Los diez años del filósofo errante (1879-1888)
CAMBIOS EN NIETSCHE DESPUES ABANDONO BASILEA
Es evidente que el abandono de su profesión en Basilea no fue debido a una decisión
propia de Nietzsche sino al fatum de su enfermedad. Por ello a Nietzsche se le
presenta ahora una nueva tarea: arregárselas con la enfermedad, romper su fuerza y
convertirla de enemigo extraño en compañera que le ayude a realizar el objeto de su
existencia. Para lograrlo, Nietzsche acabará por introducirla en el todo de su vida como
otro elemento vital más. Por ello decide como una de sus tareas el hacer que la
enfermedad actúe como un estímulo intelectual. En este contexto, y, dado que durante
este tiempo que estamos analizando (1879-1890) se produce en Nietzsche un cambio y una
AÑO DE SOMBRAS
(Octubre 1882 a Noviembre 1883)
El abandono de Lou, que por otro lado tenía
Biografía de Nietzsche
TRANSFORMACIÓN EN LOS AÑOS 1879-80
Jaspers manifiesta con firmeza que en Nietzsche,durante ese
tiempo (1879-80), se produce una transformación muy amplia: «Quien lea los escritos
en orden cronólogíco.. no puede sustraerse a la extraordinaria impresión de que en
Nietzsche, desde 1880, se está produciendo un cambio tan profundo como nunca antes en su
vida. Esto se muestra no sólo en el contenido de los pensamientos, en las nuevas
creaciones, sino en la forma de la vivencia-, ... lo que dice adquiere otro tono...
Preguntamos si ...en la vida de Nietzsche no aparece claro algo, innecesario intelectual y
existencialmente, que da a lo nuevo, por así decirlo, un color no necesariamente
pertinente; o si en el servicio de estos impulsos y metas intelectuales aparecen fuentes
cuya procedencia remita a algo que llamamos indeterminadmnente un 'factor biológico'...
No se puede responder a la pregunta de qué sea este factor biológico. Lo que sucedió
con Nietzsche desde 1880 ha de quedar indeterminado por ahora. Pero que algo importante
sucedió es cosa difícil de dudar para el observador sin prejuicios que se haya
sumergido cronológicamente en la totalidad de las cartas y escritos... Es injusto
concebir este hecho como la primera fase de la parálisis, mientras la experiencia de la
parálisis no muestre, comparando casuísticamente, que esos estadios previos --,que
entonces no serían todavía la propia parálisis como proceso de destrucción pertenecen
a ella.» Y Jaspers concluye de ahí: «Una cuestión relevante, aunque no
decisiva sustancialmente, para la comprensión de Nietzsche en general, es la de su cambio
espiritual desde 1880 y la de la posibilidad de su coincidencia con un suceso biológico
de nueva aparición. No existe una investigación profunda de ello que domine todo el
material y lo transmita ordenado; se trata de la exigencia más imperiosa de la biografía
de Nietzsche: Möbius ha sido el primero que ha visto ese cambio, pero ha cargado su
intuición de tantos errores que, de esa forma, no ha conseguido, naturalmente, imponerla.
Sin embargo, el cambio como tal, por muy oscuro que quede su tipo..., me resulta tanto
más manifiesto ... »
FACTORES BIOLÓGICOS?
Se supone, por ejemplo, que existió, efectivamente, una infección
de sífilis, tal cosa se designará normalmente como una enfermedad que, por una
parálisis progresiva, es decir, por deterioros orgánicos del cerebro, lo llevó a la
muerte tempranamente cuando apenas contaba 56 años. Pero queda por preguntar si el desmoronamiento
físico de 1879, del que Nietzsche se había de recuperar, sorprendentemente bien, en
los años siguientes, corresponde ya al proceso de esa sífilis, supuesta tan sólo, y si
esa enfermedad sólo acarreó consecuencias dañinas. La investigación científica
enseña precisamente de la sífilis, como también de otras infecciones
(tuberculosis, por ejemplo), que estimulan, al menos a temporadas, ciertas funciones
vitales, que producen un efecto como el de determinados narcóticos, por ejemplo
el alcohol, y que en tales casos se liberan fuerzas y posibilidades de la fantasía
que en el organismo «normal» están por lo general ocultas
y reprmidas.
Ya en 1903 el psiquiatra sueco Poul Bjerre consideró el cambio como una
extraordinaria ventaja para la evolución de Nietzsche, en cuanto que, partiendo de la
certeza de la infección sifilítica, defendió el punto de vista de que el virus
de la sífilis produjo un efecto narcótico, ligero y crónico, liberador
de la fantasía y desinhibidor de lo espiritual, semejante al del alcohol;
según ello habría actuado biopositivamente hasta el desmoronarniento
espiritual, momento en el que la obra de destrucción orgánica prevaleció en la
sustancia cerebral. Nietzsche mismo ve así su situación a comienzos de 1880,
cuando escribe a su médico, el Dr. Otto Eiser: «Mi existencia es una carga terrible:
la hubiera arrojado de mí hace ya mucho tiempo, si no fuera porque, precisamente en este
estado de sufrimiento y de casi absoluta abstinencia, fue donde hice las pruebas y los
experimentos más fructíferos en el terreno ético-intelectual; esta alegría sedienta de
conocimiento me eleva a una altura desde donde supero todos los tormentos y desesperanzas.
En general soy ahora más feliz que nunca en mi vida... Mi consuelo son mis pensamientos y
perspectivas. Aquí y allá, en mis caminos, garabateo algo sobre un papel; amigos
descifran mis garabatos.» Y en 1886 escribe recordando, en el prólogo a la «Gaya ciencia»: «Se adivina que no quiero despedirme
de aquel tiempo de grandes padecimientos, cuyo provecho todavía hoy no se ha agotado para
mí.»
Naturalmente que este efecto narcótico no fue lo que produjo directamente una
obra como «Zaratustra» o como el resto de las del filósofo Nietzsche,
puesto que, si no, algún otro infectado de sífilis hubiera tenido que crear
algo parecido; pero resta por preguntar si Nietzsche hubiera sido capaz de sacar
de sí esa obra que había en él, sin esa superación de un determinado umbral de
represión. Todas las numerosas interpretaciones médicas, tan cuidadosas y
perspicaces, han de quedarse en ensayos tentativos, puesto que ahora, a posteriori, para
emitir un juicio científicamente defendible, ya no pueden aportar las pruebas
diagnosticas requeridas, que en 1880-1900 no podían conseguirse debido al nivel
de conocimientos de entonces. Aunque todas las investigaciones desde Möbius hasta
Lange-Eichbaum difieren en cuestiones de detalle, curiosamente parecen coincidir en
un punto, a saber, en la datación aproximada de la gran transformación: tiene lugar
en los años 1879-1881.
FACTORES ANÍMICOS?
Según otros, en modo alguno puede demostrarse el cambio,
experimentado por Nietzsche en esos años, como proviniente de una determinada
enfermedad Para comprender esto no se necesita, imprescindiblemente, deducirlo
de los tipos de evolución de una enfermedad. El cambio en torno al año 1880 resulta más
comprensible a partir de experiencias en el ámbito de lo anímico.
La enfermedad y la temprana muerte del padre habían marcado profundamente, como vivencias
infantiles, la conciencia de Nietzsche. Dada su incondicional creencia en la tara y
transmisión hereditarias, Nietzsche vivió siempre con el sentimiento - más o menos
fuerte según épocas - de estar amenazado por un destino igual o
semejante. Con el desmoronamiento de su existencia burguesa, precipitado en la primavera
de 1879 por los padecimientos físicos, y con el subsiguiente estado, que se agravó, en
lo posible, durante muchos meses, volvieron a la máxima actualidad las viejas
cuestiones sobre el sentido y solidez de la existencia, cuestiones frente a las que
hubo de quedar totalmente en segundo plano el programa político-cultural que le
preocupaba hasta entonces, es decir, el problema de si a partir de la música, y mejor de
la música de Richard Wagner, era posible y deseable una renovación cultural
alemana en el sentido modélicamente ejemplar de la antigüedad (y dentro de ella,
propia y esencialmente sólo el modelo de la Atenas de Pericles). El momento más
bajo en su estado de salud irrumpió --de nuevo como consecuencia de la excitación
producida por la Navidad cristiana-- a finales de diciembre de 1879 en Naumburg,
a pesar de los amorosos cuidados de la madre: un grave ataque parecido a la jaqueca,
con vómitos e incluso con una larga pérdida de consciencia, que duró tres días.
Entonces mantuvo Nietzsche un diálogo a dos con la muerte, en espíritu estuvo
ante la última frontera, y después se sintió como un iniciado en los
misterios de la muerte. Estaba marcado, y podía hablar ya, y hablaría con un tono nuevo.
Ya a fines de julio de 1879 había confesado a Paul Rée: «Mi querido amigo: ¿sabe
Usted todo lo que me ha sucedido? He eludido un par de veces los portones de la muerte,
pero he sufrido horriblemente, así vivo día a día»; y el 22 de octubre de 1879, a
pesar de algunas semanas mejores» recientemente vividas, a Overbeck: «En mitad de la
vida estuve rodeado por el bueno de Overbeck --si no, quizá se hubiera colocado el otro
compañero- Mors.» Tales manifestaciones de desesperación contribuyeron quizá a
que incluso se llegara a extender el rumor de la muerte de Nietzsche, hasta
París, desde donde Malwida v. Meysenbug, que está allí en casa de su hija Olga
Monov el 28 de octubre escribe preocupada a Meta von Salis: «Hoy me lleva hasta Usted
una trágica necesidad. De modo totalmente casual oí ayer que Nietzsche, al parecer, ha
muerto. Puesto que no quiero escribir a la hermana sin estar segura del hecho, le envío a
Usted la carta, dado que si está en Naumburg sabrá al respecto. Si es verdad curse, por
favor, inmediatamente la carta; si no es verdad, quémela.» Meta von Salis pudo
quemar la carta.
El 14 de enero de 1880 contestó a una carta de Malwida del 27 de diciembre, afirmando: «A
pesar de que el escribir pertenece a una de las frutas más prohibidas para mí, Usted, a
quien respeto y quiero como a una hermana mayor, ha de tener todavía una carta mía
--aunque será la última. Puesto que los horribles y casi insoportables tormentos de mi
vida me llevan a desear el final, y, según algunos indicios, el ataque cerebral liberador
está suficientemente cerca como para permitirme esperar... Creo haber realizado el
cometido de mi vida, bien es verdad que como alguien a quien no se le ha dado tiempo. Pero
sé que he escanciado una gota de buen aceite para muchos... Ningún dolor ha conseguido
ni conseguirá llevarme a hacer un falso testimonio sobre la vida, tal como yo la
entiendo.» Y: «Por lo que se refiere al tormento y a la abstinencia, la vida de
mis últimos años puede compararse con la de cualquier asceta de cualquier época; sin
embargo en estos años he ganado mucho en lo que se refiere a la depuración y pulimento
del alma - y ya no necesito para ello ni la religión ni el arte.» Con esto Nietzsche
se distancia claramente de todos aquellos que también han experimentado esta cercanía
de la muerte y que desde entonces se convierten en convencidos profetas de la fe
en la superación de la muerte por una vida eterna. Estos consuelos, sea en la forma
de la dogmática cristiana, sea en las doctrinas filosóficas, como, por ejemplo,
la creencia pitagórico- platónica en la trasmigración de las almas, ya no
existían para Nietzsche. Precisamente a todas estas doctrinas habría de
considerarlas como «gran supercherías», errores, doctrinas erróneas, y las
combatiría apasionadamente. Vio en estas creencias, a las que falta cualquier tipo de
evidencia convincente, meras argucias dialécticas con cuya ayuda se había
intentado empequeñecer el valor de la vida y de las cosas de este mundo,
hasta tal punto que su pérdida podía ser considerada de escasa importancia. La
estremecedora amenaza que vivió lo llevó al campo opuesto: la vida de este mundo se
convirtió para él en el valor supremo... Y para conservar ese valor, incluso para
acrecentarlo en lo posible, todo lo demás había de subordinarse a ello. Para Nietzsche
quedó fuera de toda duda que por «vida» entendía la mayor realización
posible del ser hombre.
Según esta visión, por tanto, desde el punto de vista médico, material, quizá haya
intervenido también un «factor biológico»;pero parece que el factor decisivo
que desencadenó entonces el incipiente cambio fue la conmoción que le produjo la
amenaza de la enfermedad, de los achaques y la desmoralizora escisión entre
profesión y vocación.
CONGELACIÓN DE SU EXISTENCIA
«Error tras error se van colocando tranquilamente sobre hielo,
el ideal no se refuta, él se congela... Aquí, por ejemplo, se congela 'el genio'; una
esquina más allá se congela 'el santo'; al final se congela 'la fe', la llamada
'convicción', también la 'compasión' va enfriándose significativamente - casi por
todas partes se congela 'la cosa en sí!'...», así resume en 1888, en el
«Ecce homo», refiriéndose a los tiempos de «Humano - demasiado humano»
DIALOGO CON SU SOMBRA
A partir del verano de 1879 Nietzsche encuentra la forma de
con quien compartir sus pensamientos. Se trata de trasponerlo en una escena de
conversadores, tal como en los diálogos platónicos. Pero, como interlocutor, Nietzsche
se ve obligado a poner su propia sombra. Las consideraciones aforísticas
del verano de 1879 llevan, por eso, el título «El caminante y su sombra». Esta
colección de 350 aforismos, aparecida primero por separado, se convertirá después, como
«Segunda parte» y juntamente con «Opiniones y dichos varios», en el segundo
tomo «Humano - demasiado humano», aunque traza ya claramente el puente hacia «Aurora»,
que vendría después. Aquí todavía, debido al corto revestimiento escénico, el
carácter de diálogo se ofrece abiertamente. Todos los escritos de Nietzsche son
diálogos con sombras de la más diversa procedencia, con sombras de
acontecimientos o de ideas que le sobrevienen. Para tratar con ellas intensamente y sin
molestias, se retira externamente a una soledad relativa, nunca tan lejos, sin embargo,
que no le pueda llegar cosa alguna, puesto que necesita objetos, problemas, en los que
pueda encenderse su espíritu apasionado: necesita de la polémica. Nietzsche
no tiene la disposición del pensador contemplativo que, con
tranquilidad, ordenando pensamiento tras pensamiento, construye su sistema en vistas a una
única meta de conocimiento.
LA ALTA ENGADINA
Alguien (quizá la suegra de Franz Overbeek, la Sra. Rothpietz,
en Zürich) hubo de indicarle, para el verano de 1879, el pueblecito de Wiesen, en
el cantón Graubünden. Si no, no se comprendería cómo topó Nietzsche con ese lugar,
que no es ningún renombrado rincón turístico. Wiesen, alrededor de 1.400 m.
sobre el nivel del mar, está situado en la línea este-oeste de comunicación de Davos
hacia Tiefenkastel, en el punto de partida de las carreteras de los pasos Julier y Albula
a la Alta Engadina.
ST. MORITZ
Tras más de tres semanas de malestares abundantes y soportados
con entereza en Wiesen, el 21 de junio, finalmente, se trasladó a la alta Engadina,
situada a mayor altitud todavía: a algo más de 1.800 m. sobre el nivel del mar. Sobre
ella había escrito a su hermana todavía el 7 de junio: «La Engadina resulta para
mí casa inaccesible debido a la afluencia de alemanes y basileos, ahora lo comprendo
(también muy cara).» El 15 de junio indica a la hermana, como objetivo de viaje
desde Wiesen, el pequeño poblado de Campfér, situado a una hora escasa de camino de
St. Moritz, valle arriba. Después vuelve siempre a repetir lo dicho en la tarjeta
postal del 25 de junio a Köselitz: «Si me quiere contar algo diríjase a: St.
Moritz, Graubünden, lista de correos -¡pero, por favor, no diga nada a nadie sobre esta
dirección!»
ALQUILER DE HABITACIÓN EN ST.MORITZ
A partir de ahora Nietzsche evitará los hoteles y
restaurantes. Vive solo, como único inquilino, en alguna parte cerca de St. Moritz,
quizá más cerca de Campfer, en una habitación donde puede prepararse él mismo su
humilde comida, puesto que ha de acostumbrarse a vivir muy frugalmente para que le quede
algo de dinero para los caros viajes que exige su nuevo modo de vida.
VIDA AUSTERA
El 24 de junio escribe a su hermana por primera vez desde St.
Moritz: «Vivo totalmente solo y como en la habitación (igual que en Basilea, casi
las mismas cosas también, únicamente no higos), casi ninguna carne: pero mucha leche.»
Y el 6 de julio: «Vivo totalmente solo en una casa tranquila, buena cama.» Y
«Aquí todas las cosas de panadería son disparatadamente caras: por ello hice que
cocieran en Wiesen 150 bizcochos.» En general encarga afuera los alimentos cuando
son más baratos. Añade, así, en la misma carta: «Gracias a la Sra. Rothpletz
recibo alimentos de Zürich, a saber lengua arnericana»; y el 12 de julio requiere
de la hermana: «¿Cuánto cuesta una caja de tres kilos de Brown Coflege? (un
bizcocho de cebada) ...Era muy bueno. El embutido, comido con apetito.»
Con ello comienzan los envíos desde Naumburg, con los que se proveerá durante los
siguientes diez años constantemente. Escribe a la madre a mitad de julio: «Vivo
tranquilo, tengo buena leche y huevos»; y como posdata: «Dentro de un mes
rogaré, quizá, que me envíes una provisión de embutidos.»
SATISFACIÓN POR LA ELECCIÓN DE LA ENGADINA
Poco después de su llegada a St. Moritz escribe a los Overbeck: «Desde
mi última postal la mayoría del tiempo en cama: ¡un comentario cuyo texto puedo
ahorrarme! Pero ahora he tomado ya posesión de la Engadina y estoy como en mi elemento
¡absolutamente sorprendente! Esta naturaleza me resulta afín.» Y el 1 de julio: «...
aquí sigo tan enfermo como en cualquier parte; en total ya he estado 8 días en cama.
¡Esta es la letanía, para mi fastidio y para el vuestro! A pesar de ello -St. Moritz es
lo justo, se adecua mucho a mi sensibilidad y a mís órganos de los sentidos (¡ojos!), y
resulta apropiado para pacientes. El aire, casi mejor todavía que el de Sorrento ... »
Un día más tarde, el 12 de julio, escribe a Köselitz de modo parecido: «Entretanto
he encontrado mi tipo de naturaleza, de modo que sólo ahora me doy cuenta de lo que
echaba de menos desde hace años y hasta qué punto lo necesitaban.» Y a mitad
de julio, a la madre: «St. Moritz está más alto que Rigi-Kulm, donde estuviste...
bosques, lagos, las mejores rutas de paseo, tal como necesita un casi-ciego como yo, y el
aire más confortante mejor de Europa-, todo esto me hace agradable el lugar.» El
más hermoso recuerdo lo dedica, sin embargo, al paisaje hacia el final de «El caminante y su sombra» (aforismo 338): «Doblez
de la naturaleza. En algunos lugares naturales nos volvemos a encontrar a nosotros mismos
con agradable espanto; es la más hermosa doblez. Qué feliz ha de sentirse quien tiene
esa sensación precisamente aquí, en este consistente y soleado aire de octubre, en este
travieso y feliz juego del viento desde por la mañana hasta por la tarde, en esta
claridad, la más pura, y en este frescor, el más suave, en el carácter total,
delicadamente grave, de las colinas, lagos y bosques de esta altiplanicie que, sin miedo,
se ha colocado junto a los horrores de las nieves perpetuas, aquí, donde Italia y
Finlandia han llegado a unirse y donde parece estar la patria de todos los plateados tonos
de color de la naturaleza: --qué feliz aquel que puede decir: 'hay quizá muchas
cosas mayores y más bellas en la naturaleza, pero esto me resulta íntimo y familiar,
consanguíneo, ¡más todavía, incluso!»
HASTÍO DE LA SOLEDAD
Pero también de ello llega a hastiarse pronto. «Estoy tan
harto de los muchos paseos..., mis ojos quieren oscurecerse; y después, mucha lectura en
voz alta para no meditar de continuo -mi única ocupación, aparte de mis eternos dolores.
No puedo leer, no puedo tratar con personas, conozco de memoria la naturaleza, no me
atrae. El aire es, sin embargo, sumamente bueno, me horroriza dejarlo ... 'en ninguna
parte siento un alivio semejante a este que me produce aquí el aire, incluso en medio de
los mayores dolores'.» (El 29 de agosto a su madre.)
PLANES DE UNA TORRE CON HUERTO
El 21 de julio hace a su madre este apremiante encargo: «Me
comprometo formalmente a pagar durante seis años 17 táleros y medio anuales... Pero
tengo que hacerme con la habitación de la torre. El cultivo de hortalizas corresponde
totalmente a mis deseos y en absoluto resulta indigno de un futuro 'sabio'. Ya sabes que
me inclino a un modo de vida sencillo y natural, y cada vez me convenzo más de que no
existe otro remedio para mi salud. ¡Necesito un trabajo efectivo, que me ocupe tiempo y
me produzca cansancio sin fatigar la cabeza!» Nietzsche piensa ir también el
próximo verano, hasta mitad de septiembre más o menos, a la Engadina, y preguntaba:
«¿Cómo se casa esto con las obligaciones de jardinero? ... Para el trabajo del huerto
quedaría abril, mayo, la primera mitad de junio, y desde finales de septiembre hasta
noviembre --a mi parecer estos son los meses de los trabajos más importantes.»
Como si se tratara de un hecho consumado, el 24 de julio escribe a su hermana: «Para
la primavera o el otoño he planeado para mí un trabajo de jardinería (cultivo de
hortalizas) en Naumburg. A partir de octubre comienza mi arriendo del Zwinger; el cuarto
de la torre se va a arreglar para que me sirva de vivienda.» El mismo 24 de julio
escribe a Overbeck también: «Para contar con algo firme sobre la tierra ... »
Así, pues, parece que Nietzsche no puede acostumbrarse a su total falta de patria, a
pesar de que a fines de julio, en una carta a Paul Rée ya se califica de
«fugitivus errans». Busca un lugar seguro y cree volver a encontrarlo en la patria,
en las cercanías de la madre, y precisamente en una vieja torre de las defensas de la
ciudad, que proporciona seguridad y protección; quizá la torre sea inconscientemente
aquí un símbolo del «medio», de aquel medio del que tanto habla ahora: media
vita o expresiones análogas. Parece que le resulta muy significativo el encontrarse a
la mitad de su vida.
El 11 de septiembre escribe a Köselitz: «Querido, querido amigo: cuando lea estas
líneas estará mi manuscrito en sus manos; que él mismo le exponga a usted su ruego, yo
no tengo el ánimo para ello. Sin embargo ha de compartir conmigo unos instantes de
felicidad que me produce ahora el pensar en mi obra ya acabada. Estoy al final de mi 35
años de vida; la 'mitad de la vida', se decía hace ya milenio y medio... Y estoy en la
mitad de la vida 'rodeado por la muerte' de tal modo, que a cada hora puede atraparme...
En este sentido creo parecerrne al hombre más viejo; pero también porque he cumplido mi
tarea vital...»
INVIERNO NEGRO EN NAUMBURG
El momento más bajo en su estado de salud irrumpió --de nuevo como
consecuencia de la excitación producida por la Navidad cristiana-- a finales de diciembre
de 1879 en Naumburg, a pesar de los amorosos cuidados de la madre: un grave ataque
parecido a la jaqueca, con vómitos e incluso con una larga pérdida de consciencia,
que duró tres días. Entonces mantuvo Nietzsche un diálogo a dos con la muerte,
en espíritu estuvo ante la última frontera, y después se sintió como un iniciado
en los misterios de la muerte.
DESAPARICIÓN DEL SUEÑO DE LA TORRE Y EL HUERTO
Escribe a Overbeck: «El Zwinger y la torre, ambos pintorescos y
más grandes de lo que yo creía, han vuelto, sin embargo, a pasar de mis manos a otras;
comprendí que mís ojos son demasiado débiles para el trabajo de horticultor y que el
inclinarse no es nada apropiado para mi cabeza por desgracia; por desgracia, visto desde
la cercanía inmediata, el cultivo de hortalizas se reveló como algo imposible... Lo
mejor de toda la historia, la esperanza, lo tuve; y a esa alegría de la jardinería in
spe pertenece también el mandil de jardinero in spe: por el que quiero dar las más
cordiales gracias a tu amable esposa.» Efectivamente, Overbeek le había escrito el
13 de octubre; «Cuando hace poco en Zürich me puse el mandil de jardinero para
llevar a cabo algún menester especial ..., a mi mujer se le ocurrió que tú también
podrías necesitar unos cuantos... Te debían llegar para tu cumpleaños; le han ocupado
tanto a mi mujer durante las últimas semanas... que has de hacerte perdonar en el caso de
que ahora renuncies a los mandíles.» Torre y huerto desaparecen de su
correspondencia tan rauda como inesperadamente había surgido esa idea en julio.
EL CAMINANTE Y LA SOMBRA
El jardín de la filosofía es el que Nietzsche
comienza ahora a cultivar por medio de una serie ininiterrumpida de obras. Primero le
ocupa la impresión de «El caminante y su sombra». El 30 de septiembre Nietzsche
recibe «algo más de la mitad» del manuscrito para la imprenta que Kóselitz
estaba pasando a limpio. Nietzsche envía a Venecia al fiel ayudante las últimas
hojas del manuscrito que había compuesto todavía en la Engadina, y ya tres días más
tarde, el 3 de octubre, Nietzsche tiene a limpio en sus manos esas hojas también.
«No comprendo cómo ha podido hacer ese horrible trabajo en tan poco tiempo»,
escribe el 4 de octubre; el 5 de octubre confiesa a Köselitz respecto a su elaboración:
«El manuscrito que recibió Usted desde St. Moritz se ha pagado tan caro y tan
dificultosamente que quizá nadie lo hubiera escrito a ese precio. Me horrorizo a menudo
ahora al leerlo a causa de los malos recuerdos, sobre todo en los apartados más largos.
Excepto algunas pocas líneas, todo fue imaginado de camino y esbozado a lapicero en 6
pequeños cuadernos: el refundirlo casi siempre me sentó mal. He tenido que dejar unas 20
largas series de pensamientos, por desgracia muy esenciales, dado que nunca encontré
tiempo suficiente para sacarlas de los horribles garabatos de lapicero, tal como ya me
sucedió el verano pasado. Después pierdo de la memoria la concatenación de los
pensatnientos: y es que tengo que hurtar a un cerebro doliente... los minutos y los
cuartos de hora de la 'energía del cerebro'. A veces me parece que no volveré a poder
hacerlo. Leo su copia y me resulta tan difícil comprenderme a mí mismo -tan cansada
está mi cabeza.»
La impresión hubo de llevarse a cabo sin problemas, puesto que el 18 de diciembre de
1879 Nietzsche recibió los primeros ejemplares, y dos días más tarde, también los
amigos.
REGALO DE NIETZSCHE A KÖSELITZ
Nietzsche sentía la necesidad de mostrarse agradecido con Köselitz
por su trabajo, grande y esforzado, en el
Nietzsche accede inmediatamente al deseo de Köselitz y le contesta el 5 de noviembre:
«!Me resulta muy agradable oír que no conoce el 'Verano tardío'; le prometo algo puro y
bueno. Yo mismo lo conozco desde hace poco; Rée me dijo una vez que en él se hallaba la
historia de amor más hermosa que jamás había leído; me acordé de el!.» El mismo
5 cle noviembre Nietzsche da la siguiente instrucción en una carta a la Sra.
Ida Overbeck para que que se le envie el libro encuadernado en tela verde y con
esquinas redondeadas. Köselitz da las gracias el 2 de diciembre: «Desde el domingo
estoy... embebido en el maravilloso libro... Me encuentro ahora confuso y avergonzado por
haber manifestado aquel deseo, ignorante de la extensión y del gran valor del libro, y no
sé cómo podría reparar mi desconsideración. Sin embargo... por el momento no se me
ocurre otra cosa que manifestarle... mí más cordial agradecimiento por este noble y
elevado regalo, que, por citar ya un párrafo suyo... 'viene como aceite suave al corazón
abierto'.»
El CAMINANTE Y SU SOMBRA EN BAYREUTH
A fines de diciembre Wagner toma en sus manos (quizá introducido por Hans Y. Wolzogen) «El
caminante y su sombra», de Nietzsche. El 27 y 28 de diciembre lee a Cosima «algo
del nuevo libro del pobre Nietzsche», «y se le ocurrió la expresión de E.
Schuré: nihilismo écoeurant (= repugnante nihilismo). ,¡No tener otra cosa que mofa
para una figura tan elevada y simpática como la de Cristo!', exclamó Richard
enfadado. Sigue hoy con ello y lee algo más (por ejemplo sobre 'Fausto') que resulta
horrible.» Puesto que en el «Caminante» sólo se encuentran en dos aforismos (42, 168)
consideraciones sobre «Fausto», o bien Wagner recurrió también a otros textos
anteriores, o lo horrible» se refiere a otra cosa.
MAR Y MONTAÑA ESPACIOS VITALES PARA NIETZSCHE
En las notas de aquellos años se encuentra esta frase: «¡Ya no quiero conocimiento
alguno sin peligo: que siempre esté en torno al investigador el pérfido mar o la
despiadada montaña!» Nietzsche, por tanto, no es un proscrito, rodando de una parte
a otra sin plan y sin meta, un «fugitivus errans», hasta el punto en el que se
gusta ver en su propia, heroización. Aunque con ello consigue una gran libertad de
movimento, la pone en práctica dentro sólo de un espacio nítidamente delimitado y
fácilmente supervisable y a un ritmo que depende, casi tozudamente, de las estaciones del
año.
AYUDA ECONÓMICA BAJO CUERDA DE PAUL RÉE
Kóselitz por aquellos años estaba ligado amorosamente con una
austríaca, Cácilie Guselbauer, que estaba empleada en el «Sandwier», en Venecia. El la
escribe el 27 de enero de 188012: «Ayer por la mañana llegó el cartero y me trajo
una nota con el anuncio de que en correos había un pagaré de 250 francos... A mediodía,
pues, voy a correos y he de leer que... el Dr. Rée me envía esa suma, con la
observación de que Nietzsche quiera... quizá ir a Riva, pero que saberlo solo allí le
resulta horrible; que por eso se permite enviarme... una pequeña suma para el viaje hasta
allí, etc. Se trata de un asunto delicado, y a pesar de que el Dr. Rée pretende hacerlo
olvidar con palabras hermosas, va a resultar dificil comportarse con cierta dignidad
frente a lo chocante del asunto.» Finalmente parece que aceptó el dinero,del que
pudo hacer buen uso en Riva.
NIETZSCHE COMPARTE SUS PENSAMIENTOS CON KÖSELIT
Los ataques de Nietzsche en el primer
libro de «Aurora» al cristianismo paulino no desmerecen en nada en
vehemencia del posterior «Anticristo». Con ello desapareció también la
base para la creencia en una ordenación ética del mundo, en especial porque la
crítica de Nietzsche también excluye totalmente un posible anclaje platónico
de los juicios morales sobre datos trascendentes, como la «idea del bien» por
ejemplo. Citemos sólo el aforismo 210 de «Aurora», entre las muchas
fomulaciones que persiguen la misma meta: «Uno ha reflexionado y constatado, por fin,
que no hay nada bueno, nada hermoso, nada elevado, ni nada malo en sí mismo, sino estados
anímicos en los que caracterizamos las cosas fuera y dentro de nosotros con tales
palabras. Hemos vuelto a derogar los predicados de las cosas, o al menos a acordarnos de
que se los hemos atribuido: «cuidemos de no perder, al reconocerlo, la capacidad de
atribuir, y de no volvernos más ricos y más avaros al mísno tiempo.» En
Nietzsche, así, todos los juicios morales y estéticos se revelan
alguna vez como prejuicios humanos surgidos más o menos razonablemente, cuya «santidad»
sólo consiste en que ya no se conoce su origen.
Todo estos pensamientos no podían por menos de impresionar a un hombre vivaz como
Köselitz. Compartía estos juicios sin haber experimentado sus razones o al menos aquello
que los había dado forma.Y soportaba todo esto él solo, puesto que, aparte de su trato
personal con él, Nietzsche mantenía sólo una correspondencia muy limitada, que
únicamente manifestaba un poco de aquello que realmente, es decir filosóficamente, le
preocupaba. Solamente un año después, tras la aparición del libro, Nietzsche se dio
cuenta de que exigía demasiado a su admirador. Así, el 21 de julio de 1881, escribió
desde Sils-Maria a Köselitz: «Me di cuenta, querido amigo, de que la disputa que se
da en mi libro con el cristianismo le tiene que resultar extraña e incluso penosa»,
y continúa, sosegante: «pero se trata, sin embargo, del mejor ejemplo de vida ideal
que yo he conocido realmente: desde la niñez vengo siguiendo sus huellas por muchos
recovecos, y creo que nunca en mi corazón he sido vil con respecto a él. ¡No en vano
soy el vástago de generaciones enteras de clérigos cristianos!»
CARTA DE NIETZSCHE A RÉE ANTE LA PERDIDA DE SU HERMANA
Nietzsche había escrito el 28 de mayo a Rée:«... que precisamente a Usted se le
abran tales heridas». A Usted, a quien yo ... deseo un sol pacífico y regularmente
cálido, desde la mañana hasta la tarde de la vida, para que toda su abundancia de frutas
nobles madure y llegue a su sazón sin violencias ni acritudes.» En este ejemplo
puede verse claramente cómo parece haber entendido Nietzsche, y llevado a cabo
él mismo, su ataque contra la compasión: sí un fino sentimiento comparado,
pero no un lamento, y manifestado sin insistencia. Desea al antiguo protección
contra un destino parecido al suyo, para que, a causa de experiencias difíciles, no
se le estropeen también a él, se le vuelvan desagradables y agrios, los
más nobles frutos del pensamiento. ¡Se trata de una confesión inquietante!
¿Se le habrían vuelto a él agrios los frutos de su pensamiento?
SIROCO Y CALOR DE VENECIA
El 28 de abril informa a Overbeck: «Siroco siempre», y
éste será el motivo por el que Nietzsche abandone fmalmente Venecia. El 3 de mayo
informa sobre su modo de vida: «Quizá te alegre oír que vivo fundamentalmente de
arroz y de carne de ternera. Desde mi partida el estómago no me ha causado la mínima
molestia.» El 15 de junio escribe a Overbeck: «Se impone la partida, hace mucho
calor.»
LECTURAS DE ESTA ÉPOCA
Además de las lectura comunes del Verano tardío de
Adalbert Stifter, aparecen en la lista de libros, que consulta en esta época, los
siguientes: Herber Spencer (1820-1930), Los hechos de la ética; Julius Baumeann
(1837-1916), Manual de moral juntamente con un compendio de filosofía del derecho;
Hans Lassen Martensen (catedrático de teología en Kopenhage, y fuertemente atacado por
Kierkegaard) Compendio del sistema de la filosofía moral. Después, dos tomos
del novelista francés Stendhal (Maric-Henry Beyle, 1783-1842), pero también manuales
de viaje como el de Grell-Fel sobre el sur de Francia, un librito sobre las islas
griegas, todo lo cual pudo hacérselo enviar de su biblioteca de Naumburg. Con
Overbeck se cartea sobre «Un prince de Bohéme» (1 840), de Honoré de Balzac
(1 799-1850) y sobre «Histoire de ma vie» (1854), de George Sand (1804-1876), y
pregunta por el catálogo de la librería socialista de Zürich. Le pide «
VIAJE DECEPCIONANTE AL MARIENBAD
Desde Marienbad escribe el 5 de julio a Köselitz: «Así pues...
he amarrado por fin en una especie de puerto salvador, tras la odisea más desagradable
que he vivido hasta ahora. Nada de lo que vi en Carniola, en Carintia, en el Tirol,
resultaba apropiado para mí; más bien era todo imposible... El viaje ha perjudicado
mucho mi salud; algunas veces estuve hasta el borde de la desesperación». Y A SU
CASA: « ... he hecho un viaje muy malo para buscar la montaña y el bosque.- todo me
decepcionó..., resultó imposible para mis ojos. Así, me he retirado a Marienbad, en
Böhmer; mi pensión se llama Eremitage. Hasta ahora, sin embargo, lluvia, lluvia y
suciedad. Horriblemente caro... ningún bocado me gusta, y así sucedió durante todo el
viaje. Incluso los bosques no son suficientemente profundos para mí... Ni aguantaré
aquí más de 4 semanas; después iré al Thüringer Wald, donde el bosque adquiere la
mayor profundidad.»
RECUERDO DE LA EXPERIENCIA DE MARIENBAD
Sorprendenternente, en el aforismo 388 de «Aurora»,
aparece una observación posterior sobre las experiencias e impresiones del decepcionante
viaje a Marienbad: «la canallería con buena conciencia. Ser explotado en el
pequeño comercio -esto resulta tan desagradable en ciertos lugares, como, por
ejemplo, en el Tirol; porque, además de la mala compra, uno se ve enfrentado a la cara
malvada y a la burda avaricia, a la mala conciencia y a la hostilidad grosera, que el
vendedor trapacero nos ofrece. En Venecia, por el contrario, el estafador se regocija de
corazón por la bribonada conseguida y no resulta hostil al estafado, sino dispuesto a
mostrarle su deferencia y a reír con él si tiene ganas de ello. En una palabra, hay que
tener espíritu y buena conciencia para la canallería: esto reconcilia casi al engañado
con el engaño.» Se trata de un juicio estético y se acerca mucho a una alabanza de
una opereta española hecha ocho años más tarde, cuando el 16 de diciembre de 1888
escribe entusiasmado a Köselitz:«..para ello hay que ser por instinto un bribón y
un pícaro y todo ello festivamente.»
STRESA
El 14 de octubre de 1880 informa a casa: «En Frankfurt
comenzaron los vómitos, en Heidelberg me metí en la cama. Otra vez a mitad del San
Gotardo me llegó el ataque y estuve tres días enfermo en Locarno»; y el mismo día
a Overbeck: «En Locarno me vi obligado a permanecer tres días en el estado más
miserable. No puedo prever... lo que ha de depararme Stresa, donde quiero permanecer un
mes. -El lago no está suficientemente hacia el sur para mi gusto, ya se nota el soplo del
invierno... ¡Las horas de Basilea fueron tan reconfortantes! Saludándole agradecido y
cordialmente ... »
AFORISMO 423 DE AURORA
Nietzsche describirá la costa rocosa de Génova por primera
vez en «Aurora», en el aforismo 423, como inicio del libro quinto: «Aquí
está el mar, aquí podernos olvidar la ciudad. ¡Es verdad que justamente ahora las
campanas rugen el Ave María ---es el ruido tétrico y necio, pero dulce, al cruzarse el
día y la noche--, aunque sólo un instante! ¡Ahora todo calla! El mar queda ahí,
pálido y brillante, no puede hablar. El cielo juega con colores rojos, amarillos, verdes,
su eterno juego mudo de la tarde, no puede hablar. Los pequeños rompientes y bandas de
rocas, que se meten en el mar como buscando el lugar más solitario, ninguno de ellos
puede hablar. Esta terrible mudez que nos salta de improviso, es bella y espantosa, hace
que el corazón se inflame: éste se horroriza ante una nueva verdad, tampoco puede
hablar... El hablar, el pensar también, me resulta odioso; ¿no oigo reír detrás de
cada palabra al error, a la ilusión, al desvarío?... ¡Oh mar! ¡Oh tarde! ¡Sois
maestros malvados! ¡Enseñáis al hombre a dejar de ser hombre! ¿ha de rendirse ante
vosotros? ¿Ha de volverse como sois vosotros ahora, pálido, brillante, mudo, terrible,
reposando sobre sí mismo? ¿Por encima de sí mismo?»
NECESIDAD DE AISLAMIENTO ANTE EL MALESTAR
El 24 de noviembre de 1880 describe a Köselitz su existencia
genovesa: «Aquí cuento con barullo, y con tranquilidad, y con veredas de montaña, y
con algo que es más hermoso que mi sueño al respecto, el campo santo»; y, más
detalladamente, el 8 de enero de 1881 a Overbeck: «Pienso tan a menudo en ti; y sobre
todo cuando, después del mediodía, me siento o me tumbo casi a diario al lado del mar,
en mi roca apartada, como un lagarto al sol, marchando en el pensamiento a la aventura del
espíritu. ¡Mi dicta y el plan de vida diario deberían sentarme bien a la larga! ¡Ahora
me doy cuenta de que me resulta imprescindible el aire del mar y un cielo muy puro! El
calor es menor ahora, a comienzos de año, que a finales, no tengo estufa, ¡pero quién
tiene aquí una estufa!» Por una carta suya del 5 de diciembre de 1880 a la hermana,
sabemos más cosas sobre su alojamiento: «¡Ando mucho!, ¡también subo! Puesto que
para llegar hasta mi buhardilla tengo que subir 164 escalones, además de que la casa
misma está situada ya a mucha altura, en una empinada calle de palacios, que a causa de
su declive y dado que termina en una gran escalera, es muy tranquila y tiene algo de
hierba entre las piedras.» Y el 8 de enero de 1881: «Cuando hay sol voy siempre
hasta una roca solitaria a la orilla del mar y me tumbo al aire libre, bajo mi sombrilla,
quieto como un lagarto; esto ha ayudado ya varias veces a mi cabeza. ¡Mar y cielo puro!
¡Cuánto me he martirizado antes! Me lavo diariamente todo el cuerpo, sobre todo la
cabeza, frotando fuertemente.» ¡No aparece nada aquí respecto a su trabajo
intelectual, sólo cosas relativas a la dieta y a los efectos curativos en relación a su
cabeza!
EL MANUSCRITO DE AURORA
Nietzsche envia el manuscrito provisional, el 25 de enero de 1881, a
Kóselitz con las siguientes palabras: «¡Dejo así que parta mi barco genovés hacia
Usted!... Se trata de nuevo:'¡Amigo, en tus manos encomiendo mi espíritu!', y más
todavía: '¡En su espíritu de Usted encomiendo yo mis manos!' Escribo demasiado mal y
veo todo torcido. Si Usted no adivina lo que yo pienso, mi manuscrito resultará
indescifrable.» El título es todavía «La reja de arado», es decir
el título de una «Consideración intempestiva», planeada hacía tiempo.
Obviamente, Nietzsche no puede liberarse del todo de los viejos planes de 13
consideraciones intempestivas. Parece que en su fuero interno consideró así
todavía las tres partes de «Humano,demasiado humano», con lo que esta nueva, «La
reja de arado», hubiera hecho el nº. 8 de las Consideraciones intempestivas.
SUGERENCIAS DE KÖSELITZ
Köselitz vuelve a trabajar inconcebiblemente rápido. El 6 de febrero devuelve
ya el escrito a limpio, añadiéndole, impresionado por las muchas cosas nuevas que se le
muestran en él, el motto: «Hay tantas auroras que todavía no han lucido»,
remitiéndose para ello al Rigveda. Ese motto dio lugar al nuevo título, no
estando decidido primero si había de ser «Una aurora» o solamente «Aurora»;
Nietzsche,con su fino olfato para la efectividad, se decidiría finalmente por
éste último. Kóselitz quería, primero, seguir con el título «La reja de arado»
y dejar «Aurora» para un próximo libro de continuación, que seguramente era
de esperar, pero se convenció de lo contrario el 19 de febrero de 1881.Nietzsche le
había enviado, mientras tanto, un extenso «epílogo», que Köselitz volvió a
pasar a limpio inmediatamente y pudo devolverlo ya el 19 de febrero. Sólo ahora emprende
Nietzsche la ordenación del todo, agrupándolo provisionalmente en cuatro apartados. Tras una nueva revisión, sin embargo, lo divide en cinco
«libros», y así vuelve el manuscrito de hojas sueltas, el 14 de marzo, a
Köselitz. Nietzsche escribe entonces: «Son V libros. Tras la portada sigue una
página con la leyenda Libro Primero. (etc.) Para la portada no me gustan los aditamentos
simbólicos. ¡Líneas simples, fuertes y animosas, y la mayor legibiedad posible en las
palabras!» En referencia al título, Nietzsche añade todavía en esa carta
del 20 de marzo: «¡Todo título tiene que ser, ante todo, citable: hemos de
cambiarlo, por tanto! No 'Una aurora', sino solamente 'Aurora'. Además así no suena tan
pretencioso.»
PROYECTO DE TRASLADO CON SU MADRE A BADEN-BADEN
El 14 de marzo él pide disculpas: «Perdón por haber hablado de
B.Baden -¡Yo no pensé en absoluto en mí al hacerlo! Sino sólo en que nuestra madrecita
tuviera un lugar idílico, agradable y dulcemente entretenido para su edad, de modo que no
se quedara sola en la necia ciudad burocrática de Naumburg. (Naumburg es repulsiva en el
invierno y en el verano -nunca he tenido un sentimiento patriótico respecto a ella, a
pesar de que me he esforzado honradamente en aceptarlo.)»
FISURA EN SUS RELACIONES FAMILIARES
La carta del 11 de junio de 1881 muestra terriblemente hasta qué
punto había decaído por aquella época, su relación íntima con la familia: « ...
dentro de unas cuantas semanas os llegará mi libro. Miradlo amablemente por fuera:...
Pero os pido de todo corazón que no lo leáis y no lo prestéis a nadie.» Elisabeth
parece que no comprendió este gesto elusor y, torpemente, quiso informarse sobre el nuevo
libro. El 19 de junio Nietzsche reacciona violentamente como ante una enojosa
importunidad: «¿Crees que se trata de un libro? ¡Me sigues considerando un
escritor! Mi hora ha llegado. Te quiero ahorrar un trabajo así, tú no puedes llevar mi
carga.... Me gustaría que pudieras decir a todo el mundo con conciencia pura: 'no conozco
los últimos puntos de vista de mi hermano'.»
RECOARO
Köselitz escribió a Nietzsche el 8 de abril de 1881: «Este
mediodía me quejaba de nuevo a un farmacéutico, ...hablándole de lo cansado que estoy
de Venecia, y le pregunté qué consejo podría darrne en relación con el frescor
estival. Me recomendó para ello Recoaro, en la vertiente sur de los Alpes tiroleses ...
Hay allí un pequeño lago, bosques, recorridos románticos, vida barata ... Dijo que el
lugar era que ni pintado para poetas y demás artistas; que allí tenía que ocurrírsele
a uno algo bueno... Parece que los meses más agradables allí son mayo, junio, julio,
agosto; en septiembre ya debe hacer frío... ¿Qué le parecería a Usted, Sr. Profesor,
si nos encontráratnos allí en mayo?» Nietzsche estrecha inmediatamente la mano
ofrecida: «¡Así, pues, Recoaro! Tengo alquilada la habitación sólo hasta final de
mes y pensaba irme de todos modos el primero de mayo: por tanto, si le parece oportuno,
viajaré ese día hasta Vicenza (desde allí quedan 4 horas de viaje, eso lo dejo para el
día siguiente). Intente enterarse todavía de detalles sobre precios de habitaciones,
etc. he aprendido que el conocimiento de los precios es ya la mitad de la economía
misma» ( 10 de abril de 1881). El viaje, excepcionalmente, se llevó a cabo conforme
estaba planeado. Ambos se encontraron el 1 de mayo en Vicenza y pernoctaron en el hotel «Tre
Garofani» «
APROBACIÓN DE NIETZSCHE A LA MÚSICA DE KÖSELITZ
El 18 de mayo Nietzsche confiesa a Overbeck: «Y ahora una alegre, muy alegre
noticia: nuestro amigo Köselitz es un músico de primera fila, su obra, de un nuevo y
original hechizo de belleza, en el que ninguno de los vivos lo iguala. Alegría ,
gracia, interioridad, una gran dosis de sentimiento, superando la festividad inofensiva en
una elevación inocente: a la vez, una perfección técnica y una finura de pretensiones
que, en este burdo siglo, me resultan indeciblemente refrescantes. Además de todo ello,
hay un parentesco entre esta música y mi filosofía: ¡la última ha encontrado su
portavoz más cadenciosol»
EL PSEUDÓNIMO DE PETER GAST
Por esta época se le ocurrió a Nietzsche el pseudónirno
«Peter Gast». Köselitz lo aceptó, se dejó imponer el nombre por su maestro y lo
llevó el resto de su vida; tan consecuentemente, que casi sólo se le conoce por ese
nombre, y así ha entrado en la historia de la filosofía y de la literatura, a pesar de
que con ello se perdió algo que Nietzsche siempre conservó en sus cartas: Nietzsche
siempre se dirigió al hombre con «Köselitz», y, sólo allí donde se refiere
exclusivamente al compositor, escribe en contadas ocasiones «Peter Gast»; por
última vez, a comienzos de enero de 1889, en una hoja de la época de la locura usa la
expresión a su «maestro Pietro». Pero ya le entraron dudas poco después del
«bautismo», cuando Köselitz estaba de vuelta en Venecia, y Nietzsche, en la soledad de
Recoaro, tuvo tiempo para meditar sobre ello. En la tarjeta postal del 17 de junio añade
como PS: «Pseudonimidad y ocultamiento imposibles para Usted: basta cambio de nombre.
Por ejemplo, Coselli»; pero Köselitz contesta el mismo día: «Quiero dejarlo
en la pseudonimidad, y además en Peter Gast - no se trata de llevarla hasta sus últimas
consecuencias, tal como yo lo veo; - por este camino real hacia Italia me vinieron
demasiados nombres a la cabeza. Pero ya no volveré a ir por caminos reales.»
LA MECÁNICA DEL CALOR DE MAYER
El médico Julius Robert Mayer, nacido el 1814 en Heilbronn
y muerto allí mismo en 1878, es uno de los exponentes más distinguidos del movimiento
materialista a mitad del siglo xix. Después de estar ya establecido el principio de
la conservación de la materia, él añadió - al mismo tiempo que el físico Helmoltz,
pero independientemente - el principio de la conservación de la energía, y
expuso «que la fuerza sólo cambia según la cualidad, pero que según la cantidad es
indestructible, y que también el calor es sólo una especie de movimiento, o que el
calor y el movimiento se convierten uno en otro, y que, asimismo, se puede expresar
numéricamente una ley de la relación invariable entre las magnitudes del calor y del
movimiento; la cifra correspondiente la llama equivalente mecánico del calor».
Nietzsche seguramente no estudió de inmediato, totalmente y en detalle, la obra de Mayer,
puesto que sólo muchos meses más tarde, el 20 de marzo del año siguiente, en una carta
a Köselitz, se refiere a ella, y no sin reparos de importancia. Lo enfrenta a Copérnico
y, sobre todo a Boscovich, «¡también a todos los físicos y químicos materialistas! e
incluso a los mejores partidarios del mismo Mayer». Nietzsche lo considera como «un gran
especialista -y no más». Y después le tacha de inconsecuente, no le resulta
suficientemente radical: «A fin de cuentas Mayer coloca una segunda fuerza en segundo
plano, el primer mobile, el buen Dios -junto al movimento mismo. ¡Y es que lo necesita
absolutamente!» Dado el entusiasmo de Köselitz por Mayer, con seguridad este libro
proporcionó materia de conversación durante la estancia de ambos en Recoaro, y materia
de reflexión para Nietzsche igualmente durante el tiempo que pasó a continuación en
soledad; con motivo de ello hubieron de despertarse en él recuerdos de la teoría
mecánica de la evolución de Darwin, que había conocido de estudiante, así como de
la «Historia del materialismo» de Friedrich Albert Lange. En todo caso, la
temática de esa obra de Mayer determina la orientación de todas las lecturas de los
meses siguientes, que difiere claramente de la del año anterior: antes «moralia»,
ahora exclusivamente publicaciones de filosofía mecánico-materialista. No resulta
equivocado considerar que todo esto influyó mucho, cuando menos, en la súbita idea de
Nietzsche, del siguiente agosto, del «eterno retorno de lo mismo», a la que
añade, además de las tesis sobre la finitud y clausura cuantitativa de la materia y
de la energía, el principio de la finitud y limitación matemática de las
posibilidades de combinación; ese dogma extraño y tan fácil de refutar, aparece,
sin consecuencia alguna, en medio justo del trabajo en la continuación de «Aurora»,
en la «Gaya ciencia», los dos libros antidogmáticos por excelencia, libros que
niegan cualquier principio trascendente y que aplican esto metódicamente al
campo de la moral y de la metafísica. En Nietzsche se entabló una batalla entre estos
antagonismos, batalla que casi pudo con sus fuerzas.
SILS-MARÍA
El mal estado de salud obligó categóricamente a
Nietzsche a abandonar Recoaro. El 19 de junio parece estar decidido el plan para el
verano: «Mi dirección: St. Moritz en Graubünden (Suiza), lista de correos. Se trata
otra vez de un último intento», escribe a casa. El 2 de julio de 1881 viaja por
Comersee-Chiava-Maloja a St. Moritz, pero cambia inmediatamente a Sils-Maria,
desde donde escribe a Köselitz el 8 de julio: «Durante el viaje un tren no cogió a
tiempo su enlace - duplicación del tiempo y de los gastos de viaje... St. Moritz me
repelía fuertemente, se me aparecía bajo la cristalización de los dolores que padecí
allí hace dos años. Lo abandoné a las tres horas; ¡por la tarde quería incluso dejar
la Engadina! Por fín, gracias a un suizo formal y amable, con el que viajé durante la
noche, ... me he aposentado en el rincón más encantador de la tierra... Considero el
descubrimiento de este lugar un regalo tan inesperado como inmerecido, igual que su
música, que aquí, en este idilio eternamente heroico, llega más hermosa hasta el
corazón que allí abajo. Me estoy recuperando ahora de un ataque de tres días
(tormenta).»
GRAN DESASOSIEGO INTERIOR
De ello dan prueba sus cartas, aunque también los encargos
masivos de libros y las referencias a sus nuevas ideas, como la del 14 de agosto, por
ejemplo, a Köselitz: «En mi horizonte han surgido ideas tales como no he conocido
nunca - no quiero manifestar nada al respecto para mantenerme a mi mismo en una
tranquilidad imperturbable. ¡Después de todo, tendré que vivir todavía unos cuantos
años! ... Las intensidades de mi sentimiento me hacen estremecer y reír - ya me ha
pasado unas cuantas veces no poder abandonar la habitación, por el ridículo motivo de
que mis ojos estaban inflamados- ¿por qué? Todas las veces, el día anterior había
llorado en exceso durante mis paseos, aunque no lágrimas sentimentales, sino de júbilo;
cantaba y decía tonterías, poseído por una nueva visión de las cosas, con la que
cuento antes que cualquier otro hombre.»
CARTA APOCADA DE BURCKHARDT
Nietzsche escribe a Köselitz (el 14 de agosto): «Hubo
realmente momentos... (por ejemplo, el año 1878) en los que unas palabras de ánimo...
hubieran sido para mí algo como el consuelo de todos los consuelos - y precisamente
entonces me abandonaron todos... Ahora ya no espero nada y sólo siento una cierta oscura
extrañeza cuando, por ejemplo, pienso en las cartas que estoy recibiendo. - Todo resulta
tan fútil, a ninguno le he hecho vivir nada, ninguno se ha hecho una idea sobre mí -
todo lo que se me dice resulta respetable y benevolente, pero lejano, lejano, lejano.
También nuestro buen Jacob Burckhardt escribió una cartita así, apocada y acobardada.»
En esa carta, Burckhardt volvía a emplear la metáfora del caminante sobre riscos,
y terminaba: «Quizá, poco a poco, vaya juntándose y creciendo en el valle una
muchedumbre que, cuando menos, se ponga a mirar al paseante de riscos»; y en ello no se
equivocaría.» Pero comienza la carta: «Verdad es que, como Usted adivinó, hay
varias cosas en él que van contra mi opinión; pero mí opinión no tiene por qué ser la
única verdadera.» ¡Él, por tanto, no formará parte de esa muchedumbre!
Esto tuvo que resultar decepcionante para Nietzsche, puesto que había introducido algunos
aforismos políticos que estaban totalmente en la línea de la mentalidad de Burckhardt.
PLANES DE VIAJAR A LA ALTIPLANICIE MEXICANA
El 18 de agosto, había escrito a su hermana: «No soporto
telegrafiar la negativa al Dr. Rée: a pesar de que considero enemigo mío a cualquiera
que interrumpa mi verano de trabajo en la Engadina... Una persona en medio de la trama,
extendida hacia todas las direcciones, de mis pensamientos --eso es una cosa horrible; y
si no puedo asegurar en adelante mi soledad, dejaré Europa por muchos años ¡lo juro!» Tras
esta amenaza había, efectivamente, planes: ir a la altiplanicie mejicana.
MUERTE DE SU TIO MATERNO
Por esta época había muerto su tío materno,Theobald Oehler,
Pastor de Altendammbach. A comienzos de julio Nietzsche escribió a su madre lo que él
creía una carta de consuelo: «Era un hombre tan dulce y bueno, nuestro Theobald,
duro consigo mismo y, sin embargo, no un fanático; siempre lo tuve por el mejor de los
Oehler. Quién sabe si la culpa de su enfermedad nerviosa no la tienen todavía más las
curanderías de su suegra, que su teología. Prefirió la muerte al manicomio y
probablemente hizo bien con ello.» Hubo de recibir la oportuna reprimenda, porque el
13 de julio se apresura a ponerse de lado de la tesis oficial de la famlia: «Sí,
así suena más probable: el pobre Theobald, en estado de excitación de ánimo, quiso
tomar un baño (para tranquilizarse) y al hacerlo le sobrevino el ataque. Esto sucede a
menudo, a menudo.» Por tanto, ya se recurre aquí al diagnóstico de ataque
cerebral, como también hará más tarde la hermana en relación con el
desmoronamiento de Nietzsche.
RECONOCIMIENTO CLARO DE SU DESTINO
La muerte de su tio puso delante de Nietzsche con gran claridad
su destino, puesto que en la misma «carta de condolencia», hay una
frase aterradora: «Mi dolencia cerebral es muy dificil de explicar; con relación al
material científico referente al caso, sé yo más que ningún médico.»
FASCINACIÓN POR SPINOZA
Por esta épcoa pide a Overbeek que le saque de la biblioteca de
Basilea, entre otros libros, «el tomo de Kuno Fischer sobre Spinoza». Ya
Nietzsche había sacado tiempo atrás de la biblioteca la «Historia de la nueva
filosofía», del profesor heidelbergense de filosofía Kuno Fischer (1824-1907),
así como sus conferencias de 1860, «Vida y obra de Kant» e «I. Kant,
desarrollo, historía y sistema de la filosofía crítica»; su conocimiento de Kant
lo obtuvo, sobre todo, a través de Fischer. Probablemente entonces conociera también la
exposición de Fischer de la filosofía del solitario Baruch Spinoza, rechazado
por su comunidad judía a causa de sus ideas herético- ilustradoras. Ahora vuelve a tomar
ese libro, la segunda parte del primer tomo, que contiene la «Escuela de Descartes» y,
precisamente, «Spinoza». Overbeck procuró todo ello a vuelta de correo; Nietzsche
comenzó inmediatarnente a leerlo y el 30 de julio hace a Overbeck, en una tarjeta postal,
esta importante confesión: «¡Estoy totalmente admirado, totalmente fascinado!
¡Tengo un predecesor, y vaya uno! Casi no conocía a Spinoza: lo que ahora me llevó a
él fue una 'acción instintiva'. No sólo su orientación general es semejante a la mía
-hacer del conocimiento el afecto más poderoso-, sino que, además, yo mísmo me
reconozco en cinco puntos fundamentales de su doctrina; este pensador, el más anómalo y
solitario, me resulta más cercano en lo siguiente: niega la libertad-; los fines--; el
orden ético del mundo-; la falta de egoísmo-; el mal-; aunque es verdad que las
disparidades son grandes, se debe más bien a diferencias de tiempo, de cultura, de
ciencia. In summa: mi soledad, que a menudo, como sucede sobre las cimas muy altas,
me producía sofocos y hacía que la sangre afluyera por todas partes, resulta ahora, al
menos, compartida con otro.»
CONFESIÓN A KÖSELITZ SOBRE SUS IDEAS SOBRE ZARATHUSTRA
La idea del «eterno retorno de lo mismo» penetra, en estos
momentos, como una pesadilla en el alma de Nietzsche. Dos años más tarde, el 3 de
septiembre de 1883, confiesa a Köselitz: «Esta Engadina es el lugar de nacimiento de
mi 'Zaratustra'. Acabo de encontrar el primer bosquejo de los pensamientos con los que se
juega en él; abajo está escrito 'Comienzos de agosto de 1881 en Sils- Maria, 6.000 pies
sobre el mar y más alto sobre todas las cosas humanas'.»
SOBRE EL ZARATHUSTRA EN ECCE HOMO
Nietzsche confirma también en el «Ecce homo» esta
historia sobre el origen del Zarathustra: «La concepción fundamental de la obra, la
idea del eterno retorno, la mejor fórmula de la afirmación que se pueda jamás
encontrar, proviene del mes de agosto del año 1881... Aquel día caminaba yo por los
bosques, al lado del lago de Silvaplana; me paré ante una poderosa roca piramidal no
lejos de Surlej. Entonces me vino esa idea..... El invierno siguiente viví en esa
graciosa y tranquila bahía de Rapallo, cerca de Génova, ... por la mañana subía en
dirección sur por la magnífica carretera que lleva a Zoagli, al lado de pinos y con
amplia vista del mar; por la tarde, cuando la salud lo permitía, rodeaba la bahía entera
de Santa Margherita hasta Portofino... En estos dos itinerarios se me ocurrió el
Zaratustra entero, sobre todo el mismo Zaratustra como tipo: más exactamente, él me
asaltó.»
Así pues, si hoy se enseña en la Engadina una «roca de Zaratustra»
o incluso dos, se debe a un malentendido. El «eterno retorno de lo mismo»
pertenece a la Engadina, la figura de Zaratustra como pregonero de esa idea, a la
Riviera, con más exactitud: a la bahía de Rapallo.
AMPLIACIÓN DE SUS LECTURAS
En esta época a Nietzsche le resultaba imprescindible ampliar sus
lecturas. Todavía en septiembre hace que Overbeck le envíe algunos libros a Sils, que
dejan traslucir de nuevo una fuerte y acuciante exigencia de conocimiento fundado
científicamente y de conexión con las corrientes intelectuales más poderosas de su
tiempo. Ya estaba familiarizado hacía tiempo con los neokantianos Zeller y Fischer. Ahora
se dirige hacia el silesio Otto Liebmann (1840-1912; desde 1872 profesor en
Estrasburgo, desde 1882 en Jena) y encarga su «Kant y los epígonos» (1865), en
el que acaba cada capítulo con el estribillo: «... así pues, hay que volver a
Kant», y «Análisis y realidad» (1876). Lo que debió resultarle más
interesante en todo ello fue el esfuerzo de Liebmann por eliminar la «cosa en sí»
de la imagen crítica del universo. «El punto esencial de la concepción crítica del
universo consiste en la idea de que el hombre sólo conoce en el médium de la conciencia
humana... El hecho original no es el mundo, sino nuestra conciencia.» Estas son
ideas que Nietzsche expuso ya en «Aurora», pero que ahora, en la «Gaya
ciencia» puede desarrollar con mayor seguridad. Desea tener, asimismo, un escrito
del darwinista Otto Caspari, «La hipótesis de Thomson» (1876); además, de
Adolf Fick (que forma, junto con Helmholtz, Fr. Alb. Lange y otros, la llamada
orientación fisiológica del neocriticismo), su «Ensayo sobre la causa y el efecto»,
una obra notable para su tiempo, de la que en 1882 apareció la 2ª edición.
Con «La fuerza. Una cosmovisión realmonística» (1878) de J. G. Vogts,
Nietzsche se introdujo en el círculo y en las ideas del monismo proveniente de E.
A. Háckel. «Necesitaría pronto uno de mis libros de los cajones de Zürich.-
Spir, Pensamiento y realidad- ... son dos tomos», sigue diciendo en la
carta a Overbeck. Nietzsche había estudiado por primera vez a African Spir
(1837- 1890) ya en 1873. Una idea y una actitud personal de Spir ejercieron sobre él un
influjo nada despreciable: «¡La ley moral proviene de nosotros, no de Dios, es
nuestra mejor naturaleza propia! Spir, a pesar de que ha permanecido casi desconocido,
consideró sus doctrinas como absolutamente demostradas y como el acontecimiento
fundamental del siglo xix, con el que comenzaría la segunda época de la Humanidad, la de
la madurez intelectual .»
EMPEORAMIENTO EN SU ESTADO DE SALUD
El estado de salud hubo de volver a ser horrible. Se lo confiesa a Overbeck
el 18 de septiembre, concluyendo así en un párrafo de la carta escrito en latín.- «Sum
in puncto desperationis.» Le cuenta cómo ha llamado a la muerte como médico y
cómo el día anterior había esperado que fuera el último -pero en vano. El 22 de
septiembre escribe a Kóselitz: «¡Fueron tiempos peligrosos, la muerte me miró por
encima del hombro, durante todo el verano he sufrido horriblemente: ¡adónde puedo ir!...
Piense que, in summa, he pasado aquí arriba 10 días soportables, y que los días malos
crearon situaciones tan atroces como las que viví en Basilea.»
EL BENEFICIOSO MAR DE GENOVA
El estado de salud retrasó su partida. Abandona la Engadina
extraordinariamente tarde, el 1 de octubre, para volver a Génova. El 10 de octubre
escribe a Naumburg, como si hubiera regresado a la patria: « ... tan difícil me
resulta admitir que ya sólo puedo vivir al lado del mar. El martyrium del 1 de mayo al 1
de octubre fue atroz; trajo para mí viejos - y los peores- peligros en su seno. También
aquí sufro mucho, como sabéis, pero es posible humanamente soportarlo, mientras que en
la Engadina, en Marienbad, en Naumburg y Basilea la vida se me convirtió en tortura
animal.»
NAUSIKAA Y CARMEN
Nietzsche comenzó a tomar parte muy activa en los planes y trabajos
de su amigo Köselitz. Por su causa fue a la ópera «y oí Semíramis de Rossini y
Romeo y Giuletta de Bellini (ésta cuatro veces)», como escribe el 6 de noviembre.
Con esta ocasión hace un descubrimiento que lo conmueve profundamente. «Oí dos
veces a una cantante muy joven en el papel de Sonnarnbula: Emma Nevada. Dos veces me
colocó en una dulce embriaguez (lo que no había conseguido voz alguna todavía). Ahora
siempre me ronda 'Nausikaa', un idilio con danzas y todo el esplendor sureño de
aquellos que viven al lado del mar; música y poema del amigo Köselitz; Nausikaa cantada
por Emma Nevada. Mis genoveses estaban fuera de sí, la trataron como a un ángel del
cielo». (A Köselitz, el 18 de noviembre de 1881.) El 27 de noviembre ya ha acabado
este intermezzo: «El lindo pájaro cantor ha volado.»
Pero el descubrimiento más importante, de estas visitas al teatro, resultó el encuentro
con la ópera Carmen de Bizet, el 27
de noviembre de 1881 en el teatro Politeana Al día siguiente del primer encuentro escribe
entusiasmado a Köselitz: «¡Hurra! ¡Amigo! He vuelto a conocer algo bueno, una
ópera de Francois Bizet (quién es ese): "Carmen". Sonaba como un cuento de
Méerimée, inteligente, fuerte, emotiva de vez en cuando, Un auténtico talento francés
de la ópera cómica, no desorientado en absoluto por Wagner, por el contrario, un
verdadero discípulo de Hector Berlioz. ¡Algo así he creído que sería posible! Parece
que los franceses están en el mejor camino en la música dramática; y tienen una gran
ventaja sobre los alemanes en un punto fundamental: la pasión no es tan rebuscada en
ellos (como, por ejemplo, son todas las pasiones en Wagner).» Y una semana más
tarde, el 5 de diciembre del 81: «El que Bizet haya muerto me resultó como una
profunda puñalada. Oí Carmen por segunda vez - y de nuevo me recordó una novela de
primera fila, como por ejemplo de Méerimée. ¡Un alma tan apasionada y tan gentil! Para
mí esta obra merece un viaje a España --una nación muy meridional-. No se ría, viejo
amigo, no me equivoco ni tan fácil ni tan completamente con mi "gusto".» Tres
días más tarde, el 8 de diciembre, vuelve a escribir a Köselitz: «...Estoy casi
por pensar que Carmen es la mejor ópera que hay; y mientras que nosotros vivamos formará
parte de todos los repertorios de Europa.» Más de seis años después, en mayo de
1888, en el «Caso Wagner», Nietzsche vuelve a escribir sobre Carmen con
entusiastas palabras: «Oí ayer - no sé si lo creerá - por vigésima vez la obra
maestra de Bizet ... » Pero a finales del año 1888 escribe a Carl Fuchs: «No
debe tomar en serio lo que digo sobre Bizet; tal como yo soy, este Bizet no merece 1000
veces mi atención. Pero como antítesis irónica de Wagner es muy efectivo;
hubiera sido una falta de gusto incomparable el que hubiera partido, por ejemplo, de una
alabanza de Beethoven.»
KIERKEGAARD Y EL DON GIOVANNI
En relación con el entusiasmo que Nietzsche pareció sentir
por la «Carmen» de Bizet, se impone un paralelo digno de
consideración. Ese mismo puesto ocupa «Don Giovanni» de Mozart en «O lo
uno o lo otro», de Kierkegaard. También para él esa ópera se convirtió
en un paradigma - malo, en este caso, porque está mal elegido - para mostrar un
modo de vida, a saber, el puramente estético, orientado sólo al goce de los
sentidos, que él rechaza y que no saluda tan exaltadarnente como Nietzsche a la ópera «Carmen».
Nietzsche encuentra aquí lo que Kierkegaard llama «lo erótico inmediato.»
Pero Kierkegaard llega hasta la afirmación de que la
representación de ese «erótico inmediato» es la tarea genuina y única
de la música, mientras que - el músico Nietzsche sabe, por el contrario, que
con ello no se agotan sus posibilidades, aunque goce de ella especialmente en
esta función. Se dice que Kierkegaard no faltó a ninguna de las
representaciones de Don Giovanni en Kopenhage. Nietzsche, con seguridad, no
faltó a muchas de las representaciones de Carmen accesibles para él.
ADMIRADORES
En esta época de su vida Nietzsche puede percibir como
surgen nuevos admiradores, aunque, debido a lo importunos que podían resultar no
siempre fueron una alegría para él. Ya el 30 de marzo de 1381 se había quejado a
Köselitz: «¡El señor Otto Busse preocupa enormemente a sus parientes y amigos
(-¡lleno de delirios respecto a sí mismo y a mí!) y éstos se dirigen ahora a mí!
--pensando que yo le haya metido algo en la cabeza... Se considera el reformador de los
alemanes y a mí la "autoridad de las autoridades" ---en una palabra: ¡Mahoma y
Alá!». Busse era un viejo admirador de Nietzsche de la zona de Brandenburgo, que
había malentendido sus primeros trabajos viéndolos sólo como programa de una reforma
cultural nacional-alemana. Enviaba poemas voluminosos a Nietzsche, y consiguió
impresionarlo hasta cierto punto con ello, puesto que las palabras del 27 de noviembre de
Nietzsche a Köselitz no dejan de mostrar una llamativa escisión: «Había en su
carta unos cuantos sentimientos tan delicados que me conmovieron -¡conmovido y lleno de
burla por mi destino! Nadie... me ha honrado hasta ahora como ese pobre señor Busse.
Envíeme sus misivas, pienso incluso contestarle-: es todo mi "público".»
Pronto habría de ampliarse el público. «El nuevo año trajo un "escrito de
adhesión" de América, en nombre de tres personas (entre ellas un profesor del
Instituto Peabody, en Baltimore)» (a Kösselitz, el 17 de enero de 1882). Se trata,
sobre todo, de Mrs. Fynn, que en los próximos años vendrá a Europa y será la
primera de aquella guirnalda de damas cultas que rodean a Nietzsche en Sils y entablan
conversación con él, Un interés más general y creciente por Nietzsche descubre el
«Berliner Tagblatt» en marzo de 1882, en un reportaje sobre la existencia genovesa
de Nietzsche; «ni la máquina de escribir fue olvidada», observa
Nietzsche, de buen humor, a Overbeck.
JUNTO CON PAUL RÉE EN EL TEATRO
Ambos amigos fueron juntos al teatro. Así, el 5 de febrero, en que
vieron a la famosa Sarah Bernhardt como dama de las camelias en la obra
de Alejandro Dumas. Pero «con Sarah Bemhardt tuvimos mala suerte... después
del primer acto cayó como muerta. Tras una penosa hora de espera siguió interpretando,
pero a mitad de ese acto le sobrevino un vómito de sangre... con lo que la función se
acabó. Fue una impresión insoportable, sobre todo porque interpretaba a una enferma del
mismo tipo... A pesar de ello... volvió a interpretar la noche siguiente y las siguientes
y ha convencido a Génova de que es 'la primera artista viva'. Externamente, y en
sus ademanes, me recordó mucho a la señora Wagner», confiesa en la misma carta.
PLANES DESMESURADOS JUNTO A RÉE
El 4 de marzo escribe a Kóselitz: «Me gustaría dirigir una
colonia en las altiplanicies de México: o ir con Rée al oasis de palmeras de Biskra»,
respecto a los cuales Rée ya había escrito el 11 de febrero a la hermana de Nietzsche: «Para
el año próximo ya he acordado con su Sr. hermano un viaje a Biskra, Argelia; caravanas,
oasis, camellos», pero entonces ya estaban ambos amigos separados para siempre a
causa de amargos -acontecimientos. Rée había traído tatnbién la máquina de
escribir comprada por Nietzsche a Hansun, en Kopenhage, que, por desgracia,
ya había sufrido desperfectos durante el mismo viaje. Verdad es que un mecánico la
reparó en el plazo de una semana, pero pronto dejó totalmente de prestar sus servicios.
Sólo hay unas pocas cartas escritas a máquina, y no siempre aguantó ésta
hasta el final.
FILOCTECTO
El 27 de octubre ya puede escribir: «Desde ayer tengo la
nueva vivienda, que promete proporcionarme una hermosa tranquilidad. Menos mal que el
amigo Rée no me ha visto aquí en las últimas semanas - había caído hasta el último
escalón de mis pretensiones. Ahora ya me puedo "dejar ver' - me ha costado mucha
reflexión encontrar esta casa. Dirección: Génova, salitta della Battistine 8
(interno 6), pero sólo para Rée y no para cartas. Con cariño, vuestro Filocteto.»
¡Aquí encontramos por primera vez este pseudónimo!
ELECTRICIDAD ATMOSFERICA CAUSA DE SUS MALES?
Igualmente cambiante era su salud, sobre todo en los primeros meses;
su estado fue empeorando hasta un momento de crisis en torno a las Navidades. Sus lamentos
no acaban nunca, y busca desesperado la causa: sobre una falsa pista, puesto que la busca
sólo fuera, y cree ahora haber encontrado en la electricidad atmosférica una de
las fuentes fundamentales. Esta idea ya le había impulsado a preguntar a Overbeck, en
septiembre de 1881, con ocasión de su gran encargo de libros: «¿Existe una edición
completa de los discursos de Dubois-Reymond?» Emil du Bois- Reymond (1818-1896)
había publicado ya en 1848 una «Investigación sobre la electricidad animal».
Además de ello, el 28 de octubre pide también el escrito «Meteorología», del
médico Pierre Foissac, y justifica así su deseo: «Es a causa del terrible influjo
de la electricidad atmosférica sobre mí - ello me hará andar vagando todavía por la
tierra, tiene que haber mejores condiciones de vida para mi naturaleza. Por ejemplo en las
altiplanicies mejicanas, al lado del tranquilo océano.» El libro llegó pronto,
pero Nietzsche volvió a quedar defraudado, y el 14 de noviembre escribe a Overbeck al
respecto: «... esa meteorología médica... es por desgracia una ciencia en la niñez
todavía y para mi caso personal sólo una docena más de interrogantes...»
DOLORES DE MUELAS Y DE VEJIGA
A finales de enero de 1882 informa a la madre: «Además de todo
eso, desde octubre he estado sometido a grandes dolores de muelas - tengo aproximadamente
seis muelas huecas.... » Nietzsche prosigue en su carta:«últimamente he
conocido una nueva dolencia, que tiene su propia incomodidad: ahora me atormenta un
padecimiento de vejiga y no quiere abandonarme.»
ALEJAMIENTO CADA VEZ MAYOR DE WAGNER
A Wagner le repelía todo el nuevo derrotero emprendido por
Nietzsche, que él iba anotando desde lejos, haciendo ocasionalmente observaciones al
respecto. Así, en el «Caminante», lo indignaba la postura de Nietzsche. Wagner
considera como una aberración algo que advierte en Nietzsche: su influjo de los
autores franceses, y piensa al respecto (6 de abril de 1880): «Sólo para liberarse
de mí se entrega a todas las trivialidades», con lo que Wagner, en efecto, percibe
correctamente un aspecto del cambio de Nietzsche. Y se da cuenta también de otra fuente
de diferencias: cuando el 28 de agosto de 1880 visita la catedral de Siena y concibe
allí, más o menos, el modelo para su templo del Grial, Cosima y él
piensan en el «tono encopetado, fríamente despectivo de Jacob Burckhardt», y
ven en ello «huellas del influjo sobre Nietzsche». Esta aversión contra
Burckhardt tenía una razón más profunda que superaba lo personal. Wagner no
tenía una buena relación con el Renacimiento, que él consideraba como corrupción
y ruina de la cultura europea. Lamentaba el triunfo de la «latinidad»
sobre el espíritu germánico, triunfo que llega a expresarse en ese momento. «El
influjo de la latinidad» (en el Renacimiento) «es la muerte de todo», afirma
rotundamente todavía el 3 de enero de 1882, después de que había manifestado (el 2 de
diciembre de 1881): «La gente como Nietzsche, pasando por el hombre renacentista
Burckhardt, pueden decir lo que quieran: Erasmo, Petrarca, me resultan odiosos.» Ya
en Tribschen el aire rígido y profesoral de Nietzsche había llamado la
atención de Cosima, al menos como una curiosidad. Ahora, sin embargo, esto se trasforma
en Wagner en una especie de aversión; ridiculiza al profesorado alemán en general como «husmeo
de trufas» (28 de febrero de 1881). Saca (el 20 de febrero de 1881) la siguiente
conclusión con respecto al típico erudito alemán: «Que la ciencia alemana
no sabe absolutamente nada, y si dependiera de mí no daría un kreutzer por
ella. Por una parte, el ejército; por otra los Profesores.» La antipatía de
Wagner, pues, se dirige también contra el ejército de Bismarck, y a la vez
contra la idea imperial representada por él. En esto hubiera estado totalmente de acuerdo
Nietzsche. Pero en las consecuencias sus caminos divergían por completo. Mientras Nietzsche
pretendía impulsar hacia un espíritu europeo supranacional, Wagner
creía en el carácter germánico original como fuerza culturizante, que se
despierta y representa en la obra de arte, sólo que entonces quedaba sepultado por el
militarismo y estaba amenazado por la irrupción del elemento judío, del cual,
precisamente, Nietzsche esperaba los impulsos fecundos. Por ello Wagner seguía con gusto
al predicador de la corte, el berlinés Adolf Stöcker (¡respecto al que
Nietzsche habría de escribir, en sus cartas de la locura, que le gustaría que lo
fusilasen!), y seguía con interés la trayectoria del agitador antisemita y fundador de
colonias Bernhard Förster, que habría de convertirse pronto en el indeseado
cuñado de Nietzsche. Wagner le hace sitio en sus «Bayreuther Blátter»,
aunque censura ocasionalmente su «oratoria de comediante» (19 de abril
de 1881) y se niega a firmar con él un manifiesto antisemita; a fin de cuentas él
tiene permanentemente en casa a Josef Rubinstein como pianista, y está en el
más estrecho contacto con el director de orquesta de la corte, el munichés Hermann
Levi, y, otro judío, Angelo Neumann viaja con su estudio del
«Anillo» y paga a Wagner puntualmente los no escasos derechos de autor, corno
uno de los pocos compañeros de negocios digno de confianza!
Wagner está encallado en su imagen del mundo, redondeada hace ya largo tiempo.
Encuentra la fundamentación y acabamiento filosóficos en Schopenhauer, a quien se aferra
impertérrito. A pesar de esta base pesimista Wagner alberga esperanzas y trabaja por una
renovación cultural a partir de la fuerza del carácter germánico, como grecismo antiguo
resurgido. En comparación intensa con el budismo y las doctrinas indias, Wagner
se acerca --también aquí en contraposición a Nietzsche- cada vez más al
cristianismo; y, en fin, dice de San Pablo (3 de mayo de 1882): « ... que ha
sido el primer cristiano», cuando Nietzsche atacará precisamente la dogmática
paulina como aberración del cristianismo auténtico.
COMPLEJO DE CULPABILIDAD DE WAGNER
En su relación con Nietzsche Wagner también es consciente de una
posible culpabilidad como consecuencia de su brusco carácter. El 29 de diciembre de 1881
recuerda muy en general «las violencias que tanto mortificaban a Nietzsche»;
poco después (el 14 de enero de 1882) le viene claramente a la memoria un suceso
determinado: Se está hablando de «vegetarianismo» y Cosima confiesa: «Desde que le
oí encolerizarse hasta el extremo con Nietzsche por causa de este tema, no tuve ya el
ánimo para ser vegetariana; Richard cuenta: 'Hay que ver cómo llegaba, no comía con
nosotros, decía 'Yo soy vegetariano'. 'Usted es un asno', dije yo.» Parece que
Wagner no recuerda los duros juicios sobre las composiciones de Nietzsche, a pesar de que
tenía una opinión pobre de ellas. Seguramente la declaración del 12 de diciembre de
1882 se refiere a Nietzsche, aunque Cosima se calle tímidamente el nombre: «Hay
personas buenas y malas, para cada una llega la hora de la decisión sobre si se es capaz,
por amor a uno mismo, de sacrificar a los demás, o no. Como esta teoría resulta algo
dura, sobre todo en relación a uno de los amigos, Richard dice: 'Hay detemiinadas
naturalezas buenas, pero débiles, que a lo más acaban en la música mala'.» Y
finalmente, al referirse el 17 de enero de 1883 a «las amistades infieles», y
particularmente al caso de Nietzsche y Gersdorff (no al de Rohde, como indica Elisabeth
sacándolo de su supuesta conversación con. Wagner; Rohde permaneció afecto a Wagner),
«él piensa que es una auténtica vergüenza para nosotros no haber sabido encadenarlos
mejor», puesto que en lo referente a Nietzsche «su curiosa naturaleza puede
resumiese así: no tenía inteligencia alguna» (Wagner piensa probablemente que en
la época de su amistad no tenía perfilada ninguna filosofía propia) «pero podía
magnetizársele».
REGALO SENCILLO PARA KÖSELITZ
El 17 de febrero envía a Köselitz, como muestra de la nueva
escritura de máquina, siete versitos de dos líneas, el tercero de los cuales no
aparece en la edición de las cartas: «No demasiado generoso, sólo los perros
/ cagan cada hora.» Kóselitz alaba «la enjundia de los aforismos»
y pregunta: «¿De dónde le viene a Usted de repente ese tono alemán antiguo?
Podría aventurarse con toda tranquilidad a publicar unos cientos de tales versos como si
se tratara de auténticos aforismos del tiempo de Sebastian Franck.»
AMOR FATI
La conciencia de tener una tarea, un encargo incluso, a saber, anunciar
una nueva filosofía; todas estas cosas hicieron que Nietzsche adquiriera una
autoconciencia acrecentada. Las más bellas palabras para manifestar con cuánta confianza
y decisión miraba el futuro, aparecen en su carta a Malwida von Meysenbug de la
segunda mitad de marzo (y no de febrero) de 1882.- «... es verdad que ya nos hemos
dado mutuamente un último adiós... Entre tanto ha actuado en mí la fuerza vital y todo
tipo de fuerza: de modo que vivo una segunda existencia... Pero no me está permitido
acelerar nada ---el arco en que discurre mi trayectoria es grande, y en cada punto suyo he
de haber vivido y pensado con igual profundidad y energía: tengo que vivir mucho
todavía, ser joven largo tiempo todavía, aunque ya me acerque a los cuarenta.» Con
ese ánimo alegre se fue Nietzsche el 29 de marzo a Sicilia, «al extremo del
mundo», como le parecía a él; y se fue dispuesto a vivir aquella frase esencial
con la que había abierto el libro IV de la «Gaya ciencia», el «Sanctus
januarius» (Afor. 276): «Quiero aprender siempre más, a ver lo necesario en
las cosas como lo hermoso: - así seré uno de aquellos que hacen hermosas las cosas. Amor
fati: ¡sea éste mi amor desde ahora!»
IDILIOS DE MESINA
También en Génova, aunque sólo después de la
partida de Rée, el 13 de marzo, surgieron algunos de los poemas que después,
revisados y aumentados, aparecieron, a pesar de todo, en el número de junio del
«Internationaler Monatsschrift», de Schmeitzner, bajo el título de «Idilios
desde Messina». Es la única vez que Nietzsche da a la publicación poemas
independientes, sin incrustarlos dentro del plan de una obra, es decir, dentro de un
ámbito filosófico. Más tarde hará eso.- con el nuevo título de «Canciones del
príncipe Volgelfrei»- cuando aparecen como «Epílogo» a la segunda
versión de 1887 de la «Gaya ciencia», cuya ampliación a cinco libros
y el nuevo prólogo que le pone Nietzsche, le dan un nuevo tono.
LOU VON SALOMÉ
Los Salomé eran de origen francés -hugonotes. Después de la
terrible sangría a la nación, la expulsión de los hugonotes, se refugiaron en el norte,
primero en Estrasburgo y luego en las antiguas provincias rusas del Báltico. El padre, Gustav
Salomé (1804-1879), llegó a San Petersburgo en 1810 con sus padres, a la edad de
seis años. Entusiasmado por la victoria rusa sobre Napoleón se decidió a seguir la
carrera militar, que lo llevó al grado de coronel ya con veinticinco años. En 1831 el
zar Nicolás I lo elevó a la nobleza de sangre como recompensa por su valiente
comportamiento durante la rebelión polaca de 1830/31. El sucesor de Nicolás, el zar
Alejandro II, lo nombró general e inspector de la Armada, con lo que Salomé fue a ocupar
una vivienda en los recintos feudales del ministerio de la Guerra, en frente del palacio
de invierno del zar. Estos nombramientos estaban en el espíritu de la época. Los zares
se esforzaban por orientar su atrasada nación de acuerdo con modelos occidentales y para
ello colocaron a muchos extranjeros, sobre todo alemanes y franceses, en altos puestos
civiles y militares. El general von Salorné nos es descrito como «un hombre valiente,
caballeroso, un gentleman de linaje, enérgica y firmemente enraizado en la fe reformista,
pero en absoluto rígido ni pesado. Huellas del temperamento galo de sus antepasados se
mostraban, sobre todo, en sus repentinos arranques sentimentales. Era conocido por su
carácter ardiente, como lo sería más tarde su hija. Igual que ella se sentía atraído
por las personas sobresalientes.» Parece que contó a Puschkin entre sus amigos. «Era
ancho de espaldas, de figura grande, actitud severa, un aristócrata caluroso que vivió
de acuerdo con el lema: noblesse oblige.» Se casó tarde, en 1844, con Louise
Wilin (nacida en 1823), 19 años más joven que él, e hija de un «rico fabricante de
azúcar del norte de Alemania y de ascendencia danesa... La muchacha, delicada, rubia, de
ojos azules, siempre correcta en vestidos y conducta, llegó a hacerse una joven señora
enérgica.»
Del matrimonio surgieron seis hijos: tras cinco niños, el 12 de febrero de 1861, les fue
regalada una niña, que hizo las delicias del padre sobre todo. Se la bautizó con el
nombre de la madre,
La primera gran conmoción política que hubo de vivir la joven Louise von Salomé fueron
los tres atentados de 1879 contra el zar Alejandro II. Esto introdujo una
disonancia tremenda en su juventud, por lo demás, hermosa, despreocupada, y brillante
socialmente. Pero todavía la alcanzó con más fuerza, en ese mismo año, la muerte
--demasiado temprano para ella - de la persona más profundamente amada: el padre.
De improviso, con ello peligraban o se habían desvanecido los representantes externos de
un orden, de un orden universal que, desde otro punto de vista, ya se había vuelto
problemático, incluso se había socavado, en su interior-. Louise había perdido al
Dios de su creencia de niña; en su edad juvenil ya estaba a la búsqueda de
Dios. El acontecimiento definitivo para la pérdida de Dios fue bastante
curioso: unos criados le hablaron de la desaparición de dos viejos; se trataba de dos
muñecos de nieve que se habían deshecho bajo el sol primaveral y de los que
sólo quedó un sombrero abollado y botones.La niña se había acostumbrado a exponer
todas sus dudas y preocupaciones, en la intimidad, a Dios, a quien sentía y en quien
creía como si estuviera presente y en trato personal con ella. En este caso se dirigió a
él con la pregunta de si debía y podía suceder que algo que existía realmente
desapareciera sin más. Pero no obtuvo respuesta a esa pregunta, y esta duda fue
corroyendo a la niña hasta planteársela la cuestión decisiva de si Dios no contesta
--porque también él ha desaparecido, porque tampoco él existe ya, no sólo para ella,
sino para todo el universo.
Ante el pastor Dalton rehusó defitivarnente la confirmación. Esto le resultó tanto más
fácil cuanto que en su vida había entrado un director espiritual de un tipo muy
diferente: el pastor de la legación holandesa en San Petersburgo, Hendrik
Gillot.
Cuando Gillot llegó, en 1873, a Petersburgo tenía treinta y siete años, era un
hombre «de mundo», un orador espléndido, personalmente fascinante, liberal --para
disgusto de sus colegas ortodoxos-, muy cultivado filosóficamente. Su modo de hablar de
Dios fue un auténtico contrapeso al escepticismo y al acechante ateísmo en la capa
social cultivada de Rusia, sus sermones, a pesar de pronunciarse en alemán u holandés,
gozaron de consideración y se conviertieron en un acontecimiento
social. El camino hasta su pequeña iglesia no era largo, pero pasaron
cinco años, sin embargo, hasta que Louise Salomé, ahora con dieciocho años,
entrara por casualidad en su órbita; pero una vez que sucedió ello, la joven supo que
había encontrado lo que necesitaba en aquel momento y en aquella situación. «Bueno,
toda soledad tiene un final», y «Esto era lo que buscaba», eran frases
que ella se decía a sí mísma. Louise solicitó inmediatamente por escrito una
entrevista, y Gillot la recibió como a un hijo pródigo. Reconoció al instante la
enminente dotación intelectual de la muchacha y comenzó su formación de acuerdo con
ello. Durante meses fue Louise varias veces por semana a sus clases sin que su propia
familia tuviera noticia de ello. Sus numerosos cuadernos de apuntes «dan una
idea de la amplitud e intensidad de su trabajo bajo la dirección de Gillot. Uno de ellos
muestra que estudió historia de la religión y comparó el cristianismo con el
budismo, el hinduismo y el islam; se ocupó del problema de la superstición en las
sociedades primitivas, del simbolismo de sus ritos y rituales, y reflexionó sobre los
presupuestos fundamentales de la fenomenología de la religión. Otro de los cuadernos de
notas trataba de filosofía, lógica, metafísica y teoría del conocimiento. Un
tercero se ocupa del dogmatismo y de problemas como la idea mesiánica en el
antiguo testamento y el dogma de la trinidad. Un cuarto, en francés, contiene notas sobre
el teatro francés antes de Corneille, sobre la época clásica de la literatura
francesa, sobre Descartes, Port Royal y Pascal. En un quinto se encuentran disertaciones
sobre Krimhild y Gudrun y sobre María Estuardo de Schiller. Bajo la dirección de Gillot
leyó a Kant y a Kierkegaard, Rousseau, Voltaire, Leibniz, Fichte y Schopenhauer...
Louise consiguió así una formación intelectual que le serviría de mucho en su vida
posterior. Incluso se despertó ya entonces su afición a escribir, puesto que Gillot le
permitió redactar algunos de sus sermones dominicales», no para plena satisfacción de
todos los «creyentes», que notaban una desviación excesiva de la Biblia. La muerte del
padre hizo a Louise libre con respecto a la familia. Entonces confesó que recibía
enseñanza de Gillot, a la vez que declaraba su salida de la comunidad reformada del
pastor Dalton. La madre quedó mortalmente asustada. Llamó al para ella ambiguo Gillot y
le colmó de reproches, pero este hábil hombre consiguió incluso hacerle comprender que
las lecciones iniciadas estaban entonces en el momento justo en que debían ser
proseguidas correctamente. Pero entonces sucedió algo que hizo imposible para Louise el
continuar en el entomo de Gillot y en general en Rusia. No sólo Gillot era un hombre
fascinante; Louise, de dieciocho años, delgada, rubia, con sus profundos ojos azules y su
intelecto absolutamente excepcional, era también una muchacha fascinante. El maestro,
veinticinco años mayor, él mismo padre de dos hijas de aproxímadamente la misma edad
que Louise, llegó hasta el punto de tramitar la disolución de su familia y hacer una proposición
de matrimonio a su alumna. Louise la rechazó rotundamente porque no se sentía
madura para el matrimonio -para el que jamás se sentiría madura realmente-. El
matrimonio sería toda su vida un problema no superado.
Esto no lo había pensado ni esperado el pastor Gillot; en esto se había confundido ese
hombre avispado; ¡y no sería el único en sufrir tal despiste! La rotunda
negativa hubo de herir profundamente el orgullo de aquel hombre mimado por el éxito, pero
supo comportarse. No permitió la flaqueza del enfado, y siempre que más tarde Louise se
dirigió a él en alguna situación anímica penosa, él demostró ser un amigo
imperturbable. Ya entonces quiso continuar la enseñanza, a pesar de lo ocurrido, pero
Louise supo que tenía que marcharse. Su madre estaba de acuerdo en acompañarla al
extranjero. Pero surgió una dificultacl insospechada. Según la lógica burocrática, una
persona no confirmada y cuya existencia, por tanto, no podía ser justificada por la
iglesia, no existía en absoluto. Y una persona que no existía no necesitaba
pasaporte alguno. Pero sin pasaporte no se podía abandonar Rusia por mucho tiempo. Gillot
supo qué hacer en este caso. En mayo de 1880 fue con la madre y la hija Salomé a Holanda
para una corta estancia, y allí llevó a cabo la ceremonia en una iglesia de pueblo, como
invitado de un pastor amigo. «Ambos estábamos conmovidas durante esa curiosa
celebración, que se llevó a cabo de acuerdo exactamente con mis indicaciones y que tuvo
lugar un domingo como otro cualquiera en medio de los campesinos de los alrededores ....
Mi madre... por suerte no entendió ninguna palabra de la infame alocución en holandés,
ni tampoco la fórmula de la confirmación que venía al final - era casi la fórmula de
una bendición nupcial: 'No temas, yo te he elegido, te he llamado por tu nombre: tú eres
Mío, .» Gillot nunca pudo pronunciar su nombre en la versión rusa de «Ljola»,
y también le resultaba difícil en alemán. De ahí que bendijera ahora a su alumna con
el nombre de Lou. Con ello echó sobre ella una red mágica y tomó posesión
de ella como creación intelectual suya. Esto caló profundamente en la conciencia de la
muchacha, quien conservó ese nombre ---como Peter Gast conservó el nombre que
recibiera de su maestro. El mundo quedaba abierto ya para Lou; pudo abandonar su
patria rusa, aunque sólo bajo la tutela, soportada en principio pacientemente, pero no
sin tensiones, de la madre. El primer objetivo. era Zürich, a donde ambas mujeres
llegaron en septiembre de 1880. La Universidad de Zürich fue una de las primeras
en Europa que admitía mujeres corno estudiantes. Se había formado en ella una pequeña
colonia de juventud progresista y revolucionaria rusa, a la que Lou no se
adhirió, sin embargo. También aquí ella seguiría su propio camino. En Zurich enseñaba
el viejo paladín revolucionario Gottfried Kinkei, un apóstol de los derechos de
la mujer, sobre todo de la igualdad de la mujer en las oportunidades de formación.
También en Zürich hubo que vencer de nuevo un primer escollo formal. Lou no contaba con
ningún diploma de estudios que le pemitiera matricularse en la Universidad. Se le hizo un
«examen» a Lou y la aceptaron como estudiante. Lou no defraudó a sus profesores; era
ambiciosa y trabajó duramente, aunque demasiado para su constitución juvenil y delicada.
Ya el estudio extraordinario con Gillot había enterrado su salud, lo que fue un motivo
más para abandonar la fría Rusia y buscar lugares más suaves de clima. En el otoño
de 1881 tuvo que interrumpir sus estudios en Zürich. Por etapas, la madre y la hija
se dirigieron a Roma, adonde llegaron a comienzos de febrero de 1882.
Lou llevaba una recomendación de Kinkel para su vieja amiga de los días de la
emigración en Londres, Malwida von Meysenbug, recomendación que surtió efecto:
el 1 1 de febrero Malwida recibió a «la joven rusa», como siempre fue
llamada la rubia del Báltico, en su círculo más íntimo. Estaba encantada y
admirada por la extraordinaria inteligencia de la muchacha, y creyó encontrar en ella un
alma pareja y una continuadora de su propia obra vital. Una nueva confusión que habría
de repetirse. Sucederá tambien con Nietzsche. En el otoño de 1881, en Zürich
todavía, Lou compuso poesías, entre ellas la «Oración de la vida»,
por la que Nietzsche más tarde se sentiría tan impresionado que la unió a la
parte de himno de su gran fantasía «Himno a la amistad», encargando todavía
en 1887 a «Peter Gast» que le diera forma para piano y orquesta para
publicarla, siendo la única de sus composiciones musicales con la que lo hizo. Nunca se
pudo liberar de esta obra. Las palabras que lo tenían encadenado eran éstas:
«Ciertamente, así ama un amigo al amigo,
como yo te amo, vida enigmática -
haya gritado de júbilo, o haya llorado en ti, me hayas proporcionado alegría, o dolor.»
MEMORIAS DE LOU
En sus «Memorias», escritas mucho más tarde, Lou ha
conservado en el recuerdo el acontecimiento de la siguiente forma: «Una tarde de
marzo del año 1882 en Roma, mientras estábamos reunidos unos cuantos amigos en casa de
Malwida von Meysenbug, sucedió que, tras un sonar estridente de la campana de la puerta
de casa de Malwida, su fiel factótum Trina entró precipitadamente musitando al oído de
Malwida un encargo inquietante --a lo cual Malwida corrió a su secretär, reunió
rápidamente dinero y lo sacó. Al volver a la habitación, a pesar de que venía riendo,
el fino pañuelo de seda negro le revoloteaba todavía un poco, de excitación, en torno a
la cabeza. A su lado entró el joven Paul Rée: amigo suyo de muchos años, querido por
ella como un hijo, quien -recién negado precipitadamente de Monte Carlo- tenía prisa por
enviar al camarero de allí el dinero que le hubo de prestar para el viaje, después de
haber perdido en el juego todo, literalmente todo, sin resto alguno. Este antecompás,
sensacionalmente divertido, a nuestra amistad, me molestó sorprendentemente poco: ésta
se cerró en un instante - quizá incluso contribuyó a ella el que, a causa de ello, Paul
Rée resaltara entre los otros, como perfilado por una luz más fuerte. En todo caso, su
perfil nítidamente marcado, su ojo avispado, me resultó inmediatamente familiar debido a
su expresión, en la que se unía en aquel instante algo chistosarnente compungido con
algo extraordinariamente bondadoso.»
PAUL RÉE EN EL CASINO DE MONTECARLO
Paul Rée había dejado a Nietzsche el 13 de marzo en Génova, y luego fue a las mesas de
juego de Monte Carlo. Durante una visita anterior en compañía de Nietzsche, la presencia
de éste había impedido la fiebre del juego. Ahora se desquitó Rée y perdió todo su
dinero efectivo, de modo que incluso hubo de hacerse prestar el dinero para proseguir el
viaje. Seguramente todo esto sucedió rápidamente, quizá incluso en una sola noche. De
modo que se puede suponer que la llegada de Rée a Roma ocurrió ya el 15 ó 16 de marzo.
LOU LA UNICA QUE PODRÍA COMPRENDER A NIETZSHE
Paúl Rée y Malwida llegan a pensar que Lou podría ser la única compañera digna de
Nietzsche, por la agudeza de su inteligencia, y la única que podría emprender con él
discusiones interesantes y fructíferas. Así, el 27 de marzo, Malwida von Meysenbug
escribe a Nietzsche: «Una chica muy curiosa (creo que Rée ya le ha escrito sobre
ella), a quien, entre otros muchos, debo mi libro; me parece que aproximadamente ha
llegado a los mismos resultados que usted, hasta ahora, en el pensamiento filosófico, es
decir, al idealismo práctico, prescindiendo de todo presupuesto metafísico y de toda
preocupación por la explicación de problemas metafísicos. Rée y yo coincidimos en el
deseo de verle algún día con este ser extraordinario.»
NIETZSCHE RECHAZA PROPUESTA DE MATRIMONIO
Nietzsche escribe la carta del 21 de marzo de 1882 a Paul Rée con su máquina de
escribir, lo cual influye en el estilo. Las frases aparecen unas al lado de otras, sin
ilación, áridas; se trata de un catálogo de respuestas y notificaciones. Así, aparece
una cosa tras de otra: «El joven funcionario le saluda - ¡Ecco! - Overbeck me ha
enviado mi dinero - Con él tengo ya para unos cuantos meses. - Salude a esa rusa de mi
parte, si eso tiene algún sentido: estoy ansioso de esa clase de almas. Próximamente me
lanzaré al asalto de ella. - La necesito en consideración de lo que quiero hacer en los
próximos 10 años. - Un capítulo muy diferente es el matrimonio - A lo máximo me
podría pemíitir un matrimonio de dos años, y esto sólo en consideración de lo que he
de hacer en los próximos 10 años.» Esto no significa otra cosa que: toda idea de
un matrimonio auténtico resulta imposible, ya de principio, debido a la tarea vital
prevista. Si existieran matrimonios temporales... - pero no existen, eso lo sabe también
Nietzsche. Así que, tal como están las cosas, Nietzsche rechaza la propuesta de Rée
RÉE INTERMEDIARIO DE NIETSCHE ANTE LOU
Después de pocas horas de conocimiento, Nietzsche estaba tan subyugado por la
personalidad de Lou (ahora de veintiún años; algo más de dieciséis años más joven,
pues, que Nietzsche) que se decidió a una propuesta de matrimonio, tan precipitada y
torpemente como lo hiciera seis años antes (el 11 de abril de 1876) en Ginebra con
Matildde Trampedach. Como entonces en Ginebra, Nietzsche volvió ahora a interpretar mal
la situación y encomendó a Paul Rée la engorrosa misión del casamentero: un desacierto
semejante al que cometió con Hugo von Senger al solicitar su mediación. El mismo
concertó una entrevista con la madre, en casa de ella, para la tarde del día siguiente,
el 26 de abril.
REE HACE LO MISMO QUE NIETZSCHE
Con la misión encargada, Nietsche, puso a Rée en el mayor compromiso, puesto que entre
Lou y Rée había sucedido algo que Nietzsche no podía notar en absoluto en tan poco
tiempo. También Rée --como antes que él Gillot y ahora, después de él, Nietzsche---
había dado el mismo paso en falso. Lou Salomé informa al respecto: «Ya esa misma
noche [la del primer encuentro con Rée, como diariamente sucedería a partir de entonces,
nuestras apasionadas conversaciones sólo acababan en el camino a casa, por rodeos...
Estos paseos por las calles de Roma, bajo la luz de la luna y las estrellas, nos acercaron
pronto tanto que comenzó a desarrollarse en mí un plan maravilloso sobre el modo como
podríamos consolidar nuestras relaciones... Paul Rée se comportó primero de modo
totalmente equivocado al someter a mi madre, para mi pesar y enfado, un plan totalmente
diferente ---un plan matrimonial---, que dificultó hasta el infinito su consentimiento en
el mío. Tuve primero que hacerle plausible a él mismo hacia dónde me dirigían la vida
amorosa concertada ya para toda mi existencia y mi ansia de libertad totalmente
desatada.»
MALWIDA ENTERADA DE LA MOVIDA DE REE
Tampoco Malwida von Meysenbug se había dado cuenta de nada de esto hasta que Rée hubo de
aclarárselo. Tras la desilusión producida por el tajante rechazo de su proposición
matrimonial, el frío analista de los sentimientos morales no vio otra salida al aprieto
producido por su pasión amorosa que la huida. Quería marcharse y tenía que justificarlo
ante Malwida. Lou, sin embargo, le obligó a que se quedara y a traspasar su pasión a la
fuerza del intelecto. También Malwida le aconsejó permanecer, pero no ocultó su
decepción por los paseos nocturnos largo tiempo mantenidos en secreto. Los censuraba, no
por mojigatería, sino por un conocimiento y experiencia bien fundados. Así, escribe el
30 de marzo a Paul Rée: «Con Lou Salomé ya he aclarado totalmente mi punto de vista, y,
dado que también lo he hecho con usted, a partir de ahora estoy libre de toda
responsabilidad; pero, como amiga y conocedora de las personas y de la vida, aconsejo no
hacer determinadas cosas. Siempre resulta peligroso tentar al destino; con ello se entrega
uno en manos del azar, y lo que en el presente y en el recuerdo podía ser algo puro,
claro y hermoso, adquiere disonancias y se vuelve turbio.» Y dado que, a pesar de ello,
continuó así la relación, el 25 de mayo, en una larga carta a Zürich, advierte de
nuevo a Lou.. «El acompañamiento a casa me resultaba molesto sólo en la idea de que
ello pudiera disgustar a su mamá; y yo no quería que ella pudiera pensar que en mi casa
se promovía otra emancipación que no fuera la intelectual más noble... Pero entonces
llegó la muy tímida confesión de los paseos, la cual parecía hacérseme... sólo a
causa de la mala conciencia. Yo sabía cómo había peligrado aquí, por cosas parecidas a
ésas, la fama de varias jovencitas... Si un conocido la hubiera encontrado en mitad de la
noche, no hubiera podido tomársela a mal que le resultara extraño, y ¿qué hubiera
hecho Rée si un oficial, u otro cualquiera, le hubiera dicho a usted algo
desagradable? ¿Batirse en duelo?!»
LOU SUPERA A TODOS CON SUS PLANTEMIENTOS
Lou alimentaba realmente un plan osado, como hubo de confesarse a sí misma; a pesar de
ello forzó a su realización, parcial al menos, tal como estaba acostumbrada en general a
imponer siempre su voluntad. Escribe al respecto: «Lo que más inmediatamente me convenció de que mi plan, afrentoso para las
costumbres sociales entonces vigentes, podría llevarse a cabo, fue, primero, un simple
sueño nocturno. Vi un agradable gabinete de trabajo, lleno de libros y flores, flanqueado
por dos dormitorios, con camaradas de trabajo yendo y viniendo a nuestra casa, unidos en
un circulo alegre y serio»; y más adelante: «Lo inesperado sucedió cuando
Nietzsche apenas hubo tenido noticias del plan de Paul Rée y mío, se adhirió a
él como el tercero. Incluso se fijó pronto el lugar de nuestro futuro trío: habría de
ser... París, donde Nietzsche quería oír a ciertos colegas... A Malwida esto incluso la
tranquiliza un poco, puesto que allí nos veía protegidos por sus hijas adoptivas Olga
Monod y Natalie Herzen... Pero para Malwida lo mejor hubiera sido que la señora Rée
acompañara a su hijo y la señorita Nietzsche a su hermano.»
EPISODIO DEL MONTE SACRO
En los días en que conoció a Lou, Nietsche estaba
transformado. ¿Qué había sucedido? ¿qué es lo que había producido, corno por
encanto, esa trasformación? Amigos y enemigos se han esforzado en dar aclaraciones y
explicaciones de ello, pero lo que parece cierto es que sólo queda una respuesta
decorosa, la que da Tristán al rey Marke: « ... eso no te lo puedo decir; y lo que
preguntes, eso no lo podrás saber nunca.» También la única testigo - Lou - parece
querer darnos la misma respuesta. Sólo sabemos que Nietzsche, en esos pocos días en
el lago de Orta, hizo una vez una excursión solo con Lou, en la que, como informa ella
misma: «el cercano Monte sacro parece habernos encadenado; al menos se originó una
involuntario ofensa a mi madre por el hecho de que Nietzsche y yo permanecimos demasiado
tiempo sobre el Monte sacro como para poder recogerla a tiempo, cosa que también tomó
muy mal Paul Rée, quien mientras tanto estuvo entreteniéndola». En ese paseo
Nietzsche fue subyugado por el misterio del amor. Se trata del «mysterium de Monte
sacro», como quedará en su recuerdo. Lo que allí suceclió -interna y
externamente-- produce una comprensible curiosidad. Más tarde Lou contestó a una
pregunta al respecto: «Si besé a Nietzsche en el Monte sacro, es algo que ya no lo
sé.» Naturalmente que lo sabía, pero ante una pregunta así sólo queda la
respuesta de Tristán. También ella estaba fascinada por la personalidad de Nietzsche, a
pesar de todas las reservas y de un sentimiento, siempre insuperado, de distancia. A pesar
de su juventud poseía la capacidad de sentir qué alma tan rica había encontrado y que
se había topado con una persona de una profundidad inusitada de vivencias.
ANTE EL MONUMENTO DE LUCERNA
Ante el monumento en Lucerna, Nietzsche reitera personalmente a Lou
su proposición matrimonial «porque después le pareció insuficiente la
recomendación romana que de él hiciera Paul Rée», como recuerda Lou.
NEGACIÓN DE LOU
Lou, de nuevo, le manifiesta su negativa y le explica otra vez su
plan de vida: vivir tanto con él como con Rée en amistad de camaradería, como una
comunidad de estudio y, de trabajo.
VISITA CON LOU A TRIBSCHEN
En los días de Lucerna Nietzsche había irnpulsado a Lou a una excursión cargada
de recuerdos a Tribschen. La misma Lou nos cuenta: «el lugar en el que había vivido
con Wagner días inolvidables. Mucho, mucho tiempo estuvo sentado allí, a la orilla del
lago, en silencio, embebido en profundos recuerdos; después, haciendo dibujos con el
bastón en la arena húmeda, habló en voz queda de aquellos tiempos pasados. Y cuando
cruzó su mirada, estaba llorando.» ¿Había esperado quizá Nietzsche, con Lou a su
lado, conjurar definitivamente el espíritu, que todavía le dominaba con fuerza, de la
mujer más admirada, Cosima Wagner?
LOU CRITICA LA FALTA DE GUSTO DE NIETZSCHE
Sobre esa fotografía Lou afirma lo siguiente: «Al mismo tiempo Nietzsche
gestionó también la fotografía de nosotros tres, a pesar de la fuerte oposición de
Paul Rée, que durante toda su vida conservó una repugnancia enfermiza ante la
reproducción de su cara. Nietzsche, con el ánimo exaltado, no sólo se empeñó en ello,
sino que se preocupó personal y solícitamente de todos los detalles -como del pequeño
(¡resultó demasiado pequeño!) carromato, incluso de la cursilería de la rarna de
saúco en la fusta, etc.» Así pues, Nietzsche fue el responsable, según Lou, como regisseur,
de la idea sin gusto para la fotografía.
MENSAJE OCULTO DE NIETZSCHE EN LA FOTOGRAFÍA
Pero la trágica ironía que en la fotografía se nos muestra no puede despacharse con un
rápido juicio de gusto. En realidad era Lou la que intentaba uncir a los dos hombres a su
carreta, y ambos filósofos se sometieron. Pero hay que tener presente de nuevo la
cercanía de Tribschen, es decir de Wagner.
En las «Walkirias», al comienzo del acto II, Brünnhilde dirige a Wotan
las siguientes palabra:
«Te
aconsejo, padre,
que
te prepares tú mismo;
dura
tempestad
has
de vencer.
Fricka,
tu mujer, se acerca
en
el carro con la yunta de carneros.
¡Ea,
cómo blande
la
fusta dorada!
Las
pobres bestias
gimen
de miedo;
furiosamente
rechinan las ruedas;»
RESERVA EN EL TRATO ENTRE NIETZSCHE Y LOU
En la relación de Lou Salomé con Nietzsche,
contrariamente a la relación con Rée, siempre quedó un resto de reserva. Aunque él en
las cartas se dirija a ella por el nombre, así por ejemplo <«ni querida "u», y ella le conteste con «querído «amiga», quedó siempre el
«usted» de la distancia. En los aforismos compuestos el verano siguiente en Tautenburg
encontramos la frase: «Mientras mayor es la intimidad entre dos personas, más firmes
fronteras exige.»
EXTRAÑO GRUPO DE TRABAJO
Despues de su estancia en Tribschen con Lou Salomé,
Nietzsche, se dirigió a Naumburg, para dedicarse allí a la confección del manuscrito
para la imprenta de la «Gaya ciencia». Este surgió en un extraño grupo de
trabajo. El 19 de junio de 1882 lo describe drásticarnente Nietzsche a su Heinrich
Köselitz: «El tormento de la producción del manuscrito, con ayuda de un viejo
comerciante en bancarrota y asno, fue extraordinario: he jurado no volver a sufrir cosa
semejante.» Elisabeth fue quien dispuso las cosas, con buena intención y en
consideración a los débiles ojos de su hermano: ella leía en voz alta, al
dictado, lo escrito a mano, Nietzsche lo controlaba como oyente, y el viejo
a quien se había recurrido tenía que escribir un texto limpio de acuerdo con
ello. Fuera que éste oía mal o que la pluma se le resistía de vez en cuando, el caso es
que no siempre llegaba al papel el texto deseado por el autor, con lo que hubo de hacerse
un penoso trabajo de corrección. En realidad, la idea de Elisabeth tenía que
haber resultado bien en la práctica, lo único fue que no tuvo buen tacto en la elección
de la persona adecuada, lo que más tarde habría de repetirse, por desgracia, más de una
vez y de modo mucho más funesto todavía. De modo que, así, el trabajo iba muy lento y
se fue alargando hasta mitad de junio.
PETICIÓN DE AYUDA A KÖSELITZ
El 19 de junio pregunta Nietzsche a Köselitz: «si Usted me
podría (¡no hablo de 'querer', mi viejo y fiel amigo!) ayudar en la corrección de la
'Gaya ciencia' --mí último libro, como supongo-. ¡Sinceridad hasta la muerte! ¿no es
verdad?»
IMPRESIÓN DE LA GAYA CIENCIA
El 24 de junio Nietzsche informa a Overbeck: «Teubner
está imprimiendo ya la 'Gaya ciencia': Köselitz ayuda en la corrección. La confección
del manuscrito para la imprenta fue penosa; ¡ojalá que sea la última vez por muchos
años!»
VIAJE FRUSTRADO A BERLÍN PARA VER A LOU
Nietzsche escribe a Lou: «¿Vale que me traslade ahora a
Salzsburgo (o Berchtesgaden), es decir, al camino hacia Viena? Cuando estemos juntos le
escribiré algo en el libro que le he enviado.» (Se trata de «Humano -demasiado
humano.») Pero, inesperadamente para Nietzsche, Lou, como resultado de una activa
correspondencia con Rée, se traslada a casa de la familia Rée en Stibbe. De camino hacia
allí permanece algunos días en Berlín, desde donde el 14 de junio escribe a Nietzsche a
Naumburg diciéndole que su viaje va tan rápido que ya no hay tiempo para un encuentro.
Nietzsche le responde a vuelta de correo:«desde hace media hora estoy melancólico y
desde hace media hora me pregunto por qué - y no encuentro otro motivo que la noticia que
me acaba de proporcionar su amable carta de que no nos veremos en Berlín. ¡Vea Usted
ahora qué clase de persona soy! Pues bien: mañana por la mañana, a las 11, estaré en
Berlín... Mi intención es que me permita acompañarla dentro de unas semanas hasta
Bayreuth, supuesto que Usted no encuentre una compañía mejor. -¡A esto se llama
decidirse rápidamente!» Y: «Berchtesgaden para mí está 'refutado'.
Provisionalmente me quedo en Grunewald. -Manuscrito terminado. ¡Por el mayor asno de
todos los escribientes! » Al no poder encontrar a Lou, Nietzsche no
ocultó su decepción y le contesta inmediatamente (el 7 de junio): «Estaba tan
preparado para Berlín y Grunewald que en cada momento estaba dispuesto a partir. Así
pues ¿sólo después de Bayreuth volveremos a vernos? ¿y además sólo 'quizá'?
Wamrbrunn no es lugar apropiado para mí; por otra parte me parece más aconsejable no
exponer nuestro trío tan a menudo en público este verano, como resultaría de esa
estancia en Warmbrunn: mejor nuestros planes de otoño y de invierno. Soy demasiado
conocido en esta Alemania.»
CITA CON LOU EN TAUTEMBURG
El pastor de Tautenburg, Stölten, había tenido la idea de dar un
impulso económico a aquel pueblo modesto, romántico, situado en el bosque de Turingia,
abriéndolo al aluvión turístico creciente, para lo que él mismo -cosa que no era
extraña entonces-- se convirtió en posadero. Nietzsche, de todos modos, no vivió en su
casa, sino en la del joven matrimonio de campesinos Hahnetnann. Una semana después del
fracasado asunto de Grunewald, el 25 de junio de 1882, Nietzsche viajó a Tautenburg,
donde, con pequeñas interrupciones, permaneció dos meses, exactamente hasta el 27 de
agosto. Elisabeth lo acompañó, pero se volvió el 27 de junio.
CONFESIÓN A LA FAMILIA DE SU RELACIÓN CON LOU
En los días que hubo entre la vuelta de Grunewald y la partida para
Tautenburg, Nietzsche, hubo de «confesar» a su hermana, y posiblemente también a su
madre, el asunto de Lou. El 27 de junio puede contar a Lou: «Entretanto he
comunicado a mí hermana todo aquello que concierne a Usted. Tras el largo tiempo de
separación la encontré tan evolucionada y madura como antes, digna de toda confianza y
muy amable conmígo... así que creo in summa que Usted puede intentarlo con ella y con
nosotros. -Pero Usted pensará que todo mí silencio fue innecesario. Lo he analizado hoy
y encontré como última justificación: desconfianza frente a mí mismo... Tuve que
callar porque hablar de Usted me hubiera trastornado (como me pasó con los buenos de los
Overbeck).» Ahora - y sólo ahora - puede, el 30 de junio, acceder a la estancia
veraniega en común, que Nietzsche le había propuesto el 26 de junio. El 2 de julio le
vuelve a escribir: ¡«Ahora se ha aclarado el cielo sobre mí! Ayer a mediodía me
sentí como si fuera mi cumpleaños. Usted envió su consentimiento, el regalo más bello
que nadie me hubiera podido hacer ahora - mi hermana envió cerezas, Teubner envió los
tres primeros pliegos de imprenta de la 'Gaya ciencia'; y, además de todo eso, acabé la
última y definitiva parte del manuscrito y con ella la obra de 6 años (1876-1882), todo
mi 'librepensamiento' ¡Oh, qué años!... oh, querida amiga, siempre que pienso en todo
esto me conmuevo y emociono y no acierto a comprender cómo ha podido salir bien: me
llenan completamente un sentimiento de autocompasión y de victoria. Puesto que se trata
de una victoria, y de una completa -ya que incluso ha vuelto a asomar la salud de mi
cuerpo..., y todos me dicen que parezco más joven que nunca.»
NIETSCHE NECESITA DE LOS SERVICIOS DE SU HERMANA
Para su cita con Lou en Tautemburg Nietzsche necesitaba urgentemente de los servicios de
su hermana para que con su presencia evitara el escándalo burgués que significaría el
encuentro que él, por su parte, había planeado con Lou en el nido del bosque. Y
Elisabeth también le prestó ese servicio. El que Elisabeth de vez en cuando tomara
conciencia de la arnbigüedad -o incluso indignidad-- de su papel y perdiera los nervios
por ello, acarreó algunas perturbaciones al idilio veraniego y llevó finalmente a la
desaparición de la servicialidad fraternal. En los primeros momentos, sin embargo,
Elisabeth ya había apalabrado un alojamiento en la casa parroquial, y Nietzsche gestiona
ahora diligentemente la confinnación: tres habitaciones por 12 marcos diarios para las
dos damas: la hermana y Lou.
ENVIO A KÖSELIT DE UNA POESIA DE LOU
También confiesa a Köselitz ahora su nuevo conocimiento, y por
cierto con una curiosa introducción. Al envío del 1 de julio de los pliegos de pruebas
de la «Gaya ciencia» adjunta Nietzsche, sin comentarios y escrita de su mano,
la poesía de Lou Salomé, «En el dolor», de modo que Köselitz hubo de
considerarla como un producto de Nietzsche. Este, extrañado, le escribe:
«Conservaré fielmente su poesía, llena de grandeza; créme que me estoy esforzando para
comprenderla dentro del espíritu en que ha sido compuesta.» El 13 de julio
Nietzsche aclara por fin: «Aquella poesía... no era mía. Pertenece a las cosas que
ejercen sobre mí un influjo total; todavía no la he podido leer nunca sin lágrimas...
Esa poesía es de mi amiga Lou, de la que Usted seguro que no ha oído hablar aún. Lou...
tiene veinte años... es despierta como un águila y animosa como un león y, sin embargo,
una chica muy juvenil y femenina... Después de Bayreuth vendrá adonde estoy, y en el
otoño nos trasladaremos juntos a Viena. Viviremos en una misma casa y trabajaremos
juntos; está preparada sorprendentemente para mi modo de pensar y para mi tipo de
pensamiento. Querido amigo, con toda seguridad nos concederá el honor a ambos de apartar
de nuestra relación la idea de un galanteo. Somos amigos y consideraré sagrada esa
muchacha y esta confidencia. -A propósito, posee un carácter increíblemente firme y
sincero.»
FRACASO EN LA RECONCILIACIÓN CON WAGNER
Doce años más tarde, como un vago recuerdo, observa Lou Salomé
en su libro sobre Nietzsche: «Wagner abandonó la habitación muy irritado y
prohibió que ante él volviera nunca a pronunciarse el nombre.»
LOU EN LAS VELADAS DE BAYREUTH
Elisabeth Nietzsche y Lou Salomé tenían entradas
para la segunda representación, el 28 de julio. Se habían encontrado el 24 de julio en
Leipzig con el fin de continuar juntas el viaje a Bayreuth. Por medio de Malwida von
Meysenbug, Lou fue introducida en la casa Wahnfried y asistió a las «veladas
Wahnfried». Sobre tales veladas Lou Salomé escribe en sus Memorias: «Muchas
cosas respecto a la vida de la familia, a pesar de lo trastornada que estaba por el
tremendo aflujo de visitantes de todas las naciones. De allí donde se encontraba en el
punto central, Richard Wagner --que debido a su pequeña talla, constantemente
sobrepasada, sólo era visible durante instantes, como un surtidor que brotara de
repente-- surgía siempre el mayor bullicio; al contrario que la aparición de Cosima, que
por su altura sobresalía entre todos ante los que pasaba arrastrando su larga cola sin
fín, que la cercaba ceremoniosamente, a la vez que le proporcionaba distanciamiento. Por
amabilidad hacia Malwida, esa mujer indescriptiblemente atractiva y de noble apariencia,
vino personalmente a visitarme en una ocasión, permitiéndome con ello una larga y
detenida conversación con ella.....Entre los más próximos a los Wagner hice amistad,
sobre todo, con el pintor ruso Joukowsky... Sobre el acontecimiento cumbre, el festival
mismo de Bayreuth, no me es lícito expresar el mínimo sonido audible: hasta tal punto me
cupo inmerecidamente en suerte, a mí, oído sordo para la música, que asistía a él
carente de toda comprensión y de cualquier merecimiento.» Para Lou, el mundano,
artista, libre y compatriota Joukowsky, resultó un conocimiento estimulante y divertido;
y para Joukowsky, la atrevida muchacha, que se movía de modo tan poco convencional, pero
segura y libre, sobre la platea social, fue una buena ocasión para dar pábulo a su
galantería.
CELOS DE ELISABETH
De pronto, Elisabeth, en la semana en que hubo de contemplar esto,
se llenó de indignación y celos. Elisabeth tenía entonces treinta y seis años, era
soltera, nunca había sido cortejada. Tuvo que acostumbrarse a una existencia de solterona
en una pequeña ciudad aburrida; continuaba, y todavía por largo tiempo, bajo la custodia
y la sujeción de una madre mojigata. El horizonte que le había sido concedido estaba
fijado por una casa modesta y las consabidas tertulias de café. Para ella sólo existía
um salida a un mundo superior: levantando los ojos hacia su hermano, que la apreciaba
desmesuradamente, a pesar de que ya la había rechazado fríamente durante largo tiempo,
en cuanto se trató de su mayor intimidad, de su obra, de su filosofía. Y sin embargo,
ella creía haber conseguido con respecto a él una posición que no tenía nadie excepto
ella, por la que había sufrido y sacrificado algunas cosas y, sobre todo, soportado
conmociones religiosas, y que tenía que defender ahora que la veía en peligro de
repente; y en peligro a causa de una chica de veintiún años, que se comportaba
«escandalosamente», de acuerdo con criterios burgueses, que coqueteaba con todos los
hombres, que tenía que librarse penosamente de proposiciones matrimoniales, hechas una
detrás de otra y que, sin ser musical ni tener relaciones ni inteligencia, se había
introducido hasta lo más íntimo en la casa de Wagner, mientras que ella, como hermana
del antiguo apóstol, ahora apóstata y proscrito, se veía reducida aquí a una posición
más bien de segundo rango. Pero eso no era todo. Esa jovencita intimaba con personas que
Nietzsche ni siquiera conocía de nombre, como ese horrible Joukowsky, y se pemtía
pavonearse, como la amiga más íntima de Nietzsche, de estar introducida en su
filosofía, de conocer ideas y problemas con los que él luchaba como nadie en su interior
más oculto.
INCIDENTE DEPLORABLE EN JENA
El 7 de agosto Elisabeth y Lou volvieron a encontrarse en
Jena en casa del profesor Gelzer, un amigo, donde dieron lugar a un incidente
extraordinariamente deplorable. Elisabeth descargó toda su mezquina indignación en
venenosos reproches. La atacada devolvió el golpe con una alocución desenfrenada y
mordaz, destruyendo la imagen que Elisabeth se había hecho de su hermano. Hirió a la que
se había convertido en enemiga suya allí donde más le dolía: en la fe, en la moralidad
y en la beatitud ascética de su hermano.
C. A. Bernouilli, en su artículo «La experiencia nietzscheana de Lou»,
relata una anécdota del tiempo de Sorrento. Según ella, «una joven sorrentina se
personaba en la quinta de cuando en cuando y regularmente. Venía para Nietzsche. Pero el
cuidado por la corrección externa, el horror al escándalo y a las habladurías, era algo
tan pronunciado en él, que pidió a su amigo Rée que ante la señorita von Meysenbug
hiciera pasar por suyas las visitas de la aldeana. Paul Rée hizo este favor a Nietzsche,
incluso con cierto gusto, dado que en este capítulo no tenía prejuicio alguno.»
Por desgracia Bernouilh, no indica la fuente de esta anécdota, de modo que su «verdad»
resulta algo cuestionable. Pero si las cosas sucedieron realmente así, es posible que Paul
Rée se lo contara a Lou, antes incluso de su viaje a Bayreuth y Tautenburg, para
dernostrarle que su nuevo amigo no era tan cándido e inofensivo como él mismo se hacía
pasar y como se le consideraba. Rée estaba celoso, puesto que también él amaba a Lou y
temía perderla. Lo que sí se deduce ciertamente de la correspondencia es que Paul
Rée dio cuenta a Lou del extraño párrafo epistolar en el que Nietzsche habla de un
posible «matrimonio» fijado para el plazo de dos años y que Rée aceradamente
interpretó como una seria proposición de Nietzsche de un «amancebamiento». Y
existe todavía la posibilidad de un tercer suceso, a saber, que Nietzsche, en el curso de
la conversación ante el Löwendenkmal en Lucerna pudo haber propuesto
intentar primero una vida en común sin vínculo legal, en el curso de la cual Lou podría
madurar para el matrimonio definitivo. A fin de cuentas este punto de vista no resultaba
tan extraño a Nietzsche, puesto que también en su tiempo se daban muchos casos de éstos
y, uno de los más famosos lo había vivido él en la mayor cercanía: en la noche en que
Cosima dio a luz a su hijo prenupcial de Wagner, Nietzsche estaba en Tribschen, como
invitado, bajo el mismo techo.
PREPARACIÓN DEL NIDO EN TAUTEMBURG
Las autoridades municipales de Tautenburg sabían ---por insinuación
de Nietzsche o por sí mismas-- que hospedaban a un visitante importante y se preocuparon
por que se encontrara a gusto. Los umbrosos caminos del bosque preferidos por Nietzsche
fueron ampliados y arreglados, se colocaron no menos de cinco bancos de descanso en los
lugares en que Nietzsche gustaba de pararse, a los que se les puso nombres elegidos por
él. Se dejó también a su elección el texto y la forma de las plaquitas conmemorativas.
Nietzsche eligió dos nombres, Uno de ellos fue: «El hombre muerto», porque la
parcela de bosque correspondiente se llamaba así; parece que en la Guerra de los
Treinta Años se encontró allí un muerto desconocido. Nietzsche gustaba de ese
lugar especialmente, cosa que resultaba algo inquietante para Lou, a quien repelían las
bromas macabras de su amigo. El otro nombre fue para un banco redondo en torno a un haya: «La
gaya ciencia». La primera vez que Nietzsche habla de ello es en una tarjeta postal
del 13 de julio. El 18 de julio encarga a la hermana:«...consulta con un especialista
sobre qué tipo de plaquitas y de letreros se conservan mejor», y le dibuja las dos
plaquitas, rectangulares y con el título en el medio. El domingo 23 de julio va a
Naumburg esperando poderse llevar en esa ocasión las plaquitas, pero todavía el 7 de
agosto ha de quejarse a la madre: «Es una lástima que las plaquitas sigan sin estar
puestas: van a llegar, al fín, cuando todos los visitantes estén fuera, y las tormentas
de otoño ante la puerta.» ¿Qué visitantes le interesan? ¿a quiénes quiere
impresionar? ¡Unica y exclusivamente a Lou, por supuesto! Después del 7 de agosto ya no
volvernos a oír nada de las plaquitas, los acontecimientos tomaron un curso
suficientemente malo como para que Nietzsche tuviera aún que preocuparse de tales
pequeñeces.
HECHOS PROBLEMATICOS EN TAUTEMBURG
Su hermana le informa excitada de la escena de Jena con Lou y repite
a Nietzsche todas las acusaciones sobre los chismorreos de Bayreuth. Por esa razón
Nietzsche, a la mañana siguiente, saluda a Lou ostensiblemente de mal humor, se entabla
una discusión entre los dos que, sin embargo, termina en armonía. Esto vuelve a
repetirse algunas veces en las tres semanas escasas de su estancia en común desde el
lunes 7 de agosto hasta el sábado 26 de agosto. Ya después de la segunda semana, el 20
de agosto, Nietzsche escribe a Kóselitz: «Cada cinco días tenemos una pequeña
escena de tragedia.»
DISCUSIONES FILOSÓFICAS
A pesar de ello fue un tiempo, para ambos, filosóficamente
fructífero. Elisabeth, naturahnente, no significaba nada al respecto. Se la
trató como si no existiera. La mayoría de las veces hubo de dar sola sus paseos, y si se
llegaba a una conversación, o bien le resultaba incomprensible o bien se horrorizaba por
los juicios morales, críticos y provocativos. Nietzsche y Lou, por el contrario, vagaban
horas y horas por los bosques, continuando sus conversaciones, a menudo, hasta bien
entrada la noche. En su diario, que escribió en Tautenburg para Paul Rée, Lou escribe al
respecto: «En estas tres semanas hemos conversado hasta el agotamiento; curiosamente
él aguanta ahora cerca de diez horas diarias de charla. En nuestras veladas, cuando la
lámpara, vendada como un inválido con un paño rojo para que no dañe sus pobres ojos,
arroja sólo un debil resplandor por el cuarto, siempre llegamos a hablar de trabajos en
común... Sorprendente que en nuestras conversaciones aboquemos involuntariarnente al
borde de abismos, a aquellos lugares de vértigo adonde alguna vez se ha subido en
solitario para mirar desde allí a lo profundo. Siempre hemos elegido los caminos de
gamuzas, y si alguien nos hubiera escuchado, habría creído que eran dos diablos los que
conversaban.» Compusieron juntos aforismos que Lou inventaba y Nietzsche corregía o
completaba. El 14 de agosto Lou escribe a Rée: «Nietzsche, en general de una
consecuencia férrea, es en lo particular una persona tremendamente versátil. Yo sabía
que cuando admitiéramos lo que, en principio, en la tormenta del sentimiento, ambos
evitábamos, rápidamente nos habríamos de encontrar en nuestras naturalezas
profundamente semejantes, más allá de todo charloteo pedante... Él subía hasta aquí
de continuo, y por la noche tomó mi mano y la besó dos veces y comenzó a decir algo que
no terminó. Los días siguientes estuve en cama, él me metía cartas en la habitación y
me hablaba a través de la puerta. Ahora ya amainó mi vieja fiebre catarral y me he
levantado. Ayer pasamos juntos todo el día... Elisabeth estuvo en el Dornburg con
personas conocidas. En la pensión... se nos considera tan emparejados como a ti y a mí,
cuando llego con mi gorro y con Nietzsche, sin Elisabeth... Un estímulo especial resulta
de la coincidencia en pensamientos, sentimientos e ideas; nos podemos entender casi con
medias palabras. El dijo una vez, impresionado por ello: 'creo que la única diferencia
entre nosotros es la edad. Hemos vivido y pensado lo mismo'.»
El 14 de agosto, Nietzsche escribe a Kösselitz: : «'lo mejor posible para mí', he
tenido que superar una dura prueba, y la he superado. -Lou se queda aquí 14 días
todavía: en el otoño volveremos a encontramos (¿en Munich?) -Tengo mi ojo para las
personas; lo que veo existe, aunque otros no lo vean. Lou y yo somos demasiado semejantes,
,'consanguíneos' (¡por eso ni siquiera se la puedo alabar a Usted!).»
NIETSCHE FASCINADO POR LOU
No hay duda alguna que Nietsche competía por la muchacha en
rivalidad con su amigo Paul Rée -igual que Elisabeth lo hacía por él frente a la
rival-. Pero en vez de fascinarla, él fue fascinándose cada vez más por ella; le
asaltó un amor auténtico, profundo, dispuesto al sacrificio y al perdón (esto
lo confiesa incluso Elisabeth en su carta a Clara Gelzer).
DIARIO DE LOU
Lou Salomé estaba mucho más cercana a Paul Rée,
para quien llevaba un diario, en el que, entre otras cosas, leemos: «La diferencia
entre vosotros, a la que me he referido, se manifiesta también muy claramente en los
pequeños rasgos. Por ejemplo, en vuestros puntos de vista sobre el estilo. Tu estilo
pretende convencer la cabeza del lector y, por ello, es científicamente claro y estricto,
prescindiendo de todo sentimiento. Nietzsche quiere convencer a la persona entera, quiere
apresar el ánimo con su palabra y dar la vuelta a lo más íntimo, no quiere instruir
sino convertir.» A Lou Salomé le agradaba el escéptico especulativo,
intelectualmente lúcido, Rée, no el mago Nietzsche y sus poéticas
visiones.
También Nietzsche conocía las diferencias fundamentales que existían entre él y Rée,
y, en su duelo por Lou, se dejó llevar a llamar la atención de Lou sobre las
disposiciones negativas de Rée, sobre sus pocas ganas de vivir, que llegaban hasta la
posibilidad de suicidio. Pero con esa táctica Nietzsche consiguió lo contrario de lo que
pretendía: a Lou le resultó todo ello falto de gusto y extraño.
RECLUTAMIENTO DE UNA DISCIPULA
Nietzsche se entregó a la ilusión de haber encontrado, por fin,
en Lou el espíritu grandioso capaz de comprender su «pensamiento más abismal»,
el misterio del Eterno Retorno, y pensó que le iba a sobrecoger del mismo modo
que a él. Pero, con seguridad, ella estaba lo suficientemente formada filosóficamente
como para reconocer la total aporía de ese dogma -y también su procedencia de
la filosofía antigua especulativa. Seguramente también estaba capacitada para refutar
esa imagen del Universo, construida de modo totalmente especulativo; pero se comportó
cautelosamente y reforzó a Nietzsche más y más en su decisión de procurarse una
visión científica del asunto o de un estudio concienzudo de él. Pero lo cierto es que
con su fino instinto Lou se dio cuenta ya entonces de dónde se separaban sus
caminos; el 13 de agosto escribe en el diario: «¿Somos, pues, muy semejantes? No, a
pesar de todo, no. Es una especie de sombra de aquellas ideas sobre mis sentimientos, que
todavía hace pocas semanas hacían feliz a Nietzsche, lo que nos separa, lo que se
interpone entre nosotros. Y en alguna oculta profundidad de nuestro ser estamos
ilimitadamente alejados uno de otro-. Nietzsche tiene en su ser, como un viejo castillo,
calabozos oscuros y bodegas ocultas que no aparecen cuando se lo conoce sólo
superficialmente y que, sin embargo, puede que constituyan lo más propio suyo. Curioso,
hace poco se me ocurrió repentinamente la idea de que incluso podíamos vemos enfrentados
alguna vez como enemigos». Y: «Viviremos todavía cómo se constituye en el
predicador de una nueva religión, y se tratará de una que reclute héroes como
discípulos.»
NIETSCHE TRAGICO SUFRIENTE
Se da una doble tragedia en el hecho de que la amistad con
Lou Salomé hubiera de romperse pronto y tan completamente, a saber, para la persona
de Nietzsche y para su obra. Un éxito en la relación amorosa con Lou
hubiera significado para Nietzsche la última oportunidad para volver a encontrar el
camino hacia las personas; como le fue negado, ello lo volvió a encerrar definitivamente
ya en su desesperanzada y amarga soledad. Como filósofo fue el único de su tiempo -y se
trató de un tiempo crítico- que poseía la fuerza y el genio para llevar a cabo una cosmovisión,
para aunar positivismo, materialismo, filosofía especulativa e incluso profecía, en una
imagen comprehensiva del mundo. Pero le faltó para ello la necesaria ampliación de sus
conocimientos, su redondeamiento por medio del estudio de las ciencias naturales; tras la
separación de Lou no hubo ya nadie que lo impulsara a un estudio así.
ORACIÓN DE LA VIDA COMO REGALO
El 26 de agosto de 1882 finalizó el idilio de Tautenburg
con la partida de Lou hacia Stibbe, todavía en calma total y, por parte de Nietzsche, en
el culmen de una felicidad melancólica. Lou le había regalado como despedida
aquella poesía, la «Oración de la vida», que ella había compuesto en 1880
cuando era estudiante en Zürich, llena de un espíritu juvenil heroico con el que
pretendió deshacer la opresión que le producía la enfermedad que amenazaba su vida. A
Nietzsche le conmovieron profundamente las ideas y el tono de la poesía. Al día
siguiente se dio prisa en viajar hasta Naumburg y «componerla» para una voz y
acompañamiento de piano. Pero su talento musical creativo estaba agotado. Sin embargo,
tenía una partitura, heroica y festiva, que desde hacía nueve años llevaba consigo y
que le parecía acomodarse al texto, su «Himno a la amistad». Sólo tuvo que
cambiarlo un poco para que el número de sílabas del poema se correspondiera de algún
modo con la melodía. Con esta obra Nietzsche vivió y completó su unión con Lou
Salomé. Envió inmediatamente la composición a su maestro musical «Peter Gast» con
estas palabras: «Me gustaría haber compuesto una canción que pudiera ser
interpretada también en público--, 'para seducir a los hombres hacia mí filosofía.'
¡Un gran cantante podría, con ella, arrancarme el alma del cuerpo; aunque quizá, así,
otras almas se ocultarían definitivamente en su cuerpo! -¿Le resultaría posible quitar
a la composición como tal ese cierto aire de aficionado que posee? Quizá me crea que, en
la medida de mis posibilidades, he hecho un auténtico esfuerzo.» Y el 1 de
septiembre escribe a Lou 12: «En Naumburg volvió a asaltarme el demonio de la
música - he puesto música a su Canción a la vida; mi amiga parisina Ott, que posee una
voz maravillosamente fuerte y expresiva, ha de cantárnosla alguna vez a Usted y a mí.»
DURO REPROCHE DE SU MADRE
En el asunto Lóu, la madre fue inclinándose cada vez
más al modo de ver las cosas de la hija, de tal forma que al extremo de decir a su Fritz,
por lo demás tan querido, que era «una vergüenza para la tumba del padre».
DESARMONÍA EN EL TRIO
En general, el trío ya no resultaba tan armónico ni cordial,
y la confianza se había ensombrecido. Lou Salomé escribe al respecto en sus Memorias:
«Ninguno de nosotros dos imaginaba que sería la última vez. A pesar de ello, las
cosas no eran del todo como al principio, aunque seguían firmes nuestros deseos de un
futuro en común a tres. Cuando me preguntó qué fue lo que fundamentalmente comenzó a
menoscabar mi interna disposición hacia Nietzsche, pienso que fue la extrañeza por la
progresiva acumulación de sugerencias suyas que pretendían dejar mal a Paul Rée ante
mí - y también la sorpresa de que él pudiera considerar efectivo ese método.»
Sus notas de los días de Leipzig penetran más en el motivo: «Así como la mística
cristiana (como cualquiera), en su supremo éxtasis, cae en una sensibilidad
religiosamente grosera, así el amor más ideal --precisamente por la gran liberación de
sentimiento-, en su idealidad, puede volver a hacerse sensible. Un aspecto antipático esa
venganza de lo humano -no me gustan los sentimientos allí donde vuelven a desembocar en
su corriente circular, puesto que ése es el punto del falso pathos, de la verdad y
sinceridad perdidas del sentimiento. ¿Es eso lo que me aparta de Nietzsche?»
SUEÑO DE NIETZSCHE
Nietzsche intenta llevar a cabo, por fin, su sueño dorado,
de cuya realización lo había apartado su sorprendente contratación por Basilea en 1869:
París. Según el testimonio epistolar de Köselitz, parece que Lou y Rée
salieron el 5 de noviembre rumbo a París. También Nietzsche escribe a Overbeck: «
... primero para encontrarse con la madre de Rée en Berlín: y desde allí a París.»
LOU Y RÉE SE INSTALAN EN BERLIN
Afirma Lou: «entretanto Paul Rée y yo nos habíamos instalado
en Berlín..Nuestro plan inicial de trasladamos a París se aplazó primero y fue
abandonado,después debido a la enfermedad de Ivan Turgeniew y a su muerte; y entonces se
realizó totalmente la soñada comunidad en un círculo de jóvenes científicos, entre
ellos muchos docentes, el cual, en el transcurso de varios años, tan pronto aumentaba
como cambiaba de miembros.»
NIETSCHE BUSCA VIVIENDA EN PARÍS
Al principio Nietzsche no supo nada de los planes de Rée y Lou; se
prescinde de él aun para las noticias más necesarias. Y así él busca vivienda en
París, pero no un apartamento para tres personas, como se afirmó, sino una «habitación
apropiada para mí. Habría de ser una habitación sencilla y absolutamente tranquila. Y
no demasiado lejos de Usted, mi querida Sra. Ott», Nietsche se dirige ahora a esta
mujer, una vez tímidamente admirada, al conocerla en Bayreuth en 1876, y olvidada luego
durante seis años, en busca de ayuda y protección.
CERTEZA DEL ABANDONO DE LOU
Muy poco a poco le va invadiendo la certeza de que Lou lo ha
abandonado.Igual que seis años antes, en Sorrento, el encuentro con Richard y Cosima
Wagner se convirtió, sin que ellos lo supieran, en una última despedida, así ahora Paul
Rée y Lou Salomé se separaron de Nietzsche sin la intención, ni siquiera la sospecha,
de que se tratara de una última despedida. Por el momento ello resultaba menos doloroso,
pero Nietzsche habría de sufrir indeciblemente todavía durante meses a causa de esa
separación. El «año festivo» se había acabado y negras sombras se posaron
sobre su ánimo, de las cuales ya no conseguiría salir nunca.
GRAVES PROBLEMAS DE SALUD PARA LOU
A comienzos de noviembre de 1882, Nietzsche, se lamenta a
Overbeck: «La salud de Lou es deplorable, ahora le doy menos tiempo del que le
concedía esta primavera todavía. Tenemos una gran preocupación; Rée se presta mucho
para su tarea en este asunto. Personalmente para mí, Lou es un verdadero hallazgo de
suerte, ella ha cumplido todas mis esperanzas - no es posible que dos personas puedan ser
más parecidas de lo que nosotros lo somos.»
PLANES PARA TEMPORADA DE PARIS
Nietzsche sigue creyendo en la temporada de estudio en París con
sus amigos. El 7 de noviembre no sólo escribe a su antigua amiga Louise Ott con el ruego
de que le busque un alojamiento, sino también a un conocido de Basilea, el doctor en
Derecho August Sulger, que vivía entonces en París: «Sólo el cielo sabe
lo que resultará de mi traslado a París si Usted no me tiende un poco la mano...
Llegaría a París, por tanto, dentro de 10 días aproximadamente... supuesto que Usted me
vaya a recibir a mí, medio ciego... Una habitación, muy sencilla, pero en una zona
tranquila, sepulcralmente tranquila, tal como me conviene a mí, eremita y pensador
abandonado... Recibirá a su tiempo una comunicación definitiva sobre el día de mi
llegada.»
CERTEZA DE QUE RÉE Y LOU NO IRÁN A PARÍS
Nietzsche hubo de llegar a la certeza de que Lou y Rée no irían a
París. Antes había escrito a Overbeck: «No hay nada decidido. Ni siquiera en
relación con mis planes de viaje y mis planes para el invierno. Es verdad que París
sigue ocupando el lugar preferente, pero no hay duda alguna de que mi estado de salud ha
empeorado bajo las condiciones de este cielo nórdico... Hubo días en que volvía a
viajar en espíritu hacia el mar, pasando por Basilea», ahora prevalecerá la
atracción del sur. El 15 de noviembre escribe al Dr. Sulger a París: «Este necio
tiempo invernal me fastidia tanto que pierdo las ganas de continuar por más tiempo
peleando con el norte y con su cielo encapotado. La salud dice 've el sur'»; y el
mismo día a la señora Ott: «Oh, mi admirada amiga, cuando apenas le he dicho que
voy, he de notificarle que todavía en mucho tiempo no iré... ¡Pero si voy será para
largo tiempo! -y si no puedo vivir en. el corazón de París, quizá entonces en St. Cloud
o en St. Germain, donde un eremita y pensador abandonado pueda conducir mejor su índole
tranquila.» Es la última carta de Nietzsche a Louise Ott.
EN CASA DE LOS OVERBECK EN BASILEA
Tras el fracaso de su extralimitada experanza, se dirige primero a
casa de los Overbeck para lamentarse, en un estado de abatimiento, por la separación
previsiblernente definitiva. La señora Ida Overbeck informa sobre esta visita:
«Nietzsche estaba a menudo sobreexcitado y su imaginación le jugaba malas pasadas
facilmente. No estoy informado de las causas de las causas de la separación de noviembre
de 1882. O no se manifestó al respecto. Sólo dijo en su tercera visita del año a
nuestra casa, que todo había terminado entre ellos. Seguía esperando cartas suyas y se
hacía todavía ilusiones con ella... Sufría profundamente, no sabía ayudarse a sí
mismo contando las cosas, ni dejarse ayudar por el consuelo de los demás.» Ida
Overbeck se manifiesta «no informada» sobre las causas, aunque pocas líneas antes
escribe: «No sé qué libro o manuscrito él había dado a Rée y a la Srta. Salomé
a comienzos del verano de 1882. Le entristeció el que ambos se burlaran de él. El nos
dijo entonces a mi marido y a mí, susurrando, algo así como que debía cambiar siempre
de cosas, que la pura ilustración no le bastaba, y que ambos no entendían nada de
ello.»
SEPARACIÓN DE LOU Y RÉE
Para Lou Salomé, la separación, tanto de Nietzsche
como de Paul Rée, fue fácil y no estuvo unida a emoción alguna. El 1 de enero de 1883,
hacia las cuatro de la mañana, tras una excitante noche de San Silvestre, escribe a Paul
Rée (que estaba momentáneamente en Stibbe), después de haber pasado con él en Berlín
todo el tiempo desde Leipzig: «Mientras rompía la mañana de Año Nuevo y
charlábamos al lado del árbol y del bol, hube de pensar, felizmente, en el viejo año
que moría, y que tan bueno ha sido para ti y para mí. En los primeros días de enero era
como si hubiera llegado, enferma y cansada, al sol de Italia - ...Cuánto sol de ése
había en nuestras charlas y paseos romanos, cuánto en el idilio de Orta, con sus paseos
en barca y su monte sacro con sus ruiseñores, cuánto en aquel viaje por Suiza a través
del San Gotardo, en los días de Lucerna. Y después... entablamos aquella relación
amistosa peculiar, de la que hasta hoy depende todo nuestro modo de vida.» Ninguna
palabra sobre Nietzsche --e incluso hacia Rée sólo amistad, pero no amor. Lou
Salomé no estaba capacitada (al menos entonces, y todavía durante años), para el
amor en toda su profundidad y para la vinculación que supone con el amado. De vez en
cuando advirtió que con ello hacía sufrir a otras personas, pero no más. Nunca tuvo un
sentimiento de responsabilidad, o culpa, o siquiera compasión.
AFINIDADES DE NIETSCHE Y LOU
Las afinidadas -subrayadas de continuo tanto por él como
por Lou-- existían, y, en parte, eran de peso. Así la temprana pérdida del padre;
así el «cosmopolitismo», el europeismo antinacionalista o, al menos,
antialemán. Ambos habían perdido pronto la representación infantil de Dios,
ambos eran decididos escépticos. Ambos tenían la misma imagen antidealista
del mundo, con la consecuencia de que la ética no se podía fundar
trascendentemente. Que se podía vivir de modo diametralmente opuesto a la exigencia
kantiana «obra de tal modo que puedas querer que tu máxima se convierta en ley
universal» es cosa que experimentó Nietzsche por primera vez y con asombro
en Lou Salomé, a quien admiraba, y envidiaba, por su «ánimo de león» para
tal postura, puesto que él mismo nunca tuvo el valor de chocar claramente contra las
convenciones en la praxis de la vida.
DIFERENCIAS DE NIETZSCHE Y LOU
Nietzsche llevaba en sí la «idea más abismal» (Zaratustra
III «El convaleciente»), el dogma del eterno retorno. Sabía que se necesitaba
un valor inaudito para lanzar un mito así en medio de una época como la suya, dominada
por el materialismo y el positivismo. Nietzsche necesitaba animosos
compañeros de lucha, y era lícito que creyera que esa Lou, que se mofaba tan
públicamente y sin prejuicios de todas las convenciones y de todo lo que hasta
entonces se había considerado como fundamental en la filosofía, que esa Lou tuviera
tatnbién el valor de salir fiador, como su compañera de armas, de «la idea más
abismal». Pero justamente aquí, en esta tarea, se rompió el entendimiento, aqui se
separaron los espíritus, aquí se manifestaron sus diferencias fundamentales:
Lou se reía de tales fantasías.Y ningún otro vínculo pudo unir este
desgarro. El misterio del amor quizá hubiera podido conseguirlo, pero - y esto también
para decepción de Nietzsche-- ese misterio no existía, al menos, por parte de Lou.Tampoco
los unió la música.Ciertamente que a veces llegaron a resultados parciales
sorprendentemente parecidos o incluso iguales. Por ejemplo, en la duda sobre Dios o
en determinados ámbitos de la ética. Pero se trataba de roces casuales de sus propios
caminos, cuyo punto de partida era completamente diferente y cuyas metas estaban
excesivamente alejadas una de otra. Curiosamente, la joven Lou Salomé fue quien más
pronto y con mayor claridad se dio,cuenta de estas diferencias fundamentales, y no el
hombre maduro que quería ser su maestro. En las anotaciones de su diario, que
realizó durante las tres semanas de Tautenburg para Paul Rée, analiza su relación con
Nietzsche en contraposición a la imagen de Paul Rée, que, por su estilo «científico»,
estaba ya en principio más próximo a su hábito intelectual. Nietzsche no consiguió
nunca, ni siquiera en la intimidad de Tautenburg, atraer a Lou a su órbita, despertar en
ella el fuego filosófico que a él lo consumía.
POESÍA DEDICADA A LOU
Nietzsche plantea a Lou la auténtica pregunta de
confianza, ante la cual Lou debiera decidir manifestarse. La compone en forma de
poesía y se la entrega como despedida de Leipzig:
«¡Amiga ---dijo Colón-- no confíes ya
en ningún genovés!
¡Siempre está mirando a lo azul,
lo atrae en exceso lo más lejano!
A quien ama, lo atrae fácilmente
mucho más allá, en el tiempo y el espacio.
Sobre nosotros brilla una estrella al lado de otra, en torno a nosotros brama la
eternidad.»
Lou no respondió a este desafío, no se dejó
«atraer» más allá, en el espacio y el tiempo, ni a la eternidad sin
frontera. Y con ello comenzó la duda a corroer a Nietzsche, y se fue dando cuenta, cada
vez más, de la incompatibilidad de sus caracteres y metas, y, por tanto, de sus destinos.
INSTALACIÓN EN RAPALLO
A Köselitz, el 3 de diciembre, le dice que no quiere «vivir
una segunda vez las últimas semanas» y: «Además he pasado más frío que en
toda mi vida. Por fin me acogí a un albergue -Albergo della Postal- que está
directamente frente al mar, y mi habitación tiene chimenea. Mi reino se extiencle ahora
desde Porto Fino hasta Zoagli; vivo en la mitad, es decir en Rapallo, pero mis paseos me
llevan diariamente a las citadas fronteras de mi reino. El monte principal de los
alrededores, cuya elevación comienza a partir de mi vivienda, se llama 'el monte alegre',
Monte Allegro: un buen presagio -espero.»
CARTA SUPLICANTE A LOU
El 23 de noviembre, escribe de nuevo una carta a Lou,
suplicante: «¡Y bien, Lou, corazón querido, haga Usted que el cielo sea limpio! No
quiero otra cosa, absolutamente, sino cielo limpio: sino, quiero ya abrirme paso, por duro
que sea. Pero un solitario pena terriblemente ante un recelo sobre las pocas personas que
ama -...¿Por qué hasta ahora faltó todo tipo de claridad en nuestro trato? Porque yo me
tuve que reprimir en exceso: ¡la nube en nuestro horizonte estaba sobre mí!... Amo en
Usted cualquier movimiento de su alma superior, no amo en Usted otra cosa que esos
movimientos. Renuncio gustosarnente a intimidad y cercanía con tal de poder sólo estar
seguro de esto: de que nos sentimos unidos allí donde no llegan las almas vulgares... No
se confunda Usted conmigo «¿No creerá Usted de verdad que mi ideal es 'el
librepensador'?! Yo soy -¡perdón! Queridísima Lou, sea Usted lo que deba ser.» La
llamada quedó sin respuesta, a pesar de que Nietzsche hubo de esperarla nervioso.
PROYECTOS DE CARTAS PARA RÉE Y LOU
Proyecta entonces carta tras carta a Lou, a Rée, suplicante'
acusador, buscando una explicación. Página tras página, va llenando con estos
borradores los espacios que habían quedado en blanco en sus cuadernos de notas.Tiene que
recurrir a calmantes para conseguir dominar su terrible excitación. A mitad de diciembre
vuelve a cobrar ánimo para escribir una carta -la última- a Lou y a Rée juntos: «Si
alguna vez, por casualidad, me quitara la vida a causa de un afecto cualquiera, no habría
tampoco demasiado que lamentar. ¡Qué os importan a vosotros mis fantasías! (Incluso mis
'verdades' nunca os han importado nada.) Pueden comentar entre ambos cuanto quieran que
yo, al fin y al cabo, no soy más que un medio loco que padece de la cabeza y a quien la
larga soledad ha hecho desvariar ya totalmente.» »A esta, según pienso,
comprensible visión de las cosas, he llegado tras haber tomado -por desesperación- una
tremenda dosis de opio. Pero en lugar de haber perdido por ello la razón, me parece que
me llega al fm... Amigo Rée, suplique a Lou que me perdone todo -ella también me da
todavía una oportunidad de perdonarla. Puesto que hasta ahora aún no le he perdonado
nada. Uno perdona a sus amigos mucho más difícilmente que a sus enemigos.» Por
fín se convence de la separación. El 25 de diciembre escribe a Overbeck: «Mi
relación con Lou está en los últimos y más dolorosos momentos: al menos eso es lo que
yo creo hoy. Más tarde, si hay un más tarde, me gustaría decir una palabra al respecto.
La compasión, mi querido amigo, es una especie de infierno --,digan lo que digan los
seguidores de Schopenhauer.»
BUSQUEDA DE EXPLICACIONES A LO SUCEDIDO
«Un poema tal como 'en el dolor' resulta una profunda falsedad en su
boca.»
«Hoy no le hago a Usted más reproche que el de que Usted no fue conmigo sincera a tiempo
sobre sí misma».
«No diga nada en su favor, querida Lou: ya he hecho yo más en su favor de lo que Usted
podía --ante mí y ante los demás.»
«Tiene en mí al mejor abogado, pero también al juez más inconmovible! Quiero que
Usted misma se juzgue y establezca su pena. Mi querida Lou, ¡tenga Usted cuidado! ¡Si
ahora yo la recuso es porque se trata de una terrible censura de todo su modo de ser! Ha
tratado Usted con una de las personas mas indulgentes y benévolas: pero note Usted bien
que no necesito otro argumento frente a los egoistillas y vividores que el asco.»
«Con respecto a Lou von Salomé» --«Esto es una crueldad del destino, compasión,
infierno- --aguante del dolor; -autosuperación- - enorme- ----un cerebro con un apéndice
de alma- -carácter del gato- de la fiera que se presenta como animal doméstico-- -lo
noble como reminiscencia del trato con personas nobles y una voluntad fuerte, pero sin un
gran objeto, sin celo ni limpieza, sin honradez burguesa, sensibilidad horriblemente
alterada... Capaz de admiración sin amor por las personas, aunque amor a Dios... sin
sentimientos e incapaz de amar... sin agradecimiento, sin vergüenza ante los
benefactores... incapaz de la cortesía del corazón... brutal en detalles- --desleal- -no
'brava'-- --grande en asuntos de honor.»
«En otro tiempo, en Orta, decidí darle a conocer primero toda mi filosofía...
creía que no se podía hacer regalo mayor a nadie.»
«¿'Vamos a enemistarnos?... me gustaría un cielo más sereno entre nosotros.»
«¿Qué Piensan, pues, esas muchachitas de 20, qué sentimientos amorosos gratos poseen?
¿y no tienen otra cosa que hacer que estar enfermas aquí y allá y reposar en cama? ¿Ha
de ir uno encima tras esas muchachitas para espantarles el aburrimiento y las moscas?»
«No puedo improvisar ahora el perdón, después de que la ofensa tuvo cuatro meses de
tiempo para cebarse en mí.»
«Estoy, para hablar como librepensador, en la escuela de los afectos, es decir, los
afectos me devoran. Una compasión atroz, una decepción atroz; un sentimiento atroz de
orgullo herido -¿cómo lo soporto todavía? ¿No es la compasión un sentimiento que
proviene del infierno?... Cada mañana tengo mís dudas de cómo sobreviviré al día.
¿Ya me duermo?... Esta noche voy a tomar tanto opio como para perder la razón.»
«¡Curioso! Tengo una opinión preconcebida sobre Lou: y, a pesar de que he de decir que
todas mis experiencias de este verano la contradicen, no me veo libre de esa idea...
Propiamente nadie en mi vida se ha comportado tan fearnente conmigo como Lou... No hay
duda alguna de cómo trataría yo a un hombre que hablara así a mi hermana sobre mí. En
eso soy un soldado y siempre lo seré, yo soy entendido en armas. ¡Pero una muchacha! ¡Y
Lou!»
«Me desesperaba ver corromperse a un alma de noble disposición y decir la verdad: en
Tautenburg derramé innumerables lágrimas, no por mí, sino por Lou. Fue la compasión la
que me jugó esta pasada.»
A Rée: «Por el momento sólo veo que ella no tiene diversión ni buena
conversación intelectual: y cuando pienso todavía en las cuestiones morales, entonces,
por decirlo con calma, me invade la indignación.»
«La Lou de Orta era otro ser que la que luego volví a encontrar. Un ser sin ideales,
sin metas, sin obligaciones, sin vergüenza. ¡Y en los ínfimos peldaños de la moral, a
pesar de su buena cabeza! Me llegó a decir a mí mismo que ella no tenía ninguna moral
-¡y yo que pensaba que tenía, al igual que yo, una más estricta que nadie!; y que ella
la sacrificaba diariamente y cada hora algo de sí misma (y que eso nos daba derecho a
pensar sobre la moral).»
EL FRUTO DEL ZARATHUSTRA
En carta dirigida a Malwida por año nuevo, afirma:... «Lo que Usted dice del carácter de Lou es verdad, por muy doloroso que me
resulte confesarlo. jamás había encontrado un egoísmo tan natural, tan vivaz hasta en
los detalles más ínfimos, no mediado por la conciencia, un egoísmo así de feroz...
Pero creo, sin embargo, que en ese carácter existe oculta otra posibilidad.. Precisamente
en una naturaleza así sería posible un cambio casi repentino y un trastrueque de toda la
persona: lo que los cristianos llaman una 'conversión'. La vehemencia de su fuerza de
voluntad y su ímpetu son extraordinarios. En su educación han debido someterse fallos
garrafales -jamás he conocido una muchacha tan mal educada. Tal como se la ve por el
momento, resulta casi la caricatura de lo que yo admiro como ideal--, y ya sabe Usted que
es en su ideal donde uno es más sensiblemente mortificado.» En medio, menciona casi
con miedo aquello que, al menos, le sirve ahora de consuelo: «Si me quedan todavía
amigos, los tengo -¿cómo he de expresarlo?- a pesar de lo que soy o quiero llegar a ser.
Así, Usted ha seguido siendo amable conmigo, querida y admirada amiga, y deseo de todo
corazón que a cambio le pueda ofrecer algún día, en agradecimiento, un fruto de mi
jardín que sea de su gusto.» El fruto al que se refiere es la obra en
la que está trabajando: «Así habló Zaratustra», primera parte.
MUERTE DE WAGNER EN EL CAFFARO
El 14 de febrero, el manuscrito de la 1ª parte del Zarathustra es
enviado al editor Scherneitzner, aún antes de que le llegara de Venecia la noticia de la
muerte de Richard Wagner el 13 de febrero. El 14, Nietzsche había ido casualmente a
Génova y por la tarde leyó la noticia en el periódico «Caffaro». La
impresión fue tan grande que estuvo «algunos días gravemente enfermo»,
causando «preocupaciones» a sus patronos, como escribe a Köselitz el 19 de febrero.
REACCION CÍNICA ANTE LA MUERTE DE WAGNER
Nietsche escribe a Kösselitz el 19 de febrero: «Creo, incluso,
que la muerte de Wagner es el alivio mayor que podía deparárseme ahora. Fue duro tener
que ser durante seis años el enemigo de aquel a quien más se ha admirado, y yo no soy lo
suficientemente tosco para ello. ... Por lo demás, viejo amigo, también a Usted se le ha
aclarado el cielo con esa muerte. Ahora son posibles diferentes cosas; por ejemplo, que
nos sentemos juntos en el 'templo' de Bayreuth para oírle a Usted.» Sin
embargo, Nietzsche escribe a Overbeck el 22 de febrero: «Wagner fue, con mucho, el
hombre más lleno que conocí, y en ese sentido, desde hace seis años, he padecido una
gran carencia. Pero entre nosotros dos hay algo así como una ofensa mortal, y hubiera
podido llegar a ser terrible si él hubiera vivido más.»
NOTICIAS MANIPULADAS SOBRE WAGNER
El 21 de abril se expresa sin reparos ante Kóselitz: «Wagner
es rico en malas ocurrencias; pero ¿qué dice Usted del hecho de que intercambiara cartas
(incluso con mis médicos) para manifestar su convicción de que mi cambio de modo de
pensar se debía a vicios perversos, sugiriendo la pederastria?» Hoy día sabemos,
por las cartas ya publicadas de Wagner al Dr. Eiser qué sospecha, o qué
temores, abrigaba Wagner, pero a la pederastia no hay la menor referencia. Curt
v. Westemhagen, en su libro sobre Wagner de 1956 se apoya en el párrafo de la carta
a Overbeck, que era lo único que él conocía, y cree poder deducir la «ofensa
mortal» de la correspondencia Wagner-Eiser, que es cinco años anterior de todos
modos; respalda esta opinión con las palabras de Wagner de la carta del 23 de octubre de
1877 a Eiser: «Aconséjele eso [una cura de Gráfenburgi, y... sin ocultarle la causa
primordial de su mal» (que Wagner sospechaba que era el onanismo).
En este culebrón hay que expresar la fundada sospecha de que fue Elisabeth
quien, en su celo por la lucha, superó toda medida, y quien, debido a la decepción por
sentirse postergada que había tenido que sufrir en Bayreuth, no sintió ya traba alguna
para denigrar ante su hermano no sólo a Lou y -a Rée, sino también a Wagner y a la
señora Cosima. Así, al menos, parece seguirse de todo este párrafo (¡que ella
no publicó!) (carta de Nietzsche a Köselitz del 21 de abril de 1883): «Considere
Usted que yo provengo de círculos donde toda mi evolución se considera recriminable y se
la recrimina; fue sólo una consecuencia de que mi madre, el año pasado, me llamara
'afrenta de la familia' y 'una vergüenza para la tumba de mi padre'. Mi hermana ...
me ha declarado su abierta enemistad hasta que emprenda el camino de vuelta y me esfuerce
'en llegar a ser una persona buena y auténtica'. Ambas me consideran un 'egoísta, frío
y duro de corazón'; también Lou antes de conocerme más cerca tenía de mí la opinión
de que era un carácter vulgar del todo y bajo, 'siempre dispuesto a aprovecharme de los
otros para mis fines'; Cosima ha hablado de mí como de un espía que se introduce en la
intimidad de otros y que, cuando la tiene, hace de ella lo que quiere.» (A continuación
viene el párrafo citado que se refiere a la pretendida sospecha de pederastria por parte
de Wagner.) ... «Finalmente: sólo ahora, tras la publicación del Zaratustra, llegará
lo peor, dado que con mi 'libro santo' [¡expresión de Köselitz!] he desafiado a todas
las religiones.»
LUCHA DE ELISABETH EN CONTRA DE LOU
A Elisabeth le interesaba, además, poner mal a esa Lou
ante los amigos más íntimos de su hermano. En cartas enormemente largas y locuaces,
como, por ejemplo, a Ida Overbeck también, desarrollaba su punto de vista sobre la
«relación». Según ésta, Lou se había agarrado a su hermano, puro, inocente y
ajeno al mundo, lo había perseguido, seduciéndolo con su erudición barata. Es sucia, en
sí misma y en su moral, es incapaz de la mínima comprensión siquiera de la filosofía
de Nietzsche y, por ello, a sus espaldas y del modo más perverso, lo ridiculiza como
persona y como filósofo. Elisabeth se pone a sí misma como la noble sufriente, que
siempre ha sacrificado todo por su hermano, que ahora se siente suplantada, traicionada, e
incluso escarnecida, por ese engendro mediocre llamado «Lou», y que, por ello, vive
deshecha en lágrimas.
PROBLEMAS DE INSOMNIO PARA NIETZSCHE
El día de Navidad de 1882 escribe a Overbeck: «¡Si por lo
menos pudiera dormir! - pero las dosis más fuertes de mis somníferos me ayudan tan poco
como mis 6-8 horas de marcha.» Como somnífero usaba el hidrato de cloral,
entonces usual (fue sintetizado en 1832 por Liebig), del que gastó 50 gramos durante los
meses de diciembre de 1882 y enero de 1883, lo cual se considera una dosis absolutamente
soportable, sin efectos nocivos. «No he vuelto ya a dormir sin ese somnífero. Pero
últimamente he dormido catorce días seguidos --oh, qué alivio», puede escribir a
Overbeck el 1 ó el 2 de febrero.
RECHAZO A DEDICACIÓN OBRA DE RÉEE
En toda esta situación de sombras rompe un puente más. «He
rechazado el que se me dedique la obra capital de Rée 'Historia de la conciencia' y con
ello he puesto fin a una relación de la que ha surgido bastante confusión funesta»; y
considera esto como «otra liberación». (A Overbeck, marzo de 1883.)
LA AÑORADA LOU
Refiriéndose al sincero juicio de Köselitz, le escribe el 19 de
febrero: «... en determinados casos se trata muy poco de 'con o sin el incentivo del
amor', sino de si una persona bien dotada se hunde o no.» Así quería seguir viendo
a Lou. También a Overbeck le escribe el 22 de febrero: «Lou es, con mucho, la
persona más inteligente que he conocido. Pero etc. etc.» Cada vez iba cristalizando
más esta diferenciación: total reconocimiento de su valía intelectual y total
rechazo de su carácter, que culminó en la aguda formulación de la carta a Ida
Overbeck de principios de agosto de 1883: «... sigue siendo para mí un ser de
primera categoría, ¡lástima de él eternamente! Por la energía de su voluntad y la
originalidad de su espíritu estaba destinada a algo grande; por su efectiva moralidad
pertenecería más bien al correccional o al manicomio. La echo de menos....
DUDAS SOBRE SU CAPACIDAD DE CREADOR
El 24 de marzo Overbeck recibe estas instructivas líneas:
«Por encima de todo otro concepto, yo... tengo uno de la imperfección, de los
desaciertos y de los propios infortunios de todo mi pasado intelectual. Ya no hay nada
bueno que hacer; no volveré a hacer nada bueno. ¡Para qué hacer algo todavía! - Esto
me hace recordar mi última insensatez, me refiero al 'Zaratustra'... Me sucede que cada
pocos días lo olvido; estoy expectante por ver si tiene algún valor siquiera - yo mismo,
en este invierno, soy incapaz de emitir un juicio y me podría equivocar del modo más
absurdo respecto al valor o a la falta de valor.» Vuelven entonces a acrecentarse
sus pensamientos acerca de una huida en total soledad a un país donde nadie lo conozca ni
nadie lo busque. Piensa en España, y, concretamente, en la ciudad de Barcelona.
DESAPARECER DE LA ESCENA
En estos momentos de su vida, Nietzsche desea, pues, «desaparecer»,
tal como se expresa el 13 de marzo en carta a Overbeck, y cita también el ejemplo con el
que se compara. Se trata otra vez, y no será la última vez todavía, ni mucho menos, de
Bayreuth, de la casa Wagner, de la cual no puede liberarse: «Malwida acaba de
escribirme de la señora Wagner: 'Cosima quiere apartarse del mundo, incluidos todos
nosotros, tanto como lo está él, no quiere volver a los amigos, nunca más leer una
carta, en una palabra, vivir como una monja, sólo con sus recuerdos y los niños.'
Aproximadamente así es como yo quiero hacerlo, aunque no sea por los mismos motivos.»
Cosima se había retirado realmente «del mundo» al principio, y sólo volvió a
él cuando los acontecimientos en el teatro de Bayreuth, los daños ocasionados por
colaboradores rivales -verdaderas luchas de diádocos-, y los peligros que de ahí
surgieron para la obra del maestro, la obligaron a intervenir personalmente. Pero entonces
tomó las riendas en su mano con una energía y una voluntad férrea tales que -a
pesar de todas las críticas, justificadas muchas de ellas-- la mostraron ante todo el
mundo como mujer de un formato superior a lo normal, tal como Nietzsche siempre la había
visto en privado, la había admirado, y fue atraído y seducido por ella -incluso hasta en
los mismos días del inicio de la locura.
NIETZSCHE DE MAESTRO
Overbeck, tras las manifestaciones y los planes de
Nietzsche, vio claro inmediatamente el peligro que se cernía sobre su amigo. Para
librarlo de una absurda caída, le sugirió un plan para el futuro sabiamente
dosificado (escrito el domingo de Pascua, 25 de marzo de 1883): «Tu 'desaparecer, si
ha de tener algo en común con el de la señora Wagner, no te proporcionaría ciertamente
ninguna satisfacción. Mientras no te propongas metas más firmes para tu vida futura, no
veo posibilidad alguna para la tranquilidad que tú tanto necesitas ahora. Y a este
propósito te quiero participar una idea que ya he hablado, en referencia a ti, con mi
mujer, y que a ambos no nos parece inútil que se meditara. ¿Qué tal si pensaras en
volver a ser maestro, no me refiero en la universidad, sino maestro (por ejemplo de
alemán) en una escuela superior?... Una vuelta a la juventud te resultará
incomparablemente más fácil... Además, tal profesión de maestro es una de aquéllas
---quizá no comparable a ninguna otra en esto-- para las que en estos últimos años no
sólo no has perdido tiempo alguno, sino que te has vuelto más maduro. Para un proyecto
de ese tipo, en fin, no te faltarían, tampoco externamente... puntos de contacto. Puesto
que estoy convencido... de que vendrías aquí. Me doy por satisfecho con estas
indicaciones; tú podrás completarlas por tu cuenta, si la idea, así en general, te
resulta tan hermosa como yo no puedo menos de desear.»
PROFECÍA DE NIETZSCHE
A comienzos de abril responde a Overbeck que esa propuesta (ejercer
de maestro) era «con mucho la más aceptable de las propuestas» que se le
habían hecho últimamente (¡así pues, mejor que la invitación de Malwida a Roma!),
aunque repara: «... esperemos todavía a Zaratustra: me temo que después ninguna
autoridad del mundo me querrá tener como maestro de la juventud», ¡cosa que le
habían de confirmar pocos meses más tarde las autoridades universitarias de Leipzig!»
COMPLETAR LA TAREA PRIMORDIAL
El 17 de abril escribe en este sentido a Köselitz. También a
Overbeek le explica su decisión: «Este invierno no me ha mantenido en la vida otra
cosa que la repentina vuelta a lo que más me importa: mis obligaciones están allí donde
he de imponerme las exigencias más dificiles; allí están también mis fuentes vitales.
Ser maestro: ah, sí, eso me haría bastante bien ahora... Pero existe algo más
importante, frente a lo cual, incluso una profesión provechosa y eficaz como la de
maestro, sólo significaría en mi caso un alivio para mi vida, un descanso. Y sólo
cuando haya completado mi tarea primordial encontraré la buena conciencia necesaria para
llevar una existencia así... - ¿Pero quizá ya la haya completado? Entretanto Zaratustra
va mostrándose poco a poco, pliego a pliego.»
ENTUSIASMO DE KÖSELITZ
La depresión va desapareciendo poco a poco. Pero el paso de las
dudas más grandes sobre la obra, sobre el arte de la obra, a aquella confianza que se
extiende hasta una inequívoca conciencia de enviado, lo propició Köselitz con su
entusiasta asentimiento, al recibir los primeros pliegos de corrección. El 2 de abril
escribe: «¡Con cada libro me hace usted más difícil mirar siquiera al orden de las
palabras! El magnífico cambio de su espíritu, la fuerza de su lenguaje, la abundancia de
invención hasta en los detalles menores, el ardor y la majestad de su sentimiento, me
sorprenden, me excitan, vibran todavía en mí, en lo que da de sí mi capacidad... ¡No
existe nada igual, porque las metas que usted ofrece no han sido ofrecidas nunca, ni
podían ser ofrecidas, a la Humanidad! Hay que desear a este libro la expansión de la
Biblia, su visión canónica, sus comentarios.» Y pocos días más tarde, el 6
de abril-. «¿Bajo qué rúbrica cabe su nuevo libro? - Yo casi creo que bajo la de
'escritos sagrados'»; y el 17 de abril: «¡Es maravilloso!, dicen a menudo los
discípulos ante las palabras de Buda. '¡Es maravilloso!', tengo que exclamar yo a
menudo, y con mayor motivo que aquéllos, dado que yo le escucho a usted como
Zaratustra.»
CON LA FAMILIA DURISCH
El 14 de junio Nietzsche se puso en camino, solo -y no con la
hermana, como dice ella-, hacia el norte. El 15 escribe desde la estación intermedia de
Bellaggio, en el lago de Como, a Overbeek y a su hermana. El tiempo es malo, llueve a
cántaros, y a pesar de que no se le puede augurar mejor tiempo en la Engadina,
donde a causa de la altura hace frío todavía, el 18 de junio se va allí. El 21 de junio
informa a la madre y a la hermana (que entretanto ha vuelto a Naumburg, pasando por
Basilea, donde visitó a los Overbeck): «Entretanto me ha ido mal. llegué a la
Engadina con lluvia y auténticamente helado: algunas horas más tarde Sils-Maria se
cubrió de nieve. Me quedé en el hotel hasta el miércoles (20 de junio), visitado por
desgracia por fuertes dolores de cabeza... El entorno de la Engadina y todo en ella en
general me agrada otra vez extraordinariamente, sigue siendo mi paisaje más querido -pero
tiene que hacer más calor.» Nietzsche vive en casa de la familia Durisch,
que evidentemente lleva un pequeño negocio, puesto que él puede comprar allí «biscuits
ingleses, cornedbeef, té, jabón y en general cualquier cosa». «La gente es tan buena
conmigo y se alegran tanto de mi vuelta, especialmente la pequeña Adrienne.»
ANTISEMITISMO DE SU EDITOR
Pero los problemas con la publicación de la primera parte del Zarathustra
seguían. El editor Schmeitzner, de repente,
barruntó en el negocio de publicaciones antisemitas un impulso para su
editorial, amenazada de ruina, un impulso que las obras de Nietzsche, en cualquier caso,
no le habían dado. Todo esto, aderezado con una amarga ironía, se lo comunica Nietzsche
el 1 de julio a su amigo Köselitz: «Acabo de saber que Zaratustra espera en
Leipzig 'pendiente de envío': incluso los ejemplares de regalo. Ello a causa de
'operaciones muy importantes' y continuos viajes del jefe de la alianza antijudía, el Sr.
Schmeitzner: por eso 'la edición, por una vez, tiene que esperar un poco', como él
escribe. Es realmente de risa: primero el impedimento cristiano, los 500.000 libros de
canto, y ahora el impedimento de la enemiga a los judíos -se trata auténticamente de
'vivencias fundadoras de religión'.» Y con ello comienzan las consideraciones de Nietzsche
--que ya nunca se interrumpirían, volviéndose además cada vez más incisivas- en
contra del antisemitismo, que florecía enormemente desde hacía unos años y que,
para su desazón, él habría de vivir en su futuro cuñado, fomentado y puesto en
práctica.
SEGUNDA PARTE DEL ZARATHUSTRA
El 13 de julio de 1883 escribe a Köselitz: «Ya tengo tras
de mí el segundo verso - y ahora que está acabado me estremece la dificultad que he
superado sin haber reparado en ella. Desde mi última carta (el 1 de julio) me encuentro
mejor y más animoso; concebí de una vez la segunda parte de Zaratustra - y tras la
concepción también el nacimiento: todo con la mayor vehemencia. (En tal ocasión me ha
venido la idea de que probablemente muera un día en una expansión y explosión de
sentimiento así. ¡que me lleve el diablo!) El manuscrito para la imprenta estará listo
pasado mañana, sólo faltan ya los últimos 5 apartados; y mis ojos trazan límites a mi
'aplicación'... Se trataba primordialmente de obligarle hasta el segundo peldaño y,
desde allí, alcanzar todavía el tercero (cuyo nombre es 'Mediodía y eternidad': ¡esto
ya se lo dije a Usted una vez! ¡Pero le ruego encarecidamente que no diga nada a nadie al
respecto! Para la tercera parte voy a concederme tiempo, quizá años--).» No
pasarían años, sino sólo seis meses, hasta la primera mitad de enero de 1884.
DESPRESTIGIO DE ELISABETH CONTRA LOU
Elisabeth no había renunciado a su plan de exorcizar a la
odiada Lou.Ya a finales de noviembre de 1882, Nietzsche había escrito a Malwida
von Meysenbug: «Mi hermana considera a Lou como un bicho venenoso a quien habría que
destruir a toda costa -y trata de hacerlo además.»
NIETZSCHE INTENTA OLVIDAR Y SE SIENTE AGOTADO
Toda esta situación Nietzsche la vive alterado. Un párrafo
(suprimido por Köselitz) de su carta del 26 de agosto de 1883 a Köselitz manifiesta
estremecedorarnente lo próximo que se sentía ya en ese verano del derrumbamiento total: «El
curioso peligro que corro este verano se llama -para no retroceder ante la temida
palabra-- locura, y de igual modo que el invierno pasado, contra todo pronóstico, cogí
una fiebre nerviosa realmente larga -¡yo, que nunca había tenido fiebres-, podría
suceder también algo que jamás he creído me sucediera a mí: que pierda la razón.»
En su desesperanzada situación ya se había confiado antes a la esposa del amigo, Ida
Overbeck, hasta el punto de que pudo escribirle a mitad de julio: ... Pero así, me
sobrevino una especie de locura; y ya no puede arreglarse en modo alguno el hecho de que
mi fantasía y mi compasión hubieran de debatirse durante un año aproximadamente en el
fango de esas experiencias. Creo que he soportado ya más de lo suficiente, cinco veces
más de lo que a una persona normal la lleva al suicidio: y todavía no ha acabado...
Ahora vuelven a
EL ANTISEMITA FÖRSTER:
Förster era un conocido, por no decir tristemente
conocido, antisemita, uno de los mayores impulsores de ese movimiento político desde
1880. Ese partido había sido duramente marcado en los últimos tiempos por penosos
sucesos. Förster mismo había estado mezclado en una pelea y hubo de abandonar
su puesto como profesor de Instituto en Berlín. Había disputas en el partido,
desavenencias personales y de tipo más profundo también, de modo que a Förster
le pareció oportuno desaparecer durante algún tiempo. En febrero de 1883 se fue a
Sudamérica, al Río de la Plata, para investigar qué posibilidades había allí
para una colonia alemana. Nietzsche creía ahora que Förster
se había separado del partido antisemita y que, sin prejuicios ideológicos, se
dedicaba a una obra meramente colonial. Así, escribe a la hermana: «Felicito
sinceratnente al Dr. Förster por haber abandonado a tiempo Europa y la cuestión judía.
¡Puesto que pobre partido el que como éste se ve obligado, tras una existencia tan
corta, a apuntar en su cuenta un proceso como el de Tisza! Sí, cuando la nobleza más
degenerada del mundo, la húngara, pertenece a un partido, entonces todo está perdido.»
CURSOS DE FILOSOFÍA EN LEIPZIG
Varias veces Nietzsche había pedido a sus amigos que le
encontraran algo que lo «rescatara», una actividad que, por su «obligatoriedad»,
lo sacara fuera de las cavilaciones, de las pasiones tornadizas y autodestructivas que se
habían seguido del conflicto Lou-Rée, de las tensiones familiares y
del peso de sus pensamientos filosóficos, y lo asimilara a un programa
científico menos cargado emocionalmente. Se hicieron tanteos, con el catedrático de
Filosofía Heinze de Leipzig, para que Nietzsche pudiera impartir allí un
curso el próximo semestre de invierno. El 16 de agosto hace partícipe del plan a
Köselitz: «Cuando no estoy enfermo o medio loco, lo cual sucede también, me
entretengo pensando en una disertación que quiero mantener este otoño en la universidad
de Leipzig: el tema es 'Los griegos como conocedores de los hombres'. Ya he dado el primer
paso para impartir lecciones en esa universidad -primero, durante cuatro semestres, una
descripción de la 'cultura griega' -para la que me he hecho aquí un proyecto.»
NIETSCHE ALGO INSOPORTABLE PARA LEIPZIG
Pero en Leipzig no quiere oírse nada de ello; el autor del
«Zaratustra», el «Anticristo», ya no resulta soportable para la Universidad
de Leipzig. Cuando regresó de Schuls a Sils, Nietzsche encontró una carta sobre la que
informa a Köselitz ya el mismo día (el 26 de agosto): «La idea del curso en Leipzig
fue una idea desesperada, - quise distraerme por medio del trabajo diario más duro, y no
verme devuelto a mis tareas definitivas. Pero la idea ya ha sido abandonada: y Heinze, el
rector actual de la universidad, me ha aclarado las cosas al respecto advirtiéndome que
mi solicitud fracasaría (igual que en todas las universidades alemanas); la Facultad no
se atrevería a proponerme al Ministerio -a causa de mi postura frente al cristianismo y a
la idea de Dios.»
ANIMO ELEVADO ANTE LA NEGATIVA DE LEIPZIG
De este modo le afecta a Nietzsche la negativa de Leipzig: «¡Bravo!
Este modo de ver las cosas me devolvió mi ánimo.» Nietzsche recibe también la
primera recensión del Zaratustra. A Overbeck (y de modo parecido también a Köselitz) le
informa triunfante: «Lo que me causa placer es ver que ya este primer lector ha
sentido de lo que aquí se trata.- del 'Anticristo', anunciado desde antiguo. Desde
Voltaire no había sucedido un atentado así contra el cristianismo -y, para decir la
verdad, tampoco Voltaire tenía idea de que se le pudiera atacar así.»
TERCERA PARTE DEL ZARATHUSTRA
Nietzsche sigue dando vueltas en su cabeza a los proyectos que
ya desde Sils (el 3 de septiembre) había anunciado a Köselitz: «Por lo demás,
tengo que notificarle, no sin pesadumbre, que ahora, con la tercera parte, el pobre
Zaratustra ha entrado en un camino oscuro -tanto que Schopenhauer y Leonardi sólo
parecerán principiantes y bisoños frente a su 'pesimismo'... Quizá redacte mientras
tanto algo teórico; mis notas para ello tienen ahora el título 'la inocencia del
devenir'. Un indicador de la salvación de la moral.»
DIFERENCIAS ENTRE LO FUERTE Y LO DEBIL
Por esta época es cuando aparece por primera vez la expresión de
que hay que establecer de nuevo todos los valores, así como la diferenciación
fundamental entre «fuerte-débil», en vez de entre «bueno-malo». «Distingo
sobre todo entre personas fuertes y débiles -aquellas que son llamadas a dominar, y
aquéllas que lo son a servir y obedecer, a la 'entrega'.» (A la hermana, noviembre
de 1883.) Y continúa:...«Lo que hasta ahora me ha hecho bien ha sido la
visión de personas con una gran voluntad - ... que son sinceras para no creer en nada
mejor que en sí mismos y en su voluntad, para imprimir eso mismo en las personas para
todo, todo tiempo. ¡Perdón! Lo que me atraía de Richard Wagner era esto; en él vivía
Schopenhauer sólo en un sentimiento así. Y de nuevo perdón, si añado que el año
pasado yo creí haber encontrado un ser de esa naturaleza, a saber, la señorita Salomé;
la borré de mi vida cuando me di cuenta, por fin, de que ella no quería otra cosa que
hacerse, a su modo, una vida cómoda, y que la magnífica energía de su voluntad sólo
iba dirigida a un objetivo tan modesto ---en una palabra, que ella pertenece a la especie
Rée. (Quiero añadir todavía, en honor a la justicia, que ella, al igual que Rée, posee
una cualidad muy atractiva para mí, a saber, ser en relación consigo, con los motivos de
su obrar, etc., de una total desvergüenza. ¿Sabes? En cada época apenas vivirán 5
personas que tengan esa cualidad y posean suficiente espíritu a la vez para poderse
expresar. (A ellas pertenecía Napoleón.)»
EL ZARATUSTRA COMO LIBRO SAGRADO
Köselitz coloca el libro en la serie de los «escritos
sagrados», apartándolo con ello tanto del arte como de la filosofia.
Para él las sentencias de Nietzsche son auténticos dogmas. Y con ello comienza
la fatalidad para la comprensión de Nietzsche, fatalidad que continuó siendo
alimentada por el Archivo de Nietzsche.
¿Al lado de qué sagradas escrituras habría que colocar al Zaratustra?
Ciertamente no junto al Nuevo Testamento, a pesar de
que la cuarta parte, sobre todo con sus desagradables parodias, tiene cierta
relación, aunque negativa, con él. Formalmente no puede hacerse un paralelo entre las cuatro
partes del Zaratustra y los cuatro evangelios; tampoco con respecto a la
trama de la acción. Los cuatro evangelios, cada uno a su manera, toman todos,
cuatro veces, la misma historia desde el principio hasta el final, mientras que las cuatro
partes del Zaratustra se ordenan todas al hilo de una sola narración. El Zaratustra,
por su contenido, no puede representar tampoco un «sustituto de la Biblia» o un
«rival» suyo, ni fue concebido como tal; no es un libro de religión,
sigue siendo filosofía. La religión afirma como «Verdades»
conocimientos intelectuales y exige fe en ellos. La filosofía pregunta, ella
misma se cuestiona a sí misma con sus afirmaciones; no pide fe, sino convencimiento por
la ratio. También el Zaratustra cuestiona, e incluso previene contra la
fe, así, por ejemplo, al final de la parte: «Vosotros me veneráis, pero ¿qué
ocurrirá si un día vuestra veneración se derrumba? ¡Tened cuidado de que no os aplaste
una estatua! -¿Decís que creéis en Zaratustra? ¡Pero qué importa Zaratustra! Sois mis
creyentes: ¡pero qué importan todos los creyentes! -Todavía no os habíais buscado
cuando ya me encontrasteis a mí. Eso es lo que hacen todos los creyentes; por eso vale
tan poco cualquier fe.»
En las últimas palabras que escribe en la tarjeta postal del 17 de abril de 1883
Köselitz descubre cuáles pudieran ser los «escritos sagrados» a los que
se refiere, en cualquier caso, comparativamente: «¡Alabado sea él, el
bienaventurado, el santo, el iluminado total! -con estos apóstrofes tan budistas,sin ser
budista,le saluda con la devoción de un discípulo- su agradecido Köselitz.» Se
manifiesta en esto el recuerdo de Köselitz de su semestre en Basilea durante el invierno
de 1875-76. En aquella ocasión Nietzsche dictó un curso sobre «arcaísmos
de la cultura religiosa de los griegos». El material de base de sus «investigaciones»
era la obra de Friedrich Creuzer «Simbólica y mitología de los pueblos
antiguos», cuya tercera edición (1836-43) poseía Nietzsche. En ella se expone
detalladamente a Zoroastro. Parece que en esa obra produjeron admiración en
Nietzsche, y, sobre todo a su alumno Köselitz, las partes sobre Buda. Ese
interés fue alimentado por una obra que le regaló Gersdorff, a quien Nietzsche
da las gracias el 13 de diciembre de 1875: «Tus libros: ¡cuando se tienen amigos que
sienten tanto con uno, hay que conservar el buen ánimo! De verdad, el hermoso instinto de
tu amistad me maravilla... El que tú hayas caído justamente en estos aforismos indios
cuando yo, en los dos últimos meses, con sed creciente, he vuelto mi vista hacia la
India. Tomé prestado del..., Sr. Widemann la traducción inglesa de los Sutta Nipáta,
algo de los libros sagrados de los budistas.» En defintiva según esta
interpretación, el punto de contacto externo y formal es, sobre todo, la construcción de
la obra en «discursos». Aquí los discursos de Zaratustra y allí los
de Gautama Buda. Esa misma impresión ofrece Lou Salomé en 1882 en su
nota: «Veremos todavía que aparece como predicador de una nueva religión.»
Pero existe un problema en relación con esta interpretación. Parece que nunca llamó la
atención de Köselitz el hecho de que en el título de la obra aparezca el
nombre del fundador religioso persa, que predica un dualismo
-estableciendo dos fuerzas metafísicas contrarias-, lo que representa la mayor
oposición posible a la posición filosófica de Nietzsche. El veía a Buda
y a Zaratustra como personajes muy semejantes y le pareció un motivo
suficiente para el paralelismo, el que tanto en uno como en otro se encontraran discursos,
aunque incluso en esto se confundió también. Los títulos de los discursos son, en su
mayoría, de la forma: «De ... », cuyo modelo son los muchos títulos de
tratados de la filosofía presocrática de la forma: peri tou. Y la
fórmula «Así habló ... » es la traducción del «tade» o del «ode
legei ... » Esto nos lleva a tener que situar otra vez los puntos de
referencia en la tradición filosófica griega, y esto no sólo para el
título, sino también para la figura del «héroe del título». En este aspecto
parece que el recuerdo más fuerte se dirige hacia el filósofo, predicador itinerante y
médico, rodeado de leyendas, Empédocles, del que se han conservado grandes
partes de un poema didáctico -conocido también de Nietzsche-- en hexámetros.
Aunque Empédocles no proporcionara el título para la obra de Nietzsche,
esa figura presocrática, sin embargo, está presente en la obra de Nietzsche
junto con su herencia: la inextricable mezcla de ciencia natural, filosofía natural
jónica y misticismo pitagórico-eleático. Ya el primer comentarista de Zaratustra, Gustav
Naumann, se refirió a esto en 1899. El ve en el fragmento de Empédocles,
de Nietzsche, la forma preexistente del Zaratustra. Y con ello la obra vuelve a
colocarse en otro contexto formal diferente: el de la antigua tradición del poema
didáctico.
EL ZARATUSTRA Y EL PROMETEO DE CARL SPITTELER
El poema «Prometeo» de Carl Spitteler, apareció a fines de 1880 bajo
el pseudónimo de Félix Tandem. No existe ninguna prueba que demuestre que Nietzsche
conociera esta obra durante la época de concepción del Zaratustra.
CREENCIA DE SPITTELER
Pero Spitteler sí parece que creyó que Nietzsche conocía
su obra: «... que inmediatamente después de la aparición del libro,o sea en enero
de 1881, junto a otros escritores, fueron antiguos discípulos de Nietzsche los que
especialmente se entusiasmaron con el libro. 'Hay que enviárselo, sea como sea, a
Nietzsche', se decía... Yo se lo prohibí terminantemente a cualquiera... ¿pero no se lo
enviarían a pesar de todo? Yo no sé nada al respecto, tampoco ninguno de mis conocidos
sabe algo. Pero si se me pregunta cuál es mi opinión con respecto a esa posibilidad...
respondo: no sólo me parece posible, sino probable... resultaría una casualidad extraña
que Nietzsche no hubiera conocido el libro ya entonces (1881 o1882). Hay que darse cuenta
de que, a pesar del silencio de la prensa, el 'Prometeo' alcanzó una extraordinaria
consideración en los círculos más elevados del mundo intelectual y literario de Suiza.
La fama de que se trataba de un libro sorprendente y misterioso, de estilo bíblico, fue
extendiéndose desde febrero de 1881 entre las personas más significativas de la Suiza
alemana. Numerosos escritores célebres, así como los directores de orquesta más
reconocidos en Berna, Basilea y Zürich, tuvieron el libro en sus manos. Era conocido en
las Universidades suizas... A Jacob Burckhardt, catedrático de Basilea, se lo envié yo
mismo.» ¿Y Nietzsche, catedrático de Basilea, en contacto con todos los hombres famosos
de Suiza, no iba a haber recibido ninguna noticia de ello? Ya me he referido a cómo entre
los primerísimos lectores y admiradores del libro se encontraban algunos antiguos
discípulos y fieles seguidores de Nietzsche; entre ellos, basileos que hacían a su
querido maestro visitas de gratitud y de homenaje. ¿Qué es, pues, más probable? ¿Que
esos discípulos de Nietzsche guardaran silencio al respecto, o que alguno de ellos... le
hiciera reparar en ello? Además... que ningún librero de Basilea... enviara el nuevo
libro a casa del Sr. Prof. Dr. Friedrich Nietzsche para presentárselo...? ... Me parece
oír a Jacob Burckhardt, en conversación con Nietzsche, cómo incidentalrnente le dice:
'¿Por qué no echa una ojeada ocasionalrnente a esto si tiene tiempo? Quizá consiga
Usted entenderlo, a mí me resulta imposible.' Finalmente: En el otoño de 1881,
inmediatamente después de la aparición de la segunda parte, el 'Bund' de Berna sacó una
larga reseña del libro; Nietzsche leía con gusto el 'Bund'. En el periódico más leído
de Basilea, el 'Basler Nachrichten', el Prof. Stephan Bom, es decir, un colega de
Nietzsche en la universidad de Basilea, se refirió a la obra con palabras de loa. Por
decirlo otra vez:... sería asombroso que el libro se le hubiera escapado entonces ... »
TESIS DE WEINGARTNER
Continúa afirmando Spitteler: «Según mis noticias fue
Weingartner el primero que, clara y decididamente, para gran sorpresa mía, manifestó
públicamente su firme convicción de que en el 'Zaratustra' de Nietzsche podían
reconocerse, sin duda alguna, huellas claras de un gran influjo del 'Prometheus', de
Tandem.» El músico Felix Weingartner (1836-1942) se había entusiasmado tanto con
el poema de Spitteler que en 1904 publicó un pequeño librito titulado: «Carl
Spitteler. Una experiencia artística» Allí escribe: «La forma del poema
entero es épica, el lenguaje elevado siempre rítmicamente, prosa bíblica diría yo.
Sólo hay una obra que pueda ponerse en comparación con ella, a saber 'Así habló
Zaratustra', y fundamentalmente por razón de que Nietzsebe conoció el 'Prometeo' de
Spitteler, aparecido en el año 1881, y... fue visiblemente influenciado por él. Esto no
sólo se manifiesta en el hecho de que en ambas obras el héroe se acompañe de dos
figuras de animales: Prometeo, del león y del perrito; Zaratustra, del águila y la
serpiente, sino también, repetidamente, en los procesos de ideas, en las imágenes del
lenguaje. A pesar, sin embargo, de las semejanzas debidas a este influjo, entre ambas
obras se dan las diferencias más profundas. Nietzsche se esfuerza por vestir sus
objetivos filosóficos de formas poéticas... -Nietzsche es un poeta aparente; Spitteler,
real.»
PRUEBAS ENDEBLES
Por desgracia, Weingartner no da prueba alguna para su
estricta afirmación de que «Nietzsche conoció el 'Prometeo' de Spitteler, aparecido
en el año 1881». Se funda en una suposición que no es verdadera, a saber,
que Nietzsche en 1881 era todavía catedrático en Basilea, que estaba
en contacto con sus alumnos, que conversaba con Jacob Burckhardt y que los libreros
basileos acostumbraban a enviar a casa al catedrático las novedades editoriales
interesantes, para su presentación. Nietzsche había dejado dos años antes su
cátedra y abandonado Basilea. Ya no mantenía contactos directos con sus antiguos
alumnos, excepto con Köselitz (quien desde 1876, sin embargo, no estaba en Basilea). En
la correspondencia con ambos, durante la época de Zaratustra, no se encuentra
mención alguna de Spitteler. Con Jacob Burckhardt llegó todavía a
algún contacto epistolar eventual -y tampoco en él se hace mención alguna de Spitteler-,
pero no a un contacto personal. ¿Y los libreros? Los lugares de residencia
de Nietzsche les resultaban desconocidos, tenían que serles desconocidos, puesto
que la propia hermana no siempre sabía exactamente dónde se encontraba en un momento
determinado. Incluso a Overbeck (como también a casa) la mayoría de las veces sólo le
indicaba direcciones de «poste restante».
Recordemos rápidamente esa época: el invierno de 1880-81 lo pasó
Nietzsche en Génova, ocupado en la elaboración de «Aurora». El 1 de mayo se
va a Recoaro, donde se encuentra con Köselitz. Desde aquí, el 2 de julio,
se va directamente a la Engadina. A comienzos de 1881 es cuando fija él ya por
primera vez la idea y el plan del Zaratustra «
OTRAS FUENTES
Weingartner, sin embargo, ofrece una indicación que da que
pensar: el paralelismo de los animales acompañantes: en Spitteler el león y el
perrito, en Nietzsche el águila y la serpiente. El problema reside, sin embargo,
que las fuentes de los animales de Nietzsche hay que buscarlas en otro lugar, debiendo
necesariamente recurrir a «The Revolt of Islam» de Shelley (donde
aparecen directamente el águila y la serpiente). Esta es una obra que Nietzsche
conocía en la traducción de J. Seybt. Como alumno de Pforta había deseado esa
obra en las Navidades de 1861. En la biblioteca dejada por Nietzsche es verdad
que sólo se encuentra la obra «Pomas elegidos de Shelley», de Adolf
Strodtmann, que no incluye «La rebelión del Islam», pero, sin embargo, el
deseo de 1861 de poseer la traducción de Seybt claramente hubo de surgir del
conocimiento de esa obra. El conocimiento del amigo de Byron, P. B. Shelley
(1792-1822; «The Revolt of Islam» 1817) se debía a la admiración por Byron
que Nietzsche había traspasado también a otros. En cartas de Gerssdorff (16 de
septiembre de 1877) y Köselitz (13 de marzo de 1879) se cita a Shelley como
alguien conocido y obviamente familiar. Podría ser posible, por tanto, que algunas
imágenes de ese poema siguieran actuando en el Zaratustra. En la introducción
autobiográfica de Shelley leemos: «El peligro que reside en el borde de los
abismos ha sido mi compañero», y en el primer canto:
«Me desperté de un sueño profundo y subí
un brusco acantilado a orillas del mar,
cuyo pie estaba minado por la caída de las olas»,
trás lo cual Shelley describe la lucha de la luz niebla y la tempestad; con la estrofa 8:
«Y en el aire vi un águila,
a quien ceñía el anillado cuerpo de una serpiente»,
Shelley introduce los animales simbólicos, en cuya
lucha indecisa se manifiesta el antagonismo, asimismo indeciso, entre bien y mal.
Con menor claridad, pero imposible de no reconocer en detalles aislados, viene a la
memoria un poema coetáneo que Nietzsche, pocos años antes, había sobrevalorado
tanto al menos como el genio compositor de su amigo Kóselitz: «El Prometeo
desencadenado» de Siegfried Lipiner. Imágenes como esta:
«Allí, en las rocas, solitario, está
sentado un hombre,
profundamente entregado a la meditación, soportando con la mano la cabeza, reflexivamente
inclinada hacia adelante»,
O COMO CUANDO DICE:
«Pecarás tranquilamente, sobrio,
con sentido despreocupadamente consciente, con ceñudas miradas,
y sonriendo - ja....»
No deja de resultar irónico el hecho de que la tristemente
célebre «bestia rubia», que tanto se ha achacado a Nietzsche, puede
remitirse, en cualquier caso, a la imagen de Lipiner del héroe transgresor «tranquilo»
y «sonriente.»
EL PERSONAJE ZARATUSTRA
En el semestre de invierno de 1875-76,
Nietzsche había impartido un curso de tres horas semanales sobre los arcaísmos de la
cultura religiosa de los griegos, curso que, tras su año de vacación, continuó o, más
bien, repitió en el semestre de invierno de 1877-78. Para prepararlo se había basado,
entre otras cosas, en la «Simbólica» de Friedrich Creuzer. Ya en
1871, mientras trabajaba en el «Nacirniento de la tragedia», había sacado la
obra de cuatro tomos de la biblioteca de la Universidad de Basilea y más tarde la
adquirió él mismo. En ella se encuentra una amplia exposición de la «religión
irania», es decir del Zend-Avesta, con amplio uso de textos -bien conocidos
por Nietzsche- de autores griegos como Herodoto, Platón, Diógenes Laercio y Plutarco. De
acuerdo con ello, Creuzer usa la mayoría de las veces la forma griega del nombre
del fundador religioso persa «Zoroaster», aunque conoce también las formas Zaretoschtro
-Zeratuscht, que traduce como «Estrella de oro» «--Estrella del
fulgor» o como «el que destella oro», interpretaciones que la moderna
iranística ha vuelto a poner fuertemente en duda, pero que entusiasmaban a Nietzsche.
Parece que conoció esa significación sólo más tarde, según escribe el 23 de abril de
1883 a Kóselitz: «Hoy he aprendido casualmente qué significa 'Zaratustra': a saber
'Estrella de oro'. Este hecho casual me hizo feliz. Se podría pensar que toda la
concepción de mi librito tiene su raíz en esa etimología: pero hasta hoy no supe nada
de ello.» Después de todo sus lecturas de la obra de Creuzer habían
tenido lugar siete años antes, lo que podría explicar que ya no recordara ese detalle
-pero el párrafo epistolar indica que durante el trabajo en el Zaratustra vuelve
a consultar la obra de Creuzer, de la que en otro tiempo le había surgido tan
sugestivamente la figura de Zaratustra y su doctrina.
Hay, empero, otras imágenes de la exposición de Creuzer que pudieron haber
influido; así, por ejemplo, cuando éste escribe: «Zoroaster se retira a los montes
Albruz y se dedica allí totalmente a la meditación y a la oración.» En el caso de
Nietzsche aparece en el proemio: «... fue a los montes. Allí gozó
de su espíritu y de su soledad, y no se cansó de ello durante diez años.» Nietzsche-Zaratustra
sale de su cueva e invoca al sol. Zoroastro es un adorador del
sol y dispone una cueva como imagen del mundo, en cuya entrada se consuma la
ofrenda de un toro. Pero Creuzer también habla de una ofrenda de
miel a Mitra.
ZARATHUSTRA EN EL ECCE HOMO
¿Qué fue lo que pudo mover a Nietzsche a hacer
precisamente de este fundador religioso persa, más bien lejano a todo su modo de ser y a
su formación, el abanderado de su obra?
Nietzcshe, en su última noticia retrospectiva, en el capítulo del «Ecce
homo» «Por qué soy un destino» (Apartado 3), ofrece una explicación que
tampoco es totalmente convincente, si se tiene en cuenta la época de su redacción y el
lugar, el «Ecce homo» precisamente, «No se me ha preguntado, debería
habérseme preguntado, que significa precisamente en mi boca, en la boca del primer
inmoralista, qué significa el nombre Zaratustra: puesto que lo que constituye la tremenda
singularidad de ese persa en la historia es justamente lo contrario. Zaratustra fue el
primero que vio en la lucha del bien y del mal la auténtica rueda del movimiento de las
cosas - la traducción de la moral en lo metafísico, como fuerza, causa, fin en sí
mismo, es obra suya. Pero esa pregunta sería ya, en el fondo, la respuesta. Zaratustra
creó ese error, el más funesto de todos, la moral: en consecuencia, también él ha de
ser el primero que lo reconozca.» La idea de que es un atributo de grandeza
el poder retractarse a sí mismo, a su propia doctrina, se encuentra en Zaratustra
I «
ZARATUSTRA EN SU CONTEXTO
Zoroaster es profeta de Dios,
organizador de la liturgia, con el objetivo de ser «intermediario» entre Ormuz,
el principio del bien, experimentado en la luz del sol y cuyo animal simbólico es el
águila real, y Ahriman, el principio del mal, experimentado en las tinieblas y
cuyo animal simbólico es la serpiente. Nietzsche-Zaratustra consiguió la
conciliación de los principios antagónicos, tarea que había planteado la religión
persa: él está más allá del bien y del mal. Los dos animales simbólicos, que
todavía en Shelley luchan y se despedazan entre ellos, rodean a Nietzsche-
Zaratustra como pacíficos,unas veces meditabundos y otras curiosos,animales de
acompañamiento, que reposan, reconciliados, a sus pies.
EL ETERNO RETORNO SEGÚN STEINER
Ya en 1895- Rudolf Steiner pensó que la idea del
«eterno retorno» habría surgido como contrapuesta de las lecturas de Nietzsche
del «Curso de filosofía» de Dühring, aparecido en 1875.
Steiner había recibido de Elisabeth Förster el encargo de ordenar en
el recién fundado Archivo de Nietzsche los libros dejados por éste. Al hacerlo
notó cómo la obra de Düring mostraba huellas de haber sido especialmente
usada. Hojeándola llegó a la página 84, donde Dühring expone la idea del «eterno
retorno» y su refutación científico-natural. En esta parte Nietzsche
había hecho señales y observaciones.
TESTIMONIOS EN RELACIÓN CON EL ETERNO RETORNO
En 1899 Gustav Naumann se opuso fuertemente
a la opinión de Steiner de que Nietzsche había llegado desde ahí a sus ideas. Dühring
había sido un pensador excesivamente mediocre como para que Nietzsche se hubiera
dejado influir por él de ese modo. Naumann se refiere a otras posibles fuentes.
Y esas «otras fuentes» están de nuevo en la antigüedad. Por ejemplo,
encontramos la idea del eterno retorno en el pensamiento pitagótico
contra el que ya polemizó el discípulo de Aristóteles, Eudemo. Éste cita a un
pitagórico que, al parecer, dijo: «volveré a enseñar así, manteniendo
este bastón ante vosotros que estáis aquí sentados». También la física
estoica, con su doctrina de las periódicas destrucciones del mundo por el fuego y
sus resurgirnientos, está muy próxima a este supuesto del eterno retorno. En
los últimos tiempos se ha considerado un posible influjo de la doctrina del karma,
que Nietzsche debía de conocer por su estudio de escritos indios.
SOBRE EL SUPERHOMBRE
Desde Naumann siempre se ha recordado cómo
la expresión «superhombre» ya aparece en Novalis, Heine y Goethe. En
sus fundamentos la idea ya está esbozada en el platonismo. Nietzsche mismo
remite a esta fuente en un apunte de los años ochenta, donde él reproduce, recortándolo
tendenciosamente, un párrafo platónico (Theages 126ª): «Cada uno de
nosotros desea, en lo posible, ser el señor de todos los hombres, y preferiblemente
dios.» En la formulación plotínica posterior la idea se lleva hasta sus
últitnas consecuencias: el anhelo y la tarea de los que filosofan es volverse
«semejantes a Dios»
DIFICULATADES DE INTERPRETACIÓN
El Zarathustra presenta muchas dificultades
de comprensión y se convierte, por ello, en una fuente de malentendidos. Nietzsche
mismo se dio cuenta de este problema -y no pudo solucionarlo- y expidió el «Zaratustra»
a la luz pública como «un libro para todos y para ninguno».
Las dos ideas filosóficas fundamentales de la obra dan pie a una interpretación poco
unitaria. El superhombre puede
entenderse muy bien como un proyecto racial a fundar científico -naturaltnente,
en la línea de Darwin; aunque no siguiendo el principio de Darwin de la selección
mecánica, sino la híbrida idea de que el hombre es capaz de dirigir su futuro
corporal, específico, y planificarse a sí mismo. Y sin embargo -la antropología remite
a una evolución de millones de años hasta la formación de nuestro tipo humano actual--
¿por qué no podría alcanzarse quizá en cien años un nivel inmediatamente
«superior»? La cuestión sigue siendo, de todos modos, si eso depende de nuestra
voluntad, si nuestra decisión actual de mejorar la especie puede tener siquiera
influjo en tales espacios de tiempo. El postulado del cultivo del superhombre puede ser
entendido igualmente sólo al nivel del espíritu, a saber: con el objetivo de
elevar hasta su total y último nivel, en un esfuerzo extremo de concentración, las
potencias y las posibilidades del occidente espiritual, fundado en la filosofía griega y
en la idiosincrasia griega en general. Después de que «Dios ha muerto» el
espacio hacia arriba está libre, el hombre es provisionalmente el ser supremo, y dentro
de la especie humana es el filósofo el legislador (¡ya en Platón!), el que da las «nuevas
tablas» de valores, el que alcanza provisionahnente el grado supremo del ser. «Si
hubiera dioses, cómo soportaría yo no ser un dios.» Pero, dado que no hay dioses,
el hombre ha de elevarse a ese nivel.
Del mismo modo, el dogma del eterno retorno puede interpretarse como el remate de la doctrina mecánica del átomo de Demócrito,
como el intento de completar el principio -constatado por la ciencia moderna de la
constancia de la materia y de la energía con el de la constancia de las posibles formas y
procesos de conformación de la materia y la energía. Pero del mismo modo también, en el
dogma pueden verse huellas de la creencia en el logos estoico, que rige los
procesos de constitución del mundo, obligando a repetir indefinidamente los
mismos, aunque en dimensiones temporales tan inmensas que el hombre ya no puede abarcarlas
ni percibirlas. Pero con ello desaparece la relevancia ética, intrínseca, por
ejemplo, a las ideas budistas sobre el karma, y que da a ese retorno un sentido
para la vida humana; eso sin contar con la objeción de la imposibilidad matemática
que siempre se le ha hecho y por diversos autores (por ejemplo por Georg Simmel).
AISLAMIENTO DEL ZARATHUSTRA
Dentro de la obra total de Nietzsche, el
Zaratustra aparece en un cierto sentido aislado; excepto con él siempre pueden aparearse
las obras: «El nacimiento de la tragedia» y el libro sobre los griegos
(no acabado); las Consideraciones Intempestivas «Schopenhauer como educador» y
«Richard Wagner en Bayreuth»; ambas partes de «Humano - demasiado humano»
(con «El caminante y su sombra»); «Aurora» y «La gaya ciencia»; y
después del Zaratustra: «Más'allá del bien y del mal» y «Genealogía de la
moral». En los escritos de 1888 se pueden hacer diferentes ordenaciones dependiendo
del criterio que se tome (Nietzsche, por ejemplo, une «El caso Wagner» y «El
crepúsculo de los ídolos como sus «operetas»), pero también entre ellas puede
establecerse fácilmente un orden en pares. Sólo el «Zaratustra»
queda sin oponente, sin compañero, a no ser que la agrupación en pares no se entienda
externamente, en escritos más o menos distintos formalmente. En «Zaratustra» son
dos temas los que están acoplados: El postulado del superhombre y el dogma
del eterno retorno.