros a su amigo Overbeck como, por ejemplo, el tomo de Kuno Fischer sobre Spinoza lo que le permite entrar en contacto con este filósofo del que dice haber quedado fascinado. Además es consciente que trás Aurora ha roto claramente con su pasado lo que motiva que entre en un delirio de trabajo que le conducirá a las primeras anotaciones que desembocarán en la Gaya Ciencia y en el surgimiento de las primeras ideas sobre Zarathustra aunque, en estos momentos, ni tiene forma el personaje ni tampoco la obra. De todos modos, dos años más tarde confiesa a Köselitz (3 septiembre de 1883) todo esto que acabamos de señalar.En Ecce Homo confirma tambien esta historia sobre el origen de las ideas sobre Zarathustra.
En estos momentos, sin embargo, Nietzsche sigue sujetándose al programa de trabajo previsto: composición de los tres primeros libros de la Gaya Ciencia, que, de momento, entiende como una continuación de Aurora. Solamente en unos pocos parrafos se percibe la ebullición interior que en él provocaba Zarathustra. Para llevar a cabo la elaboración de la Gaya Ciencia, Nietzsche necesita, sin embargo, ampliar sus lecturas. Por ello lee a Liebmann, Otto Gaspari y African Spir, entre otros. Por el 22 de septiembre su estado de salud vuelve a ser, sin embargo, horrible. Abandona la Engadina para volver a Genova en donde vuelve a sentir como muy beneficioso el mar. Su amigo Köselitz le comunica que ha finalizado Broma,astucia, venganza y se pone a trabajar en lo que será su ópera El león de Venecia. Nietzsche, por su lado, descubre y admira la Carmen de Bizet y le ocurre con esta opera algo parecido a lo que le sucederá a Kierkegaard con el Don Giovanni de Mozart.
Un solitario Nietzsche, al que, por otra parte, le siguen surgiendo nuevos admiradores, algunos de ellos molestos, como, por ejemplo, Otto Busse, recibe la visita de Rée en Genova el 4 de Febrero de 1882. Aprovechan la estancia para ir juntos al teatro, bañarse en la playa, viajar juntos a Mónaco, (Nietsche se negará a entrar en el casino), e imaginar planes desmesurados. Por primera vez, firma tambien una carta con el nombre de Filocteto. Sigue pensando que una de las causas de su dolores de cabeza puede ser la electricidad atmosférica y, por ello, pide a Overveck alguna obra que trate sobre el tema, lo que, por otra parte, le decepcionará. Ahora, al dolor de cabeza se le añade el dolor de muelas y de vejiga.
Rée abandona la compañía de Nietzsche, en Genova, el 13 de Marzo y se dirige a Roma para visitar a Malwida. Por su parte, Nietzsche permanecerá todavía dos meses en Genova. La abandona el 29 de mayo para dirigirse a Mesina en donde cree haber descubierto otro lugar apropiado para su salud. Pero lo cierto es que Wagner se encontraba muy cerca, en Palermo. ¿Intentaba Nietzsche inconscientemente buscar un encuentro casual? Si así fuera, tanto para él como para Wagner sería algo muy penoso, pues estaban totalmente alejados en sus planteamientos. Y Wagner arrastando, posiblemente, un gran complejo de culpabilidad.
Bajo este cúmulo de circunstancias, el 25 de enero de 1882, Nietzsche, anuncia a Köselitz que tiene finalizados los libros VI-VII-VIII de Aurora, y que, luego, se convertirán en los libros I-II-III de la Gaya ciencia. En la primavera surgirá el libro IX. El libro X se hizo esperar algunos años (hasta  1887) Y es que por la mente de Nietzsche bullían continuamente ideas como el eterno retorno y Zarathustra. De todas formas, de momento, decide el nuevo título para su nueva obra: La Gaya ciencia que saldrá de la imprenta el 20 de agosto de 1882. El presentimiento de que se avecinaban sucesos grandiosos, aunque trágicos a la vez,  le hizo escribir encima del último aforismo: Incipit tragoedia. Como agradecimiento hacia Köselitz le envia, esta vez, un sencillo pero entrañable regalo. Por otra parte, mientras tanto, se estrenaba el Parsifal de Wagner. En el interior de Nietzsche, sin embargo, tomaba forma su extraordinario Zarathustra. Y es que Nietzsche comienza a vivir una segunda existencia en donde su eros no está en el santo Grial sino en el amor fati.
Es importante destacar tambien la colección de poemas que Nietzsche escribe en Genova y que serán publicados bajo el título de Idilios de Messina.
Biografía de Nietzsche










































































































































































































LOU VON SALOMÉ
(Abril-Octubre de 1882)
A través de la vida de Nietzsche se nos muestra un repertorio de personajes y
figuras que sólo tienen luz porque la reciben de él. Lou von Salomé será una de esas figuras, con ambición de protagonismo, a pesar de su innegable relevancia como mujer, pero a la que, sin embargo, H.F.Peters, en su libro sobre Lou, llega a llamarle une femme fatale. De todos modos, tambien es cierto que de Lou, aunque no se hubiera relacionado con Nietzsche, tendríamos noticias debido a la biografías de Rilke o de Freud.
Lou von Salomé era miembro bien recibido y apreciado en la casa de Malwida von Meysenbug en Roma. Allí conocerá primeramente, tal como nos cuenta en sus memorias, a Paul Rée que había dejado a Nietzsche el 13 de marzo de 1882 en Genova para dirigirse unos días al casino de Montecarlo. Al conocer a Lou, Paul Rée se encontró con una joven que parecía estar en sus planteamientos muy cerca de lo que Nietzsche pensaba en esos momentos. Junto con Malwida llegan a pensar que podía ser, por la agudeza de su inteligencia, la única que podría emprender con Nietzsche discusiones fructíferas. Paul Rée incluso le plantea a Nietzsche que Lou podría ser su compañera de vida,  lo que Nietzsche, en principio, rechaza.
De todos modos, el 23 de abril Nietzsche llega a Roma y visita a Malwida el 29. Le informan   que puede encontrar a Lou en la Basílica de S. Pedro. Allí se conocen ambos por primera vez. El flechazo (por parte de Nietzsche) ante esa joven de 21 años (Nietzsche tenía 37) fue tan fuerte que, de forma torpe y precipitada, decide, eso sí a través del intermediario Rée, pedirla en matrimonio. Lo que Nietzsche no sabía, en esos momentos, es que Rée ya había hecho lo mismo con Lou, aunque si lo sabía Malwida. Pero lo mejor del caso es que Lou Salomé los superaba a todos en sus proyectos.
Cuando Nietzsche recibe la negativa de Lou, con la excusa de que perdería su pensión en Roma y ámbos se quedarían sin medios para llevar una vida conveniente, reacciona sintiendo como una especie de liberación, aunque la represión iba por dentro. Acepta el plan de Lou de formar, junto con Rée, una especie de communité a trois: Nietzsche, Lou, Rée (aunque la madre de Salomé tambien estaría presente de carabina). El pequeño grupo se reune por primera vez en el lago Orta que Nietzsche conocía bien a partir de su estancia en Stresa. Allí tiene lugar, con Lou, el famoso episodio del Monte Sacro. Más tarde, el 15 de mayo se reunen otra vez en Lucerna: Nietzsche y Lou caminan juntos por el puente del lago y, ante el monumento al león moribundo, Nietzsche, vuelve a pedir a Lou que se case con él. Lou se niega de nuevo lo que Nietzsche acepta exteriormente tranquilo, decidiendo quedar como amigos. Más tarde viajan juntos a Tribschen. Es tambien por estas fechas cuando Nietzsche plantea y realiza el montaje de la fotografía en donde aparece él junto a Rée y Lou. Aunque Lou criticará desfavorablemente la falta de gusto de Nietzsche ante el montaje de esta fotografía, lo cierto es que no llegó a captar el mensaje oculto que el genio de Nietzsche intentaba transmitir a través de la misma. La expresión de Nietzsche en la fotografía, es digna de análisis y consideración.
Entretanto entre Lou y Paul Rée el entendimiento y la confianza eran mayores. Con Nietzsche, sin embargo, siempre quedó un resto de reserva. A su vez, Lou quería estudiar, en compañía de dos hombre inteligentes, en la universidad de Viena. Nietzsche, encantado, comenzó a realizar los preparativos para pasar el verano en alguna parte de los Alpes orientales, de camino a Viena.
Pero antes dedicó su tiempo a la confección para la imprenta del manuscrito de la Gaya ciencia que surgió, esta vez, en medio de un extraño grupo de trabajo, lo que hizo que el manuscrito se alargara en su finalización. Tuvo que pedir, de nuevo, ayuda a Köselitz. El 24 de junio de 1882 ya se estaba imprimido. Con él, debajo del brazo, viaja a Berlín para enseñárselo a Lou en un viaje frustrado.Al no poder reunirse con Lou en Berlín queda citado con ella en Tautemburg, cerca de Jena.
Pero antes de tal reunión sucedieron muchas cosas. En principio, Nietzsche tuvo que confesar a su familia su relación con Lou pues iba a necesitar de los servicios de su hermana. Tambien le comunica a Köselitz su nuevo conocimiento y, junto a los pliegos de la Gaya ciencia, le envia, curiosamente, y sin ningún tipo de comentario, la poesía de Lou Salomé: En el dolor.
Al mismo tiempo, en Bayreuth, iba a estrenarse el Parsifal de Wagner. Curiosamente Nietzsche insiste sobre Lou para que asista y, al mismo tiempo, espera que los de Bayreuth tambien le inviten a él. Parece que Malwida realizó un nuevo intento de conciliación que tambien estuvo conducido al fracaso. Por lo tanto, Nietzsche no pudo asistir con Lou al estreno del Pársifal. En su lugar acompañó a Lou su hermana Elisabeth. Lou asiste encantada y con total falta de prejuicios a las veladas de Bayreuth. Ello hizo que la provinciana Elisabeth se viera envuelta en una crisis de indignación y celos. Además, al finalizar los festivales, ambas protagonizarán un incidente deplorable en Jena.
Pues bien, es ahora, finalizados los festivales de Bayreuth y, despues del incidente de Jena, cuando las dos rivales se vuelven a encontrar en Tautemburg para estar en compañía de Nietzsche. Elisabeth, claro está, de carabina. Por su parte, Nietzsche, se había construido el nido para que la estancia fuera de lo más agradable con Lou. Pero los hechos comenzaron a desarrollarse de modo muy diferente a como había planeado. De todos modos, ello no fue impedimento para que entre él y Lou se desarrollaran amplias discusiones de caracter filosófico. Pero lo cierto es que Nietzsche acabará siendo fascinado por Lou Salomé. Esta, sin embargo, como puede verse en su diario, comprende que estaba mucho más cerca de Paul Rée. Además, la inteligente Lou comienza a darse cuenta lo que Nietzsche espera de ella: reclutarla como discípula.  Nietzsche espera que ella comprendiera su pensamiento más abismal, es decir, el misterio del eterno retorno de lo mismo, y que, con su mismo entusiasmo, comenzará a describirlo por doquier. Pero Lou no estaba preparada ni deseosa de desempeñar semejante tarea, y su negativa, a seguir al maestro, llevaría a profundizar aún más en el lado trágico del sufriente Nietzsche. El 26 de agosto de 1882 finalizó el idilio de Tautemburg. Como despedida, Lou regaló a Nietzsche su poesía Oración de la vida, que éste adaptará al texto y a la música de su Himno de la amistad.
A todo esto, el enfado de Elisabeth con su hermano era mayúsculo. Se niega a viajar junto a él a Naumburg. Lo mismo sucede con su madre la cual hace un reproche tan duro a su hijo que éste abandona Naumburg dando un portazo para instalarse en Leipzig. Durante meses no existirá comunicación con su hermana.
Por otro lado el 26 de agosto de 1882 había aparecido la Gaya ciencia que, como siempre, Nietzsche envía a sus más íntimos. A finales de septiembre recibe la visita de Lou y Rée en Lepzig. El trio, sin embargo, ya no resultaba tan armónico como al principio. De todos modos, Nietzsche no abandona su sueño dorado: vivir los tres en París. En principio parece que todos están de acuerdo en ello, pero lo cierto es que nada se llevará a cabo. Lou y Rée se marchan juntos y se instalan en Berlín. Sin saberlo, Nietzsche busca vivienda en París. Pero, poco a poco, le va invadiendo la certeza de que Lou lo ha abandonado.....
Biografía de Nietzsche










































































































































































































AÑO DE SOMBRAS
(Octubre 1882 a Noviembre 1883)
El abandono de Lou, que por otro lado tenía
graves problemas de salud, entristece enormemente a un Nietzsche que, inocentemente, sigue haciendo planes para la temporada de estudio, con sus amigos, en París. Pero pronto llega a la certeza definitiva de que Lou y Rée no irían a Paris. Por todo ello decide irse a la Riviera, pasando por Basilea, para pasar allí un larga estancia. Entretanto se produce la separación de Lou Salomé y Paul Rée. Nietzsche comienza a entender que, a pesar de las  grandes afinidades que tenía con Lóu, las diferencias eran todavía más profundas. La poesía, que le había entregado, como despedida en Leipzig, y a la que Lou nunca contestó, le convenció definitivamente que los caminos de ámbos tenían que ser distintos.
El 18 de noviembre de 1882 viaja de Basilea a Genova en donde no encuentra alojamiento. Por ello se dirige a Porto Fino y se instala en Rapallo. Escribe una última y suplicante carta a Lou Salomé que ésta tampoco responde. Por último, proyecta varias cartas dirigidas tanto a Lou como a Rée. Al fín se convence de que la separación con ámbos es difinitiva y comienza a buscar explicaciones a lo sucedido.
Pero, al mismo tiempo, y en medio de todas estas sombras, Nietzsche, madura el fruto de su Zarathustra que le permite elevarse por encima de su gran amargura y decepción. El 14 de febrero de 1883 envía a su editor el manuscrito de la primera parte de esta obra. Ese mismo día, en Genova, por la tarde, se entera leyendo el períodico Caffaro de la muerte de Wagner. Este hecho se convierte para Nietsche en otra sombra que le abate profundamente, aunque su primera reacción sea el defenderse cínicamente contra ese sentimiento de pérdida. Además su aparente frialdad ante la muerte de su gran amigo parece estar motivada tambien por ciertas noticias, muy posiblemente manipuladas,  que Nietzsche habría tenido recientemente sobre Wagner.
Entre tanto, la hermana de Nietzsche, en esos momentos enfadado con su hermano, sigue con su particular lucha en contra de Lou Salomé. En principio, Nietzsche se mantine al margen aunque es evidente que toda esta situación le desagrada profundamente repercutiendo, como siempre, en su salud: comienza a tener problemas de insomnio; rechaza que Rée le dedique su obra capital y sigue echando de menos a su añorada Lou.
Ya hemos señalado como el 14 de febrero, Nietzsche había enviado a su editor la primera parte del Zarathustra. El problema fue que, despues de esperar impacientemente durante una semana a que saliera de la imprenta, la obra seguía sin publicarse. En estos momentos, su ansiedad llegó a ser  tan grande que comienza a dudar incluso de su propia capacidad como creador, lo que motiva que comienze a plantear el desaparecer definitivamente (habla de instalarse en Barcelona) al modo en que lo estaba haciendo su admirada Cosima. Overbeck, verdaderamente asustado, plantea a su amigo que ocupe su tiempo, haciendo algo distinto, por ejemplo, ejerciendo como maestro. A Nietzsche la idea no le pareció en absoluto descabellada aunque profetiza, con toda razón, que, despues de la aparición del Zarathustra, ninguna institución querrá tener de maestro a nadie como él. Poco a poco su ánimo se va serenando y abandonando la idea de ejercer el magisterio, pues comprende que debe completar su tarea primordial. Recupera la confianza en sí mismo con ayuda, de nuevo, de un entusiasmado Köselitz. Se reconcilia tambien con su hermana con la cual se reune en Roma 3 de mayo de 1883. Despues de pasar unos días juntos, el día 14 de junio Nietzsche se dirige de nuevo a la Engadina para vivir en Sils-María con la familia Durisch. Sin embargo, los problemas en la impresión de la primera parte del Zarathustra siguen creándolo problemas y todo ello debido, en parte, al antisemitismo de su editor. Ello hará que, por esta época, Nietzsche comienze a realizar sus primeras manifestaciones en contra de todo tipo de antisemitismo.
A pesar de todos estos problemas, Nietzsche sigue trabajando y concibiendo la segunda parte del Zarathustra. Esta vez, cuando la acaba, tendrá más suerte con su impresión ya que, despues de que Köselitz haga las correcciones pertinentes, Nietzsche tiene en sus manos el primer ejemplar el 5 de septiembre. Ese mismo día abandona la Engadina y se dirige a Naumburg en donde su hermana sigue empeñada en lograr el mayor desprestigio posible para Lou Salomé. Nietzsche hace todo lo posible para olvidar el asunto.Además la distensión lograda con su hermana es meramente momentanea pues la relación que ésta comienza a mantener con el doctor Förster motivará casi una separación de los hermanos en el futuro.
Con la intención de superar de algún modo esta estresante situación, Nietzsche, intenta buscar una salida impartiendo algunos cursos de filosofía en la Universidad de Leipzig. Pero en Leipzig no quiere oirse para nada del insoportable autor de Zarathustra. Como no podía ser de otro modo, este hecho, en vez de hundir, levantó del ánimo del un orgulloso Nietzsche.
En su estancia en Naumburg, a donde había llegado el 7 de septiembre, además de discutir amargamente con su hermana por el asunto Föster, Nietzsche, sigue con el proyecto de la tercera parte del Zarathustra. Es ahora cuando comienza a pensar que hay que establecer de nuevo todos los valores y cuando piensa que hay que diferenciar entre fuerte-débil, en vez de entre bueno-malo. Despues de abandonar Naumburg el 5 de octubre de 1883, Nietsche, se dirige de nuevo a Génova en dónde su salud vuelve a jugarle malas pasadas. Comienza a dudar de la bondad del clima de Génova. Cuando se entera de que Niza tiene muchas más días calurosos y sin nubes que ninguna otra ciudad, decide, el 23 de noviembre de 1883, abandonar definitivamente Génova. Para él, en  esos momentos, ya constituye el pasado.
Biografía de Nietzsche










































































































































































































MI HIJO ZARATUSTRA
Nietzsche tenía acabadas la 1ª y la 2ª partes de Así habló Zaratustra en Febrero de 1883. La 3ª la finalizará en Enero de 1884. De todos modos, en febrero de 1885 añadirá una 4ª parte y todavía hará planes para una V y una VII que no llegará a realizar pues concibirá nuevas ideas que ya no entran dentro del proyecto artístico del Zaratustra. Este había ido creciendo trozo a trozo como una torre, lo que lleva a muchos a pensar que concibió su obra como una
sinfonía. Por su parte Köselitz coloca el libro en la serie de los escritos sagrados. Para otros, sin embargo, Nietzsche se limitaría a plagiar el Prometeo de Carl Spitteler; y el problema es que el mismo Spitteler lo creía tambien. Para justificar su creencia se apoyaba en la tesis de Weingartner. Sin embargo, el problema es que éste no da prueba alguna que justifique que Nietzsche conoció el Prometeo de Spitteler aparecido en 1881. Lo único que señala como verosimil es el paralelismo de los animales acompañantes an ambos autores: en Spitteler el león y el perrito; en Nietzsche el aguila y la serpiente. Pero incluso aquí, el origen de los animales de Nietzsche habría que buscarlo en otras fuentes.
En relación con el personaje de Zaratustra, es muy probable que Nietzsche sea deudor de la Simbólica de Friedrich Creuzer. Acerca del por qué Nietzsche decide hacer de ese personaje el abanderado de su obra, habría que escuchar primeramente lo que el mismo Nietzsche nos dice en Ecce homo. De todas formas, esta explicación no parece convincente en el contexto de su pensamiento.
Por lo que se refiere a la idea del eterno retorno las explicaciones que se han hecho han sido muchas y lo seguirán siendo. Ya en 1895 Rudolf Steinner avanzó la tesis de que el eterno retorno había surgido en Nietzsche como contraposición a las lecturas que había hecho sobre el Curso de filosofía de Dühring, a lo que Naumann se opuso frontalmente haciendo referencia a la necesidad de tener en cuentra otros testimonios. Naumann avanzó tambien la hipótesis sobre el significado de la idea del Superhombre. De todos modos, aún hoy, tanto el eterno el retorno como el superhombre ofrecen grandes dificultades en su interpretación.
Otra cuestión debatida se refiere al puesto que ocupa el Zaratustra en la obra total de Nietzsche. Llama la atención el hecho de que esta obra aparece como aislada en la totalidad de la misma. Sin embargo, aunque esto parece ser cierto, lo evidente es que con esta obra, y sus ideas sobre la muerte de Dios, el eterno retorno y el superhombre, lo que Nietsche consigue es situarse en un nuevo plano de partida con el que comenzar el largo camino de la transvolaración de todos los valores.
Por último, ¿es Zaratustra el hijo intelectual de Nietzsche o el mismo Nietzsche?
Biografía de Nietzsche



















































































































































































































EL ENTORNO DE NIZA
(Diciembre 1883-Julio 1884)
A partir del 2 de diciembre de 1883, Nietzsche se instala en Niza pasanda a convertirse esta ciudad francesa en su nuevo
genius loci. Nietsche abandona, por tanto, el suelo italiano para dirigirse hacia suelo francés. A partir de ahora, y en los años siguientes, solamente visitará una ciudad italiana: Venecia, en donde residía su amigo Köselitz  y en donde, sin duda alguna, moraba para Niezsche el espíritu de Wagner muerto en Venecia el 13 de Febrero de 1883. Ahora bien, a pesar de  la importancia que el entorno adquiere en la vida de Niezsche, no tendría sentido, sobre tal base, hablar de rupturas ni de períodos diferentes en su pensamiento. No hay que olvidar que el proyecto del Zarathustra, ya iniciado en Italia, sigue estando presente en su nuevo lugar de residencia.
En Niza, Nietzsche entra en contacto con distintas personalidades. Una de de ellos es Paul Lanzky, admirador enfervorizado de Nietzsche, y, al cual se sentía unido por la equivocada creencia del origen polaco de ámbos.Nietzsche nos transmite tambien la impresión que le produjo su admirador. La relación entre ámbos acabará por enfriarse, sobre todo, a partir de la publicación, por parte de Lanzsky, de la colección de aforismos titulada Crepúsculo (1887). Y es que la mayoría de los títulos, publicados por Lanzky, nos muestran claramente la dependencia que tenía con Nietzsche. Por todo ello, cuando Lanzsky deja de relacionarse con Nietzsche su destino será el olvido y el convertirse en alguien ignorado, e incluso, maltratado.
Otro encuentro personal que Niezsche tendrá en Niza será con Josef Paneth con el cual realizará buenos paseos y fecundas conversaciones, relacionadas fundamentalmente con la cuestión antisemita. Aunque Paneth era judio, y, con ideas diferentes a las de Nietzsche, éste con la elaboración del Zarathustra, estaba convencido de haber conseguido pisar un nuevo suelo lo que le proporcionaba mesura y seguridad en sus ideas, incluso con personas de otras creencias. Por todo ello, y a pesar de que no existió entre ellos conexión epistolar alguna, es evidente que ámbos tuvieron gran interés en mantener contacto. El mismo Paneth intentará escribir un artículo sobre el Zarathustra a lo que Nietzsche se opondrá, pero no debido al autor del mismo, sino al estar convencido de que su personaje no necesitaba de propaganda alguna. Tampoco se puede olvidar que la relación de Paneth con Nietzsche acabará por convertirise tambien en elemento fundamental en el conocimiento que Freud tendrá acerca del autor de Zarathustra.
En medio de todo este ambiente surge en enero de 1884, en diez días aproximadamente, la tercera parte de Así habló Zarathustra, pensada, entonces, como el final de la obra. En esta tercera parte, Nietzsche, con la perfecta seguridad de un maestro del lenguaje (algo que admira a su amigo Rodhe, y que provoca, por parte de Nietzsche, una respuesta libre pero que tambien implica despedida) pone por escrito, frase trás frase, apartado trás apartado, como hacían Bach y Mozart con su música (y todo lo contrario a lo que hacía Wagner), sus profundos y originales pensamientos. El 18 de enero de 1884 estaba listo el manuscrito del Zaratustra III lo que provoca en Nietzsche un auténtico sentimiento de felicidad por lo que consideraba como una explosión de fuerzas. Despues de pasar por la imprenta la 3ª parte saldrá a la luz el 10 de abril de 1884. Nietzsche le recuerda a Köselitz que en esta tercera parte se encuentra presenta una idea completamente tremenda. Tambien será por esta época cuando vuelve a surgir en él, el plan de crear un conventículo de almas con intereses semejantes. De todos modos el viejo deseo de fundar una escuela, que sin duda alguna siempre estuvo presente en Nietzsche, se encontraba con el obstáculo de que el Zaratustra constituía unicamente el vestíbulo de su filosofía y de que era necesaria la publicación de una obra capital en la que sistematizar la totalidad de su pensamiento. De todos modos, esto es algo que Nietzsche no tendrá tiempo de llevar a cabo, a causa de su derrumbamiento, lo que imposibilitará que su filosofía incluya una cosmología, es decir, un imagen total del mundo en la que el individuo pueda insertarse. Lo único que Nietzsche pudo llevar a cabo,de un modo genial, fue el describir el  tránsito, en la existencia humana, desde el arte hasta la filosofía. Pero en ese logro falta la elevación cosmológica, como sucede en filosofías como las de Platón, Aristóteles, el Helenismo o Kant.
A todo esto su hermana, inserta en esos momentos en el celo militante de lo antisemita, no deja de acosarlo con amonestaciones de las que Nietzsche se lamenta amargamente y que motiva la interrupción durante meses de todo tipo de correspondencia entre ámbos. Además, parece que la hermana se dedica tambien a boicotear la llegada de las cartas que Nietzsche envía a su madre, lo que le obliga  a tener que hacer uso de Overbeck como intermediario. Lo cierto es que las invectivas de Nietzsche en contra de su hermana y en contra del antisemitismo aumentan cada vez más de tono, lo que provocará, a pesar del dolor que produce en ámbos, una ruptura total entre los dos hermanos.
En esta época Nietzsche conoce tambien a Resa von Schirnhofer. La herencia que esta mujer había recibido de sus padres le permite llevar una vida más libre, aunque acabará perdiendo toda su fortuna. En 1937 escribió un pequeño trabajo titulado Sobre el hombre Nietzsche en donde muestra su admiración por el personaje. Allí nos descubre como fue el primer encuentro con Nietzsche; las excursiones que realizaron en los 10 días que estuvieron juntos; la asistencia a una corrida de toros en Niza; la admiración que sentía por Lou Salomé; la visión que Nietsche tenía sobre Wagner; el regalo que Nietzsche le hizo de su Zaratustra y los pasajes que le pide que lea en voz alta, asi como la comunicación que le hace de la idea del eterno retorno. Es de destacar tambien el paralelismo descorcentante que existe entre este encuentro de Nietzsche con Resa y el producido con Lou Salomé en el lago Orta. Incluso la presencia de un tercero, como había sucedido con Paul Rée, tambien en este caso sería posible.
Resa von Schirnhofer pasó 10 días con Nietzsche en Niza (3-13 de abril de 1884). Una semana despues de su partida, el 21 de abril, Nietzsche abandona su cuartel de invierno para dirigirse a Venecia y hacer una visita al maestro Peter Gast, es decir, a Heinrich Köselitz. En estos momentos Köselitz se encontraba embebido en los últimos retoques a su opera Il matrimonio segredo de la que esperaba su validación definitiva como compositor. Nietzsche le pide que, antes del estreno, se la dedique a la reina de Italia, Margherita, algo que no produce ningún tipo de entusiasmo en Köselitz. Como alternativa a esta petición de Nietzsche, Köselitz, le expone su estrategia  en relación con el estreno de su opera, algo que Nietzsche acepta encantado. De todos modos, las esperanzas de estreno acabarán por no cumplirse. Por todo ello, Nietzsche decide entrar más energicamente en el proyecto y comienza por solicitar de Köselitz que cambie el título de la ópera.
Por otro lado, Nietzsche, intenta atraer al círculo soñado de sus discípulos a Heinrich von Stein, conocedor y admirador de Schopenhauer y adepto a Bayreuth, al cual envia tanto las partes publicadas del Así habló Zarathustra, como cartas incendiarias y proféticas que habría que situar dentro del contexto social y cultural de la época en la que Nietzsche vive. De este modo, y a su manera, Nietzsche se enfrentaba tambien a la situación de grave convulsión social y política que se vivía en su época.Von Stein le contesta agradecido y le envia algunos poemas traducidos de Giordano Bruno y le pide que asista a la representación del Pársifal en Bayreuth algo que en Nietzsche no produce indignación sino penosa renuncia. El grave peso del dogma del eterno retorno no le permite ningún tipo de concesión al pasado, pero tampoco odio ni rencor hacia una etapa de su vida que considera superada.
De forma repentina Nietzsche abandona Venecia y se dirige a Basilea para visitar a Overbeck con quien pasará 14 días en una situación de desamparo absoluto. Además comienza a sentirse extraño en la misma Basilea amén de no poder soportar su clima. Es ahora cuando surge en él la idea de explicarse a sí mismo, en este caso, mediante una misiva personal a Overveck, lo que representa el primer germen de lo que será su último escrito,el Ecce homo. La decepción que le produce su estancia en Basilea le hace decidirse de nuevo por la soledad. Pero lo que sucedía era que Basilea tambien estaba decepcionada con él, por lo menos, ese era el caso de Jacob Burckardt.
Nietzsche abandona Basilea y se dirige, buscando la soledad deseada, al hotel Piora en los Alpes. Aunque estaba situado a una altitud mayor que Sils-María, Nietzsche no alcanza la paz deseada y la estancia resulta un fracaso. Decide dirigirse a Zürich para ponerse en contacto con Meta von Salis. El 17 de Julio abandona Zürich y se dirige a su refugio de verano en Sils-María en donde comienza a convertirse en una especie de atracción para forasteros.
Biografía de Nietzsche


















































































































































































































VERANO DE 1844 EN SILS MARÍA
En el verano de 1844 de Sils-María, Nietsche mantendrá un estrecho contacto con un buen número de amigos/as y admiradores/as. Es de destacar la relación, ya iniciada en Zürich, que sigue manteniendo con Meta von Salis. Esta extraordinaria mujer pertenecía a una poderosa e
ilustrada familia que siempre había mantenido mejores relaciones con Francia que con Austria. Meta von Salis había sido educada en el entorno ilustrado del castillo de Marschlins y desde que estableció su primer contacto con Nietzsche en Zurich se mantuvo entre estas dos personas, que parecían estar más hechos para la amistad que para el matrimonio, un sentimiento de afinidad y respeto más allá de toda duda. Meta von Salis logrará el doctorado en filosofía de la Universidad de Zurich pero afirmando que más que título lo que interesaba es la cuestión de la mujer. Otras mujeres importantes en la vida de Nietzsche, durante este verano, fueron Miss Helen Zimmem y Berta Rohr.
De todos modos, la salud de Nietzsche no parece mejorar tal como nos recuerda Resa von Schinhofer. Para hacer frente a su terrible destino, Nietzsche, se dedica a realizar largos paseos con sus admiradores por el lago Silvaplana.
Pero la visita más importante de este verano procederá de su discípulo soñado, Heinrich von Stein, el cual permanecerá en Sils-María desde el 26 al 28 de agosto.Ya hemos señalado como Nietzsche había enviado a este prometedor intelectual las partes I-II-III del Zaratustra. Es evidente que entre Nietzsche y Stein existían claras afinidades, aunque sus caminos estaban condenados a seguir direcciones muy diferentes. Pero ahora, en Sils-Maria, tales diferencias se mantenían ocultas. En esta visita, Nietzsche, unicamente percibe las semejanzas existentes entre ámbos y considera a Stein como uno de los suyos. Tambien Stein quedó profundamente impresionado por la personalidad de Nietzsche y, sin reparos de ningún de tipo,comunica sus impresiones al círculo de Bayreuth, en donde, por otro lado, no domina todavía un actitud totalmente condenatoria ante Nietsche. Según Stein, Nietzsche estaría deseoso de discípulos y personas que comprendieran sus ideas y hace referencia a que el encuentro entre él y Nietzsche recuerda la historia de Filocteto. En fín, lo cierto es que, durante este verano, Nietzsche se encontraba rodeado de personas con las que sería posible llevar a cabo su proyecto. Pero su destino lo impediría.
Entretanto la madre de Nietzsche intenta acercar a sus dos hijos e invita a Nietzsche a que vaya urgentemente a Naumburg para un encuentro a tres. Nietzsche, en principio, rechaza el ofrecimiento y pone como condición para la reunión el que su hermana y el doctor Förster desaparezcan de Europa durante años. Al final, sin embargo, acabará cediendo y propone un compromiso: verse a medio camino entre Naumburg y Zürich.
Biografía de Nietzsche


















































































































































































































VACACIONES EN ZÜRICH
(25 de septiembre al 31 de octubre de 1884)
En el intento de reconciliación con su hermana, Nietzsche pasa 5 semanas en Zürich. Sin embargo, Elisabeth no permaneció en la ciudad, a su lado, más allá de dos semanas. De todos modos, Nietzsche hizo todo lo posible para
complacer a su hermana, aunque, por otro lado, parece que no le producía gran dolor el librarse de ella por un tiempo.
Pero la estancia en Zürich le sirvió a Nietzsche para llevar a cabo otros planes: por un lado, pudo conocer al que, en esos momentos, era el secretario de Estado y gran escritor Gottfried Keller (por cierto,este genial escritor había criticado agriamente hacía años al joven Nietzsche, de lo que, por fortuna, éste no había llegado a enterarse);  por otro lado, intentó ayudar lo más posible al compositor Peter Gast, el cual, por estas fechas, había abandonado ya el nido veneciano para trasladarse de nuevo a Alemania. Con la intención de echar una mano, Nietzsche, entra en contacto con el director de orquesta de Zürich, Hegar, con la intención de convencerle para que dirija la obra de Gast, Broma, astucia y vergüenza. Hegar, sin embargo, despues de estudiar la obra, manifiesta una serie de objecciones a la obra de Gast. A pesar de ello invita a Köselitz a venir a Zürich y dirijir él mismo su obra, algo que Gast acepta encantado. Despues de su llegada a Zürich, Nietzsche intenta que Köselitz entre en relaciones con estudiantes del círculo de Meta von Salis, algo que el compositor no acepta de buena gana provocando el enfado y el malhumor de Nietzsche.
Al mismo tiempo, Nietzsche cree encontrar un nuevo fiel en la Dra Helene Druscowitz, mujer enfrascada en el movimiento feminista. Cuando Nietzsche la conoce estaba preocupaba por cuestiones filosóficas relacionadas con el libre albedrío. De todos modos, esta relación tampoco acabó bien pues Nietzsche se ofendió con ella al percibir que Druscowitz, o bien quería competir con él, o bien sacar provecho de su genio.
Por otro lado, los últimos días de su estancia en Zürich se verían ensombrecidos por los problemas, cada vez más  graves, que tenía con su editor Schmeitzner, el cual se encontraba al borde de la bancarrota y, posiblemente, deseoso de deshacerse del poco rentable Nietzsche. Ante esta incomoda situación Nietzsche decide sacar sus escritos de la manos de su editor estableciendo una demanda en su contra.
En medio de toda esta polémica, pero repuesto, con animo y con fuerzas, Nietzsche, abandona Zürich el 31 de octubre de 1884.
Biografía de Nietzsche


















































































































































































































LIBRO IV Y FINAL DE ZARATUSTRA
(Noviembre de 1884 a Junio de 1885)
Los días de Zurich constituyen un nuevo momento de pausa engañosa en el proyecto filosófico de Nietzsche. Y es que, en su mente, a pesar de las apariencias se estaba fermentando una obra nueva a la luz de los cuarteles de invierno de la Riviera, en Niza, en lo que va de noviembre de 1884 a junio de 1885.
Despues de abandonar Zürich, Nietzsche, pasó por Menton, a donde llega el 2 de noviembre despues de un
incomodo viaje. En principio, le resulta un lugar más apetecible que Niza. Desde allí proyecta incluso realizar un viaje a Córcega. Finalmente, sin embargo, toma la decisión de pasar el invierno en Niza.
A comienzos de diciembre se encuentra de nuevo en la pensión de Géneve, en la pequeña rue St. Etienne de Niza. Allí recibe la visita de Paul Lanzki el cual comienza a resultarle inaguantable. Al mismo tiempo comienza a temer el que pueda convertirse en una mercancía comercial en manos de vocingleros de mercado, algo que, por otra parte, es lo que el destino criminal político le tiene reservado y de lo que no podrán protegerle, una vez muerto, sus moscas del mercado.
Entretanto su amigo Overbeck le soluciona el grave problema que significaría para Nietzsche la renovación de la pensión concedida por la Universidad de Basilea y que llegaba a su fín en el mes de Junio. Por otro lado, continúan los problemas con su editor y se encuentra con graves dificultades para la publicación del libro IV de su Zaratustra.
Pero el acontecimiento más importante de esta época es como va tomando cuerpo ( en el invierno de 1884-1885) el Libro IV del Zaratustra. El 14 de febrero se lo muestra ya a Köselitz como fruto de invierno. Curiosamente, Nietzsche, con esta parte final del Zaratustra, se inhibe a la hora de mandar ejemplares a su amigos, lo que demuestra claramente su convencimiento de que, a pesar que necesitaba de colaboradores y personas dispuestas a acompañarle en sus pensamientos, era una tarea imposible el poder contar con ellos, como se lo demuestra claramente, en estos momentos, la deserción de Stein. Por todo ello, en el momento de la elaboración de la IV parte del Zaratustra se apodera de Nietzsche la decepción, el asco y una ironía diabólica que le lleva a recubrise de nuevo con la máscara de Zaratustra y burlarse con afectada jovialidad de los que denomina como seres superiores, en relación con los cuales, Nietzsche, no sitúa, curiosamente, a ninguna mujer, determinada, en gran parte, por la imagen que Nietzsche tenía del hetairismo de la antiguedad.
En relación con el Libro IV del Zaratustra habría que señalar que, en sus primeros esbozos, Nietzsche, no pensaba añadir una 4ª parte a su Zaratustra sino que se proponía elaborar un libro nuevo con la intención de constituir un nuevo par. Se trataría, por tanto, de una nueva obra que, partiendo de la idea tremenda del eterno retorno, diese un paso  hacia adelante adentrándose en la transvalaración de todos los valores para situarlos más allá del bien y del mal. Sin embargo, el estado de ánimo de estos momentos y su potencial creativo no se lo permiten. En su lugar, decide hacer uso de una fábula sugestiva: Zaratustra desde su cueva (Sils?) dice escuchar el grito de socorro de unos hombres que tienen necesidad de él, y que, al mismo tiempo, él necesita. Sale a su encuentro en la llanura y los reune en su cueva en las alturas. De tal encuentro, sin embargo, lo que surge es una mutua y terrible decepción.
El Libro IV del Zaratustra no pudo, por tanto, convertirse en una obra autónoma aún siendo proyectada como tal por Nietzsche. Sin embargo, ello no impide que esta 4ª parte enlace con el resto del Zaratustra formando un marco común con otras partes de la misma, como, por ejemplo, con el Prólogo. Además, Nietzsche no clausura la 4ª parte del Zaratustra sino que la deja abierta a un futuro incierto en donde sigue estando muy presente la idea de que Nietzsche sigue aspirando a su obra, es decir, a construir, sobre la base, pero tambien al margen de las ideas del eterno retorno y del superhombre, un sistema. Por todo ello, Nietzsche siente que su Zaratustra está ya agotado y que es necesario, a pesar del sufrimiento y de la decepción, seguir abriendo camino. En este contexto, la despedida del Zaratustra, aún siendo triste y penosa, que Nietzsche realiza en estos momentos es algo evidente. Nietzsche quiere librarse de todos los recuerdos del pasado relacionados con esta obra, incluyéndo a Lou Salomé.
El 6 de Junio se dirije a Venecia para pasar allí 8 días con Köselitz. En un aislamiento total solamente escribe a su familia con motivo de la boda de su hermana, a la cual no asiste, lo que le obliga a pedir disculpas, sobre todo, a su madre pues sabía que era ella a quien más le dolía su no-asistencia.
Biografía de Nietzsche
























































































































































































































LABERINTO
(Verano- otoño de 1885)

Durante el verano y el otoño de 1885 continúa, aunque de modo aparente, la sequía creativa de Nietzsche, el cual vive todavía de la resaca del Zaratustra. Sin embargo, es evidente que siente la necesidad de crear una obra fundamental aún reconociéndo que se encuentra como dentro de un
laberinto. Y es que Nietzsche era consciente de que la tarea que tenía por delante podía desbordar su fuerza física; de ahí que siempre estuviera dispuesto a recibir cualquier tipo de ayuda espontanea, a pesar de las decepciones que ello solía suponerle, como le sucederá ahora con Louise Röder-Wiederhold.
Entretanto, en esta época de Sils (en donde conoce a un siniestro personaje que dará lugar posteriormente a oscuras especulaciones), Nietzsche, sigue relacionándose con su vieja corte de admiradoras, leyendo mucho (con ayuda) y angustiado por su aislamiento. Para distraerse llega plantear a Köselitz que de forma a la ópera Marianna. Continúa tambien con el grave enfrentamiento con su editor al que cree haber vencido. De todos modos, éste, mucho más experto que Nietzsche en asuntos de negocios, conseguirá no sólo salir adelante sino incluso vengarse. Como, en principio, Nietzsche cree que se ha podido deshacer de él, decide, curiosamente, invertir parte del dinero conseguido con su demanda en cubrir la tumba de su padre con una losa de marmol.
Hacia el 15 de septiembre de 1885 abandona Sils-María y, esta vez, decide pasar por Naumburg. En esa época tendrá su último encuentro con Stein (que morirá el 20 de junio de 1887) e intentará ser lo más amable posible con su cuñado Förster. Este había escrito un libro sobre las Colonias alemanas en donde exponía ideas totalmente contrapuestas a las de Nietzsche sobre el ser alemán y otros temas conflictivos. Debido a la cercanía del parentesco y con el objeto de que no llegarán a confundirlos, Nietzsche, trata sobre estos temas, por ejemplo, en Más allá del bien y del mal. Finalmente, Nietzsche, se dirije de nuevo a Niza en donde ya reside el 11 de noviembre de 1885.
En definitiva, esta larga temporada sigue estando dominada por la sequía creativa. Sin embargo, si se echa un vistazo a su cuaderno de notas se puede observar hasta que punto Nietsche seguía trabajando y buscando salida para sus ideas. Entre ellas irrumpen con fuerza la voluntad de poder y el nombre de Ariadna.
Biografía de Nietzsche
























































































































































































































COSECHA DEL MÁS ALLÁ DEL BIEN Y DEL MAL
(Enero-Agosto de 1886)
El año 1885 fué, para la producción externa de Nietzsche, una época aparente de sequía creativa determinada por su aspiración a culminar su obra. Además estaba sin editor. De todos modos, interiormente Nietzsche estaba
maduro y la prueba de ello está en la serie de obras que, de ahora en adelante y en poco tiempo, llevará a cabo antes de su derrumbamiento. Nietzsche está dispuesto a recoger la cosecha interior que lleva dentro y, por ello, trabaja intensamente a todo lo largo del invierno de 1886.
Pero la vida real sigue. Su amigo Rodhe acepta la cátedra que le ofrecen en Leipzig, algo que posteriormente lamentará. Por su parte, el doctor Förster y Elisabeth se trasladan a Paraguay. Tambien le quieren comprar una partitura para piano que Wagner le había regalado, algo a lo que se niega categoricamente. Además un tal Credmer se le ofrece como editor, lo que no le librará, sin embargo, de los disgustos relacionados con la edición de sus obras. Antes de trasladarse a Venecia aún tiene ocasión de leer a Paul Bourget y de aconsejar a Overbeck un libro de Julius Lipiner.
En Venecia se hospeda en casa de Köselitz, el cual se encontraba de viaje por Alemania con el objeto de encontrar, sin éxito, un teatro para representar su obra. En Venecia, Nietzsche, sigue dando forma a lo que califica como uno de los resultados del invierno. De todos modos estará poco tiempo en Venecia pues el 11 de mayo ya se encuentra en Münich para entrevistarse con Herman Levi con el objeto de recomendarle la obra de Köselitz, sin saber realmente que a Levi, Peter Gast, le parecía un incompetente como músico. Despues viaja a Naumburg para visitar a su madre y, posteriormente, a Leipzig para encontrarse con su viejo amigo y nuevo catedrático de la universidad. Este sería el último encuentro personal entre ambos y el extrañamiento existente entre ellos fué ya indescriptible. El 27 de Junio abandona Leipzig con dirección a Sils-María. Obligado por las circunstancias tiene que convertirse en su propio editor. En este contexto, su nueva obra  Más allá del bien y del mal pasa a la imprenta el 21 de julio. El 5 de agosto informa a Overbeck de la aparición de su última obra.
En esta nueva obra el pensamiento de Nietzsche se nos muestra claro y antidogmático. Nietzsche divide la obra en 9 capítulos y se sitúa, a través de ellos, más allá de la tradición filosófica anterior que todo lo percibía bajo el dogma dualista de la oposición de lo bueno y lo malo como conceptos antagónicos y contrapuestos.Nietzsche intenta ahora eliminar esta contraposición entre dios- demonio y con ello alejarse de todo intento de fundamentar la moral en lo bueno en sí (al modo platónico) o en la cosa en sí (al modo kantiano). Las secciones presentes en Más allá del bien y del mal son las siguientes:

  1. De los prejuicios de los filósofos, en donde Nietzsche critica toda base metafísica de la moral.
  2. El espíritu libre, en dónde esboza los rasgos que definirán al espíritu libre del futuro.
  3. El ser religioso, aquí se dirige fundamentalmente en contra del cristianismo.
  4. En Sentencias e Interludios critica la disponibilidad de las religiones para valorar el sacrificio así como los efectos negativos de toda religión.
  5. Para la historia natural de la moral, en donde critica la filosofía tradicional por preocuparse unicamente por el origen de la moral, a partir de la ley divina o del imperativo categórico, pero desatendiendo absolutamente la moral como problema. Critica tambien todo intento de fundamentar la moral en una vuelta a la naturaleza, al modo roussoniano, y señala cuales son sus esperanzas de futuro para la inversión de los valores.
  6. En Nosotros los doctos, Nietzsche, se ocupa del filósofo venidero y, para ello, se centra en el análisis del problema de las relaciones entre la ciencia y la filosofía. Critica energicamente el posible surgimiento, en la Europa del futuro, de una casta de tecnócratas que hagan peligrar el desarrollo de los auténticos filósofos.
  7. En Nuestras virtudes, Nietzsche señala que éstas deben buscarse en nuestros laberintos y que tienen su base en la disciplina del gran sufrimiento.
  8. En Pueblos y Patrias, Nietzsche, investiga la locura de las nacionalidades y profetiza la llegada de un hombre europeo situado no en una Europa nacional sino en un espacio cultural que de sentido y abra camino a su existencia. Sobre esta atalaya intenta clarificar el significado de lo que "es" el ser alemán, el ser francés o el ser inglés. Esta especie de tour, por paises europeos, Nietzsche lo realiza siempre bajo la idea de que Europa debe ser una. Tambien dedica, en Pueblos y Patrias, un amplio estudio sobre los judios.
  9. En ¿Qué es aristocrático?, Nietzsche, hace referencia a quienes deberían dirigir espiritualmente la Europa futura como espacio cultural. Rechaza todo intento de fundamentación igualatoria. Según Nietzsche, los dirigentes europeos del futuro deberían de ser seres no tanto de acción como poseedores de un alma que se respete a sí misma. Tambien hace referencia a como debería de ser la naturaleza del filósofo.

Biografía de Nietzsche
























































































































































































































NUEVOS ESTÍMULOS
(Agosto 1886-Junio 1887)
En agosto de 1886 se encontraba ya en las librerías su Más allá del bien y del mal. Además logra, por fín, solucionar los problemas con la
editorial de sus libros.Entre el 7 y el 9 de septiembre recibe en Sils-María la visita de Metan von Salis que se hospedaba en el hotel Alpenrose con su madre. Estando en Sils-María se entera de la muerte de Franz Linz, padre de Cosima, el cual será enterrado en Bayreuth lo que provoca ácidos comentarios por parte de Nietzsche. Tambien recibe la noticia de boda de su amigo Paul Deussen lo que provoca en Nietzsche, a pesar de los problemas existentes entre ellos hace años, alegría sincera y una cierta envidia. Con Deussen seguirá manteniendo - contrariamente a Rodhe - su amistad y  un contacto epistolar basado, sobre todo, en los conocimientos que Deussen poseía del sánscrito y de la filosofía india. 
Pero todos estos acontecimientos externos no impiden que Nietzsche siga trabajando intensamente y organizando el inmeso material del que desponía. Corrige y realiza comentarios para las segundas ediciones de sus obras. Para ello, claro está, cuenta con la colaboración de su amigo Köselitz al cual parece dar carta blanca en las correcciones de los manuscritos, algo que, a la larga, se mostrará como funesto. Pero lo cierto es que, por estas fechas, Nietzsche se encuentra lleno de planes y del mejor humor que se irá agrandando por el éxito y el interés que produce en el público su Más allá del bien y del mal. Este éxito, sin embargo, no dejará de acarrearle problemas pues,desde Paraguay, Förster y su hermana Elisabetz, intentan sablearlo algo a lo que Nietzsche, aconsejado por Overbeck, se opondrá categoricamente. Con tacto y con humor Nietzsche le comunica a su hermana claramente su negativa a enviarles el dinero que solicitan para sus inversiones. Por el contrairo, decide ayudar a su madre que se encontraba sóla en Naumburg.
El 25 de septiembre abandona Sils-María haciendo un recorrido por los lugares zaratustrianos. Se instala primeramente en Roca Ligure. Sin embargo, la mala comida le obliga a  trasladarse de nuevo a Niza a dónde parte el 20 de octubre para instalarse en su vieja pensión de Géneve. De todos modo, Nietzsche, no se limitó unicamente a viajar y a disfrutar de la naturaleza sino que tambien trabajó con gran intensidad.
Al mismo tiempo, y por esta época, Nietzsche, mantuvo un amplio intercambio epistolar condicionado esencialmente por las repercusiones que había producido su Más allá del bien y del mal. Las reacciones sobre esta obra fueron diversas. Por ejemplo, Rodhe reaccionará mostrando un rechazo tajante. Overbeck, aún no estando de acuerdo con muchos aspectos de la obra de Nietzsche, tenía una visión distinta a la de Rodhe debido, quizás, a que entendía mejor el proyecto global de Nietzsche. Por su parte, Burckardt le manifiesta una condescendencia benévola aunque cuidándo de señalar que las ideas presentes en la obra de Nietzsche le sobrepasan en su comprensión. Ello producirá en Nietzsche una gran perturbación y asombro. De gran importancia para Nietzsche, por la repercusión que obtendrá, vino a ser la recesión que sobre el Más allá.. llevará a cabo Widmann (1842-1911) en el suplemento literario del periódico Der Bund (entre el 16-17 de septiembre de 1886) en dónde afirmaba que la filosofía de Nietzsche era dinamita. Por otro lado, desde Francia, Henri Taine le mostraba su admiración y respeto.
Todos estos sucesos producen en Nietzsche un aumento considerable de su autoestima lo que le anima a iniciar un intenso trabajo de lecturas que le hacen sobrecargar sus débiles ojos. A pesar de este handicap, Nietzsche comienza a llevar a cabo lo que denomia como rearme en contra del platonismo, algo que permitiría, según el, avanzar en el camino situado más allá del bien y del mal. En este contexto comienza a trabajar en el Comentario que Simplicio había realizado a la filosofía de Epicteto. De su lectura deduce que con Simplicio nos encontramos ante un ejemplo claro de una naturaleza pagana contaminada por Platón y el idealismo. Para el estudio del pensamiento de Epicteto tiene como base la traducción y el comentario que sobre su obra había realizado Karl Link. A través de la lectura del pensamiento de este autor, Nietzsche, intenta reconstruir las huellas que el estoicismo había dejado en la moral cristiana. Por su parte, en relación con el neoplatónico Simplicio, Nietzsche, leyó el comentario que éste había realizado del Enchiridion de Epicteto 400 años más tarde. A Simplicio, Nietzsche, le reprocha el que intente sintetizar el contenido de las diferentes escuelas griegas sobre la base el eleatismo y del platonismo. De todos modos, analizando objetivamente la significación de Simplicio, Nietzsche es injusto, pues lo cierto es que Simplico representa realmente al último luchador valeroso de la antigüedad en contra del cristianismo asi como con al negador de algo, en lo que Nietzsche creía, como era el principio dualista de los principios del bien y del mal. A pesar de todo ello, Nietzsche, pasa por alto estos detalles y critica a Simplicio por representar la continuación de una linea de pensamiento griego que no tiene sus orígenes en los materialistas antiguos sino en chamanes del estilo de Pitágoras o Jenófanes.
En medio de este rearme en contra del platonismo y sus secuaces, Nietzsche, descubre, por esta época, la obra de Dostoyeski por quien, a partir de ahora, mostrará siempre gran admiración. De él dice importarle, sobre todo, lo incisivo de su penetración literaria psicológica. Y lo que es evidente es que la lectura de este escritor ruso dejó en él una huella profunda.
En esta época se produce tambien en Nietzsche un gran interés por cuestiones de tipo histórico. Realiza lecturas del historiador orientalista Ernest Renan, del historiador Heinrich von Sybel y del francés Montalembert. Conoce tambien, por supuesto, a Tocqueville y a Hippolyte Taine. Lo que Nietzsche aspira lograr con estas lecturas es el tener una visión de conjunto sobre la historia de la ética cristiana la cual debería aprovechar para la realización de su fallida obra fundamental. Muchas de las ideas de estas lecturas las aprovechará en el Anticristo.
Entretanto tiene la oportunidad de asistir, en Monte-Carlo, a la representación del Preludio del Pársifal lo que le procuró una vivencia nueva y profunda que le ayudará a convencerse, ya del todo, que Wagner había sometido su faceta de músico a su faceta de actor. A su vez su amigo Köselitz consigue estrenar en Münich, sin éxito alguno, un septeto dirigido por Richard Strauss.
En Niza, Nietzsche es actor, más bien pasivo, del terremoto que sacudió la ciudad el 23 de Febrero de 1887. El 3 de abril parte hacia la Engadina. Alli su amistad con Rodhe se romperá definitivamente debido a las duras manifestaciones que éste realiza en contra de Taine. Esto motiva una dura reacción de Nietzsche y el final de una vieja amistad que sólo el derrumbe de Nietzsche en 1889 alcanzará a despertar en Rodhe la suficiente compasión que le lleve a olvidar este desagradable incidente. A su vez los Förster se dedican ya no a solicitar de Nietzsche ayuda económica sino, incluso, a exigírsela. Ello será motivo del enfado de Nietzsche y de una respuesta nuevamente negativa. Al final, sin embargo, decidicó no dejarlos en la estacada. Por estas fechas se entera tambien que Lou Salomé había contraido matrimonio. Comienza a pensar en abandonar Sils-María para establecerse en Celerina. Sin embargo, nuevamente el destino parece tenerlo atarlo a la casa Durich.
Biografía de Nietzsche
























































































































































































































ATAQUES SITUÁNDOSE MÁS ALLA DEL BIEN Y DEL MAL
(Desde la Genealogía de la moral hasta la Voluntad de poder-Verano 1887-Abril 1888)
En Junio de 1887 Nietzsche llegó a Sils-María cansado y fatigado por el cúmulo de trabajo que representaba el hacer frente a su nueva obra la Genealogía de la moral. En este contexto, su existencia interior y exterior sigue
escindiéndose progresivamente. Para agravar las cosas, el 20 de Junio le llega la noticia de la muerte de Heinrich von Stein algo que le afecta enormemente. Se siente mal y comienza a analizar las causas posibles de su enfermedad. Unicamente le animan un poco las visitas de Meta von Salis y de su viejo amigo Paul Deussen. Las despedidas, como siempre, le afectarán gravemente a su salud por lo que se decide a llevar de nuevo un ferreo programa dietético. Su estricto modo de vida comienza a producir en su exterior la imagen clásica del filósofo solitario y distraido sacado de la antigüedad. Ello será motivo de que comiencen a surgir bulos acerca de su desorientación espiritual para sacar de ahí, despues, conclusiones sobre la calidad de las obras que Nietzsche escribirá a partir de ahora.
El 30 de Juniode 1887 Nietzsche envia a Nauman el manuscrito de su nueva obra y que saldrá de imprenta el 10 de noviembre, de ese mismo año, con el título de Genealogía de la moral. Las raices de esta obra parecen situarse en las preocupaciones de caracter histórico-religioso que Nietzsche había experimentado con Lou Salomé en el otoño de 1882, asi como en su interés por autores cristianos como, por ejemplo, Tertuliano.  Nietzsche, sin embargo, presenta su Genealogía de la moral como un complemento al Más allá del bien y del mal, aunque reconoce que las ideas presentes en esta su última obra nos remiten mucho más allá todavía.
El primer capítulo de la Genealogía de la moral se titula Primer tratado, al tema actual del más allá: Bueno y malvado; bueno y malo. En él, Nietzsche, ataca a los psicólogos de la moral por querer reducir los juicios morales de lo bueno y lo malo a experiencias de utilidad. En contra de esta tesis, Nietzsche, intenta esclarecer el significado de tales conceptos morales buceando en la prehistoria del hombre con el objeto de levantar la tapadera del pozo a través del cual mirar en el fondo abismático y primigenio del ser humano y descubrir así los auténticos orígenes de tales conceptos.
El segundo capítulo lo titula Nietzsche Culpa, mala conciencia y similares. Aquí Nietzsche intenta bucear en los orígenes de la jurisprudencia y el derecho penal, tanto desde una perspectiva individual como pública. En este contexto, Nietzsche rechaza categoricamente las tesis que intentan fundamentar los orígenes del Estado en una especie de convenio o contrato social al modo de Rousseau. Por otro lado, a pesar de los oscuros orígenes de donde parecen  proceder todas las cuestiones relacionadas con la moral y el derecho, Nietzsche, cree en el hombre como una posibilidad de especie superior.
El tercer capítulo se titula Qué significan los ideales ascéticos. Aquí Nietzsche arregla cuentas con todo aquello que suene a sacerdotal, ya se presente al modo de Nuevo Testamento, de Lutero o de Wagner. En este capítulo Nietzsche adelanta ya ciertas tesis que aparecerán en el Anticristo.
Hay que hacer notar tambien que Nietzsche proyectó  llevar a cabo, como continuación a la Genealogía de la moral, un segundo escrito polémico, algo que, por desgracia, no podrá llevar a cabo.
Entretanto Nietzsche, siempre obsesionado con la música, entra en contacto con Brahms y recibe la invitación de Avenarius para colaborar en la revista Der Kunstwart, algo a lo que Nietzsche accede a regañadientes y por motivos puramente prácticos. El 19 de septiembre abandona Sils-María. El 21 llega a Venecia donde pasará sus últimos días en esta ciudad. Allí se entera tambien, por los periódicos, de las reacciones que sus escritos producían en ciertas esferas. El 21 de octubre abandona Venecia y se dirige de nuevo a Niza. Desde allí comienza a desarrollar una actividad febril ofreciendo su Himno a la vida a todos los directores de orquesta que conoce. Pero de nuevo, a pesar de sus esfuerzos, tampoco la iniciativa ofrecerá el fruto apetecido. Sólo le quedará el consuelo de algunas respuestas prometedoras como la de Felix Mottl.
En Niza tiene que soportar un invierno muy duro lo que le obliga a procurarse una estufa. Tambien decide mantener en mejor orden su aspecto externo. Intenta restablecer la deteriorada amistad con su amigo Rodhe, algo que no podrá ya ser posible. Sigue enviando ejemplares de la Genealogía de la moral a sus amigos y admiradores, como, por ejemplo, al inevitable Jacob Burckardt. De todos modos la gran pesca de esta época fue Georg Brandes, docente en Copenhague, y que comenzó a interesarse vivamente por la obra de Nietzsche.
Las anotaciones de Nietzsche durante estos meses se mueven sobre todo en torno al problema de la ética y el cristianismo, aunque interrumpidas por consideraciones aisladas sobre Wagner y la música en general. Es tambien por esta época cuando comienza a usar una expresión que será, a partir de ahora, recurrente en sus escritos: decadence. Intenta evadirse de la música para concentrarse en la elaboración de su obra capital, varias veces enunciada: la voluntad de poder. Pero, de improviso, se centra tambien en otro tipo de problemática de tipo político que le mantendrá seriamente preocupado y que, en principio, se encuentra relacionado con los sucesos de S. Remo y con el predicador de la corte de Berlín Adolf  Stoeker. Este personaje, que  debió resultar repelente para el gusto de Nietzsche, actuó sobre él como un fantasma terrorífico del que no se libró hasta los días de la disolución mental en enero de 1889.
El 2 de abril de 1888, Nietzsche, abandona Niza sin suponer que nunca habría de volver a ella y emprende viaje a Turín a dónde llega el 5 de abril.
Biografía de Nietzsche
























































































































































































































LA TRANSVALORACIÓN DETENIDA
(Abril-Diciembre de 1888)

El lunes de Pascual, 2 de abril de 1888, Nietzsche, sale de Niza en tren para dirigirse a Turín en un desastroso viaje en dónde se
equivoca a la hora de coger un tren. Por fín llega a Turín el 5 de abril y queda inmediatamente seducido por la ciudad. A su vez, Nietzsche, era consciente de que como filósofo estaba expuesto ya al escenario académico mundial, sobre todo, a partir del interés mostrado por George Brandes el cual impartía cursos en Kopenhague sobre el filósofo alemán Friedrich Nietzsche ¡y con el aula rebosante! Brandes no era, sin embargo, un díscupulo de Nietzsche sino que le interesaban sus tesis que no defendía ni aceptaba a ciegas. En la correspondencia mantenida con Nietzsche aprovecha para llamar su atención sobre Soren Kierkegaard al que define como uno de los más profundos psicólogos que han existido. Tambien le agradece a Nietzsche el envio de sus obras más tempranas ya que, al empezar leerlo por el principio, le permitirá hacerse una idea mejor sobre la evolución de su pensamiento. Brandes aprovecha tambien para hablarle de su propia existencia en Kopenhague a la que califica de destructora, lo que aprovecha Nietzsche para hablar de la dura vida del nórdico. Brandes, cada vez más ilusionado con la filosofía de Nietzsche, le solicita una fotografía. Nietzsche no solamente le envía una sino que le transmite tambien datos, a veces fantasiosos, acerca de la sua vita.
Entretanto Nietzsche sigue trabajando con ánimo de cannibalido, esta vez, en el Caso Wagner. que debió comenzar en torno al 15 de mayo de 1888. Esta obra, a la que pone como subtítulo, Corte turinesa de mayo de 1888, no representa unicamente, como a veces se piensa, un simple desahogo y una escapada a la ociosidad del psicólogo, sino, sobre todo, un crítica a todo lo que representa un movimiento contrario a la voluntad de poder y que podía estar representado, en este caso por el romanticismo de Wagner, pero tambien por el cristianismo, por Lutero o el judaismo paulino. En este sentido, el Caso Wagner no hay que situarla fuera del contexto de la filosofía de Nietzsche sino como una obra que se ensambla perfectamente con los estudios que, durante esta época, Nietzsche, realiza sobre cuestiones de tipo religioso y en dónde Wagner se le presenta como un modalidad más de religión.
A su vez, por estas fechas, recibe un invitación de Resa von Schirnhofer para pasar unos días juntos en Zürich a lo que Nietzsche se niega por sentir que, en estos momentos, es Turín su lugar ideal de residencia. De todos modos le ruega que haga todo lo posible para que puedan verse lo que demuestra, una vez más, la necesidad que Nietzsche tenía del trato familiar con mujeres cultas y distinguidas. Este hecho es lo que hace sorprendentes los comentarios despreciativos de Nietzsche sobre la mujer cuando la reduce sólo a su función sexual. En este contexto Nietzsche se nos presenta como un enigma tanto por sus curiosas ideas sobre la prostitución y la sífilis, como por sus fantasías eróticas dignas de un profundo estudio psicoanalítico. 
El 5 de Junio abandona Turín con rumbo a Sils-María en donde el mal tiempo y el brusco cambio de altitud (de 280 m pasa a 1800) le afectan seriamente a su salud. Ello no le impide, sin embargo, seguir trabajando pues el 17 de Julio envia a Naumann el Caso Wagner. Éste lo devuelve por ilegible lo que no impide que Nietzsche prepare otro manuscrito que envía a los pocos días. En esta nueva copia, y de repente, emprende un ataque durísimo contra Brahms lo que, de todos modos,no debería hacernos perder el auténtico significado y la perspectiva correcta del Caso Wagner. Esta obra causaría una profunda herida en su amiga Malwida y sobre la que Nietzsche, de un modo cruel pero tambien muy claro, ahonda al exigirle una clara definición por su parte: o él o Wagner. Por esta época tiene tambien lugar un suceso que no fué en absoluto de su agrado: su amigo Deussen le envía 2000 marcos en nombre de un círculo de admiradores y destinados a cubrir los gastos de impresión de sus obras. Nietzsche no se creyó en absoluto esta historia sobre sus admiradores. Más tarde Deussen aclarará que todo se debió al interés que el silesio Julius Kaftan, el cual había conocido a Nietzsche en Sils-Maria, habría mostrado sobre la situación de éste. Por cierto este teólogo, con el cual Nietzsche debió debatir ampliamente en Sils-María, nos transmite, en sus recuerdos, una curiosa teoría sobre las causas del desmoronamiento físico de Nietzsche.
En medio de todos estos sucesos, Nietzsche, sigue trabajando. A mitad de Septiembre ya está en las librerías el Caso Wagner. Pero  el 7 de septiembre ya había enviado a su editor un manuscrito titulado Ociosidad de un Psicólogo en dónde afirmaba que con esta obra nos encontramos ante un aperitivo de su transvaloración de todos los valores. Esta obra aparecerá finalmente publicada con el título de El crepúsculo de los ídolos: cómo se filosofa con el martillo. De todas formas no estará en las librerías hasta el 27 de enero de 1889, inmediatamente despues del conocimiento público de la catástrofe de Nietzsche. En contraposición al Caso Wagner esta obra está realizada con mano rápida y en pocos días, pues Nietzsche comienza a centrarse obsesivamente en su obra capital: la transvaloración de los valores.
Con el objeto de llevar a cabo lo que será su fallido intento de elaboración de una obra capital, Nietzsche comienza a centrarse en el estudio de una problemática particular: el estudio del cristianismo. Esto hará que las circunstancias lleven al Anticristo a verse forzado a ser considerado como la primera parte de la Transvaloración. Para la elaboración del Anticristo fueron determinantes las discusiones que mantuvo en Sils-Maria con Kaftan ya que, despues de la partida de éste de Sils-María, Nietzsche, comienza inmediatamente la redacción de esta obra. El 7 de septiembre escribe a Meta von Salis hablándole acerca de la realización de un Prólogo para su Transvaloración.
El 20 de septiembre, Nietzsche, parte para Turín en otro accidentado viaje, esta vez, en la larga travesía del lago Como. Al llegar a Turín, sin embargo, se produce en él una transformación milagrosa, pero que, realmente, no era otra cosa que el triste preludio de su derrumbamiento psíquico. Sin embargo, esta época no esta tampoco exenta de problemas en la agitada vida de Nietzsche. Por un lado, rompe con Hans von Bülow y, como ya hemos señalado, con su vieja amiga Malwida von Meysemburg. Por otro lado, sigue enfrentado con su hermana y confiesa a Spitteler que su admiración por la Carmen de Bizet no es otra cosa que una de sus maldades. Ello no le librará, sin embargo, de los furibundos ataques provenientes del círculo de Bayreuth en donde el biógrafo de Wagner Richard Pohl cuestiona sin piedad su capacidad musical. Estos reproches afectaron seriamente a Nietzsche que se veía cuestionado,de nuevo, en su faceta musical. La indignación de Nietzsche, sin embargo, no se dirigió tanto en contra de Pohl como en contra del editor Fritzsch que había permitido que en su revista se publicara el artículo. Como este editor era todavía el propietario legal de las obras de Nietzsche, éste le solicita su compra. El alto precio que Fritzsch pide por ellas alteró profundamente a Nietzsche. A partir de ahora comienza una obsesiva correspondencia solicitando un préstamo para recuperar sus obras de las manos del editor antisemita. Entre los solicitantes son de destacar, por un lado, la petición de ayuda que dirige a su viejo amigo Deussen, por otro, la carta que dirije, tambien solicitando un préstamo, alguien con quien no había mantenido apenas correspondencia en su vida, pero que demuestra hasta que punto Nietzsche era consciente de la situación, como era Andreas Heusler-Sarasin, residente en Basilea. El ataque destructor le sobrevino a Nietzsche poco despues del envio de esta carta y creó sus primeras diferencias con Overbeck. Nietzsche ya no podría tener en sus manos los derechos editoriales de sus obras, pero la lucha en contra de Fritzch, que él inició, permitió que su obras pasaran en febrero de 1892 a manos de Naumann.
Pero la obsesión por su obra tambien comenzó a ser condicionada por la política. El 15 de junio de 1888 había muerto el emperador Federico II en cuyo talante liberal Nietzsche había cifrado grandes esperanzas para la difusión de sus obras. No confiaba, sin embargo, en su sucesor Guillermo II al que creía dependiende de Bismarck y de la beatería de Stoecker. La consecuencia de esta postura la pagó, una vez más, la elaboración de su obra capital a la que abandonó ya para siempre. En este contexto, el Anticristo, al que había designado como Libro I de la transvaloración, lo dejó en una especie de estado bruto y que considera como finalizado el 30 de septiembre de 1888.
El Anticristo es una de las obras más claras y científicas de Nietzsche.Como en otras obras existe el problema relacionado con el título y con el subtítulo. En esta obra, Nietzsche, critica a los que se denominan, por comodidad, cristianos asi como a la institución eclesiástica. Afirma que la  vida de Jesús no fue doctrina sino praxis. Señala que fue el apostol Pablo quien de modo más radical falsificó la vida y la obra de Jesús. Afirma tambien que el cristianismo, a partir de Pablo, deja de tener contacto alguno con la realidad transformándose en pura ficción. Compara el cristianismo con el budismo al que define como mucho más realista que el cristianismo, al que define, tambien, como una religión de esclavos. Dedica tambien mucho espacio a sus ataques en contra de los teólogos. Afirma que toda forma moderna de existencia encierra una afrentosa contradicción con el dogma cristiano. Incluso, señala, Nietzsche los hombres de estado participan en la mentira de llamarse cristianos y de asistir a misa. Por último, Nietzsche, se lamenta de la suerte que tuvo que correr la cultura antigua debido al triunfo del ideal cristiano. En definitiva, con el Anticristo, Nietzsche, regresa de hecho al mundo de los antiguos tal como ya lo había experimentado, aunque con un bagaje que marca sus distancias, en el Nacimiento de la tragedia. Este regreso le obligará, sin embargo, a tener que abandonar el proyecto de su obra futura y su transvaloración de todos los valores.
Por otro lado, Nietzsche, decide ajustar cuentas consigo mismo e intenta describir como ha vivido. Con esta idea, el 13 de noviembre informa a Köselitz acerca de como surgió en él la idea de su obra Ecce homo. Como se llega a ser lo que se es y que califica como un Prólogo ignívomo de la transvaloración. Köselitz le responde definiéndolo como regente del mundo. Pero, al mismo tiempo, lo que es evidente es que, en estos momentos, Nietzsche ya no es capaz de dar forma a su obra capital. Duda de una tarea que parece desbordarle. El 1 de diciembre reclama el manúscrito del Ecce homo que había enviado a imprenta el 6 de noviembre. El 7 de noviembre lo envía de nuevo a Naumann por considerarlo como listo para la imprenta. Entretanto Avenarius define el Caso Wagner como un folletín algo que afecta profundamente a Nietzsche. La critica de Avenarius le hace darse cuenta que muchos creen todavía que su ruptura con Wagner es algo reciente. Por ello se decide a publicar otro escrito titulado: Nietzsche contra Wagner. Documentos sacados de las obras de Nietzsche. En esta obra, Nietzsche expone 8 trozos elegidos de entre sus obras y que prueban claramente desde que tiempos procedía su ruptura con Wagner. El 15 de diciembre envía a Naumann el manuscrito Nietzsche contra Wagner y le corre tanta prisa su publicación que, incluso, quiere retrasar la publicación del Ecce Homo.  Pero de pronto comienza a tener temores de tipo político y judicial por lo sucedido con el caso Geffcken. Por todo ello el 12 de diciembre pide a Köselitz no imprimir, de momento, el Nietzsche contra Wagner. Pero, a pesar de la advertencia, se continuó imprimiendo ya con un Nietzsche que no podía dirijir su obra.
Al mismo tiempo, por estas fechas, comienza a causar en él un miedo literalmente infernal, que le atenazaba, y que actuó como último contacto con la realidad hasta su difinitivo transtorno mental, todo lo relacionado con el joven emperador Guillermo II y el partido de Bismarck-Stoeker. Comienza a ver a estos personajes una amenaza que acecha y cree que su deber como filósofo es el conjurarlo. En alguna de las partes relacionadas con las anotaciones que hace sobre este asunto se halla la fatal frontera entre saber y locura.
Biografía de Nietzsche
























































































































































































































 

TRANSFORMACIÓN  EN LOS AÑOS 1879-80
Jaspers manifiesta con firmeza que en Nietzsche,durante ese tiempo (1879-80), se produce una transformación muy amplia: «Quien lea los escritos en orden cronólogíco.. no puede sustraerse a la extraordinaria impresión de que en Nietzsche, desde 1880, se está produciendo un cambio tan profundo como nunca antes en su vida. Esto se muestra no sólo en el contenido de los pensamientos, en las nuevas creaciones, sino en la forma de la vivencia-, ... lo que dice adquiere otro tono... Preguntamos si ...en la vida de Nietzsche no aparece claro algo, innecesario intelectual y existencialmente, que da a lo nuevo, por así decirlo, un color no necesariamente pertinente; o si en el servicio de estos impulsos y metas intelectuales aparecen fuentes cuya procedencia remita a algo que llamamos indeterminadmnente un 'factor biológico'... No se puede responder a la pregunta de qué sea este factor biológico. Lo que sucedió con Nietzsche desde 1880 ha de quedar indeterminado por ahora. Pero que algo importante sucedió es cosa difícil de dudar para el observador sin prejuicios que se haya sumergido cronológicamente en la totalidad de las cartas y escritos... Es injusto concebir este hecho como la primera fase de la parálisis, mientras la experiencia de la parálisis no muestre, comparando casuísticamente, que esos estadios previos --,que entonces no serían todavía la propia parálisis como proceso de destrucción pertenecen a ella.» Y Jaspers concluye de ahí: «Una cuestión relevante, aunque no decisiva sustancialmente, para la comprensión de Nietzsche en general, es la de su cambio espiritual desde 1880 y la de la posibilidad de su coincidencia con un suceso biológico de nueva aparición. No existe una investigación profunda de ello que domine todo el material y lo transmita ordenado; se trata de la exigencia más imperiosa de la biografía de Nietzsche: Möbius ha sido el primero que ha visto ese cambio, pero ha cargado su intuición de tantos errores que, de esa forma, no ha conseguido, naturalmente, imponerla. Sin embargo, el cambio como tal, por muy oscuro que quede su tipo..., me resulta tanto más manifiesto ... »
Cambios
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FACTORES BIOLÓGICOS?
Se supone, por ejemplo, que existió, efectivamente, una infección de sífilis, tal cosa se designará normalmente como una enfermedad que, por una parálisis progresiva, es decir, por deterioros orgánicos del cerebro, lo llevó a la muerte tempranamente cuando apenas contaba 56 años. Pero queda por preguntar si el desmoronamiento físico de 1879, del que Nietzsche se había de recuperar, sorprendentemente bien, en los años siguientes, corresponde ya al proceso de esa sífilis, supuesta tan sólo, y si esa enfermedad sólo acarreó consecuencias dañinas. La investigación científica enseña precisamente de la sífilis, como también de otras infecciones (tuberculosis, por ejemplo), que estimulan, al menos a temporadas, ciertas funciones vitales, que producen un efecto como el de determinados narcóticos, por ejemplo el alcohol, y que en tales casos se liberan fuerzas y posibilidades de la fantasía que en el organismo «normal» están por lo general ocultas y reprmidas.
Ya en 1903 el psiquiatra sueco Poul Bjerre consideró el cambio como una extraordinaria ventaja para la evolución de Nietzsche, en cuanto que, partiendo de la certeza de la infección sifilítica, defendió el punto de vista de que el virus de la sífilis produjo un efecto narcótico, ligero y crónico, liberador de la fantasía y desinhibidor de lo espiritual, semejante al del alcohol; según ello habría actuado biopositivamente hasta el desmoronarniento espiritual, momento en el que la obra de destrucción orgánica prevaleció en la sustancia cerebral. Nietzsche mismo ve así su situación a comienzos de 1880, cuando escribe a su médico, el Dr. Otto Eiser: «Mi existencia es una carga terrible: la hubiera arrojado de mí hace ya mucho tiempo, si no fuera porque, precisamente en este estado de sufrimiento y de casi absoluta abstinencia, fue donde hice las pruebas y los experimentos más fructíferos en el terreno ético-intelectual; esta alegría sedienta de conocimiento me eleva a una altura desde donde supero todos los tormentos y desesperanzas. En general soy ahora más feliz que nunca en mi vida... Mi consuelo son mis pensamientos y perspectivas. Aquí y allá, en mis caminos, garabateo algo sobre un papel; amigos descifran mis garabatos.» Y en 1886 escribe recordando, en el prólogo a la
«Gaya ciencia»: «Se adivina que no quiero despedirme de aquel tiempo de grandes padecimientos, cuyo provecho todavía hoy no se ha agotado para mí.»
Naturalmente que este efecto narcótico no fue lo que produjo directamente una obra como «Zaratustra» o como el resto de las del filósofo Nietzsche, puesto que, si no, algún otro infectado de sífilis hubiera tenido que crear algo parecido; pero resta por preguntar si Nietzsche hubiera sido capaz de sacar de sí esa obra que había en él, sin esa superación de un determinado umbral de represión. Todas las numerosas interpretaciones médicas, tan cuidadosas y perspicaces, han de quedarse en ensayos tentativos, puesto que ahora, a posteriori, para emitir un juicio científicamente defendible, ya no pueden aportar las pruebas diagnosticas requeridas, que en 1880-1900 no podían conseguirse debido al nivel de conocimientos de entonces. Aunque todas las investigaciones desde Möbius hasta Lange-Eichbaum difieren en cuestiones de detalle, curiosamente parecen coincidir en un punto, a saber, en la datación aproximada de la gran transformación: tiene lugar en los años 1879-1881.

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FACTORES ANÍMICOS?
Según otros, en modo alguno puede demostrarse el cambio, experimentado por Nietzsche en esos años, como proviniente de una determinada enfermedad  Para comprender esto no se necesita, imprescindiblemente, deducirlo de los tipos de evolución de una enfermedad. El cambio en torno al año 1880 resulta más comprensible a partir de experiencias en el ámbito de lo anímico.
La enfermedad y la temprana muerte del padre habían marcado profundamente, como vivencias infantiles, la conciencia de Nietzsche. Dada su incondicional creencia en la tara y transmisión hereditarias, Nietzsche vivió siempre con el sentimiento - más o menos fuerte según épocas -  de estar amenazado por un destino igual o semejante. Con el desmoronamiento de su existencia burguesa, precipitado en la primavera de 1879 por los padecimientos físicos, y con el subsiguiente estado, que se agravó, en lo posible, durante muchos meses, volvieron a la máxima actualidad las viejas cuestiones sobre el sentido y solidez de la existencia, cuestiones frente a las que hubo de quedar totalmente en segundo plano el programa político-cultural que le preocupaba hasta entonces, es decir, el problema de si a partir de la música, y mejor de la música de Richard Wagner, era posible y deseable una renovación cultural alemana en el sentido modélicamente ejemplar de la antigüedad (y dentro de ella, propia y esencialmente sólo el modelo de la Atenas de Pericles). El momento más bajo en su estado de salud irrumpió --de nuevo como consecuencia de la excitación producida por la Navidad cristiana-- a finales de diciembre de 1879 en Naumburg, a pesar de los amorosos cuidados de la madre: un grave ataque parecido a la jaqueca, con vómitos e incluso con una larga pérdida de consciencia, que duró tres días. Entonces mantuvo Nietzsche un diálogo a dos con la muerte, en espíritu estuvo ante la última frontera, y después se sintió como un iniciado en los misterios de la muerte. Estaba marcado, y podía hablar ya, y hablaría con un tono nuevo. Ya a fines de julio de 1879 había confesado a Paul Rée: «Mi querido amigo: ¿sabe Usted todo lo que me ha sucedido? He eludido un par de veces los portones de la muerte, pero he sufrido horriblemente, así vivo día a día»; y el 22 de octubre de 1879, a pesar de algunas semanas mejores» recientemente vividas, a Overbeck: «En mitad de la vida estuve rodeado por el bueno de Overbeck --si no, quizá se hubiera colocado el otro compañero- Mors.» Tales manifestaciones de desesperación contribuyeron quizá a que incluso se llegara a extender el rumor de la muerte de Nietzsche, hasta París, desde donde Malwida v. Meysenbug, que está allí en casa de su hija Olga Monov el 28 de octubre escribe preocupada a Meta von Salis: «Hoy me lleva hasta Usted una trágica necesidad. De modo totalmente casual oí ayer que Nietzsche, al parecer, ha muerto. Puesto que no quiero escribir a la hermana sin estar segura del hecho, le envío a Usted la carta, dado que si está en Naumburg sabrá al respecto. Si es verdad curse, por favor, inmediatamente la carta; si no es verdad, quémela.» Meta von Salis pudo quemar la carta.
El 14 de enero de 1880 contestó a una carta de Malwida del 27 de diciembre, afirmando: «A pesar de que el escribir pertenece a una de las frutas más prohibidas para mí, Usted, a quien respeto y quiero como a una hermana mayor, ha de tener todavía una carta mía --aunque será la última. Puesto que los horribles y casi insoportables tormentos de mi vida me llevan a desear el final, y, según algunos indicios, el ataque cerebral liberador está suficientemente cerca como para permitirme esperar... Creo haber realizado el cometido de mi vida, bien es verdad que como alguien a quien no se le ha dado tiempo. Pero sé que he escanciado una gota de buen aceite para muchos... Ningún dolor ha conseguido ni conseguirá llevarme a hacer un falso testimonio sobre la vida, tal como yo la entiendo.» Y: «Por lo que se refiere al tormento y a la abstinencia, la vida de mis últimos años puede compararse con la de cualquier asceta de cualquier época; sin embargo en estos años he ganado mucho en lo que se refiere a la depuración y pulimento del alma - y ya no necesito para ello ni la religión ni el arte.» Con esto Nietzsche se distancia claramente de todos aquellos que también han experimentado esta cercanía de la muerte y que desde entonces se convierten en convencidos profetas de la fe en la superación de la muerte por una vida eterna. Estos consuelos, sea en la forma de la dogmática cristiana, sea en las doctrinas filosóficas, como, por ejemplo, la creencia pitagórico- platónica en la trasmigración de las almas, ya no existían para Nietzsche. Precisamente a todas estas doctrinas habría de considerarlas como «gran supercherías», errores, doctrinas erróneas, y las combatiría apasionadamente. Vio en estas creencias, a las que falta cualquier tipo de evidencia convincente, meras argucias dialécticas con cuya ayuda se había intentado empequeñecer el valor de la vida y de las cosas de este mundo, hasta tal punto que su pérdida podía ser considerada de escasa importancia. La estremecedora amenaza que vivió lo llevó al campo opuesto: la vida de este mundo se convirtió para él en el valor supremo... Y para conservar ese valor, incluso para acrecentarlo en lo posible, todo lo demás había de subordinarse a ello. Para Nietzsche quedó fuera de toda duda que por «vida» entendía la mayor realización posible del ser hombre.
Según esta visión, por tanto, desde el punto de vista médico, material, quizá haya intervenido también un «factor biológico»;pero parece que el factor decisivo que desencadenó entonces el incipiente cambio fue la conmoción que le produjo la amenaza de la enfermedad, de los achaques y la desmoralizora escisión entre profesión y vocación.

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CONGELACIÓN DE SU EXISTENCIA
«Error tras error se van colocando tranquilamente sobre hielo, el ideal no se refuta, él se congela... Aquí, por ejemplo, se congela 'el genio'; una esquina más allá se congela 'el santo'; al final se congela 'la fe', la llamada 'convicción', también la 'compasión' va enfriándose significativamente - casi por todas partes se congela 'la cosa en sí!'...», así resume en 1888, en el «Ecce homo», refiriéndose a los tiempos de «Humano - demasiado humano»
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DIALOGO CON SU SOMBRA
A partir del verano de 1879 Nietzsche encuentra la forma de con quien compartir sus pensamientos. Se trata de trasponerlo en una escena de conversadores, tal como en los diálogos platónicos. Pero, como interlocutor, Nietzsche se ve obligado a poner su propia sombra. Las consideraciones aforísticas del verano de 1879 llevan, por eso, el título «El caminante y su sombra». Esta colección de 350 aforismos, aparecida primero por separado, se convertirá después, como «Segunda parte» y juntamente con «Opiniones y dichos varios», en el segundo tomo «Humano - demasiado humano», aunque traza ya claramente el puente hacia «Aurora», que vendría después. Aquí todavía, debido al corto revestimiento escénico, el carácter de diálogo se ofrece abiertamente. Todos los escritos de Nietzsche son diálogos con sombras de la más diversa procedencia, con sombras de acontecimientos o de ideas que le sobrevienen. Para tratar con ellas intensamente y sin molestias, se retira externamente a una soledad relativa, nunca tan lejos, sin embargo, que no le pueda llegar cosa alguna, puesto que necesita objetos, problemas, en los que pueda encenderse su espíritu apasionado: necesita de la polémica. Nietzsche no tiene la disposición del pensador contemplativo que, con tranquilidad, ordenando pensamiento tras pensamiento, construye su sistema en vistas a una única meta de conocimiento.
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LA ALTA ENGADINA
Alguien (quizá la suegra de Franz Overbeek, la Sra. Rothpietz, en Zürich) hubo de indicarle, para el verano de 1879, el pueblecito de Wiesen, en el cantón Graubünden. Si no, no se comprendería cómo topó Nietzsche con ese lugar, que no es ningún renombrado rincón turístico. Wiesen, alrededor de 1.400 m. sobre el nivel del mar, está situado en la línea este-oeste de comunicación de Davos hacia Tiefenkastel, en el punto de partida de las carreteras de los pasos Julier y Albula a la Alta Engadina.
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ST. MORITZ
Tras más de tres semanas de malestares abundantes y soportados con entereza en Wiesen, el 21 de junio, finalmente, se trasladó a la alta Engadina, situada a mayor altitud todavía: a algo más de 1.800 m. sobre el nivel del mar. Sobre ella había escrito a su hermana todavía el 7 de junio: «La Engadina resulta para mí casa inaccesible debido a la afluencia de alemanes y basileos, ahora lo comprendo (también muy cara).» El 15 de junio indica a la hermana, como objetivo de viaje desde Wiesen, el pequeño poblado de Campfér, situado a una hora escasa de camino de St. Moritz, valle arriba. Después vuelve siempre a repetir lo dicho en la tarjeta postal del 25 de junio a Köselitz: «Si me quiere contar algo diríjase a: St. Moritz, Graubünden, lista de correos -¡pero, por favor, no diga nada a nadie sobre esta dirección!»
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ALQUILER DE HABITACIÓN EN ST.MORITZ
A partir de ahora Nietzsche evitará los hoteles y restaurantes. Vive solo, como único inquilino, en alguna parte cerca de St. Moritz, quizá más cerca de Campfer, en una habitación donde puede prepararse él mismo su humilde comida, puesto que ha de acostumbrarse a vivir muy frugalmente para que le quede algo de dinero para los caros viajes que exige su nuevo modo de vida.
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VIDA AUSTERA
El 24 de junio escribe a su hermana por primera vez desde St. Moritz: «Vivo totalmente solo y como en la habitación (igual que en Basilea, casi las mismas cosas también, únicamente no higos), casi ninguna carne: pero mucha leche.» Y el 6 de julio: «Vivo totalmente solo en una casa tranquila, buena cama.» Y «Aquí todas las cosas de panadería son disparatadamente caras: por ello hice que cocieran en Wiesen 150 bizcochos.» En general encarga afuera los alimentos cuando son más baratos. Añade, así, en la misma carta: «Gracias a la Sra. Rothpletz recibo alimentos de Zürich, a saber lengua arnericana»; y el 12 de julio requiere de la hermana: «¿Cuánto cuesta una caja de tres kilos de Brown Coflege? (un bizcocho de cebada) ...Era muy bueno. El embutido, comido con apetito.»
Con ello comienzan los envíos desde Naumburg, con los que se proveerá durante los siguientes diez años constantemente. Escribe a la madre a mitad de julio: «Vivo tranquilo, tengo buena leche y huevos»; y como posdata: «Dentro de un mes rogaré, quizá, que me envíes una provisión de embutidos.»

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SATISFACIÓN POR LA ELECCIÓN DE LA ENGADINA
Poco después de su llegada a St. Moritz escribe a los Overbeck: «Desde mi última postal la mayoría del tiempo en cama: ¡un comentario cuyo texto puedo ahorrarme! Pero ahora he tomado ya posesión de la Engadina y estoy como en mi elemento ¡absolutamente sorprendente! Esta naturaleza me resulta afín.» Y el 1 de julio: «... aquí sigo tan enfermo como en cualquier parte; en total ya he estado 8 días en cama. ¡Esta es la letanía, para mi fastidio y para el vuestro! A pesar de ello -St. Moritz es lo justo, se adecua mucho a mi sensibilidad y a mís órganos de los sentidos (¡ojos!), y resulta apropiado para pacientes. El aire, casi mejor todavía que el de Sorrento ... » Un día más tarde, el 12 de julio, escribe a Köselitz de modo parecido: «Entretanto he encontrado mi tipo de naturaleza, de modo que sólo ahora me doy cuenta de lo que echaba de menos desde hace años y hasta qué punto lo necesitaban.»  Y a mitad de julio, a la madre: «St. Moritz está más alto que Rigi-Kulm, donde estuviste... bosques, lagos, las mejores rutas de paseo, tal como necesita un casi-ciego como yo, y el aire más confortante mejor de Europa-, todo esto me hace agradable el lugar.» El más hermoso recuerdo lo dedica, sin embargo, al paisaje hacia el final de «El caminante y su sombra» (aforismo 338): «Doblez de la naturaleza. En algunos lugares naturales nos volvemos a encontrar a nosotros mismos con agradable espanto; es la más hermosa doblez. Qué feliz ha de sentirse quien tiene esa sensación precisamente aquí, en este consistente y soleado aire de octubre, en este travieso y feliz juego del viento desde por la mañana hasta por la tarde, en esta claridad, la más pura, y en este frescor, el más suave, en el carácter total, delicadamente grave, de las colinas, lagos y bosques de esta altiplanicie que, sin miedo, se ha colocado junto a los horrores de las nieves perpetuas, aquí, donde Italia y Finlandia han llegado a unirse y donde parece estar la patria de todos los plateados tonos de color de la naturaleza: --qué feliz aquel que puede decir: 'hay quizá muchas cosas mayores y más bellas en la naturaleza, pero esto me resulta íntimo y familiar, consanguíneo, ¡más todavía, incluso!»
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HASTÍO DE LA SOLEDAD
Pero también de ello llega a hastiarse pronto. «Estoy tan harto de los muchos paseos..., mis ojos quieren oscurecerse; y después, mucha lectura en voz alta para no meditar de continuo -mi única ocupación, aparte de mis eternos dolores. No puedo leer, no puedo tratar con personas, conozco de memoria la naturaleza, no me atrae. El aire es, sin embargo, sumamente bueno, me horroriza dejarlo ... 'en ninguna parte siento un alivio semejante a este que me produce aquí el aire, incluso en medio de los mayores dolores'.» (El 29 de agosto a su madre.)
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PLANES DE UNA TORRE CON HUERTO
El 21 de julio hace a su madre este apremiante encargo: «Me comprometo formalmente a pagar durante seis años 17 táleros y medio anuales... Pero tengo que hacerme con la habitación de la torre. El cultivo de hortalizas corresponde totalmente a mis deseos y en absoluto resulta indigno de un futuro 'sabio'. Ya sabes que me inclino a un modo de vida sencillo y natural, y cada vez me convenzo más de que no existe otro remedio para mi salud. ¡Necesito un trabajo efectivo, que me ocupe tiempo y me produzca cansancio sin fatigar la cabeza!» Nietzsche piensa ir también el próximo verano, hasta mitad de septiembre más o menos, a la Engadina, y preguntaba: «¿Cómo se casa esto con las obligaciones de jardinero? ... Para el trabajo del huerto quedaría abril, mayo, la primera mitad de junio, y desde finales de septiembre hasta noviembre --a mi parecer estos son los meses de los trabajos más importantes.»
Como si se tratara de un hecho consumado, el 24 de julio escribe a su hermana: «Para la primavera o el otoño he planeado para mí un trabajo de jardinería (cultivo de hortalizas) en Naumburg. A partir de octubre comienza mi arriendo del Zwinger; el cuarto de la torre se va a arreglar para que me sirva de vivienda.» El mismo 24 de julio escribe a Overbeck también: «Para contar con algo firme sobre la tierra ... » Así, pues, parece que Nietzsche no puede acostumbrarse a su total falta de patria, a pesar de que a fines de julio, en una carta a Paul Rée ya se califica de «fugitivus errans». Busca un lugar seguro y cree volver a encontrarlo en la patria, en las cercanías de la madre, y precisamente en una vieja torre de las defensas de la ciudad, que proporciona seguridad y protección; quizá la torre sea inconscientemente aquí un símbolo del «medio», de aquel medio del que tanto habla ahora: media vita o expresiones análogas. Parece que le resulta muy significativo el encontrarse a la mitad de su vida.
El 11 de septiembre escribe a Köselitz: «Querido, querido amigo: cuando lea estas líneas estará mi manuscrito en sus manos; que él mismo le exponga a usted su ruego, yo no tengo el ánimo para ello. Sin embargo ha de compartir conmigo unos instantes de felicidad que me produce ahora el pensar en mi obra ya acabada. Estoy al final de mi 35 años de vida; la 'mitad de la vida', se decía hace ya milenio y medio... Y estoy en la mitad de la vida 'rodeado por la muerte' de tal modo, que a cada hora puede atraparme... En este sentido creo parecerrne al hombre más viejo; pero también porque he cumplido mi tarea vital...»

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INVIERNO NEGRO EN NAUMBURG
El momento más bajo en su estado de salud irrumpió --de nuevo como consecuencia de la excitación producida por la Navidad cristiana-- a finales de diciembre de 1879 en Naumburg, a pesar de los amorosos cuidados de la madre: un grave ataque parecido a la jaqueca, con vómitos e incluso con una larga pérdida de consciencia, que duró tres días. Entonces mantuvo Nietzsche un diálogo a dos con la muerte, en espíritu estuvo ante la última frontera, y después se sintió como un iniciado en los misterios de la muerte.
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DESAPARICIÓN DEL SUEÑO DE LA TORRE Y EL HUERTO
Escribe a Overbeck: «El Zwinger y la torre, ambos pintorescos y más grandes de lo que yo creía, han vuelto, sin embargo, a pasar de mis manos a otras; comprendí que mís ojos son demasiado débiles para el trabajo de horticultor y que el inclinarse no es nada apropiado para mi cabeza por desgracia; por desgracia, visto desde la cercanía inmediata, el cultivo de hortalizas se reveló como algo imposible... Lo mejor de toda la historia, la esperanza, lo tuve; y a esa alegría de la jardinería in spe pertenece también el mandil de jardinero in spe: por el que quiero dar las más cordiales gracias a tu amable esposa.» Efectivamente, Overbeek le había escrito el 13 de octubre; «Cuando hace poco en Zürich me puse el mandil de jardinero para llevar a cabo algún menester especial ..., a mi mujer se le ocurrió que tú también podrías necesitar unos cuantos... Te debían llegar para tu cumpleaños; le han ocupado tanto a mi mujer durante las últimas semanas... que has de hacerte perdonar en el caso de que ahora renuncies a los mandíles.» Torre y huerto desaparecen de su correspondencia tan rauda como inesperadamente había surgido esa idea en julio.
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EL CAMINANTE Y LA SOMBRA
El jardín de la filosofía  es el que Nietzsche comienza ahora a cultivar por medio de una serie ininiterrumpida de obras. Primero le ocupa la impresión de «El caminante y su sombra». El 30 de septiembre Nietzsche recibe «algo más de la mitad» del manuscrito para la imprenta que Kóselitz estaba pasando a limpio. Nietzsche envía a Venecia al fiel ayudante las últimas hojas del manuscrito que había compuesto todavía en la Engadina, y ya tres días más tarde, el 3 de octubre, Nietzsche tiene a limpio en sus manos esas hojas también. «No comprendo cómo ha podido hacer ese horrible trabajo en tan poco tiempo», escribe el 4 de octubre; el 5 de octubre confiesa a Köselitz respecto a su elaboración: «El manuscrito que recibió Usted desde St. Moritz se ha pagado tan caro y tan dificultosamente que quizá nadie lo hubiera escrito a ese precio. Me horrorizo a menudo ahora al leerlo a causa de los malos recuerdos, sobre todo en los apartados más largos. Excepto algunas pocas líneas, todo fue imaginado de camino y esbozado a lapicero en 6 pequeños cuadernos: el refundirlo casi siempre me sentó mal. He tenido que dejar unas 20 largas series de pensamientos, por desgracia muy esenciales, dado que nunca encontré tiempo suficiente para sacarlas de los horribles garabatos de lapicero, tal como ya me sucedió el verano pasado. Después pierdo de la memoria la concatenación de los pensatnientos: y es que tengo que hurtar a un cerebro doliente... los minutos y los cuartos de hora de la 'energía del cerebro'. A veces me parece que no volveré a poder hacerlo. Leo su copia y me resulta tan difícil comprenderme a mí mismo -tan cansada está mi cabeza.»
La impresión hubo de llevarse a cabo sin problemas, puesto que el 18 de diciembre de 1879 Nietzsche recibió los primeros ejemplares, y dos días más tarde, también los amigos.

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REGALO DE NIETZSCHE A KÖSELITZ
Nietzsche sentía la necesidad de mostrarse agradecido con Köselitz por su trabajo, grande y esforzado, en el «Caminante.», y así le pregunta el 22 de octubre: «¿Puedo enviarle algo que le guste - alimentos del espíritu o del cuerpo..» Köselit le responde: « ... a lo que yo, agradecido por su intención, sólo me permito responder que quiero mostrarse complaciente con su amabilidad y con el honor que me dispensa, sin escrúpulos, pero sólo con la condición de que se trate de un recuerdo mínimo de la composición del manuscrito en este verano: --el que provenga de Usted, mi gran educador, eso habrá de constituir su valor... Sin embargo, se me ocurre, por fin, que Usted nombraba en su último libro el «Verano tardío», de Stifter, que yo no conozco. Bajo la condición de que ese libro no sea caro, lo recibiría con placer de sus amables manos.» El lugar del texto al que se refiere Köselitz se encuentra en el «Caminante» como aforismo 109: «Si se excluyen los escritos de Goethe, y sobre todo las conversaciones de Goethe con Eekermann, el mejor libro alemán que existe, ¿qué resta propiamente de la literatura alemana en prosa que mereciera volverse a leer repetidamente? Los Aforismos de Lichtenberg, el primer libro de la Historia de la vida de Jung-Stilling, el Verano tardío de Adalbert Stifter y la Gente de Seldwyla de Gottfried Keller, -y con eso se acaba de momento.»
Nietzsche accede inmediatamente al deseo de Köselitz y le contesta el 5 de noviembre: «!Me resulta muy agradable oír que no conoce el 'Verano tardío'; le prometo algo puro y bueno. Yo mismo lo conozco desde hace poco; Rée me dijo una vez que en él se hallaba la historia de amor más hermosa que jamás había leído; me acordé de el!.» El mismo 5 cle noviembre Nietzsche da la siguiente instrucción en una carta a la Sra. Ida Overbeck para que que se le envie el libro encuadernado en tela verde y con esquinas redondeadas. Köselitz da las gracias el 2 de diciembre: «Desde el domingo estoy... embebido en el maravilloso libro... Me encuentro ahora confuso y avergonzado por haber manifestado aquel deseo, ignorante de la extensión y del gran valor del libro, y no sé cómo podría reparar mi desconsideración. Sin embargo... por el momento no se me ocurre otra cosa que manifestarle... mí más cordial agradecimiento por este noble y elevado regalo, que, por citar ya un párrafo suyo... 'viene como aceite suave al corazón abierto'.»

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El CAMINANTE Y SU SOMBRA EN BAYREUTH
A fines de diciembre Wagner toma en sus manos (quizá introducido por Hans Y. Wolzogen) «El caminante y su sombra», de Nietzsche. El 27 y 28 de diciembre lee a Cosima «algo del nuevo libro del pobre Nietzsche», «y se le ocurrió la expresión de E. Schuré: nihilismo écoeurant (= repugnante nihilismo). ,¡No tener otra cosa que mofa para una figura tan elevada y simpática como la de Cristo!', exclamó Richard enfadado. Sigue hoy con ello y lee algo más (por ejemplo sobre 'Fausto') que resulta horrible.» Puesto que en el «Caminante» sólo se encuentran en dos aforismos (42, 168) consideraciones sobre «Fausto», o bien Wagner recurrió también a otros textos anteriores, o lo horrible» se refiere a otra cosa.

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MAR Y MONTAÑA ESPACIOS VITALES PARA NIETZSCHE
En las notas de aquellos años se encuentra esta frase: «¡Ya no quiero conocimiento alguno sin peligo: que siempre esté en torno al investigador el pérfido mar o la despiadada montaña!» Nietzsche, por tanto, no es un proscrito, rodando de una parte a otra sin plan y sin meta, un «fugitivus errans», hasta el punto en el que se gusta ver en su propia, heroización. Aunque con ello consigue una gran libertad de movimento, la pone en práctica dentro sólo de un espacio nítidamente delimitado y fácilmente supervisable y a un ritmo que depende, casi tozudamente, de las estaciones del año.

1880-1882
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AYUDA ECONÓMICA BAJO CUERDA DE PAUL RÉE
Kóselitz por aquellos años estaba ligado amorosamente con una austríaca, Cácilie Guselbauer, que estaba empleada en el «Sandwier», en Venecia. El la escribe el 27 de enero de 188012: «Ayer por la mañana llegó el cartero y me trajo una nota con el anuncio de que en correos había un pagaré de 250 francos... A mediodía, pues, voy a correos y he de leer que... el Dr. Rée me envía esa suma, con la observación de que Nietzsche quiera... quizá ir a Riva, pero que saberlo solo allí le resulta horrible; que por eso se permite enviarme... una pequeña suma para el viaje hasta allí, etc. Se trata de un asunto delicado, y a pesar de que el Dr. Rée pretende hacerlo olvidar con palabras hermosas, va a resultar dificil comportarse con cierta dignidad frente a lo chocante del asunto.» Finalmente parece que aceptó el dinero,del que pudo hacer buen uso en Riva.
1880-1882
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NIETZSCHE COMPARTE SUS PENSAMIENTOS CON KÖSELIT
Los ataques de Nietzsche en el primer libro de «Aurora» al cristianismo paulino no desmerecen en nada en vehemencia del posterior «Anticristo». Con ello desapareció también la base para la creencia en una ordenación ética del mundo, en especial porque la crítica de Nietzsche también excluye totalmente un posible anclaje platónico de los juicios morales sobre datos trascendentes, como la «idea del bien» por ejemplo. Citemos sólo el aforismo 210 de «Aurora», entre las muchas fomulaciones que persiguen la misma meta: «Uno ha reflexionado y constatado, por fin, que no hay nada bueno, nada hermoso, nada elevado, ni nada malo en sí mismo, sino estados anímicos en los que caracterizamos las cosas fuera y dentro de nosotros con tales palabras. Hemos vuelto a derogar los predicados de las cosas, o al menos a acordarnos de que se los hemos atribuido: «cuidemos de no perder, al reconocerlo, la capacidad de atribuir, y de no volvernos más ricos y más avaros al mísno tiempo.» En Nietzsche, así, todos los juicios morales y estéticos se revelan alguna vez como prejuicios humanos surgidos más o menos razonablemente, cuya «santidad» sólo consiste en que ya no se conoce su origen.
Todo estos pensamientos no podían por menos de impresionar a un hombre vivaz como Köselitz. Compartía estos juicios sin haber experimentado sus razones o al menos aquello que los había dado forma.Y soportaba todo esto él solo, puesto que, aparte de su trato personal con él, Nietzsche mantenía sólo una correspondencia muy limitada, que únicamente manifestaba un poco de aquello que realmente, es decir filosóficamente, le preocupaba. Solamente un año después, tras la aparición del libro, Nietzsche se dio cuenta de que exigía demasiado a su admirador. Así, el 21 de julio de 1881, escribió desde Sils-Maria a Köselitz: «Me di cuenta, querido amigo, de que la disputa que se da en mi libro con el cristianismo le tiene que resultar extraña e incluso penosa», y continúa, sosegante: «pero se trata, sin embargo, del mejor ejemplo de vida ideal que yo he conocido realmente: desde la niñez vengo siguiendo sus huellas por muchos recovecos, y creo que nunca en mi corazón he sido vil con respecto a él. ¡No en vano soy el vástago de generaciones enteras de clérigos cristianos!»

1880-1882
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CARTA DE NIETZSCHE A RÉE ANTE LA PERDIDA DE SU HERMANA
Nietzsche había escrito el 28 de mayo a Rée:«... que precisamente a Usted se le abran tales heridas». A Usted, a quien yo ... deseo un sol pacífico y regularmente cálido, desde la mañana hasta la tarde de la vida, para que toda su abundancia de frutas nobles madure y llegue a su sazón sin violencias ni acritudes.» En este ejemplo puede verse claramente cómo parece haber entendido Nietzsche, y llevado a cabo él mismo, su ataque contra la compasión: sí un fino sentimiento comparado, pero no un lamento, y manifestado sin insistencia. Desea al antiguo protección contra un destino parecido al suyo, para que, a causa de experiencias difíciles, no se le estropeen también a él, se le vuelvan desagradables y agrios, los más nobles frutos del pensamiento. ¡Se trata de una confesión inquietante!
¿Se le habrían vuelto a él agrios los frutos de su pensamiento?
1880-1882
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SIROCO Y CALOR DE VENECIA
El 28 de abril informa a Overbeck: «Siroco siempre», y éste será el motivo por el que Nietzsche abandone fmalmente Venecia. El 3 de mayo informa sobre su modo de vida: «Quizá te alegre oír que vivo fundamentalmente de arroz y de carne de ternera. Desde mi partida el estómago no me ha causado la mínima molestia.» El 15 de junio escribe a Overbeck: «Se impone la partida, hace mucho calor.»
1880-1882
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LECTURAS DE ESTA ÉPOCA
Además de las lectura comunes del Verano tardío de Adalbert Stifter, aparecen en la lista de libros, que consulta en esta época, los siguientes: Herber Spencer (1820-1930), Los hechos de la ética; Julius Baumeann (1837-1916), Manual de moral juntamente con un compendio de filosofía del derecho; Hans Lassen Martensen (catedrático de teología en Kopenhage, y fuertemente atacado por Kierkegaard) Compendio del sistema de la filosofía moral. Después, dos tomos del novelista francés Stendhal (Maric-Henry Beyle, 1783-1842), pero también manuales de viaje como el de Grell-Fel sobre el sur de Francia, un librito sobre las islas griegas, todo lo cual pudo hacérselo enviar de su biblioteca de Naumburg. Con Overbeck se cartea sobre «Un prince de Bohéme» (1 840), de Honoré de Balzac (1 799-1850) y sobre «Histoire de ma vie» (1854), de George Sand (1804-1876), y pregunta por el catálogo de la librería socialista de Zürich. Le pide «La filosofía de la tragedia de Schopenhauer» (Pressburg 1880). Se trata, por tanto, pritnordialtnente, de literatura contemporánea o al menos posclásica.
1880-1882
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VIAJE DECEPCIONANTE AL MARIENBAD
Desde Marienbad escribe el 5 de julio a Köselitz: «Así pues... he amarrado por fin en una especie de puerto salvador, tras la odisea más desagradable que he vivido hasta ahora. Nada de lo que vi en Carniola, en Carintia, en el Tirol, resultaba apropiado para mí; más bien era todo imposible... El viaje ha perjudicado mucho mi salud; algunas veces estuve hasta el borde de la desesperación». Y A SU CASA: « ... he hecho un viaje muy malo para buscar la montaña y el bosque.- todo me decepcionó..., resultó imposible para mis ojos. Así, me he retirado a Marienbad, en Böhmer; mi pensión se llama Eremitage. Hasta ahora, sin embargo, lluvia, lluvia y suciedad. Horriblemente caro... ningún bocado me gusta, y así sucedió durante todo el viaje. Incluso los bosques no son suficientemente profundos para mí... Ni aguantaré aquí más de 4 semanas; después iré al Thüringer Wald, donde el bosque adquiere la mayor profundidad.»
1880-1882
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RECUERDO DE LA EXPERIENCIA DE MARIENBAD
Sorprendenternente, en el aforismo 388 de «Aurora», aparece una observación posterior sobre las experiencias e impresiones del decepcionante viaje a Marienbad: «la canallería con buena conciencia. Ser explotado en el pequeño comercio -esto resulta tan desagradable en  ciertos lugares, como, por ejemplo, en el Tirol; porque, además de la mala compra, uno se ve enfrentado a la cara malvada y a la burda avaricia, a la mala conciencia y a la hostilidad grosera, que el vendedor trapacero nos ofrece. En Venecia, por el contrario, el estafador se regocija de corazón por la bribonada conseguida y no resulta hostil al estafado, sino dispuesto a mostrarle su deferencia y a reír con él si tiene ganas de ello. En una palabra, hay que tener espíritu y buena conciencia para la canallería: esto reconcilia casi al engañado con el engaño.» Se trata de un juicio estético y se acerca mucho a una alabanza de una opereta española hecha ocho años más tarde, cuando el 16 de diciembre de 1888 escribe entusiasmado a Köselitz:«..para ello hay que ser por instinto un bribón y un pícaro y todo ello festivamente.»
1880-1882
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STRESA
El 14 de octubre de 1880 informa a casa: «En Frankfurt comenzaron los vómitos, en Heidelberg me metí en la cama. Otra vez a mitad del San Gotardo me llegó el ataque y estuve tres días enfermo en Locarno»; y el mismo día a Overbeck: «En Locarno me vi obligado a permanecer tres días en el estado más miserable. No puedo prever... lo que ha de depararme Stresa, donde quiero permanecer un mes. -El lago no está suficientemente hacia el sur para mi gusto, ya se nota el soplo del invierno... ¡Las horas de Basilea fueron tan reconfortantes! Saludándole agradecido y cordialmente ... »
1880-1882
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AFORISMO 423 DE AURORA
Nietzsche describirá la costa rocosa de Génova por primera vez en «Aurora», en el aforismo 423, como inicio del libro quinto: «Aquí está el mar, aquí podernos olvidar la ciudad. ¡Es verdad que justamente ahora las campanas rugen el Ave María ---es el ruido tétrico y necio, pero dulce, al cruzarse el día y la noche--, aunque sólo un instante! ¡Ahora todo calla! El mar queda ahí, pálido y brillante, no puede hablar. El cielo juega con colores rojos, amarillos, verdes, su eterno juego mudo de la tarde, no puede hablar. Los pequeños rompientes y bandas de rocas, que se meten en el mar como buscando el lugar más solitario, ninguno de ellos puede hablar. Esta terrible mudez que nos salta de improviso, es bella y espantosa, hace que el corazón se inflame: éste se horroriza ante una nueva verdad, tampoco puede hablar... El hablar, el pensar también, me resulta odioso; ¿no oigo reír detrás de cada palabra al error, a la ilusión, al desvarío?... ¡Oh mar! ¡Oh tarde! ¡Sois maestros malvados! ¡Enseñáis al hombre a dejar de ser hombre! ¿ha de rendirse ante vosotros? ¿Ha de volverse como sois vosotros ahora, pálido, brillante, mudo, terrible, reposando sobre sí mismo? ¿Por encima de sí mismo?»
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NECESIDAD DE AISLAMIENTO ANTE EL MALESTAR
El 24 de noviembre de 1880 describe a Köselitz su existencia genovesa: «Aquí cuento con barullo, y con tranquilidad, y con veredas de montaña, y con algo que es más hermoso que mi sueño al respecto, el campo santo»; y, más detalladamente, el 8 de enero de 1881 a Overbeck: «Pienso tan a menudo en ti; y sobre todo cuando, después del mediodía, me siento o me tumbo casi a diario al lado del mar, en mi roca apartada, como un lagarto al sol, marchando en el pensamiento a la aventura del espíritu. ¡Mi dicta y el plan de vida diario deberían sentarme bien a la larga! ¡Ahora me doy cuenta de que me resulta imprescindible el aire del mar y un cielo muy puro! El calor es menor ahora, a comienzos de año, que a finales, no tengo estufa, ¡pero quién tiene aquí una estufa!» Por una carta suya del 5 de diciembre de 1880 a la hermana, sabemos más cosas sobre su alojamiento: «¡Ando mucho!, ¡también subo! Puesto que para llegar hasta mi buhardilla tengo que subir 164 escalones, además de que la casa misma está situada ya a mucha altura, en una empinada calle de palacios, que a causa de su declive y dado que termina en una gran escalera, es muy tranquila y tiene algo de hierba entre las piedras.» Y el 8 de enero de 1881: «Cuando hay sol voy siempre hasta una roca solitaria a la orilla del mar y me tumbo al aire libre, bajo mi sombrilla, quieto como un lagarto; esto ha ayudado ya varias veces a mi cabeza. ¡Mar y cielo puro! ¡Cuánto me he martirizado antes! Me lavo diariamente todo el cuerpo, sobre todo la cabeza, frotando fuertemente.» ¡No aparece nada aquí respecto a su trabajo intelectual, sólo cosas relativas a la dieta y a los efectos curativos en relación a su cabeza!
1880-1882
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EL MANUSCRITO DE AURORA
Nietzsche envia el manuscrito provisional, el 25 de enero de 1881, a Kóselitz con las siguientes palabras: «¡Dejo así que parta mi barco genovés hacia Usted!... Se trata de nuevo:'¡Amigo, en tus manos encomiendo mi espíritu!', y más todavía: '¡En su espíritu de Usted encomiendo yo mis manos!' Escribo demasiado mal y veo todo torcido. Si Usted no adivina lo que yo pienso, mi manuscrito resultará indescifrable.» El título es todavía «La reja de arado», es decir el título de una «Consideración intempestiva», planeada hacía tiempo. Obviamente, Nietzsche no puede liberarse del todo de los viejos planes de 13 consideraciones intempestivas. Parece que en su fuero interno consideró así todavía las tres partes de «Humano,demasiado humano», con lo que esta nueva, «La reja de arado», hubiera hecho el nº. 8 de las Consideraciones intempestivas.
1880-1882
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SUGERENCIAS DE KÖSELITZ
Köselitz vuelve a trabajar inconcebiblemente rápido. El 6 de febrero devuelve ya el escrito a limpio, añadiéndole, impresionado por las muchas cosas nuevas que se le muestran en él, el motto: «Hay tantas auroras que todavía no han lucido», remitiéndose para ello al Rigveda. Ese motto dio lugar al nuevo título, no estando decidido primero si había de ser «Una aurora» o solamente «Aurora»; Nietzsche,con su fino olfato para la efectividad, se decidiría finalmente por éste último. Kóselitz quería, primero, seguir con el título «La reja de arado» y dejar «Aurora» para un próximo libro de continuación, que seguramente era de esperar, pero se convenció de lo contrario el 19 de febrero de 1881.Nietzsche le había enviado, mientras tanto, un extenso «epílogo», que Köselitz volvió a pasar a limpio inmediatamente y pudo devolverlo ya el 19 de febrero. Sólo ahora emprende Nietzsche la ordenación del todo, agrupándolo provisionalmente en cuatro apartados.
Tras una nueva revisión, sin embargo, lo divide en cinco «libros», y así vuelve el manuscrito de hojas sueltas, el 14 de marzo, a Köselitz. Nietzsche escribe entonces: «Son V libros. Tras la portada sigue una página con la leyenda Libro Primero. (etc.) Para la portada no me gustan los aditamentos simbólicos. ¡Líneas simples, fuertes y animosas, y la mayor legibiedad posible en las palabras!» En referencia al título, Nietzsche añade todavía en esa carta del 20 de marzo: «¡Todo título tiene que ser, ante todo, citable: hemos de cambiarlo, por tanto! No 'Una aurora', sino solamente 'Aurora'. Además así no suena tan pretencioso.»
1880-1882
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PROYECTO DE TRASLADO CON SU MADRE A BADEN-BADEN
El 14 de marzo él pide disculpas: «Perdón por haber hablado de B.Baden -¡Yo no pensé en absoluto en mí al hacerlo! Sino sólo en que nuestra madrecita tuviera un lugar idílico, agradable y dulcemente entretenido para su edad, de modo que no se quedara sola en la necia ciudad burocrática de Naumburg. (Naumburg es repulsiva en el invierno y en el verano -nunca he tenido un sentimiento patriótico respecto a ella, a pesar de que me he esforzado honradamente en aceptarlo.)»
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FISURA EN SUS RELACIONES FAMILIARES
La carta del 11 de junio de 1881 muestra terriblemente hasta qué punto había decaído por aquella época, su relación íntima con la familia: « ... dentro de unas cuantas semanas os llegará mi libro. Miradlo amablemente por fuera:... Pero os pido de todo corazón que no lo leáis y no lo prestéis a nadie.» Elisabeth parece que no comprendió este gesto elusor y, torpemente, quiso informarse sobre el nuevo libro. El 19 de junio Nietzsche reacciona violentamente como ante una enojosa importunidad: «¿Crees que se trata de un libro? ¡Me sigues considerando un escritor! Mi hora ha llegado. Te quiero ahorrar un trabajo así, tú no puedes llevar mi carga.... Me gustaría que pudieras decir a todo el mundo con conciencia pura: 'no conozco los últimos puntos de vista de mi hermano'.»
1880-1882
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RECOARO
Köselitz escribió a Nietzsche el 8 de abril de 1881: «Este mediodía me quejaba de nuevo a un farmacéutico, ...hablándole de lo cansado que estoy de Venecia, y le pregunté qué consejo podría darrne en relación con el frescor estival. Me recomendó para ello Recoaro, en la vertiente sur de los Alpes tiroleses ... Hay allí un pequeño lago, bosques, recorridos románticos, vida barata ... Dijo que el lugar era que ni pintado para poetas y demás artistas; que allí tenía que ocurrírsele a uno algo bueno... Parece que los meses más agradables allí son mayo, junio, julio, agosto; en septiembre ya debe hacer frío... ¿Qué le parecería a Usted, Sr. Profesor, si nos encontráratnos allí en mayo?» Nietzsche estrecha inmediatamente la mano ofrecida: «¡Así, pues, Recoaro! Tengo alquilada la habitación sólo hasta final de mes y pensaba irme de todos modos el primero de mayo: por tanto, si le parece oportuno, viajaré ese día hasta Vicenza (desde allí quedan 4 horas de viaje, eso lo dejo para el día siguiente). Intente enterarse todavía de detalles sobre precios de habitaciones, etc. he aprendido que el conocimiento de los precios es ya la mitad de la economía misma» ( 10 de abril de 1881). El viaje, excepcionalmente, se llevó a cabo conforme estaba planeado. Ambos se encontraron el 1 de mayo en Vicenza y pernoctaron en el hotel «Tre Garofani» «Tres claveles»
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APROBACIÓN DE NIETZSCHE A LA MÚSICA DE KÖSELITZ
El 18 de mayo Nietzsche confiesa  a Overbeck: «Y ahora una alegre, muy alegre noticia: nuestro amigo Köselitz es un músico de primera fila, su obra, de un nuevo y original hechizo de belleza, en el que ninguno de los vivos lo iguala. Alegría , gracia, interioridad, una gran dosis de sentimiento, superando la festividad inofensiva en una elevación inocente: a la vez, una perfección técnica y una finura de pretensiones que, en este burdo siglo, me resultan indeciblemente refrescantes. Además de todo ello, hay un parentesco entre esta música y mi filosofía: ¡la última ha encontrado su portavoz más cadenciosol»

1880-1882
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EL PSEUDÓNIMO DE PETER GAST
Por esta época se le ocurrió a Nietzsche el pseudónirno «Peter Gast». Köselitz lo aceptó, se dejó imponer el nombre por su maestro y lo llevó el resto de su vida; tan consecuentemente, que casi sólo se le conoce por ese nombre, y así ha entrado en la historia de la filosofía y de la literatura, a pesar de que con ello se perdió algo que Nietzsche siempre conservó en sus cartas: Nietzsche siempre se dirigió al hombre con «Köselitz», y, sólo allí donde se refiere exclusivamente al compositor, escribe en contadas ocasiones «Peter Gast»; por última vez, a comienzos de enero de 1889, en una hoja de la época de la locura usa la expresión a su «maestro Pietro». Pero ya le entraron dudas poco después del «bautismo», cuando Köselitz estaba de vuelta en Venecia, y Nietzsche, en la soledad de Recoaro, tuvo tiempo para meditar sobre ello. En la tarjeta postal del 17 de junio añade como PS: «Pseudonimidad y ocultamiento imposibles para Usted: basta cambio de nombre. Por ejemplo, Coselli»; pero Köselitz contesta el mismo día: «Quiero dejarlo en la pseudonimidad, y además en Peter Gast - no se trata de llevarla hasta sus últimas consecuencias, tal como yo lo veo; - por este camino real hacia Italia me vinieron demasiados nombres a la cabeza. Pero ya no volveré a ir por caminos reales.»
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Biografía de Nietzsche















































































































































































































LA MECÁNICA DEL CALOR DE MAYER
El médico Julius Robert Mayer, nacido el 1814 en Heilbronn y muerto allí mismo en 1878, es uno de los exponentes más distinguidos del movimiento materialista a mitad del siglo xix. Después de estar ya establecido el principio de la conservación de la materia, él añadió - al mismo tiempo que el físico Helmoltz, pero independientemente - el principio de la conservación de la energía, y expuso «que la fuerza sólo cambia según la cualidad, pero que según la cantidad es indestructible, y que también el calor es sólo una especie de movimiento, o que el calor y el movimiento se convierten uno en otro, y que, asimismo, se puede expresar numéricamente una ley de la relación invariable entre las magnitudes del calor y del movimiento; la cifra correspondiente la llama equivalente mecánico del calor». Nietzsche seguramente no estudió de inmediato, totalmente y en detalle, la obra de Mayer, puesto que sólo muchos meses más tarde, el 20 de marzo del año siguiente, en una carta a Köselitz, se refiere a ella, y no sin reparos de importancia. Lo enfrenta a Copérnico y, sobre todo a Boscovich, «¡también a todos los físicos y químicos materialistas! e incluso a los mejores partidarios del mismo Mayer». Nietzsche lo considera como «un gran especialista -y no más». Y después le tacha de inconsecuente, no le resulta suficientemente radical: «A fin de cuentas Mayer coloca una segunda fuerza en segundo plano, el primer mobile, el buen Dios -junto al movimento mismo. ¡Y es que lo necesita absolutamente!» Dado el entusiasmo de Köselitz por Mayer, con seguridad este libro proporcionó materia de conversación durante la estancia de ambos en Recoaro, y materia de reflexión para Nietzsche igualmente durante el tiempo que pasó a continuación en soledad; con motivo de ello hubieron de despertarse en él recuerdos de la teoría mecánica de la evolución de Darwin, que había conocido de estudiante, así como de la «Historia del materialismo» de Friedrich Albert Lange. En todo caso, la temática de esa obra de Mayer determina la orientación de todas las lecturas de los meses siguientes, que difiere claramente de la del año anterior: antes «moralia», ahora exclusivamente publicaciones de filosofía mecánico-materialista. No resulta equivocado considerar que todo esto influyó mucho, cuando menos, en la súbita idea de Nietzsche, del siguiente agosto, del «eterno retorno de lo mismo», a la que añade, además de las tesis sobre la finitud y clausura cuantitativa de la materia y de la energía, el principio de la finitud y limitación matemática de las posibilidades de combinación; ese dogma extraño y tan fácil de refutar, aparece, sin consecuencia alguna, en medio justo del trabajo en la continuación de «Aurora», en la «Gaya ciencia», los dos libros antidogmáticos por excelencia, libros que niegan cualquier principio trascendente y que aplican esto metódicamente al campo de la moral y de la metafísica. En Nietzsche se entabló una batalla entre estos antagonismos, batalla que casi pudo con sus fuerzas.
1880-1882
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SILS-MARÍA
 El mal estado de salud obligó categóricamente a Nietzsche a abandonar Recoaro. El 19 de junio parece estar decidido el plan para el verano: «Mi dirección: St. Moritz en Graubünden (Suiza), lista de correos. Se trata otra vez de un último intento», escribe a casa. El 2 de julio de 1881 viaja por Comersee-Chiava-Maloja a St. Moritz, pero cambia inmediatamente a Sils-Maria, desde donde escribe a Köselitz el 8 de julio: «Durante el viaje un tren no cogió a tiempo su enlace - duplicación del tiempo y de los gastos de viaje... St. Moritz me repelía fuertemente, se me aparecía bajo la cristalización de los dolores que padecí allí hace dos años. Lo abandoné a las tres horas; ¡por la tarde quería incluso dejar la Engadina! Por fín, gracias a un suizo formal y amable, con el que viajé durante la noche, ... me he aposentado en el rincón más encantador de la tierra... Considero el descubrimiento de este lugar un regalo tan inesperado como inmerecido, igual que su música, que aquí, en este idilio eternamente heroico, llega más hermosa hasta el corazón que allí abajo. Me estoy recuperando ahora de un ataque de tres días (tormenta).»
1880-1882
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GRAN DESASOSIEGO INTERIOR
De ello dan prueba sus cartas, aunque también los encargos masivos de libros y las referencias a sus nuevas ideas, como la del 14 de agosto, por ejemplo, a Köselitz: «En mi horizonte han surgido ideas tales como no he conocido nunca - no quiero manifestar nada al respecto para mantenerme a mi mismo en una tranquilidad imperturbable. ¡Después de todo, tendré que vivir todavía unos cuantos años! ... Las intensidades de mi sentimiento me hacen estremecer y reír - ya me ha pasado unas cuantas veces no poder abandonar la habitación, por el ridículo motivo de que mis ojos estaban inflamados- ¿por qué? Todas las veces, el día anterior había llorado en exceso durante mis paseos, aunque no lágrimas sentimentales, sino de júbilo; cantaba y decía tonterías, poseído por una nueva visión de las cosas, con la que cuento antes que cualquier otro hombre.»
1880-1882
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CARTA APOCADA DE BURCKHARDT
Nietzsche escribe a Köselitz (el 14 de agosto): «Hubo realmente momentos... (por ejemplo, el año 1878) en los que unas palabras de ánimo... hubieran sido para mí algo como el consuelo de todos los consuelos - y precisamente entonces me abandonaron todos... Ahora ya no espero nada y sólo siento una cierta oscura extrañeza cuando, por ejemplo, pienso en las cartas que estoy recibiendo. - Todo resulta tan fútil, a ninguno le he hecho vivir nada, ninguno se ha hecho una idea sobre mí - todo lo que se me dice resulta respetable y benevolente, pero lejano, lejano, lejano. También nuestro buen Jacob Burckhardt escribió una cartita así, apocada y acobardada.» En esa carta, Burckhardt volvía a emplear la metáfora del caminante sobre riscos, y terminaba: «Quizá, poco a poco, vaya juntándose y creciendo en el valle una muchedumbre que, cuando menos, se ponga a mirar al paseante de riscos»; y en ello no se equivocaría.» Pero comienza la carta: «Verdad es que, como Usted adivinó, hay varias cosas en él que van contra mi opinión; pero mí opinión no tiene por qué ser la única verdadera.» ¡Él, por tanto, no formará parte de esa muchedumbre! Esto tuvo que resultar decepcionante para Nietzsche, puesto que había introducido algunos aforismos políticos que estaban totalmente en la línea de la mentalidad de Burckhardt.
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PLANES DE VIAJAR A LA ALTIPLANICIE MEXICANA
El 18 de agosto, había escrito a su hermana: «No soporto telegrafiar la negativa al Dr. Rée: a pesar de que considero enemigo mío a cualquiera que interrumpa mi verano de trabajo en la Engadina... Una persona en medio de la trama, extendida hacia todas las direcciones, de mis pensamientos --eso es una cosa horrible; y si no puedo asegurar en adelante mi soledad, dejaré Europa por muchos años ¡lo juro!» Tras esta amenaza había, efectivamente, planes: ir a la altiplanicie mejicana.
1880-1882
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MUERTE DE SU TIO MATERNO
Por esta época había muerto su tío materno,Theobald Oehler, Pastor de Altendammbach. A comienzos de julio Nietzsche escribió a su madre lo que él creía una carta de consuelo: «Era un hombre tan dulce y bueno, nuestro Theobald, duro consigo mismo y, sin embargo, no un fanático; siempre lo tuve por el mejor de los Oehler. Quién sabe si la culpa de su enfermedad nerviosa no la tienen todavía más las curanderías de su suegra, que su teología. Prefirió la muerte al manicomio y probablemente hizo bien con ello.» Hubo de recibir la oportuna reprimenda, porque el 13 de julio se apresura a ponerse de lado de la tesis oficial de la famlia: «Sí, así suena más probable: el pobre Theobald, en estado de excitación de ánimo, quiso tomar un baño (para tranquilizarse) y al hacerlo le sobrevino el ataque. Esto sucede a menudo, a menudo.» Por tanto, ya se recurre aquí al diagnóstico de ataque cerebral, como también hará más tarde la hermana en relación con el desmoronamiento de Nietzsche.
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RECONOCIMIENTO CLARO DE SU DESTINO
La muerte de su tio puso delante de Nietzsche con gran claridad su destino, puesto que en la misma «carta de condolencia», hay una frase aterradora: «Mi dolencia cerebral es muy dificil de explicar; con relación al material científico referente al caso, sé yo más que ningún médico.»
1880-1882
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FASCINACIÓN POR SPINOZA
Por esta épcoa pide a Overbeek que le saque de la biblioteca de Basilea, entre otros libros, «el tomo de Kuno Fischer sobre Spinoza». Ya Nietzsche había sacado tiempo atrás de la biblioteca la «Historia de la nueva filosofía», del profesor heidelbergense de filosofía Kuno Fischer (1824-1907), así como sus conferencias de 1860, «Vida y obra de Kant» e «I. Kant, desarrollo, historía y sistema de la filosofía crítica»; su conocimiento de Kant lo obtuvo, sobre todo, a través de Fischer. Probablemente entonces conociera también la exposición de Fischer de la filosofía del solitario Baruch Spinoza, rechazado por su comunidad judía a causa de sus ideas herético- ilustradoras. Ahora vuelve a tomar ese libro, la segunda parte del primer tomo, que contiene la «Escuela de Descartes» y, precisamente, «Spinoza». Overbeck procuró todo ello a vuelta de correo; Nietzsche comenzó inmediatarnente a leerlo y el 30 de julio hace a Overbeck, en una tarjeta postal, esta importante confesión: «¡Estoy totalmente admirado, totalmente fascinado! ¡Tengo un predecesor, y vaya uno! Casi no conocía a Spinoza: lo que ahora me llevó a él fue una 'acción instintiva'. No sólo su orientación general es semejante a la mía -hacer del conocimiento el afecto más poderoso-, sino que, además, yo mísmo me reconozco en cinco puntos fundamentales de su doctrina; este pensador, el más anómalo y solitario, me resulta más cercano en lo siguiente: niega la libertad-; los fines--; el orden ético del mundo-; la falta de egoísmo-; el mal-; aunque es verdad que las disparidades son grandes, se debe más bien a diferencias de tiempo, de cultura, de ciencia. In summa: mi soledad, que a menudo,  como sucede sobre las cimas muy altas, me producía sofocos y hacía que la sangre afluyera por todas partes, resulta ahora, al menos, compartida con otro.»
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CONFESIÓN A KÖSELITZ SOBRE SUS IDEAS SOBRE ZARATHUSTRA
La idea del «eterno retorno de lo mismo» penetra, en estos momentos, como una pesadilla en el alma de Nietzsche. Dos años más tarde, el 3 de septiembre de 1883, confiesa a Köselitz: «Esta Engadina es el lugar de nacimiento de mi 'Zaratustra'. Acabo de encontrar el primer bosquejo de los pensamientos con los que se juega en él; abajo está escrito 'Comienzos de agosto de 1881 en Sils- Maria, 6.000 pies sobre el mar y más alto sobre todas las cosas humanas'.»
1880-1882
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SOBRE EL ZARATHUSTRA EN ECCE HOMO
Nietzsche confirma también en el «Ecce homo» esta historia sobre el origen del Zarathustra: «La concepción fundamental de la obra, la idea del eterno retorno, la mejor fórmula de la afirmación que se pueda jamás encontrar, proviene del mes de agosto del año 1881... Aquel día caminaba yo por los bosques, al lado del lago de Silvaplana; me paré ante una poderosa roca piramidal no lejos de Surlej. Entonces me vino esa idea..... El invierno siguiente viví en esa graciosa y tranquila bahía de Rapallo, cerca de Génova, ... por la mañana subía en dirección sur por la magnífica carretera que lleva a Zoagli, al lado de pinos y con amplia vista del mar; por la tarde, cuando la salud lo permitía, rodeaba la bahía entera de Santa Margherita hasta Portofino... En estos dos itinerarios se me ocurrió el Zaratustra entero, sobre todo el mismo Zaratustra como tipo: más exactamente, él me asaltó.»
Así pues, si hoy se enseña en la Engadina una «roca de Zaratustra» o incluso dos, se debe a un malentendido. El «eterno retorno de lo mismo» pertenece a la Engadina, la figura de Zaratustra como pregonero de esa idea, a la Riviera, con más exactitud: a la bahía de Rapallo.

1880-1882
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AMPLIACIÓN DE SUS LECTURAS
En esta época a Nietzsche le resultaba imprescindible ampliar sus lecturas. Todavía en septiembre hace que Overbeck le envíe algunos libros a Sils, que dejan traslucir de nuevo una fuerte y acuciante exigencia de conocimiento fundado científicamente y de conexión con las corrientes intelectuales más poderosas de su tiempo. Ya estaba familiarizado hacía tiempo con los neokantianos Zeller y Fischer. Ahora se dirige hacia el silesio Otto Liebmann (1840-1912; desde 1872 profesor en Estrasburgo, desde 1882 en Jena) y encarga su «Kant y los epígonos» (1865), en el que acaba cada capítulo con el estribillo: «... así pues, hay que volver a Kant», y «Análisis y realidad» (1876). Lo que debió resultarle más interesante en todo ello fue el esfuerzo de Liebmann por eliminar la «cosa en sí» de la imagen crítica del universo. «El punto esencial de la concepción crítica del universo consiste en la idea de que el hombre sólo conoce en el médium de la conciencia humana... El hecho original no es el mundo, sino nuestra conciencia.» Estas son ideas que Nietzsche expuso ya en «Aurora», pero que ahora, en la «Gaya ciencia» puede desarrollar con mayor seguridad. Desea tener, asimismo, un escrito del darwinista Otto Caspari, «La hipótesis de Thomson» (1876); además, de Adolf Fick (que forma, junto con Helmholtz, Fr. Alb. Lange y otros, la llamada orientación fisiológica del neocriticismo), su «Ensayo sobre la causa y el efecto», una obra notable para su tiempo, de la que en 1882 apareció la 2ª edición.
Con «La fuerza. Una cosmovisión realmonística» (1878) de J. G. Vogts, Nietzsche se introdujo en el círculo y en las ideas del monismo proveniente de E. A. Háckel. «Necesitaría pronto uno de mis libros de los cajones de Zürich.- Spir, Pensamiento y realidad- ... son dos tomos», sigue diciendo en la carta a Overbeck. Nietzsche había estudiado por primera vez a African Spir (1837- 1890) ya en 1873. Una idea y una actitud personal de Spir ejercieron sobre él un influjo nada despreciable: «¡La ley moral proviene de nosotros, no de Dios, es nuestra mejor naturaleza propia! Spir, a pesar de que ha permanecido casi desconocido, consideró sus doctrinas como absolutamente demostradas y como el acontecimiento fundamental del siglo xix, con el que comenzaría la segunda época de la Humanidad, la de la madurez intelectual .»

1880-1882
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EMPEORAMIENTO EN SU ESTADO DE SALUD
El estado de salud hubo de volver a ser horrible. Se lo confiesa a Overbeck el 18 de septiembre, concluyendo así en un párrafo de la carta escrito en latín.- «Sum in puncto desperationis.» Le cuenta cómo ha llamado a la muerte como médico y cómo el día anterior había esperado que fuera el último -pero en vano. El 22 de septiembre escribe a Kóselitz: «¡Fueron tiempos peligrosos, la muerte me miró por encima del hombro, durante todo el verano he sufrido horriblemente: ¡adónde puedo ir!... Piense que, in summa, he pasado aquí arriba 10 días soportables, y que los días malos crearon situaciones tan atroces como las que viví en Basilea.»
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EL BENEFICIOSO MAR DE GENOVA
El estado de salud retrasó su partida. Abandona la Engadina extraordinariamente tarde, el 1 de octubre, para volver a Génova. El 10 de octubre escribe a Naumburg, como si hubiera regresado a la patria: « ... tan difícil me resulta admitir que ya sólo puedo vivir al lado del mar. El martyrium del 1 de mayo al 1 de octubre fue atroz; trajo para mí viejos - y los peores- peligros en su seno. También aquí sufro mucho, como sabéis, pero es posible humanamente soportarlo, mientras que en la Engadina, en Marienbad, en Naumburg y Basilea la vida se me convirtió en tortura animal.»
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NAUSIKAA Y CARMEN
Nietzsche comenzó a tomar parte muy activa en los planes y trabajos de su amigo Köselitz. Por su causa fue a la ópera «y oí Semíramis de Rossini y Romeo y Giuletta de Bellini (ésta cuatro veces)», como escribe el 6 de noviembre. Con esta ocasión hace un descubrimiento que lo conmueve profundamente. «Oí dos veces a una cantante muy joven en el papel de Sonnarnbula: Emma Nevada. Dos veces me colocó en una dulce embriaguez (lo que no había conseguido voz alguna todavía). Ahora siempre me ronda 'Nausikaa', un idilio con danzas y todo el esplendor sureño de aquellos que viven al lado del mar; música y poema del amigo Köselitz; Nausikaa cantada por Emma Nevada. Mis genoveses estaban fuera de sí, la trataron como a un ángel del cielo». (A Köselitz, el 18 de noviembre de 1881.) El 27 de noviembre ya ha acabado este intermezzo: «El lindo pájaro cantor ha volado.»
Pero el descubrimiento más importante, de estas visitas al teatro, resultó el encuentro con la ópera
Carmen de Bizet, el 27 de noviembre de 1881 en el teatro Politeana Al día siguiente del primer encuentro escribe entusiasmado a Köselitz: «¡Hurra! ¡Amigo! He vuelto a conocer algo bueno, una ópera de Francois Bizet (quién es ese): "Carmen". Sonaba como un cuento de Méerimée, inteligente, fuerte, emotiva de vez en cuando, Un auténtico talento francés de la ópera cómica, no desorientado en absoluto por Wagner, por el contrario, un verdadero discípulo de Hector Berlioz. ¡Algo así he creído que sería posible! Parece que los franceses están en el mejor camino en la música dramática; y tienen una gran ventaja sobre los alemanes en un punto fundamental: la pasión no es tan rebuscada en ellos (como, por ejemplo, son todas las pasiones en Wagner).» Y una semana más tarde, el 5 de diciembre del 81: «El que Bizet haya muerto me resultó como una profunda puñalada. Oí Carmen por segunda vez - y de nuevo me recordó una novela de primera fila, como por ejemplo de Méerimée. ¡Un alma tan apasionada y tan gentil! Para mí esta obra merece un viaje a España --una nación muy meridional-. No se ría, viejo amigo, no me equivoco ni tan fácil ni tan completamente con mi "gusto".» Tres días más tarde, el 8 de diciembre, vuelve a escribir a Köselitz: «...Estoy casi por pensar que Carmen es la mejor ópera que hay; y mientras que nosotros vivamos formará parte de todos los repertorios de Europa.» Más de seis años después, en mayo de 1888, en el «Caso Wagner», Nietzsche vuelve a escribir sobre Carmen con entusiastas palabras: «Oí ayer - no sé si lo creerá - por vigésima vez la obra maestra de Bizet ... » Pero a finales del año 1888 escribe a Carl Fuchs: «No debe tomar en serio lo que digo sobre Bizet; tal como yo soy, este Bizet no merece 1000 veces mi atención. Pero como antítesis irónica de Wagner es muy efectivo; hubiera sido una falta de gusto incomparable el que hubiera partido, por ejemplo, de una alabanza de Beethoven.»
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KIERKEGAARD Y EL DON GIOVANNI
En relación con el entusiasmo que Nietzsche pareció sentir por la «Carmen» de Bizet, se impone un paralelo digno de consideración. Ese mismo puesto ocupa «Don Giovanni» de Mozart en «O lo uno o lo otro», de Kierkegaard. También para él esa ópera se convirtió en un paradigma - malo, en este caso, porque está mal elegido - para mostrar un modo de vida, a saber, el puramente estético, orientado sólo al goce de los sentidos, que él rechaza y que no saluda tan exaltadarnente como Nietzsche a la ópera «Carmen». Nietzsche encuentra aquí lo que Kierkegaard llama «lo erótico inmediato.»   Pero Kierkegaard  llega hasta la afirmación de que la representación de ese «erótico inmediato»  es la tarea genuina y única de la música, mientras que - el músico Nietzsche sabe, por el contrario, que con ello no se agotan sus posibilidades, aunque goce de ella especialmente en esta función.  Se dice que Kierkegaard no faltó a ninguna de las representaciones de Don Giovanni en Kopenhage. Nietzsche, con seguridad, no faltó a muchas de las representaciones de Carmen accesibles para él.
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ADMIRADORES
En esta época de su vida Nietzsche puede percibir como surgen nuevos admiradores, aunque, debido a lo importunos que podían resultar no siempre fueron una  alegría para él. Ya el 30 de marzo de 1381 se había quejado a Köselitz: «¡El señor Otto Busse preocupa enormemente a sus parientes y amigos (-¡lleno de delirios respecto a sí mismo y a mí!) y éstos se dirigen ahora a mí! --pensando que yo le haya metido algo en la cabeza... Se considera el reformador de los alemanes y a mí la "autoridad de las autoridades" ---en una palabra: ¡Mahoma y Alá!». Busse era un viejo admirador de Nietzsche de la zona de Brandenburgo, que había malentendido sus primeros trabajos viéndolos sólo como programa de una reforma cultural nacional-alemana. Enviaba poemas voluminosos a Nietzsche, y consiguió impresionarlo hasta cierto punto con ello, puesto que las palabras del 27 de noviembre de Nietzsche a Köselitz no dejan de mostrar una llamativa escisión: «Había en su carta unos cuantos sentimientos tan delicados que me conmovieron -¡conmovido y lleno de burla por mi destino! Nadie... me ha honrado hasta ahora como ese pobre señor Busse. Envíeme sus misivas, pienso incluso contestarle-: es todo mi "público".» Pronto habría de ampliarse el público. «El nuevo año trajo un "escrito de adhesión" de América, en nombre de tres personas (entre ellas un profesor del Instituto Peabody, en Baltimore)» (a Kösselitz, el 17 de enero de 1882). Se trata, sobre todo, de Mrs. Fynn, que en los próximos años vendrá a Europa y será la primera de aquella guirnalda de damas cultas que rodean a Nietzsche en Sils y entablan conversación con él, Un interés más general y creciente por Nietzsche descubre el «Berliner Tagblatt» en marzo de 1882, en un reportaje sobre la existencia genovesa de Nietzsche; «ni la máquina de escribir fue olvidada», observa Nietzsche, de buen humor, a Overbeck.
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JUNTO CON PAUL RÉE EN EL TEATRO
Ambos amigos fueron juntos al teatro. Así, el 5 de febrero, en que vieron a la famosa Sarah Bernhardt como dama de las camelias en la obra de Alejandro Dumas. Pero «con Sarah Bemhardt tuvimos mala suerte... después del primer acto cayó como muerta. Tras una penosa hora de espera siguió interpretando, pero a mitad de ese acto le sobrevino un vómito de sangre... con lo que la función se acabó. Fue una impresión insoportable, sobre todo porque interpretaba a una enferma del mismo tipo... A pesar de ello... volvió a interpretar la noche siguiente y las siguientes   y ha convencido a Génova de que es 'la primera artista viva'. Externamente, y en sus ademanes, me recordó mucho a la señora Wagner», confiesa en la misma carta.
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PLANES DESMESURADOS JUNTO A RÉE
El 4 de marzo escribe a Kóselitz: «Me gustaría dirigir una colonia en las altiplanicies de México: o ir con Rée al oasis de palmeras de Biskra», respecto a los cuales Rée ya había escrito el 11 de febrero a la hermana de Nietzsche: «Para el año próximo ya he acordado con su Sr. hermano un viaje a Biskra, Argelia; caravanas, oasis, camellos», pero entonces ya estaban ambos amigos separados para siempre a causa de amargos -acontecimientos. Rée había traído tatnbién la máquina de escribir comprada por Nietzsche a Hansun, en Kopenhage, que, por desgracia, ya había sufrido desperfectos durante el mismo viaje. Verdad es que un mecánico la reparó en el plazo de una semana, pero pronto dejó totalmente de prestar sus servicios. Sólo hay unas pocas cartas escritas a máquina, y no siempre aguantó ésta hasta el final.
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FILOCTECTO
El 27 de octubre ya puede escribir: «Desde ayer tengo la nueva vivienda, que promete proporcionarme una hermosa tranquilidad. Menos mal que el amigo Rée no me ha visto aquí en las últimas semanas - había caído hasta el último escalón de mis pretensiones. Ahora ya me puedo "dejar ver' - me ha costado mucha reflexión encontrar esta casa. Dirección: Génova, salitta della Battistine 8 (interno 6), pero sólo para Rée y no para cartas. Con cariño, vuestro Filocteto.» ¡Aquí encontramos por primera vez este pseudónimo!
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ELECTRICIDAD ATMOSFERICA CAUSA DE SUS MALES?
Igualmente cambiante era su salud, sobre todo en los primeros meses; su estado fue empeorando hasta un momento de crisis en torno a las Navidades. Sus lamentos no acaban nunca, y busca desesperado la causa: sobre una falsa pista, puesto que la busca sólo fuera, y cree ahora haber encontrado en la electricidad atmosférica una de las fuentes fundamentales. Esta idea ya le había impulsado a preguntar a Overbeck, en septiembre de 1881, con ocasión de su gran encargo de libros: «¿Existe una edición completa de los discursos de Dubois-Reymond?» Emil du Bois- Reymond (1818-1896) había publicado ya en 1848 una «Investigación sobre la electricidad animal». Además de ello, el 28 de octubre pide también el escrito «Meteorología», del médico Pierre Foissac, y justifica así su deseo: «Es a causa del terrible influjo de la electricidad atmosférica sobre mí - ello me hará andar vagando todavía por la tierra, tiene que haber mejores condiciones de vida para mi naturaleza. Por ejemplo en las altiplanicies mejicanas, al lado del tranquilo océano.» El libro llegó pronto, pero Nietzsche volvió a quedar defraudado, y el 14 de noviembre escribe a Overbeck al respecto: «... esa meteorología médica... es por desgracia una ciencia en la niñez todavía y para mi caso personal sólo una docena más de interrogantes...»
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DOLORES DE MUELAS Y DE VEJIGA
A finales de enero de 1882 informa a la madre: «Además de todo eso, desde octubre he estado sometido a grandes dolores de muelas - tengo aproximadamente seis muelas huecas.... » Nietzsche prosigue en su carta:«últimamente he conocido una nueva dolencia, que tiene su propia incomodidad: ahora me atormenta un padecimiento de vejiga y no quiere abandonarme.»
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ALEJAMIENTO CADA VEZ MAYOR DE WAGNER
A Wagner le repelía todo el nuevo derrotero emprendido por Nietzsche, que él iba anotando desde lejos, haciendo ocasionalmente observaciones al respecto. Así, en el «Caminante», lo indignaba la postura de Nietzsche. Wagner considera  como una aberración algo que advierte en Nietzsche: su influjo de los autores franceses, y piensa al respecto (6 de abril de 1880): «Sólo para liberarse de mí se entrega a todas las trivialidades», con lo que Wagner, en efecto, percibe correctamente un aspecto del cambio de Nietzsche. Y se da cuenta también de otra fuente de diferencias: cuando el 28 de agosto de 1880 visita la catedral de Siena y concibe allí, más o  menos, el modelo para su templo del Grial, Cosima y él piensan en el «tono encopetado, fríamente despectivo de Jacob Burckhardt», y ven en ello «huellas del influjo sobre Nietzsche». Esta aversión contra Burckhardt tenía una razón más profunda que superaba lo personal. Wagner no tenía una buena relación con el Renacimiento, que él consideraba como corrupción y ruina de la cultura europea. Lamentaba el triunfo de la «latinidad» sobre el espíritu germánico, triunfo que llega a expresarse en ese momento. «El influjo de la latinidad» (en el Renacimiento) «es la muerte de todo», afirma rotundamente todavía el 3 de enero de 1882, después de que había manifestado (el 2 de diciembre de 1881): «La gente como Nietzsche, pasando por el hombre renacentista Burckhardt, pueden decir lo que quieran: Erasmo, Petrarca, me resultan odiosos.» Ya en Tribschen el aire rígido y profesoral de Nietzsche había llamado la atención de Cosima, al menos como una curiosidad. Ahora, sin embargo, esto se trasforma en Wagner en una especie de aversión; ridiculiza al profesorado alemán en general como «husmeo de trufas» (28 de febrero de 1881). Saca (el 20 de febrero de 1881) la siguiente conclusión con respecto al típico erudito alemán: «Que la ciencia alemana no sabe absolutamente nada, y si dependiera de mí no daría un kreutzer por ella. Por una parte, el ejército; por otra los Profesores.» La antipatía de Wagner, pues, se dirige también contra el ejército de Bismarck, y a la vez contra la idea imperial representada por él. En esto hubiera estado totalmente de acuerdo Nietzsche. Pero en las consecuencias sus caminos divergían por completo. Mientras Nietzsche pretendía impulsar hacia un espíritu europeo supranacional, Wagner creía en el carácter germánico original como fuerza culturizante, que se despierta y representa en la obra de arte, sólo que entonces quedaba sepultado por el militarismo y estaba amenazado por la irrupción del elemento judío, del cual, precisamente, Nietzsche esperaba los impulsos fecundos. Por ello Wagner seguía con gusto al predicador de la corte, el berlinés Adolf Stöcker (¡respecto al que Nietzsche habría de escribir, en sus cartas de la locura, que le gustaría que lo fusilasen!), y seguía con interés la trayectoria del agitador antisemita y fundador de colonias Bernhard Förster, que habría de convertirse pronto en el indeseado cuñado de Nietzsche. Wagner le hace sitio en sus «Bayreuther Blátter», aunque censura ocasionalmente su «oratoria de comediante» (19 de abril de 1881) y se niega a firmar con él un manifiesto antisemita; a fin de cuentas él tiene permanentemente en casa a Josef Rubinstein como pianista, y está en el más estrecho contacto con el director de orquesta de la corte, el munichés Hermann Levi, y, otro judío,  Angelo Neumann viaja con su estudio del «Anillo» y paga a Wagner puntualmente los no escasos derechos de autor, corno uno de los pocos compañeros de negocios digno de confianza!
Wagner está encallado en su imagen del mundo, redondeada hace ya largo tiempo. Encuentra la fundamentación y acabamiento filosóficos en Schopenhauer, a quien se aferra impertérrito. A pesar de esta base pesimista Wagner alberga esperanzas y trabaja por una renovación cultural a partir de la fuerza del carácter germánico, como grecismo antiguo resurgido. En comparación intensa con el budismo y las doctrinas indias, Wagner se acerca --también aquí en contraposición a Nietzsche- cada vez más al cristianismo; y, en fin, dice de San Pablo (3 de mayo de 1882): « ... que ha sido el primer cristiano», cuando Nietzsche atacará precisamente la dogmática paulina como aberración del cristianismo auténtico.

1880-1882
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COMPLEJO DE CULPABILIDAD DE WAGNER
En su relación con Nietzsche Wagner también es consciente de una posible culpabilidad como consecuencia de su brusco carácter. El 29 de diciembre de 1881 recuerda muy en general «las violencias que tanto mortificaban a Nietzsche»; poco después (el 14 de enero de 1882) le viene claramente a la memoria un suceso determinado: Se está hablando de «vegetarianismo» y Cosima confiesa: «Desde que le oí encolerizarse hasta el extremo con Nietzsche por causa de este tema, no tuve ya el ánimo para ser vegetariana; Richard cuenta: 'Hay que ver cómo llegaba, no comía con nosotros, decía 'Yo soy vegetariano'. 'Usted es un asno', dije yo.» Parece que Wagner no recuerda los duros juicios sobre las composiciones de Nietzsche, a pesar de que tenía una opinión pobre de ellas. Seguramente la declaración del 12 de diciembre de 1882 se refiere a Nietzsche, aunque Cosima se calle tímidamente el nombre: «Hay personas buenas y malas, para cada una llega la hora de la decisión sobre si se es capaz, por amor a uno mismo, de sacrificar a los demás, o no. Como esta teoría resulta algo dura, sobre todo en relación a uno de los amigos, Richard dice: 'Hay detemiinadas naturalezas buenas, pero débiles, que a lo más acaban en la música mala'.» Y finalmente, al referirse el 17 de enero de 1883 a «las amistades infieles», y particularmente al caso de Nietzsche y Gersdorff (no al de Rohde, como indica Elisabeth sacándolo de su supuesta conversación con. Wagner; Rohde permaneció afecto a Wagner), «él piensa que es una auténtica vergüenza para nosotros no haber sabido encadenarlos mejor», puesto que en lo referente a Nietzsche «su curiosa naturaleza puede resumiese así: no tenía inteligencia alguna» (Wagner piensa probablemente que en la época de su amistad no tenía perfilada ninguna filosofía propia) «pero podía magnetizársele».
1880-1882
Biografía de Nietzsche















































































































































































































REGALO SENCILLO PARA KÖSELITZ
El 17 de febrero envía a Köselitz, como muestra de la nueva escritura de máquina, siete versitos de dos líneas, el tercero de los cuales no aparece en la edición de las cartas:  «No demasiado generoso, sólo los perros / cagan cada hora.»  Kóselitz alaba «la enjundia de los aforismos» y pregunta: «¿De dónde le viene a Usted de repente ese tono alemán antiguo? Podría aventurarse con toda tranquilidad a publicar unos cientos de tales versos como si se tratara de auténticos aforismos del tiempo de Sebastian Franck.»
1880-1882
Biografía de Nietzsche















































































































































































































AMOR FATI
La conciencia de tener una tarea, un encargo incluso, a saber, anunciar una nueva filosofía; todas estas cosas hicieron que Nietzsche adquiriera una autoconciencia acrecentada. Las más bellas palabras para manifestar con cuánta confianza y decisión miraba el futuro, aparecen en su carta a Malwida von Meysenbug de la segunda mitad de marzo (y no de febrero) de 1882.- «... es verdad que ya nos hemos dado mutuamente un último adiós... Entre tanto ha actuado en mí la fuerza vital y todo tipo de fuerza: de modo que vivo una segunda existencia... Pero no me está permitido acelerar nada ---el arco en que discurre mi trayectoria es grande, y en cada punto suyo he de haber vivido y pensado con igual profundidad y energía: tengo que vivir mucho todavía, ser joven largo tiempo todavía, aunque ya me acerque a los cuarenta.» Con ese ánimo alegre se fue Nietzsche el 29 de marzo a Sicilia, «al extremo del mundo», como le parecía a él; y se fue dispuesto a vivir aquella frase esencial con la que había abierto el libro IV de la «Gaya ciencia», el «Sanctus januarius» (Afor. 276): «Quiero aprender siempre más, a ver lo necesario en las cosas como lo hermoso: - así seré uno de aquellos que hacen hermosas las cosas. Amor fati: ¡sea éste mi amor desde ahora!»
1880-1882
Biografía de Nietzsche















































































































































































































IDILIOS DE MESINA
También en Génova, aunque sólo después de la partida de Rée, el 13 de marzo, surgieron algunos de los poemas que después, revisados y aumentados, aparecieron, a pesar de todo, en el número de junio del «Internationaler Monatsschrift», de Schmeitzner, bajo el título de «Idilios desde Messina». Es la única vez que Nietzsche da a la publicación poemas independientes, sin incrustarlos dentro del plan de una obra, es decir, dentro de un ámbito filosófico. Más tarde hará eso.- con el nuevo título de «Canciones del príncipe Volgelfrei»- cuando aparecen  como «Epílogo» a la segunda versión de 1887 de la «Gaya ciencia», cuya ampliación a cinco libros y el nuevo prólogo que le pone Nietzsche, le dan un nuevo tono.
1880-1882
Biografía de Nietzsche















































































































































































































FIGURAS EN TORNO A NIETZSCHE
«Figuras en torno a Nietzsche» es el título de un libro de Erich Podach, quien con ello se refiere a un hecho auténtico, aunque no se adecúe perfectamente a todas las personas incluidas en él, al menos quizá a «Lou». Hemos encontrado ya muchas veces, y de forma repetida, nombres que sólo nos interesan por su relación con Nietzsche. Rodean a Nietzsche como «monde», sólo tienen luz porque la reciben de él, y prácticamente sólo los vemos en ella. Se puede decir también que en el drama, o dramas, de la historia del espíritu que sucedieron sobre el escenario europeo en el último tercio del siglo xix, fueron más o menos figuras accesorias, personajes secundarios o incluso sólo meros comparsas.
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































LOU VON SALOMÉ
Los Salomé eran de origen francés -hugonotes. Después de la terrible sangría a la nación, la expulsión de los hugonotes, se refugiaron en el norte, primero en Estrasburgo y luego en las antiguas provincias rusas del Báltico. El padre, Gustav Salomé (1804-1879), llegó a San Petersburgo en 1810 con sus padres, a la edad de seis años. Entusiasmado por la victoria rusa sobre Napoleón se decidió a seguir la carrera militar, que lo llevó al grado de coronel ya con veinticinco años. En 1831 el zar Nicolás I lo elevó a la nobleza de sangre como recompensa por su valiente comportamiento durante la rebelión polaca de 1830/31. El sucesor de Nicolás, el zar Alejandro II, lo nombró general e inspector de la Armada, con lo que Salomé fue a ocupar una vivienda en los recintos feudales del ministerio de la Guerra, en frente del palacio de invierno del zar. Estos nombramientos estaban en el espíritu de la época. Los zares se esforzaban por orientar su atrasada nación de acuerdo con modelos occidentales y para ello colocaron a muchos extranjeros, sobre todo alemanes y franceses, en altos puestos civiles y militares. El general von Salorné nos es descrito como «un hombre valiente, caballeroso, un gentleman de linaje, enérgica y firmemente enraizado en la fe reformista, pero en absoluto rígido ni pesado. Huellas del temperamento galo de sus antepasados se mostraban, sobre todo, en sus repentinos arranques sentimentales. Era conocido por su carácter ardiente, como lo sería más tarde su hija. Igual que ella se sentía atraído por las personas sobresalientes.» Parece que contó a Puschkin entre sus amigos. «Era ancho de espaldas, de figura grande, actitud severa, un aristócrata caluroso que vivió de acuerdo con el lema: noblesse oblige.» Se casó tarde, en 1844, con Louise Wilin (nacida en 1823), 19 años más joven que él, e hija de un «rico fabricante de azúcar del norte de Alemania y de ascendencia danesa... La muchacha, delicada, rubia, de ojos azules, siempre correcta en vestidos y conducta, llegó a hacerse una joven señora enérgica.»
Del matrimonio surgieron seis hijos: tras cinco niños, el 12 de febrero de 1861, les fue regalada una niña, que hizo las delicias del padre sobre todo. Se la bautizó con el nombre de la madre,    Mimada por el padre y por los hermanos, Louise creció en un entorno marcadamente masculino --al contrario que el niño Nietzsche, que había crecido en un entomo señaladarnente femenino hasta que entró en el internado monacal de Pforta. Tal suerte de disciplina, sin embargo, nunca la hubo para Louise. Muy pronto se resistió ---evidentemente con éxito-- a todo tipo de coerción educativa e impuso su propio camino. Había nacido para autodidacta y en ello consiguió y produjo cosas sorprendentes. Lo revolucionario lo lleva profundamente en la sangre como dote de su época. Su nacimiento coincidió casi exactamente con el día de la abolición de la esclavitud en Rusia. Con esta períclitada medida, sin embargo, no se había llegado al térmio de las reformas sociales, sino sólo abierto vía libre para exigencias mucho más amplias como, por ejemplo, la igualdad de derechos de formación de la mujer, que la joven Louise Salomé, muy al contrario que su madre, apeteció desde muy pronto; una meta por la cual Malwida von Meysenbug hubo de abandonar en 1852 su patria alemana y buscar cobijo en el exilio de Londres. La agitación tensa de aquella época tenía en Rusia dos móviles fundamentales. Por una parte, el nacionalismo que brotaba en toda Europa. En Rusia este movimiento va unido al nombre de Tolstoi y Dostoiewski en la literatura; Mussorgski, Glinka y Rimski-Korsakof en la música: en 1874 se estrenó en San Petersburgo la ópera popular rusa de Mussorgski  «Boris Godunow». Este despertar nacionalista trajo consigo el que «extranjeros» como los Salomé hubieran de sentirse extraños y excluidos hasta cierto punto; formaban una capa social cosmopolita soportada. Pero el nacionalismo ruso incluía otro germen todavía: el revolucionario social. También éste encontró expresión en la literatura y el arte, y penetró, por fin, en la realidad política, cosa que afectó sensiblemente a la familia von Salomé. De los hermanos de Louise sólo uno sobrevivió a la I Guerra Mundial y a la revolución rusa, pero en la mayor humillación. Y los últimos días de Louise fueron ensombrecidos y amenazados por la reacción frente a ello, por la Alemania nacionalsocialista. Murió con casi setenta y seis años, el 5 de febrero de 1937, como esposa del profesor orientalista F. C. Andreas, al que estaba unida desde 1887.
La primera gran conmoción política que hubo de vivir la joven Louise von Salomé fueron los tres atentados de 1879 contra el zar Alejandro II. Esto introdujo una disonancia tremenda en su juventud, por lo demás, hermosa, despreocupada, y brillante socialmente. Pero todavía la alcanzó con más fuerza, en ese mismo año, la muerte --demasiado temprano para ella - de la persona más profundamente amada: el padre. De improviso, con ello peligraban o se habían desvanecido los representantes externos de un orden, de un orden universal que, desde otro punto de vista, ya se había vuelto problemático, incluso se había socavado, en su interior-. Louise había perdido al Dios de su creencia de niña; en su edad juvenil ya estaba a la búsqueda de Dios. El acontecimiento definitivo para la pérdida de Dios fue bastante curioso: unos criados le hablaron de la desaparición de dos viejos; se trataba de dos muñecos de nieve que se habían deshecho bajo el sol primaveral y de los que sólo quedó un sombrero abollado y botones.La niña se había acostumbrado a exponer todas sus dudas y preocupaciones, en la intimidad, a Dios, a quien sentía y en quien creía como si estuviera presente y en trato personal con ella. En este caso se dirigió a él con la pregunta de si debía y podía suceder que algo que existía realmente desapareciera sin más. Pero no obtuvo respuesta a esa pregunta, y esta duda fue corroyendo a la niña hasta planteársela la cuestión decisiva de si Dios no contesta --porque también él ha desaparecido, porque tampoco él existe ya, no sólo para ella, sino para todo el universo.
Ante el pastor Dalton rehusó defitivarnente la confirmación. Esto le resultó tanto más fácil cuanto que en su vida había entrado un director espiritual de un tipo muy diferente: el pastor de la legación holandesa en San Petersburgo, Hendrik Gillot.
Cuando Gillot llegó, en 1873, a Petersburgo tenía treinta y siete años, era un hombre «de mundo», un orador espléndido, personalmente fascinante, liberal --para disgusto de sus colegas ortodoxos-, muy cultivado filosóficamente. Su modo de hablar de Dios fue un auténtico contrapeso al escepticismo y al acechante ateísmo en la capa social cultivada de Rusia, sus sermones, a pesar de pronunciarse en alemán u holandés, gozaron de consideración y se conviertieron en un acontecimiento social.   El camino hasta su pequeña iglesia no era largo, pero pasaron cinco años, sin embargo, hasta que Louise Salomé, ahora con dieciocho años, entrara por casualidad en su órbita; pero una vez que sucedió ello, la joven supo que había encontrado lo que necesitaba en aquel momento y en aquella situación. «Bueno, toda soledad tiene un final», y «Esto era lo que buscaba», eran frases que ella se decía a sí mísma. Louise solicitó inmediatamente por escrito una entrevista, y Gillot la recibió como a un hijo pródigo. Reconoció al instante la enminente dotación intelectual de la muchacha y comenzó su formación de acuerdo con ello. Durante meses fue Louise varias veces por semana a sus clases sin que su propia familia tuviera noticia de ello. Sus numerosos cuadernos de apuntes «dan una idea de la amplitud e intensidad de su trabajo bajo la dirección de Gillot. Uno de ellos muestra que estudió historia de la religión y comparó el cristianismo con el budismo, el hinduismo y el islam; se ocupó del problema de la superstición en las sociedades primitivas, del simbolismo de sus ritos y rituales, y reflexionó sobre los presupuestos fundamentales de la fenomenología de la religión. Otro de los cuadernos de notas trataba de filosofía, lógica, metafísica y teoría del conocimiento. Un tercero se ocupa del dogmatismo y de problemas como la idea mesiánica en el antiguo testamento y el dogma de la trinidad. Un cuarto, en francés, contiene notas sobre el teatro francés antes de Corneille, sobre la época clásica de la literatura francesa, sobre Descartes, Port Royal y Pascal. En un quinto se encuentran disertaciones sobre Krimhild y Gudrun y sobre María Estuardo de Schiller. Bajo la dirección de Gillot leyó a Kant y a Kierkegaard, Rousseau, Voltaire, Leibniz, Fichte y Schopenhauer... Louise consiguió así una formación intelectual que le serviría de mucho en su vida posterior. Incluso se despertó ya entonces su afición a escribir, puesto que Gillot le permitió redactar algunos de sus sermones dominicales», no para plena satisfacción de todos los «creyentes», que notaban una desviación excesiva de la Biblia. La muerte del padre hizo a Louise libre con respecto a la familia. Entonces confesó que recibía enseñanza de Gillot, a la vez que declaraba su salida de la comunidad reformada del pastor Dalton. La madre quedó mortalmente asustada. Llamó al para ella ambiguo Gillot y le colmó de reproches, pero este hábil hombre consiguió incluso hacerle comprender que las lecciones iniciadas estaban entonces en el momento justo en que debían ser proseguidas correctamente. Pero entonces sucedió algo que hizo imposible para Louise el continuar en el entomo de Gillot y en general en Rusia. No sólo Gillot era un hombre fascinante; Louise, de dieciocho años, delgada, rubia, con sus profundos ojos azules y su intelecto absolutamente excepcional, era también una muchacha fascinante. El maestro, veinticinco años mayor, él mismo padre de dos hijas de aproxímadamente la misma edad que Louise, llegó hasta el punto de tramitar la disolución de su familia y hacer una proposición de matrimonio a su alumna. Louise la rechazó rotundamente porque no se sentía madura para el matrimonio -para el que jamás se sentiría madura realmente-. El matrimonio sería toda su vida un problema no superado.
Esto no lo había pensado ni esperado el pastor Gillot; en esto se había confundido ese hombre avispado; ¡y no sería el único en sufrir tal despiste! La rotunda negativa hubo de herir profundamente el orgullo de aquel hombre mimado por el éxito, pero supo comportarse. No permitió la flaqueza del enfado, y siempre que más tarde Louise se dirigió a él en alguna situación anímica penosa, él demostró ser un amigo imperturbable. Ya entonces quiso continuar la enseñanza, a pesar de lo ocurrido, pero Louise supo que tenía que marcharse. Su madre estaba de acuerdo en acompañarla al extranjero. Pero surgió una dificultacl insospechada. Según la lógica burocrática, una persona no confirmada y cuya existencia, por tanto, no podía ser justificada por la iglesia, no existía en absoluto. Y una persona que no existía no necesitaba pasaporte alguno. Pero sin pasaporte no se podía abandonar Rusia por mucho tiempo. Gillot supo qué hacer en este caso. En mayo de 1880 fue con la madre y la hija Salomé a Holanda para una corta estancia, y allí llevó a cabo la ceremonia en una iglesia de pueblo, como invitado de un pastor amigo. «Ambos estábamos conmovidas durante esa curiosa celebración, que se llevó a cabo de acuerdo exactamente con mis indicaciones y que tuvo lugar un domingo como otro cualquiera en medio de los campesinos de los alrededores .... Mi madre... por suerte no entendió ninguna palabra de la infame alocución en holandés, ni tampoco la fórmula de la confirmación que venía al final - era casi la fórmula de una bendición nupcial: 'No temas, yo te he elegido, te he llamado por tu nombre: tú eres Mío, .» Gillot nunca pudo pronunciar su nombre en la versión rusa de «Ljola», y también le resultaba difícil en alemán. De ahí que bendijera ahora a su alumna con el nombre de Lou. Con ello echó sobre ella una red mágica y tomó posesión de ella como creación intelectual suya. Esto caló profundamente en la conciencia de la muchacha, quien conservó ese nombre ---como Peter Gast conservó el nombre que recibiera de su maestro.  El mundo quedaba abierto ya para Lou; pudo abandonar su patria rusa, aunque sólo bajo la tutela, soportada en principio pacientemente, pero no sin tensiones, de la madre. El primer objetivo. era Zürich, a donde ambas mujeres llegaron en septiembre de 1880. La Universidad de Zürich fue una de las primeras en Europa que admitía mujeres corno estudiantes. Se había formado en ella una pequeña colonia de juventud progresista y revolucionaria rusa, a la que Lou no se adhirió, sin embargo. También aquí ella seguiría su propio camino. En Zurich enseñaba el viejo paladín revolucionario Gottfried Kinkei, un apóstol de los derechos de la mujer, sobre todo de la igualdad de la mujer en las oportunidades de formación. También en Zürich hubo que vencer de nuevo un primer escollo formal. Lou no contaba con ningún diploma de estudios que le pemitiera matricularse en la Universidad. Se le hizo un «examen» a Lou y la aceptaron como estudiante. Lou no defraudó a sus profesores; era ambiciosa y trabajó duramente, aunque demasiado para su constitución juvenil y delicada. Ya el estudio extraordinario con Gillot había enterrado su salud, lo que fue un motivo más para abandonar la fría Rusia y buscar lugares más suaves de clima. En el otoño de 1881 tuvo que interrumpir sus estudios en Zürich. Por etapas, la madre y la hija se dirigieron a Roma, adonde llegaron a comienzos de febrero de 1882. Lou llevaba una recomendación de Kinkel para su vieja amiga de los días de la emigración en Londres, Malwida von Meysenbug, recomendación que surtió efecto: el 1 1 de febrero Malwida  recibió a «la joven rusa», como siempre fue llamada la rubia del Báltico, en su círculo más íntimo. Estaba encantada y admirada por la extraordinaria inteligencia de la muchacha, y creyó encontrar en ella un alma pareja y una continuadora de su propia obra vital. Una nueva confusión que habría de repetirse. Sucederá tambien con Nietzsche. En el otoño de 1881, en Zürich todavía,  Lou  compuso poesías, entre ellas la «Oración de la vida», por la que Nietzsche más tarde se sentiría tan impresionado que la unió a la parte de himno de su gran fantasía «Himno a la amistad», encargando todavía en 1887 a «Peter Gast» que le diera forma para piano y orquesta para publicarla, siendo la única de sus composiciones musicales con la que lo hizo. Nunca se pudo liberar de esta obra. Las palabras que lo tenían encadenado eran éstas:

«Ciertamente, así ama un amigo al amigo, como yo te amo, vida enigmática -
haya gritado de júbilo, o haya llorado en ti, me hayas proporcionado alegría, o dolor.»

Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































MEMORIAS DE LOU
En sus «Memorias», escritas mucho más tarde, Lou ha conservado en el recuerdo el acontecimiento de la siguiente forma: «Una tarde de marzo del año 1882 en Roma, mientras estábamos reunidos unos cuantos amigos en casa de Malwida von Meysenbug, sucedió que, tras un sonar estridente de la campana de la puerta de casa de Malwida, su fiel factótum Trina entró precipitadamente musitando al oído de Malwida un encargo inquietante --a lo cual Malwida corrió a su secretär, reunió rápidamente dinero y lo sacó. Al volver a la habitación, a pesar de que venía riendo, el fino pañuelo de seda negro le revoloteaba todavía un poco, de excitación, en torno a la cabeza. A su lado entró el joven Paul Rée: amigo suyo de muchos años, querido por ella como un hijo, quien -recién negado precipitadamente de Monte Carlo- tenía prisa por enviar al camarero de allí el dinero que le hubo de prestar para el viaje, después de haber perdido en el juego todo, literalmente todo, sin resto alguno. Este antecompás, sensacionalmente divertido, a nuestra amistad, me molestó sorprendentemente poco: ésta se cerró en un instante - quizá incluso contribuyó a ella el que, a causa de ello, Paul Rée resaltara entre los otros, como perfilado por una luz más fuerte. En todo caso, su perfil nítidamente marcado, su ojo avispado, me resultó inmediatamente familiar debido a su expresión, en la que se unía en aquel instante algo chistosarnente compungido con algo extraordinariamente bondadoso.»
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































PAUL RÉE EN EL CASINO DE MONTECARLO
Paul Rée había dejado a Nietzsche el 13 de marzo en Génova, y luego fue a las mesas de juego de Monte Carlo. Durante una visita anterior en compañía de Nietzsche, la presencia de éste había impedido la fiebre del juego. Ahora se desquitó Rée y perdió todo su dinero efectivo, de modo que incluso hubo de hacerse prestar el dinero para proseguir el viaje. Seguramente todo esto sucedió rápidamente, quizá incluso en una sola noche. De modo que se puede suponer que la llegada de Rée a Roma ocurrió ya el 15 ó 16 de marzo.

Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































LOU LA UNICA QUE PODRÍA COMPRENDER A NIETZSHE
Paúl Rée y Malwida llegan a pensar que Lou podría ser la única compañera digna de Nietzsche, por la agudeza de su inteligencia, y la única que podría emprender con él discusiones interesantes y fructíferas. Así, el 27 de marzo, Malwida von Meysenbug escribe a Nietzsche: «Una chica muy curiosa (creo que Rée ya le ha escrito sobre ella), a quien, entre otros muchos, debo mi libro; me parece que aproximadamente ha llegado a los mismos resultados que usted, hasta ahora, en el pensamiento filosófico, es decir, al idealismo práctico, prescindiendo de todo presupuesto metafísico y de toda preocupación por la explicación de problemas metafísicos. Rée y yo coincidimos en el deseo de verle algún día con este ser extraordinario.»

Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































NIETZSCHE RECHAZA PROPUESTA DE MATRIMONIO
Nietzsche escribe la carta del 21 de marzo de 1882 a Paul Rée con su máquina de escribir, lo cual influye en el estilo. Las frases aparecen unas al lado de otras, sin ilación, áridas; se trata de un catálogo de respuestas y notificaciones. Así, aparece una cosa tras de otra: «El joven funcionario le saluda - ¡Ecco! - Overbeck me ha enviado mi dinero - Con él tengo ya para unos cuantos meses. - Salude a esa rusa de mi parte, si eso tiene algún sentido: estoy ansioso de esa clase de almas. Próximamente me lanzaré al asalto de ella. - La necesito en consideración de lo que quiero hacer en los próximos 10 años. - Un capítulo muy diferente es el matrimonio - A lo máximo me podría pemíitir un matrimonio de dos años, y esto sólo en consideración de lo que he de hacer en los próximos 10 años.» Esto no significa otra cosa que: toda idea de un matrimonio auténtico resulta imposible, ya de principio, debido a la tarea vital prevista. Si existieran matrimonios temporales... - pero no existen, eso lo sabe también Nietzsche. Así que, tal como están las cosas, Nietzsche rechaza la propuesta de Rée

Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































RÉE INTERMEDIARIO DE NIETSCHE ANTE LOU
Después de pocas horas de conocimiento, Nietzsche estaba tan subyugado por la personalidad de Lou (ahora de veintiún años; algo más de dieciséis años más joven, pues, que Nietzsche) que se decidió a una propuesta de matrimonio, tan precipitada y torpemente como lo hiciera seis años antes (el 11 de abril de 1876) en Ginebra con Matildde Trampedach. Como entonces en Ginebra, Nietzsche volvió ahora a interpretar mal la situación y encomendó a Paul Rée la engorrosa misión del casamentero: un desacierto semejante al que cometió con Hugo von Senger al solicitar su mediación. El mismo concertó una entrevista con la madre, en casa de ella, para la tarde del día siguiente, el 26 de abril.

Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































REE HACE LO MISMO QUE NIETZSCHE
Con la misión encargada, Nietsche, puso a Rée en el mayor compromiso, puesto que entre Lou y Rée había sucedido algo que Nietzsche no podía notar en absoluto en tan poco tiempo. También Rée --como antes que él Gillot y ahora, después de él, Nietzsche--- había dado el mismo paso en falso. Lou Salomé informa al respecto: «Ya esa misma noche [la del primer encuentro con Rée, como diariamente sucedería a partir de entonces, nuestras apasionadas conversaciones sólo acababan en el camino a casa, por rodeos... Estos paseos por las calles de Roma, bajo la luz de la luna y las estrellas, nos acercaron pronto tanto que comenzó a desarrollarse en mí un plan maravilloso sobre el modo como podríamos consolidar nuestras relaciones... Paul Rée se comportó primero de modo totalmente equivocado al someter a mi madre, para mi pesar y enfado, un plan totalmente diferente ---un plan matrimonial---, que dificultó hasta el infinito su consentimiento en el mío. Tuve primero que hacerle plausible a él mismo hacia dónde me dirigían la vida amorosa concertada ya para toda mi existencia y mi ansia de libertad totalmente desatada.»

Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































MALWIDA ENTERADA DE LA MOVIDA DE REE
Tampoco Malwida von Meysenbug se había dado cuenta de nada de esto hasta que Rée hubo de aclarárselo. Tras la desilusión producida por el tajante rechazo de su proposición matrimonial, el frío analista de los sentimientos morales no vio otra salida al aprieto producido por su pasión amorosa que la huida. Quería marcharse y tenía que justificarlo ante Malwida. Lou, sin embargo, le obligó a que se quedara y a traspasar su pasión a la fuerza del intelecto. También Malwida le aconsejó permanecer, pero no ocultó su decepción por los paseos nocturnos largo tiempo mantenidos en secreto. Los censuraba, no por mojigatería, sino por un conocimiento y experiencia bien fundados. Así, escribe el 30 de marzo a Paul Rée: «Con Lou Salomé ya he aclarado totalmente mi punto de vista, y, dado que también lo he hecho con usted, a partir de ahora estoy libre de toda responsabilidad; pero, como amiga y conocedora de las personas y de la vida, aconsejo no hacer determinadas cosas. Siempre resulta peligroso tentar al destino; con ello se entrega uno en manos del azar, y lo que en el presente y en el recuerdo podía ser algo puro, claro y hermoso, adquiere disonancias y se vuelve turbio.» Y dado que, a pesar de ello, continuó así la relación, el 25 de mayo, en una larga carta a Zürich, advierte de nuevo a Lou.. «El acompañamiento a casa me resultaba molesto sólo en la idea de que ello pudiera disgustar a su mamá; y yo no quería que ella pudiera pensar que en mi casa se promovía otra emancipación que no fuera la intelectual más noble... Pero entonces llegó la muy tímida confesión de los paseos, la cual parecía hacérseme... sólo a causa de la mala conciencia. Yo sabía cómo había peligrado aquí, por cosas parecidas a ésas, la fama de varias jovencitas... Si un conocido la hubiera encontrado en mitad de la noche, no hubiera podido tomársela a mal que le resultara extraño, y ¿qué hubiera hecho Rée si un oficial, u otro  cualquiera, le hubiera dicho a usted algo desagradable? ¿Batirse en duelo?!»

Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































LOU SUPERA A TODOS CON SUS PLANTEMIENTOS
Lou alimentaba realmente un plan osado, como hubo de confesarse a sí misma; a pesar de ello forzó a su realización, parcial al menos, tal como estaba acostumbrada en general a imponer siempre su voluntad. Escribe al respecto:
«Lo que más inmediatamente me convenció de que mi plan, afrentoso para las costumbres sociales entonces vigentes, podría llevarse a cabo, fue, primero, un simple sueño nocturno. Vi un agradable gabinete de trabajo, lleno de libros y flores, flanqueado por dos dormitorios, con camaradas de trabajo yendo y viniendo a nuestra casa, unidos en un circulo alegre y serio»; y más adelante: «Lo inesperado sucedió cuando   Nietzsche apenas hubo tenido noticias del plan de Paul Rée y mío, se adhirió a él como el tercero. Incluso se fijó pronto el lugar de nuestro futuro trío: habría de ser... París, donde Nietzsche quería oír a ciertos colegas... A Malwida esto incluso la tranquiliza un poco, puesto que allí nos veía protegidos por sus hijas adoptivas Olga Monod y Natalie Herzen... Pero para Malwida lo mejor hubiera sido que la señora Rée acompañara a su hijo y la señorita Nietzsche a su hermano.»
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































EPISODIO DEL MONTE SACRO
 En los días en que conoció a Lou, Nietsche estaba transformado. ¿Qué había sucedido? ¿qué es lo que había producido, corno por encanto, esa trasformación? Amigos y enemigos se han esforzado en dar aclaraciones y explicaciones de ello, pero lo que parece cierto es que sólo queda una respuesta decorosa, la que da Tristán al rey Marke: « ... eso no te lo puedo decir; y lo que preguntes, eso no lo podrás saber nunca.» También la única testigo - Lou - parece querer darnos la misma respuesta. Sólo sabemos que Nietzsche, en esos pocos días en el lago de Orta, hizo una vez una excursión solo con Lou, en la que, como informa ella misma: «el cercano Monte sacro parece habernos encadenado; al menos se originó una involuntario ofensa a mi madre por el hecho de que Nietzsche y yo permanecimos demasiado tiempo sobre el Monte sacro como para poder recogerla a tiempo, cosa que también tomó muy mal Paul Rée, quien mientras tanto estuvo entreteniéndola». En ese paseo Nietzsche fue subyugado por el misterio del amor. Se trata del «mysterium de Monte sacro», como quedará en su recuerdo. Lo que allí suceclió -interna y externamente-- produce una comprensible curiosidad. Más tarde Lou contestó a una pregunta al respecto: «Si besé a Nietzsche en el Monte sacro, es algo que ya no lo sé.» Naturalmente que lo sabía, pero ante una pregunta así sólo queda la respuesta de Tristán. También ella estaba fascinada por la personalidad de Nietzsche, a pesar de todas las reservas y de un sentimiento, siempre insuperado, de distancia. A pesar de su juventud poseía la capacidad de sentir qué alma tan rica había encontrado y que se había topado con una persona de una profundidad inusitada de vivencias.
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































ANTE EL MONUMENTO DE LUCERNA
Ante el monumento en Lucerna, Nietzsche reitera personalmente a Lou su proposición matrimonial «porque después le pareció insuficiente la recomendación romana que de él hiciera Paul Rée», como recuerda Lou.
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































NEGACIÓN DE LOU
Lou, de nuevo, le manifiesta su negativa y le explica otra vez su plan de vida: vivir tanto con él como con Rée en amistad de camaradería, como una comunidad de estudio y, de trabajo.
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































VISITA CON LOU A TRIBSCHEN
 En los días de Lucerna Nietzsche había irnpulsado a Lou a una excursión cargada de recuerdos a Tribschen. La misma Lou nos cuenta: «el lugar en el que había vivido con Wagner días inolvidables. Mucho, mucho tiempo estuvo sentado allí, a la orilla del lago, en silencio, embebido en profundos recuerdos; después, haciendo dibujos con el bastón en la arena húmeda, habló en voz queda de aquellos tiempos pasados. Y cuando cruzó su mirada, estaba llorando.» ¿Había esperado quizá Nietzsche, con Lou a su lado, conjurar definitivamente el espíritu, que todavía le dominaba con fuerza, de la mujer más admirada, Cosima Wagner?

Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































LOU CRITICA LA FALTA DE GUSTO DE NIETZSCHE
Sobre esa fotografía Lou afirma lo siguiente: «Al mismo tiempo Nietzsche gestionó también la fotografía de nosotros tres, a pesar de la fuerte oposición de Paul Rée, que durante toda su vida conservó una repugnancia enfermiza ante la reproducción de su cara. Nietzsche, con el ánimo exaltado, no sólo se empeñó en ello, sino que se preocupó personal y solícitamente de todos los detalles -como del pequeño (¡resultó demasiado pequeño!) carromato, incluso de la cursilería de la rarna de saúco en la fusta, etc.» Así pues, Nietzsche fue el responsable, según Lou, como regisseur, de la idea sin gusto para la fotografía.

Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































MENSAJE OCULTO DE NIETZSCHE EN LA FOTOGRAFÍA
Pero la trágica ironía que en la fotografía se nos muestra no puede despacharse con un rápido juicio de gusto. En realidad era Lou la que intentaba uncir a los dos hombres a su carreta, y ambos filósofos se sometieron. Pero hay que tener presente de nuevo la cercanía de Tribschen, es decir de Wagner.

En las «Walkirias», al comienzo del acto II, Brünnhilde dirige a Wotan las siguientes palabra:
                      «Te aconsejo, padre,
                      que te prepares tú mismo;
                      dura tempestad
                      has de vencer.
                      Fricka, tu mujer, se acerca
                      en el carro con la yunta de carneros.
                      ¡Ea, cómo blande
                      la fusta dorada!
                      Las pobres bestias
                      gimen de miedo;
                      furiosamente rechinan las ruedas;»

Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































RESERVA EN EL TRATO ENTRE NIETZSCHE Y LOU
En la relación de Lou Salomé con Nietzsche, contrariamente a la relación con Rée, siempre quedó un resto de reserva. Aunque él en las cartas se dirija a ella por el nombre, así por ejemplo <«ni querida "u», y ella le conteste con «querído «amiga», quedó siempre el «usted» de la distancia. En los aforismos compuestos el verano siguiente en Tautenburg encontramos la frase: «Mientras mayor es la intimidad entre dos personas, más firmes fronteras exige.»
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































EXTRAÑO GRUPO DE TRABAJO
Despues de su estancia en Tribschen con Lou Salomé, Nietzsche, se dirigió a Naumburg, para dedicarse allí a la confección del manuscrito para la imprenta de la «Gaya ciencia». Este surgió en un extraño grupo de trabajo. El 19 de junio de 1882 lo describe drásticarnente Nietzsche a su Heinrich Köselitz: «El tormento de la producción del manuscrito, con ayuda de un viejo comerciante en bancarrota y asno, fue extraordinario: he jurado no volver a sufrir cosa semejante.» Elisabeth fue quien dispuso las cosas, con buena intención y en consideración a los débiles ojos de su hermano: ella leía en voz alta, al dictado, lo escrito a mano, Nietzsche lo controlaba como oyente, y el viejo a quien se había recurrido tenía que escribir un texto limpio de acuerdo con ello. Fuera que éste oía mal o que la pluma se le resistía de vez en cuando, el caso es que no siempre llegaba al papel el texto deseado por el autor, con lo que hubo de hacerse un penoso trabajo de corrección. En realidad, la idea de Elisabeth tenía que haber resultado bien en la práctica, lo único fue que no tuvo buen tacto en la elección de la persona adecuada, lo que más tarde habría de repetirse, por desgracia, más de una vez y de modo mucho más funesto todavía. De modo que, así, el trabajo iba muy lento y se fue alargando hasta mitad de junio.
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































PETICIÓN DE AYUDA A KÖSELITZ
El 19 de junio pregunta Nietzsche a Köselitz: «si Usted me podría (¡no hablo de 'querer', mi viejo y fiel amigo!) ayudar en la corrección de la 'Gaya ciencia' --mí último libro, como supongo-. ¡Sinceridad hasta la muerte! ¿no es verdad?»
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































IMPRESIÓN DE LA GAYA CIENCIA
El 24 de junio Nietzsche informa a Overbeck: «Teubner está imprimiendo ya la 'Gaya ciencia': Köselitz ayuda en la corrección. La confección del manuscrito para la imprenta fue penosa; ¡ojalá que sea la última vez por muchos años!»
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































VIAJE FRUSTRADO A BERLÍN PARA VER A LOU
Nietzsche escribe a Lou: «¿Vale que me traslade ahora a Salzsburgo (o Berchtesgaden), es decir, al camino hacia Viena? Cuando estemos juntos le escribiré algo en el libro que le he enviado.» (Se trata de «Humano -demasiado humano.») Pero, inesperadamente para Nietzsche, Lou, como resultado de una activa correspondencia con Rée, se traslada a casa de la familia Rée en Stibbe. De camino hacia allí permanece algunos días en Berlín, desde donde el 14 de junio escribe a Nietzsche a Naumburg diciéndole que su viaje va tan rápido que ya no hay tiempo para un encuentro. Nietzsche le responde a vuelta de correo:«desde hace media hora estoy melancólico y desde hace media hora me pregunto por qué - y no encuentro otro motivo que la noticia que me acaba de proporcionar su amable carta de que no nos veremos en Berlín. ¡Vea Usted ahora qué clase de persona soy! Pues bien: mañana por la mañana, a las 11, estaré en Berlín... Mi intención es  que me permita acompañarla dentro de unas semanas hasta Bayreuth, supuesto que Usted no encuentre una compañía mejor. -¡A esto se llama decidirse rápidamente!» Y: «Berchtesgaden para mí está 'refutado'. Provisionalmente me quedo en Grunewald. -Manuscrito terminado. ¡Por el mayor asno de todos los escribientes! » Al no poder encontrar a Lou, Nietzsche no ocultó su decepción y le contesta inmediatamente (el 7 de junio): «Estaba tan preparado para Berlín y Grunewald que en cada momento estaba dispuesto a partir. Así pues ¿sólo después de Bayreuth volveremos a vernos? ¿y además sólo 'quizá'? Wamrbrunn no es lugar apropiado para mí; por otra parte me parece más aconsejable no exponer nuestro trío tan a menudo en público este verano, como resultaría de esa estancia en Warmbrunn: mejor nuestros planes de otoño y de invierno. Soy demasiado conocido en esta Alemania.»
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































CITA CON LOU EN TAUTEMBURG
El pastor de Tautenburg, Stölten, había tenido la idea de dar un impulso económico a aquel pueblo modesto, romántico, situado en el bosque de Turingia, abriéndolo al aluvión turístico creciente, para lo que él mismo -cosa que no era extraña entonces-- se convirtió en posadero. Nietzsche, de todos modos, no vivió en su casa, sino en la del joven matrimonio de campesinos Hahnetnann. Una semana después del fracasado asunto de Grunewald, el 25 de junio de 1882, Nietzsche viajó a Tautenburg, donde, con pequeñas interrupciones, permaneció dos meses, exactamente hasta el 27 de agosto. Elisabeth lo acompañó, pero se volvió el 27 de junio.
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































CONFESIÓN A LA FAMILIA DE SU RELACIÓN CON LOU
En los días que hubo entre la vuelta de Grunewald y la partida para Tautenburg, Nietzsche, hubo de «confesar» a su hermana, y posiblemente también a su madre, el asunto de Lou. El 27 de junio puede contar a Lou: «Entretanto he comunicado a mí hermana todo aquello que concierne a Usted. Tras el largo tiempo de separación la encontré tan evolucionada y madura como antes, digna de toda confianza y muy amable conmígo... así que creo in summa que Usted puede intentarlo con ella y con nosotros. -Pero Usted pensará que todo mí silencio fue innecesario. Lo he analizado hoy y encontré como última justificación: desconfianza frente a mí mismo... Tuve que callar porque hablar de Usted me hubiera trastornado (como me pasó con los buenos de los Overbeck).» Ahora - y sólo ahora - puede, el 30 de junio, acceder a la estancia veraniega en común, que Nietzsche le había propuesto el 26 de junio. El 2 de julio le vuelve a escribir: ¡«Ahora se ha aclarado el cielo sobre mí! Ayer a mediodía me sentí como si fuera mi cumpleaños. Usted envió su consentimiento, el regalo más bello que nadie me hubiera podido hacer ahora - mi hermana envió cerezas, Teubner envió los tres primeros pliegos de imprenta de la 'Gaya ciencia'; y, además de todo eso, acabé la última y definitiva parte del manuscrito y con ella la obra de 6 años (1876-1882), todo mi 'librepensamiento' ¡Oh, qué años!... oh, querida amiga, siempre que pienso en todo esto me conmuevo y emociono y no acierto a comprender cómo ha podido salir bien: me llenan completamente un sentimiento de autocompasión y de victoria. Puesto que se trata de una victoria, y de una completa -ya que incluso ha vuelto a asomar la salud de mi cuerpo..., y todos me dicen que parezco más joven que nunca.»
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































NIETSCHE NECESITA DE LOS SERVICIOS DE SU HERMANA
Para su cita con Lou en Tautemburg Nietzsche necesitaba urgentemente de los servicios de su hermana para que con su presencia evitara el escándalo burgués que significaría el encuentro que él, por su parte, había planeado con Lou en el nido del bosque. Y Elisabeth también le prestó ese servicio. El que Elisabeth de vez en cuando tomara conciencia de la arnbigüedad -o incluso indignidad-- de su papel y perdiera los nervios por ello, acarreó algunas perturbaciones al idilio veraniego y llevó finalmente a la desaparición de la servicialidad fraternal. En los primeros momentos, sin embargo, Elisabeth ya había apalabrado un alojamiento en la casa parroquial, y Nietzsche gestiona ahora diligentemente la confinnación: tres habitaciones por 12 marcos diarios para las dos damas: la hermana y Lou.

Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































ENVIO A KÖSELIT DE UNA POESIA DE LOU
También confiesa a Köselitz ahora su nuevo conocimiento, y por cierto con una curiosa introducción. Al envío del 1 de julio de los pliegos de pruebas de la «Gaya ciencia» adjunta Nietzsche, sin comentarios y escrita de su mano, la poesía de Lou Salomé, «En el dolor», de modo que Köselitz hubo de considerarla como un producto de Nietzsche. Este, extrañado, le escribe: «Conservaré fielmente su poesía, llena de grandeza; créme que me estoy esforzando para comprenderla dentro del espíritu en que ha sido compuesta.» El 13 de julio Nietzsche aclara por fin: «Aquella poesía... no era mía. Pertenece a las cosas que ejercen sobre mí un influjo total; todavía no la he podido leer nunca sin lágrimas... Esa poesía es de mi amiga Lou, de la que Usted seguro que no ha oído hablar aún. Lou... tiene veinte años... es despierta como un águila y animosa como un león y, sin embargo, una chica muy juvenil y femenina... Después de Bayreuth vendrá adonde estoy, y en el otoño nos trasladaremos juntos a Viena. Viviremos en una misma casa y trabajaremos juntos; está preparada sorprendentemente para mi modo de pensar y para mi tipo de pensamiento. Querido amigo, con toda seguridad nos concederá el honor a ambos de apartar de nuestra relación la idea de un galanteo. Somos amigos y consideraré sagrada esa muchacha y esta confidencia. -A propósito, posee un carácter increíblemente firme y sincero.»
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































FRACASO EN LA RECONCILIACIÓN CON WAGNER
Doce años más tarde, como un vago recuerdo, observa Lou Salomé en su libro sobre Nietzsche: «Wagner abandonó la habitación muy irritado y prohibió que ante él volviera nunca a pronunciarse el nombre.»
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































LOU EN LAS VELADAS DE BAYREUTH
Elisabeth Nietzsche y Lou Salomé tenían entradas para la segunda representación, el 28 de julio. Se habían encontrado el 24 de julio en Leipzig con el fin de continuar juntas el viaje a Bayreuth. Por medio de Malwida von Meysenbug, Lou fue introducida en la casa Wahnfried y asistió a las «veladas Wahnfried». Sobre tales veladas Lou Salomé escribe en sus Memorias: «Muchas cosas respecto a la vida de la familia, a pesar de lo trastornada que estaba por el tremendo aflujo de visitantes de todas las naciones. De allí donde se encontraba en el punto central, Richard Wagner --que debido a su pequeña talla, constantemente sobrepasada, sólo era visible durante instantes, como un surtidor que brotara de repente-- surgía siempre el mayor bullicio; al contrario que la aparición de Cosima, que por su altura sobresalía entre todos ante los que pasaba arrastrando su larga cola sin fín, que la cercaba ceremoniosamente, a la vez que le proporcionaba distanciamiento. Por amabilidad hacia Malwida, esa mujer indescriptiblemente atractiva y de noble apariencia, vino personalmente a visitarme en una ocasión, permitiéndome con ello una larga y detenida conversación con ella.....Entre los más próximos a los Wagner hice amistad, sobre todo, con el pintor ruso Joukowsky... Sobre el acontecimiento cumbre, el festival mismo de Bayreuth, no me es lícito expresar el mínimo sonido audible: hasta tal punto me cupo inmerecidamente en suerte, a mí, oído sordo para la música, que asistía a él carente de toda comprensión y de cualquier merecimiento.» Para Lou, el mundano, artista, libre y compatriota Joukowsky, resultó un conocimiento estimulante y divertido; y para Joukowsky, la atrevida muchacha, que se movía de modo tan poco convencional, pero segura y libre, sobre la platea social, fue una buena ocasión para dar pábulo a su galantería.
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































CELOS DE ELISABETH
De pronto, Elisabeth, en la semana en que hubo de contemplar esto, se llenó de indignación y celos. Elisabeth tenía entonces treinta y seis años, era soltera, nunca había sido cortejada. Tuvo que acostumbrarse a una existencia de solterona en una pequeña ciudad aburrida; continuaba, y todavía por largo tiempo, bajo la custodia y la sujeción de una madre mojigata. El horizonte que le había sido concedido estaba fijado por una casa modesta y las consabidas tertulias de café. Para ella sólo existía um salida a un mundo superior: levantando los ojos hacia su hermano, que la apreciaba desmesuradamente, a pesar de que ya la había rechazado fríamente durante largo tiempo, en cuanto se trató de su mayor intimidad, de su obra, de su filosofía. Y sin embargo, ella creía haber conseguido con respecto a él una posición que no tenía nadie excepto ella, por la que había sufrido y sacrificado algunas cosas y, sobre todo, soportado conmociones religiosas, y que tenía que defender ahora que la veía en peligro de repente; y en peligro a causa de una chica de veintiún años, que se comportaba «escandalosamente», de acuerdo con criterios burgueses, que coqueteaba con todos los hombres, que tenía que librarse penosamente de proposiciones matrimoniales, hechas una detrás de otra y que, sin ser musical ni tener relaciones ni inteligencia, se había introducido hasta lo más íntimo en la casa de Wagner, mientras que ella, como hermana del antiguo apóstol, ahora apóstata y proscrito, se veía reducida aquí a una posición más bien de segundo rango. Pero eso no era todo. Esa jovencita intimaba con personas que Nietzsche ni siquiera conocía de nombre, como ese horrible Joukowsky, y se pemtía pavonearse, como la amiga más íntima de Nietzsche, de estar introducida en su filosofía, de conocer ideas y problemas con los que él luchaba como nadie en su interior más oculto.
Lou Salomé
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INCIDENTE DEPLORABLE EN JENA
El 7 de agosto Elisabeth y Lou volvieron a encontrarse en Jena en casa del profesor Gelzer, un amigo, donde dieron lugar a un incidente extraordinariamente deplorable. Elisabeth descargó toda su mezquina indignación en venenosos reproches. La atacada devolvió el golpe con una alocución desenfrenada y mordaz, destruyendo la imagen que Elisabeth se había hecho de su hermano. Hirió a la que se había convertido en enemiga suya allí donde más le dolía: en la fe, en la moralidad y en la beatitud ascética de su hermano.
C. A. Bernouilli, en su artículo «La experiencia nietzscheana de Lou», relata una anécdota del tiempo de Sorrento. Según ella, «una joven sorrentina se personaba en la quinta de cuando en cuando y regularmente. Venía para Nietzsche. Pero el cuidado por la corrección externa, el horror al escándalo y a las habladurías, era algo tan pronunciado en él, que pidió a su amigo Rée que ante la señorita von Meysenbug hiciera pasar por suyas las visitas de la aldeana. Paul Rée hizo este favor a Nietzsche, incluso con cierto gusto, dado que en este capítulo no tenía prejuicio alguno.» Por desgracia Bernouilh, no indica la fuente de esta anécdota, de modo que su «verdad» resulta algo cuestionable. Pero si las cosas sucedieron realmente así, es posible que Paul Rée se lo contara a Lou, antes incluso de su viaje a Bayreuth y Tautenburg, para dernostrarle que su nuevo amigo no era tan cándido e inofensivo como él mismo se hacía pasar y como se le consideraba. Rée estaba celoso, puesto que también él amaba a Lou y temía perderla.  Lo que sí se deduce ciertamente de la correspondencia es que Paul Rée dio cuenta a Lou del extraño párrafo epistolar en el que Nietzsche habla de un posible «matrimonio» fijado para el plazo de dos años y que Rée aceradamente interpretó como una seria proposición de Nietzsche de un «amancebamiento». Y existe todavía la posibilidad de un tercer suceso, a saber, que Nietzsche, en el curso de la conversación ante el Löwendenkmal en Lucerna  pudo haber propuesto intentar primero una vida en común sin vínculo legal, en el curso de la cual Lou podría madurar para el matrimonio definitivo. A fin de cuentas este punto de vista no resultaba tan extraño a Nietzsche, puesto que también en su tiempo se daban muchos casos de éstos y, uno de los más famosos lo había vivido él en la mayor cercanía: en la noche en que Cosima dio a luz a su hijo prenupcial de Wagner, Nietzsche estaba en Tribschen, como invitado, bajo el mismo techo.

Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































PREPARACIÓN DEL NIDO EN TAUTEMBURG
Las autoridades municipales de Tautenburg sabían ---por insinuación de Nietzsche o por sí mismas-- que hospedaban a un visitante importante y se preocuparon por que se encontrara a gusto. Los umbrosos caminos del bosque preferidos por Nietzsche fueron ampliados y arreglados, se colocaron no menos de cinco bancos de descanso en los lugares en que Nietzsche gustaba de pararse, a los que se les puso nombres elegidos por él. Se dejó también a su elección el texto y la forma de las plaquitas conmemorativas. Nietzsche eligió dos nombres, Uno de ellos fue: «El hombre muerto», porque la parcela de bosque correspondiente se llamaba así; parece que en la Guerra de los Treinta Años se encontró allí un muerto desconocido. Nietzsche gustaba de ese lugar especialmente, cosa que resultaba algo inquietante para Lou, a quien repelían las bromas macabras de su amigo. El otro nombre fue para un banco redondo en torno a un haya: «La gaya ciencia». La primera vez que Nietzsche habla de ello es en una tarjeta postal del 13 de julio. El 18 de julio encarga a la hermana:«...consulta con un especialista sobre qué tipo de plaquitas y de letreros se conservan mejor», y le dibuja las dos plaquitas, rectangulares y con el título en el medio. El domingo 23 de julio va a Naumburg esperando poderse llevar en esa ocasión las plaquitas, pero todavía el 7 de agosto ha de quejarse a la madre: «Es una lástima que las plaquitas sigan sin estar puestas: van a llegar, al fín, cuando todos los visitantes estén fuera, y las tormentas de otoño ante la puerta.» ¿Qué visitantes le interesan? ¿a quiénes quiere impresionar? ¡Unica y exclusivamente a Lou, por supuesto! Después del 7 de agosto ya no volvernos a oír nada de las plaquitas, los acontecimientos tomaron un curso suficientemente malo como para que Nietzsche tuviera aún que preocuparse de tales pequeñeces.
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































HECHOS PROBLEMATICOS EN TAUTEMBURG
Su hermana le informa excitada de la escena de Jena con Lou y repite a Nietzsche todas las acusaciones sobre los chismorreos de Bayreuth. Por esa razón Nietzsche, a la mañana siguiente, saluda a Lou ostensiblemente de mal humor, se entabla una discusión entre los dos que, sin embargo, termina en armonía. Esto vuelve a repetirse algunas veces en las tres semanas escasas de su estancia en común desde el lunes 7 de agosto hasta el sábado 26 de agosto. Ya después de la segunda semana, el 20 de agosto, Nietzsche escribe a Kóselitz: «Cada cinco días tenemos una pequeña escena de tragedia.»
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































DISCUSIONES FILOSÓFICAS
A pesar de ello fue un tiempo, para ambos, filosóficamente fructífero. Elisabeth, naturahnente, no significaba nada al respecto. Se la trató como si no existiera. La mayoría de las veces hubo de dar sola sus paseos, y si se llegaba a una conversación, o bien le resultaba incomprensible o bien se horrorizaba por los juicios morales, críticos y provocativos. Nietzsche y Lou, por el contrario, vagaban horas y horas por los bosques, continuando sus conversaciones, a menudo, hasta bien entrada la noche. En su diario, que escribió en Tautenburg para Paul Rée, Lou escribe al respecto: «En estas tres semanas hemos conversado hasta el agotamiento; curiosamente él aguanta ahora cerca de diez horas diarias de charla. En nuestras veladas, cuando la lámpara, vendada como un inválido con un paño rojo para que no dañe sus pobres ojos, arroja sólo un debil resplandor por el cuarto, siempre llegamos a hablar de trabajos en común... Sorprendente que en nuestras conversaciones aboquemos involuntariarnente al borde de abismos, a aquellos lugares de vértigo adonde alguna vez se ha subido en solitario para mirar desde allí a lo profundo. Siempre hemos elegido los caminos de gamuzas, y si alguien nos hubiera escuchado, habría creído que eran dos diablos los que conversaban.» Compusieron juntos aforismos que Lou inventaba y Nietzsche corregía o completaba. El 14 de agosto Lou escribe a Rée: «Nietzsche, en general de una consecuencia férrea, es en lo particular una persona tremendamente versátil. Yo sabía que cuando admitiéramos lo que, en principio, en la tormenta del sentimiento, ambos evitábamos, rápidamente nos habríamos de encontrar en nuestras naturalezas profundamente semejantes, más allá de todo charloteo pedante... Él subía hasta aquí de continuo, y por la noche tomó mi mano y la besó dos veces y comenzó a decir algo que no terminó. Los días siguientes estuve en cama, él me metía cartas en la habitación y me hablaba a través de la puerta. Ahora ya amainó mi vieja fiebre catarral y me he levantado. Ayer pasamos juntos todo el día... Elisabeth estuvo en el Dornburg con personas conocidas. En la pensión... se nos considera tan emparejados como a ti y a mí, cuando llego con mi gorro y con Nietzsche, sin Elisabeth... Un estímulo especial resulta de la coincidencia en pensamientos, sentimientos e ideas; nos podemos entender casi con medias palabras. El dijo una vez, impresionado por ello: 'creo que la única diferencia entre nosotros es la edad. Hemos vivido y pensado lo mismo'.»
El 14 de agosto, Nietzsche escribe a Kösselitz: : «'lo mejor posible para mí', he tenido que superar una dura prueba, y la he superado. -Lou se queda aquí 14 días todavía: en el otoño volveremos a encontramos (¿en Munich?) -Tengo mi ojo para las personas; lo que veo existe, aunque otros no lo vean. Lou y yo somos demasiado semejantes, ,'consanguíneos' (¡por eso ni siquiera se la puedo alabar a Usted!).»

Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































NIETSCHE FASCINADO POR LOU
No hay duda alguna que Nietsche competía por la muchacha en rivalidad con su amigo Paul Rée -igual que Elisabeth lo hacía por él frente a la rival-. Pero en vez de fascinarla, él fue fascinándose cada vez más por ella; le asaltó un amor auténtico, profundo, dispuesto al sacrificio y al perdón (esto lo confiesa incluso Elisabeth en su carta a Clara Gelzer).
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































DIARIO DE LOU
Lou Salomé estaba mucho más cercana a Paul Rée, para quien llevaba un diario, en el que, entre otras cosas, leemos: «La diferencia entre vosotros, a la que me he referido, se manifiesta también muy claramente en los pequeños rasgos. Por ejemplo, en vuestros puntos de vista sobre el estilo. Tu estilo pretende convencer la cabeza del lector y, por ello, es científicamente claro y estricto, prescindiendo de todo sentimiento. Nietzsche quiere convencer a la persona entera, quiere apresar el ánimo con su palabra y dar la vuelta a lo más íntimo, no quiere instruir sino convertir.» A Lou Salomé le agradaba el escéptico especulativo, intelectualmente lúcido, Rée, no el mago Nietzsche y sus poéticas visiones.
También Nietzsche conocía las diferencias fundamentales que existían entre él y Rée, y, en su duelo por Lou, se dejó llevar a llamar la atención de Lou sobre las disposiciones negativas de Rée, sobre sus pocas ganas de vivir, que llegaban hasta la posibilidad de suicidio. Pero con esa táctica Nietzsche consiguió lo contrario de lo que pretendía: a Lou le resultó todo ello falto de gusto y extraño.

Lou Salomé
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RECLUTAMIENTO DE UNA DISCIPULA
Nietzsche se entregó a la ilusión de haber encontrado, por fin, en Lou el espíritu grandioso capaz de comprender su «pensamiento más abismal», el misterio del Eterno Retorno, y pensó que le iba a sobrecoger del mismo modo que a él. Pero, con seguridad, ella estaba lo suficientemente formada filosóficamente como para reconocer la total aporía de ese dogma -y también su procedencia de la filosofía antigua especulativa. Seguramente también estaba capacitada para refutar esa imagen del Universo, construida de modo totalmente especulativo; pero se comportó cautelosamente y reforzó a Nietzsche más y más en su decisión de procurarse una visión científica del asunto o de un estudio concienzudo de él. Pero lo cierto es que con su fino instinto Lou se dio cuenta ya entonces de dónde se separaban sus caminos; el 13 de agosto escribe en el diario: «¿Somos, pues, muy semejantes? No, a pesar de todo, no. Es una especie de sombra de aquellas ideas sobre mis sentimientos, que todavía hace pocas semanas hacían feliz a Nietzsche, lo que nos separa, lo que se interpone entre nosotros. Y en alguna oculta profundidad de nuestro ser estamos ilimitadamente alejados uno de otro-. Nietzsche tiene en su ser, como un viejo castillo, calabozos oscuros y bodegas ocultas que no aparecen cuando se lo conoce sólo superficialmente y que, sin embargo, puede que constituyan lo más propio suyo. Curioso, hace poco se me ocurrió repentinamente la idea de que incluso podíamos vemos enfrentados alguna vez como enemigos». Y: «Viviremos todavía cómo se constituye en el predicador de una nueva religión, y se tratará de una que reclute héroes como discípulos.»
Lou Salomé
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NIETSCHE TRAGICO SUFRIENTE
Se da una doble tragedia en el hecho de que la amistad con Lou Salomé hubiera de romperse pronto y tan completamente, a saber, para la persona de Nietzsche y para su obra. Un éxito en la relación amorosa con Lou hubiera significado para Nietzsche la última oportunidad para volver a encontrar el camino hacia las personas; como le fue negado, ello lo volvió a encerrar definitivamente ya en su desesperanzada y amarga soledad. Como filósofo fue el único de su tiempo -y se trató de un tiempo crítico- que poseía la fuerza y el genio para llevar a cabo una cosmovisión, para aunar positivismo, materialismo, filosofía especulativa e incluso profecía, en una imagen comprehensiva del mundo. Pero le faltó para ello la necesaria ampliación de sus conocimientos, su redondeamiento por medio del estudio de las ciencias naturales; tras la separación de Lou no hubo ya nadie que lo impulsara a un estudio así.
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































ORACIÓN DE LA VIDA COMO REGALO
El 26 de agosto de 1882 finalizó el idilio de Tautenburg con la partida de Lou hacia Stibbe, todavía en calma total y, por parte de Nietzsche, en el culmen de una felicidad melancólica. Lou le había regalado como despedida aquella poesía, la «Oración de la vida», que ella había compuesto en 1880 cuando era estudiante en Zürich, llena de un espíritu juvenil heroico con el que pretendió deshacer la opresión que le producía la enfermedad que amenazaba su vida. A Nietzsche le conmovieron profundamente las ideas y el tono de la poesía. Al día siguiente se dio prisa en viajar hasta Naumburg y «componerla» para una voz y acompañamiento de piano. Pero su talento musical creativo estaba agotado. Sin embargo, tenía una partitura, heroica y festiva, que desde hacía nueve años llevaba consigo y que le parecía acomodarse al texto, su «Himno a la amistad». Sólo tuvo que cambiarlo un poco para que el número de sílabas del poema se correspondiera de algún modo con la melodía. Con esta obra Nietzsche vivió y completó su unión con Lou Salomé. Envió inmediatamente la composición a su maestro musical «Peter Gast» con estas palabras: «Me gustaría haber compuesto una canción que pudiera ser interpretada también en público--, 'para seducir a los hombres hacia mí filosofía.' ¡Un gran cantante podría, con ella, arrancarme el alma del cuerpo; aunque quizá, así, otras almas se ocultarían definitivamente en su cuerpo! -¿Le resultaría posible quitar a la composición como tal ese cierto aire de aficionado que posee? Quizá me crea que, en la medida de mis posibilidades, he hecho un auténtico esfuerzo.» Y el 1 de septiembre escribe a Lou 12: «En Naumburg volvió a asaltarme el demonio de la música - he puesto música a su Canción a la vida; mi amiga parisina Ott, que posee una voz maravillosamente fuerte y expresiva, ha de cantárnosla alguna vez a Usted y a mí.»
Lou Salomé
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DURO REPROCHE DE SU MADRE
En el asunto Lóu, la madre fue inclinándose cada vez más al modo de ver las cosas de la hija, de tal forma que al extremo de decir a su Fritz, por lo demás tan querido, que era «una vergüenza para la tumba del padre».
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































FALTA DE COMINICACIÓN CON SU HERMANA
Durante meses Nietzsche se negará a cualquier tipo de comunicación con su hermana. Desde Leipzig Nietzsche informa por carta de lo sucedido a Overbeck: «Por desgracia mi hermana se ha convertido en enemiga mortal de Lou; estuvo desde el principio hasta el final llena de indignación moral, y ahora afirma conocer en qué consiste mi filosofía. Ha escrito a mi madre que '...a mí me gusta lo malo y a ella lo bueno. Si fuera una buena católica se metería en un convento para expiar todas las calamidades que surgirán de ella [de la filosofía de Nietzsche]'. En una palabra, que tengo en contra a la 'virtud' naumburguesa; se ha producido una auténtica ruptura entre nosotros -incluso mi madre llegó a perder los nervios hasta tal punto, con ciertas palabras, que hice mis maletas... Mi hermana... cita irónicamente al respecto 'Así comenzó la caída de Zaratustra'.» Y en un borrador de carta a Elisabeth escribe, aunque más bien para sí mismo: «No me gusta esa clase de almas como la que tú tienes, mi pobre hermana; y cuando menos me gusta es cuando se infatúa moralmente, conozco vuestra pequeñez. Prefiero con mucho que me censures.»
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































DESARMONÍA EN EL TRIO
En general, el trío ya no resultaba tan armónico ni cordial, y la confianza se había ensombrecido. Lou Salomé escribe al respecto en sus Memorias: «Ninguno de nosotros dos imaginaba que sería la última vez. A pesar de ello, las cosas no eran del todo como al principio, aunque seguían firmes nuestros deseos de un futuro en común a tres. Cuando me preguntó qué fue lo que fundamentalmente comenzó a menoscabar mi interna disposición hacia Nietzsche, pienso que fue la extrañeza por la progresiva acumulación de sugerencias suyas que pretendían dejar mal a Paul Rée ante mí - y también la sorpresa de que él pudiera considerar efectivo ese método.» Sus notas de los días de Leipzig penetran más en el motivo: «Así como la mística cristiana (como cualquiera), en su supremo éxtasis, cae en una sensibilidad religiosamente grosera, así el amor más ideal --precisamente por la gran liberación de sentimiento-, en su idealidad, puede volver a hacerse sensible. Un aspecto antipático esa venganza de lo humano -no me gustan los sentimientos allí donde vuelven a desembocar en su corriente circular, puesto que ése es el punto del falso pathos, de la verdad y sinceridad perdidas del sentimiento. ¿Es eso lo que me aparta de Nietzsche?»
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































SUEÑO DE NIETZSCHE
Nietzsche intenta llevar a cabo, por fin, su sueño dorado, de cuya realización lo había apartado su sorprendente contratación por Basilea en 1869: París. Según el testimonio epistolar de Köselitz, parece que Lou y Rée salieron el 5 de noviembre rumbo a París. También Nietzsche escribe a Overbeck: « ... primero para encontrarse con la madre de Rée en Berlín: y desde allí a París.»
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































LOU Y RÉE SE INSTALAN EN BERLIN
Afirma Lou: «entretanto Paul Rée y yo nos habíamos instalado en Berlín..Nuestro plan inicial de trasladamos a París se aplazó primero y fue abandonado,después debido a la enfermedad de Ivan Turgeniew y a su muerte; y entonces se realizó totalmente la soñada comunidad en un círculo de jóvenes científicos, entre ellos muchos docentes, el cual, en el transcurso de varios años, tan pronto aumentaba como cambiaba de miembros.»
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































NIETSCHE BUSCA VIVIENDA EN PARÍS
Al principio Nietzsche no supo nada de los planes de Rée y Lou; se prescinde de él aun para las noticias más necesarias. Y así él busca vivienda en París, pero no un apartamento para tres personas, como se afirmó, sino una «habitación apropiada para mí. Habría de ser una habitación sencilla y absolutamente tranquila. Y no demasiado lejos de Usted, mi querida Sra. Ott», Nietsche se dirige ahora a esta mujer, una vez tímidamente admirada, al conocerla en Bayreuth en 1876, y olvidada luego durante seis años, en busca de ayuda y protección.
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































CERTEZA DEL ABANDONO DE LOU
Muy poco a poco le va invadiendo la certeza de que Lou lo ha abandonado.Igual que seis años antes, en Sorrento, el encuentro con Richard y Cosima Wagner se convirtió, sin que ellos lo supieran, en una última despedida, así ahora Paul Rée y Lou Salomé se separaron de Nietzsche sin la intención, ni siquiera la sospecha, de que se tratara de una última despedida. Por el momento ello resultaba menos doloroso, pero Nietzsche habría de sufrir indeciblemente todavía durante meses a causa de esa separación. El «año festivo» se había acabado y negras sombras se posaron sobre su ánimo, de las cuales ya no conseguiría salir nunca.
Lou Salomé
Biografía de Nietzsche















































































































































































































GRAVES PROBLEMAS DE SALUD PARA LOU
A  comienzos de noviembre de 1882, Nietzsche, se lamenta a Overbeck: «La salud de Lou es deplorable, ahora le doy menos tiempo del que le concedía esta primavera todavía. Tenemos una gran preocupación; Rée se presta mucho para su tarea en este asunto. Personalmente para mí, Lou es un verdadero hallazgo de suerte, ella ha cumplido todas mis esperanzas - no es posible que dos personas puedan ser más parecidas de lo que nosotros lo somos.»
Sombras
Biografía de Nietzsche















































































































































































































PLANES PARA TEMPORADA DE PARIS
Nietzsche sigue creyendo en la temporada de estudio en París con sus amigos. El 7 de noviembre no sólo escribe a su antigua amiga Louise Ott con el ruego de que le busque un alojamiento, sino también a un conocido de Basilea, el doctor en Derecho August Sulger, que vivía entonces en París: «Sólo el cielo sabe lo que resultará de mi traslado a París si Usted no me tiende un poco la mano... Llegaría a París, por tanto, dentro de 10 días aproximadamente... supuesto que Usted me vaya a recibir a mí, medio ciego... Una habitación, muy sencilla, pero en una zona tranquila, sepulcralmente tranquila, tal como me conviene a mí, eremita y pensador abandonado... Recibirá a su tiempo una comunicación definitiva sobre el día de mi llegada.»
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CERTEZA DE QUE RÉE Y LOU NO IRÁN A PARÍS
Nietzsche hubo de llegar a la certeza de que Lou y Rée no irían a París. Antes había escrito a Overbeck: «No hay nada decidido. Ni siquiera en relación con mis planes de viaje y mis planes para el invierno. Es verdad que París sigue ocupando el lugar preferente, pero no hay duda alguna de que mi estado de salud ha empeorado bajo las condiciones de este cielo nórdico... Hubo días en que volvía a viajar en espíritu hacia el mar, pasando por Basilea», ahora prevalecerá la atracción del sur. El 15 de noviembre escribe al Dr. Sulger a París: «Este necio tiempo invernal me fastidia tanto que pierdo las ganas de continuar por más tiempo peleando con el norte y con su cielo encapotado. La salud dice 've el sur'»; y el mismo día a la señora Ott: «Oh, mi admirada amiga, cuando apenas le he dicho que voy, he de notificarle que todavía en mucho tiempo no iré... ¡Pero si voy será para largo tiempo! -y si no puedo vivir en. el corazón de París, quizá entonces en St. Cloud o en St. Germain, donde un eremita y pensador abandonado pueda conducir mejor su índole tranquila.» Es la última carta de Nietzsche a Louise Ott.
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EN CASA DE LOS OVERBECK EN BASILEA
Tras el fracaso de su extralimitada experanza, se dirige primero a casa de los Overbeck para lamentarse, en un estado de abatimiento, por la separación previsiblernente definitiva. La señora Ida Overbeck informa sobre esta visita: «Nietzsche estaba a menudo sobreexcitado y su imaginación le jugaba malas pasadas facilmente. No estoy informado de las causas de las causas de la separación de noviembre de 1882. O no se manifestó al respecto. Sólo dijo en su tercera visita del año a nuestra casa, que todo había terminado entre ellos. Seguía esperando cartas suyas y se hacía todavía ilusiones con ella... Sufría profundamente, no sabía ayudarse a sí mismo contando las cosas, ni dejarse ayudar por el consuelo de los demás.» Ida Overbeck se manifiesta «no informada» sobre las causas, aunque pocas líneas antes escribe: «No sé qué libro o manuscrito él había dado a Rée y a la Srta. Salomé a comienzos del verano de 1882. Le entristeció el que ambos se burlaran de él. El nos dijo entonces a mi marido y a mí, susurrando, algo así como que debía cambiar siempre de cosas, que la pura ilustración no le bastaba, y que ambos no entendían nada de ello.»    
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SEPARACIÓN DE LOU Y RÉE
Para Lou Salomé,  la separación, tanto de Nietzsche como de Paul Rée, fue fácil y no estuvo unida a emoción alguna. El 1 de enero de 1883, hacia las cuatro de la mañana, tras una excitante noche de San Silvestre, escribe a Paul Rée (que estaba momentáneamente en Stibbe), después de haber pasado con él en Berlín todo el tiempo desde Leipzig: «Mientras rompía la mañana de Año Nuevo y charlábamos al lado del árbol y del bol, hube de pensar, felizmente, en el viejo año que moría, y que tan bueno ha sido para ti y para mí. En los primeros días de enero era como si hubiera llegado, enferma y cansada, al sol de Italia - ...Cuánto sol de ése había en nuestras charlas y paseos romanos, cuánto en el idilio de Orta, con sus paseos en barca y su monte sacro con sus ruiseñores, cuánto en aquel viaje por Suiza a través del San Gotardo, en los días de Lucerna. Y después... entablamos aquella relación amistosa peculiar, de la que hasta hoy depende todo nuestro modo de vida.» Ninguna palabra sobre Nietzsche --e incluso hacia Rée sólo amistad, pero no amor. Lou Salomé no estaba capacitada (al menos entonces, y todavía durante años), para el amor en toda su profundidad y para la vinculación que supone con el amado. De vez en cuando advirtió que con ello hacía sufrir a otras personas, pero no más. Nunca tuvo un sentimiento de responsabilidad, o culpa, o siquiera compasión.
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AFINIDADES DE NIETSCHE Y LOU
Las afinidadas -subrayadas de continuo tanto por él como por Lou-- existían, y, en parte, eran de peso. Así la temprana pérdida del padre; así el «cosmopolitismo», el europeismo antinacionalista o, al menos, antialemán. Ambos habían perdido pronto la representación infantil de Dios, ambos eran decididos escépticos. Ambos tenían la misma imagen antidealista del mundo, con la consecuencia de que la ética no se podía fundar trascendentemente. Que se podía vivir de modo diametralmente opuesto a la exigencia kantiana «obra de tal modo que puedas querer que tu máxima se convierta en ley universal» es cosa que experimentó Nietzsche por primera vez y con asombro en Lou Salomé, a quien admiraba, y envidiaba, por su «ánimo de león» para tal postura, puesto que él mismo nunca tuvo el valor de chocar claramente contra las convenciones en la praxis de la vida.
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DIFERENCIAS DE NIETZSCHE Y LOU
Nietzsche llevaba en sí la «idea más abismal» (Zaratustra III «El convaleciente»), el dogma del eterno retorno. Sabía que se necesitaba un valor inaudito para lanzar un mito así en medio de una época como la suya, dominada por el materialismo y el positivismo. Nietzsche necesitaba animosos compañeros de lucha, y era lícito que creyera que esa Lou, que se mofaba tan públicamente y sin prejuicios de todas las  convenciones y de todo lo que hasta entonces se había considerado como fundamental en la filosofía, que esa Lou tuviera tatnbién el valor de salir fiador, como su compañera de armas, de «la idea más abismal». Pero justamente aquí, en esta tarea, se rompió el entendimiento, aqui se separaron los espíritus, aquí se manifestaron sus diferencias fundamentales: Lou se reía de tales fantasías.Y ningún otro vínculo pudo unir este desgarro. El misterio del amor quizá hubiera podido conseguirlo, pero - y esto también para decepción de Nietzsche-- ese misterio no existía, al menos, por parte de Lou.Tampoco los unió la música.Ciertamente que a veces llegaron a resultados parciales sorprendentemente parecidos o incluso iguales. Por ejemplo, en la duda sobre Dios o en determinados ámbitos de la ética. Pero se trataba de roces casuales de sus propios caminos, cuyo punto de partida era completamente diferente y cuyas metas estaban excesivamente alejadas una de otra. Curiosamente, la joven Lou Salomé fue quien más pronto y con mayor claridad se dio,cuenta de estas diferencias fundamentales, y no el hombre maduro que quería ser su maestro. En las anotaciones de su diario, que realizó durante las tres semanas de Tautenburg para Paul Rée, analiza su relación con Nietzsche en contraposición a la imagen de Paul Rée, que, por su estilo «científico», estaba ya en principio más próximo a su hábito intelectual. Nietzsche no consiguió nunca, ni siquiera en la intimidad de Tautenburg, atraer a Lou a su órbita, despertar en ella el fuego filosófico que a él lo consumía.
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POESÍA DEDICADA A LOU
Nietzsche plantea a Lou  la auténtica pregunta de confianza, ante la cual Lou debiera decidir manifestarse. La compone en forma de poesía y se la entrega como despedida de Leipzig:

«¡Amiga ---dijo Colón-- no confíes ya
en ningún genovés!
¡Siempre está mirando a lo azul,
lo atrae en exceso lo más lejano!
A quien ama, lo atrae fácilmente
mucho más allá, en el tiempo y el espacio.
Sobre nosotros brilla una estrella al lado de otra, en torno a nosotros brama la eternidad.»

Lou no respondió a este desafío, no se dejó «atraer» más allá, en el espacio y el tiempo, ni a la eternidad sin frontera. Y con ello comenzó la duda a corroer a Nietzsche, y se fue dando cuenta, cada vez más, de la incompatibilidad de sus caracteres y metas, y, por tanto, de sus destinos.
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INSTALACIÓN EN RAPALLO
A Köselitz, el 3 de diciembre, le dice que no quiere «vivir una segunda vez las últimas semanas» y: «Además he pasado más frío que en toda mi vida. Por fin me acogí a un albergue -Albergo della Postal- que está directamente frente al mar, y mi habitación tiene chimenea. Mi reino se extiencle ahora desde Porto Fino hasta Zoagli; vivo en la mitad, es decir en Rapallo, pero mis paseos me llevan diariamente a las citadas fronteras de mi reino. El monte principal de los alrededores, cuya elevación comienza a partir de mi vivienda, se llama 'el monte alegre', Monte Allegro: un buen presagio -espero.»
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CARTA SUPLICANTE A LOU
El 23 de noviembre, escribe de nuevo una carta a Lou, suplicante: «¡Y bien, Lou, corazón querido, haga Usted que el cielo sea limpio! No quiero otra cosa, absolutamente, sino cielo limpio: sino, quiero ya abrirme paso, por duro que sea. Pero un solitario pena terriblemente ante un recelo sobre las pocas personas que ama -...¿Por qué hasta ahora faltó todo tipo de claridad en nuestro trato? Porque yo me tuve que reprimir en exceso: ¡la nube en nuestro horizonte estaba sobre mí!... Amo en Usted cualquier movimiento de su alma superior, no amo en Usted otra cosa que esos movimientos. Renuncio gustosarnente a intimidad y cercanía con tal de poder sólo estar seguro de esto: de que nos sentimos unidos allí donde no llegan las almas vulgares... No se confunda Usted conmigo «¿No creerá Usted de verdad que mi ideal es 'el librepensador'?! Yo soy -¡perdón! Queridísima Lou, sea Usted lo que deba ser.» La llamada quedó sin respuesta, a pesar de que Nietzsche hubo de esperarla nervioso.
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PROYECTOS DE CARTAS PARA RÉE Y LOU
Proyecta entonces carta tras carta a Lou, a Rée, suplicante' acusador, buscando una explicación. Página tras página, va llenando con estos borradores los espacios que habían quedado en blanco en sus cuadernos de notas.Tiene que recurrir a calmantes para conseguir dominar su terrible excitación. A mitad de diciembre vuelve a cobrar ánimo para escribir una carta -la última- a Lou y a Rée juntos: «Si alguna vez, por casualidad, me quitara la vida a causa de un afecto cualquiera, no habría tampoco demasiado que lamentar. ¡Qué os importan a vosotros mis fantasías! (Incluso mis 'verdades' nunca os han importado nada.) Pueden comentar entre ambos cuanto quieran que yo, al fin y al cabo, no soy más que un medio loco que padece de la cabeza y a quien la larga soledad ha hecho desvariar ya totalmente.» »A esta, según pienso, comprensible visión de las cosas, he llegado tras haber tomado -por desesperación- una tremenda dosis de opio. Pero en lugar de haber perdido por ello la razón, me parece que me llega al fm... Amigo Rée, suplique a Lou que me perdone todo -ella también me da todavía una oportunidad de perdonarla. Puesto que hasta ahora aún no le he perdonado nada. Uno perdona a sus amigos mucho más difícilmente que a sus enemigos.» Por fín se convence de la separación. El 25 de diciembre escribe a Overbeck: «Mi relación con Lou está en los últimos y más dolorosos momentos: al menos eso es lo que yo creo hoy. Más tarde, si hay un más tarde, me gustaría decir una palabra al respecto. La compasión, mi querido amigo, es una especie de infierno --,digan lo que digan los seguidores de Schopenhauer.»
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BUSQUEDA DE EXPLICACIONES A LO SUCEDIDO
«Un poema tal como 'en el dolor' resulta una profunda falsedad en su boca.»
«Hoy no le hago a Usted más reproche que el de que Usted no fue conmigo sincera a tiempo sobre sí misma».
«No diga nada en su favor, querida Lou: ya he hecho yo más en su favor de lo que Usted podía --ante mí y ante los demás.»

«Tiene en mí al mejor abogado, pero también al juez más inconmovible! Quiero que Usted misma se juzgue y establezca su pena. Mi querida Lou, ¡tenga Usted cuidado! ¡Si ahora yo la recuso es porque se trata de una terrible censura de todo su modo de ser! Ha tratado Usted con una de las personas mas indulgentes y benévolas: pero note Usted bien que no necesito otro argumento frente a los egoistillas y vividores que el asco.»
«Con respecto a Lou von Salomé» --«Esto es una crueldad del destino, compasión, infierno- --aguante del dolor; -autosuperación- - enorme- ----un cerebro con un apéndice de alma- -carácter del gato- de la fiera que se presenta como animal doméstico-- -lo noble como reminiscencia del trato con personas nobles y una voluntad fuerte, pero sin un gran objeto, sin celo ni limpieza, sin honradez burguesa, sensibilidad horriblemente alterada... Capaz de admiración sin amor por las personas, aunque amor a Dios... sin sentimientos e incapaz de amar... sin agradecimiento, sin vergüenza ante los benefactores... incapaz de la cortesía del corazón... brutal en detalles- --desleal- -no 'brava'-- --grande en asuntos de honor.»
 «En otro tiempo, en Orta, decidí darle a conocer primero toda mi filosofía... creía que no se podía hacer regalo mayor a nadie.»
«¿'Vamos a enemistarnos?... me gustaría un cielo más sereno entre nosotros.»
«¿Qué Piensan, pues, esas muchachitas de 20, qué sentimientos amorosos gratos poseen? ¿y no tienen otra cosa que hacer que estar enfermas aquí y allá y reposar en cama? ¿Ha de ir uno encima tras esas muchachitas para espantarles el aburrimiento y las moscas?»
«No puedo improvisar ahora el perdón, después de que la ofensa tuvo cuatro meses de tiempo para cebarse en mí.»
«Estoy, para hablar como librepensador, en la escuela de los afectos, es decir, los afectos me devoran. Una compasión atroz, una decepción atroz; un sentimiento atroz de orgullo herido -¿cómo lo soporto todavía? ¿No es la compasión un sentimiento que proviene del infierno?... Cada mañana tengo mís dudas de cómo sobreviviré al día. ¿Ya me duermo?... Esta noche voy a tomar tanto opio como para perder la razón.»
«¡Curioso! Tengo una opinión preconcebida sobre Lou: y, a pesar de que he de decir que todas mis experiencias de este verano la contradicen, no me veo libre de esa idea... Propiamente nadie en mi vida se ha comportado tan fearnente conmigo como Lou... No hay duda alguna de cómo trataría yo a un hombre que hablara así a mi hermana sobre mí. En eso soy un soldado y siempre lo seré, yo soy entendido en armas. ¡Pero una muchacha! ¡Y Lou!»
«Me desesperaba ver corromperse a un alma de noble disposición y decir la verdad: en Tautenburg derramé innumerables lágrimas, no por mí, sino por Lou. Fue la compasión la que me jugó esta pasada.»
A Rée: «Por el momento sólo veo que ella no tiene diversión ni buena conversación intelectual: y cuando pienso todavía en las cuestiones morales, entonces, por decirlo con calma, me invade la indignación.»
«La Lou de Orta era otro ser que la que luego volví a encontrar. Un ser sin ideales, sin metas, sin obligaciones, sin vergüenza. ¡Y en los ínfimos peldaños de la moral, a pesar de su buena cabeza! Me llegó a decir a mí mismo que ella no tenía ninguna moral -¡y yo que pensaba que tenía, al igual que yo, una más estricta que nadie!; y que ella la sacrificaba diariamente y cada hora algo de sí misma (y que eso nos daba derecho a pensar sobre la moral).»

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EL FRUTO DEL ZARATHUSTRA
En carta  dirigida a Malwida por año nuevo, afirma:... «Lo que Usted dice del carácter de Lou es verdad, por muy doloroso que me resulte confesarlo. jamás había encontrado un egoísmo tan natural, tan vivaz hasta en los detalles más ínfimos, no mediado por la conciencia, un egoísmo así de feroz... Pero creo, sin embargo, que en ese carácter existe oculta otra posibilidad.. Precisamente en una naturaleza así sería posible un cambio casi repentino y un trastrueque de toda la persona: lo que los cristianos llaman una 'conversión'. La vehemencia de su fuerza de voluntad y su ímpetu son extraordinarios. En su educación han debido someterse fallos garrafales -jamás he conocido una muchacha tan mal educada. Tal como se la ve por el momento, resulta casi la caricatura de lo que yo admiro como ideal--, y ya sabe Usted que es en su ideal donde uno es más sensiblemente mortificado.» En medio, menciona casi con miedo aquello que, al menos, le sirve ahora de consuelo: «Si me quedan todavía amigos, los tengo -¿cómo he de expresarlo?- a pesar de lo que soy o quiero llegar a ser. Así, Usted ha seguido siendo amable conmigo, querida y admirada amiga, y deseo de todo corazón que a cambio le pueda ofrecer algún día, en agradecimiento, un fruto de mi jardín que sea de su gusto.»  El fruto al que se refiere es la obra en la que está trabajando: «Así habló Zaratustra», primera parte.
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MUERTE DE WAGNER EN EL CAFFARO
El 14 de febrero, el manuscrito de la 1ª parte del Zarathustra es enviado al editor Scherneitzner, aún antes de que le llegara de Venecia la noticia de la muerte de Richard Wagner el 13 de febrero. El 14, Nietzsche había ido casualmente a Génova y por la tarde leyó la noticia en el periódico «Caffaro». La impresión fue tan grande que estuvo «algunos días gravemente enfermo», causando «preocupaciones» a sus patronos, como escribe a Köselitz el 19 de febrero.
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REACCION CÍNICA ANTE LA MUERTE DE WAGNER
Nietsche escribe a Kösselitz el 19 de febrero: «Creo, incluso, que la muerte de Wagner es el alivio mayor que podía deparárseme ahora. Fue duro tener que ser durante seis años el enemigo de aquel a quien más se ha admirado, y yo no soy lo suficientemente tosco para ello. ... Por lo demás, viejo amigo, también a Usted se le ha aclarado el cielo con esa muerte. Ahora son posibles diferentes cosas; por ejemplo, que nos sentemos juntos en el 'templo' de Bayreuth para oírle a Usted.» Sin embargo, Nietzsche escribe a Overbeck el 22 de febrero: «Wagner fue, con mucho, el hombre más lleno que conocí, y en ese sentido, desde hace seis años, he padecido una gran carencia. Pero entre nosotros dos hay algo así como una ofensa mortal, y hubiera podido llegar a ser terrible si él hubiera vivido más.»
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NOTICIAS MANIPULADAS SOBRE WAGNER
El 21 de abril se expresa sin reparos ante Kóselitz: «Wagner es rico en malas ocurrencias; pero ¿qué dice Usted del hecho de que intercambiara cartas (incluso con mis médicos) para manifestar su convicción de que mi cambio de modo de pensar se debía a vicios perversos, sugiriendo la pederastria?» Hoy día sabemos, por las cartas ya publicadas de Wagner al Dr. Eiser qué sospecha, o qué temores, abrigaba Wagner, pero a la pederastia no hay la menor referencia. Curt v. Westemhagen, en su libro sobre Wagner de 1956 se apoya en el párrafo de la carta a Overbeck, que era lo único que él conocía, y cree poder deducir la «ofensa mortal» de la correspondencia Wagner-Eiser, que es cinco años anterior de todos modos; respalda esta opinión con las palabras de Wagner de la carta del 23 de octubre de 1877 a Eiser: «Aconséjele eso [una cura de Gráfenburgi, y... sin ocultarle la causa primordial de su mal» (que Wagner sospechaba que era el onanismo).
En este culebrón hay que expresar la fundada sospecha de que fue Elisabeth quien, en su celo por la lucha, superó toda medida, y quien, debido a la decepción por sentirse postergada que había tenido que sufrir en Bayreuth, no sintió ya traba alguna para denigrar ante su hermano no sólo a Lou y -a Rée, sino también a Wagner y a la señora Cosima. Así, al menos, parece seguirse de todo este párrafo (¡que ella no publicó!) (carta de Nietzsche a Köselitz del 21 de abril de 1883): «Considere Usted que yo provengo de círculos donde toda mi evolución se considera recriminable y se la recrimina; fue sólo una consecuencia de que mi madre, el año pasado, me llamara 'afrenta de la familia' y 'una vergüenza para la tumba de mi padre'. Mi
hermana ... me ha declarado su abierta enemistad hasta que emprenda el camino de vuelta y me esfuerce 'en llegar a ser una persona buena y auténtica'. Ambas me consideran un 'egoísta, frío y duro de corazón'; también Lou antes de conocerme más cerca tenía de mí la opinión de que era un carácter vulgar del todo y bajo, 'siempre dispuesto a aprovecharme de los otros para mis fines'; Cosima ha hablado de mí como de un espía que se introduce en la intimidad de otros y que, cuando la tiene, hace de ella lo que quiere.» (A continuación viene el párrafo citado que se refiere a la pretendida sospecha de pederastria por parte de Wagner.) ... «Finalmente: sólo ahora, tras la publicación del Zaratustra, llegará lo peor, dado que con mi 'libro santo' [¡expresión de Köselitz!] he desafiado a todas las religiones.»
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LUCHA DE ELISABETH EN CONTRA DE LOU
A Elisabeth le interesaba, además, poner mal a esa Lou ante los amigos más íntimos de su hermano. En cartas enormemente largas y locuaces, como, por ejemplo, a Ida Overbeck también, desarrollaba su punto de vista sobre la «relación». Según ésta, Lou se había agarrado a su hermano, puro, inocente y ajeno al mundo, lo había perseguido, seduciéndolo con su erudición barata. Es sucia, en sí misma y en su moral, es incapaz de la mínima comprensión siquiera de la filosofía de Nietzsche y, por ello, a sus espaldas y del modo más perverso, lo ridiculiza como persona y como filósofo. Elisabeth se pone a sí misma como la noble sufriente, que siempre ha sacrificado todo por su hermano, que ahora se siente suplantada, traicionada, e incluso escarnecida, por ese engendro mediocre llamado «Lou», y que, por ello, vive deshecha en lágrimas.
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PROBLEMAS DE INSOMNIO PARA NIETZSCHE
El día de Navidad de 1882 escribe a Overbeck: «¡Si por lo menos pudiera dormir! - pero las dosis más fuertes de mis somníferos me ayudan tan poco como mis 6-8 horas de marcha.» Como somnífero usaba el hidrato de cloral, entonces usual (fue sintetizado en 1832 por Liebig), del que gastó 50 gramos durante los meses de diciembre de 1882 y enero de 1883, lo cual se considera una dosis absolutamente soportable, sin efectos nocivos. «No he vuelto ya a dormir sin ese somnífero. Pero últimamente he dormido catorce días seguidos --oh, qué alivio», puede escribir a Overbeck el 1 ó el 2 de febrero.
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RECHAZO A DEDICACIÓN OBRA DE RÉEE
En toda esta situación de sombras rompe un puente más. «He rechazado el que se me dedique la obra capital de Rée 'Historia de la conciencia' y con ello he puesto fin a una relación de la que ha surgido bastante confusión funesta»; y considera esto como «otra liberación». (A Overbeck, marzo de 1883.)
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LA AÑORADA LOU
Refiriéndose al sincero juicio de Köselitz, le escribe el 19 de febrero: «... en determinados casos se trata muy poco de 'con o sin el incentivo del amor', sino de si una persona bien dotada se hunde o no.» Así quería seguir viendo a Lou. También a Overbeck le escribe el 22 de febrero: «Lou es, con mucho, la persona más inteligente que he conocido. Pero etc. etc.» Cada vez iba cristalizando más esta diferenciación: total reconocimiento de su valía intelectual y total rechazo de su carácter, que culminó en la aguda formulación de la carta a Ida Overbeck de principios de agosto de 1883: «... sigue siendo para mí un ser de primera categoría, ¡lástima de él eternamente! Por la energía de su voluntad y la originalidad de su espíritu estaba destinada a algo grande; por su efectiva moralidad pertenecería más bien al correccional o al manicomio. La echo de menos....
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DUDAS SOBRE SU CAPACIDAD DE CREADOR
El 24 de marzo Overbeck recibe estas instructivas líneas: «Por encima de todo otro concepto, yo... tengo uno de la imperfección, de los desaciertos y de los propios infortunios de todo mi pasado intelectual. Ya no hay nada bueno que hacer; no volveré a hacer nada bueno. ¡Para qué hacer algo todavía! - Esto me hace recordar mi última insensatez, me refiero al 'Zaratustra'... Me sucede que cada pocos días lo olvido; estoy expectante por ver si tiene algún valor siquiera - yo mismo, en este invierno, soy incapaz de emitir un juicio y me podría equivocar del modo más absurdo respecto al valor o a la falta de valor.» Vuelven entonces a acrecentarse sus pensamientos acerca de una huida en total soledad a un país donde nadie lo conozca ni nadie lo busque. Piensa en España, y, concretamente, en la ciudad de Barcelona.
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DESAPARECER DE LA ESCENA
En  estos momentos de su vida, Nietzsche desea, pues, «desaparecer», tal como se expresa el 13 de marzo en carta a Overbeck, y cita también el ejemplo con el que se compara. Se trata otra vez, y no será la última vez todavía, ni mucho menos, de Bayreuth, de la casa Wagner, de la cual no puede liberarse: «Malwida acaba de escribirme de la señora Wagner: 'Cosima quiere apartarse del mundo, incluidos todos nosotros, tanto como lo está él, no quiere volver a los amigos, nunca más leer una carta, en una palabra, vivir como una monja, sólo con sus recuerdos y los niños.' Aproximadamente así es como yo quiero hacerlo, aunque no sea por los mismos motivos.» Cosima se había retirado realmente «del mundo» al principio, y sólo volvió a él cuando los acontecimientos en el teatro de Bayreuth, los daños ocasionados por colaboradores rivales -verdaderas luchas de diádocos-, y los peligros que de ahí surgieron para la obra del maestro, la obligaron a intervenir personalmente. Pero entonces tomó las riendas en su mano con una energía y una voluntad férrea tales que -a pesar de todas las críticas, justificadas muchas de ellas-- la mostraron ante todo el mundo como mujer de un formato superior a lo normal, tal como Nietzsche siempre la había visto en privado, la había admirado, y fue atraído y seducido por ella -incluso hasta en los mismos días del inicio de la locura.
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NIETZSCHE  DE MAESTRO
Overbeck, tras las manifestaciones y los planes de Nietzsche, vio claro inmediatamente el peligro que se cernía sobre su amigo. Para librarlo de una absurda caída,  le sugirió un plan para el futuro sabiamente dosificado (escrito el domingo de Pascua, 25 de marzo de 1883): «Tu 'desaparecer, si ha de tener algo en común con el de la señora Wagner, no te proporcionaría ciertamente ninguna satisfacción. Mientras no te propongas metas más firmes para tu vida futura, no veo posibilidad alguna para la tranquilidad que tú tanto necesitas ahora. Y a este propósito te quiero participar una idea que ya he hablado, en referencia a ti, con mi mujer, y que a ambos no nos parece inútil que se meditara. ¿Qué tal si pensaras en volver a ser maestro, no me refiero en la universidad, sino maestro (por ejemplo de alemán) en una escuela superior?... Una vuelta a la juventud te resultará incomparablemente más fácil... Además, tal profesión de maestro es una de aquéllas ---quizá no comparable a ninguna otra en esto-- para las que en estos últimos años no sólo no has perdido tiempo alguno, sino que te has vuelto más maduro. Para un proyecto de ese tipo, en fin, no te faltarían, tampoco externamente... puntos de contacto. Puesto que estoy convencido... de que vendrías aquí. Me doy por satisfecho con estas indicaciones; tú podrás completarlas por tu cuenta, si la idea, así en general, te resulta tan hermosa como yo no puedo menos de desear.»
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PROFECÍA DE NIETZSCHE
A comienzos de abril responde a Overbeck que esa propuesta (ejercer de maestro) era  «con mucho la más aceptable de las propuestas» que se le habían hecho últimamente (¡así pues, mejor que la invitación de Malwida a Roma!), aunque repara: «... esperemos todavía a Zaratustra: me temo que después ninguna autoridad del mundo me querrá tener como maestro de la juventud», ¡cosa que le habían de confirmar pocos meses más tarde las autoridades universitarias de Leipzig!»
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COMPLETAR LA TAREA PRIMORDIAL
El 17 de abril escribe en este sentido a Köselitz. También a Overbeek le explica su decisión: «Este invierno no me ha mantenido en la vida otra cosa que la repentina vuelta a lo que más me importa: mis obligaciones están allí donde he de imponerme las exigencias más dificiles; allí están también mis fuentes vitales. Ser maestro: ah, sí, eso me haría bastante bien ahora... Pero existe algo más importante, frente a lo cual, incluso una profesión provechosa y eficaz como la de maestro, sólo significaría en mi caso un alivio para mi vida, un descanso. Y sólo cuando haya completado mi tarea primordial encontraré la buena conciencia necesaria para llevar una existencia así... - ¿Pero quizá ya la haya completado? Entretanto Zaratustra va mostrándose poco a poco, pliego a pliego.»
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ENTUSIASMO DE KÖSELITZ
La depresión va desapareciendo poco a poco. Pero el paso de las dudas más grandes sobre la obra, sobre el arte de la obra, a aquella confianza que se extiende hasta una inequívoca conciencia de enviado, lo propició Köselitz con su entusiasta asentimiento, al recibir los primeros pliegos de corrección. El 2 de abril escribe: «¡Con cada libro me hace usted más difícil mirar siquiera al orden de las palabras! El magnífico cambio de su espíritu, la fuerza de su lenguaje, la abundancia de invención hasta en los detalles menores, el ardor y la majestad de su sentimiento, me sorprenden, me excitan, vibran todavía en mí, en lo que da de sí mi capacidad... ¡No existe nada igual, porque las metas que usted ofrece no han sido ofrecidas nunca, ni podían ser ofrecidas, a la Humanidad! Hay que desear a este libro la expansión de la Biblia, su visión canónica, sus comentarios.»  Y pocos días más tarde, el 6 de abril-. «¿Bajo qué rúbrica cabe su nuevo libro? - Yo casi creo que bajo la de 'escritos sagrados'»; y el 17 de abril: «¡Es maravilloso!, dicen a menudo los discípulos ante las palabras de Buda. '¡Es maravilloso!', tengo que exclamar yo a menudo, y con mayor motivo que aquéllos, dado que yo le escucho a usted como Zaratustra.»
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CON LA FAMILIA DURISCH
El 14 de junio Nietzsche se puso en camino, solo -y no con la hermana, como dice ella-, hacia el norte. El 15 escribe desde la estación intermedia de Bellaggio, en el lago de Como, a Overbeek y a su hermana. El tiempo es malo, llueve a cántaros, y a pesar de que no se le puede augurar mejor tiempo en la Engadina, donde a causa de la altura hace frío todavía, el 18 de junio se va allí. El 21 de junio informa a la madre y a la hermana (que entretanto ha vuelto a Naumburg, pasando por Basilea, donde visitó a los Overbeck): «Entretanto me ha ido mal. llegué a la Engadina con lluvia y auténticamente helado: algunas horas más tarde Sils-Maria se cubrió de nieve. Me quedé en el hotel hasta el miércoles (20 de junio), visitado por desgracia por fuertes dolores de cabeza... El entorno de la Engadina y todo en ella en general me agrada otra vez extraordinariamente, sigue siendo mi paisaje más querido -pero tiene que hacer más calor.» Nietzsche vive en casa de la familia Durisch, que evidentemente lleva un pequeño negocio, puesto que él puede comprar allí «biscuits ingleses, cornedbeef, té, jabón y en general cualquier cosa». «La gente es tan buena conmigo y se alegran tanto de mi vuelta, especialmente la pequeña Adrienne.»
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ANTISEMITISMO DE SU EDITOR
Pero los problemas con la publicación de la primera parte del Zarathustra seguían. El editor Schmeitzner, de repente, barruntó en el negocio de publicaciones antisemitas un impulso para su editorial, amenazada de ruina, un impulso que las obras de Nietzsche, en cualquier caso, no le habían dado. Todo esto, aderezado con una amarga ironía, se lo comunica Nietzsche el 1 de julio a su amigo Köselitz: «Acabo de saber que Zaratustra espera en Leipzig 'pendiente de envío': incluso los ejemplares de regalo. Ello a causa de 'operaciones muy importantes' y continuos viajes del jefe de la alianza antijudía, el Sr. Schmeitzner: por eso 'la edición, por una vez, tiene que esperar un poco', como él escribe. Es realmente de risa: primero el impedimento cristiano, los 500.000 libros de canto, y ahora el impedimento de la enemiga a los judíos -se trata auténticamente de 'vivencias fundadoras de religión'.» Y con ello comienzan las consideraciones de Nietzsche --que ya nunca se interrumpirían, volviéndose además cada vez más incisivas- en contra del antisemitismo, que florecía enormemente desde hacía unos años y que, para su desazón, él habría de vivir en su futuro cuñado, fomentado y puesto en práctica.
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SEGUNDA PARTE DEL ZARATHUSTRA
El 13 de julio de 1883 escribe a Köselitz: «Ya tengo tras de mí el segundo verso - y ahora que está acabado me estremece la dificultad que he superado sin haber reparado en ella. Desde mi última carta (el 1 de julio) me encuentro mejor y más animoso; concebí de una vez la segunda parte de Zaratustra - y tras la concepción también el nacimiento: todo con la mayor vehemencia. (En tal ocasión me ha venido la idea de que probablemente muera un día en una expansión y explosión de sentimiento así. ¡que me lleve el diablo!) El manuscrito para la imprenta estará listo pasado mañana, sólo faltan ya los últimos 5 apartados; y mis ojos trazan límites a mi 'aplicación'... Se trataba primordialmente de obligarle hasta el segundo peldaño y, desde allí, alcanzar todavía el tercero (cuyo nombre es 'Mediodía y eternidad': ¡esto ya se lo dije a Usted una vez! ¡Pero le ruego encarecidamente que no diga nada a nadie al respecto! Para la tercera parte voy a concederme tiempo, quizá años--).» No pasarían años, sino sólo seis meses, hasta la primera mitad de enero de 1884.
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DESPRESTIGIO DE ELISABETH CONTRA LOU
Elisabeth no había renunciado a su plan de exorcizar a la odiada Lou.Ya a finales de noviembre de 1882, Nietzsche había escrito a Malwida von Meysenbug: «Mi hermana considera a Lou como un bicho venenoso a quien habría que destruir a toda costa -y trata de hacerlo además.»
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NIETZSCHE INTENTA OLVIDAR Y SE SIENTE AGOTADO
Toda esta situación Nietzsche la vive alterado. Un párrafo (suprimido por Köselitz) de su carta del 26 de agosto de 1883 a Köselitz manifiesta estremecedorarnente lo próximo que se sentía ya en ese verano del derrumbamiento total: «El curioso peligro que corro este verano se llama -para no retroceder ante la temida palabra-- locura, y de igual modo que el invierno pasado, contra todo pronóstico, cogí una fiebre nerviosa realmente larga -¡yo, que nunca había tenido fiebres-, podría suceder también algo que jamás he creído me sucediera a mí: que pierda la razón.» En su desesperanzada situación ya se había confiado antes a la esposa del amigo, Ida Overbeck, hasta el punto de que pudo escribirle a mitad de julio: ... Pero así, me sobrevino una especie de locura; y ya no puede arreglarse en modo alguno el hecho de que mi fantasía y mi compasión hubieran de debatirse durante un año aproximadamente en el fango de esas experiencias. Creo que he soportado ya más de lo suficiente, cinco veces más de lo que a una persona normal la lleva al suicidio: y todavía no ha acabado... Ahora vuelven a estas cosas. Mi hermana quiere tomar venganza de aquella rusa -está bien, pero hasta ahora he sido yo la víctima de todo el asunto. No se da cuenta de que falta apenas una pulgada para el derramamiento de sangre y para las más brutales posibilidades -y trabajo y vivo aquí arriba este verano como 'alguien que hace testamento'. -De hecho, sin los objetivos de mi trabajo, y la inexorabilidad de esos objetivos, ya no viviría. En ese sentido, el salvador de mi vida se llama Zaratustra, mi hijo Zaratustra.»
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EL ANTISEMITA FÖRSTER:
Förster era un conocido, por no decir tristemente conocido, antisemita, uno de los mayores impulsores de ese movimiento político desde 1880. Ese partido había sido duramente marcado en los últimos tiempos por penosos sucesos. Förster mismo había estado mezclado en una pelea y hubo de abandonar su puesto como profesor de Instituto en Berlín. Había disputas en el partido, desavenencias personales y de tipo más profundo también, de modo que a Förster le pareció oportuno desaparecer durante algún tiempo. En febrero de 1883 se fue a Sudamérica, al Río de la Plata, para investigar qué posibilidades había allí para una colonia alemana. Nietzsche creía ahora que Förster se había separado del partido antisemita y que, sin prejuicios ideológicos, se dedicaba a una obra meramente colonial. Así, escribe a la hermana: «Felicito sinceratnente al Dr. Förster por haber abandonado a tiempo Europa y la cuestión judía. ¡Puesto que pobre partido el que como éste se ve obligado, tras una existencia tan corta, a apuntar en su cuenta un proceso como el de Tisza! Sí, cuando la nobleza más degenerada del mundo, la húngara, pertenece a un partido, entonces todo está perdido.»
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CURSOS DE FILOSOFÍA EN LEIPZIG
Varias veces Nietzsche había pedido a sus amigos que le encontraran algo que lo «rescatara», una actividad que, por su «obligatoriedad», lo sacara fuera de las cavilaciones, de las pasiones tornadizas y autodestructivas que se habían seguido del conflicto Lou-Rée, de las tensiones familiares y del peso de sus pensamientos filosóficos, y lo asimilara a un programa científico menos cargado emocionalmente. Se hicieron tanteos, con el catedrático de Filosofía Heinze de Leipzig,  para que Nietzsche pudiera impartir allí un curso el próximo semestre de invierno. El 16 de agosto hace partícipe del plan a Köselitz: «Cuando no estoy enfermo o medio loco, lo cual sucede también, me entretengo pensando en una disertación que quiero mantener este otoño en la universidad de Leipzig: el tema es 'Los griegos como conocedores de los hombres'. Ya he dado el primer paso para impartir lecciones en esa universidad -primero, durante cuatro semestres, una descripción de la 'cultura griega' -para la que me he hecho aquí un proyecto.»
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NIETSCHE ALGO INSOPORTABLE PARA LEIPZIG
Pero en Leipzig no quiere oírse nada de ello; el autor del «Zaratustra», el «Anticristo», ya no resulta soportable para la Universidad de Leipzig. Cuando regresó de Schuls a Sils, Nietzsche encontró una carta sobre la que informa a Köselitz ya el mismo día (el 26 de agosto): «La idea del curso en Leipzig fue una idea desesperada, - quise distraerme por medio del trabajo diario más duro, y no verme devuelto a mis tareas definitivas. Pero la idea ya ha sido abandonada: y Heinze, el rector actual de la universidad, me ha aclarado las cosas al respecto advirtiéndome que mi solicitud fracasaría (igual que en todas las universidades alemanas); la Facultad no se atrevería a proponerme al Ministerio -a causa de mi postura frente al cristianismo y a la idea de Dios.»
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ANIMO ELEVADO ANTE LA NEGATIVA DE LEIPZIG
De este modo le afecta a Nietzsche la negativa de Leipzig: «¡Bravo! Este modo de ver las cosas me devolvió mi ánimo.» Nietzsche recibe también la primera recensión del Zaratustra. A Overbeck (y de modo parecido también a Köselitz) le informa triunfante: «Lo que me causa placer es ver que ya este primer lector ha sentido de lo que aquí se trata.- del 'Anticristo', anunciado desde antiguo. Desde Voltaire no había sucedido un atentado así contra el cristianismo -y, para decir la verdad, tampoco Voltaire tenía idea de que se le pudiera atacar así.»
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TERCERA PARTE DEL ZARATHUSTRA
Nietzsche sigue  dando vueltas en su cabeza a los proyectos que ya desde Sils (el 3 de septiembre) había anunciado a Köselitz: «Por lo demás, tengo que notificarle, no sin pesadumbre, que ahora, con la tercera parte, el pobre Zaratustra ha entrado en un camino oscuro -tanto que Schopenhauer y Leonardi sólo parecerán principiantes y bisoños frente a su 'pesimismo'... Quizá redacte mientras tanto algo teórico; mis notas para ello tienen ahora el título 'la inocencia del devenir'. Un indicador de la salvación de la moral.»
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DIFERENCIAS ENTRE LO FUERTE Y LO DEBIL
Por esta época es cuando aparece por primera vez la expresión de que hay que establecer de nuevo todos los valores, así como la diferenciación fundamental entre «fuerte-débil», en vez de entre «bueno-malo». «Distingo sobre todo entre personas fuertes y débiles -aquellas que son llamadas a dominar, y aquéllas que lo son a servir y obedecer, a la 'entrega'.» (A la hermana, noviembre de 1883.) Y continúa:...«Lo que hasta ahora me ha hecho bien ha sido la visión de personas con una gran voluntad - ... que son sinceras para no creer en nada mejor que en sí mismos y en su voluntad, para imprimir eso mismo en las personas para todo, todo tiempo. ¡Perdón! Lo que me atraía de Richard Wagner era esto; en él vivía Schopenhauer sólo en un sentimiento así. Y de nuevo perdón, si añado que el año pasado yo creí haber encontrado un ser de esa naturaleza, a saber, la señorita Salomé; la borré de mi vida cuando me di cuenta, por fin, de que ella no quería otra cosa que hacerse, a su modo, una vida cómoda, y que la magnífica energía de su voluntad sólo iba dirigida a un objetivo tan modesto ---en una palabra, que ella pertenece a la especie Rée. (Quiero añadir todavía, en honor a la justicia, que ella, al igual que Rée, posee una cualidad muy atractiva para mí, a saber, ser en relación consigo, con los motivos de su obrar, etc., de una total desvergüenza. ¿Sabes? En cada época apenas vivirán 5 personas que tengan esa cualidad y posean suficiente espíritu a la vez para poderse expresar. (A ellas pertenecía Napoleón.)»
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EL ZARATUSTRA COMO SINFONÍA
Para muchos el Zarathustra se correponde con la estructura clásica de una sinfonía: cuatro partes con una introducción. Además, Nietzsche afirma muchas veces que está construyendo una sinfonía. Por eso muchos piensan que Nietzsche compuso un «Poema sinfónico». Esto podría percibirse en la estructura que presenta la obra: Introducción 26 páginas, Parte I 86, Parte II 102 (+16), Parte III 118 (+16), Parte IV 134 (+16); Nietzsche, por tanto, sigue la «Ley de los miembros crecientes», tal como en 1909 la formulara Otto Behaghel para la poesía desde Homero y para la prosa desde Herodoto. También Nietzsche ahora -más bien intuitivamente, como todos sus predecesores- sigue esa norma en el Zaratustra con desconcertante precisión: 16 páginas cada vez, es decir, un pliego. Ese mismo crecimiento externo deja notarse también en los diferentes apartados de las partes. En la parte I los «discursos» ocupan, por término medio, 3-4 páginas, en la parte II 4-5, en la parte III 5-7 (en la que el apartado «Sobre viejas y nuevas tablas», con sus 27 páginas y dividido en 30 parágrafos, ocupa un lugar especial). La parte IV, finalmente, muestra las mayores variaciones formales, que sin embargo, se mueven fundamentalmente entre las 6-9 páginas. Sabemos que Nietzsche hizo proyectos de libros que sólo ofrecen el número de páginas y de pliegos. Se trata aquí de una base teórico-musical, de una arquitectura musical.
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EL ZARATUSTRA COMO LIBRO SAGRADO
 Köselitz coloca el libro en la serie de los «escritos sagrados», apartándolo con ello tanto del arte como de la filosofia. Para él las sentencias de Nietzsche son auténticos dogmas. Y con ello comienza la fatalidad para la comprensión de Nietzsche, fatalidad que continuó siendo alimentada por el Archivo de Nietzsche.

¿Al lado de qué sagradas escrituras habría que colocar al Zaratustra?

Ciertamente no junto al Nuevo Testamento, a pesar de que la cuarta parte, sobre todo con sus desagradables parodias, tiene cierta relación, aunque negativa, con él. Formalmente no puede hacerse un paralelo entre las cuatro partes del Zaratustra y los cuatro evangelios; tampoco con respecto a la trama de la acción. Los cuatro evangelios, cada uno a su manera, toman todos, cuatro veces, la misma historia desde el principio hasta el final, mientras que las cuatro partes del Zaratustra se ordenan todas al hilo de una sola narración. El Zaratustra, por su contenido, no puede representar tampoco un «sustituto de la Biblia» o un «rival» suyo, ni fue concebido como tal; no es un libro de religión, sigue siendo filosofía. La religión afirma como «Verdades» conocimientos intelectuales y exige fe en ellos. La filosofía pregunta, ella misma se cuestiona a sí misma con sus afirmaciones; no pide fe, sino convencimiento por la ratio. También el Zaratustra cuestiona, e incluso previene contra la fe, así, por ejemplo, al final de la parte: «Vosotros me veneráis, pero ¿qué ocurrirá si un día vuestra veneración se derrumba? ¡Tened cuidado de que no os aplaste una estatua! -¿Decís que creéis en Zaratustra? ¡Pero qué importa Zaratustra! Sois mis creyentes: ¡pero qué importan todos los creyentes! -Todavía no os habíais buscado cuando ya me encontrasteis a mí. Eso es lo que hacen todos los creyentes; por eso vale tan poco cualquier fe.»
En las últimas palabras que escribe en la tarjeta postal del 17 de abril de 1883 Köselitz descubre cuáles pudieran ser los «escritos sagrados» a los que se refiere, en cualquier caso, comparativamente: «¡Alabado sea él, el bienaventurado, el santo, el iluminado total! -con estos apóstrofes tan budistas,sin ser budista,le saluda con la devoción de un discípulo- su agradecido Köselitz.» Se manifiesta en esto el recuerdo de Köselitz de su semestre en Basilea durante el invierno de 1875-76. En aquella ocasión Nietzsche dictó un curso sobre «arcaísmos de la cultura religiosa de los griegos». El material de base de sus «investigaciones» era la obra de Friedrich Creuzer «Simbólica y mitología de los pueblos antiguos», cuya tercera edición (1836-43) poseía Nietzsche. En ella se expone detalladamente a Zoroastro. Parece que en esa obra produjeron admiración en Nietzsche, y, sobre todo a su alumno Köselitz, las partes sobre Buda. Ese interés fue alimentado por una obra que le regaló Gersdorff, a quien Nietzsche da las gracias el 13 de diciembre de 1875: «Tus libros: ¡cuando se tienen amigos que sienten tanto con uno, hay que conservar el buen ánimo! De verdad, el hermoso instinto de tu amistad me maravilla... El que tú hayas caído justamente en estos aforismos indios cuando yo, en los dos últimos meses, con sed creciente, he vuelto mi vista hacia la India. Tomé prestado del..., Sr. Widemann la traducción inglesa de los Sutta Nipáta, algo de los libros sagrados de los budistas.» En defintiva según esta interpretación, el punto de contacto externo y formal es, sobre todo, la construcción de la obra en «discursos». Aquí los discursos de Zaratustra y allí los de Gautama Buda. Esa misma impresión ofrece Lou Salomé en 1882 en su nota: «Veremos todavía que aparece como predicador de una nueva religión.»
Pero existe un problema en relación con esta interpretación. Parece que nunca llamó la atención de Köselitz el hecho de que en el título de la obra aparezca el nombre del fundador religioso persa, que predica un dualismo -estableciendo dos fuerzas metafísicas contrarias-, lo que representa la mayor oposición posible a la posición filosófica de Nietzsche. El veía a Buda y a Zaratustra como personajes muy semejantes y le pareció un motivo suficiente para el paralelismo, el que tanto en uno como en otro se encontraran discursos, aunque incluso en esto se confundió también. Los títulos de los discursos son, en su mayoría, de la forma: «De ... », cuyo modelo son los muchos títulos de tratados de la filosofía presocrática de la forma: peri tou. Y la fórmula «Así habló ... » es la traducción del «tade» o del «ode legei ... » Esto nos lleva a tener que situar otra vez los puntos de referencia  en la tradición filosófica griega, y esto no sólo para el título, sino también para la figura del «héroe del título». En este aspecto parece que el recuerdo más fuerte se dirige hacia el filósofo, predicador itinerante y médico, rodeado de leyendas, Empédocles, del que se han conservado grandes partes de un poema didáctico -conocido también de Nietzsche-- en hexámetros. Aunque Empédocles no proporcionara el título para la obra de Nietzsche, esa figura presocrática, sin embargo, está presente en la obra de Nietzsche junto con su herencia: la inextricable mezcla de ciencia natural, filosofía natural jónica y misticismo pitagórico-eleático. Ya el primer comentarista de Zaratustra, Gustav Naumann, se refirió a esto en 1899. El ve en el fragmento de Empédocles, de Nietzsche, la forma preexistente del Zaratustra. Y con ello la obra vuelve a colocarse en otro contexto formal diferente: el de la antigua tradición del poema didáctico.

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EL ZARATUSTRA Y EL PROMETEO DE CARL SPITTELER
El poema «Prometeo» de Carl Spitteler, apareció a fines de 1880 bajo el pseudónimo de Félix Tandem. No existe ninguna prueba que demuestre que Nietzsche conociera esta obra durante la época de concepción del Zaratustra.

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CREENCIA DE SPITTELER
Pero Spitteler sí parece que creyó que Nietzsche conocía su obra: «... que inmediatamente después de la aparición del libro,o sea en enero de 1881, junto a otros escritores, fueron antiguos discípulos de Nietzsche los que especialmente se entusiasmaron con el libro. 'Hay que enviárselo, sea como sea, a Nietzsche', se decía... Yo se lo prohibí terminantemente a cualquiera... ¿pero no se lo enviarían a pesar de todo? Yo no sé nada al respecto, tampoco ninguno de mis conocidos sabe algo. Pero si se me pregunta cuál es mi opinión con respecto a esa posibilidad... respondo: no sólo me parece posible, sino probable... resultaría una casualidad extraña que Nietzsche no hubiera conocido el libro ya entonces (1881 o1882). Hay que darse cuenta de que, a pesar del silencio de la prensa, el 'Prometeo' alcanzó una extraordinaria consideración en los círculos más elevados del mundo intelectual y literario de Suiza. La fama de que se trataba de un libro sorprendente y misterioso, de estilo bíblico, fue extendiéndose desde febrero de 1881 entre las personas más significativas de la Suiza alemana. Numerosos escritores célebres, así como los directores de orquesta más reconocidos en Berna, Basilea y Zürich, tuvieron el libro en sus manos. Era conocido en las Universidades suizas... A Jacob Burckhardt, catedrático de Basilea, se lo envié yo mismo.» ¿Y Nietzsche, catedrático de Basilea, en contacto con todos los hombres famosos de Suiza, no iba a haber recibido ninguna noticia de ello? Ya me he referido a cómo entre los primerísimos lectores y admiradores del libro se encontraban algunos antiguos discípulos y fieles seguidores de Nietzsche; entre ellos, basileos que hacían a su querido maestro visitas de gratitud y de homenaje. ¿Qué es, pues, más probable? ¿Que esos discípulos de Nietzsche guardaran silencio al respecto, o que alguno de ellos... le hiciera reparar en ello? Además... que ningún librero de Basilea... enviara el nuevo libro a casa del Sr. Prof. Dr. Friedrich Nietzsche para presentárselo...? ... Me parece oír a Jacob Burckhardt, en conversación con Nietzsche, cómo incidentalrnente le dice: '¿Por qué no echa una ojeada ocasionalrnente a esto si tiene tiempo? Quizá consiga Usted entenderlo, a mí me resulta imposible.' Finalmente: En el otoño de 1881, inmediatamente después de la aparición de la segunda parte, el 'Bund' de Berna sacó una larga reseña del libro; Nietzsche leía con gusto el 'Bund'. En el periódico más leído de Basilea, el 'Basler Nachrichten', el Prof. Stephan Bom, es decir, un colega de Nietzsche en la universidad de Basilea, se refirió a la obra con palabras de loa. Por decirlo otra vez:... sería asombroso que el libro se le hubiera escapado entonces ... »
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TESIS DE WEINGARTNER
Continúa afirmando Spitteler: «Según mis noticias fue Weingartner el primero que, clara y decididamente, para gran sorpresa mía, manifestó públicamente su firme convicción de que en el 'Zaratustra' de Nietzsche podían reconocerse, sin duda alguna, huellas claras de un gran influjo del 'Prometheus', de Tandem.» El músico Felix Weingartner (1836-1942) se había entusiasmado tanto con el poema de Spitteler que en 1904 publicó un pequeño librito titulado: «Carl Spitteler. Una experiencia artística» Allí escribe: «La forma del poema entero es épica, el lenguaje elevado siempre rítmicamente, prosa bíblica diría yo. Sólo hay una obra que pueda ponerse en comparación con ella, a saber 'Así habló Zaratustra', y fundamentalmente por razón de que Nietzsebe conoció el 'Prometeo' de Spitteler, aparecido en el año 1881, y... fue visiblemente influenciado por él. Esto no sólo se manifiesta en el hecho de que en ambas obras el héroe se acompañe de dos figuras de animales: Prometeo, del león y del perrito; Zaratustra, del águila y la serpiente, sino también, repetidamente, en los procesos de ideas, en las imágenes del lenguaje. A pesar, sin embargo, de las semejanzas debidas a este influjo, entre ambas obras se dan las diferencias más profundas. Nietzsche se esfuerza por vestir sus objetivos filosóficos de formas poéticas... -Nietzsche es un poeta aparente; Spitteler, real.»
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PRUEBAS ENDEBLES
Por desgracia, Weingartner no da prueba alguna para su estricta afirmación de que «Nietzsche conoció el 'Prometeo' de Spitteler, aparecido en el año 1881». Se funda en una suposición que no es verdadera, a saber, que Nietzsche en 1881 era todavía catedrático en Basilea, que estaba en contacto con sus alumnos, que conversaba con Jacob Burckhardt y que los libreros basileos acostumbraban a enviar a casa al catedrático las novedades editoriales interesantes, para su presentación. Nietzsche había dejado dos años antes su cátedra y abandonado Basilea. Ya no mantenía contactos directos con sus antiguos alumnos, excepto con Köselitz (quien desde 1876, sin embargo, no estaba en Basilea). En la correspondencia con ambos, durante la época de Zaratustra, no se encuentra mención alguna de Spitteler. Con Jacob Burckhardt llegó todavía a algún contacto epistolar eventual -y tampoco  en él se hace mención alguna de Spitteler-, pero no a un contacto personal. ¿Y los libreros? Los lugares de residencia de Nietzsche les resultaban desconocidos, tenían que serles desconocidos, puesto que la propia hermana no siempre sabía exactamente dónde se encontraba en un momento determinado. Incluso a Overbeck (como también a casa) la mayoría de las veces sólo le indicaba direcciones de «poste restante».
Recordemos rápidamente esa época: el invierno de 1880-81 lo pasó Nietzsche en Génova, ocupado en la elaboración de «Aurora». El 1 de mayo se va a Recoaro, donde se encuentra con Köselitz. Desde aquí, el 2 de julio, se va directamente a la Engadina. A comienzos de 1881 es cuando fija él ya por primera vez la idea y el plan del Zaratustra «En sus lecturas el peso fundamental está en escritos de ciencia natural y en filosofía positivista: Robert Mayer, Dühríng, Spir, Boscovich, y además el «Spinoza» de Kuno Fischer. Las bellas letras están representadas por «Enrique el verde», de Gottfried Keller. Musicalmente lo subyuga «Carmen», con lo que el alejamiento de Wagner alcanza un estadio agudo. En todo ello no hay lugar alguno para el «Prometeo», de Spitteler; tampoco se da ninguna otra relación con la vida literaria o artística suiza.

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OTRAS FUENTES
Weingartner, sin embargo, ofrece una indicación que da que pensar: el paralelismo de los animales acompañantes: en Spitteler el león y el perrito, en Nietzsche el águila y la serpiente. El problema reside, sin embargo, que las fuentes de los animales de Nietzsche hay que buscarlas en otro lugar, debiendo necesariamente recurrir a «The Revolt of Islam» de Shelley (donde aparecen directamente el águila y la serpiente). Esta es una obra que Nietzsche conocía en la traducción de J. Seybt. Como alumno de Pforta había deseado esa obra en las Navidades de 1861. En la biblioteca dejada por Nietzsche es verdad que sólo se encuentra la obra «Pomas elegidos de Shelley», de Adolf Strodtmann, que no incluye «La rebelión del Islam», pero, sin embargo, el deseo de 1861 de poseer la traducción de Seybt claramente hubo de surgir del conocimiento de esa obra. El conocimiento del amigo de Byron, P. B. Shelley (1792-1822; «The Revolt of Islam» 1817) se debía a la admiración por Byron que Nietzsche había traspasado también a otros. En cartas de Gerssdorff (16 de septiembre de 1877) y Köselitz (13 de marzo de 1879) se cita a Shelley como alguien conocido y obviamente familiar. Podría ser posible, por tanto, que algunas imágenes de ese poema siguieran actuando en el Zaratustra. En la introducción autobiográfica de Shelley leemos: «El peligro que reside en el borde de los abismos ha sido mi compañero», y en el primer canto:

«Me desperté de un sueño profundo y subí
un brusco acantilado a orillas del mar,
cuyo pie estaba minado por la caída de las olas»,

trás lo cual Shelley describe la lucha de la luz niebla y la tempestad; con la estrofa 8:

«Y en el aire vi un águila,
a quien ceñía el anillado cuerpo de una serpiente»,

Shelley introduce los animales simbólicos, en cuya lucha indecisa se manifiesta el antagonismo, asimismo indeciso, entre bien y mal.
Con menor claridad, pero imposible de no reconocer en detalles aislados, viene a la memoria un poema coetáneo que Nietzsche, pocos años antes, había sobrevalorado tanto al menos como el genio compositor de su amigo Kóselitz: «El Prometeo desencadenado» de Siegfried Lipiner. Imágenes como esta:

«Allí, en las rocas, solitario, está sentado un hombre,
profundamente entregado a la meditación, soportando con la mano la cabeza, reflexivamente inclinada hacia adelante»,
O COMO CUANDO DICE:
«Pecarás tranquilamente, sobrio,
con sentido despreocupadamente consciente, con ceñudas miradas,
y sonriendo - ja....»

No deja de resultar irónico el hecho de que la tristemente célebre «bestia rubia», que tanto se ha achacado a Nietzsche, puede remitirse, en cualquier caso, a la imagen de Lipiner del héroe transgresor «tranquilo»«sonriente.»
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EL PERSONAJE ZARATUSTRA
En el semestre de invierno de 1875-76, Nietzsche había impartido un curso de tres horas semanales sobre los arcaísmos de la cultura religiosa de los griegos, curso que, tras su año de vacación, continuó o, más bien, repitió en el semestre de invierno de 1877-78. Para prepararlo se había basado, entre otras cosas, en la «Simbólica» de Friedrich Creuzer. Ya en 1871, mientras trabajaba en el «Nacirniento de la tragedia», había sacado la obra de cuatro tomos de la biblioteca de la Universidad de Basilea y más tarde la adquirió él mismo. En ella se encuentra una amplia exposición de la «religión irania», es decir del Zend-Avesta, con amplio uso de textos -bien conocidos por Nietzsche- de autores griegos como Herodoto, Platón, Diógenes Laercio y Plutarco. De acuerdo con ello, Creuzer usa la mayoría de las veces la forma griega del nombre del fundador religioso persa «Zoroaster», aunque conoce también las formas Zaretoschtro -Zeratuscht, que traduce como «Estrella de oro» «--Estrella del fulgor» o como «el que destella oro», interpretaciones que la moderna iranística ha vuelto a poner fuertemente en duda, pero que entusiasmaban a Nietzsche. Parece que conoció esa significación sólo más tarde, según escribe el 23 de abril de 1883 a Kóselitz: «Hoy he aprendido casualmente qué significa 'Zaratustra': a saber 'Estrella de oro'. Este hecho casual me hizo feliz. Se podría pensar que toda la concepción de mi librito tiene su raíz en esa etimología: pero hasta hoy no supe nada de ello.» Después de todo sus lecturas de la obra de Creuzer habían tenido lugar siete años antes, lo que podría explicar que ya no recordara ese detalle -pero el párrafo epistolar indica que durante el trabajo en el Zaratustra vuelve a consultar la obra de Creuzer, de la que en otro tiempo le había surgido tan sugestivamente la figura de Zaratustra y su doctrina.
Hay, empero, otras imágenes de la exposición de Creuzer que pudieron haber influido; así, por ejemplo, cuando éste escribe: «Zoroaster se retira a los montes Albruz y se dedica allí totalmente a la meditación y a la oración.» En el caso de Nietzsche aparece en el proemio: «... fue a los montes. Allí gozó de su espíritu y de su soledad, y no se cansó de ello durante diez años.» Nietzsche-Zaratustra sale de su cueva e invoca al sol. Zoroastro es un adorador del sol y dispone una cueva como imagen del mundo, en cuya entrada se consuma la ofrenda de un toro. Pero Creuzer también habla de una ofrenda de miel a Mitra.

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ZARATHUSTRA EN EL ECCE HOMO
¿Qué fue lo que pudo mover a Nietzsche a hacer precisamente de este fundador religioso persa, más bien lejano a todo su modo de ser y a su formación, el abanderado de su obra?
Nietzcshe, en su última noticia retrospectiva, en el capítulo del «Ecce homo» «Por qué soy un destino» (Apartado 3), ofrece una explicación que tampoco es totalmente convincente, si se tiene en cuenta la época de su redacción y el lugar, el «Ecce homo» precisamente, «No se me ha preguntado, debería habérseme preguntado, que significa precisamente en mi boca, en la boca del primer inmoralista, qué significa el nombre Zaratustra: puesto que lo que constituye la tremenda singularidad de ese persa en la historia es justamente lo contrario. Zaratustra fue el primero que vio en la lucha del bien y del mal la auténtica rueda del movimiento de las cosas - la traducción de la moral en lo metafísico, como fuerza, causa, fin en sí mismo, es obra suya. Pero esa pregunta sería ya, en el fondo, la respuesta. Zaratustra creó ese error, el más funesto de todos, la moral: en consecuencia, también él ha de ser el primero que lo reconozca.» La idea de que es un atributo de grandeza el poder retractarse a sí mismo, a su propia doctrina, se encuentra en Zaratustra I « En verdad, demasiado pronto murió aquel hebreo... creedme....él mismo se hubiera retractado de su doctrina si hubiera llegado a mi edad!  ¡Era suficientemente noble para retractarse! »

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ZARATUSTRA EN SU CONTEXTO
Zoroaster es  profeta de Dios, organizador de la liturgia, con el objetivo de ser «intermediario» entre Ormuz, el principio del bien, experimentado en la luz del sol y cuyo animal simbólico es el águila real, y Ahriman, el principio del mal, experimentado en las tinieblas y cuyo animal simbólico es la serpiente. Nietzsche-Zaratustra consiguió la conciliación de los principios antagónicos, tarea que había planteado la religión persa: él está más allá del bien y del mal. Los dos animales simbólicos, que todavía en Shelley luchan y se despedazan entre ellos, rodean a Nietzsche- Zaratustra como pacíficos,unas veces meditabundos y otras curiosos,animales de acompañamiento, que reposan, reconciliados, a sus pies.
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EL ETERNO RETORNO SEGÚN STEINER
Ya en 1895- Rudolf Steiner pensó que la idea del «eterno retorno» habría surgido como contrapuesta de las lecturas de Nietzsche del «Curso de filosofía» de Dühring, aparecido en 1875.
Steiner había recibido de Elisabeth Förster el encargo de ordenar en el recién fundado Archivo de Nietzsche los libros dejados por éste. Al hacerlo notó cómo la obra de Düring mostraba huellas de haber sido especialmente usada. Hojeándola llegó a la página 84, donde Dühring expone la idea del «eterno retorno» y su refutación científico-natural. En esta parte Nietzsche había hecho señales y observaciones.

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TESTIMONIOS EN RELACIÓN CON EL ETERNO RETORNO
En 1899 Gustav Naumann se opuso fuertemente a la opinión de Steiner de que Nietzsche había llegado desde ahí a sus ideas. Dühring había sido un pensador excesivamente mediocre como para que Nietzsche se hubiera dejado influir por él de ese modo. Naumann se refiere a otras posibles fuentes. Y esas «otras fuentes» están de nuevo en la antigüedad. Por ejemplo, encontramos la idea del eterno retorno en el pensamiento pitagótico contra el que ya polemizó el discípulo de Aristóteles, Eudemo. Éste cita a un pitagórico que, al parecer, dijo: «volveré a enseñar así, manteniendo este bastón ante vosotros que estáis aquí sentados». También la física estoica, con su doctrina de las periódicas destrucciones del mundo por el fuego y sus resurgirnientos, está muy próxima a este supuesto del eterno retorno. En los últimos tiempos se ha considerado un posible influjo de la doctrina del karma, que Nietzsche debía de conocer por su estudio de escritos indios.
Mi hijo Zaratustra
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SOBRE EL SUPERHOMBRE
Desde Naumann siempre se ha recordado cómo la expresión «superhombre» ya aparece en Novalis, Heine y Goethe. En sus fundamentos la idea ya está esbozada en el platonismo. Nietzsche mismo remite a esta fuente en un apunte de los años ochenta, donde él reproduce, recortándolo tendenciosamente, un párrafo platónico (Theages 126ª): «Cada uno de nosotros desea, en lo posible, ser el señor de todos los hombres, y preferiblemente dios.» En la formulación plotínica posterior la idea se lleva hasta sus últitnas consecuencias: el anhelo y la tarea de los que filosofan es volverse «semejantes a Dios»
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DIFICULATADES DE INTERPRETACIÓN
El Zarathustra presenta muchas dificultades de comprensión y se convierte, por ello, en una fuente de malentendidos. Nietzsche mismo se dio cuenta de este problema -y no pudo solucionarlo- y expidió el «Zaratustra» a la luz pública como «un libro para todos y para ninguno».
Las dos ideas filosóficas fundamentales de la obra dan pie a una interpretación poco unitaria. El
superhombre puede entenderse muy bien como un proyecto racial a fundar científico -naturaltnente, en la línea de Darwin; aunque no siguiendo el principio de Darwin de la selección mecánica, sino la híbrida idea de que el hombre es capaz de dirigir su futuro corporal, específico, y planificarse a sí mismo. Y sin embargo -la antropología remite a una evolución de millones de años hasta la formación de nuestro tipo humano actual-- ¿por qué no podría alcanzarse quizá en cien años un nivel inmediatamente «superior»? La cuestión sigue siendo, de todos modos, si eso depende de nuestra voluntad, si nuestra decisión actual de mejorar la especie puede tener siquiera influjo en tales espacios de tiempo. El postulado del cultivo del superhombre puede ser entendido igualmente sólo al nivel del espíritu, a saber: con el objetivo de elevar hasta su total y último nivel, en un esfuerzo extremo de concentración, las potencias y las posibilidades del occidente espiritual, fundado en la filosofía griega y en la idiosincrasia griega en general. Después de que «Dios ha muerto» el espacio hacia arriba está libre, el hombre es provisionalmente el ser supremo, y dentro de la especie humana es el filósofo el legislador (¡ya en Platón!), el que da las «nuevas tablas» de valores, el que alcanza provisionahnente el grado supremo del ser. «Si hubiera dioses, cómo soportaría yo no ser un dios.» Pero, dado que no hay dioses, el hombre ha de elevarse a ese nivel.
Del mismo modo, el dogma del
eterno retorno puede interpretarse como el remate de la doctrina mecánica del átomo de Demócrito, como el intento de completar el principio -constatado por la ciencia moderna de la constancia de la materia y de la energía con el de la constancia de las posibles formas y procesos de conformación de la materia y la energía. Pero del mismo modo también, en el dogma pueden verse huellas de la creencia en el logos estoico, que rige los procesos de constitución del mundo, obligando a repetir indefinidamente los mismos, aunque en dimensiones temporales tan inmensas que el hombre ya no puede abarcarlas ni percibirlas. Pero con ello desaparece la relevancia ética, intrínseca, por ejemplo, a las ideas budistas sobre el karma, y que da a ese retorno un sentido para la vida humana; eso sin contar con la objeción de la imposibilidad matemática que siempre se le ha hecho y por diversos autores (por ejemplo por Georg Simmel).     
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AISLAMIENTO DEL ZARATHUSTRA
Dentro de la obra total de Nietzsche, el Zaratustra aparece en un cierto sentido aislado; excepto con él siempre pueden aparearse las obras: «El nacimiento de la tragedia» y el libro sobre los griegos (no acabado); las Consideraciones Intempestivas «Schopenhauer como educador» y «Richard Wagner en Bayreuth»; ambas partes de «Humano - demasiado humano» (con «El caminante y su sombra»); «Aurora» y «La gaya ciencia»; y después del Zaratustra: «Más'allá del bien y del mal» y «Genealogía de la moral». En los escritos de 1888 se pueden hacer diferentes ordenaciones dependiendo del criterio que se tome (Nietzsche, por ejemplo, une «El caso Wagner» y «El crepúsculo de los ídolos como sus «operetas»), pero también entre ellas puede establecerse fácilmente un orden en pares. Sólo el «Zaratustra» queda sin oponente, sin compañero, a no ser que la agrupación en pares no se entienda externamente, en escritos más o menos distintos formalmente. En «Zaratustra» son dos temas los que están acoplados:  El postulado del superhombre y el dogma del eterno retorno.
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CAMINO HACIA LA TRANSVALORACIÓN VALORES
Con el diseño del «Zaratustra», Nietzsche, reúne toda su experiencia intelectual y vital. Pero con esta obra consigue también un nuevo plano de partida desde el que puede comenzar el largo camino de la «transvaloración de todos los valores». Por cierto que también ésta es una expresión sacada de los griegos: de la Vida de Diógenes (llamado «el perro», (Xiwv). Aunque la conexión llega más a lo profundo: del mismo modo que aquel cínico Diógenes, en la línea sucesora de Sócrates, estaba en oposición al idealismo platónico, así se entiende ahora Nietzsche a sí mismo como transvalorador no de todos los valores, sino esencialmente de los acuñados por el platonismo, conservados en la dogmática cristiana y puestos en las alturas por el idealismo alemán. Contra ellos se había formado ya, en tiempo de Nietzsche, una fuerte oposición de parte del materialismo y positivismo; pero también contra éstos se dirige Nietzsche con el «Zaratustra». Ellos sacan sus fuerzas de las ciencias naturales; Nietzsche, sin embargo, de la vivencia artística y de la intuición místico-religioso-filosófica. Con ello conecta con sus manuales de Creuzer y Weicker, con el modo de investigar de J. J. Bachofen - y con su primera gran obra, «El nacimiento de la tragedia».
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¿HIJO DE NIETSCHE O ES EL MISMO NIETZSCHE?
En las cartas Nietzsche habla siempre de su «hijo Zaratustra». Dada la afición de Nietzsche a verse en grandes ropajes, resulta posible y permitido hacer el paralelo con la famosa cuestión disputada ya desde la época de las primeras comunidades cristianas: ¿Es Cristo el hijo de Dios - es decir, un ser independiente, separado de él-  o es idéntico a él, y, por ello, Dios mismo en forma humana?. O en forrnulación más corta: ¿es Cristo semejante o idéntico a Dios? Y he aquí ahora la cuestión:¿es Zaratustra el hijo, es decir, la criatura intelectual de Nietzsche, respecto a la que éste, como padre, como autor, guarda cierta distancia - o es Zaratustra Nietzsche mismo?. Esto último es lo que piensa Köselitz en la carta del 17 de abril de 1883, «puesto que yo le escucho a usted como Zaratustra», que Nietzsche no contradice.
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EL GENIUS LOCI
La elección del entorno -físico y humano- y la disposición de entablar una relación provechosa con ese entorno, pertenecen, junto con el «pequeño» modo de vida - costumbres de comida, movimiento corporal, división del día--, a la dietética de Nietzsche en sentido más amplio. La idiosincrasia supersensible de Nietzsche sintoniza siempre con el genius loci del entorno, bien sea porque se deja enriquecer o dirigir por él o bien porque se encuentra asimismo en contraposición con él, como sucede con «Naurnburg».
El genius loci de Génova es para Nietzsche el espíritu de Colón, que, audazmente, se lanza a la mar en pos de nuevos puertos y territorios desconocidos, ignorados. Nietzsche se considera su descendiente espiritual. Desde allí, él tambien dirige la filosofía hacia nuevos puertos del espíritu. Nietzsche usa esta metáfora hasta la saciedad, abusa de ella, y, a la vez, cambia también su paisaje y sus objetivos intelectuales, toda la orientación de su marcha.  Nietzsche creía haber dejado tras de sí, con su Zaratrusta, las bases de su crítica a la tradición cristiano-europea, a la vez que al materialismo y positivimo coetáneo. A estas alturas cree haber alcanzado, con ello, nuevos puerto habiendo ganado su «América». Ahora se levantaba ante él la próxima tarea, conquistar el «viejo mundo» en un nuevo espíritu. También para ello había de ofrecérsela pronto una metáfora geográfica: al igual que el genovés Colón había descubierto un nuevo mundo, Napoleón, el vástago de Córcega, dominada durante mucho tiempo por Génova, puso más tarde el viejo mundo a sus pies. Desde ahora, Napoleón tomará el puesto modélico de Colón, alternando o secundándose con otros conquistadores de viejos mundos, como Alejandro o César.
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EN SUELO FRANCÉS
Nietzsche abandona el suelo italiano y se dirige a Francia. Nunca oímos de él que se sintiera atraído por la literatura italiana menos reciente -y en absoluto, desde luego, por la contemporánea. La relación con Francia es completamente distinta; participa apasionadamente de su espiritualidad, en cuanto se refiere a la literatura o a la música. Aprecia más a Berlioz y a Bizet que a cualquiera de los compositores italianos. Ya había dedicado «Humano -demasiado humano» a la memoria de Voltaire. Stendhal, Mérimée, Baudelaire --por sólo citar unos pocos nombres--, los ensayistas y moralistas franceses, son para él fuente del mayor entusiasmo; el «journal des Débats», con Paul Bourget, es «su» periódico.
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EL ESPÍRITU DE WAGNER
El espíritu de Wagner pesaba mucho sobre Nietzsche. «Una separación con la que uno puede hundirse, lo más difícil que hube de pasar», eso confesaba él el 3 de enero de 1884 al doctor Josef Paneth en Nizas.Wagner había muerto en Venecia el 13 de febrero de 1883. Y ahora iría Nietzsche allí, en pos de una memoria calma, quizá incluso inconfesada, del amigo -¿fue esto el genius loci que en la primavera de 1884 lo llevó hasta Venecia? Algo así puede suponerse, dada la fuerza que los recuerdos de Wagner ejercían aún sobre Nietzsche. Mientras vivía Wagner y, a menudo, visitaba Venecia, Nietzsche evitó el lugar. Después de su muerte Nietzsche lo busca periódicamente y se convierte para él en fuente de la más profunda melancolía, que culminará en el desmoronamiento espiritual en la «Canción de la góndola», que el enfermo Nietzsche canturrea durante el triste viaje de regreso, en enero de 1889, hecho que tanto sorprende a Overbeck.
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PAUL LANZKY
Lanzky había nacido el 8 de agosto de 1852 en Weissagk, Forst, en la Baja Lusacia (era, por tanto, dos años mayor que Heinrich Köselitz). Fue a la Escuela Real en Guben, y desde 1870 se dedicó al estudio de la Literatura Románica y de la Filosofia en las Universidades de Zürich, Pisa y Roma. Desde 1873 vivía en Italia, desde 1879 permanentemente en o cerca de Florencia -la mayor parte de las veces en la cercana Vallombrosa, donde era copropietario de un hotel situado en ese lugar de peregrinaje y de reposo, famoso por su abadía benedictina fundada en 1036. Hasta entonces había expuesto sus investigaciones sobre la literatura romántica en revistas alemanas e italianas (Rivista Europea; Gazetta della Domenica). Pero en un viaje le llega un libro de Nietzsche a las manos, y ese azar iba a marcar toda su larga vida futura. Carmen Kahn-Wallerstein narra, fundándose en conversaciones y apuntes de Lanzky.. «Tenía intereses variados, entre otros también el de la astronomía, y el observatorio cercano de Acetri, al cargo del adjunto de un famoso investigador de Marte, un alemán de nombre Tempel, era un gran punto de atracción para este tipo extraño. Un día que Lanzky esperaba al astrónomo, encontró sobre su mesa un libro con el título de «Humano-demasiado humano», que comenzó a ojear. El sabio, que entraba en ese momento, le contó, respondiendo a su pregunta, que el libro procedía del envío de muestra de su librero, envío con el que tenía que quedarse, puesto que había olvidado devolverlo a tiempo. Lanzky, a quien interesó el libro, se lo compró a Tempel, llegando en el curso de su lectura al convencimiento de que esa obra tenía que proceder del más significativo pensador contemporáneo. Escribió al editor de Nietzsche y le pidió la dirección del filósofo que había escrito 'Humano --demasiado humano'. Supo por ello que el autor vivía en Génova, pero que no deseaba que la editorial diera su dirección: que se escribiera a lista de correos a Génova para el profesor Nietzsche. Lanzky lo hizo y hubo de esperar mucho tiempo. Entretanto, mientras los hoteles de Vallombrosa permanecían cerrados, él estaba viajando; así se lo había comunicado a Nietzsche a través del correo, recibiendo finalmente de éste una tarjeta con el encabezamiento de 'Mi querido desconocido'. Para que las cartas no lo sacaran de su régimen anímico de trabajo, Nietzsche había tomado la costumbre de ir a recoger correo cuando deseaba tener alguno; en otro caso, sucedía a menudo que permanecía largo tiempo en la oficina de correos. -Ahora había recibido noticias del extraño que, fascinado por su obra, lo buscaba, y poco después, sin formalidades, se presentó en la.habitación del hotel del sorprendido Lanzky. Este había llegado a Niza y se había hospedado en la 'Pension de Généve', cuando supo que la persona que admiraba de lejos había estado en la misma pensión.» Esto fue en diciembre de 1883. Nietzsche tuvo que cambiar de pensión. A fines de enero escribe a Overbeck a propósito: «Tuye también que pagar con creces el total desconocimiento del suelo de Niza; incluso tuve pérdidas importantes de dinero, por cuanto mi patrona, a la que había pagado por anticipado la habitación y la pensión, tuvo que desaparecer. Ahora me he retirado al mundo familiar y tranquilo de una pensión suiza.»
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ORIGEN POLACO DE LANZKY Y NIETZSCHE
Afirma Lanzky: «¿Si Nietzsche me produjo una gran impresión la primera vez que lo vi? -no y sí-. No tenía el aspecto de lo que uno se imagina como un importante, un gran hombre. En principio sólo se veía un intelectual modesto, afable, sencillo y amable, muy alegre. Al comienzo no se veía en él al filósofo, aunque sí al hombre cultivado. Sólo después de haberlo conocido más tiempo y de haber hablado de sus ideas se reconocía su importancia. Pero era muy noble ese Nietzsche. Cuando hablaba con la gente no se atrevía en absoluto a manifestarse del todo como Nietzsche, para que nadie pudiera sentirse necio, ni empequeñecido... El siempre me buscó a mí, y en verdad me usó. No es que me haga ilusión debido a mi insignificancia. Pero él estaba casi ciego, hablaba mal el francés y casi nada de italiano. Por entonces era costumbre en los hoteles comer todos juntos en la gran mesa, y la conversación le resultaba dificil sin ayuda, así como la lectura durante el tiempo anterior a que apareciera Peter Gast. Por eso, durante seis años, me tuvo mucho en torno suyo. También humanamente nos unían varias cosas. Ambos nos imaginamos que procedíamos de Polonia, y después de 1870, tras la llegada del superalemán, ya no podíamos soportar estar en la patria.» En este informe hay que corregir que «Peter Gast» ya había «aparecido» hacía tiempo y que el trato personal con Lanzky no pudo durar seis años, ni mucho menos, aunque sólo fuera porque el desmoronarniento intelectual de Nietzsche tuvo lugar cinco años más tarde; de hecho Nietzsche rompió ya en 1887, a causa del «Crepúsculo», de Lanzky.
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IMPRESIÓN QUE LANZKY PRODUCE EN NIETZSCHE
Por su carta a Overbeck de las Navidades de 1883 sabemos cuál fue la impresión que produjo en Nietzche el nuevo encuentro: «Hay una persona nueva que quizá me llegue como regalada y en el momento oportuno: se llama Paul Lanzky y me tiene tanta afección que le gustaría unir su destino y el mío cuanto antes. Independiente y amigo de la soledad y de la sencillez, de treinta y un años, con gusto por la filosofía, más pesimista todavía que escéptico: ¡es el primero que se dirige a mí por carta con 'Admiradísimo maestro'! (lo que me ha producido los sentimientos y recuerdos más variados). Es copropietario del hotel (foresteria) en Vallombrosa -y en ese rincón magnífico, viejo y amable, mi filosofía volverá a hacerse 'un nido'--. Seguramente pasaré una parte del próximo año allí, en Paradisino, en solitario, apartado incluso del hotel: estoy invitado a ello.» Lanzky hubo de leer a menudo para Nietzsche -tres tomos de Stendhal, según Lanzky-; y en tales ocasiones seguramente se entablaría con frecuencia un diálogo. En ese trato íntimo llegaron a manifestarse vivencias y experiencias similares: También Lanzky arrastraba una pena, tenía el alma herida. Había amado a una mujer que lo abandonó un buen día. Hacía mucho tiempo que no sabia nada de ella cuando, inesperadamente, se topó con su tumba en un cementerio italiano. -¿Le esperaba algo así también a Nietzsche?- ¡Todavía seguía inquietándole la salud de Lou!
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EL CREPÚSCULO DE LANZKY
 La colección de aforismos «Crepúsculo»(1887) había provocado disgusto y alejamiento en Nietzsche, al que el título le pareció presuntuoso. Pero Lanzky permaneció fiel a su «admirado maestro», e incluso tras el desmoronamiento de Nietzsche mantuvo correspondencia con Heinrich Köselitz y dedicó «Recuerdos» a Nietzsche.
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TITULOS DE LAS OBRAS DE LANZKY
Son obras publicadas de Paul Lanzky: «Liberado de la pena», pesimista, novela corta; «Crepúsculo», consideraciones psicológicas, Berlín, 1887; «A orillas del Mediterráneo», poesías, Stuttgart, 1890; «Hojas otoñales», poesías,Leipzig, 1891; «Nuevas poesías», Leipzig, 1893; «Por las sendas de Dionisos», 1894, Dresden, 1900; «Aforismos de un ermitaño», Leipzig, 1897; «Sofrosine», poesías, Dresden, 1897, 1900; «Cantos apolíneos», 1901; «Amor fati», nuevas poesías, «dedicado a los manes de Nietzsche», 1904.
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LANZKY MALTRATADO POR EL DESTINO
Un nuevo golpe del destino lo forzaría finalmente a convertirse en un ser totalmente retirado y sin pretensiones. En otro tiempo, huésped en vacaciones del hotel Paradiso, en Lugano, «ya anciano,a causa de su orientación política [pero más bien por ser judío], le fueron quitados todos sus bienes por Mussolini, fue expulsado de la nación, encontrando asilo en casa de la propietaria del hotel, enviudado tempranamente. Sus comidas las tomaba él, un hombre poco llamativo, delgado, algo contrahecho, en el comedor, en una pequeña mesa... Le llevaba a ella los libros, era su consejero, y los niños veían en él a un abuelo.» Murió después de 1940, olvidado hacía ya mucho tiempo por el mundo literario. Ni siquiera el Archivo de Nietzsche, de Weimar, lo tomó en consideración. Por falto de interés, se declinó el ofrecimiento del modesto legado literario, que, finalmente, encontró asilo, en 1947, en la Biblioteca de la universidad de Basilea.
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Dr JOSEF PANETH
Josef Paneth, natural de Viena, era  un científico, fisiólogo, que trabajaba provisionalmente en un laboratorio en Villefranche, cerca de Niza, y que desde allí se acercó varias veces hasta Niza a visitar a Nietzsche. O bien Nietzsche se acercaba a Villefranche, paseando luego ambos juntos hacia Niza de vuelta. Paneth llegaría  a ser  docente privado de Fisiología en la Universidad de Viena, pero murió tempranamente en 1890 de tuberculosis. En los pocos años de su actividad consiguió descubrir las células tras él llamadas histológicas.
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PANETH Y NIETZSCHE CONVERSAN
Los informes epistolares de Paneth a su novia Sophie Schwab, a Viena, publicados por la hermana de Nietzsche, muestran que éste creyó haber encontrado en Paneth un compañero de conversación, con el que poder explayarse libremente. Los temas fundamentales de conversación durante los cortos tres meses que duró el encuentro personal fueron: Schopenhauer, Wagner, el espiritismo y el antisemitismo de entonces, que Nietzsche tenía cerca, y de modo comprometido, en su editor Schmeitzner, pero muy especialmente en su propia hermana, que se había prometido con el ya tristemente célebre antisemita doctor Bernhard Förster.
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EL TEMA ANTISEMITA
La franqueza con la que se habló precisamente del tema del antisemitismo sorprende más por cuanto Paneth era judío. Acertadamente observa ya Overbeck, al respecto, en sus recuerdos de Nietzsche: «El desagrado que nos producía a Nietzsche y a mí el antisemitismo quizá donde se exprese más claramente haya sido en el hecho de que si bien nosotros, mitad a pesar suyo, conversamos alguna vez sobre ello, jamás sin embargo con pasión, más bien sin haberlo 'tomado como algo importante' en el fondo y considerándolo una moda de la época no muy digna de cavilar sobre ella.» Y sobre el mismo Paneth y la relación de Nietzsche hacia él dictamina Overbeck: «Un judío muy singular, uno del estilo de Spinoza, semejante a este ser universal, sobre todo por su grado de emancipación, raro entre sus compañeros de raza, de toda tradición de su pueblo, de la religiosa como de la nacional. También Paneth está totalmente apartado de la sinagoga, pero también del sionismo de la actualidad... Paneth no reconoce de hecho otra 'escuela' que la científica por la que pasó, a saber el laboratorio de Fisiología del profesor Brücke en Viena. Se trataba, pues, de un judío ante quien Nietzsche, ciertamente, no pudo pasar indiferente. Lo mismo hubo de acudir a Paneth en busca de informes, por cuanto éste podía ayudarle en su situación -y en verdad no sólo para orientarle sobre su personal prestigio entre el judaísmo vienés, sino también como investigador de la Naturaleza y fisiólogo, de cuyas disciplinas Nietzsche pensó a menudo extraer consejo.»
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INTERÉS POR MANTENER CONTACTO
En principio el contacto hubo de ser buscado por el doctor Paneth --que procedía del fiel círculo de admiradores vieneses, fuertemente dominado por los judíos, y al que pertenecía también Lipiner-, quizá tal como lo hizo Paul Lanzky, con una carta a «poste restante». Nietzsche, después, fue a buscarlo el 15 de diciembre de 1883 a su laboratorio en Villefranche, sin encontrarlo, y dejó su tarjeta de visita. El 17 de diciembre Paneth intentó una visita en Niza. A pesar de la espera en la habitación, desconsoladamente humilde, de Nietzsche, esta visita tampoco tuvo éxito, hasta que una cita exacta por escrito juntó a los dos por primera vez el 26 de diciembre. Así pues, también Nietzsche tuvo mucho interés en este conocimiento, lo cultivó y gozó de él. Sin embargo, no surgió de ahí contacto epistolar alguno como sucedió en otros casos. Josef Paneth escribe a su novia desde Niza sobre su impresión del primer encuentro con Nietzsche: «Fue sumamente amable, no hay en él rastro de falso pathos o de profetismo, como yo había temido después de su última obra, más bien se comporta muy tranquila y naturalmente.. Luego me contó, pero sin la más mínima afectación ni autoconciencia, que siempre se ha sentido portador de una tarea y que ahora, en la medida en que se lo permitan sus ojos, quiere desarrollar lo que hay en él... Probablemente también a ti te extrañaría su apariencia externa como a mí, no tiene nada de extravagante ni de rebuscada. Tiene una frente extraordinariarnente grande y despejada, cabello castaño liso, ojos velados, hundidos, como corresponde a su media ceguera, cejas espesas, una cara bastante llena y un bigote poderoso, y por lo demás, completamente afeitado.»
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ARTICULO SOBRE EL ZARATHUSTRA
Cuando a comienzos de marzo Paneth expuso su deseo de escribir un artículo sobre Zaratustra, que ya existía en sus tres partes completas, Nietzsche se opuso básicamente: «Dijo que aunque le parecía bien no le agradaría en absoluto, de modo que no sé si he de hacerlo, puesto que le resulta decididamente molesto.Que él nunca hubiera buscado tales contactos y que vive totalmente aislado; que tiene un 'grupo pequeño y tranquilo, pero escogido'. Está totalmente convencido de su misión y de su significación secular; en esa creencia se mantiene firme y grande, por encima de toda desgracia, por encima de sus padecimientos corporales, por encima de la pobreza. Impone un desprecio así de todo medio externo de éxito, una libertad tal de toda camarilla y propaganda... Cada vez me resulta más claro que Nietzsche es fundamentalmente un hombre de sentimientos.»
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FREUD CONOCE A NIETZSCHE
El conocimiento de Nietzsche por parte de Josef Paneth fue significativo para Sigmund Freud, a cuyo círculo más íntimo de amigos pertenecía Paneth. El 11 de mayo de 1934 escribía Freud a Arnold Zweig diciéndole que su amigo Josef Paneth le había trasmitido sus primeras impresiones sobre Nietzsche. Esto no carece de importancia, puesto que, a fin de cuentas, Freud apreciaba a Paneth hasta el punto de que en su obra «La interpretación de los sueños» expone su personalidad llamándolo «mi amigo Josef». Más tarde hubo de influir más esencialmente en la comprensión de Nietzsche por parte de Freud su discípula y amiga Lou Salomé, aunque ella silenciara ante Freud la relación personal habida con Nietzsche.
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TERCERA PARTE DEL ZARATUSTRA
El 18 de enero de 1884 estaba listo el manuscrito del Zaratustra III, y todavía el mismo día Nietzsche escribe a su editor Schmeitzner. Se pone inmediatamente a la tarea de componer el manuscrito de imprenta.Y el 8 de febrero: «Si Schmeitzner ha cumplido su palabra ya se estará imprimiendo».
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ADMIRACIÓN DE RODHE
A aumentar su sentimiento de seguridad hubo de contribuir no poco la carta de su viejo amigo Erwin Rohde que, tras una interrupción de año y medio, le llegó en las Navidades de 1883 (con fecha 22 de diciembre de 1883): «Tu Zaratustra me ha producido, desde todo punto de vista, una impresión más agradable que muchos de tus últimos escritos. ¡Te felicito por esa forma más libre de expresar tus ideas, que no sólo es nueva en cuanto forma, ni sólo como tal diferente de tus anteriores cadenas de sentencias! El sabio persa eres efectivamente tú, pero es muy distinto expresar opiniones totalmente personales directamente como tales, o conseguirse un ser ideal que las exponga como suyas... Por esta razón, seguramente, Platón se inventó su Sócrates, y tú ahora tu Zaratustra. Además, lo que reviste así en la forma de un poema didáctico, goza también de los privilegios de un poema; pero no censuro a los poetas, ellos tienen la gran ventaja de poder exponer los más profundos y magníficos pensamientos e intuiciones sin tener que torturarse con una demostración de los mismos, que el 'filósofo', posteriormente, ha de componer trabajosamente. También tu lenguaje encuentra sólo ahora sus mejores tonos: considero insuperable especialmente el 'Prólogo', pero también algunos trozos de los apartados siguientes.» ¡Con esto Rohde reaccionaba todavía al Zaratustra!
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RESPUESTA LIBRE DE NIETZSCHE
Dos meses después, el 22 de febrero de 1884, ya compuesto entretanto el Zaratustra III, Nietzsche se siente libre para responder a Rodhe: «Mi Zaratustra está acabado en sus tres actos: el primero lo tienes, los otros dos espero poder enviártelos en 4-6 semanas. Se trata de una especie de abismo del futuro, algo horripilante, sobre todo en su bienaventuranza. Todo lo que hay en él es mío, sin modelo, comparación, predecesor; quien ha vivido una vez dentro de él vuelve al mundo con otra cara diferente. Pero de ello no hay que hablar. Ante ti, sin embargo, como homo litteratus, no quiero callarme una confesión: -presumo con este Zaratustra haber llevado el idioma alemán a su perfección. Tras Lutero y Goethe había que dar todavía un tercer paso-- ... lee a Goethe tras una página de mi libro -y verás cómo aquel algo ,ondulatorio' que caracteriza a Goethe como dibujante, tampoco le resulta extraño al artista del lenguaje. Yo tengo una línea más estricta, más varonil, pero sin caer, como Lutero, en la grosería. Mi estilo es un baile; un juego de simetrías de todo tipo y un sobrepasar y burlarme de ellas. Esto llega hasta a la elección de las vocales. -¡Perdón! me guardaré de reconocer esto ante cualquier otro, pero tú, creo que fuiste el único que lo hizo, me expresaste en una ocasión tu gusto por mi lenguaje-. Por lo demás, he seguido siendo poeta hasta cualquier límite de este concepto, a pesar de que me he tiranizado de firme con lo contrario de todo poetismo.»
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DESPEDIDA DE RODHE
Por lo demás, la carta anterior, sin embargo, respira «despedida»: «Así, amigo, me va con todas las personas que quiero: todo ha terminado, el pasado, los miramientos; se ve uno todavía, se habla, para no guardar silencio-, se escribe uno todavía para no guardar silencio. Pero la verdad la expresa la mirada: y ella me dice (¡la oigo con suficiente claridad!) 'Amigo Nietzsche, ahora estás totalmente solo!'.»
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COMPOSICIÓN DISTINTA A WAGNER
En su Zaratustra, Nietzsche, pone en el papel, frase tras frase, apartado tras apartado, tal como sabemos que sucedía en músicos como Bach y Mozart -y todo lo opuesto a Wagner, quien a menudo tenía que ganarse pacientemente al piano, acorde tras acorde, sus nuevas secuencias tonales, dado que no le venían dadas por un estilo de época.
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FELICIDAD  ANTE  III PARTE DEL ZARATUSTRA
El 26 de enero informa a Overbeek: «Estoy a mitad de la copia. Con ello, el todo ha surgido exactamente en el transcurso de un año: más estrictamente en el curso de tres por dos semanas incluso. -Las dos últimas semanas fueron las más felices de mi vida: jamás bogué sobre un mar así con velas tales; y llegó a su culmen la alegría desbordante de toda esta -historia de marino, que ya dura tanto como el tiempo que hace que me conoces, desde 1870.»
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EXPLOSIÓN DE FUERZAS
Continúa en la carta anterior: - «Por lo demás, el Zaratustra entero es una explosión de fuerzas que se han ido acumulando durante decenios: en tales explosiones el causante mismo puede fácilmente saltar también al aire. A menudo tengo esa impresión: --no quiero ocultártelo.» Tampoco esta expresión tan plástica viene por casualidad: medio año antes, el 27 de agosto de 1883, había reventado la isla volcánica de Krakatau, «saltando al aire»: un fenómeno de la naturaleza que conmovería todavía largo tiempo los ánimos.
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IDEA TREMENDA
El 30 de marzo y el 10 de abril exclama: «¡Hurra, querido y viejo amigo Overbeck, aquí está el primer ejemplar del último Zaratustra ---¡que en justicia te pertenece a ti! Hay una idea en él, una idea completamente tremenda, por la que he de vivir todavía mucho tiempo.»  Se trata del dogma del «Eterno retorno de lo mismo», bajo cuya fuerza se siente atado Nietzsche desde entonces, y sobre el que funda su conciencia de enviado.
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PLAN DE CREAR UN CONVENTÍCULO
Ahora vuelve a surgir el viejo plan de un conventículo de almas con intereses semejantes. Ya la agrupación escolar «Germania», de cuando tenía dieciséis años, pone de evidencia la auténtica necesidad de Nietzsche de una comunicación intensa en el seno de un círculo pequeño, escogido. De estudiante en Bonn busca su satisfación en la asociación estudiantil -y sufre una amarga decepción--. En Leipzig consigue reunir a sus compañeros de especialidad en la sociedad filológica. Como joven catedrático de Basilea se considera afortunado de pertenecer al estrecho círculo de Tribschen. Después de perderlo se agarra a la amistad de Ida y Franz Overbeek, Heinrich Köselitz, Paul Rée, con el que vuelve a intentar formar un «estrecho círculo». Ultimamente se había sentado todavía, ávidamente, a la mesa de Malwida von Meysenbug, donde tuvo la esperanza de encontrar la alegría de un círculo pequeño e íntimo con Paul Rée y Lou Salomé.
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DESEO DE FUNDAR UNA ESCUELA
A pesar de que en su respuesta del 22 de febrero de 1884 a Erwin Rohde, con las palabras: «Todo lo que hay en él [se refiere al Zaratustra]  es mío, sin modelo, comparación, predecesor», quiera oponerse al paralelo de Rohde con Platón-Sócrates, que éste había establecido en su carta navideña, tal paralelo le hizo revivir la vieja inclinación a una clara conciencia y promovió ideas para una escuela al modelo de la Academia de Platón, o del Peripatos de Aristóteles, o, más bien, del Jardín de Epicuro. Pero llevar a cabo esta idea sin poseer un sistema global y cosmológico es tarea imposible.  El mismo Nietzsche, sin embargo, parece que lo entendió de otro modo -o que no tuvo una perspectiva suficiente de su posición dentro de la historia de la filosofía, de sus posibilidades y de sus límites; en cualquier caso, por esa época aproximadamente --a comienzos de marzo de 1884--, pudo escribir a un viejo conocido de la época de Tribschen, al director de orquesta de Zürich Friedrich Hegarl:  «Sueño con que, en un tiempo no muy lejano, viviré en alguna parte del sur, a orillas del mar, en una isla, rodeado de los compañeros de trabajo y de los amigos más dignos de confianza: -Y también a Usted me lo he imaginado en ese tranquilo conventículo.» Extrañamente también cuenta entre esos «amigos más dignos de confianza» a Paul Rée y a Lou Salomé. Tambien cuenta a Overbeck (7 de abril de 1884): «Para el próximo invierno ya estoy bastante seguro... Quizá consiga fundar aquí una sociedad bajo la cual no sea totalmente el 'oculto'... Lanzky... ya está decidido a venir; deseo poder convencer a Köselitz. Quizá incluso al Dr. Rée y a la Srta. Lou Salorné, ante quienes quiero arreglar algunas cosas que mi hermana desarregló.»
Niza
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ZARATUSTRA VESTÍBULO DE SU FILOSOFÍA
Es evidente que Nietzsche, en su oculto deseo de compañía,  habla de una reunión de «almas de intereses semejantes» en donde él mismo se ve como «primus inter pares» al menos, si no como fundador y cabeza de escuela. Pero la verdad es que su personalidad era poco apropiada para tal tarea y su sistema filosófico no bastaba como base. Tampoco era viable la empresa, después del Zaratustra, al que él mismo (comienzos de mayo de 1884) califica de «vestíbulo de mí filosofía», hablando al mismo tiempo, por primera vez, de que debía «volver a poner en movimiento la mano y no cansarme hasta que la obra capital esté acabada ante mí». Aquí comienza el funesto error en el que cayeron también los primeros editores de Nietzsche (sobre todo su hermana) y muchos admiradores de su filosofía. Vieron en él un profeta, un fundador de escuela y, al final, encasquetándole un orden supuesto («La voluntad de poder»), se vieron obligados a hacer de una colección suelta de aforismos una obra capital sistemática. Pero, por desgracia, Nietzsche no nos pudo dejar una «obra capital».
Niza
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FALTA UNA COSMOLOGÍA EN NIETZSCHE
Nietzsche no construye una cosmología, una imagen total del mundo, en la que integre a cada persona y en la que se haya de integrar cada particular, de la que se siga una praxis vital (como en el helenismo había hecho la Stoa). Y precisamente es esto lo que falta en Nietzsche: una cosmología coherente y cerrada en sí misma.
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TRANSITO DEL ARTE A LA FILOSOFÍA
La tremenda y osada aportación filosófica de Nietzsche es de un tipo totalmente diferente a las filosofías tradicionales. De modo parecido al danés Kierkegaard (1813-1855), a quien Nietzsche nunca conoció, arrastra al hombre, a la existencia humana, al centro de la filosofía, lo que hasta entonces era el dominio propio del arte, y muy especialtnente del arte dramático. Y así como Kierkegaard (en «Aut-aut») parte del teatro musical, del  «Don Giovanni», de Mozart, es decir, de la obra en la que Mozart abandona el campo de juego de lo sólo-hurnano, sobrepasándolo, «trascendiéndolo» por primera vez en las dimensiones de lo demoniaco - así Nietzsche parte de Wagner («Nacimiento de la tragedia»), el cual ofrece en el Anillo de los Nibelungos una cosmología completa de un pasado oscuro, pero que cubre y domina a los actores en escena. En Nietzsche, sin embargo, es el hombre el objeto central de la filosofía; y se trata del hombre en sus acuñaciones más interesantes, como César, Colón, Napoleón, aunque, a fin de cuentas, como proyecto, meta, «superhombre». Pero falta la elevación cosmológica, la pregunta por lo «circunscribiente».
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LAMENTO DE NIETZSHE
Nietzsche se lamenta el 1 de febrero de 1884 a su Heinrich Köselitz:<,.Además de todo esto mi hermana me sigue maltratando con cartas que yo colocaría bajo el concepto de 'antisernitismo'.» Nietzsche interrumpe totalmente durante algunos meses su correspondencia con ella además sus cartas a la madre no llegan, lo que fmalinente lo mueve a comienzos de junio a rogar al amigo Overbeck «enviar, y franquear también, la carta adjunta a mi madre a Naumburg-. Desde hace «Además de todo esto mi hermana me sigue maltratando con cartas que yo colocaría bajo el concepto de 'antisemitismo'.»
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OVERBECK INTERMEDIARIO
Las cartas que Nietzsche enviaba a su madre no llegaban, lo que finalmente lo mueve a comienzos de junio a rogar al amigo Overbeek: «enviar, y franquear también, la carta adjunta a mi madre a Naumburg-. Desde hace proximadamente dos meses no he conseguido que llegue una carta a sus manos; correos no consigue encontrar explicación alguna para esta desaparición repetida de cartas y postales con dirección correcta. Por fín he llegado a una sospecha sobre la que no quiero manifestarme más».
Niza
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INVECTIVAS DE NIETZSCHE
Las invectivas contra su hermana se multiplican y todas ellas apuntan en la mísma dirección. Si en febrero (carta a Malwida von Meysenbug) las quejas estaban todavía bajo el signo del episodio Lou, el acento, en las semanas siguientes, va trasladándose al punto de disputa «antisemitismo».Así el 2 de abril de 1884 a Overbeek: «La maldita manía antisemita estropea todas mis cuentas sobre independencia pecuniaria, discípulos, nuevas amistades, prestigio; ella nos enemistó a Wagner y a mí, ella es la causa de la ruptura radical entre mi hermana y yo, etc,etc... He sabido aquí cuánto se me reprocha en Viena un editor como el que tengo.»
Niza
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ENFRENTAMIENTO CON  SU HERMANA
Elisabeth hubo de sentir dolorosamente esa «enemistad», puesto que, en carta a Köselitz del 26 de abril de 188454, se esfuerza por aminorar el conflicto a su acostumbrada manera: «Este invierno ha traído una ruptura total entre mi hermano y yo. Sé que tenía que suceder así, y que es bueno que haya sucedido también, pero me ha causado el más profundo dolor. Cuando pienso lo que le he querido y admirado, y que ahora todo ello ha terminado... Naturalmente no siento odio ni rencor contra él ¿de dónde habría de venir tal cosa? Veo cómo sobre mi pobre hermano reposa, como una fatalidad horrible, la inclinación trágica a ahuyentar de sí, por un comportamiento incomprensible, a todas las personas que más lo han querido. ¡Vaya vejez solitaria que le espera! ¡Pobre Fritz!... ¡Pero, por el cielo, no diga a nadie cuál es el motivo de nuestro apartamiento, guarde silencio! Es fable convenue, según Fritz, 'que la culpa de todo la tiene mi antisemitismo'. Desde entonces me ocupo de estas corrientes intelectuales, para que ello aparezca en cierta medida probable. Cielo santo, mi antisemitismo era hasta ahora una idea tan suave, tan soportable, que todos mís amigos se sorprenderán mortalmente de que haya podido ser la causa de una desavenencia.» También por parte de «Fritz» el amor fratemo conseguía un triunfo cuando Nietzsche hacía seguir su duro juicio de las palabras siguientes: «Por lo demás aplico todo grado de disculpa porque sé lo que puede alegarse en descargo de mi hennana y lo que se oculta en el fondo de su comportamiento, ignominioso e indigno en mi opinión: ---el amor. Es completamente necesario que se embarque lo más pronto posible hacia el Paraguay... Finalmente, me queda la muy incómoda tarea de arreglar de algún modo ante el Dr. Rée y la Srta. Salomé las cosas que estropeó mi hermana... Mi hermana reduce una criatura tan rica y original a 'mentira y sensualidad' -no ve en el Dr. Rée y en ella otra cosa que dos 'harapos', -Por el contrario la indigna, a pesar de los buenos motivos que tengo, mi justo sentimiento de considerarme profundamente ofendido por ambos.»
Niza
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RUPTURA ENTRE NIETZSCHE Y SU HERMANA
El 2 de mayo Nietzsche califica a su hermana ante Overbeck como «persona auténticamente malvada», y, por el mismo tiempo, ante Malwida von Meysenburg como «ganso presuntuoso y molesto», e informa: «Entretanto la situación ha cambiado en el sentido de que he roto radicalmente con mi hermana; quiera el cielo que no se le ocurra a Ud. hacer de mediadora e intentar reconciliarnos -,entre un ganso antisemita sediento de venganza y yo no existe reconciliación posible alguna.»
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RESA VON SCHIRNHOFER
Se doctoró en 1889 en Zürich con una tesis sobre el tema «Comparación entre las doctrinas de Schelling y de Spinoza». En el curriculum vitae de esa tesis se presenta del siguiente modo: «Yo, Resa von Schirnhofer, nací el año 1853 en Krems, Baja Austria. Mis padres son el lugarteniente Imperial-real pensionado, Wilhe Ritter von Schirnhofer y Therese von Schirnhofer, nacida Scharinger. Después de haber disfrutado de las primeras clases en las escuelas de Znaym, Máhren y Steyr, Alta Austria, y de haber pasado dos años como pupila en el internado civil femenino  Imperial-real de Viena, me consagré durante algunos años a estudios teóricos y prácticos de arte en la Academia de Bellas Artes del Museo Imperial-real de Viena. En el otoño de 1883 hice mi examen de madurez en el gimnasio estatal de Linz, para estudiar después, con la interrupción de un año, que pasé en París, en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Zürich, por la que, tras la aprobación del examen, fui promovida a doctor en enero de 1889.»
Niza
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HERENCIA PATERNA
Los padres de Resa vivían entonces en Graz, donde el 6 de marzo de 1893 murió primero la madre, y poco tiempo después, el 29 de noviembre del mismo año, el padre. Dejaron a sus tres hijos Theresia, Wilbelmine y Adolf una pequeña fortuna y dos casas, por cuya venta cada uno consiguió sus propios bienes. Esto permitió a Resa (Theresia) una vida más libre; viajó mucho, cultivó buenas amistades y en 1909 eligió finalmente Brixen como lugar definitivo para vivir.
Niza
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PERDIDA DE SU FORTUNA
Después de la primera Guerra Mundial perdió su fortuna, colocada en valores del Estado, y tuvo que salir adelante dando clases particulares de lengua y de piano. En 1945 -con 90 años-- fue recogida en el hogar de ancianos «Hartrnannsheirn» de Brixen, donde el 26 de octubre de 1948 murió de debilidad senil.
Niza
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ENCUENTRO CON NIETZSCHE
De la descripción de su primer encuentro con Nietzsche transcribimos lo siguiente: «En las vacaciones de Pascua de 1884, al final de mi primer semestre en la Universidad de Zürich, fui a Génova con la intención de encontrarme en la Riviera francesa con mi respetada y maternal amiga Malwida von Meysenbug. A mi pregunta de si vendría a Cannes me comunicó que esa primavera se quedaría en Roma y me propuso ir a Niza, donde encontraría a Nietzsche, a quien, debido a ella, no le resultaría extraña, y que, por su trabajo intenso en cavilosa soledad, necesitaba distraerse.»  ¡Por tanto, fue de nuevo la maternal y solícita Malwida la que hizo de «destino» en esta ocasión! Resa von Schirnhofer anunció entonces su visita desde Génova, y Nietzsche la contestó inmediatamente, y en el tono más confidencial, el 31 de marzo: «¡Venga con toda tranquilidad, mi admirada Señorita! E inténtelo en la casa donde yo vivo ahora -la encontrará digna de confianza y cumplidamente suiza. Poco a poco se ha ido quedando bastante vacía, los pájaros de invierno se marchan. En lo que a mí respecta, ha encontrado Usted el momento más oportuno. Ayer envié el último pliego corregido de mi última parte de 'Zaratustra', --ahora estoy libre, más libre quizá que nunca, y dispuesto totalmente a cualquier 'otium cura dignitate'. » Así pues -le enseñaré Niza y, en lo posible, también a mí mismo, ya que Usted quiere 'conocer' profundamente al viejo solitario. No obstante, todo solitario tiene su caverna en sí mismo, y, a veces, tras la caverna, otra, y otra-- quiero decir que resulta difícil conocer a un solitario. Supongamos que sale Usted de Génova el 3 de abril en el rápido de la mañana ... »
Niza
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EXCURSIONES CON NIETZSCHE
Resa von Schirnhofer se atuvo al plan de viaje señalado por Nietzsche anteriormete. Sigue narrando: «En aquella época no conocía más escritos de Nietzsche que 'Consideraciones intempestivas' y el 'Nacimiento tragedia en el espíritu de la música', libro que había excitado grandemente mi admiración juvenil. Sí sabía del cambio de postura de Nietzsche en relación con Wagner, que venía unido a una ruptura en su línea evolutiva - como parecía entonces --, pero no conocía sus nuevos escritos. No me resultaba desconocido tampoco en sus rasgos humanos, debido a lo que me había contado Malwida en Roma, así como a las observaciones ocasionales de su hermana, Donna Laura Minghettis y otras personas de su círculo, todas las cuales conocían personalmente a Nietzsche. Asimismo, por conversaciones con Lou Salomé en Bayreuth (donde me encontré, después de haberrne citado previamente, con Malwida von Meysenbug para las representaciones de Parsifal de 1882, ocasión en que ésta me presentó a aquélla), había oído algunas cosas sobre los problemas filosófico-morales que ocupaban a Nietzsche. El desconcertante virtuosismo dialéctico de Lou Salomé, su agudeza, que llevaba hasta la sutileza sofística, me habían cautivado... De este modo, Nietzsche me resultaba conocido por las 'imágenes reflejas' que otros me daban de él, ahora me alegraba la posibilidad de una propia y seguí con gusto la proposición de la Srta. Meysenbug. En el primer encuentro con Nietzsche sentí en principio una cierta timidez. Pero sus nobles y amistosas maneras, sus aires serios y profesorales, nuestra común y maternal amiga, que estaba visiblemente presente como intermediario, me permitieron pronto recobrar una abierta naturalidad. Durante los diez días de mi estancia en esa encantadora Cote d'azur Nietzsche me dedicó muchos ratos de su precioso tiempo. Me llevó por sus caminos preferidos, dimos paseos, hicimos pequeñas excursiones, gozamos del encanto de la  naturaleza y del clima; me traía libros para que los hojeara y otros de los que le leía a veces, y, a pesar de lo grande que era la distancia intelectual entre el pensador y poeta y la estudiante, nunca llegó a manifestarse en las simples relaciones humanas. Pensador de estilo tan desinhibido, Nietzsche era una persona de sensibilidad exquisita, dulce y de escogida delicadeza en sentimientos y maneras en el trato con el sexo femenino... Nada había en su modo de ser que me molestara. Ni en su aspecto externo y comportamiento, ni en su modo de pensar, Nietzsche me pareció un alemán típico. También me contó, con visible satisfacción, cómo siempre le sucedía que los polacos se dirigían a él como a un compatriota suyo, y que según su tradición familiar el origen polaco de los Nietzsche... era seguro. Entonces esto me resultaba nuevo y me interesó, dado que había visto en Viena, en una pintura histórica de Jan Mazjeko, cabezas de características formales semejantes, de un parecido en el crecimiento del bigote no meramente superficial, cosa que también le conté y por la que pareció alegrarse mucho.Y es que estaba muy orgulloso de sus características fisonómicas polacas.»
«De nuestras pequeñas excursiones... hay un paseo mañanero hasta el Mont Boron que me ha quedado especialmente en el recuerdo... Soplaba el mistral, que todo lo excita... Nietzsche, con ánimo ditirámbico, lo celebraba como el liberador de toda pesantez terráquea; para él en las vibraciones, en el bramido del viento había algo disolvente y benéfico. A cierta altura... había una sencilla hostería... Nos sentarnos en medio de un magnífico panorama de montaña... Allí gusté por primera vez 'vermouth di Torino', ofrecido por Nietzsche, quien, estimulado por el mistral, se encontraba en un estado de ánimo excitadísimo, lleno de humor burbujeante y de ocurrencias graciosas. El 'monte vigilado? (por tropas francesas) fue el punto de partida de una serie de versos que casi se atropellaban unos a otros... Eran versos jocosos y entretenidos que me mostraron un Nietzsche inesperado. (Sólo muchos años más tarde, por la lectura del 'Nietzsche solitario' , supe que durante un largo viaje de ferrocarril en compañía de su hermana... inventó coplas comiquísimas, 'lo que le gustaba hacer cuando estaba de buen humor'.) »
Niza
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CORRIDA DE TOROS EN NIZA
«En otra ocasión Nietzsche me invitó a acompañarle a la corrida cle toros de Niza, en la que, por orden de la autoridad, no podían aparecer caballos ni podía matarse a los toros, cosa que correspondía a mis puntos de vista de amiga de los animales. Pronto, sin embargo, esa mansa escaramuza nos pareció una caricatura de la corrida de toros y comenzó a excitar nuestras ganas de reír. El comportamiento semejante de los seis toros... parecía evidenciar un conocimiento de las ordenanzas por su parte; especialmente cómico resultó el momento en que, al final, el toro corría a escape hacia la puerta que, al fondo, abría sus dos grandes batientes. Nosotros aplaudíamos esperando que el toro, como un actor, volviera e hiciera una reverencia agradecido. En esta corrida... la música de la obertura y de los intervalos de Carmen no estaba en absoluto en su lugar... Esa música electrizaba a Nietzsche, que la escuchaba transfigurado, haciéndome notar con palabras apasionadas el ritmo palpitante, lo elemental y pintoresco de ella... »
Niza
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ADMIRACIÓN POR LOU
« Hablaba con gran admiración de la extraordinaria agudeza de Lou Salomé y de su 'Himno a la vida', que me recitó enteramente. Una vez me dijo que no debía escandalizarme por el pasaje - tan tristemente célebre después -- del látigo en el Zaratustra... No me aclaró el origen primigenio de ese 'consejo' tan detalladamente como más tarde leí en el libro de Elizabeth, pero sí me dijo, sin rodeos, en quién hubiera pensado con ello...»
Niza
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SOBRE WAGNER
«Tanto en Niza, como más tarde en Síls-Maria, Nietzsche habló conmigo mucho y muchas veces sobre Wagner. Al principio, cautelosamente; después, con mayor dureza, superándose él a sí mismo. Analizando sin consideración la persona de Wagner y su música, y recalcando en ellas, con crítica demoledora, lo inauténtico y lo teatral. De él escuché yo por primera vez que el padrastro de Wagner, Geyer, había sido su auténtico padre y que por ello tenía sangre judía ».
Niza
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REGALO DEL ZARATUSTRA
«Nietzsche me regaló entonces el 'Así habló Zaratustra', las tres partes, que habían aparecido recientemente; me lo entregó con amable solemnilad, escribió arriba 'amistosamente afecto "más abajo 'In nova fert animus'. Antes de que yo lo hubiera ojeado, buscó en la 2ª parte la Canción de noche y me invitó a leerla en voz alta. Ya su comienzo: 'Es de noche: ahora hablan más alto todos los manantiales. Y también mi alma es un manantial', que comencé a leer tímida y suavemente, por su belleza lírica, despertó en mi interior tonos resonantes... En otra ocasión me rogó que leyera en voz alta la Canción de baile de la 2ª parte del Zaratustra... Inmóvil, con ademán de fatiga, Nietzsche estaba sentado allí, como sobrecogido por una nueva vivencia de su poema, olvidado totalmente de mi hundido en su mundo más propio, en aquello 'desconocido', 'insatisfecho', 'insaciable', de lo que dice Zaratustra en esas dos canciones que está en torno a él, en él.    »Cualquier palabra no hubiera sido otra cosa que un estorbo. Guardé silencio largo tiempo y dejé que el eco interior de Nietzsche y mi emoción poética fueran disminuyendo. Más tarde Nietzsche me dijo una vez cuánto bienestar le producía poder hablar, reír y, lo que era más extraño en las mujeres, callar, también, conmigo.»De nuevo en otra ocasión me pidió Nietzsche que le leyera 'La otra canción de baile' de la 3ª parte del Zaratustra. El final de la misma no lo había entonado probablemente con el suficiente misterio para su gusto, puesto que Nietzsche repitió con voz solemnemente alterada las campanadas de medianoche de la 'vieja y pesada campana vibrante':

  ¡Uno!
   «¡Oh hombre! ¡Presta atención!
¡Dos!
«¿Qué dice la profunda medianoche?
  ¡Tres!
«Yo dormía, yo dormía -,
 ¡Cuatro!
«Me desperté de un profundo sueño
¡Cinco!
«El mundo ha sido pensado profundo,
¡Seis!
«Y más profundo que el día.
¡Siete!
«Profundo es su dolor-.

¡Ocho!
«Placer -más profundo aún que la amargura
¡Nueve!
«Dolor dice: ¡cesa!  
   ¡Diez!
«Pero todo placer quiere eternidad-,
¡Once!
«--¡quiere profunda, profunda eternidad!»
¡Doce!

Niza
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EL ETERNO RETORNO
»...Después se levantó para despedirse, y cuando estábamos en la puerta cambiaron repentinamente sus rasgos. Con una expresión rígida en la cara, arrojando hurañas miradas en derredor como si amenazara un terrible peligro si alguien hubiera escuchado sus palabras, con la mano ante la boca para suavizar el tono, susurrando, me anunció el 'misterio' que Zaratustra había dicho a la vida al oído, y ante el cual ella le respondió: ¿Sabes tú eso, oh Zaratustra? Eso no lo sabe nadie»... «Había algo de extravagante, de inquietante incluso, en el modo cómo me comunicó Nietzsche el «Eterno retorno de lo mismo», el tremendo alcance de esa idea. Más que su contenido me sorprendió la manera de comunicarlo. De repente era otro Nietzsche el que estaba ante mí y me había asustado.»....«Pero dado que, sin desarrollar más la idea, volvió a su modo natural de hablar y a su comportamiento normal, y añadió, tranquilamente, que yo sólo entendería más tarde, en toda su envergadura, el gran significado de la revelación, me quedé con la impresión de que Nietzsche había jugado a propósito fortísimo con mi impresionabilidad para que lo tremendo de ese descubrimiento me resultara inolvidable. En Sils-Maria, debido a otra experiencia, recordé vivamente esta extraña escena a otra luz distinta.»
Niza
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PARALELISMO CON EL ENCUENTRO CON LOU SALOMÉ
En este encuentro con Resa von Schirnhofer destacan algunos momentos de un paralelo desconcertante con los apasionados días de la primera convivencia de Nietzsche con Lou Salomé en el lago Orta, hacía casi exactamente dos años. Dejando aparte el hecho de que ambos conocimientos provinieron del círculo de las estudiantes de Zürich y por mediación de Malwida von Meysenbug, las semejanzas decisivas están, sobre todo, en el desarrollo externo: los paseos comunes, la vivencia del paisaje montañoso: en aquel caso próximo al lago, en éste cercano al mar; allí el Monte Sacro, aquí el Mont Boron; allí «el primer cognac de su vida» con Lou, aquí el primer «vermouth di Torino» para Resa. En ambos casos la confidencia de la manifestación de su angustioso «secreto», el dogma del «Eterno retorno de lo mismo», expuesto como para la ocasión de una iniciación, de una admisión en una comunidad mistérica: los versos iniciales tomados de las «Metamorfosis» de Ovidio.
Niza
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UN TERCERO
En el encuentro con Resa  lo que faltaba totalmente era un «Paul Rée», un tercero en la reunión. Pero Nietzsche tenía intención de conseguirlo todavía. Es verdad que Nietzsche, como afirma ella, no volvió a hablar con Resa von Schirnhofer del plan de viajar juntos a Córcega, pero no lo abandonó por el momento. Todavía el 25 de julio de 1884 escribe a Köselitz: « ... me quedaré definitivamente en Sils y Niza, con cortas estancias intermedias (así, por ejemplo, está previsto, provisionalmente, para la primavera próxima, una excursión a Córcega partiendo de Niza; Resa von Schirnhofer y yo -¡vivas tertius!).» Este «tertius» tenía que ser esta vez Kóselitz, puesto que, sin la construcción de una relación triangular, Nietzsche no se atrevía a hacer el viaje.
Niza
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VISITA A KÖSELITZ EN VENECIA
Ya el 1 de febrero había escrito a Köselitz: «Mientras tanto, mi deseo de su música se ha hecho tan grande que he de aparecer de improviso un día en Venecia. Es como un deseo después de una enfermedad grave. ¡creo que no encontrará en todo el mundo, querido amigo, unos días tan deseosos de escucharle!» Y el 25 de febrero: « ... estoy sediento, literalmente, de su música ... La música es, con mucho ' lo mejor; ahora, más que nunca, desearía ser músico.» Esto vuelve a repetirse en todas las cartas siguientes. El 21 de abril llegará a Venecia para pasar sietes semanas con Köselitz  (21 de abril a 12 de junio de 1884).
Niza
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POCO ENTUSIASMO DE KÖSELITZ ANTE DEDICATORIA
El 25 de marzo Köselitz contestó rehuyéndolo educadamente: «La reina Margherita -bueno, si Usted cree que una dedicatoria a ella cautivará antes a los italianos, puede que suceda así... Pero, en general, ello me produce mucha resistencia: los príncipes se encuentran en la molesta situación de tener que mostrarse siempre agradecidos, al final me colgarían todavía el título de caballero -¡horrible!, ¡ningún título al amor!, ¡ello estropea toda la consideración del mundo! -Y los compositores italianos son casi todos caballeros, porque se portan tan bien con su realeza.»
Niza
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ESTRATEGIA DE KÖSELITZ
Kóselitz, por su parte, veía dos caminos en relación con su ópera: o bien conseguir primero estrenarla y luego un editor que la dé a conocer más ampliamente -o bien encontrar primero un editor que ponga todo de su parte también por estrenar la obra.  Köselitz quiere intentar antes el primer camino. El 29 de febrero expone su plan a Nietzsche: «Me quiero ofrecer a un empresario paduano, que ya ha organizado a menudo la temporada en el teatro Fenice de aquí, como director de orquesta para dos o tres óperas de éstas: Tannháuser de Wagner; Don Juan, de Mozart; Tell, de Rossini; Vestal, de Spontini; Muerte de Portici, de Auber; Zampa, de Herold; -Stradella, de Flotow; Reina de Saba, de Goldmark; Carmen, de Bizet, y para el Matrimonio secreto, como primera ópera a estrenar, y sería para el Carnaval (cuyo comienzo es el segundo día festivo de Navidad 1884). En Carnaval el público tiene el mejor estado de ánimo, sobre todo al comienzo, es decir, en Navidad, Año Nuevo. Pondría como condición, además, que se organizaran cuatro o cinco conciertos con los medios musicales del teatro; en ellas presentaría algunas cosas que ya he anotado, que resultarían nuevas o que ya gustan a los venecianos.»
Niza
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ENTUSIASMO DE NIETZSCHE ANTE ESTRATEGIA
Nietzsche contesta inmediatamente entusiasmado: «¡Qué magnífica novedad esa decisión... una solución tan natural. a su larga estancia veneciana! ¡Sólo ahora me doy cuenta de cuánto me ha intranquilizado en el fondo que no quisiera Usted desfilar a la cabeza de sus tropas --con la batuta en la mano, me refiero-. Ante todo deseo ahora que se haga inmediatamente el contrato con el empresario sin mediar un día más.» Para él no hay duda (y por lo visto tampoco para el mismo Köselitz) de que su amigo es capaz de hacer todo eso. ¡Y sin embargo Köselitz no tenía formación ni experiencia alguna como director de orquesta; nunca se había puesto ante una orquesta, y mucho menos en el teatro!
Niza
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ESPERANZAS FRUSTRADAS ANTE EL ESTRENO
Las esperanzas de Köselitz (¡y de Nietzsche) en un próximo estreno -- no habrían de cumplirse. Kösselitz tendría que esperar hasta 1890. Fuchs, fiel a Nietzsche, consiguió finalmente imponer la obra -- -- (con el título de «El león de Venecia») -más de un año después del desmonoramiento de Nietzsche-. Nietzsche, por tanto, ya no podrá «vivir» un estreno tan añorado.
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CAMBIO DE TÍTULO A LA OPERA DE KÖSELITZ
Cuando Nietzsche abandona la esperanza de un estreno italiano de la ópera de Köselitz, decidió que deberia cambiarse el título de la misma. A Overbeek le informa al respecto el 21 de mayo: «Fue un momento oportuno el que escogí para venir a Venecia, puesto que nuestro maestro resulta difícil de convencer y piensa, en el fondo, que con escribir partituras está todo hecho. Apenas reflexiona sobre representación y representatividad de la obra; y ahora, ulteriormente, me doy cuenta de cuán importante fue el que yo lo llamara el penúltimo otoño a Leipzig -a pesar de que en principio parecía que había resultado inútil-. Pero no fue inútil: en otro caso él habría compuesto música imposible durante otros dos años más. Que su 'plan' con la firma milanesa Lucca era tan poco práctico como el veneciano, se lo demostré inmediatamente: con un ¡no! epistolar, rotundo, de esa firma. Asimismo, que su música es, en general, imposible por ahora para los italianos, además de que heriría su veneración por Cimarosa. En pocas palabras, que hubo una revolución en todas las cosas posibles, incluido el texto, finales y muchas formas de preguntas, que tienen que ver con el efecto a causar. Para resumir el resultado fíjate en este cartel de teatro.»

EL LEON DE VENECIA
Opera cómica en cinco actos, por Peter Gast
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EL DISCÍPULO VON STEIN
Nietzsche intenta ahora atraer como seguidor a Heinrich von Stein, del que sabía que, filosóficamente, mantenía firmemente los puntos de vista de Schopenhauer -y sobre todo, que pertenecía al círculo más íntimo de Bayreuth-. A finales del verano de 1883 Nietzsche le envió las partes I y II, salidas hasta entonces, de su Zaratustra, e hizo que a finales de abril de 1884 siguiera la parte III.
Niza
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CARTAS INCENDIARIAS
Nietsche espera conseguir, mediante la atracción de Stein a sus teorías, un discípulo que pueda servirle algún día de emisario en Bayreuth. También a Malwida von Meysenbug, una de las fieles de Bayreuth, la «inicia» en la carga ritual que él soporta mediante el envio de cartas incendiarias. El 12 de febrero escribe a Stein: «Tengo cosas en mi alma que son cien veces más difíciles de soportar que la betise humaine [una invectiva contra los ataques de sus parientes]. ¡¡¡Es posible que yo sea para todos los hombres venideros una fatalidad, la fatalidad, -y, en consecuencia, es muy posible que un día, por amor a los hombres, enmudezca!!!» De modo parecido a como lo hizo a Heinrich von Stein, escribe el 21 de mayo de 1884 a Malwida (y también a Overbeek, casi con las mismas palabras): «Mi tarea es tremenda; pero mi decisión no lo es menos. Lo que yo quiero, eso no se lo dirá seguramente mi hijo Zaratustra, pero se lo insinuará; aunque quizá haya que adivinarlo. Y ciertamente es esto: quiero ¡impulsar a la Humanidad a decisiones de las que depende todo el futuro humano, y puede suceder que algún día siglos enteros hagan sus mayores votos a mi nombre. -Entendería por 'discípulo' una persona que me hiciera un voto incondicional-, y para ello necesitaría un largo tiempo de prueba y pruebas duras. Por lo demás, soporto la soledad: mientras que cualquier intento de los últimos años de mantenerme entre los hombres me ha puesto enfermo.»
Niza
Biografía de Nietzsche















































































































































































































POSICIÓN DE NIETZSCHE EN EL CONTEXTO
Hay que preguntarse hoy cómo recibieron los destinatarios las manifestaciones anteriores  de una autoconciencia exaltada, ya entonces, en la primavera de 1884, sin escandalizarse en lo más mínimo por ello y sin que se les levantara la sospecha de una distorsión enfermiza de la conciencia. Habrá que intentar comprenderlo desde la situación espiritual del tiempo. Era una «época revolucionaria»[para usar una expresión de Jacob Burckhardt] A Burckhardt y a Nietzsche los unía una conciencia de crisis, más clara que en la mayoría de sus contemporáneos. Cambios radicales en el ámbito de la existencia espiritual y material parecían insoslayables.La filosofía materialista había rechazado al Dios-creador, explicando el surgirmiento del cosmos como evolución totalmente autónoma a partir de leyes naturales «eternas», inmanentes a él, que las ciencias naturales se comprometían cada día más a seguir por entero en sus huellas, a usarlas y a manipularlas. Nietzsche, con sus expresiones sobre el «Dios muerto», introduce esta postura básica en el mismo Zaratustra. Julio Verne (1828-1905), en sus novelas utópicas, había iluminado esplendorosarnente desde 1869, con visiones efectistas, las posibilidades aparentemente ilimitadas del conocimiento científico-natural y de lo realizable técnicamente. Thomas Edison (1847-1931), de la misma edad aproximadamente que Nietzsche, inició de hecho el camino con sus descubrimientos. Con la electricidad y la turbina de vapor se ofrecían nuevas fuentes de energía que, a su vez, abrían posibilidades completamente nuevas. En 1833 había muerto Karl Marx,que había legado la visión de un cambio total de estructuración de la sociedad humana.A ello hay que añadir que los Estados europeos pretendían establecer con sus imperios coloniales una soberanía sobre el globo, por medio de la cual la cultura europea, el pensamiento europeo, pudieran ampliarse hasta una cultura terráquea. De ese mismo modo, el cristianismo, en su tiempo, se había extendido por el ámbito del imperio romano. ¿Por qué, se podía preguntar Nietzsche, ahora, la superación del cristianismo no iba a seguir los mismos caminos?
Niza
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EPOCA CONVULSIONADA
En la situación convulsa en que Nietzsche vive, éste se pregunta: ¿Debe desvelarse el abismo de la revolución, o debe ocultarse al hombre interiormente inseguro, con el velo de ideales visiones, el terrible panorama? ¿Es la apasionabilidad desnuda y sensual de «Carmen», o la agradable alegría del «Matrimonio», una alternativa auténtica a las estremecedoras visiones del más allá en «Tristán», al fracaso de los dioses (en el «Anillo») que supone la dedicación al poderío material al precio de la renuncia al amor -al amor al hombre--, o a la aspiración de Parsifal a un nivel más alto de ser hombre? Nietzstsche encuentra, en estos momentos, su revolucionara respuesta en el dogma del eterno retorno de lo mismo.
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AGRADECIMIENTO Y POEMAS
Heinrich von Stein agradece el obsequio, «la cálida verdad cuyo pulso me llega palpitante», y envía, a su vez, «lo que vuelvo a tener precisamente ahora entre las manos, poemas traducidos de «Giordano Bruno», entre ellos uno «que, en su tiempo, gustaba muy especialmente a Wagner». Y añade: «Cuánto desearía que viniera este verano a Bayreuth al Parsifal.. Cuando pienso en el Parsifal, pienso en una imagen de belleza pura ---en una vivencia anímica de estilo puramente humano... Por eso, tímido y osado a la vez, expreso aquí ese deseo mío, no como wagneriano, sino porque deseo al Parsifal este oyente y a este oyente el Parsifal.»
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PENOSA RENUNCIA
Y Nietzsche responde el 22 de mayo (¡cumpleaños de Wagner!): «Esos poemas de Giordano Bruno son un regalo por el que le quedo agradecido de todo corazón. Los he 'tomado'... como gotas vigorizantes. ¡Si Usted supiera qué pocas veces me llega todavía de fuera algo vigorizante! Hace dos años dije, con una especie de rabia, que un acontecimiento como el Parsifal había de pasarme lejos, precisamente a mí-, y ahora también, ahora que conozco un segundo motivo para ir a Bayreuth -Usted, mi querido Sr. Doctor, que pertenece a mis grandes 'esperanzas-, también ahora vuelvo a tener dudas respecto a si me es lícito ir. A saber: el mandato, que está sobre mí, mi tarea, no me deja tiempo para ello. Quizá mi hijo Zaratustra le haya descubierto lo que se mueve en mí; y si logro de mí todo lo que deseo, moriré con la conciencia de que siglos venideros harán sus mejores votos en mi nombre. -¡Perdón! -Hay cosas tan graves que habría que pedir perdón antes de hablar de ellas.»Finalmente quisiera, sin embargo, enterarme de cuándo son las representaciones, de cuándo irá Usted a Bayreuth y de si estaría quizá dispuesto a visitarme en la Alta Engadina (Sils-Maria).»
¡Así pues, no hay en Nietzsche indignación, por ejemplo, por el atrevimiento de invitarlo a Bayreuth, sino profundo pesar, incluso rabia contra sí mísmo, por la renuncia penosamente soportada! Y aquí descubre clarísima, casi ingenuamente, el motivo por el que tuvo que separarse de Wagner: su obra, su tarea, el demonio de su filosofía le fijó otro camino: el suyo propio.

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EL PESO DEL DOGMA
Es evidente que la conciencia mesiánica de enviado que Nietzsche manifiesta en esta época va muy concretamente unida a su «hallazgo» filosófico, al dogma del Eterno retorno de lo mismo. Y de hecho, si un retorno tal, con todas sus consecuencias, fuera un hecho demostrable --o fuera creído por una parte mayoritaria de la Humanidad-, ello conllevaría un vuelco total de la existencia espiritual. Esta vida sería todas las repeticiones futuras inevitable e incorregiblemente, prejuzgándolas hasta en el mínimo detalle, y estaría cargada, así, de una responsabilidad casi insoportable. Toda esperanza, toda creencia, incluso la posibilidad más lejana, de evasión de un alma a una eternidad --es decir: a algo completamente atemporal- privada de todo lo terreno -y con ello de toda miseria y dolor- quedaría destruida, diluida, y la «eternidad» supeditada a las leyes de espacio y tiempo, reducida a una secuencia -aunque infínita- temporal. Nietzsche se dio cuenta, por supuesto, de lo que esto habría de significar, tras todo el desarrollo filosófico desde Platón y hasta Kant, para el cristianismo, el islam y otras religiones del más allá, y tenía motivos para estremecerse ante ello. Cuál era en ello su estado de ánimo, lo revela una corta anotación epistolar de Köselitz a Cácilie Gusselbauer del 5 de junio de 1884: «Nietzsche viene a casa y toca su grave música que no soporto demasiado. Al diablo esos tonos horrendos.»

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DESAMPARO EN BASILEA
Franz Overbeck escribe a Erwin Rohde el 27 de julio de 1884: «Nietzsche apareció repentinamente aquí [en Basilea] el 15 de junio y se quedó algo más de 14 días; en aquel momento, en una situación de desamparo absoluto debido a un aislamiento que poco a poco se torna horrible, pero que a él, como se demostró aquí, sólo le resulta tan horrible cuando no se encuentra en soledad y en un clima agradable para él. Tiene puestas enormes esperanzas en su Zaratustra, sobre todo en su descubrimiento de la doctrina del eterno, mecánico retorno de todas las cosas. En el mundo de su historia es feliz ahora sólo de cuando en cuando, hasta que le llega a acongojar el hecho de que, por el momento, vive solo en él, tal como él lo entiende. Si no supiera todo lo que ya ha superado no podría pensar en él tan relativamente tranquilo como lo hago, teniendo en cuenta el estado en el que volvió a irse últimamente de Basilea... Respecto a su 'hijo Zaratustra' como le gusta llamarlo, comprendo lo suficiente darme cuenta de que encuentra en él una fuente de alegría; a causa- del libro mismo y de la suerte que tenga con su propio autor, decidirme sobre si la fuente es tan rebosante como él cree.»
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NECESIDAD DE EXPLICARSE A SÍ MISMO
 Nietzsche buscó contactos en Basilea con círculos universitarios, ante todo con Jacob Burckhardt. Pero ya se ha convertido en algo extraño para los basileos. Aquí, en medio de esta, decepción, surge el plan explicarse «a sí mismo», buscando comprensión, por medio de una misiva completamente personal «A mis amigos», como escribe a Overbekc el 10 de julio de 1884. Puede atisbarse en este plan su último escrito, el «Ecce homo», que seguirá sólo cuatro años más tarde y para cuya comprensión es importante conocer el primer motivo que lo impulsó. Por el momento reprime esta idea: «fue sólo la sugestión del aire de Basilea, una idea debida al desánimo. ¡Ni una palabra más sobre mí!. El 'explicarme' ya lo llevé a cabo por medio de la última parte de la Gaya ciencia.»
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NECESIDAD DE LA SOLEDAD
 En esa misma carta describe su visión de la estancia en Basilea: «Basilea, o mejor mi intento de revivir el viejo trato de antaño con basileos y la Universidad --me ha agotado profundamente. Un papel y disfraz tales cuestan ahora demasiado a mi orgullo. ¡Mil veces mejor soledad! ¡Y, si ha de ser así, perecer solo!---«Y a Köselitz en 1884: «¡Por fin en Sils-Maria! ¡Por fin vuelta a -la razón!  Entretanto todo ha sido demasiado irracional en torno mío (estaba como entre vacas); pero la mayor sinrazón fue que me quedara tanto tiempo en esas hondanadas y establos. Quien necesita distracciones, como sucede de vez en cuando, quien necesita ocasión para reír, libros y hombres maliciosos - que vaya a cualquier otra parte, pero no a Basilea en hoc genus omne. Lo más simpático que viví fueron los apuros de Jacob Burckhardt por tenerme que decir algo sobre el Zaratustra: no fue capaz de decir otra cosa que por qué no hacía un intento con el drama. -»
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BASILEA DECEPCIONADA
Debió de resultar muy triste para Burckhardt ocultar su penosa decepción antes los derroteros por los que, según él equivocadamente, caminaba Nietzsche. En sus Consideraciones históricas universales  se puede leer: «La Wöluspa, que ya existía a comienzos siglo VIII... es un testimonio poderoso de los cantos mitológicos entre los escandinavos; además del mito abarca también el fin del mundo y el surgimiento de nueva tierra.» Nietzsche había asistido a este curso y había discutido privadamente con Burckhardt, precisamente, en relación a tales mitos y doctrinas que se referían a un retorno del proceso terráqueo, de que eso era una idea absurda. ¿Y ahora? ¿Qué había de pensar Burckhardt de su antiguo colega, oyente e interlocutor, cuando éste ahora, y con tanto convencimiento, presentaba justamente esas ideas como el hallazgo fundamental de su esfuerzo filosófico y lo ponía como piedra de toque para saber si alguien «era de los suyos» o no -haciéndolo además en la forma poética de una leyenda?.

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META VON SALIS
Nietzsche huyó de Basilea y se dirigió de nuevo a la altura de la vertiente sur de los Alpes, hotel Piora en el Ritomsee, a 1840 m. aproximadamente sobre el nivel del mar (así pues, algo más alto que Sils-Maria), a 700 metros hacia arriba o tres horas de camino, más o menos, de la estación de ferrocarril de Airolo, situada a la salida sur del túnel de San Gotardo. Aquí encontró la completa soledad externa que necesitaba. Pero otra vez resultó un fracaso. Ya después de una semana aproximadamente (el 12 de julio) Nietzsche abandona el lugar y se va a Zürich. Envía «al partir» de Airolo un anuncio de su llegada a la señorita Meta von Salis: «... suponiendo que Usted sepa quién soy yo, no tiene por qué extrañarse de que desee conocerla. Permaneceré algunos días en Zürich, hotel Habis: comuníqueme allí, se lo ruego, noticia sobre el cuándo y el dónde de un encuentro.» Y firma: «Su seguro servidor Prof. Dr. Nietzsche.» Meta von Salis sabía muy bien quién era el que se anunciaba a ella. Con seguridad, estaba perfectamente informada por su amiga Resa von Schimhofer, y detrás de todo --o mejor: sobre todo-- estaba Malwida von Meysenbug, preocupada por el aislamiento de Nietzsche, a cuyo círculo pertenecía esta joven estudiante de Zürich, como en su tiempo Lou Salomé y recientemente Resa von Schirnhofer, Helene Druscowitz y algunas otras más. El 14 de julio de 1884 tuvo lugar en Zürich el primer encuentro, que al menos para Meta von Salis supondría uno de los acontecimientos más significativos de su vida. La primera toma de contacto fue de todos modos corta; cuatro días más tarde (el 18 de julio) ya está Nietzsche en su refugio de verano de Sils-Maria; tuvo, por tanto, que abandonar Zürich el 17 de julio a más tardar.
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ATRACCIÓN PARA FORASTEROS
En Sils ---como en Niza-- Nietzsche se hizo rápidamente con un pequeño círculo de huéspedes ocasionales en torno suyo, y parecía encontrarse especialrnente bien rodeado de mujeres cultivadas y ya no tan jóvenes. Había también visitantes que venían expresamente por él. Nietzsche se convirtió en una especie de «atracción para forasteros». Con un cierto dejo de orgullo, irónicamente coloreado, resume el 2 de septiembre de 1884 a Kóselitz: «Sils-Maria es de primerísitna clase, como paisaje -y ahora también como me han dicho, a causa 'del solitario de Sils-Maria'. -Vea Usted, acabo de escribir rápidamente una 'inmodestia de primerísima clase'.»
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FAMILIA ILUSTRADA
Ulysses von Salis, el mariscal de Luis XIII, compró en 1633, como refugio, el castillo Marschlins. Marschlins es un arrogante castillo de agua, construido en forma cuadrada en torno a un patio central, y con una torre en cada ángulo. El foso ya hacía tiempo que estaba seco, pero, a cambio, rodeaba al castillo una foresta magnífica. Más de un siglo después otro Ulysses von Salis (1728- 1800), acomodó el castillo para internado. Habían prendido en él los ideales pedagógicos de su época, y estaba en contacto con los representantes contemporáneos suyos de la Ilustración y con los predecesores del «Sturm und Drang».... Goethe, al final del libro 15 de «Poesía y verdad», recuerda a Salis como un hombre serio y comprensivo.
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EDUCACIÓN EN MARSCHLINS
Ulysses von Salis intentaba hacer de Marschlins un «filantropio», donde los jóvenes fueran educados para una más alta realización del ser humano. También con esta idea dirigió la renovación arquitectónica de la arrogante residencia señorial. En este entorno y en este ambiente intelectual creció -un siglo más tarde también- Meta von Salis, que vino a añadir el componente esencialmente nuevo y revolucionario para entonces de que el sexo femenino no siguiera excluido de esa formación humana, sino que participara de las mismas oportunidades formativas que el masculino.
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CONTACTO DE NIEZSCHE Y META VON SALIS
Sobre el primer contacto personal en Zürich (ella ya conocía desde hacía tiempo al autor filosófico) Meta von Salis nos transmite lo siguiente en su libro sobre Nietzsche, «Filósofo y hombre noble»: «¿Qué impresión me causó Nietzsche el 14 de julio de 1884? -El mismo acostumbraba a decir, con respecto a los lugares, que había de existir para cada persona un optimum, como para él representaba Sils-Maria. Pienso que cada uno tiene sus optima también entre las vivencias, cuando se trata de personas. Nietzsche encarnó para mí ese optimum en un sentido muy representativo, y eso que estoy muy acostumbrada al trato con hombres y mujeres de pueblos diferentes... Ya la primera impresión no fue comparable a ninguna otra recibida anteriormente. El aire extranjero, no alemán, de su cara correspondía con una apariencia sin pretensiones que no dejaba adivinar en él al catedrático alemán. Una fuerte seguridad en sí mismo hacía innecesaria la adopción de una pose. Aquel hombre, que veía en la ostentación un residuo de la esclavitud,... no tenía nada de las típicas maneras afectadas y pequeñoburguesas de los intelectuales. Desde el primer momento llamaba la atención su suave voz, llena de delicadeza y melodía, y su modo de hablar muy pausado... Si una sonrisa iluminaba aquel rostro bronceado por la larga permanencia al aire libre del sur, entonces adquiría una expresión conmovedoramente infantil que ganaba las simpatías. La mirada parecía, la mayoría de las veces, vuelta hacia adentro...o proveniente de la profundidad buscando algo en lo que poner la esperanza que ya casi había perdido; pero siempre eran sus ojos los de una persona que ha sufrido mucho y que, a pesar de ello, ha resultado vencedora, y se yergue, melancólica, sobre los abismos de la vida. Ojos inolvidables, resplandeciendo por la libertad del vencedor, acusando y lamentando que el sentido de la tierra y su belleza se hubieran malversado en absurdo y fealdad.» ¿De qué hablamos? Del calor y del aire de tormenta, de amigos comunes y de lugares bien conocidos por ambos, de cosas de las que suelen hablar en el primer encuentro dos personas que saben una de otra... Después nos apartamos de lo usual, es decir, Nietzsche habló de sus intereses intelectuales y yo escuchaba. Una anotación de aquellos días me recuerda que tocó dos de sus pensamientos preferidos. El primero fue que el hombre sólo conoce la mínima parte de sus posibilidades, de acuerdo con el aforismo 336 de 'Aurora', que acaba con esta frase: '¿Qué sabemos nosotros adónde nos podrían llevar las circunstancias?' -Aforismo 9 de la 'Gaya ciencia': 'Tenemos en nosotros todos los jardines y plantaciones; y, con otro símil, todos somos volcanes crecientes a los que llegará la hora de su erupción: -aunque nadie sabe, es verdad, lo cerca o lo lejos que está'-Y aforismo de 'Más allá del bien y del mal': 'Hacen falta golpes de suerte y muchos imponderables para que una persona superior, en la que duerme la solución de un problema, llegue a actuar a tiempo todavía -llegue a la 'ruptura', como podría decirse--. Normalmente no sucede, y en todos los rincones de la tierra hay gente que espera sentada, gente que apenas sabe hasta qué punto espera, y menos todavía que espera en vano--. El segundo se refería a la música, que, según su opinión, está tan determinada por el carácter de una época cultural como el resto de las artes y de las ciencias. Toda una serie de aforismos demuestra lo minuciosamente que Nietzsche se dedicó a justificar este asunto. El tiempo me iría confirmando que Nietzsche gustaba de hablar de aquello que lo ocupaba en un momento concreto. Hablaba mejor y más subyugantemente que cualquiera que yo conociera, pero no evitaba en absoluto los asuntos vulgares, sino que los llenaba de significado por medio de la perspectiva totalmente individual desde la que los consideraba .. »

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AMISTAD Y MATRIMONIO
Se ve claramente, asimismo, que para Meta von Salis --al igual que para Malwida von Meysenbug- la forma supremamente ideal de las relaciones humanas es la amistad y no el matrimonio. Con ello está predestinada de forma especial también para la amistad con Nietzsche, para quien esa forma significaba asimismo el grado más alto de la relación personal.
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AFINIDADES DE NIETZSCHE Y META VON SALIS
Cuando el 1 de marzo de 1855 nació Meta von Salis, su padre, Ulysses Adalbert, tenía sesenta años, y su madre -también una von Salis, Margarete Ursula- treinta y seis. La diferencia de edad era todavía mayor que la existente entre los padres de Nietzsche. Se trataba de un matrimonio duramente probado. En las Navidades de 1849 habían perdido, por fallecimiento, dos hijas. Todas las esperanzas se fundaban en el hijo Ulysses -nacido en 1850- como único trasmisor del apellido familiar que era, dado que a él le siguieron de nuevo dos chicas: Pauline y Meta. Pero en 1859 murió también el muchacho. Esto fue un golpe demoledor para el padre, que se acercaba a la vejez, y una lúgubre experiencia, que marcaría su modo de ser, para Meta, entonces de cuatro años, parecida a la de Nietzsche, a la misma edad, debida a la temprana muerte del padre y del hermanito Joseph. De este modo la pequeña Meta se convierte en «una niña tímida, apasionada y poco comunicativa. Con seriedad meditabunda, sus ojos grandes, azules, miran al mundo. Son auténticos ojos de Marschlins, esos ojos azules resplandecientes, de los que dice la gente del pueblo que no hay falsedad que resista su mirada clara. No resulta fácil penetrar en esa alma infantil que oculta con temor su profunda sensibilidad, su riqueza de sentimientos, y que es quien más sufre, a la vez, por la tensión de ese estado. Los reproches en este sentido la vuelven aún más obstinada; la conciencia de la obligación y del pundonor, sin embargo, ya se han desarrollado fuertemente en ella ... El aprender no le resulta nada dificil.» ¡Qué cuadro más parecido al del serio escolar del gimnasio catedralicio de Naumburg! Meta von Salis confiesa en sus memorias autobiográficas: «Evolucioné a saltos, irregularmente, más influenciada por los libros que por la vida.» Pronto -más que Nietzsche con respecto a Pforta-, en 1863, Meta, con ocho años, fue llevada a Friedrichshafen, al «Paulinenstif», para un período de cuatro años de formación como interna. Se trataba, naturalmente, de una preparación para la profesión llamada «femenina», es decir, para llevar la casa; así lo quería su conservador padre.
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LA CUESTIÓN DE LA MUJER
De las experiencias tenidas hasta entonces concluye Meta von Salis, sin embargo, que así no llegará a dar el paso definitivo en sus intereses educativos más queridos: la cuestión de la mujer. Va más allá ahora que Malwida y, con veintiocho años, comienza sus estudios universitarios con el objetivo de terminarlos de modo oficial. Y alcanzará esa meta: en mayo de 1887 -a los treinta y dos años-- supera su examen de doctorado en la facultad de filosofía de la Universidad de Zürich, con «magno cum laude», presentando una tesis de carácter histórico sobre Agnes de Poitou. De ese modo se convierte en la primera grisona con título de doctor. Más tarde explica a Nietzsche retrospectivamente «que realmente el título no le importaba mucho por ella misma, pero que en interés de la cuestión de la mujer no quiso irse de la Universidad sin antes haberlo conseguido.»
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HELEN ZIMMEM
Nietzsche había conocido a esta «inteligente judía» ---como más tarde la presenta a sus amigos--, nacida el 25 de marzo de 1846 en Hamburgo, pero que desde los cuatro años había crecido en Inglaterra, ya en 1876 con ocasión de los festivales de Bayreuth, después de que, por consejo de Wagner, le hubiera enviado a ella con anterioridad su primera Consideración Intempestiva «D. Fr. Strauss». «Todavia hoy conservo el libro, provisto de una dedicatoria, y, naturalmente, lo enseño con gusto y con orgullo a mis visitantes», confesaba todavía en 1925 a Oscar Levy, en cuya (primera) edición inglesa de Nietzsche ella colaboró con las traducciones de «Más allá del bien y del mal» y de «Humano --demasiado humano». Fue la primera que, en 1874, publicó en Inglaterra un libro sobre Schopenhauer: «Schopenhauer. His Life and his Phüosophy», del cual Wagner tuvo noticia casualmente. La felicitó por la valerosa obra llevada a cabo y la invitó a los festivales de 1876. En medio de la turbulencia de las semanas festivas, y también seguramente a causa del mal estado de salud de él en aquella época, sólo se llegó entonces a un fugaz conocimiento entre ella y Nietzsche. Pero parece que esto fue suficiente para determinar a Miss Zimmem a ir a Sils por causa de Nietzsche, no sólo en el verano de 1884, sino también, y esta vez dilatadamente, en el verano de 1886. De todos modos, quizá Oscar Levy exagera un tanto cuando la glorifica como la «amiga inglesa de Nietzsche» (título que le da en sus conversaciones con Miss Zimmem), a pesar de que ello no obste para que el trato con ella representara, con seguridad, para Nietzsche una agradable ampliación de su ramillete de damas en la Engadina, del que Resa von Schimhofer escribe lo siguiente: «El centro de este círculo era una inglesa vieja, inválida, llena de espíritu, Mrs. Fynn, una católica convencida, por la que Nietzsche sentía un sincero respeto. Cuando más tarde la conocí personalmente en Ginebra me contó cómo Nietzsche, con lágrimas en los ojos, le había suplicado que no leyera sus libros, dado que 'había tanto en ellos que habría de herirla profundamente'.» Tampoco a la hija de Mrs. Fynn, asimismo presente, ni a la vieja Madame Mansuroff hubo de introducir Nietzsche apenas en sus problemas filosóficos. Por eso mismo significaba mucho para él encontrar en Miss Zimmem una persona preparada por sus lecturas de Schopenhauer y que le escuchaba paciente y comprensivamente durante sus caminatas, normalmente tan solitarias - fisica y espiritualmente.»
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BERTA ROHR
Entretanto también Malwida von Meysenbug había vuelto a acordarse de modo especial de su solitario amigo, del muchacho de sus desvelos: ¡vuelve a prepararle otra vez una mujer, esta vez incluso rica y hermosa!:«Así pues, esto no resulta... Berta Rohr quiere venir a Roma y es en ella en la que pienso para su hermano... Es todavía hermosa, rica, totalmente libre... y... no contraria a un plan así.» Berta Rohr permaneció todavía hasta enero de 1885 en Roma con Malwida, pero Nietzsche decidió no ir allí ni dar lugar a un «encuentro» como ése. Era un niño quemado; ya una vez -y con inicio allí-- había recibido las más profundas heridas anímicas, de las que todavía no se había curado. La experiencia con Lou no estaba aún superada.
Malwida seguramente creía poder conectar con un viejo afecto de Nietzsche. Diez años antes (el 22 de julio de 1874) Nietzsche había escrito a su hermana que «hace poco casi me decidí una noche a casarrne con la Srta. Rohr; hasta tal punto me gustó». El hubo de contárselo también a Malwida como «curiosum»; así se lo indica a su hermana, y añade: «Tus reparos son mis reparos» Los reparos vinieron, pues, primeramente de Elisabeth, lo que no le impide más tarde, el 13 de enero de 1911, escribir a Berta Rohr, quien permaneció hasta 1933 en contacto epistolar con ella y visitó también Weimar: «¿Sabe, querida, que mi hermano la encontró encantadora y que en una ocasión estuvo empeñado en prometerse con Usted, si Usted hubiera aceptado, naturalmente? También Usted se dio cuenta, creo, de hasta qué punto ése era mi deseo. Curiosamente lo único que retrajo de ello a mi hermano fue el reparo de que Usted tomaba la vida demasiado en serio, y que se inclinaba a la melancolía y al pesimismo. Mi hermano sabía demasiado bien que él habría de vivir en lucha, en cierto modo, contra todo un mundo, y que, por ello, una mujer habría de tener, ante todo, un temperamento fuerte y alegre.»
Sils-María
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RECUERDOS DE RESA VON SCHINHOFER
Todavía después de muchos años Resa tiembla al volver a representarse la imagen de la enfermedad de Nietzsche: «Si en Niza había conocido a un Nietzsche aparentemente saludable -si exceptuamos sus ojos enfermos--, esa imagen cambió durante mi corta estancia en la -Engadina, donde él--hablaba mucho sobre sí mismo y sobre su dolencia, padeciendo además un fuerte ataque de la misma... Después de que Nietzsche hubiera estado invisible por enfermedad durante un día y medio, la Srta. Willdenow y yo fuimos por la mañana a informarnos sobre su estado. Se nos dijo que se sentía mejor y que le gustaría hablarme. Mientras mi acompañante esperaba a la entrada de la pequeña casita construida en la roca, fui conducida por una estrecha escalera arriba, a un pequeño y modesto comedor. Estaba allí, al lado de la mesa, esperando, cuando se abrió la puerta de la derecha, que daba a la habitación contigua, y apareció Nietzsche. Se apoyaba, cansado, en la jamba de la puerta medio abierta, tenía una expresión descompuesta en la cara pálida, y comenzó inmediatamente a hablar de lo insoportable de su dolencia. Me describió cómo, en cuanto cerraba los ojos, veía sobreabundancia de flores fantásticas que, entrelazándose y trepando, se abrazaban en incesante crecimiento y, cambiando de formas y colores, brotaban unas de otras, hacia arriba, en exótica frondosidad. 'Nunca tengo tranquilidad', se lamentó; palabras que me impresionaron. Después me preguntó, de repente, mirándome, temeroso, con sus ojos grandes, oscuros, con su voz suave e insistencia inquietante: ¿No cree Usted que esta situación es síntoma de locura incipiente? Mi padre murió por un padecimiento de cerebro. Profundamente desconcertada por aquella pregunta que no esperaba en absoluto, me pasaron por la cabeza toda suerte de ideas... No contesté de inmediato, y Nietzsche repitió por segunda vez esa pregunta estremecedora, que me pareció delatar un sentimiento de miedo grande, apenas controlable. No sabía qué hacer, pero sentía que tenía que responder algo tranquilizante, aunque fuera en contra de mi captación intuitiva de la situación, y así, dije decididamente: que esos fenómenos de excitación de los nervios de la vista de sus débiles ojos no eran, con seguridad, presagios de una enfermedad del espíritu, y me despedí con el deseo de un rápido restablecimiento de ese ataque. Esta escena me dejó una profunda impresión, sobre todo a causa del miedo expectante que se había expresado más todavía en su actitud y mirada que en sus palabras. Aún totalmente impresionada di cuenta de la conversación a Clara Willdenow...Necesitamos mucho tiempo para tranquilizarnos sobre esos oscuros temores y manifestaciones de Nietzsche, que delataban profundos sentimientos de miedo.»
Sils-María
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PASEOS POR EL LAGO SILVAPLANA
Helen Zimmem cuenta: «Yo vivía entonces en el Hotel des Alpes, a donde Nietzsche venía todos los días para el lunch... Después iba siempre a pasear conmigo: por la orilla deL lago Silvaplana hasta una roca que se adentraba en él y que a Nietzsche le gustaba mucho. A menudo me hablaba entonces de lo que había escrito por la mañana. Yo sólo lograba entender un poco de todo ello, pero sentía que para él resultaba un alivio el poder explayarse con un ser humano. ¡Parecía solo, tan tremendamente solo! Si yo tenía algún reparo, lo que sucedía pocas veces, él solía replicar: 'Efectivamente, pero como dice Zaratustra' -y entonces venía un párrafo de esa su gran obra, de la que por entonces ya había escrito la mayor parte.»
La narración de Resa von Schirnhofer es más profunda: «También a mí, como antes y después a otros de sus visitantes, Nietzsche me condujo a la roca rodeada de agua que está en la orilla del lago de Silvaplana, a la roca de Zaratustra, a aquel maravilloso paraje de grave belleza natural, donde el lago verdinegro, el bosque próximo, las altas montañas y la calma festiva entretejen juntos sus encantos. Después de sentarme, a ruegos suyos, en la para él 'roca sagrada', Zaratustra comenzó a hablar desde el mundo de su alta tensión espiritual y emocional, derramando sobreabundancia de ideas o imágenes, revestidas de un lenguaje ditirámbico. Después me habló de la rapidez sorprendente con que había surgido cada una de las partes de la obra, subrayando lo fenomenal de esa producción e inspiración, a las que la escritura apenas podía seguir. En el modo en que me hablaba de estas cosas no había rasgo alguno de locura patológica, ni siquiera de quasi-normalidad -lo que se llama presunción-, ni en la elección de las palabras de su conversación ni en el tono de la misma, que más bien delataba una sorpresa ingenua, inmensa, como sobre algo enigmático para él, y que trasponía todo su ser en un desasosiego agitado. Esta visita a la roca de Zaratustra posee todavía hoy una realidad conmovedora en mi recuerdo. El tipo de creación poética de Nietzsche me pareció entonces fruto de una genialidad potenciada, y no se me ocurrió considerarlo críticamente ni interpretarlo sintomáticamente.» »Cuando seguimos por la orilla del lago, dejando tras de nosotros la zona del encanto de Zaratustra, se perdieron también las misteriosas vibraciones en el ser de Nietzsche, le llegó una distensión natural, favorecida por el exquisito frescor y por la pureza del aire de aquel claro día de verano, al que no amenazaba en el horizonte «nubecilla eléctrica» alguna de las que tanto temía Nietzsche. ...Me acuerdo todavía de un paseo matinal a orillas del lago de Sils hasta un lugar desde el que se podía divisar en la lejanía, pintorescamente situado, el hotel, recientemente construido, de Maloja, destinado 'a la aristocracia católica', como Nietzsche dijo. Después dimos la vuelta, subimos un pequeño promontorio donde, sobre un tapiz de césped frondosamente verde, atravesado por bloques de roca cubiertos de musgo, rodeado anularmente de espesa maleza, Nietzsche tenía su escondido lugar de tranquilidad, en el que el poeta y el pensador mantenía sin estorbos diálogo consigo mismo. Aquí comenzó a tocar de nuevo su tema preferido, esta vez sólo con una profunda tristeza y lágrimas en los ojos, lamentándose de la pérdida irreparable de la pasada amistad de Wagner.»

Sils-María
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VON STEIN EN SILS-MARÍA
«Gigantesco y delgado, erguido como un abeto, la cara fresca y llena, el cabello rubio, los ojos azules claros y muy abiertos'», así se presentó el 26 de agosto de 1884 ante el predicador del superhombre este vástago de vieja nobleza francona, documentada ya desde el siglo XII. Tenía entonces veintisiete años.
Heinrich von Stein había nacido el 12 de febrero de 1857 en Coburg. A los once años perdió, por fallecimiento, a su madre, lo que dejó profundas huellas en su modo de ser y en su pensamiento. Inusualmente dotado, acabó el bachillerato ya en marzo de 1874, es decir, con sólo diecisiete años. Fue primero a Heidelberg a estudiar teología, pero se decepcionó de la teología dogmática. A cambio encontró en Kuno Fischer (la fuente y la autoridad en Spínoza y Kant para Nietzsche), el docente de filosofía, a «su» maestro. Fischer le recomendó a Schopenhauer y a D. Fr. Strauss «como lecturas»; a Spinoza y Kant, «como estudio», y le previno contra el «disparatado» libro de Eduard von Hartmann.
En su «lucha por Dios», quería de ella una respuesta a la pregunta «quién es bueno, quién es malo».  Puesto que la teología le negaba las deseadas respuestas y la ayuda que necesitaba, se volvió a la realidad, primero filosóficamente por el estudio de Darwin y Haeckel. Pero tampoco esto le satisfizo, le resultó «sistema» en exceso. Se va a Berlín y se cambia a la facultad de matemática y física. Aquí en Berlín se topa con la persona que, como maestro, le influye duraderamente: Eugen Dühring. Bajo el influjo de Dühring escribe en 1877 (con sólo veinte años) su tesis doctoral «Sobre la percepción», o sea «aisthesis», estética en sentido griego.Tambien, el año que Heinrich von Stein pasó en casa de Wagner como «educador de príncipes» fue un episodio decisivo de su corta vida, ya que sucumbió, con sólo treinta años, a una parálisis cardíaca.

Sils-María
Biografía de Nietzsche















































































































































































































AFINIDADES ENTRE NIETZSCHE Y STEIN
A los dos la muerte les había ensombrecido la juventud --en un caso la de la madre; en el de Nietzsche, la del padre. Ambos habían disputado pronto el combate con la dogmática cristiana, y ambos se alejaron de ella decepcionados. Ambos poseían una aversión profunda a los «sistemas» filosóficos, ambos habían cursado ciencias naturales -Heinrich von Stein oficialmente como estudiante; Nietzsche, por lecturas que nunca abandonó. Ambos, por amplias rutas, habían seguido el mismo camino filosófico, a través de Darwin, Schopenhaucr, y para ambos el arte no era simplemente una dádiva agradable de la vida, sino un aliado, al menos, de la filosofía, y, por ello, los problemas de la estética un tema central suyo. Ambos habían llegado a docentes inusualmente jóvenes, ya con veinticuatro años, y ambos eran iniciados en el mysterio Wagner. Los artículos de Heinrich von Stein mostraban ampliamente las mismas huellas que seguía Nietzsche. También para él, el representante de una filosofía era más importante que lo que representaba. Para él era el hombre el que debía parecer creíble, aunque todo lo que dijera fuera refutable. Eso se corresponde con la idea que Nietzsche tenía de la filosofía presocrática. Además, los grandes de la historia del espíritu y de la Humanidad, de los que trata Heinrich von Stein, los encontramos también, ftmdamentalmente, en Nietzsche. En el caso de Heinrich von Stein falta, comparado con Nietzsche, Napoleón, por ejemplo; en el caso de Nietzsche, por el contrario, Santa Catalina o Cromwel.
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DIRECCIONES DIFERENTES
Sin embargo, ambos caminos -el de Nietzsche y el de Stein-   conducen pronto en direcciones muy diferentes, no reconocibles todavía en esos días de verano de 1884, pero sí pocos meses después. Con la IV parte del «Zaratustra» Nietzsche completa su ruptura con el mundo que representa Heinrich von Stein y que Nietzsche mismo había defendido en las tres primeras partes de la obra.
Nietzsche volverá a negar -como ya lo había hecho en «Humano - demasiado humano»- la intuición artística, lo poético como medio de persuasión filosófica, que en las primeras partes de Zaratustra había experimentado y valorado de nuevo. Negará al arte el derecho (¡no la posibilidad!) de representar una cosmovisión, al modo como, por ejemplo, lo forrnula Malwida von Meysenbug en su diario: «Lo que importa no es que el arte represente a lo sagrado, sino que él sea sagrado.» Exactamente eso es lo que Heinrich von Stein, siguiendo a Wagner y de acuerdo con la estética contemporánea, defiende: a saber, que el arte tiene no sólo el derecho, sino la obligación, que es su naturaleza más original incluso, el representar una cosmovisión, dado que sólo él la representa inmediatamente vivenciable. Nietzsche, por el contrario, traspasa el interés y el concepto del juicio estético de aquello que el arte ofrece al cómo lo ofrece, al arte como saber hacer, como tégne.
Heinrich von Stein hubiera podido entender esta concepción del arte, pero   nunca hubiera recorrido el mismo camino con Nietzsche, y el ataque de Nietzsche a la estética romántica en el «Caso Wagner», habría tenido que implicar al fiel colaborador de la «Bayreuther Blátter».

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VON STEIN UNO DE LOS SUYOS
Pero en estos momentos de Sils-María, Nietzsche no veía motivo de separación. Dado que Heinrich von Stein había seguido hasta ahora un camino tan semejante al suyo, creía que en lo sucesivo debían continuar juntos, y esperaba, en este caso especial, un auténtico discipulado del discípulo inter pares. Nietzsche resume su impresión el 14 de septiembre de 1884 en una carta a Overbeek: «La experiencia del verano fue la visita del barón von Stein (venía directamente de Alemania... y volvió directamente a casa de su padre ---un modo de poner acento en una visita, que me ha impresionado). Es un magnífico ejemplar de hombre y de persona, y que a mi, a causa de su tono heroico, de base, me ha resultado del todo comprensible y simpático. ¡Por fin, por fin, otro, nuevamente, de los míos, y que instintivarnente siente por mí un profundo respeto! ¡Es verdad que está todavía trop wagnetisé por el momento, pero también muy predispuesto hacia mí, a causa de la educación racional que ha recibido al lado de Dühring! ¡A su lado sentí continuamente, y del modo más fuerte, cuál es la tarea práctica que me corresponde en la vida, con sólo que cuente primero con jóvenes suficientes de un tipo muy determinado!... Respecto a Zaratustra, Stein me dijo con total franqueza que sólo había comprendido 'doce frases y nada más': ello me puso muy orgulloso, porque caracteriza la indecible extrañeza de todos mis problemas y luces... Sin embargo, Stein es lo bastante poeta como para sentirse profundísimamente conmovido, por ejemplo... por la 'otra canción de baile' (se la había aprendido de memoria)... Stein me ha prometido, por su cuenta, trasladarse conmigo a Niza a la muerte de su padre.»
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CÍRCULO DE BAYREUTH
Heinrich von Stein estaba realmente impresionado por Nietzsche. No pudo por menos, ya a la misma vuelta, que escribir a Bayreuth a Daniela von Bülow, el 31 de agosto, durante un alto del viaje en Zürich: «En la estrecha estancia campesina en Sils encontré a un hombre que, a primera vista, inspira compasión. Ya me había advertido Usted de antemano, con su comparación con Humperdinck, de lo pálido, lánguido, de su apariencia. ¿Me cree si le digo que hubo momentos en estos días en los que llegué a admirar total y cordialmente a ese hombre? Es verdad que él no debe hablar de sí. Si no lo hace, entonces uno piensa por sí mismo lo que este hombre sufre, y cómo de ello ha salvado un fuerte gozo de vivir. Yo fui testigo de un día así de dolor. La noche siguiente no durmió: pero por la mañana nos saludó un día espléndido de sol. Ese día anduvimos juntos ocho horas en total, hablando sin cesar sobre los grandes asuntos de la vida, nuestro común recuerdo -sobre lo histórico --sobre lo eterno. Al atardecer todavía se sentía fresco y despierto, como a mí me gustó siempre imaginarlo. -Las praderas de la Alta Engadina y las cimas de nieves perpetuas, que las llenaban de luz, proporcionan a esos días, para mí, unas fuertes líneas que no se borrarán. -...Me he traído de Sils el deseo cordial de poder hacer algo por Nietzsche. Hay un destino que pesa sobre él y de todo lo lejano, aun de lo aparentemente lejano, escuché que él ya no puede ser feliz en la vida. Pero esto no está pensado con rigor, sólo en serlo. - Nietzsche me ha encargado un cordial saludo para Usted; seguramente le agradará a Usted recibirlo; al que saluda pareció agradarle realmente.»
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ACTITUD DE BAYREUTH FRENTE A NIETZSCHE
Nadie de entre los «wagnerianos», a los que ciertamente pertenecía Heinrich von Stein, ha vuelto a escribir algo tan positivo sobre Nietzsche. Afirma Wahnes: «El noble Stein, elegante por naturaleza, estaba abierto, respetuosamente receptivo, a todas las grandes ideas que le ofrecía Nietzsche. Por entonces en los círculos de Bayreuth no dominaba todavía la opinión condenatoria de que Nietzsche, ya diez años antes de la crisis aguda de la enfermedad, estaba enfermo, opinión que señala a obras como el Zaratustra como creaciones de un loco.» Y es que, de momento, ¡se tenía en las manos sólo «Richard Wagner en Bayreuth», no todavía «El caso Wagner»!
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HISTORIA DE FILOCTETO
Aquí conecta Stein con la carta que le escribió Nietzsche poco antes de la partida, como último saludo desde Sils-Maria: «Su visita pertenece a las tres buenas cosas por las que estoy fundamentalmente agradecido a este año de Zaratustra. ¿Quizá para Usted ha resultado peor? ¿Quién sabe si Usted no ha encontrado en exceso a Filocteto en su isla? E incluso algo de aquella creencia de Filocteto:'¡Sin mi flecha no se conquistará Troyal' Un encuentro así como el nuestro trae siempre muchas consecuencias, mucho destino. Pero esto me lo cree Usted seguramente: desde ahora Usted es uno de los pocos cuya suerte, en lo bueno y en lo malo, va unida a la mía.»
Con el simil de Filocteto Nietzsche eleva el encuentro con Heinrich von Stein a un plano semejante a aquel del símil de Ariadna desde el que quiere contemplar su relación con Cosima y Richard Wagner. Con la paráfrasis de Sófocles parece precisar con exactitud la referencia. Pero hay por lo menos dos paralelos personales y un elemento de la acción que no concuerdan. El Filocteto de Sófocles --de acuerdo con las leyendas tradicionales griegas-- fue apartado por los aqueos, a causa de su ulcerosa y supurante herida producida por un mordisco de serpiente, de la expedición contra Troya y abandonado en una isla desierta. Filocteto-Nietzsche no fue expulsado por los «bayreutherianos», él fue quien los abandonó. Sólo él sabía en principio que había sido mordido, y por qué serpiente lo había sido, sólo él tenía idea del efecto de la herida. Algo de ello desvela en Zaratustra I: «Del mordisco de la serpiente» El paralelo, no declarado, pero supuesto por la referencia a Sófocles, de Aquiles-Wagner no es correcto en modo alguno, o, cuando más, sólo porque en el momento de la acción ambos están muertos y son sólo sus espíritus los que flotan sobre la escena. ¿O fue el paralelo Hércules-Wagner el que veía Nietzsche? ¿Hércules, que aparece en Sófocles como deus ex machina, de quien Filocteto había recibido el arco y las certeras flechas, con los cuales únicamente puede conquistarse Troya? Entonces Nietzsche se vería como el heredero y representante del arco y las flechas de Wagner.
Y ¿cuál sería el papel de Heihrich von Stein en este drama? En Sófocles son el astuto y embustero Ulises y el «necio auténtico» Neoptolemo, hijo de Aquiles, los que llegan hasta Filocteto, enviados por los aqueos, para arrebatarle con astucia el arco y las flechas. A partir de aquí Sófocles desarrolla su emotivo drama: Neoptolemo, bajo la impresión que le produce el doliente Filocteto, renuncia a la astucia y al engaño, poniéndose así en medio del dilema: misión - fidelidad al compromiso- y lealtad humana. Nietzsche no pudo ver a Ulises en Heinrich von Stein; este paralelo hay que excluirlo con seguridad. ¿Y el de Neoptolemo-Stein? Tampoco aquí el paralelo es exacto. Heinrich von Stein no viene a visitar al  Filocteto-Nietzsche como enviado de los «bayreutherianos» con un encargo insidioso, sino por su propia cuenta, como un joven filósofo que se acerca a una persona a la que desde hace tiempo respeta como un maestro de su especialidad. Lo hace, es verdad, con el conocimiento y la anuencia de sus «bayreutherianos», con lo que --,especialmente en el caso de Daniela, la hija de Bülow, que parece que, como tal, consiguió mantener una posición independiente dentro de su círculo-, pudieron haberse abrigado ciertas esperanzas de una reconciliación con el filósofo, al que ella apreciaba. Hay un punto, sin embargo, en que concuerda el paralelo: Heinrich von Stein fue tan impresionado por Nietzsche como Neoptolemo por Filocteto. Pero es exagerado lo que la señora Förster afirma en su comentario a las cartas.- «Fue enviado a Sils-Maria para volver a ganar a Nietzsche para la causa de Bayreuth, pero ciertamente no para dejarse llevar por él por rutas nuevas y extrañas. Esto lo había olvidado un poco Stein en presencia de mi hermano, e incluso también en los primeros tiempos después.»
Nietzsche no podía fijarse con precisión en los paralelos de las figuras secundarias, estaba demasiado volcado hacia sí mismo para ello. Sólo veía con exactitud a sí mismo, y sólo a sí mismo se ponía en relación directa con el simil elegido. Sólo concuerda la figura de Filocteto. Pero queda abierta aún una inquietante cuestión: ¿Qué quería conquistar Nietzsche con sus flechas? «Flechas», un título que, precisamente por esa época, tenía pensado para una publicación especial consistente en una colección de aforismos. Según la leyenda se trata de la Ilión del viejo Príamo. ¿Dónde ve Nietzsche esta Ilión en su tiempo? Su libro de anotaciones podría ofrecer una respuesta: «Sin mis flechas no será conquistada la Troya del conocimiento -eso digo yo 'Filocteto'.»
Todo queda, sin embargo, muy ambiguo y polifacético; esa referencia aparentemente tan simple de Nietzsche nos deja en un mar de preguntas sin respuesta. Sólo hay una cosa que puede ser ganada como dato biográfico esencial. En esos años de 1883-84 comienzan las autoidentificaciones de Nietzsche. Hemos de reconocer que la figura de Zaratustra no fue simplemente una licencia poética o un instrumento formal (como en el caso de Kierkegaard o de E.T.A. Hoffmann, por ejemplo), sino una transformación total: Nietzsche se convierte en Zaratustra, es Zaratustra. Ahora es Filocteto durante un tiempo relativamente corto, así como Dioniso, aunque todavía aquí no hable de este últitno. Estas metamorfosis aumentan desde ahora hasta los primeros días de la locura, cuando Nietzsche se hace incluso César y «el crucificado», junto a otras identificaciones que se siguen o se sobreponen rápidamente. Nietzsche comienza a perderse, para reconstituirse en figuras ficticias. Cuando esto comenzó, cuando al final del libro IV de la «Gaya ciencia» se anunció Zaratustra, él escribió -con total claridad todavía- al respecto: «Incipit tragoedia.»
Como Filocteto, él se ve ahora como héroe de una tragedia sofóclea, como víctima de un destino que actúa sobre él, condenado a la soledad, al aislamiento. Y esa resignación se da, inconciliable, al lado del componente contrario, la esperanza, la convicción incluso, de que en breve logrará reunir en torno suyo en Niza su círculo soñado de «personas superiores».

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RODEADO DE ESPÍRITUS APTOS PARA SU PROYECTO
Este verano le había traído a Nietzsche personas con las que podía vivir: Meta von Salis, Helen Zimmem, Resa von Schirnhofer y ahora este magnífico Heinrich von Stein. En Niza le esperaba Paul Lanzky; en Venecia, Heinrich Köselitz, y, con todo secreto, seguía confiando todavía en Lou Salomé y Paul Rée (escribe a su madre a comienzos de septiembre: «El Dr. von Stein me ha hablado con el mayor respeto del carácter del Dr. Rée y de su cariño hacia mí -lo que me ha hecho mucho bien». Es extraño que vuelva a aparecer su vieja y acariciada idea de una comunidad.
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CONDICIONES PARA REUNIRSE CON SU HERMANA
Nietzsche rechaza el ofrecimiento, y sólo estaría dispuesto a transigir si Elisabeth, junto con su doctor Förster, desapareciera en breve de Europa, y se tratara de un último encuentro, de una despedida por lo menos para años. «Se comprende que en un caso así olvidaría las consideraciones con respecto a la salud (y, más todavía, al dinero).» Pues mientras ese antisemita de Bernard Förster se encontrara en Europa, y como prometido de Elisabeth, Nietzsche se sentiría traicionado y comprometido. El hijo le responde con toda decisión el 2 de septiembre. «Temo ahora los largos viajes... Sils y Niza, Niza y Sils -y, en medio, una estación para la primavera: así lo haré.»
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POSTURA DE COMPROMISO
Finalmente, sin embargo, cede a las presiones y propone un compromiso: a mitad de camino entre Naumburg y Niza, para él de camino de Sils a Niza  -y sin la madre, cuyo estilo moralizante no podría soportar precisamente ahora y en este asunto-. El 19 de septiembre le escribe:  «Mi decisión en relación a un encuentro con mi hermana quedará en sus manos. En consideración a tus temores ante el cólera no he elegido Lugano... Bien, Zürich, pensión Neptuno, una casa buena y conocida: ya he enviado allí una nota... Yo, por mi parte, quiero partir de aquí el 24 de septiembre por la mañana temprano, y estaré el 25 por la mañana en Zürich... ¡Ojalá el encuentro tenga un buen fmal, y, sobre todo, que no surja de él una nueva desgracia.»
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COMPLACER A SU HERMANA
De las cinco semanas que Nietzsche pasó en Zürich, Elisabeth no permaneció en la ciudad, a su lado, más arriba de dos: a partir del fin de semana de 27- 28 de septiembre (y no «desde comienzos de septiembre, como dice en su biografía,); hasta el martes 14 de octubre, concretamente. En tan breve periodo no le fue demasiado difícil representar otra vez magistralmente el papel de hermano cariñoso, presentándose, además, a Elisabeth del modo menos conflictivo posible. Y parece ser que el engaño le salió, efectivamente, bien, a juzgar por la satisfacción que en seguida manifestaba al respecto. En este sentido escribía ya el 30 de septiembre, bien poco tiempo después del reencuentro, pues, a Köselitz: «Procurando complacernos al máximo, después de habernos hecho daño durante tanto tiempo». Y el 4 de octubre tranquilizaba asimismo a la madre, que ya había sido, posiblemente, informada de todo por Elisabeth: «... supongo que entretanto habrás tenido ocasión más que suficiente de enterarte de que tus hijos vuelven a llevarse del mejor modo posible y que son otra vez buenos chicos en todos los sentidos. Lo que no cabe saber hoy, desde luego, es cuánto tiempo va a durar esta convivencia.»
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LIBERARSE SIN DOLOR
Sobre las relaciones con su hermana en Zürich informa a Overbeek lo siguiente: «... hasta el momento hemos tenido un sol espléndido en y sobre nosotros», pero añadiendo en seguida en una postdata algo que parecía librarle de una amenaza desfavorable: «Mi hermana es un animalito de lujo; creo que el próximo año la perderé de vista por un tiempo muy largo por la conocida vía ultramarina.»
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GOTTFRIED KELLER
¿Cómo discurriría la relación entre ambos en los paseos, sin duda no demasiado numerosos, de aquel octubre de 1884? Debían ofrecer juntos una imagen impagable. El señor secretario de Estado Keller era muy bajo --medía aproximadamente, según parece, 1,50 m, gordo, pesado, de andar lento y poco hábil. Nietzsche le sacaba por lo menos la cabeza; tenía el rostro bronceado por el sol de la montaña y estaba fuerte gracias a sus marchas diarias de varias horas; de no ser por la modestia general de su aspecto y por el tono retraído y circunspecto de su presencia, la tentación de tomarle por un «deportista de acero» hubiera sido fácil. ¿Y de qué pudieron hablar? Keller solo se sintió duraderamente impresionado por un filósofo en sus años mozos, aunque se trató, desde luego, de un filósofo que figuraba muy centralmente en el acervo formacional de Nietzsche: Ludwig Feuerbach. Estaban, pues, en cierto modo, de acuerdo, aunque con matices muy diferentes, en el juicio sobre los «curas», por decirlo a la manera de Keller. Pero ¡qué profundas eran, en todo lo demás, las diferencias! Keller era un tipo singular, conocido en toda la ciudad, querido y admirado (fue nombrado doctor honoris causa de la Universidad de Zürich en 1869, con ocasión de su 50 aniversario). Sus paisanos se enorgullecían de él, de su condición de escritor reconocido en todo el ámbito lingüístico alemán, y de escritor, además, que durante quince largos años había servido de modo sobresaliente a la cosa pública desde su puesto de secretario de Estado. Nietzsche era, por el contrario, el  «solitario de Sils», un fugitivus errans casi sin contactos, carente de comunidad verdadera, al que pocos conocían y algunos más hostilizaban. Aún mayores eran las diferencias de naturaleza. Keller era un hombre muy dotado visualmente. La pintura había tenido para él en su juventud la misma importancia que la música tuvo para Nietzsche, no habiendo en este sentido afinidad alguna entre ambos; las pretensiones de Keller en materia musical no iban más allá de la canción popular, que estimaba mucho.
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CRITICAS AGRIAS
No tan unívocarnente positiva fue, en cambio, y cuanto menos, la primera impresión que el joven Nietzsche causó, a su vez, a Keller con anterioridad a este encuentro. Incitado por algo o por alguien -y aquí parece imponerse otra vez el nombre de Adolf Exner, vinculado a ambos--, Keller leyó el «David Friedrich Strauss», de Nietzsche. Y en una carta escrita el 18 de noviembre de 1873 al crítico literario vienés y biógrafo de Hebbel Emil Kuh, encontramos un fuerte ataque, muy en la línea un tanto áspera de Keller, al «panfleto adolescente del señor Nietzsche» y a su «monótono tono de ataque». Un ataque en el que se habla incluso de un «filólogo» -y Keller no los tenía en demasiada estima- «al que ha enloquecido toda esa gaita schopenhaueriano- wagneriana y que ha montado en Basilea, con otro par de locos como él, un culto propio». Caracteriza al autor como «mozo dado a la especulación», «filisteo integral» que «con ese folleto sobre Strauss... lo que realmente busca es dar un golpe a partir del cual todos pasen a hablar de él, porque la simple profesión de maestro de escuela le parece demasiado aburrida y tranquila». Respecto de su invectiva contra la cohorte wagneriana hay que tener en cuenta que Keller se sentía unido, a través de sus amigos vieneses, a Brahms. Y en cuanto al «golpe», acaso convenga recordar que el propio Nietzsche utiliza esa expresión al enjuiciar tardíamente sus primeros escritos  (bien «El nacimiento de la tragedia», bien la primera «Consideración Intempestiva»). En este sentido escribía, por ejemplo, el 25 de julio de 1888 a Carl Spitteler: «Lo más inteligente que cabe hacer para pasar a ser considerado 'en sociedad' es meterse, nada más entrar, en un duelo, dice Stendhal. Yo no lo sabía, pero eso es lo que hice».
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SOLICITUD A HEGAR
En Zürich Nietzsche se movía también, una vez más, por su Maestro Peter Gast. Todavía desde Sils le escribía el 20 de septiembre: «He reemprendido mi relación con el director de orquesta Hegar, de Zürich, y voy a intentar convencerle por todos los medios para que ponga en su repertorio y dirija 'Broma, astucia y venganza'... En principio es solo un intento: si no consigo nada, habremos aprendido otra vez lo que ya sabíamos, pero con ello nada se habrá perdido, todo seguirá 'como antes'.»
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OBJECIONES DE HEGAR
 Pero Hegar tenía algo que objetar a la obra de Gast. Tras del primer ensayo, el 14 de octubre de 1884, Níetzsche comentaba así, en efecto, a Kóselitz: «Estuve con él por la tarde y me contó que sentía mucho que no estuviera Vd. con nosotros. Se expresaba con gran simpatía y sincera benevolencia sobre nosotros dos. 'Mucho talento' y cosas parecidas, lo que va de suyo. Pero -hay un pero- no se cansó de insistirme en la urgente necesidad de que consiga Vd. una gran orquesta (en el punto de la instrumentación encuentra continuamente una contradicción entre la finura de los objetivos y el «error de los medios» y lo prueba con ejemplos). Se refirió, pues, a su orquesta imaginaria; también comentó que usa y abusa Vd. demasiado de ciertos efectos coloristas que le gustan, etc. etc. Sentí una especie de opresión en el pecho; insistió en que su música suena, indiscutiblemente, de un modo diferente a como Vd. se imagina, y que de oírla, Vd. sería el primer asombrado»,
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GAST DIRECTOR EN ZÜRICH
En la primavera de este año de 1884 había manifestado Nietzsche a Hegar por carta su deseo de invitarle a ingresar en su grupo de «amigos dignos de toda confianza». Y ahora Hegar le hacía una contraoferta, sobre la que Nietzsche informaba a Köselitz el 22 de octubre: «Hegar... me propuso ayer que venga Vd. acá todos los otoños --está dispuesto a cederle gustosamente media hora de cada uno de sus ensayos para que tome Vd. mismo 'en su mano' la orquesta, estudiando y representándose así sus cosas». Era algo que Köselitz deseaba ardienternente. Así pues, li<5 sus bártulos inmediatamente y el 29 de octubre estaba ya en Zürich. Hegar llegó tan lejos en su afán por complacerle, que el 7 de diciembre le dejó dirigir, en un concierto de la Asociación Coral «Armonía», la Obertura de «El león». Overbeck, que se había trasladado a Zürich tan solo por esta razón, informaba así a Nietzsche el 21 de diciembre: «He oído, pues, al fin, de Obertura de Klbselitz... La música me pareció de una ingenuidad como hoy ya no es frecuente, pero sonaba bien... El público se mostró complacido y tuve la alegría de ver cómo mis aplausos se perdían entre los demás... Dirigía el propio K¿Sselitz, aunque era de la opinión de que la dirección de Weber o Hager habría mejorado su pieza. Es posible que le resulte demasiado difícil salir de sí mismo para ser un buen director... Tanto más he acabado, en fin, por convencerme del mérito que has contraído sacando a Kóselitz de Annaberg y situándole en una atmósfera más adecuada para su ó sus bártulos inmediatamente y el 29 de octubre estaba ya en Zürich. Hegar llegó tan lejos en su afán de complacerles, que el 7 de diciembre le dejó dirijir la Obertura del El León.
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ENFADO DE NIETZSCHE CON PETER GAST
Nietzsche no estaba nada satisfecho con la actitud de su amigo Köselitz a los pocos días de su convivencia en Zürich. El 30 de octubre se quejaba a su madre: «He instalado a Köselitz del mejor modo posible (en la misma casa en la que vive Helene Druscowitz con su madre) y he intentado convencerle también de que almuerce con las Stas. Willdenow y Blum, así como con Miss Correll y otras conocidas, que creo que es lo que más le conviene, dado lo incluso excesivamente plebeyo de sus costumbres. Nadie puede saber lo que tengo que autosuperarme en el trato con este cuerpo y este espíritu tan lerdos».
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DRUSCOWITZ Y EL LIBRE ALBEDRÍO
Cuando Nietzsche conoció en 1884 a Helene Druscowitz, ésta había escrito en 1882 una tragedia, «Sultán y Príncipe». Sus preocupaciones filosóficas, centradas en una serie de problemas metafísicos concretos, debieron dar pie asimismo a conversaciones interesantes, particularmente sobre la libertad de la voluntad, cuestión que tan importante papel ocupa en los escritos juveniles de Nietzsche. En la discusión del tema del libre albedrío -o de la libertad de la voluntad- Helene Druscowitz toma posición decidida contra Kant y Schopenhauer a partir de la frase de Paul Rée: «Puedo hacer lo que quiero», en la que «lo que quiero» remite a lo que puedo querer, planteándose así la cuestión del origen de este poder. Y aquí es donde está la no libertad. Solo que Helene Druscowitz no ve las causas éticas ancladas en la trascendencia, sino en un nivel más próximo, en las «potencias de la naturaleza que asume como aprióricas, esto es, sin raíz causal. De ello resulta, en su opinión, una especie de «orden moral del mundo», de «bien» y sub specie necessitatis... (no comprende la voz de la naturaleza), no percibe hacia dónde camina la naturaleza con todo su poder, aunque a menudo con insuficiente selección y aplicación de sus medios, desde luego».
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NIETZSCHE OFENDIDO
Nietzsche se sentió ofendido y entristecido por las divagaciones de Druscowitz. En una carta a Carl Spitteler fechada el 1 7 de septiembre de 1887 dice: «El pequeño ganso literario Druscowitz es cualquier cosa menos mi 'discípula'.»  Ese suele ser el modo como Nietzsche reaccionaba «cuando alguien que conocía personalmente se erigía, sin autorización, en juez suyo.» No veía en ello sino un fenómeno negativo de parasitismo espiritual, y se sentía profundamente herido en su sensibilidad. Es lo que  ocurrió cuando la Dra. Helene Druscowitz le atacó tan superficial como implacablemente en su 'Intento de un sustitutivo de la Religión'.
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EDITOR DESEA DESHACERSE DE NIETZSCHE
La Editorial Schmeitzner se vio implicada, de modo cada vez más llamativo, en la agitación antisemita. Nietzsche se dio cuenta de que su persona y su obra quedaban así comprometidas, dado que no estuvo muy lejos de pasar a ser subsumido bajo esa categoría. Schmeitzner tenía, por otra parte, dificultades financieras, y estaba a las puertas de la bancarrota. En esta situación se hubiera librado a gusto del «poco rentable» Nietzsche. Ya el 4 de octubre comentaba Nietzsche, en consecuencia, a Overbeck: «Schmeitzner quiere venderme por 20.000 marcos, pero no encuentra quien se atreva a cargar conmigo». Y el 30 de octubre: «Entretanto he comprendido que tengo que sacar cuanto antes mis escritos de manos de Schmeitzner, es decir, que tiene que ser obligado a venderlos ahora. (Porque preciso, dicho en pocas palabras, tener todavía en vida discípulos, y si los libros que he publicado hasta la fecha no sirven de cañas de pescar, es que han 'fracasado en su misión')». Nos encontramos aquí ya, pues,con la imagen de la caña de pescar de «La ofrenda de la miel» del libro IV del Zaratustra.
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DEMANDA EN CONTRA DE SU EDITOR
Sobre los problemas con su editor también escribe a su madre: «En cuanto al... asunto de Schmeitzner... es muy importante para mí sacar mis escritos de sus manos cuanto antes; y si el anuncio de una demanda puede contribuir a que se vea obligado a venderlos, creo que lo que más le conviene es que nuestro tío de los pasos necesarios en ese sentido. A la carta que entretanto me ha hecho llegar Schmeitzner no pienso contestar: no ha hecho nada de lo que le he pedido y ni siquiera me ha enviado una liquidación. Se ha limitado a consolarme hasta el año próximo. Quiero que se le indique a Schmeitzner que para la venta de mis escritos vaya pensando, por ejemplo, en el editor berlinés Oppenheim (el editor de Karl Hillebrand y de la Srta. Druscowitz)».
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ACOPIO DE FUERZAS
 En la carta que el 30 de octubre -un día, pues, antes de su partida- escribía a su madre: «.Así pues, la época de las vacaciones ha terminado ya para mí y pienso que he ahorrado fuerzas y he hecho nuevo acopio de ellas para volver, en mejores condiciones, a mi tarea. No sin temor y terror -pero debe ser así.» La tarea le llama: su filosofía, que en verano ha visto en sus rasgos esenciales como «un todo inmenso», le empuja; percibe como misión suya avanzar en el camino de la elaboración de una «obra fundamental». Y para ello abandona el 31 de octubre de 1884 Zürich, esa acogedora ciudad que tanto calor humano le había ofrecido, y sale de nuevo al encuentro de su helada soledad en el Sur.
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VIAJE INCOMODO A MENTON
Nietzsche llegó a Menton el 2 de noviembre de 1884 tras un viaje sumamente incómodo (tuvo que cambiar cuatro veces de billete, hacer transbordo dos veces y pasar las aduanas otras dos veces con toda clase de molestias) y tuvo que detenerse allí durante tres largos días para reponerse de las molestias y sobresaltos del viaje. Encontró una «pequeña habitación de trabajo muy agradable, casi como en Zürich, llena de sol. Pero la casa está casi vacía y la comida es, de momento, de pena (pequeños trozos recalentados de carne, no me sienta nada bien). Si la cosa no mejora, volveré de nuevo a Niza, donde me dan comida suficiente y todo muy bien asado, no como aquí, donde se guisa del modo más basto...
».
Libro IV
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MENTON LUGAR APETECIBLE
Afirma Nietzsche: «Por lo demás, desde el punto de vista del paisaje Menton me resulta más apetecible que Niza. Más tranquilo, más grandioso, la montaña y el verde más a mano, sin tener que andar por lo menos 40 minutos, como ocurre en Niza, hasta salir al campo... En cuanto a la influencia del mar y del cielo, como desde que salí de Niza en primavera he estado siempre enfermo, salvo las semanas de Zürich, me resulta favorable, la verdad» (7 de noviembre de 1884, carta a casa).Tambien escribe a su hermana «Comparado con Niza, Menton es algo magnífico. He descubierto ya ocho paseos posibles».
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PROYECTO DE VIAJE A CÓRCEGA
Desde Menton, la vecina Córcega le atraía. Paul Lanzky dio el salto para informarse y el propio Nietzsche tomó contacto con la propietaria de una pensión de Ajaccio, informando así a casa (probablemente el 19 ó 20 de noviembre): «Me ha escrito también la Sra. Dra. Müller, propietaria de la Pensión Suiza de Ajaccio, aceptando la oferta que le hice.Y también he recibido una carta muy larga de la Sta. Resa, de París, quien, según creo, quiere hacerme una visita a Corcega», cosa que alegró mucho a Nietzsche, dado que «quiero tener siempre a mi lado personas de ánimo alegre. Cuánto siento no haber ido yo mismo a París».
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INVIERNO EN NIZA
Pero la idea de viajar a Córcega acabó por hacérsele cuesta arriba; siente miedo ante un posible nuevo aislamiento en una isla acaso poco acogedora. El 28 de noviembre comunicó a casa la decisión definitiva: «Hoy me siento exhausto. El asunto de Córcega, liquidado. El Sr. Lanzky regresará hoy de allí pasará el invierno conmigo en Niza, en la misma Pensión. Quiero y tengo que aferrarme a Niza, con vistas a mi 'colonia' futura, que hoy me parece más posible (quiero decir: gente simpática a la que enseñar mi filosofía). Tan solo como aquí o en la Engadina no estoy bien, la enfermedad me acompaña siempre. Entre Niza y Menton lo que hay, además, es una cierta diferencia de humedad en el aire: soy un animal delicado».
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PAUL LANSKY INAGUANTABLE
Sobre Paul Lanzky se quejaba ya al cabo de tres semanas (el 21 de diciembre de 1884) a su madre y hermana y otra vez a comienzos de enero: « ... una persona sumamente atenta y llena de devoción hacia mi --pero la vieja historia de siempre: cuando necesito a alguien que me entretenga, la cosa queda siempre dispuesta de tal modo que el que entretiene soy yo-. Se calla, suspira, parece un zapatero y no sabe ni reír ni mostrar ingenio. A la larga, inaguantable». De lo mismo se lamenta a Overbeck, llegando incluso a añadir: «Mejor un mamarracho».
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VOCINGLEROS DE MERCADO
La publicación, llevada a cabo por Lanzki, de un trabajo sobre Nietzsche en un pequeño periódico húngaro no cayó nada bien a Nietzsche, sino todo lo contrario. «No he tenido otro remedio que hacer con el autor lo que el año pasado con el Sr. Dr. Paneth, otro gran admirador y devoto: rogarle que deje de escribir sobre mí. No tengo el menor deseo de dejar crecer en torno mío una nueva especie de clan a lo Nohl, Pohl y Kohl. Prefiero mil veces la clandestinidad absoluta en la que vivo a la convivencia con charlatanes soñadores y mediocres». Nietzsche siente el peligro que ahora le acecha: caer como mercancía comercial en manos de vocingleros del mercado.
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MOSCAS DEL MERCADO
Años después caería él mismo, ciertamente, como «éxito editorial», en manos peores. Y reducido a mero pretexto y pura coartada sería sometido, además, a uso y abuso por criminales políticos. Solo que no llegó a vivir ni experimentar decepción tan terrible. Pero, en cualquier caso, las consideraciones que inscribe en la I parte del Zaratustra. «De las moscas del mercado», no pudieron protegerle una vez muerto: «Donde la soledad acaba, allí comienza el mercado; y donde el mercado comienza, allí comienzan también el ruido de los grandes comediantes y el zumbido de las moscas venenosas... El pueblo comprende poco lo grande, esto es: lo creador. Pero tiene sentidos para todos los actores y comediantes de grandes cosas... Huye, amigo mío, a tu soledad: te veo acribillado por moscas venenosas. ¡Huye allí donde sopla un viento áspero, fuerte!»
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RENOVACIÓN DE SU PENSIÓN
Los seis años de abono de la pensión a partir del momento de su abandono de la cátedra que le prometieron las autoridades e instituciones de Basilea, llegaban a su término en junio. Se trata, por lo demás, de un problema al cuidado del que había quedado Franz Overbeck. Lo mucho que coadyuyó a solucionarlo de modo favorable para Nietzsche es cosa, que conviene recordar también, ya que Overbeck, en la noblesse de su amistad, lo silenció, por cierto, cuidadosamente. Solo conocemos de ello lo que comunicó al respecto a Nietzsche el 28 de marzo. Dejadas a su curso difícilmente hubieran ido las cosas así. Gentes tan prudentemente calculadoras como las de Basilea no habrían dado, en una época además de economía poco floreciente, semejante muestra de generosidad sin una intervención oportuna. Tanto más tuvo que sorprender, por tanto, a Nietzsche la noticia de Overbeek: «En su última sesión la junta de Gobierno autorizó los 1.000 francos del fondo de Heusler para el año en curso; y en los próximos años volverá, fuera de toda duda, a hacerlo. Por parte de la Sociedad Académica han vuelto a quedarte asegurados, para los tres próximos años, 1.000 francos por año. En cuanto a la aportación del Estado, dada la mala situación general, ha fallado, como ya te anuncié hace poco. De todos modos, puedes esperar con toda seguridad el próximo 1 de julio los 500 francos usuales».
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PROBLEMAS CON EL LIBRO IV DEL ZARATUSTRA
El 31 de marzo comentaba, en este sentido, resignadarnente Nietzsche a Overbeek: «Del proceso contra Schmeitzner no tengo noticias nuevas. El mismo se puso al final como plazo el primero de enero. Pero, como de costumbre, ha vuelto a dejarlo pasar sin decir ni 'pío'. Espero conseguir al menos lo que más deseo, librar de sus manos y, con ello, de la 'publicidad', las tres primeras partes del Zaratustra. Ya veremos». Pero esto es sólo una parte del problema editorial, porque más adelante leemos: «Por supuesto que no he encontrado editor para la cuarta parte del Zaratustra. Por mi parte, estoy contento y disfruto casi de ello como de una suerte nueva. ¡Cuánta vergüenza he tenido que superar siempre en todas mis publicaciones! Cuando un hombre como yo saca la suma de una vida profunda y escondida, el resultado pertenece a los hombres escogidos, y sólo ante sus ojos y su conciencia debe ser presentado. Pero basta; hay tiempo. Mi apetencia de discípulos y herederos me vuelve impaciente en algunas cuestiones, y según parece, en los últimos años me ha llevado incluso a cometer tonterías vitalmente peligrosas. En los últimos tiempos la enorme dificultad de mi tarea me incita una y otra vez al equilibrio: sé bastante bien qué es lo primero y lo único que necesito». --«Una luz se ha encendido ante mí: ¡Zaratustra no habla al pueblo, sino a sus iguales! ¡Zaratustra no tiene que convertirse en pastor y perro de un rebaño! Para incitar a muchos a apartarse del rebaño -para eso he venido» (Zaratustra, «Prólogo»).
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FRUTO DE INVIERNO
El 14 de febrero de 1885  mostraba Nietzsche asimismo la parte 4ª a Kóselitz: «Dicho sea entre nosotros: hay algo nuevo como 'fruto' de este invierno, pero carezco de editor y, sobre todo, no tengo ya el menor deseo de ver impresas mis cosas. La increíble majadería de publicar una cosa como mi Zaratustra, sin necesitarlo, me ha sido premiada con parejas majaderías: como era de esperar.

Mediodía y eternidad
de
Friedrich Nietzsche
Primera Parte: La tentación de Zaratustra

Por lo demás, tal vez impublicable: una 'irreverencia' compuesta con el humor de un payaso. -Pero quien sienta simpatía por mí y me halague con música de Köselitz, podrá leer la cosa privatissime.» Tan pronto como tiene noticia de que su Köselitz está en Venecia, le hace llegar las galeradas. Y el 9 de mayo Nietzsche podía escribir ya a Gersdorff- «... hace pocos días te puse un ejemplar de mi cuarto y último Zaratustra en Correos». También Overbeck recibió en los primeros días de mayo un ejemplar. Según declaración de Nietzsche a su hermana, los costes de imprenta subierton a «284 marcos con 40». También a ella le envió dos ejemplares, de los que uno iba destinado al Dr. Förster, pero no sin insistir también en este caso en su «ruego expreso de que se guardara un sigilo absoluto sobre esta cuarta  parte, como si no existiera».
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NECESIDAD DE COLABORADORES
 Para poder lleva a cabo su tarea, Nietzsche no se sentía en condiciones.Necesitaba colaboradores, gentes dispuestas a pensar con él. De ahí que precisamente en este momento se apoderara de nuevo de él, con fuerza desusada, la idea de la «orden». Y no ocultaba, desde luego, el modelo al que se acogía: «Pitágoras fundó una orden para escogidos, una especie de orden de templarios», y: «Quiero fundar una nueva casta: una liga o comunidad de seres superiores a la que los espíritus y las conciencias acosadas puedan solicitar consejo; seres que no sólo sepan vivir, como yo mismo, más allá de los credos políticos y religiosos, sino que hayan superado también la moral.». Nietzsche dice también en qué contextos se percibe y sitúa a sí mismo: «En la consideración del mundo como un juego divino y en el estar más allá del bien y del mal tengo como predecesores a la filosofía del Vedanta y a Heráclito»; Nietzsche no toma en consideración los paradigmas antiguos más realmente próximos -las escuelas de Platón, Aristóteles y los estoicos o el jardín de Epicuro- sin duda de una manera consciente: le parecen demasiado «públicos», demasiado comúnmente accesibles, no suficientemente «escogidos». Y en cuanto a lo postantiguo, prescinde, sin más, de ello. Casi ininterrumpidamente explicita, y gira en torno a este punto de manera casi circular, contra quién y contra qué toma partido, frente a quién y frente a qué delimita su propio espacio, a qué se opone. Se sitúa frente a Platón, Kant, Schopenhauer, Wagner y el cristianismo. Y con menor frecuencia, pero acaso por ello de modo más sangrantemente burlón, frente a Dühring y Eduard von Hartmann, Y todo ello quiere desarrollarlo ante «seres superiores». Cree poder reunir en torno suyo algunos de éstos en Niza y abandona, en consecuencia, Menton, tambien renuncia a Córcega. Pero, en su lugar, ¡se encuentra con un inaguantable Paul Lanzky!; Heinrich von Stein le escribirá, como veremos más adelante, una carta «oscura»; Köselitz sólo le merece consideración como músico, y los demás, como por ejemplo Rohde, callan.
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DESERCIÓN DE STEIN
A finales de noviembre, Nietzsche, le dedicaba a Heinrich von Stein el poema La nostalgia del solitario. Como recuerdo de Sils-Maria:

¡Mediodía de la vida! ¡Epoca solemne!
¡jardín estival!
Dicha inquieta en el estar, el contemplar y el aguardar. Dispuesto día y noche aguardo a los amigos.
¿Dónde estáis, amigos? ¡Venid! ¡Es tiempo! ¡Es tiempo!

¡En lo más alto estaba dispuesta mi mesa para vosotros!
¿quién vive tan cerca de
las estrellas, tan cerca de los lejanos abismos luminosos?
Aquí arriba he descubierto mi reino.
Y todo esto, que es mío, ¿acaso no lo descubrí para vosotros?

Ahora os ama y hacia sí os atrae incluso el acerado
gris de los glaciares
con rosas frescas.
Os busca el arroyo, nostálgicos apremian y se encuentran viento y nube cada vez más alto en el azul, contemplándoos a vista de pájaro desde la ardiente lejanía,

¡Ahí estáis, amigos! Aunque me duela, ¿acaso no es a mí
a quien queríais?
Dudáis, os debatís en el asombro -¡ay, más valdría
que os entregarais al rencor!
¿No soy yo ya lo que está en juego? ¿Borráis mano, paso, rostro.-, Y lo que soy, ¿no lo soy ya para vosotros, amigos?

¿Me he convertido en otro, en un ser
extraño incluso para sí mismo? ¿De mí me he evadido? ¿Soy un luchador que demasiadas veces ha dirigido contra sí sus armas? ¿Un luchador que demasiadas veces ha empleado contra sí su fuerza,
un luchador al que su propia victoria hiere e inhibe?

He buscado los lugares en los que el viento golpea con mayor fuerza. He aprendido a vivir donde nadie vive, en las zonas heladas y desérticas.
He olvidado el rostro de Dios y el rostro de los hombres,
la maldición y el rezo.
Un fantasma soy que se desliza por los glaciares.

Héme aquí convertido en un cazador peligroso:¡mirad cuán tenso está mi arco!
Sólo el más fuerte habría podido disparar así.
Pero ¡ay! Hasta un niño sería capaz
de poner ahora en él la flecha: ¡fuera de aquí! ¡A vuestra salud, amigos!

¡Mis viejos amigos! Pálidos os veo,
llenos de amor y de espanto.
Pero no, ¡marchad! ¡No os enojéis! ¡Aquí no podríais tener vuestra morada!
Aquí, en este reino alejado del hielo y de la roca
hay que ser cazador y parejo a la gamuza.

¿Os dáis la vuelta? ¡Ya has soportado demasiado, corazón mío! ¡Fuerte fue tu esperanza!
Mantén tus puertas abiertas a amigos nuevos,

¡Oh deseo juvenil que se ha perdido lejos de toda comprensión compartida!
Aquéllos por quienes me incliné,
aquéllos a los que escogí y contemplé como a mis pares,
su envejecirniento los ha alejado de mí.
¡Sólo quien evoluciona y se transforma sigue a mí lado y es mi igual!

¡Mediodía de la vida! ¡Segunda juventud!
¡jardín estival!
Dicha inquieta en el estar, el contemplar y el aguardar, Dispuesto día y noche aguardo a los amigos:
¡A los nuevos amigos! ¡Venid! ¡Es tiempo! ¡Es tiempo!

Heinrich von Stein respondió a esta «llamada» de un modo incomprensible. Lleno de tristeza dio Nietzsche curso expresivo a esta decepción suya en una nota marginal incluida en la carta de comienzos de enero de 1885 a su madre y hermana: «¡Qué carta tan oscura me ha escrito el bueno de Stein... Nadie sabe ya comportarse!» Y es que Stein le animó nada más y nada menos que a contemplar el futuro bajo la especie de un grupo reunido en torno al código vinculante de la interpretación de su diccionario wagneriano y a unirse a esta comunidad. Stein se había unido ya a tal fin con dos espíritus igualmente dispuestos: «Estos diálogos y discusiones toman un significado cada vez más alto y más libre... Me acordé, en medio de todo ello, de Vd., y pensé que le hubiese gustado participar en esta plática... ¿Podría servirle una cosa así como paso previo, como escalón preparatorio del monasterio ideal?» Y acto seguido echa mano Stein de nuevo de la comparación con Filoctetes: «Comparto la creencia de que sin la flecha de Filoctetes Troya no habría sido conquistada. ¿Acaso cree por ello menos Neoptolemo que al héroe muerto le corresponde efectivamente la participación mayor en esa conquista? ¿Le impide acaso esta creencia comprender a Filocteto?»
Heinrich von Stein da, pues, por perdido su futuro sin el héroe muerto Wagner. ¿Acaso no hubiera tenido Nietzsche que considerar esta confesión más bien como algo terriblemente claro que como una carta oscura?

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SERES SUPERIORES
Zaratustra reune a esos seres en su cima, para dejarlos ahí abandonados a sí mismos, desesperadamente presos en su problemática y constreñidos por su peso terrenal, incapaces de seguirle en su vuelo alciónico. «Al atardecer me tendrás de nuevo, en tu propia caverna permaneceré sentado, paciente y pesado como un leño.»  ¡En una carta Nietzsche califica a Köselitz de «leño»! Además caricaturiza a todos aquellos sobre los que se eleva o respecto de los que se cree superior. Equipara a Wagner, por ejemplo, con el «mago» (en los borradores le llama casi siempre «el hechicero» o al «Papa jubilado» con Liszt, al «meticuloso del espíritu» con alguno de sus amigos científicos, como, por ejemplo, Overbeek o el filósofo Rohde.
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NINGUNA MUJER COMO SER SUPERIOR
Llama la atención que en este círculo «sublime» no figure una sola mujer. Pero al tomar nota de ello conviene no olvidar que el ser más altamente valorado y venerado por Nietzsche fue una mujer: Cosima Wagner. De ella no se burla una sola vez, ni sobre ella (como tampoco, por lo demás, sobre Goethe o Beethoven) ironiza nunca. En cuanto a las restantes mujeres cultivadas que se cruzaron en su camino, como Marie Baurmgartner, Louise Ott, o las feministas Malwida von Meysenbug, Meta von Salis o Resa von Schirnhofer, ninguna podía elevarse, por grande que fuera la estima que Nietzsche llegara a sentir por ellas, al nivel de los «seres superiores». En Lou Salomé no llegó Nietzsche, por último, a encontrar mucho más que una hetaira inteligente al modo antiguo.
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HETAIRISMO ANTIGUO
El juicio más superficial, sobre la concepción que se atribuye a Nietzsche sobre la mujer, es aquel que, incluyéndolo en la estela de Schopenhauer, lo define sin más como un «detractor de la mujer», remitiendo, al hacerlo, al dicho de la vieja mujer en el primer libro del Zaratustra: «¿Vas con mujeres? ¡No olvides el látigo!». Ya sus mísmas admiradoras se ofendieron por ello, cosa que, según parece, le divirtió no poco. En este sentido escribía, en efecto, a comienzos de mayo de 1885 a su hermana: «Todo cuanto suspira por la emancipación de la mujer ha llegado poco a poco, poco a poco, a la conclusión de que soy su 'bestia negra'. En Zürich, gran furor contra mí entre las estudiantes. ¡Por fín!» Y nuevamente, a finales de mayo, a su madre: «Las jóvenes damas, o por lo menos, cuanto bulle alrededor de Malwida von Meysenbug, no es de mi gusto; y no tengo las menores ganas de buscar distracción entre gente tan chiflada.» Pero Nietzsche tampoco era el santo varón celibatario que presenta, idealizándolo sobremanera, su hermana. El mismo se opone, una y otra vez, con violencia, a tal pretensión: «A quien la castidad le resulte dificil, se le debe desaconsejar: para que no se convierta ella en el camino hacia el infierno - es decir hacia el fango y la lascivia del alma». Y en el Libro IV. «Del hombre superior»«No seáis virtuosos por encima de vuestras fuerzas. Y no queráis de vosotros nada que vaya contra la verosimilitud.... Si los padres de alguien fueron aficionados a las mujeres y a los vinos fuertes y a la carne de jabalí: ¿qué ocurriría si ese alguien pretendiese de sí la castidad? ¡Una necedad sería ello!... Y si fundase conventos y escribiese encima de la puerta: 'el camino hacia la santidad', - yo diría: ¡para qué! ¡Eso es una nueva necedad!...yo no creo en eso. En la soledad crece lo que uno ha llevado a ella, tambien el animal interior. Por ello resulta desaconsejable para muchos la soledad. ¿Ha habido hasta ahora en la tierra algo más sucio que los santos del desierto? En torno ellos no andaba suelto tan sólo el demonio - sino también el cerdo.»
Por otro lado, hay que tener en cuenta que como filólogo clásico, Nietzsche, hunde sus raíces en los textos y en el código moral de los autores antiguos, en los que se habla de cuestiones relacionadas con la mujer y la sexualidad con una claridad que no deja de asombramos una y otra vez. Nietzsche conoce todas las formas de existencia de la mujer en la Antigüedad, desde las esclavas de los templos de Afrodita a Penélope. Conoce las historias orientales de Herodoto, así como la ruda claridad de la comedia aristofanesca y de las anécdotas de Diógenes Laercio. De ahí que pueda, además, citar y transcribir con la entera libertad del autor antiguo sentencias que de no conocer esta base no podrían menos de extrañar en el hijo del párroco de Naumburg y alumno de la institución educativa, de orientación luterana, de Pforta. Sobre lo lejos que le llevó esta libertad, basten algunos ejemplos. En el libro cuarto del Zaratustra, «De la ciencia», leemos: «Casi os asemejáis, me parece, a aquellos que han contemplado durante largo tiempo a muchachas perversas bailar desnudas.» ¿Contempló Nietzsche en Niza, en el invierno de 1884-85, en el que hace suya esta imagen, tales muchachas? La siguiente afirmación parece mostrarnos que pudo hacerlo: «De tiempo en tiempo, un hombre necesita una mujer, igual que de tiempo en tiempo necesita una buena comida.»  «No somos precisamente castas estatuas: cuando se necesita una mujer, hay que encontrar una mujer, sin necesidad de romper ni formar por ello matrimonios.»  Su hermana negó todo ello con indignación suprema, falsificando, probablemente, la verdad, cuando en la disputa que mantuvo en Jena, en agosto de 1882, con Lou Salomé, ésta le replicó abruptamente que su «Fritz» le había propuesto unirse a ella en concubinato. Por lo tanto, Nietsche, no representa, en relación con la mujer, al trovador cristiano medieval que recita poemas de amor sublime y de amor terrenal. En su imagen de la mujer predomina más el hetairísmo antiguo, nunca superado del todo por Nietzsche. Aunque también conocía, desde luego, la antítesis antigua entre la Afrodita «celeste» y la «vulgar». Todo esto influye en su pensamiento cuando escribe sobre la mujer. En el trato, la personalidad que la mujer le presenta ante sí, le incita a comportarse del modo adecuado, que en él solía adquirir la forma de retraimiento respetuoso y distinguido, como si representara su papel ante la Afrodita celeste. En el libro IV de su Zaratustra, sin embargo, Nietzsche abandona este retraimiento, y nos presenta la imagen de la Afrodita vulgar, la cual no tenía cabida en el Olimpo de los seres superiores.

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PARTE DE UN PAR
Parece evidente que en sus primeros esbozos Nietzsche no pensaba en añadir simplemente una cuarta parte a su Zaratustra. Se proponía, más bien, elaborar un libro nuevo, muy relacionado, desde luego, con éste, pero autónomo; autónomo en el sentido, por ejemplo, de la relación existente entre «El caminante y su sombra» y «Humano --demasiado humano» o entre «La gaya ciencia» y «Aurora». Se trataba, pues, en su intención manifiesta de un nuevo caso de obras llamadas a constituirse en un par. Uno detrás de otro, sin apenas solución de continuidad, esboza títulos para este nuevo libro: «Filosofía del eterno retorno», «Ensayo de transvaloración de todos los valores» o «A los seres superiores. Llamada de un solitario» y poco después, sorprendentemente, «El eterno retorno. Una profecía» y «Una filosofía profecía», en el que la palabra originaria «filosofía» fue pronto tachada y sustituida, sin más, por «profecía». El título escogido fué, fmalmente, «Melodía y eternidad». Una filosofía del eterno retorno». Pero en el intermedio tomaron cuerpo, desde luego, una y otra vez nuevos esbozos de títulos del tipo de «Más allá del bien y del mal», «Ordenación jerárquica de los hombres», «Los buenos europeos». Se trata, pues, de un escrito programado como una obra nueva, cerrado en sí mismo, que partiendo del eterno retorno como idea fundamental desemboque en una una nueva metafísica, destinada a  llegar a una transvaloración de todos los valores morales, situándose más allá del bien y del mal.
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GRITO DE SOCORRO Y DECEPCIÓN
Zaratustra, en su cueva (¿Sils?) escucha, según parece, el grito de socorro de esos hombres que tienen necesidad de él como él tiene necesidad de ellos. Sale a su encuentro en la llanura y los reúne en su cueva en las alturas. Pero la decepción es mutua, como se narra en el poema dedicado a Heinrich von Stein:

Aquellos por quienes me incliné,
aquellos a los que escogí y contemplé como a mis pares, su envejecimiento los ha alejado de mi.
¡Sólo quien evoluciona y se transforma sigue a mi lado
 y es mi igual!

... Aunque me duela, ¿acaso no es a mí
a quien queríais?
Dudáis, os debatís en el asombro -¡ay, más valdría que os entregarais al rencor! -
¿No soy yo ya lo que está en juego? ...
Y lo que soy, ¿no lo soy ya para vosotros, amigos?

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MARCO COMUN
La 4ª  parte del Zaratustra tiene un carácter unitario. La escena comienza así («La ofrenda de miel»): «Un día, cuando se hallaba sentado sobre una piedra delante de su caverna y miraba en silencio hacia fuera --desde allí se ve el mar a lo lejos, al otro lado de abismos tortuosos-- sus animales estuvieron dando vueltas, pensativos, a su alrededor y por fin se colocaron delante de él. 'Oh Zaratustra, dijeron, ¿es que buscas con la mirada tu felicidad?' -'Qué importa la felicidad!, respondió él, hace ya mucho tiempo que yo no aspiro a la felicidad, aspiro a mí obra'.» El libro termina con la misma imagen, encontrándose nuevamente en las líneas finales, las mismas palabras, igual material temático: «¡Yo aspiro a mi obra!»
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YO ASPIRO A MI OBRA
Nietzsche pensó, en algún momento, dejar morir al final a su Zaratustra, dándole una meta, un objetivo (acaso como el que encontró Empédocles). Pero tampoco «clausura» la cuarta parte; queda abierta de cara a un futuro incierto, difícilmente reconocible, esfumándose la visión del paisaje filosófico en el horizonte. Haberse dejado tentar por el grito de socorro de los «hombres superiores», haber dejado su obra en la estacada, adentrándose, por compasión, ante su menesterosidad, en las llanuras humanas, a las qué bajó, es lo que Nietzsche caracteriza como su «último pecado». De ahí el gesto teatral con el que se veda a sí mismo el peligro de una nueva tentación a la que acaso sucumbir otra vez, cerrando así su obra: «¡Compasión! ¡La compasión por el hombre superior!, gritó, y su rostro se endureció como el bronce. ¡Bien! ¡Eso - tuvo su tiempo! Mi sufrimiento y mi compasión - ¡qué importanl ¿Aspiro yo acaso a la felicidad? ¡Yo aspiro a mi obra! ¡Bien! El león ha llegado, mis hijos están cerca, Zaratustra está ya maduro, mi hora ha llegado: - Esta es mi gran mañana, mi día comienza: ¡asciende, pues, asciende tú, gran mediodía! - Así habló Zaratustra, y abandonó su caverna, ardiente y fuerte como un sol matinal que viene a oscuras montañas.»
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DESPEDIDA ANGUSTIOSA
En carta dirigida a Overbeck podemos ver claramente cómo Nietzsche, por esta época, se despide del Zaratustra: «Ha sido pensado como final: vuelve a leer, por favor, el prólogo de la primera parte... Observación expresa: no he enviado ejemplar alguno a Burckhardt ni a nadie de Basilea. Silenciemos, pues, el hecho de la existencia de una cuarta parte.» Nietzsche estaba torturado por la duda, y ya al comienzo mismo de la carta desvelaba a su amigo la razón oculta: «Me ha asaltado entretanto la sospecha de que tal vez des en pensar que el autor del Zaratustra ha perdido el juicio. La verdad es que el peligro que me acecha es muy grave, pero no este tipo de peligro: ya no sé, ciertamente, si soy la esfinge, que pregunta, o aquel famoso Edipo al que se formulaban las preguntas. Tengo, pues, dos posibilidades para el abismo.» Y entre las notas de esta época encontrarnos asimismo: «Sobre salud y enfermedad, genio, neurosis, dionisiaco.»  Zaratustra queda, con su lenguaje profético, a sus espaldas.
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OLVIDARSE DEL PASADO
Tambien Lou Salomé debe ser ya pasado: «No he visto el libro que acaba de publicar  ---«Lucha por Dios»-, y por ahora no tengo la menor intención de verlo... Si tu amada esposa quiere comunicar a la señorita Salomé un juicio algo más favorable sobre esas memorias noveladas, digámoslo así, nada tengo, la verdad, que objetar. En definitiva, lo que ha llevado a cabo es precisamente lo que yo di en esperar de ella en Tautenburg. En cuanto a todo lo demás, ¡ojalá se la lleve el diablo!».
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BODA DE SU HERMANA
Afirma en su carta a Overbeck: «El 22 de mayo se casa mi hermana. Tú entiendes bien de qué fecha se trata. A mi pregunta acerca del 'regalo de bodas', por así decirlo, que en esta situación mía podría hacer, me ha sido expresado el deseo de que esa lámina de Durero que obra en tu poder, «Caballero, muerte y diablo» se traslade como un símbolo valiente y precioso con estos dos emigrantes a su nuevo y lejano hogar. Me causa verdaderamente un gran dolor arrebatártelo, porque, en definitiva, tienes tú, que eres, a tu manera, un solitario y navegante, tanta necesidad de tales consuelos como cualquier emigrante. Es posible, de todos modos, que resulte demasiado sombría para tu gusto. En tal caso envíasela, si te apetece, a mi hermana.» Pero de lo que hubiera sido, a no dudar, el mejor regalo imaginable para Elisabeth, la presencia de su querido hermano en la ceremonia, ni una palabra.
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DISCULPAS A SU MADRE
 Después de la boda se dirige a la madre: «En cuanto al día de la boda, tuve la suerte de que una familia de Basilea... hiciera conmigo... una salida al campo en coche; verme obligado a hablar con gentes semidesconocidas es cosa que me produjo un verdadero descanso. Es posible que esté bien que las cosas hayan salido como han salido; incluso los dos (el Dr. Fórster y yo) nos hemos comportado hasta la fecha amablemente el uno con el otro y hemos dado pruebas de la mejor voluntad... para mi gusto personal, un trato más íntimo con semejante agitador es cosa inimaginable... Aún no sé qué va a ser de mi este verano. Seguramente el vicio Sils-Maria, a pesar del terrible recuerdo que guardo de todas mis estancias allí. Siempre enfermo, sin la alimentación que necesito, aburriéndome de modo indecible por falta de luz en los ojos y de seres humanos y llegando siempre a septiembre sumido en una especie de desesperación.» A pesar de todo, no quiere parecer misántropo. Con palabras similares a las utilizadas por Beethoven para dar comienzo a su «Testamento de Heiligenstadt» se disculpa Nietzsche por no haber estado presente en la boda: «Pero no pienses que me considero por ello, en modo alguno, un hombre oculto, o retraído, o desconfiado; ¡todo lo contrario! ¡De serio no sufriría tanto!... No me tengas, pues, querida Lama mía, por loco, ni por decididamente malo. Y, sobre todo, no me tomes en cuenta que no estuviera presente en tu fiesta: ¡mal padrino hubiera hecho un filósofo tan enfermizo.»
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COMO EN UN LABERINTO
Nietzsche le cuenta  a Overbeck en una carta fechada el 2 de julio de 1885: «Pero mi 'filosofía', si es que tengo el derecho de nombrar así a lo que me atormenta hasta las raíces de mi propio ser, ya no resulta comunicable, al menos no por la vía de la publicación impresa. De ahí que cada vez sean mayores mis deseos de tener una conferencia reservada con Jacob Burckhardt y contigo, no tanto para informaros de 'novedades cuanto para preguntamos cómo creéis vosotros que podría salir de este laberinto.»
Laberinto
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LOUISE RÖDER-WIEDERHOLD
Al círculo de conocidos de Köselitz en Zürich pertenecía una dama alemana ya entrada en años: la señora Louise Röder-Wiederhold. Algún percance dificil debió impulsarla a la soledad y al abandono de su patria. Según parece, se preocupó grandemente por el desdichado destino de Köselitz como compositor, participando en sus cuitas. Es posible que gustara incluso no poco de su música, ya que en Zürich, por ejemplo, intercedió ante Friedrich Hegar, alabándola. De todos modos, en tanto que Nietzsche se refiere siempre a ella, en las cartas, llamándola «la Sra. Röder», en las cartas de Köselitz no pasa de ser «La Wiederhold». A través de Köselitz debió enterarse asimismo de lo precario de la situación de Nietzsche y de sus necesidades y urgencias, así como Nietzsche de la solidaridad e interés que había despertado en ella. De ahí que le escribiera invitándola a Sils, adonde llegó el 8 de junio, permaneciendo hasta el 6 de julio, «leyéndole en voz alta y escribiéndole al dictado con la mayor bondad y disponibilidad». Las horas que precisaba de sus servicios eran dos al día, al principio, y después tres, aunque corriendo todavía junio se veía obligado ya a escribir lo siguiente a Resa von Schimhofer: «De momento tengo en casa a la excelente Sra Röder-Wiederhold; soporta y aguanta 'angélicamente' mi deprimente 'antidemocratismo' -le dicto, en efecto, durante un par de horas diarias mis ideas sobre los europeos de hoy y de... pero me temo que al final no podrá aguantar más y abandonará Sils-Maria, bautizada como está con la sangre de 1848. Creo que otro punto de lo más conflictivo lo constituyen mis ideas sobre la 'mujer en sí'. En fin, me temo que nadie resiste mucho a mi lado. Aunque habrían muchos motivos, desde luego, para desearme una buena compañía. Ay, ¿quién conoce mis 'siete soledades'?» Y el 23 de julio se lamenta, en carta a Köselitz: «Pero, dicho sea entre nosotros, no acabo de congeniar con ella; no deseo que la cosa se repita. Cuanto le he dictado carece de valor; además, ha llorado más de lo que puedo aguantar. Es inestable; no hay mujer capaz de entender que una desgracia personal no es argumento alguno, y que, en cualquier caso, si algo no puede procurar es el fundamento para una consideración global de todas las cosas. Pero lo más grave es que no tiene modales; a veces mueve las piernas como si se columpiara. A pesar de todo me ha ayudado en un momento muy difícil con la mejor intención y como mejor ha podido.»
Laberinto
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OSCURO PERSONAJE HOLANDÉS
En una carta a su hermana del 21 de agosto de 1885 afirma:«Tengo trato ahora con un holandés que me cuenta muchas cosas de China (con su orgullo áspero y helado ha sublevado al hotel entero, pero tan pronto como nos encontramos toma cuerpo la más amable e instructiva conversación que puedas figurarte.)» A este conversador fugaz del que en ningún otro lugar se pueden encontrar datos para hacernos una imagen más exacta de él (a su madre, Nietzsche se limitó a decirle que venía de Java y que estaba emparentado con las damas Fynn) vino a imputársele más adelante, sin prueba concluyente alguna, haber dado a Nietzsche una extraña droga del lejano Oriente con poderes calmantes, cuyo consumo le habría llevado al derrumbe espiritual.
Laberinto
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LEYENDO MUCHO
Nietzsche lee de nuevo mucho. Su filosofar es literalmente diálogo, su discusión siente la necesidad de un contrincante, de un compañero, cuanto menos, de discusión. El 28 de julio Nietzsche recibió --a iniciativa, probablemente, de Kóselitz-- el libro de Heinrich Widemann «Conocer y ser». Como contrapartida Nietzsche le hizo llegar -a través de Kóselitz- su Zaratustra IV. El 1 de agosto se manifestaba Nietzsche, en carta a Köselitz, en los siguientes términos sobre el libro de Widemann. «...personalmente tengo que decirte que ha sido casi como una pequeña desgracia para mí (a causa del Dühring y de toda esa prédica de mezcolanza vulgar de física y de hechos de consciencia), pero vendrán todavía muchos más quid proquis de este tipo e incluso peores». Días antes había manifestado, de todos modos, su reconocimiento a Widemann en una carta cortés y formalmente perfecta: «Con su carta y el envío de su libro... no es de poca monta el honor que me ha hecho, por no hablar de la última página del mismo, donde formula usted a mi hijo Zaratustra, de modo solemne y festivo, la primera censura pública que le ha sido dado recoger: créame usted que es algo que no olvidaré nunca». Widemann discutía con Dühring, lo que llevó a Nietzsche de nuevo a enfrentarse con el «Curso de filosofía» de este último. En este contexto vino a interesarse también por un paso de libro de Bebel «La mujer en el pasado, el presente y el futuro». Nietzsche no se interesaba, evidentemente, por el sociólogo marxista o por el hombre de partido alemán Bebel, sino por sus consideraciones y reflexiones psicológicas sobre «la mujer», esto es, sobre uno de los temas que desde la primavera pasada más le interesaban e inquietaban. Suponiendo que esta era la cita buscada por Nietzsche, Kóselitz le copiaba, entre otros, el siguiente paso textual: «... precisamente porque la mujer tiene que someterse a las mayores inhibiciones en lo referente a la satisfacción normal de sus más violentas inclinaciones naturales. Esta contradicción entre necesidad natural y coacción social le lleva a lo antinatural, a vicios y depravaciones secretos ... »
Laberinto
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LA OPERA MARIANNA
Otra lectura vino a procurarle variación e impulso inesperado: la obra de Ferdinand Gregorovius. A comienzos de agosto escribió a Köselitz: «¡Viva! Desde ayer no paro de pensar en algo de lo más apropiado para usted y que me ha venido caído del cielo... a saber, un tema magnífico para un texto operístico. Léase usted en el libro que le acompaño la historia que figura en la pág.196, y proceda a las correcciones lógicas y pertinentes (por ejemplo hacer de Marianna no la madre, sino la hermana del asesinado, y que en el momento culminante, lo que venga a salvar a Romanetti no sea el amor repentino, que pone fin al odio y priva de sentido a la vendetta familiar). Ya ve que se trata de un tema que tiene todo lo que usted necesita, precisamente porque es usted el más indicado para darle vida. Primer acto: ambiente de fiesta sureña, Carnaval, interrupción sangrienta. Segundo acto: el gran canto fúnebre corso, el juramento de venganza ante el catafalco, solos y coros. Tercer acto: dar vida y sentido a la peligrosa soledad de un condenado a muerte y perseguido. Montañas, bosques, cuevas, escondites, traición. Cuarto acto: catástrofe con una tensión terrible; final, con el juramento de reconciliación y fraternidad de los dos linajes enemigos. Todo es viril, el elemento histérico de lo wagneriano queda a más de mil millas de lejanía: se dispara muchas veces; el amor (que ya en el primer acto tiene que ser insinuado, de algún modo, en germen) es, esta vez, amor de la acción y no de la expansión lírica: lo que no impide que en el momento culminante del cuarto acto tenga lugar un dúo amoroso precisamente por eso tanto más efectista... El efecto de las furias de la venganza del segundo acto es algo en lo que ningún músico se le ha anticipado. El todo tiene lógica, una extrema lógica pasional... El papel de Marianna, la muchacha combativa que en el segundo acto tiene que aparecer como una erinia, es muy bueno; también el de Romanetti, que, por el contrario, tiene que parecer reconcentrado, lleno de una severa distinción y provisto, en cualquier caso, de todos los rasgos de una persona profunda, que se burla de sus enemigos y de la muerte misma.»
 «Montañas, bosques, cuevas, escondites» y «soledad peligrosa», un héroe que se burla de sus enemigos y de la propia muerte: metáforas todas ellas de y para su filosofía. Nietzsche se encuentra a sí mismo en la figura de Romanetti, y acaso espera él también, a la altura asimismo del cuarto acto, la liberación de su amenazada existencia por el amor de la acción. Pero tan escasamente como ésta vino la ópera a convertirse en algo real. Köselitz no era el hombre ni el músico para esta tarea.

Laberinto
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ENFRENTAMIENTO CON SU EDITOR
Las dificultades y tensiones con el editor Schmeitzner, que ya hablan comenzado en octubre del año anterior, urgían ahora una decisión. Köselitz fue el primero en ser informado por Nietzsche de la situación el 21 de agosto de 1885: «En las últimas semanas hubo rayos y centellas en el asunto de Schmeitzner. Pero, en fin, parece que ya está todo encauzado: el 1 de octubre recibiré efectivamente mi dinero (7.000 francos).... Gracias a una medida muy enérgica y repentina (embargo de la editorial entera en mi nombre, de tal modo que al regreso de un viaje Schmeitzner se lo encontró todo sellado y no pudo siquiera entrar) con lo que nadie contaba, vino a hacerse una especie de presión suprema. Yo había dado a mis abogados el encargo, dicho sea entre nosotros, de sacar rápidamente a subasta forzosa la editorial entera (buscando, al mismo tiempo, los medios para quedarme con mis libros). Esta «subasta forzosa» aterrorizó a Schmeitzner: de seguirse este procedimiento todo se habría convertido en papel para vender al peso (yo no habría recuperado así mi dinero, claro es, pero sí mi «literatura». Inmediatamente después de la subasta me hubiera querellado contra Schemeitzner, cuya fianza obra en poder de mis abogados; en fin, todo estaba previsto). Tal y como están ahora las cosas, es poco menos que imposible romper por cuarta vez una palabra dada y no pagar. Los medios para ello va a procurárselos la venta de toda la editorial al señor Erlecke, de Chemnitz (cuya firma tiene la sede en Leipzig) por 14.000 marcos, a cobrar el 1 de octubre. Tengo en las manos el contrato de compra. Una vez recibido el dinero, procedería yo a cobrar. Inmediatamente después, el embargo sería levantado.»
Pero la «presión suprema» no llegó a tener lugar, dado que Schmeitzner se las ingenió para ganar tiempo y salir del mal paso con una promesa, como Nietzsche informaba a su hermana todavía el mismo 21 de agosto: «La 'presión suprema' ordenada... ha cumplido su función coactiva. El 1 de octubre pagará Schmeitzner, depositando la suma en el despacho del abogado Kaufmann; éste tiene el encargo de remitirme acto seguido el dinero... La citada presión me hubiera sido demasiado fácil de realizar. ¡Me quedo, pues, sin mis libros!» El dinero, sin embargo, no llegó en la fecha prevista. Pero Nietzsche no se dio por vencido. El 17 de octubre comunicaba a Overbeck.- «Entre tanto, la historia de Schmeitzner ha seguido avanzando, avanzando --no diré «progresando», claro es... presión suprema a la vista, toda su editorial, desde junio, confiscada judicialmente por mí como garantía. En el supuesto de que el embargo tenga lugar, habrá que intentar que mi producción literaria -los derechos de mis obras- vuelvan, en su totalidad, a mis manos, para poder así cederla después a un nuevo y más digno editor.»
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VENGANZA DE SU EDITOR SCHEMITZNER
Nietzsche había impulsado su pleito con su editor Schmeitzner con el objetivo de recuperar nuevamente los derechos editoriales de sus obras anteriores y, con ello, la libertad de reelaborarlas y adecuarlas orgánicamente al conjunto de su producción. Con los graves pasos dados, como el embargo y el sellado de la editorial, no había coadyudado precisamente a hacer de Schmeitzner un socio bien dispuesto para su causa. Y éste, que no dejaba de ser un hombre de negocios mucho más experimentado que Nietzsche, consiguió con exigencias y contramedidas bien calculadas no sólo no perder nada, sino incluso vengarse.
Sus cartas a Köselitz (6 de diciembre de 1885), a Overbeck (aproximadamente 6 de diciembre de 1885) y a su familia en Naumburg,  nos informan cabalmente del fracaso definitivo de su objetivo principal: no sólo rescatar los derechos de edición de sus libros y de los de Overbeck del hundimiento de la firma editorial de Schmeitzner, sino mantenerlos lejos de la sospechosa vecindad de la propaganda antisemita, tan intensamente representada y propalada por Schmeitzner. Schmeitzner consiguió mantener en pie su editorial, permaneciendo, pues, como titular de los derechos de edición  de las obras de Nietzsche, derechos que defendió y utilizó contra éste con la misma obstinación que Nietzsche había mostrado en su ofensiva.
Afirma Nietzsche: «Con su exigencia de una suma de 2.500 marcos para la destrucción de los ejemplares aún restantes de la primera edición, Schmeitzner ha echado el cerrojo sobre todo ello. La posibilidad de segundas ediciones ha quedado, pues, aplazada, si no he entendido mal, ad acta... Mis libros... figuran en todas partes como «literatura antisemita» y así serán conocidos, como me ha confirmado un librero de Leipzig.».... «Es una verdadera desgracia que esté tan próximo al tal Schmeitzner... Y para colmo, ese último ultraje que me ha sido infligido con su idea de poner juntos los nombres de 'Dühring' y 'Zaratustra'. Con este indicio tengo bastante. El antisemitismo corrompe todo buen gusto, incluso en el caso de lenguas no ¡Aplicadas inicialmente.»

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TUMBA DE SU PADRE
El 9 de enero de 1886 comunicaba, en una nota de postdata, a Overbek: «Como primera aplicación de los dineros de Schmeizner, he hecho cubrir la tumba de mi padre con una gran losa de mármol. (De acuerdo con sus deseos, será también la tumba de mi madre.)»
¿Qué significado podía tener el gasto para una gigantesca losa de mármol para la tumba de su padre en el sencillo, incluso pobre, cementerio del lejano y retirado Röcken, al cabo casi de cuarenta años? ¿Pagaba de este modo el hijo una hipotética deuda por haberse desviado tanto como pensador del camino previsto por el padre, un padre siempre asumido como irreprochable, o satisfacía con ello una mera deuda piadosa? ¿Intentaba Nietzsche reforzar en su consciencia los vínculos con su padre físico tras haber perdido a Wagner, el padre electivo que lo había sustituido? ¿O hay que poner todo el acento en la indicación de que también allí quería ser un día enterrada su madre, una madre hacia la que cada vez se sentía más fuertemente inclinado? ¿Corresponde todo el peso de la declaración a esta frase puesta, como de pasada, entre paréntesis?

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ULTIMO ENCUENTRO CON STEIN
Estando Nietzsche en Naumburg, dio la casualidad de que Heinrich von Stein se encontrara a finales de septiembre en Bad Küsen, lo que vino a procurarle a Nietzsche la ocasión de trasladarse allá. Pero el destino hizo que en algún punto de la carretera vinieran inesperadamente a encontrarse ambos. Fuera por lo repentino del encuentro o por la sobriedad del lugar, lo cierto es que aquél se desarrolló de manera fría y envarada, alzándose entre ambos, al modo de una barrera, una sensación de extrañamiento que no acababa de resultarles comprensible. Posteriormente intentaron revitalizar epistolarmente la vieja amistad uno y otro, Heinreich von Stein escribiéndole y Nietzsche dando siempre respuesta a sus cartas. De todos modos, quedó un resto distanciador de este encuentro, que estuvo llamado a ser el último entre ambos antes de la inesperada muerte de Heinrich von Stein el 20 de junio de 1887.
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CON SU CUÑADO FÖRSTER
Nietzsche informó sobre sus impresiones, es decir, tan pronto como estuvo de regreso a Leipzig, el 17 de octubre, a Overbeck- «El Dr. Förster no me ha resultado antipático; tiene algo amable y noble en su ser y parece estar perfectamente hecho para la acción. Me sorprendió ver cuántas cosas resolvía de modo continuo y lo fácil que le resultaba; en ese terreno soy muy diferente. Sus valoraciones no son precisamente de mi gusto, como es lógico; todo está demasiado pronto liquidado para él. Creo que a nosotros (a ti y a mí), esos espíritus nos parecen un tanto precipitados.» Nietzsche declinó otro encuentro. El 27 de octubre pasó nuevamente por Naumburg, pero evitó la casa de su madre, a la que acto seguido invitó, desde Leipzig, a trasladarse allá para despedirse de él, que partía ese mismo día camino del Sur; inicialmente hacia Munich.
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IDEAS CONTRAPUESTAS A SU CUÑADO
Sobre las cuestiones tratadas por Förster en su obra encontramos puntual respuesta en sus anotaciones y en 
«Más allá del bien y del mal». La discusión, llamativamente intensa, en torno a la pregunta acerca de «qué es alemán», los juicios sobre lo alemán y lo germanizante, las reflexiones sobre el problema de las razas y el europeísmo, todo ello no resulta, en fin, comprensible sino a partir de este estímulo de responder a lo antisemita que su cuñado representaba.
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VUELTA A NIZA
El 11 de noviembre daba noticias suyas en los siguientes términos: «No os asombréis demasiado... de que el topo hamletiano deje oír su voz hoy desde Niza y no desde Vallombrosa «Pension de Geneve, petite rue St. Etienne; una reforma completa y la total renovación de telas y colores han hecho de ella un lugar de lo más apetecible. Mi vecino de mesa es un obispo, un  Monsigneure que habla alemán.» También a Overbeck le reconocía el 12 de noviembre de 1885: «En los dos últimos meses he hecho un respetable voyage en Zigzag y mi silenciosa esperanza de encontrar algo nuevo para mí, sea lugar o persona, se ha visto frustrada. Por el contrario, cabeza y salud hicieron notar sus exigencias: parece que nada supera ni puede sustituir a Sils-Maria y Niza.» De todos modos, y como siempre, parece, sin embargo, que una vez allí, Niza  no le procuró la deseada solución a sus problemas. De ello se quejaba a Overbeck a comienzos de diciembre: «Estoy otra vez experimentando en materia de vivienda, etc.; en la honrada Pensión Suiza sólo aguanté tres días, aunque vuelvo más de lo necesario a ella. Algo independiente y adecuado para mí tendrá que poder encontrarse por fin, aunque desconfío cada vez más de conseguirlo alguna vez. De ahí mi necesidad de personas que cuiden de mí. Lo poco práctico de mi naturaleza, la semiceguera y, por otra parte, el estar  lleno de temores, desasistido y postrado, me condenan a menudo a situaciones que casi acaban conmigo.» Continúa diciendo: «¡Casi siete años de soledad y en su mayor parte una verdadera vida de perro, porque me ha faltado todo lo necesario! Doy gracias al cielo de que nadie me haya visto así bien de cerca.» Como nueva dirección anota «rue St. Francois de Paule 26 (2me. étage a gauche)» Entusiasmado, le describe el 24 de noviembre a Köselitz la vista de que disfruta desde su habitación: «Y cuando oiga cómo se llama la plaza hacia la que mira mi ventana (árboles grandiosos, a lo lejos grandes edificios rojizos, el mar y la tan conseguida Baie des Anges), a saber Square des Phocéens, tal vez Vd., como yo, la risa ante el desmesurado cosmopolitismo de esa combinación de palabras que --por mucho que parezca ser cierto que los fócidas se instalaron aquí en otro tiempo- suena de un modo victorioso y supraeuropeo, de un modo muy consolador que me dice 'aquí estás en tu sitio'.»
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CUADERNO DE NOTAS
De las docenas de títulos de obras de estos meses van destacándose, como más importantes, tres.- 1.«De la ordenación jerárquica de las personas» (en diferentes formulaciones). 2. «Más allá del bien y del mal», y 3. «La voluntad de poder». En determinados momentos también parece resultar importante, junto a lo citado, el esbozo «El espejo» como «Oportunidad de autorreflexión para los europeos». Los títulos de libros relacionados con Zaratustra y el eterno retorno, como «Mediodía y eternidad» y similares, todavía dominantes en mayo-junio de 1885, van siendo progresivamente arrinconados. Y casi sin excepción todos estos títulos de obras reciben un título adicional o subtítulo, restringe su ámbito a un Preludio o a un  Ensayo de una filosofía del futuro, o que apunta a lectores hasta ahora inexistentes.
Laberinto
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VOLUNTAD DE PODER
En sus notas de esta época se manifiesta la siguiente idea: En la raíz de todos los fenómenos y experiencias opera una energía, una fuerza que ---con no excesiva habilidad- caracteriza como «voluntad de poder». Todo cuanto es aspira a hacerse válido, a prevalecer, a ganar en poder. Golpea y se mide con lo que tiene al lado, que es impulsado por igual motor. Lo más poderoso gana la primacía, lo meramente equivalente queda en un equilibrio fluctuante. De este forcejeo constante surge el movimiento, del que es expresión el resultado 'mundo', único al que corresponde realidad y tras del que no hay ni puede haber ningún «otro» mundo o mundo «más alto», ningún «ser eterno», como tampoco «ideas» (Platón) o «cosa-en sí» (Kant).
Laberinto
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ARIADNA
En una ocasión Nietzsche había escogido este nombre como título de un  libro suyo. Ya antes había aparecido, en efecto, en el contexto de una de las exposiciones crítico-dilucidarias más detalladas de su posición filosófica, titulada «Moral y fisiología», donde caracterizaba como una «precipitación» «el que durante tanto tiempo se hubiera considerado precisamente a la consciencia humana como el escalón más alto de la evolución orgánica y la más asombrosa de todas las cosas terrenales, es más, incluso como su floración suprema y su objetivo. Lo verdaderamente asombroso es más bien el cuerpo: cómo ha llegado a ser posible el cuerpo humano es cosa que nunca cabrá admirar bastante». Esta consideración cambia repentinamente de curso, y en el contexto de una descripción de una vivencia personal «Pensar, sentir, querer» pasan a verse relativizádos en su significado: «Hablando de este modo por los codos me entregué, sin la menor inhibición, a mi tarea educativa, puesto que era feliz por haber encontrado a alguien que se mostraba capaz de escucharme del principio al fin. Pero llegados precisamente a este punto Ariadna no pareció ser capaz ya de resistirlo más -la historia tenía lugar durante mi primera estancia en Naxos--: 'Pero señor, me dijo, ¡Vd. habla un alemán de cerdos!- 'Alemán, le respondí de buen talante, simplemente alemán! ¡Deje Vd. lo de los cerdos, diosa mía! Infravalora Vd. la dificultad de oír cosas finas en alemán'.- '¡Cosas finas!. gritó Ariadna sobresaltada, ¡pero si todo eso no era más que positivismo! ¡Filosofía de hocico! ¡Estiércol y maremágnum conceptual de cien filosofías! ¿Adónde quiere ir eso a parar?', y al hablar así jugaba impaciente con el famoso hilo que un día guíó a su Teseo por el laberinto.-»
¿Quién es esta Ariadna? De los años del hundimiento sabemos -Nietzsche así lo dijo-- que como Ariadna hay que entender a Cosima Wagner. «Naxos» sería, pues, en este caso igual -a Tribschen, y la conversación dataría de hace quince años. ¿Podía sustentar ya entonces Nietzsche la tesis ahora defendida o podía, cuanto menos, haber expresado por aquellas fechas ideas parecidas? Los «Cinco Prefacios» que por entonces dedicó a Cosima, e igualmente el escrito «Sobre verdad y mentira en sentido extramoral», así pemtirían suponerlo, dado que parten de formulaciones similares.
De resultar aceptable la equiparación Ariadna-Cosima ya para este momento, 1885, el anterior paso textual podría remitir también a otra cosa: al mantenimiento, por parte de Nietzsche, de diálogos imaginarios con Cosima, al recurso, por su parte, a un fantasma de Cosima, sencillamente para tener un interlocutor posible.

Laberinto
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MADUREZ DE NIETZSCHE
Nietzsche tenía ahora cuarenta y un años. Profundamente enraizado en el pensamiento antiguo, tomaba ahora, en consecuencia, cuerpo en él la convicción de haber alcanzado e incluso sobrepasado la acmé de su vida. De ahí que pasara a usar ahora expresiones como la del «gran mediodía» que se inclina al otoño, que se caracterizara como «viejo filósofo» y que en una ocasión no dudara en firmar una de las cartas a su madre con un «tu vieja criatura».
Cosecha
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OBRAS QUE PUBLICARÁ
Su madurez le permitió darle vida de un solo trazo en todo un grupo de obras, desde «Más allá del bien y del mal» a «Ecce homo», pasando por la Genealogía de la moral , El Caso Wagner, Crepúsculo de los Idolos, El Anticristo y Nietzsche contra Wagner.
Cosecha
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LOS FÖRSTER EN PARAGUAY
Los Förster le habían «abrumado y desbordado con regalos y escritos de Bernhard Förster con ocasión de la Navidad y del Año Nuevo. El 25 de febrero hacía constar aún en una carta a su madre: «De nuestros emigrantes acabo de recibir el gentil envío de un hermoso anillo de oro, con el siguiente lema grabado por dentro: «Piensa con cariño en B. y E.». Lo haré de corazón, aunque debo confesar que esa unión «B. y E.» pesa no poco sobre mi ánimo. No tengo nada en común con la idiosincrasia de Förster, no digamos ya con sus tendencias. En fin, que no deja de ser una suerte que se haya marchado justo antes de la «hora del cierre», creo que en eso tienes razón. Esta observación final alude --como Elisabeth haría constar más tarde en su edición de las cartas-- a una nueva e intensa participación reciente de Fórster en el movimiento antisemita.
Cosecha
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PARTITURA DE WAGNER
 Una petición vino a remover de nuevo las aguas de la problemática wagneriana. Nietzsche responde a su madre el 6 de enero de 1866: «¿Qué el Sr. Z... quiere comprar la partitura para piano de la marcha de Kaiser (de Wagner) por no menos de 22 marcos? Pero si nueva no cuesta más allá de 22 peniques... Creo que aquí hay un malentendido. Además, tengo interés en conservarla; es una música que sigue gustándome mucho. La partitura de la marcha del Kaiser que obra en mi poder no está en venta. Es, primero, un regalo que me hizo Wagner a mí; segundo, el propio Wagner dirigió con este ejemplar de la partitura la primera interpretación de la obra (en Leipzig); tercero, en las notas del texto hay correcciones y cambios hechos a mano, lo que da a este ejemplar un valor único.»
Cosecha
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CREDMER COMO EDITOR
Afirma Nietzsche: «Tengo editor... Siendo, en efecto, tan tarde que estaba ya a punto de irme anoche a dormir, di casualmente con una carta que alguien había metido por debajo de la puerta de mi habitación... La leí. Era de Credmer, y lo que me contaba me dio tal alegría que me puse por un momento a danzar en círculo en ropa de cama. No pude evitarlo, a pesar del frío, ya que hasta hoy no he encendido fuego. Le había ofrecido el segundo tomo de 'Aurora'... acepta con gusto y me pide expresamente que le cuente entre mis admiradores. Cree que es preciso que ocurra algo que ponga fin irrevocable a mi relación con Schmeitzner y expresa el deseo de comprar a este el resto de 'Humano --demasiado humano'. En fin, se comporta como el tan largamente deseado editor del futuro.» . El 10 de marzo repetía de nuevo en una carta a Overbeek que Credner estaba dispuesto a «editar el segundo tomo de 'Aurora'» en su firma y que deseaba «ser incluido entre mis admiradores», cosa que, dado su «emparentamiento» reciente con el antisemitismo, vino Nietzsche a glosar en tono evidentemente divertido.- «jamás he encontrado fidelidades tan arraigadas en Israel», lo que no era cierto, porque precisamente en los círculos judíos, en Viena, por ejemplo, es donde tenía sus admiradores más fuertes y sus más comprensivos seguidores.
Cosecha
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DISGUSTOS
Pero en seguida hicieron nuevamente acto de presencia las dificultades con el editor. A su cuñado le escribe el 1 1 de abril de 1386: «Con Credner y Schmeitzner, de disgusto en disgusto». Y a la madre le notifica el 28 de abril: «Los últimos tiempos han sido muy duros y malos para mi... Ante todo en problemas y fastidios con los editores: con Credmer no he llegado a nada (aunque todavía hoy he hecho un último intento indirecto mediante una carta a Heinze), con los otros editores, tampoco... Es algo grave, en muchos sentidos una de las consecuencias... es que la suma de dinero extra con la que contaba firmemente para este año se me va, ¡y con él es con la que me proponía ir a verte!» El 1 de mayo le comunicaba a Overbeck, desde Venecia la mediación del profesor Heinze: «Hasta la fecha, todas mis negociaciones con los editores han fracasado».
Cosecha
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PAUL BOURGET
Por estas fechas ocupa de nuevo su atención en un libro francés, «Un crime d'amour», de Paul Bourget, sobre el que escribe a Overbeek el 10 de abril de 1886: «Por fin una nueva obra de 'literatura de cámara', nada apropiado para la masa. Se están dando conferencias sobre ella.»
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JULIUS LIPINER
Tambien por estas fechas recomienda a Overbeek la obra de Julius Lippiner «Cristianismo, fe popular, costumbre», «que tiene mucho de mi manera de pensar sobre la religión y un montón de hechos sugestivos».
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RESULTADOS DE INVIERNO
Escribe el 7 de mayo desde Venecia a la señora von Seydlitz, «que ni siquiera tuve tiempo para pensar en mí, cosa a la que sus líneas me han invitado del modo más amistoso. Tome Vd. todo esto literalmente, por cómico que le parezca. Pero un hombre como yo se siente tan tenso en su problema --en su 'tarea' habría que decir más bien, ¿no?- como sobre uno de esos hermosos instrumentos antiguos de tortura. Una vez ,superada' la cosa, queda uno roto por largo tiempo. Por ejemplo, ahora: un manuscrito con el malévolo título de 'Más allá del bien y del mal' es uno de los resultados del invierno; el otro está aquí en Venecia, yo mismo, más allá tal vez del bien y del mal, pero no del asco, del aburrimiento, de la malinconia y del dolor de ojos».
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GAST MUSICO INCOMPETENTE
El 11 de mayo, Nietzsche, viaja de Venecia hasta en Munich. No puede encontrarse con los Seydlitz, pero llega a entrevistarse con el director de orquesta Hermann Levi para recomendarle la ópera de Köselitz. Se entera al hacerlo, para su gran alegría, que este famoso director de la música de Wagner es también un decidido entusiasta de Bizet, más incluso que él mismo. Nietzsche no parece, pues, saber ni intuir nada de lo que hacía ya tres buenos años había dejado sentado Leyi en su juicio sobre Köselitz: «un músico absolutamente incompetente».
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ULTIMO ENCUENTRO CON RODHE
El encuentro con Rohde en Leipiz les  llevó a una decepción mutua. «En Leipzig he asistido a una de las clases de Rohde. También en este caso tuve al final que decirme: 'por hoy ya he tenido intercambio de sobra'. Y Leipzig no es precisamente un lugar de refugio y reposo para mí, eso está claro.» Rohde se sintió igualmente decepcionado por la 'vida espiritual' de su nuevo teatro de operaciones y sacó en seguida las consecuencias. Ya el 20 de junio podía Nietzsche comunicar confidencialmente a Overbeek: «¡No puedes figurarte cómo está Rohde! Le he encontrado del peor de los humores, fuera de sí por la tontería que ha hecho de abandonar Tübingen y totalmente -contrariado con Leipzig, de modo que su decisión de poner en marcha su traslado a Heidelberg (cosa que entretanto ha ocurrido ya formaliter) no podía parecer ' sino de lo más razonable, faute de plus raisonnable.» (Rohde tampoco se sintió a gusto en Heidelberg. Sufrió por el retroceso, incluso la decadencia, de la filología griega en todas las universidades: un efecto de la euforia materialista de época guillermina.)  Pero también en el caso -de Rohde lo que dejó tras sí este encuentro -tan deseado por parte de Nietzsche, al menos-- con el viejo amigo y compañero de polémicas --un encuentro llamado, por otra parte, a ser el último encuentro personal entre ambos tras largos años de separación-, no fue otra cosa que decepción.
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EXTRAÑAMIENTO
Más tarde reconocía así a Overbeck:«Una indescriptible atmósfera de extrañamiento, algo que superaba por completo mi capacidad de comprensión y mi medida, le rodeaba. Si por un lado había algo en él que me resultaba desconocido, por otro carecía de mucho de lo que ayer pudo caracterizarse. Como si viniera de un país del que él fuera el único habitante». Nietzsche debió notar este extrañamiento y debió sufrir también por él. Necesitó, en efecto, un plazo considerable de tiempo -signo siempre de haber recibido una herida profunda antes de poder hablarle de ello a su fiel Overbeek. Sólo dos meses después, el 14 de julio, vino, en efecto, a escribirle: «En esta atmósfera universitaria degeneran los mejores: como trasfondo y última instancia percibo siempre, incluso en naturalezas como la de Rohde, una maldita ramplonería general y la más absoluta falta de fe en su materia».
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NIETZSCHE EDITOR
Nietzsche comenta abiertamente a Overbeck sus decepciones de orden editorial: «De mis negociaciones con todos los posibles editores he sacado finalmente en claro que no me queda más que un camino, que es el que sigo ahora. Intento que vea la luz algo a mi costa: suponiendo que se vendan 300 ejemplares, los gastos quedan cubiertos y el experimento puede eventualmente repetirse. La firma C. G. Naumann pone su muy respetable nombre. Que esto quede entre nosotros. El abandono en que Schmeitzner ha tenido mís cosas es indescriptible: desde hace diez años no se distribuye ejemplar alguno,ni siquiera se envía nada a la crítica; ni a un punto de distribución en Leipzig; no digamos ya anuncios. En fín, mis escritos de «Humano --demasiado humano» en adelante son, dicho brevemente, anécdota. Del Zaratustra se han venclido 60-70 ejemplares en cada caso, etc. La explicación de Schmeitzner es siempre la misma- que desde hace diez años ninguno de mís amigos tiene el valor de manifestarse abiertamente a favor mío. Quiere 12.500 marcos por mís escritos.»
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SU NUEVA OBRA
La noche del 27 de junio abandona Nietzsche Leipzig con destino a Sils, embargado por el sentimiento liberador de ser totalmente independiente. Es su propio editor en lo que hace a su nueva obra, que está ya en imprenta el 21 de julio; Köselitz cargó una vez más con la tarea de repasar las pruebas. Transcurridos más de dos años desde la aparición, el 10 de abril de 1884, del Zaratustra III (el Zaratustra IV quedó prácticamente sin editor), irrumpe Nietzsche por fin con un nuevo libro que en la línea de «Aurora» y «La gaya ciencia» sirve a su tarea filosófica, tal y como ahora puede verla claramente ante sí. Con el Preludio de una filosofía del futuro, como subtitula su «Más allá», se rotura la vía libre sobre y en la que piensa recoger la cosecha de sus trabajos filosóficos de tantos años.
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APARICIÓN DEL MÁS ALLÁ....
El 5 de agosto podía informar a su amigo Overbeck: «Acaba de telegrafiarme Fritzsch desde Leipzig "¡Ya lo tenemos!" -palabras que me han llenado de gozo. Queda así definitivamente superado un funesto error de mi época de Basilea (cierto "exceso de confianza", como tantas otras veces en mi vida).» Y acto seguido: «El nuevo libro, un resultado que desde la lejanía no hubiera podido conseguir, está ya listo; el encargo de hacerte llegar un ejemplar a Basilea salió hace ya algunos días. Y ahora viene el ruego,viejo amigo mio: léelo desde el principio hasta el final, y no te dejes amargar ni dominar por la extrañeza, haz acopio de todas tus fuerzas, de la fuerza, sobre todo que pueda darte tu benevolencia hacia mí, esa benevolencia paciente y tantas veces puesta a prueba.» Una vez acabada la impresión el 21 de julio y enviados el 1 de agosto 2 ejemplares directamente del editor a Köselitz, el 5 de gosto de 1886 «Mas allá del bien y del mal» estaba ya disponible.
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ANTIDOGMATISMO
En el nuevo libro, Más allá del bien y del mal, los pensamientos de Nietzsche están concebidos del modo más claro y se concentran sobre los problemas más urgentes, sin venir, al mismo tiempo, tan sistematizados como para ofrecer la imagen de rígidas proposiciones de un todo dogmático, algo contra lo que ya en el. prólogo, fechado en junio de 1885, tomaba posición del modo más unívoco y vehemente: «Suponiendo que la verdad sea una mujer, ¿cómo?, ¿no está justificada la sospecha de que todos los -filósofos, en la medida en que han sido dogmáticos, han entendido poco de mujeres?... Lo cierto es que ella no se ha dejado conquistar: y hoy toda especie de dogmática está ahí en pie, con una actitud de aflicción y desánimo... Hablando en serio, hay buenas razones que abonan la esperanza de que todo dogmatizar en filosofía, aunque se haya presentado como algo muy solemne, muy defmitivo y válido, acaso no haya sido más que una noble puerilidad y cosa de principiantes... (como la superstición del alma, la cual, en cuanto superstición del sujeto y superstición del yo, aún no ha dejado de causar daño)... La filosofía de los dogmáticos ha sido, esperémoslo, tan sólo un hacer promesas durante milenios... No seamos ingratos, con ellas, aunque también tengamos que admitir que el peor, el más duradero y peligroso de todos los errores, ha sido hasta ahora un error de dogmáticos, a saber, la invención por Platón del espíritu puro y del bien en si... Pero la lucha contra Platón o, para decirlo de una manera más inteligible para el 'pueblo', la lucha contra la opresión cristiano-eclesiástica durante siglos -pues el cristianismo es platonismo para el 'pueblo'-- ha creado en Europa una magnífica tensión del espíritu ... : con un arco tan tenso nosotros podemos tomar ahora como blanco las metas más lejanas. Es cierto que el hombre europeo siente esa tensión como, un estado penoso; y ya por dos veces se ha hecho, con gran estilo, el intento de aflojar el arco, la primera, por el jesuitismo, y la segunda, por la ilustración democrática... Mas nosotros, que no somos ni jesuitas, ni demócratas, y ni siguiera suficientemente alemanes; nosotros los buenos europeos y espíritus libres, muy libres -¡nosotros la tenemos todavía, tenemos la penosidad toda del espíritu y la entera tensión de su arco! Y acaso también la flecha, la tarea y, ¿quién sabe?, incluso el blanco ... ».
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CRITICA A LA METAFÍSICA
En la Sección Primera «De los prejuicios de los filósofos» ataca Nietzsche inmediatamente la base metafísica de la ética: «La creencia básica de los metafísicos es la creencia en la antítesis de los valores. Ni siquiera a los más previsores entre ellos se les ocurrió dudar ya aquí en el umbral, donde más necesario era... Pues, en efecto, es lícito poner en duda, en primer término, que existan en absoluto antítesis, y, en segundo término, que esas populares valoraciones y antítesis de valores sobre las cuales los metafísicos han impreso su sello sean algo más que estimaciones superficiales, sean algo más que perspectivas provisionales... acaso... perspectivas de rana... ¡Mas quién quiere preocuparse de tales peligrosos 'quizás'! Hay que aguardar para ello la llegada de un nuevo género de filósofos... Y hablando con toda seriedad: yo veo surgir en el horizonte a esos nuevos filósofos.»
Nietzsche disocia y separa las etiquetas de «bueno» y «malo» respecto de esa «verdad» y esa «mentira» en que vienen ancladas en la tradición filosófica, en la que a menudo son usadas casi como sinónimos (y al hacerlo enlaza con su escrito juvenil). En el parágrafo 4 leemos: «La falsedad de un juicio no es para nosotros ya una objeción contra el mismo... La cuestión está en saber hasta qué punto ese juicio favorece la vida, conserva la vida, conserva la especie, quizá incluso selecciona la especie... Admitir que la no-verdad es condición de la vida: esto significa, desde luego, enfrentarse de modo peligroso a los sentimientos de valor habituales; y una filosofía que osa hacer esto se coloca, ya sólo con ello, más allá del bien y del mal».  «Que la verdad sea más valiosa que la apariencia, eso no es mas que un prejuicio moral; es incluso la hipótesis peor demostrada que hay en el mundo... no existiría vida alguna a no ser sobre la base de apreciaciones y de apariencias perspectivistas... Sí, ¿qué es lo que nos fuerza a suponer que existe una antítesis esencial entre 'verdadero' y 'falso'? ¿No basta con suponer grados de apariencia ... ? ¿Por qué el mundo que nos concierne en algo no iba a ser una ficción?»

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RASGOS DEL FILÓSOFO DEL FUTURO
 En la Sección Segunda, «El espíritu libre», esboza Nietzsche por una vez con detenirniento, y recurriendo a su método indirecto, los rasgos del filósofo de espíritu libre del futuro. Y lo hace anticipando en sus juicios y elaborando incluso, como si fuera ya tal, un catálogo de sus temas. En el esbozo de este filósofo futuro Nietzsche da ya por supuesta su convicción de la existencia de una ordenación natural de rango de los humanos, lo que no deja de ser, en definitiva, una idea propia de la tradición antigua. Aristóteles distingue («Política» 1, 4) entre quienes, de acuerdo con su naturaleza, han nacido para señores y caudillos, y quienes lo han hecho para esclavos. Y en «La República» platónica, todo el poder y la función legislativa entera corresponden, absolutamente, a los filósofos. Pero también frente a ello delimita Nietzsche su «espíritu libre», como frente a los «librepensadores» de su época, excesivamente asfixiados todos ellos, para él, en su dogmatismo, esto es, en exceso aferrados a sus «principios». En el apartado 42 escribe: «Un nuevo género de filósofos está apareciendo en el horizonte: yo me atrevo a bautizarlos con un nombre no exento de peligros. Tal como yo los adivino... esos filósofos del futuro podrían ser llamados, con razón, acaso también sin razón, tentadores. Este nombre mismo es, en última instancia, sólo una tentativa y, si se quiere, una tentación.» Y en el §43: «¿Son, esos filósofos venideros, nuevos amigos de la 'verdad'?... Con toda seguridad no serán dogmáticos. A su orgullo, también a su gusto, tiene que repugnarles el que su verdad deba seguir siendo una verdad para cualquiera ... Mi juicio es mi juicio: no es fácil que también otro tenga derecho a él ... Hay que apartar de nosotros el mal gusto de querer coincidir con muchos... En última instancia, las cosas tienen que ser tal como son y tal como han sido siempre: las grandes cosas están reservadas para los grandes; los abismos, para los profundos, y las delicadezas y estremecimientos, para los sutiles, y, en general, y dicho brevemente, todo lo raro, para los raros.» Y en el §44: «¿Necesito decir expresamente, después de todo esto, que esos filósofos del futuro serán también espíritus libres, muy libres... con la misma seguridad con que no serán tampoco, meros espíritus libres, sino algo más, algo más elevado, más grande y más radicalmente distinto que no quiere que se lo malentienda ni confunda con otras cosas? Pero al decir esto siento... el deber de disipar y alejar conjuntamente de nosotros un viejo y estúpido prejuicio... En todos los países de Europa... hay ahora gente que abusa de ese nombre, una especie de espíritus muy estrecha, muy prisionera, muy encadenada... niveladores es lo que son esos falsamente llamados 'espíritus libres'... como esclavos elocuentes y plumíferos que son del gusto democrático y de sus 'ideas modernas': todos ellos, hombres carentes de soledad... torpes y bravos mozos... que son, cabalmente, gente no libre y ridículamente superficial, sobre todo en su tendencia básica a considerar que las formas de la vieja sociedad existente hasta hoy son más o menos la causa de toda miseria y fracaso humanos... A lo que ellos querrían aspirar con todas sus fuerzas es a la universal y verde felicidad -prado del rebaño... y el sufrimiento mismo es considerado por ellos como algo que hay que eliminar. Nosotros los opuestos a ellos,... nosotros... nos encontramos en el polo opuesto de toda ideología moderna y de todos los deseos gregarios... Y en lo que se refiere a la peligrosa fórmula 'más allá del bien y del mal' con la cual evitamos al menos ser confundidos con otros: nosotros somos algo distinto de los libres-penseurs, liberipensatori, Freidenker (librepensadores), o como les guste denominarse a todos esos bravos defensores de las 'ideas modernas'.»
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CRITICA AL CRISTIANISMO
La Sección tercera, «El ser religioso», se dirige fundamentalmente contra el cristianismo; en algunas de sus partes se percibe, de todos -modos, a Platón como contrincante, como quedó ya anunciado en el prólogo, y tiende, asimismo, un puente entre las correspondientes secciones de «La gaya ciencia» y el posterior «Anticristo»: «La fe, tal como el primer cristianismo la exigió y no raras veces la alcanzó... esa fe no es aquella cándida y ceñuda fe de súbditos con la cual se apegaron a su dios y a su cristianismo, por ejemplo, un Lutero o un Cromwell o cualquier otro nórdico bárbaro del espíritu; antes bien, era ya aquella fe de Pascal, que se parece de manera horrible a un continuo suicidio de la razón... La fe cristiana es, desde el principio, sacrificio: sacrificio de toda libertad, de todo orgullo, de toda autocerteza del espíritu; a la vez, sometimiento y escarnio de sí mismo, mutilación de sí mismo. Hay crueldad y hay fenicisrno religioso en esa fe... su presupuesto es que la sumisión del espíritu procede un dolor indescriptible... los hombres modernos, con su embotamiento para toda la nomenclatura cristiana, no sienten ya la horrorosa superlatividad que había, para un gusto antiguo, en la paradoja de la fórmula 'Dios en la cruz'. Nunca ni en ningún lugar había existido hasta ese momento una audacia igual en dar la vuelta a las cosas... como la de esa fórmula: ella prometía una transvaloración de todos los valores antiguos. El Oriente, el oriente profundo, el esclavo oriental fueron los que de esa manera se vengaron de Roma y de su aristocrática y frívola tolerancia, del 'catolicismo' romano de la fe.» Y en el  47: «No hay tipo alguno (como el del hombre religioso) en torno al cual haya proliferado hasta hoy tal multitud de absurdos y supersticiones... ¿Cómo es posible la negación de la voluntad? ¿Cómo es posible el santo? Esta parece haber sido realmente la pregunta gracias a la cual Schopenhauer se hizo filósofo y por la que comenzó. Y de este modo fue una consecuencia genuinamente schopenhaueriana el hecho de que su partidario más convencido..., es decir, Richard Wagner, finalizase justamente aquí la obra de toda su vida... si se pregunta, sin embargo, qué es en realidad lo que en el fenómeno entero del santo ha resultado tan irresistiblemente interesante a los hombres de toda índole y de todo tiempo, también a los filósofos: eso es, sin ninguna duda, la apariencia de milagro que lleva consigo, es decir, la apariencia de una inmediata sucesión de antítesis... que de un 'hombre malo' surgía de repente un 'santo', un hombre bueno». Nietzsche deja claro que sus reservas al cristianismo se limitan a su núcleo genuino, el Nuevo Testamento (§52): «en el Antiguo Testamento judío, que es el libro de la justicia divina, hombres, cosas y discursos poseen un estilo tan grandioso que las escrituras griegas e indias no tienen nada que añadir a su lado. Con terror y respeto nos detenemos ante ese inmenso residuo de lo que el hombre fue en otro tiempo... el gusto por el Antiguo Testamento es una piedra de toque en lo referente a lo 'grande' y lo 'pequeño': tal vez ese hombre (el hombre culto de hoy, incluido el cristiano del cristianismo culto) seguirá pensando que el Nuevo Testamento, el libro de la gracia, es más conforme a su corazón (hay en él mucho del genuino olor tierno y sofocante que exhalan los rezadores y las almas pequeñas).»
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VALORACIÓN DEL SACRIFICIO
En la Sección cuarta, Sentencias e Interludios, Nietzsche, con espíritu de dura confrontación, eleva a conciencia las consecuencias destructivas, para las propias religiones, de esa disponibilidad al sacrificio tan insistentemente cultivada y propugnada por ellas (§55): «En otro tiempo la gente sacrificaba a su dios seres humanos, acaso precisamente aquellos a quienes más amaba.... Después, en la época moral de la Humanidad... los instintos más fuertes ... la naturaleza propia... ¿qué quedaba todavía por sacrificar? ... ¿no tenía que sacrificar (la gente) a Dios mismo y, por crueldad contra sí, adorar la piedra, la estupidez, la fuerza de la gravedad, el destino, la nada? Sacrificar a Dios por la nada... este misterio paradójico de la crueldad suprema ha quedado reservado a la generación que precisamente ahora surge en el horizonte ... »
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NEGATIVIDAD DE LAS RELIGIONES
En la Sección IV, Sentencias e Interludios, afirma tambien:«Cuando la fuerza de la religión atraía hacia los monasterios y penitenciarías anímicas, alejándolos así de la sociedad, a los interiormente destruidos y a los que se volvían salvajes: ¿qué tenían que hacer, además, para trabajar con una conciencia tan radicalmente tranquila... en el empeoramiento de la raza europea...? ¿No parece, en efecto, que durante dieciocho siglos ha dominado sobre Europa una sola voluntad, la de convertir al hombre en un aborto sublime?... tales son los hombres que han dominado hasta ahora, con su 'igualdad ante Dios', el destino de Europa, hasta que acabó formándose una especie empequeñecida, casi ridícula, un animal de rebaño, un ser dócil, enfermizo y mediocre: el europeo de hoy ... »
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MORAL COMO PROBLEMA
En la Sección quinta «Para la historia natural de la moral» enlaza Nietzsche con la época de «Humano -demasiado humano» y con las conversaciones con Paul Rée en Sorrento, si bien para llegar aquí mucho más lejos de lo representado por aquel punto de vista. Nietzsche echa en cara a la entera filosofía moral del pasado que si bien se preocupó, sin duda, por la génesis, origen y desarrollo de la moral, bien a partir de la «ley divina», bien a partir del «imperativo categórico», desatendió, sin embargo, absolutamente la moral como problema, su esencia en cuanto tal.
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NO A LA VUELTA A LA NATURALEZA
Según Nietzsche, una «vuelta a la naturaleza» en el sentido de dejar libre curso a los llamados «impulsos naturales» choca contra la naturaleza de la moral. En el §88: «En contraposición al laisser aller, toda moral es una tiranía contra la 'naturaleza', también contra la 'razón': esto no constituye aún, sin embargo, una objeción contra ella, pues para esto habría que volver a -'- - - ---' sobre la base de alguna moral, que no está permitida ninguna especie de tiranía ni de sinrazón. Lo esencial e inestimable en toda moral consiste en que es una coacción prolongada... recuérdese bajo qué coacción ha adquirido toda lengua hasta ahora vigor y libertad, la coacción métrica, la tiranía de la rima y del ritmo... No es poca la probabilidad de que precisamente esto sea 'naturaleza' y 'natural', ¡y no aquel laisser aller! Todo artista sabe que su estado 'más natural', esto es, su libertad para ordenar, establecer, disponer, configurar en los instantes de 'inspiración" está muy lejos del sentimiento del dejarse ir, y que justo en tales instantes obedece de modo muy riguroso y sutil mil leyes diferentes... Lo esencial  el cielo y en la tierra' es, según parece, repitámoslo, el obedecer durante mucho tiempo y en una única dirección: con esto se obtiene y se ha obtenido siempre, a la larga, algo por lo cual merece la pena vivir en la tierra, por ejemplo, virtud, arte, música, baile, razón, espiritualidad... transfigurador, loco y divino...».Y en el 98: «Todas esas morales que se dirigen a la persona individual para procurarle su 'felicidad', según se dice, qué otra cosa son más que propuestas de comportamiento en relación con el grado de peligrosidad en que la persona individual vive a causa de sí mísma; recetas contra sus pasiones, sus inclinaciones buenas y malas, dado que éstas tienen voluntad de poder y que quisieran desempeñar el papel de señor.»
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ESPERANZA DE FUTURO
En la Sección V Para la historia de la moral afirma Nietzsche: «¿Adónde tendremos que acudir nosotros con nuestras esperanzas? A nuevos filósofos, no queda otra elección; a espíritus lo suficientemente fuertes y originarios como para empujar hacia valoraciones contrapuestas y para transvalorar, para invertir 'valores eternos'... Para esto será necesario en cierto momento una nueva especie de filósofos y de hombres de mando, cuya imagen hará que todos los espíritus ocultos, terribles y benévolos que en la tierra han existido aparezcan pálidos y enanos... Existen pocos dolores tan agudos como el haber visto, el haber adivinado, el haber sentido alguna vez cómo un hombre extraordinario se apartaba de su senda y degeneraba» (Nietzsche apunta, sin duda, a Wagner).... «pero quien posee el raro ojo que permite ver el peligro global de  que 'el hombre' mismo degenere, quien, como nosotros, ha conocido la monstruosa casualidad que hasta ahora ha jugado su juego en lo que respecta al futuro del hombre -¡un juego en el que no intervenía ninguna mano y ni siquiera un 'dedo de Dios'!» (alusión a Epicuro), «quien adivina la fatalidad que se oculta en la idiota inocuidad y credulidad de las 'ideas modernas», y más aún en toda la moral europeo-cristiana: ése padece una ansiedad con la que ninguna otra es comparable... La degeneracion global del hombre, hasta rebajarse a aquello que hoy les parece a los cretinos y majaderos socialistas su 'hombre del futuro', -¡su ideal!- esa degeneración y empequeñecimiento del hombre en completo animal de rebaño (o, como ellos dicen, en hombre de la 'sociedad libre'), esa animalización del hombre hasta convertirse en animal enano dotado de igualdad de derechos y exigencias son posibles, ¡no hay duda! Quien ha pensado alguna vez hasta el final esa posibilidad conoce una náusea más que los demás hombres, ¡y tal vez una nueva tarea!»
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CIENCIA Y FILOSOFÍA
En la Sección Sexta, «Nosotros los doctos», Nietzsche, se ocupa del filósofo venidero y hace ver, ante todo, que pertenece al «futuro» y no al «presente». «A riesgo de que el moralizar manifieste ser también aquí lo que siempre ha sido --a saber, un intrépido montrer ses plaies, según Balzac-, yo me atrevería a oponerme a un indebido y pernicioso desplazamiento de rango que hoy... amenaza con establecerse entre la ciencia y la filosofía... La declaración de independencia del hombre científico, su emancipación de la filosofía, constituye una de las respercusiones más sutiles del orden y desorden democrático: por todas partes la autoglorificación y autoexaltación del docto encuéntranse hoy en pleno florecimiento y en su mejor primavera '¡Nada de dueños!', eso es lo que quiere también aquí el instinto del hombre plebeyo; y después de que la ciencia se ha liberado, con el más feliz éxito, de la teología, de la cual fue 'sierva' durante mucho tiempo, aspira ahora con completa altanería e insensatez a dictar leyes a la filosofía y a representar ella por su parte el papel de 'señor', ¡qué digo!, de filósofos ... »
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PELIGROS
En la Sección VI, Nosotros los doctos, afirma Nietzsche: «Los peligros que amenazan al desarrollo del filósofo son hoy en verdad tan múltiples que se dudaría de que ese fruto pueda llegar aún en absoluto a madurar. La extensión de las ciencias, la torre construida por ellas, han crecido de modo tan gigantesco, con lo cual ha aumentado también la probabilidad de que el filósofo se canse ya mientras aprende o se deje retener en un lugar cualquiera y 'especializarse'... De hecho, durante largo tiempo la multitud no ha comprendido al filósofo y lo ha confundido con otros, bien con el hombre científico y con el docto ideal, bien con el iluso y ebrio de Dios, religiosamente elevado, desensualizado, 'desmundanizado'» En el §211: «Insisto en que se deje, por fin, de confundir a los obreros filosóficos y, en general, a los hombres científicos con los filósofos... Lo auténticos filósofos son hombres que dan órdenes y legislan: dicen 'así debe ser', son ellos los que determinan el 'hacia dónde' y el 'para qué' del ser humano... Su 'conocer' es crear, su crear es legislar, su voluntad de verdad es voluntad de poder.» En el §213: «Lo que un filósofo es, eso resulta difícil de aprender, pues no se puede enseñar: hay que 'saberlo', por experiencia --o se debe tener el orgullo de no saberlo-. Para entrar en un mundo elevado hay que haber nacido, o dicho con más claridad, hay que haber sido criado para él: derecho a la filosofía -tomando esta palabra en el sentido grande-- sólo se tiene gracias a la ascendencia... Muchas generaciones tienen que haber trabajado anticipadamente para que surja el filósofo; cada una de sus virtudes tiene que haber sido adquirida... la soberanía de las miradas dominadoras, de las miradas hacia abajo, el sentirse a sí mismo separado de la multitud y de sus deberes y virtudes, el afable proteger y defender aquello que es malentendido y calumniado, ya sea Dios, ya sea el demonio, el placer y la ejercitación en la gran justicia, el arte de mandar, la amplitud de la voluntad, el ojo lento, que raras veces admira, raras veces mira hacia arriba, raras veces ama...»
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VIRTUD Y SUFRIMIENTO
En la Sección Séptima: «Nuestras virtudes» afirma Nietzsche: «¿Nuestras virtudes? Nosotros, los europeos de pasado mañana, nosotros primicias del siglo xx... si es que debemos tener virtudes, tendremos, presumiblemente, sólo aquellas que hayan aprendido a armonizarse de manera óptima con nuestras inclinaciones más secretas e íntimas, con nuestras necesidades más ardientes: ¡bien, busquémoslas de una vez en nuestros laberintos!» Estas virtudes del filósofo -del hombre superior- no descansan sobre los prejuicios morales «todos esos modos de pensar que miden el valor de las cosas por el placer y el sufrimiento que producen, esto es, por estados concomitantes y cosas accesorias». Son «ingenuidades
» y modos superficiales de pensar, a los cuales no dejará de mirar con burla, y también con compasión, todo aquel que se sepa poseedor de fuerzas configuradoras y de una conciencia de artista... El bienestar, tal como vosotros lo entendéis -¡eso no es, desde luego, una meta, eso a nosotros nos parece un fin-. La disciplina del sufrimiento, del gran sufrimiento -¿no sabéis que únicamente esa disciplina es la que ha creado hasta ahora todas las elevaciones del hombre?-. Aquella tensión del alma en la infelicidad, que es la que le inculca su fortaleza, los estremecimientos del alma ante el espectáculo de la gran ruina, su inventiva y valentía en el soportar, perseverar, interpretar, aprovechar la desgracia, así como toda la profundidad, misterio, máscara, espíritu, argucia, grandeza que le han sido donados al alma: ¿no le han sido donados bajo sufrimientos, bajo la disciplina del gran sufrimiento?...».
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SER ALEMÁN
Que el ser y  la literatura alemana le hace sufrir, es cosa que Nietzsche revela con la siguiente queja: (§246): «¡Qué tortura son los libros escritos en alemán para quien dispone de un tercer oído! ¡Con qué repugnancia se detiene éste junto a ese pantano, que, lentamente, va dándose la vuelta, de acordes carentes de armonía, de ritmos sin baile, que entre alemanes se llama un 'libro'!» §247- «Que el estilo alemán tiene que ver muy poco con la armonía y con los oídos muéstralo el hecho de que justo nuestros buenos músicos escriben mal. El alemán no lee en voz alta, no lee para el oído... El hombre antiguo, cuando leía .... lo que hacía era recitarse algo a sí mísmo, y, desde luego, en voz alta .... esto quiere decir, con todas las hinchazones, inflexiones, cambios de tono y variaciones de tempo en que se complacía el mundo público de la Antigüedad... En Alemania... no ha habido propiamente más que un único género de oratoria pública y más o menos conforme a las reglas del arte: la que se hacía desde el púlpito... La obra maestra de la prosa alemana es, por ello, obviamente, la obra maestra de su máximo predicador: la Biblia ha sido hasta ahora el mejor libro alemán. Comparado con la Biblia de Lutero, casi todo lo demás es sólo 'literatura' -cosa ésta que no es en Alemania donde ha crecido y que por ello tampoco ha arraigado ni arraiga en los corazones alemanes: como lo ha hecho la Biblia.»
Cosecha
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SER FRANCÉS
Nietzsche no se cansa nunca de alabar las ventajas de la literatura francesa -y la música de su Georges Bizet. §254: «Tres son, sin embargo, las cosas que los franceses pueden hoy mostrar con orgullo, como herencia y patrimonio suyos y como indeleble señal de una vieja superioridad de cultura sobre Europa... En primer lugar, la capacidad de sentir pasiones artísticas, de entregarse a la 'forma', capacidad para designar la cual se ha inventado, junto a otras mil, la frase l'art pour l'art: esto es algo que no ha faltado en Francia desde hace tres siglos y que ha posibilitado, una y otra vez, gracias al respeto al 'número pequeño', una especie de música de cámara de la literatura, que en vano se busca en el resto de Europa . Lo segundo sobre lo que los franceses pueden fundar una superioridad sobre Europa es su antigua y compleja cultura moralista, la cual hace que, hablando en general, incluso en pequeños romanciers de los periódicos y en ocasionales boulevardiers de Paris se encuentre una excitabilidad y una curiosidad psicológicas de las que en Alemania, por ejemplo, no se tiene la menor idea... Hay todavía un tercer título de superioridad: en la esencia de los franceses se da una síntesis, lograda a medias, entre el norte y el sur... que un inglés no comprenderá jamás: su temperamento, que periódicamente se vuelve hacia el sur y se aleja de él... presérvalos del horrible claroscuro del norte y de los espectros conceptuales y la anemia debidos a la falta de sol -, nuestra enfermedad alemana del gusto, contra cuyo exceso se ha recetado por el momento, con gran decisión, sangre y hierro, quiero decir, la 'gran política'... Para los mediterráneos natos, para los 'buenos europeos'--para ellos ha escrito su música Bizet, ese último genio que ha visto una belleza y una seducción nuevas-, que ha descubierto un fragmento del sur de la música».
Cosecha
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SER INGLES
En los- ingleses de su tiempo, Nietzsche, no encuentra literatura digna de ese nombre (ha «superado» a Byron y Shelley), ni tampoco música capaz de interesarle. Le resultan, en consecuencia, de todo punto extraños; no los «vive». Y con su filosofía están en un campo muy distinto. Era la vieja contraposición entre la «filosofía natural jonia» (Tales y sus sucesores) y las escuelas italianas, centradas más bien en cuestiones de ética y de «dialéctica», de los pitagóricos y los eleatas, tal como Nietzsche los conocía, está claro donde se sitúa Nietzsche: en la tradición de los éticos y «dialécticos», en la serie de Parménides-Platón-Aristóteles-Kant-Hegel-Schopenhauer. Y también contra quién está: contra los «jonios», con los que identifica a los ingleses.: «No son una raza filosófica ---esos ingleses: Bacon significa un atentado contra el espíritu filosófico en cuanto tal; Hobbes, Hume y Locke, un envilecimiento y devaluación del concepto 'filosófico' por más de un siglo. Contra Hume se levantó y alzó Kant; de Locke le fue lícito a Schelling decir: je mepríse Löcke; en la lucha contra la cretinización anglo-mecanicista del mundo estuvieron acordes Hegel y Schopenhauer (con Goethe)... Qué falta y qué ha faltado siempre en Inglaterra sabíalo bastante bien aquel semicomediante y rector, aquella insulsa cabeza revuelta que era Carlyle, el cual trataba de ocultar bajo muecas apasionadas lo que él sabía de sí mismo: a saber, qué era lo que le fataba a Carlyle --auténtica potencia en la espiritualidad, auténtica profundidad en la mirada espiritual, en suma, filosofía... Pero lo que resulta ofensivo incluso en el inglés más humano es su falta de música, o, hablando con metáfora (y sin metáfora-: el inglés no tiene ritmo ni baile en los movimientos de su alma y de su cuerpo, más aún, ni siquiera tiene el deseo de ritmo y baile, de ,música'. Oigasele hablar... en fin: ¡óigaseles cantar! Pero yo exijo demasiado».
Cosecha
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LOS JUDIOS EN EL MÁS ALLA
Nietzsche dedica un amplio espacio a los judíos. En el §250: «¿Qué debe Europa a los judíos? -Muchas cosas, buenas y malas, y sobre todo una que es a la vez de las mejores y de las peores: el gran estilo en la moral, la terribilidad y la majestad de exigencias infinitas... Nosotros los artistas, entre los espectadores y filósofos, sentimos por ello frente a los judíos - gratitud.» En el §251: «Todavía no me he encontrado con ningún alemán que haya sentido simpatía por los judíos; y por muy incondicional que sea la repulsa del auténtico antisemitismo por parte de todos los previsores y políticos, tampoco esa previsión y esa política se dirigen, sin embargo, contra el género mismo del sentimiento, sino sólo contra su peligrosa inmoderación...Que Alemania tiene judíos en abundancia suficiente, que el estómago alemán, la sangre alemana, tiene dificultad...aún sólo para liquidar ese quintum de 'judío' --de igual manera que lo han liquidado el italiano, el francés, el inglés, merced a una digestión más robusta--:eso es lo que dice y expresa claramente un instinto general... el instinto de un pueblo cuya naturaleza es todavía débil e indeterminada, de modo que con facilidad se la podría hacer desaparecer, con facilidad podría ser borrada por una raza más fuerte. Pero los judíos son, sin ninguna duda, la raza más fuerte, más tenaz y más pura que vive ahora en Europa...,gracias sobre todo a una fe decidida, la cual no necesita avergonzarse frente a las 'ideas modernas'...para lo cual tal vez fuera útil y oportuno desterrar a todos los voceadores antisemitas del país.»
Cosecha
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TENDENCIAS IGUALATORIAS
En la  Sección Novena: «¿Qué es aristocrático» Nietzsche se ocupa a grandes trazos del problema de quien debiera «dar el tono» en la Europa futura, de quien tendría, en fin, que dirigirla espiritualmente, asumiendo así el papel de Goethe, Beethoven y Schopenhauer --o sea: literatura, música, filosofía. Con gran insistencia repite Nietzsche que cuando alude a la unidad europea no tiene in mentis una empresa de orden político o económico, sino un espacio cultural. Pero un espacio cultural llamado no precisamente a acoger una unidad cultural -nivelada hacia abajo para todos--, sino un espacio en el que los distintos e inconfundibles «grandes» vengan a alcanzar su plena efectividad. No hay «hombres iguales» por su naturaleza y, en consecuencia, tampoco hay «aspiraciones iguales», siendo ésta, por lo demás, una cuestión que ya ocupó a los antiguos en relación con la «justicia». La máxima «suum cuique» encontró las interpretaciones más contrapuestas. Nietzsche rechazó la «igualdad de los hombres», también en las fórmulas indirectas «ante Dios» e incluso «ante la ley». Se atiene estrictamente a una «escala de jerarquía y de diferencia de valor entre un hombre y otro hombre», máximamente diferenciada, que de una u otra manera «necesita de la esclavitud. Sin el pathos de la distancia, tal como ésta surge de la inveterada diferencia entre los estamentos..., no podría surgir tampoco en modo alguno aquel otro pathos misterioso, aquel deseo de ampliar constantemente la distancia dentro del alma misma, la elaboración de estados siempre más elevados, más raros, más lejanos, más amplios, más abarcadores, en una palabra, justamente le elevación del tipo 'hombre', la continua ,auto-superación del hombre'».
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ALMA QUE SE RESPETA A SÍ MISMA
«¿Qué es aristocrático?... ¿En qué se delata, en qué se reconoce el hombre aristocrático, bajo este cielo pesado y cubierto del dominio incipiente de la plebe ... ? -No son las acciones las que constituyen su demostración -las acciones son siempre ambiguas, siempre insondables--; tampoco son las obras. Entre los artistas y los doctos encontrarnos hoy muchos que delatan con sus obras que un profundo deseo los empuja hacia lo aristocrático, pero justo esa necesidad de lo aristocrático es... el elocuente y peligroso síntoma de su carencia. No son las obras, es la fe la que aquí decide, la que aquí establece la jerarquía, para volver a tomar una vieja fórmula religiosa en un sentido nuevo y más profundo: una determinada certeza básica que un alma aristocrática tiene acerca de sí misma, algo que no se puede buscar, ni encontrar, ni, acaso, tampoco perder. El alma aristocrática tiene respeto de sí misma.» Queda fijada, con ello, una posición absolutamente antitética respecto del dogma cristiano del pecado original. A partir de aquí resulta mucho más nítidamente inteligible el ataque nietzscheano a la ética cristiana. El alma manchada por el pecado original y, en consecuencia, despreciable, no es digna de respeto, sino de reprobación. Para Nietzsche esta ética es minusvaloradora, degradante: moral de esclavos. §
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LA NATURALEZA DEL FILÓSOFO
«Un filósofo: es un hombre que constantemente vive, ve, oye, sospecha, espera, sueña cosas extraordinarias; alguien al que sus propios pensamientos le golpean como desde fuera, como desde arriba y desde abajo, constituyendo su especie peculiar de acontecimientos y rayos; acaso él mismo sea una tormenta que camina grávida de nuevos rayos; un hombre fatal, rodeado siempre de truenos y aullidos y acontecimientos inquietantes. Un filósofo: ¡ay, un ser que con frecuencia huye de sí mismo, que con frecuencia tiene miedo de sí, -pero que es demasiado curioso para no volver a sí una y otra vez ...!»
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SOLUCIÓN DE LOS PROBLEMAS CON SU EDITORIAL
La fatiga de los esfuerzos de «Más allá del bien y del mal» y el sereno desenlace en Sils pasaron de pronto a transformarse, a raíz de la publicación del. libro y de la noticia, el 5 de agosto de 1886, del traspaso de las obras anteriores a la editorial de Fritzsch, y como ya Nietzsche se había figurado, en una nueva actividad- «La impresión del libro me ocupa también hasta el fastidio; sólo con los primeros ejemplares disponibles comenzará para mi la libertad (y la posibilidad de pensar algo nuevo).» (El 20 de julio a Köselitz.)
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META VON SALIS EN EL HOTEL ALPENROSE
Entre el 7 y el 9 de septiembre Meta von Salis se acercó a visitarle, lo que vino a representar para él -igual que para ella-- un par de días de excepción. Vino con su madre y su amiga Kym por el paso de los Alpes julianos, llegando - Sils-Maria, al Hotel «Alpenrose». hacia las 8 de la tarde, justo a tiempo para sentarse a la mesa a cenar. Meta von Salis dejó constancia de aquellos días en los siguientes términos: «Una vez que nos hubimos sentado hacia la mitad de la mesa, miré alrededor y mis ojos miopes tomaron buena nota de que Nietzsche estaba en uno de los extremos. Me pareció más juvenil que en nuestro primer encuentro y vi que estaba en animada conversación con la dama sentada a su derecha, que pude conocer al día siguiente como Miss Helen Zimmern... Tuve ocasión aquella noche de observar una vez más con cuanta firmeza y atención se comportaba Nietzsche con las demas y, sobre todo, con las de mayor edad --contrariamente a lo que con tanta falsedad con frecuencia se decía de él--. Poco antes de retirarnos de mesa le hice llegar mi tarjeta. Cuando se acercó a nosotros y le presenté a mi madre y a mi amiga, estuvo encantadoramente amable y cariñoso con mi madre. No daba impresión alguna de estarse haciendo la violencia... Acto seguido se esforzó por convencer a mi madre para que se quedara al día siguiente en Sils-Maria... quería hacerle los honneurs del  lugar, le describió los singulares atractivos del paisaje, de la peninsula, de los lagos... para mí Nietzsche está tan inextricablemente unido con Sils-María como Heráclito con el santuario de la diosa en Efeso. Fue optimum en el Norte... En el silencioso mundo montañoso de la Engadina, en el entorno saturado de formas y colores de la limpia Sils-Maria, donde parece flotar como una promesa el aroma del Sur cercano...entró el hombre más solitario, orgulloso y tierno de nuestro siglo en su reino originario, igual que el hijo de un nacido en el destierro... Nietzsche no simpatizaba sólo con el paisaje, también con las personas. Cuando las equívocas recensiones sobre sus escritos comenzaron a perderse hasta allá arriba y el médico, el  párroco, con los que acostumbraba a charlar en el café, las leyeron, se alegró tanto de la ausencia de curiosidad impertinente en estos, como divertido vino a resultarle el observar cómo todos ellos hacían, del modo más discreto, en su presencia alusiones a la 'peligrosa materia explosiva"...»
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ACIDOS COMENTARIOS
El 31 de julio de 1886 murió en Bayreuth Franz Listz. Se encontraba allí de modo más bien casual. En el curso de uno de sus largos visitaba a su hija Cosima con ocasión de los Festivales. Recibió sepultura en Bayreuth en un pequeño mausoleo propio. Una noticia de este tipo no podía menos de recorrer el mundo con la velocidad del viento, y Nietzsche tuvo que enterarse pronto. Pero sólo dos meses después, el septiembre, se refirió a ello, y no en una carta al músico Köselitz, sino a Malwida von Meysenbug- «Así es, pues, como el viejo Liszt, que tanto sabía de la vida y de la muerte, ha acabado por dejarse enterrar en el mundo y en la causa wagnerianas: como si de manera inevitable inextricable tuviera ahí su sitio. Es algo que me ha dolido hasta el alma de Cosima: se trata de una falsedad más en torno y sobre Wagner, uno de esos malentendidos casi insuperables al hilo de los que hoy crece y alimenta la fama de Wagner. A la luz de lo que he ido viendo hasta el momento de los wagnerianos, el wagnerianismo actual no puede menos de parecer una inconsciente aproximación a Roma, que hace lo mismo desde dentro que Bismarck desde fuera.» Nietzsche estaba perfectamente al corriente de los conflictos anímicos y sociales que habían turbado oscurecido, en una primera época, la relación de Liszt con su hija a raíz del asunto de su divorcio de Bülow, y no ignoraba, por otra parte, lo «agradecida» que Cosima estaba a su padre por su nacimiento extramatrimonial, por la educación estricta, falta de todo amor y bajo supervisión ajena que le impuso, por su problemática unión con la princesa Sayn-Wittgenstein, así como por su «entrada» final en la Iglesia como abate, lo que llevó a Nietzsche a la siguiente glosa malévola en  «El crepúsculo de los ídolos»: «Liszt: o la escuela de la facilidad para correr---detrás de las mujeres».
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ENVIDIA SANA
Causó impresión a Nietzsche la comunicación, que su viejo amigo Paul Deussen le hizo, de haber contraído matrimonio con Marie Volkmar, una joven 19 años menor que él, el 16 de agosto de 1886 en Berlín. Junto al sentimiento de alegría no dejó de obrar en Nietzsche también si no cierta envidia, sí al menos algo de amargura sobre su propio destino, sobre su incapacidad para abandonar su agobiante aislamiento por ese camino. Hubieron de pasar, pues, cinco semanas hasta que Nietzsche pudiera escribir a su amigo. Es posible, por otra parte, que en ambos casos desempeñara un papel un factor diferente: ¡ambas cartas son posteriores a la partida de Helen Zimmen! «Querido viejo amigo, he aquí... la mejor ocasión para desearte felicidad, o más bien para no tener siquiera que deseártela. Aférrate a lo que tienes ahora... sobre todo dado que en tu caso la "felicidad" es una mujer de buena ley; porque la felicidad huye con demasiada facilidad de nosotros (quiero decir, de nosotros y demás engendros del conocimiento).»
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SÁNSCRITO Y FILOSOFÍA INDIA
Nietzsche aprovecha la ocasión de la felicitación por su boda para enviar a su viejo amigo Deussen su último libro, «Más alla del bien y del mal». «Como signo de lo mucho que me gustaría saberme de nuevo cerca de ti, me he permitido enviarte mi más joven y maliciosa criatura: espero que en tu proximidad puedas aprender algo de esa "moralidad" y dignidad vedantescas de las que su padre carece por entero.» Nietzsche viene, pues, a corresponder así finalmente al «Sistema de los Vedanta» publicado por Deussen en 1883. Entonces (el 16 de marzo de 1883), Nietzsche manifestó su gratitud en los siguientes términos. «Me causa un placer singular poder conocer por una vez la expresión clásica de la forma de pensamiento que más ajena me resulta: no otra cosa me parece tu libro... lo leo página a página con absoluta "malicia", dificilmente podrías imaginarte, pues, lector más agradecido.» Con el tiempo Nietzsche mantendrá un relación más objetiva con la obra de Deussen: «En lo que a mí toca, tu libro me ha enseñado mucho cuantas veces he vuelto a él y ha despertado en mí un renovado interés. Me gustaría que hubiera algo igual de claro y trabajado con igual habilidad dialéctica sobre la filosofía de los Sankhya.» Deussen trabajaba en una obra de esta temática, que apareció al año siguiente. Nietzsche desempeñó siempre un papel importante en la evolución de Deussen. El fue quien en 1872 procuró a Deussen el puesto de preceptor de la familia de los príncipes rusos Kantchin que tan decisiva resultaría en su evolución. Desde entonces Deussen pasó a convertirse en una de las máximas autoridades en sánscrito y filosofía india. Deussen llegó a obtener en 1889 una cátedra de filosofía en Kiel, donde murió en 1919.
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TRABAJO INTENSO
En 1883, Nietzsche había escrito a Deussen una carta en que puede leerse lo siguiente: «Que no hayas olvidado lo que es conciencia... no es precisamente lo último que quisiera celebrar... El cielo lo sabe: sin laboriosidad como es debido ni en el paraje más hermoso crece otra cosa que mala hierba. Visto desde cerca, ni siquiera el mejor artista tiene por qué diferenciarse del artesano. Odio esa chusma que no quiere esfuerzo ni oficio y que sólo valora el espíritu como cosa de paladar.»
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SEGUNDAS EDICIONES DE SUS OBRAS
A partir del verano de 1886, Nietzsche, pudo encontrarse con las manos suficientemente  libres, para poder trabajar con toda intensidad. Primero se dedicó a la preparación de las nuevas ediciones de sus obras primerizas -¡incluyendo el Zaratustra! Las notas y apuntes a que había ido dando cuerpo, y que tenía ya en orden, permitieron a Nietzsche enviar en un plazo asombrosamente breve y a un ritmo sin fisuras al editor los manuscritos que tenían que entrar en imprenta. El 16 de agosto le tocó el turno al «Prefacio» de «Humano --demasiado humano»; el 29 de agosto, a la nueva introducción a «El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música» con el título provisional de «Ensayo de autocrítica», dado que precisamente en lo que hace a esta obra, que había surgido bajo el peso íntegro de la veneración por Wagner, era importante destacar lo que la vinculaba a las obras posteriores; imnportaba mucho, en fín, mostrar qué había surgido de la propia esencia nietzscheana y qué de la momentánea vinculación a Wagner, hasta en el estilo romántico-florido. El 31 de octubre hacía Nietzsche una sorprendente confesión a Köselitz sobre la marcha del trabajo: «Me parece, viendo las cosas a posteriori que ha sido una suerte no haber tenido 'Humano --demasiado humano' ni el 'El nacimiento de la tragedia' a mano al escribir esas introducciones, porque, dicho sea entre nosotros, ya no aguanto ese engendro. Espero seguir creciendo, en gusto y criterio, por encima del "escritor y pensador".» Nietzsche y más allá de él.
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ERROR FUNESTO
El 2 de septiembre ya tenía Nietzsche en sus manos las galeradas de la «Introducción» a «Humano --demasiado humano», que envió en seguida a Köselitz con la siguiente advertencia: «Hágame Vd. el favor de pasar su ojo crítico por esta "Introducción" y eche una mano a mi ortografía -¡y no sólo a ella!» En su ilimitada confianza venía Nietzsche a extender así una carta blanca que resultaría funesta para su obra y, sobre todo, en lo que hace a sus cartas como vehículo, al hilo de su primera publicación, de un falseamiento de su verdadera naturaleza. Porque esta carta blanca no fue luego invocada sólo por Kóselitz, sino por el «Archivo» mismo, en el que Köselitz tuvo intervención como colaborador. El autor dejó de velar sobre el uso de la misma, a diferencia de lo que había hecho siempre y sobre lo que las cartas instruyen en parte.
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EXITO DE VENTAS
Naumann informó a Nietzsche sobre el éxito de ventas de «Más allá». Se había vendido la mitad de la edición (unos 200 ejemplares largos), el público «había picado bien el anzuelo». En un tono casi desbordante informaba de todo ello también a la hermana y al cuñado: «En cuanto al invierno, lo pasaré en Niza; sólo que voy a tener que buscarme alguien para que me organice allí una existencia "más digna" (porque me acerco a ese terrible momento en el que uno empieza a ser un "animal famoso" y tiene que dejarse ver a la entrée). Según el juicio de cuantos me han visto, mi salud ha mejorado decisivamente. Signo de ello: engordo. Sólo los ojos han ido atrás -porque he forzado demasiado la vista. Para los cuatro próximos años se anuncia la elaboración de una obra fundamental en cuatro tomos; el título es ya como para echarse a temblar- La voluntad de poder. Ensayo de una transvaloración de todos los valores. Tengo todo lo necesario para ello: salud, soledad, buen humor, a lo mejor incluso una mujer.»
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ACONSEJADO POR OVERBECK
La cordialidad en el trato con sus parientes recibiría pronto un rudo golpe. En octubre comenzó a ser masivamente sableado desde allá. Primero escribió a Overbeek sobre ello el 27 de octubre de 1886: «Parece como si estuviera obligado a tener dispuesto, para todos los casos posibles, el escaso dinero del que dispongo... Pero, por otra parte, en un asunto tan tonto de dinero no acabo de saber decir que no.» Overbeck le contestó a vuelta de correo (el 29 de octubre) solidarizándose con su prudente actitud: «En lo que hace a la petición de Paraguay, por mi parte... no podré desaconsejarle nunca bastante... No compliques tu situación de ese modo.» Es probable que con este buen consejo de amigo sentara ya ahora Overbeck las bases de esa actitud, por parte de la hermana, de odio y enemistad hacia él que tan funesta resultaría para la investigación nietzscheana a raíz de la conversión de aquélla en dueña y señora del archivo.
La petición creó a Nietzsche unos problemas de conciencia nada insignificantes. Por una parte le resultaba difícil dejar en la estacada a su querida hermana en un momento de verdadero apuro financiero. Por otra, la razón le aconsejaba, dada su propia situación, ser de lo más cuidadoso con las reservas de dinero, puesto que a la miseria editorial, de tan costoso resultado, que suponía el tener que imprimir los próximos libros a su costa, se unía el aumento de la inseguridad de su pensión de Basilea, por lo menos en lo que hacía a la tercera parte de ella -1.000 francos suizos--, aportada por la caja del Estado, sobre la que Overbeck tenía en los últimos tiempos serias reservas.

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NEGATIVA CON TACTO Y DELICADEZA
Nietzsche le comunicó a su hermana su negativa formulándola del modo más delicado y con cuanta precaución le fue posible: «Reconozco que la idea... de ver a mi hermana dedicada a la cría de ganado... todavía me resulta de lo más extraña... Aún comprendo menos por qué queréis cambiar vuestra existencia, modesta pero segura, de propietarios agrícolas por el incierto Gran Chaco. ¿Para qué sobrecargarse con tantas tierras y, en consecuencia, con tantas preocupaciones económicas? ¿O es que queréis enriquecemos rápidamente? Ni diez caballos conseguirían llevarme a un lugar como ese en el que, si mi información no me falla, no cabe encontrar ni siguiera una buena biblioteca... tengo necesidad de Europa, porque es la sede de la ciencia en este mundo... Incluso en el caso de verme obligado a abandonar Europa (lo que no es del todo imposible, dado que se empieza a mirar mi producción como algo peligroso e inmoral), nunca podría escoger, por motivos de salud, países cálidos... En lo que hace a mi dinero, mi buen sentido me aconseja, coincidiendo en ello con el de mi amigo Overbeck, no atarme ahora en absoluto a nada ni a nadie... ¿Quién sabe qué es lo que puede ocurrir precisamente en mi vida en los próximos cuatro años? Lo cierto es que la subsistencia de mi pensión de Basilea depende ahora de un conjunto de pequeños azares.» Puede, por otra parte, leerse lo siguiente en la carta que escribió a su madre desde Niza el 13 de noviernbre: «Entretanto he intercarnbiado, en relación con el otro asunto, cartas con Overbéck, y me desaconseja de todo punto comprometer mi dinero como se me pide... Overbeek me ha recordado, con toda la razón del mundo, lo inseguro de mi situación. Tienes toda la razón, hubiese sido mil veces más aconsejable y hermoso darte a ti el dinero para la casa... En contra de la idea de convertirme en propietario agrícola en Paraguay, habla también, por otra parte, el hecho de que a raíz de ello no se me pagaría ya pensión alguna en Basilea.»
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AYUDA A SU MADRE
Nietzsche comunica a su madre lo siguiente: «¿Con qué podría darte para navidades una pequeña pero grata alegría, mi buena madre? Pero tendrías que aceptar con toda seriedad mi propuesta. Tengo ahorrados, en efecto, 500 francos suizos; puedo, pues, permitirme un pequeño lujo. Además, no tengo a nadie sino a nuestra buena madre.»
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EN ROCA LIGURE
Nietzsche abandonó Sils el 25 de septiembre, marchando esta vez directamente a la Riviera sin parada intermedia otoñal. De Génova marchó en dirección hacia el Este, camino de los parajes de Rapall, recuerdos zaratustrianos, y se instaló en Roca Ligure, lugar que si conocía de sus estancias anteriores en el ámbito de la península, en Margherita y Portofino. Nietzsche vive en el Albergo d' Italia,  cuyas habitaciones limpias y bajos precios alaba, aunque en una carta a Mrs. Fynn no deja de quejarse en los siguientes términos: «La cocina es detestable. Tal vez fuera este el motivo por el que pasó muy pronto a pensar en un cambio. El 10 de octubre comunicaba a Köselitz: Escríbeme a esta dirección: Niza ... », hacia donde partió el 20 de octubre, con destino, una vez más, a su vieja Pensión de Genéve.
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TRABAJO INTENSO
En esta época Nietzsche trabajó también intensamente. Acabó un nuevo «Prefacio» a «La gaya ciencia», escribió un libro V para esta misma obra, «para dar al todo un valor paralelo al de 'Aurora', quiero decir, desde el punto de vista editorial», como comentaba a Köselitz el 15 de febrero de 1887, amplió los «Idilios de Mesina» componiendo las «Canciones del príncipe Vogelfrei», que añadió con este mismo título a la obra. Y además esbozó un nuevo prefacio para «Aurora».
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RECHAZO DE RODHE
El gesto más violento vino del lado del viejo amigo Rohde. Nietzsche le había hecho llegar su Más allá del bien y del mal, acompañada, posiblemente, con una carta que Nietzsche siempre solía añadir a los ejemplares regalados. Pero tal carta nos falta. Como también falta una respuesta directa de Rohde a Niezsche. ¿Fue acaso censurada toda.esta correspondencia por Rohde cuando con su asistencia se preparó en el Archivo de Weimar la edición? Sí se ha conservado, en cambio, su toma de posición al respecto, comunicada a Overbeck el 1 de septiembre de 1886: «He leído la parte fundamental con el mayor desagrado. Se trata, en su mayoría, de discursos de un saciado después de la comida... Lo genuinamente filosófico de estas páginas es tan pobre y casi infantil como lo político... simple y escrito desde un perfecto desconocimiento del mundo. Y sin embargo, no dejan de encontrarse apercus ingeniosos... lugares ditirámbicos. Pero el todo da una impresión de ocurrencia arbitraria; de convicción no cabe ni hablar...No estoy ya en condiciones de tomarme en serio estas eternas metamorfosis. Son visiones de un solitario y pompas de jabón conceptuales...Sólo que ¿para qué comunicarlas al mundo como una especie de Evangelio? En cambio, lo que uno se encuentra es el eterno anuncio de cosas tremendas... ¡que luego ni siquiera aparecen para la aburrida decepción del lector! - esto es algo que me repugna profundamente.»
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PROYECTO GLOBAL DE NIETZCHE
Tan científico como Rohde era el catedrático de teología Franz Overbeck, crecido en la misma tradición filosófica que él -y que Nietzsche. Y sin embargo, se comportó de forma notablemente más abierta. Por supuesto que no hacía suya la posición radical y transvaloradora de todo Nietzsche, pero la percibía, por lo menos, como una posición posible. Su vinculación humana a Nietzsche le imponía, por otra parte, considerarlo todo sine ira ac studio, distinguir entre el hombre y la cosa que representaba, de modo similar a como la amistad personal entre el consecuente schopenhauriano Deussen y el renegado Nietzsche no se vio en absoluto afectada por el abismo de las posiciones filosóficas. De ahí que Overbeck indicara a Rohde, antes que nada, en carta fechada el 23 de septiembre de 1886, que hablaba con demasiada cólera. En cuanto al asunto de fondo, le reconocía que «el libro no me ha clarificado un solo paso más sobre los últimos puntos de vista y objetivos del autor; después del Zaratustra me ha parecido algo así como la típica recaída que tanto da que pensar sobre estos libros de espíritus solitarios. Y así en cuanto a la mayor parte de lo que Vd. objeta: en principio estoy en y por sí de acuerdo, pero globalmente hablando y en definitiva, soy de una opinión enteramente distinta».
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EL MÁS ALLÁ SOBREPASA A BURCKARTDT
Con una confianza casi conmovedora puso Nietzsche su libro en las manos de aquel hombre admirado, acompañándolo de una carta fechada el 22 de septiembre de 1886 en Sils: « ... ¡siento tan profundamente llevar ya tanto tiempo sin haberle visto ni haber podido hablar con Vd.!...No conozco a nadie que tenga tantos presupuestos en común conmigo como Vd.: tengo la impresión de que Vd. ha percibido estos mismos problemas... acaso con más fuerza incluso que yo y con más profundidad, puesto que es Vd. más silencioso...En fin, baste con saber que hay aquí un problema que felizmente...no nos es dado compartir con demasiados de entre los vivos y los muertos. Expresarlo es tal vez el riesgo más peligroso que existe, no en relación con quien se atreve a tal sino en relación con aquellos a quienes se habla de ello. Mi consuelo es que, en estos primeros pasos, faltan los oídos para mis grandes novedades, exceptuando los suyos, mi querido y venerado amigo: para Vd. no serán, ciertamente, "novedades".» Jacob Burckhardt contestó con tacto exquisito y gran calor humano -contando, claro es, con su natural reserva-- el 28 de septiembre (el libro debió llegarle y ser leído por él antes que la carta Nietzsche). Burckhardt le agradecía de corazón el envío. «Por -desgracia sobrevalora Vd. demasiado... mi capacidad. Nunca he estado en condiciones de ocuparme de problemas -o de clarificar, al menos, sus premisas- del orden de los suyos. Jamás he tenido una cabeza filosóficamente capaz e incluso el pasado de la filosofía me es prácticamente extraño... Lo que en su obra me resulta, sobre todo, comprensible son los juicios históricos y, muy especialmente, sus visiones de nuestra época: sobre la voluntad de los pueblos y su temporal parálisis; sobre la antítesis de la gran seguridad del bienestar frente a la deseada educación por el peligro... sobre la democracia como heredera del cristianismo; muy especialmente sobre los fuertes de esta tierra... -El libro desborda como mucho mi pobre y vieja cabeza, y cuanto más me adentro en su asombrosa visión de conjunto del ámbito entero del movimiento espiritual hoy en curso tomo nota de su fuerza y su dominio de los matices, tanto más tosco me siento.»
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PERTURBACIÓN
Le  corroía una decepción secreta que confió a Overbeck: «La carta de Jacob Burckhardt... me turbó, aunque era de lo más elogiosa y considerarda para conmigo. Pero ¡que me importa hoy eso! Lo que yo deseaba oir es "¡eso es lo que a mí mismo me preocupa! ¡Me he quedado mudo al enfrentarme a ello! Sólo en este sentido, mi viejo amigo Overbeck, me hace sufrir mi soledad. ¡No me faltan las personas, pero sí aquellas con las que poder compartir mis preocupaciones!»
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NIETZSCHE Y LA DINAMITA
De gran importancia para Nietzsche vino a ser la recensión del libro que bajo la firma de Joseph Victor Widmann publicó el suplemento literario del periódico de Berna Der Bund. el 16-17 de septiembre de 1886. Joseph Victor Widmann fue a las Facultades de la vecina Basilea, estudió teología, filología y filosofía en esta ciudad, en Heidelberg y en Jena, ocupó temporalmente el cargo de organista y director de música de Liestal (1886), después fue ayudante del párroco. Widmann fue, ante todo, el primer lector y comentador que supo valorar las consecuencias de la relativización nitzschneana del conocimiento filosófico desde una interpretación perspectivista. Y fue el primero también en percibir la peligrosidad del libro. Recurrió a una comparación plástica con el coche que, cargado de dinamita para la apertura del túnel de San Gotardo, circulaba ante los ignorantes habitantes de los valles con una bandera negra que indicaba lo peligroso de su carga. Así tenía que ser considerado el libro de Nietzsche. En Widmann se encontró por vez  primera un crítico que tomaba su obra en serio, que percibía todo su peligro y prevenía desde una visión aguda de lo que estaba realmente en juego.Widmann provocó, en -cualquier caso, con su recensión, algo que apenas pudo proponerse; reforzó la autoimagen de Nietzsche en cuanto instrumento de un gran destino europeo. Sin pérdida de tiempo envió su libro a la vieja y fiel Malwida von Meysenbug, extractándole, el 24 de septiembre, las partes del comentario de Widmann que más le habían interesado. Particularmente orgulloso le puso la frase «Aquí hay dinamita», que subrayó.
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HENRI TAINE
A todo lo anterior  vino a añadirse un tercer «reconocimiento» que impulsó poderosamente la confianza de Nietzsche en sí mismo, pero que no dejaba de llevar también en sí el germen de otro doloroso desgarramiento. Desde Niza se dirigió en estos ténninos a su madre a finales de diciembre.- «Uno de los franceses más importantes, por espíritu, carácter e influencia, Henri (¡error de Nietzsche!) Taine, un hombre de tan alta calidad como Jacob Burckhardt de Basilea, me ha enviado una carta extraordinaria en agradecimiento a mi último libro. Pocos conocen honores como los que se hacen a tu hijo. Siempre he sentido como propio el interés del viejo pensador independiente y amplio de miras.»
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LOS DEBILES OJOS DE NIETZSCHE
(A Seydlitz, el 26 de octubre). «Mis casi tres cuartos de ceguera me obligaron a abandonar todo intento de experimentar por mí mismo y huir cuanto antes a Niza, lugar que mis ojos han aprendido a conocer de memoria».
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COMENTARIO DE SIMPLICIO A EPICTETO
En la primavera de 1887 informaba a Overbeck: «...el comentario de Simplicio a Epicteto: tiene uno dibujado ante los ojos el esquema filósofico entero en el que se incrustó el cristianismo, razón por la que este libro de un filósofo "pagano" causa la impresión más cristiana imaginable (aunque con total ausencia, claro es, del mundo de él,"temor a Dios",etc.La falsificación de todo lo real por la moral brilla ahí en todo su esplendor; deplorable psicología; el filósofo reducido a "cura rural". ¡Y de todo ello tiene la culpa Platón! Ha sido y es la mayor desdicha de Europa.»   
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EPICTETO
El frigio Epicteto (aprox. 50-120, según otros testimonios 60-140 d. C.) llegó a Roma como esclavo, pudiendo estudiar allí, en condición ya de liberto, filosofía con Musonio y enseñar él mismo más tarde. A raíz de la expulsión de los filósofos por el emperador Domiciano (94/95), se trasladó a Epiro, donde pasó a dirigir, en Nicópolis, una prestigiosa Escuela Filosófica de estricta orientación estoica. Precisamente por estos orígenes caracterizó Nietzsche en una ocasión la teoría de Epicteto, cuya pieza central es de naturaleza ética, en términos de «moral de esclavos». No dejaban de haber, de todos modos, importantes puntos de contacto. El joven Nietzsche se había ocupado ya del tema Fatum e hístoris  y, muy especialmente, de Voluntad libre y factum, es decir, de la responsabilidad ética. La respuesta de Epicteto a este problema fue de claridad y sencillez grandiosas : Están bajo nuestro control nuestros propósitos e intenciones,así como nuestros deseos y su realización; se evade a nuestra capacidad de disposición todo aquello a lo que nos ata nuestro destino, por ej,  nuestro cuerpo, nuestras propiedades, nuestra parentela, nuestra patria. También tenía Nietzsche que asentir a la forma como pasaron a ser transmitidas las doctrinas de Epicteto: no en áridos tratados elaborados por él mismo, sino en la diatriba viva, en la Enchiridion. «A pesar de su reiterada insistencia, en su ética, en la vinculación de todos los hombres a la Divinidad y en su condición de criaturas de la misma, Epicteto figuraba, en su condición de estoico de orientación «conservadora», en las filas de los descendientes de la filosofía natural jonia, lo que no deja de resultar significativo tanto histórico-filosófica- mente como en orden a la posición de Nietzsche.
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SIMPLICIO
Con su comentario al Enchiridion de Epicteto, Simplicio vino, cuatrocientos años más tarde, a acentuar el desdibujamiento de frentes. Aunque, en cualquier caso, no por «cristianizarlo», dado que siempre se opuso a ello como neoplatónico. Tuvo que vivir un destino similar al de Epicteto. También él tuvo que abandonar patria y áreas de influencia cuando el emperador Justiniano cerró en el 529 la Escuela de Filosofía de Atenas. Como platónico Simplicio siempre aspiró a la síntesis de las diferentes escuelas. Sus Comentarios a Aristóteles tienen, en este sentido, gran importancia. Sólo que Simplicio «armonizaba» sobre la base de la descendencia eleática, que en Platón tuvo tan gran operatividad. Esto es lo que Nietzsche critica de Simplicio.
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EL ÚLTIMO LUCHADOR
De todos modos, el rechazo global que Nietzsche realiza de Simplicio no deja de resultar, ciertamente, curioso y sobremanera inadecuado. Encontramos con frecuencia en Nietzsche crecientes juicios globales despreciativos, cuando precisamente en este caso, por el contrario, lo que hubiera sido de esperar es que Nietzsche honrara a Simplicio como el último luchador valeroso de la Antigüedad contra el cristianismo. Y es que Simplicio, por ejemplo,  reprocha a la nueva doctrina cristiana, como uno de los rasgos que marcan su inferioridad, honrar sólo a seres muertos (Cristo, los Santos) y no como en el neoplatonismo, a los astros eternamente vivos y a la magnificencia del cosmos.
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DUALISMO MORAL
Además Simplicio pone en cuestión determinados principios como, por ejemplo, la existencia  del dualismo de bien y mal  Para Simplicio el «mal» no es un principio (arjé) coordinado cualitativamente al bien, no es, en fin, una contrapotencia de origen propio y específico, sino más bien una caída, un defecto, una discriminación de lo bueno.
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SIMPLICIO SEGUIDOR DE CHAMANES
En el rechazo que Nietsche manifiesta frente a Simplicio desempeña un papel importante la tensión, según él,  existente desde la Antigüedad, entre los Diadocos materialistas -científico-naturales-- jonios -Heráclito, Leucipo, Demócrito, Epicuro (Nietzsche se autocalifica, por ejemplo, de epicúreo), entre otros--, por una parte, y el chamán Pitágoras y la escuela de filósofos que llevaba su nombre, así como los eleatas Jenófanes y Parménides, por otra. Al máximo nivel filosófico se trata del enfrentamiento, en Atenas, entre Platón y Aristóteles. En esta situación, tan condicionada y determinada por una época, Nietzsche tomó las armas para luchar, en el marco de un ataque global y de principio, contra el platonismo (de fundamentos eleáticos) y, muy especialmente, en la versión del mismo que ofrece, por venir marcado por él, el cristianismo. Templó sus armas estudiando a los platónicos de la Antigüedad tardía, con vistas a poder esgrimir así argumentos más punzantes en la discusión de sus tesis, En este contexto hay que situar su desafortunado excursus sobre Simplicio. Con la transvaloración de todos los valores platónico--cristianos -que es a lo que apunta su filosofía-- venía Nietzsche a situarse, en su condición de sucesor tardío de la filosofía natural jonia (¡recuérdese cómo eran precisamente los presocráticos lo que con mayor fuerza atrajo su interés docente en Basilea!
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DOSTOYEVSKI
El 23 febrero de 1887 escribía a Overbeck: «De Dostoyevski no conocía hace pocas semanas ni siquiera el nombre -hombre inculto como soy, que no lee ni cuanto menos un periódico. En una visita casual a una librería la suerte puso bajo mis ojos la obra recién aparecida en traducción francesa L'sprit souterrain (¡algo parecido me ocurrió a los 21 años con Schopenhauer y a los 35 con Stendhal!) El instinto del parentesco (¿o cómo tengo que llamarlo?) habló de inmediato, mi alegría fue extraordinaria.» El nombre de Dostoyevski tenía, de todos modos, que serle conocido a Nietzsche desde la recensión de Widmann, esto es, desde finales de septiembre, y el capítulo "Del pálido delincuente" del Zaratustra invita a pensar en un conocimiento todavía más temprano. Tal vez latía un recuerdo en su subconsciente que le hizo aferrarse al libro al ver el nombre en la cubierta. Algo muy parecido debió, sin duda, ocurrirle con Schopenhauer y Stendhal, a quienes cita como puntos de comparación y testimonios de su instinto literario, un instinto capaz de vagar y orientarse a través de los sueños -si es que con ello no viene, simplemente, a encubriese y remitirse subterráneamente al yugo de una creencia un tanto opresora en el destino. En lo que Nietzsche tenía razón, en cualquier caso, es en su afirmación que hasta ese momento Dostoyevski había carecido para él, ni siquiera en las conversaciones con Lou Salomé (1902), que conocía las obras de Dostoyevski, vino, documentadamente, a despertarse un interés nietzschemo por este -escritor. Y de repente ahora, seis años después de la muerte de Dostoyevski (9 de febrero de 188l), se lanza Nietzsche con la pasión que le caracterizaba a su obra. El 20 de octubre de 1888 escribía aún a Georg Brandés en este sentido: «Tengo algún que otro libro ruso, sobre todo de Dostoyevski (en versión francesa, por Dios ¡no en alemán!), que me procura los mejores momentos.»
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DOSTOYEVSKI COMO PSICÓLOGO
Lo que encantaba a Nietzsche de Dostoyevski no era tanto su capacidad literaria, su técnica de escritor, cuanto lo profundo de su mirada al alma humana, lo incisivo de su penetración literaria psicológica. «Salvo Stendhal, nadie me ha proporcionado tanto placer y sorpresa: un psicólogo con el que "me entiendo"» --es la primera manifestación de Nietzsche que encontramos en su carta a Köselitz del 13 de febrero. Y el 7 de marzo volvía a dirigirse a él sobre Dostoyevski en los siguientes términos:«...descubrió así la fuerza de su intuición psicológica, aún más, su corazón se suavizó y profundizó con ellos- su libro de memorias de esta época, La maison des morts, es uno de los libros más humanos que existen. Lo primero que conocí, recién difundido en lengua francesa, llevaba por título L'esprit souterraine. Constaba de dos novelas cortas: la primera, una especie de música desconocida, la segunda, una verdadera obra maestra del genio psicológico... hasta el punto de que me sentí desbordado por el entusiasmo. Entretanto he podido leer, por recomendaón de Overbeck, ...Humiliés et offensés».
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HUELLA PROFUNDA
Que la lectura de Dostoyevski dejó huellas profundas en Nietzsche, es cosa que sólo cuando el derrumbamiento en Turín vendría a revelarse. Queda, en cambio, como cuestión abierta la del grado y medida en que determinadas ideas y formulaciones de sus obras posteriores fueron influenciadas por las discusiones de Nietzsche con el nihilismo ruso moderno y con las teorías de la justificación de los violentos (p. ej., en «Crimen y castigo»
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ERNEST RENAN
Nietzsche cita entre sus lecturas al orientalista francés Ernest Renan (1323-1892), a cuya Histoire des origenes du christianisme, elaborada entre 1863 y 1883 como «historia de las circunstancias y de los sentiments de Asia Menor» Nietzsche no asiente por considerar que «parece flotar de un modo cómico en el aire». Con esta atención a Renan, Nietzsche, no dejaba, ciertamente, también de echar una mirada al ámbito de intereses y tensiones de Richard Wagner. Porque Wagner leía con atención creciente, desde 1873 cuando menos, a Renan, cosa que hizo, por otra parte, hasta sus últimos días. Afirma, por ejemplo, haber recibido una estimulación esencial, de cara a su propia relación con el cristianismo, de la Vida de Jesús (1863, versión alemana de 1864) que «despoja a Cristo de su carácter divino y lo explica a partir de sus rasgos culturales, psicológico, sociales y morales, más allá de todo elemento religioso». Por presiones del elemento clerical Renan perdió su cátedra de filología y orientalística durante años. Ya esto debió haberle ayudado a ganarse a Nietzsche, pero éste no encontró ahora motivos de complacencia en la orientación científico-positivista en este campo.
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HEINRICH VON SYBEL
Por estas fechas Nietzsche leyó a un historiador alemán, Heinrich von Sybel (1817-1895), cuya «obra fundamental», como Nietzsche la llamaba, la leyó, sin embargo, ¡en lengua francesa! Como la obra fundamental de Sybel La Fundación del Imperio Alemán por Guillermo 1, en 7 tomos, no apareció hasta 1889-1894, es de suponer que esta lectura lo sería de la obra mayor juvenil de Sybel, Historia de la época de la Revolución 1789-1800, en 5 volúmenes, aparecida entre 1853 y 1879.
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MONTALEMBERT
Tambien se centra en la lectura de Montalembert. Este Comte Charles de Montalembert (1810-1870) representaba una tendencia orientada hacia una alianza de la Iglesia con la libertad democrática y el sistema parlamentario, lo que en realidad era más que suficiente para impedir que Nietzsche valorara positivamente su historia en cinco tomos. De todos modos, no dudó en hacer a Overbeck la siguiente consulta: «¿Conoces la obra de Montalembert Moines d' Occident?. O más bien, ¿conoces algo más sólido y menos partidista que esta obra, aunque dedicado igualmente a sacar a la luz los beneficios que la sociedad europea debe a los conventos?» ¿Se trata de una pregunta retórica a la que sólo cabía responder con un: no hay nada mejor?» Overbeck debió recibirla como una consulta auténtica porque le recomendó sustituir al «prolijo panegirista» Montalembert por la Historia de las costumbres europeas de Agustín a Carlomagm del inglés William Lecky (1838-1903), que él mismo no conocía, pero que le había sido recomendada. Nietzsche se negó:«Tengo la obra de Lecky. Pero a  este inglés le falta sentido histórico
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WAGNER COMO ACTOR
El 21 de enero informaba a Köselitz al respecto.«¿Acaso algún pintor supo pintar nunca una mirada de amor tan melancólica como ha sabido hacerlo Wagner con los últimos tonos de su preludio?» Con ello venía Nietzsche, curiosamente' a coincidir de modo llamativo con el propio Wagner, quien a propósito de esta problemática comentó en una ocasión (el 22 de octubre de 1882.):«No es posible pintar a Cristo, pero en tonos cabe reproducirlo». Y cuando Cosima le alabó por haber renunciado a sacar a Cristo en escena, creando, en contrapartida, la figura de Parsifal, no dud<5 en exclamar: «¿Que un tenor haga de Cristo? ¡Al diabio!»
ó en exclamar: ¿Que un tenor haga de Cristo? ¡Al diablo!.  Nietzsche comprendió a «su» Wagner sin el ropaje dramático, sin el disfraz del actor, simplemente como músico. «Soy ahora tan antiteatral, tan antidramático», escribía el 1 de abril a Köselitz, «...Sin tener en cuenta este viraje decisivo en su relación con la música no cabe entender el ataque nietzscheano en los años siguientes al «actor Wagner» como lo más negativo y funesto para el -por él tan venerado- «músico Wagner». Para Nietzsche el «caso Wagner» radicaba en el sometimiento del músico al actor, no dejando de resultar curioso que el propio Wagner percibiera algo de ello, hasta el punto de no querer componer, tras «Parsifal», sino sinfonías, idea esta, por otra parte, que le ocupaba desde 1876.

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RICHARD STRAUSS
El objetivo principal de la estancia de Köselitz en Munich, donde permaneció hasta el 6 de enero de 1887 era, de todos modos, entrar en contacto con Herman Ley, quien desde su puesto corno director de la orquesta de la corte dominaba, desde 1872, la vida teatral del lugar. Köselitz consiguió finalmente una ejecución decepcionante para él (y posiblemente también para los intérpretes y para el público) de su septeto, bajo la dirección de Richard Strauss, quien a la sazón ocupaba en Munich el cargo, a sus veintidós años, de tercer director de orquesta. Tal vez resulte de interés para la biografía de Strauss señalar que el joven Strauss entró con este septeto de Köselitz por primera vez en el circulo más íntimo de Nietzsche, al que pagó su tributo en 1896 con su poema musical «Así habló Zaratustra» (op. 30)
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TERREMOTO EN NIZA
Hasta qué punto estaba Nietzsche entregado por estas fechas a su trabajo es cosa que resulta particularmente clara a la luz de su «reacción», esto es, de su pasividad ante el acontecimiento natural que «sacudió» realmente a Niza: un intenso terremoto a las 6 de la mañana de un Miércoles de Ceniza, 23 de febrero de 1887. El número de víctimas fue elevado y muchas casas quedaron destruidas,contándose entre éstas aquellas en las que vieron la luz los libros tercero y cuarto del Zaratustra, como comentó Nietzsche (a Mrs. Fynn) 90: «Así tendrá que visitar la posteridad un lugar de peregrinaje menos, lo que no deja de constituir una ventaja.» La noche siguiente dio Nietzsche un paseo general «para difundir algo de valor y de tranquilidad, porque el pánico es enorme y la ciudad está llena de sistemas nerviosos deshechos», así como «para buscar a mis conocidos, que pasaban todos la noche al aire libre, del peor de los humores -con grave inconveniente, me temo, para su salud, dado que la noche era fría. Hubieron pequeños temblores, los perros aullaban, media Niza estaba en pie. En lo que a mí respecta, dormí bien, tanto antes como después de la ronda de inspección. Lo peor es que con esto la saison ha acabado de golpe.» En estos términos sintetizaba Nietzsche su experiencia del terremoto en una carta a Overbeck fechada el 24 de febrero.
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REAC