LIBRO IX REPÚBLICA
COMENTARIO1
(571a-573d)
En el comienzo del libro IX de la República,
Platón, nos sigue exponiendo la naturaleza de la TIRANÍA. Despues de hablar sobre el régimen tiránico comienza con la DESCRIPCIÓN PSICOLÓGICA DEL
INDIVIDUO TIRÁNICO, degeneración natural del sujeto
democrático. (Ver República 571ª y siguientes).
Para analizar la psicología del sujeto tiránico, Platón, parte del análisis de los DESEOS presentes en el sujeto democrático.
Sobre esta base afirma lo siguiente:
- El sujeto democrático está dominado por la parte concupiscible
de su alma a la que dirije tanto a la búsqueda de los placeres necesarios como a
los innecesarios, tal como hemos visto al estudiar la psicología de individuo
democrático.
- Pues bien, el alma del individuo tiránico es una evolución lógica a
partir de un alma democrática, pero, en dónde acabarán por vencer los instintos más
salvajes y contrarios a la ley. Para explicar lo que quiere decir, Platón, hacer
referencia a los deseos que surgen en el ámbito de los sueños, en donde dormita la parte
racional del alma, dando lugar a la aparición de los más salvajes y feroces deseos (sodomía,
incesto....). Ver República 571ª-572b)
- Y es que el sujeto tiránico, hijo de un individuo democrático, no se
contenta ya con poner en práctica los deseos de su padre, a los que considera
demasiado moderados, ni le parecen tampoco correctos ideales como el de la igualdad
abstracta entre los individuos de la Polis. El sujeto tiránico se embarca
en el mar de los instintos más salvajes y anormales. Dando alas a la parte zángana
de su padre la profundiza aún más con lo hace su aparición el aguijón más venenoso
del que se aprovechará para engañar a la masa que acabará por elegirlo como caudillo.
- Todas estas cuestiones se pueden ver en el libro IX de la República 571a-573d)
{Ver texto1a}
Presentación
Cuestionario
TEXTO1A
(571a-573d)
-Queda por ver -dije- el hombre tiránico en sí mismo; cómo surge por la transformación del democrático, cuál
es, una vez que nace, y de qué modo vive, si desgraciado o feliz.
-En, efecto, eso es lo que nos queda por examinar -replicó.
-¿Y sabes -dije- lo que aún echo de menos?
-En lo relativo a los deseos creo
que no hemos realizado bien cuántos y de qué clase son; y, habiendo falta en esto, va a
adolecer de oscuridad la investigación que nos proponemos.
-¿Y no estamos aún -preguntó- en ocasión de proveer de ello?
-Sí por cierto; y atiende a lo que de esos deseos quiero percibir, que es esto: me parece
que de los placeres y deseos no necesarios una parte son contra ley y es probable que se produzcan en todos los
humanos; pero, reprimidos por las leyes y los deseos mejores con ayuda de la razón, en
algunos de los hombres desaparecen totalmente o quedan sólo en poco número y sin fuerza,
pero en otros, por el contrario, se mantienen más fuertes y en mayor cantidad.
-¿Y qué deseos -preguntó- son esos de que hablas?
-Los que surgen en el sueño
-respondí-, cuando duerme la parte del alma,razonable,tranquila y buena rectora de lo
demás y salta lo feroz y salvaje de ella,ahíto de manjares o de vino, y, expulsando al
sueño,trata de abrirse camino y saciar sus propios instintos.Bien sabes que en tal estado
se atreve a todo, como liberado y desatado de toda vergüenza y sensatez, y no se retrae
en su imaginación del intento de cohabitar
con su propia madre o con cualquier otro ser, humano, divino o bestial, de mancharse en
sangre de quien sea, de comer sin reparo el alimento que sea; en una palabra, no hay
disparate ni ignominia que se deje atrás.
-Verdad pura es lo que dices -observó.
-Pero, por otra parte, a mi ver, cuando uno se halla en estado de salud y templanza
respecto de sí mismo y se entrega al sueño después de haber despertado su propia razón
y haberla dejado nutrida de hermosas palabras y conceptos; cuando ha reflexionado sobre si
mismo y no ha dejado su parte concupiscible ni en necesidad ni en hartura,a fín de que repose y no perturbe
a la otra parte mejor con su alegría o con su disgusto, sino que la permita observar en
su propio ser y pureza e intentar darse cuenta de algo que no sabe, ya sea esto de las
cosas:pasadas, ya de las presentes, ya de las futuras;cuando amansa del mismo modo su
parte irascible y no duerme con el
el ánimo excitado por la cólera contra nadie, sino que, apaciguando estos dos elementos,
pone en movimiento el tercero,en que nace el
buen juicio,y asi se duerme, bien sabes que es en este estado cuando mejor alcanza la
verdad y menos aparecen las nefandas visiones
de los sueños.
-Eso es enteramente lo que yo también creo -dijo.
-Pero nos hemos dejado arrastrar demasiado lejos;lo que queríamos reconocer era esto:que
hay en todo hombre,aun en aquellos de nosotros que parecen mesurados, una especie de
deseos temibles, salvajes y contra ley,y que ello se hace evidente en los
sueños.Mira,pues, si te parece que vale algo lo que digo y si estás conforme.
-Lo estoy.
-Recuerda, pues, cómo dijimos que
era el hombre democrático:había nacido y se había criado desde su primera edad bajo un
padre ahorrativo, que daba valor solamente a la pasión del dinero y despreciaba loe
daños superfluos que tienen por objeto la diversión o el fausto. ¿No es así?
-Sí.
-Y entrando después en la compañía de hombres más ambiciosos y repletos de los deseos
que últimamente mencionábamos,se lanza,movido por el aborrecimiento de la parsimonia de
su padre, a todo desafuero y al género de vida de aquéllos; pero, con mejor índole que
los que lo corrompen y atraído de una parte y otra, queda en mitad de los dos modos de
ser y, gustando moderadamente, a su parecer, de ambos lleva una vida que no es ni villana
ni infame, convertido de
oligárquico en democrático.
-Esa era -dijo- y sigue siendo nuestra opinión- sobre tal sujeto.
-Imagínate ahora -dije- que llegado a su vez que llegado este hombre a la senectud, hay
un hijo suyo joven que ha sido criado en las
mismas costumbres de aquél.
-Lo imagino.
-E ímagínate que le pasa lo mismo que a su padre y que es arrastrado a un desenfreno sin
limites llamado libertad integral por los que le arrastran; imagínate al padre y a los
otros deudos que dan ayuda a los deseos moderados mientras los otros ayudan a los deseos
contrarios. Pues bien, cuando estos terribles seductores y creadores de tiranos
desconfían de dominar al joven de otra manera sino dándose arte a introducir en él
algún amor, como jefe de los deseos ociosos y dilapidadores de sus bienes: un zángano
grande y con alas... ¿O piensas
que es otra cosa el amor entre estos hombres?
-Ninguna otra cosa -dijo- sino precisamente ésa.
-Así, pues, cuando los otros deseos, zumbando en derredor de él y repletos de perfume,de
aromas,de coronas y de bebidas y de los otros placeres que andan en tales compañías,
hacen crecer y alimentan al zángano hasta no poder más e insertan en él el aguijón de
la pasión, entonces él, jefe del alma, toma por escolta a la locura, se vuelve furioso
y, si encuentra en el hombre algunos deseos y opiniones de los tenidos por buenos y
todavia pudorosos, los mata y los echa de él hasta que lo deja limpio de sensatez y lo
llena todo de aquella locura advenediza.
-¿Estás explicando en toda regla -dijo- el nacimiento del hombre tiránico.
-¿Y no es esta -pregunté- la razón de que, desde antiguo, Eros sea llamado tirano?
-Bien parece -respondió.
-Y el borracho ¡oh, amigo
mío!, ¿no tiene también un temple tiránico? -pregunté.
-Si lo tiene.
-Y también el hombre furioso y perturbado intenta e imagina ser capaz de mandar no sólo
en los hombres,sino también en los dioses.
-Muy de cierto -dijo.
-Asi pues, amigo dije yo-, el hombre se hace con todo rigor tiránico cuando, por su
naturaleza o por sus modos de vivir o por ambas cosas, resulta borracho o enamorado o
loco.
-Asi es enteramente.
Comentario1
Presentación
LIBRO IX REPÚBLICA
COMENTARIO2
(573d-576e)
Platón describe ahora la TRAYECTORIA
VITAL del sujeto tiránico (Ver
República 573d y siguientes) .En relación con tal
trayectoria, Platón, afirma lo siguiente:
- La progresiva vida licenciosa del tirano le lleva a dilapidar todos los
bienes tanto los propios como los paternos.
- Despues de dilapidarlos intenta conseguirlos de cualquier forma:ladrón de
caminos, profanador de tumbas.
- Poco a poco se olvida de las enseñanzas positivas aún existentes en su familia
democrática. Ello les lleva, si tiene poco peso dentro de la ciudad, a convertirse en mercenario.
Pero si su peso dentro de la ciudad es grande lo más posible es que ésta acabe por
nombrarlo como su caudillo.
- Cuando esto sucede la identificaciòn entre el individuo tiránico y la
ciudad tiránica comienza a producirse ya de un modo inexorable hasta que el
pueblo comienza a darse cuenta de dónde se ha metido.
- Todas estas cuestiones se pueden ver en el Libro IX de
la República 573d-576e)
{Ver Texto1b}
Presentación
Cuestionario
TEXTO1B
(573d-576e)
-Parece, pues, que es de este modo como llega ese hombre a la existencia;
pero ¿cómo vive ?
-Aquí contestó- de lo que suele oirse en las chanzas: esto también me lo has de decir tú.
-Lo diré, de cierto -respondí-. Pienso que, después de lo dicho, vienen las fiestas,los
banquetes,las orgías y las cortesanas y todo lo demás de este jaez entre aquellos en
cuyo interior habita el tirano Eros gobernando el alma toda.
-Por fuerza -dijo.
-¿Y no es verdad que al lado de éstos brotan
cada día y cada noche nuevos y terribles deseos con multitud de exigencias?
-Muchos, en efecto.
-Y entonces las rentas de ese hombre, si algunas tiene, se gastan prontamente.
-¿Cómo no?
-Y después de ello vienen los préstamos y la merma del patrimonio.
-¿Qué remedio?
-Y cuando todo llega a faltar, ¿no
es fuerza que los deseos apilados y violentos que anidan en él se pongan a chillar y él
mismo, hostigado por los aguijones de los otros deseos y principalmente por el amor
mismo,que guía a todos los demás como a su escolta armada, se enfurezca y mire en
derredor quién tiene algo que pueda quitarle por engaño o por fuerza?
-Sin duda ninguna -dijo.
-Es preciso,pues, que saque dinero de donde sea so pena de ser presa de atroces dolores y
tormentos.
-Es preciso.
-¿Y no ocurre acaso que, así como los placeres nuevos nacidos en él dominan a los
antiguos y les quitan lo suyo, así él mismo,siendo más joven,pretende sobreponerse a su
padre y a su madre y quitarles lo
que tienen adueñándose de los bienes paternos después de haber dilapidado los propios?
¿Cómo no va suceder?-dijo.
-Y,si ellos no se lo consienten,¿no tratará primeramente de sustraérselos engañando a
los que se han dado el ser?
-Desde luego.
-Y si no pudiera, ¿no pasaría a arrebatárselos por la violencia?
-Eso creo, contestó.
-Y en caso, mi buen amigo, de que ellos,el anciano y la anciana, resistan y luchen, ¿se
reportará acaso y excusará hacer algo de lo que es propio de los seres satánicos?
-Yo, por mi parte -dije, no estaría muy tranquilo por lo que toca a los padres de un tal
sujeto.
-Pero, ¡oh, Adimanto, por Zeus!, ¿te parece que un tal hombre, por una amiga reciente y
superflua, va a dar de golpes a su madre, la amiga necesaria de tanto tiempo, y por un mancebo, amigo
innecesario de última hora,ha de tener otra tanto con su padre, el anciano marchito, su
obligado y más antiguo amigo,y ha de poner a éstos como esclavos de aquéllos una vez
que haya introducido a los últimos en su casa?
-Si,-¡por Zeus! -replicó.
-Dicha grande -dije- parece, pues, al haber engendrado un hijo tiránico.
-Desde luego -dijo.
-¿Y qué? Cuando se le acaben a tal hombre los bienes del padre y de la madre y se haya
espesado en él grandemente el enjambre de los placeres,¿no empezará por poner mano en
el muro de un vecino o en el vestido de algún viandante retrasado en la noche y no la
emprenderá después con algún templo? Y, entre todas estas cosas, las antiguas opiniones
que desde niño tenía sobre lo que es púdico y decoroso, aquellas opiniones consideradas
como justas, quedarán dominadas,con ayuda del amor,por aquellas otras, escolta de éste,
que han sido recientemente libertadas de la esclavitud:aquellas opiniones que andaban
sueltas en el sueño cuando él estaba aún bajo la autoridad de las leyes y de su
padre,gobernado democráticamente en sí mismo. Ahora, tiranizado por el amor, se hace
perpetuamente en la vigilia como antes era tal cual vez en sueños y no se abstiene de
horror alguno de sangre, de bocado impuro ni de crimen, sino que, por el contrario, el amor, viviendo
tiránicamente en sus adentros, como solo señor,en total indisciplina y desenfreno,
empuja al que lo lleva en sí a toda clase de osadías, como el tirano a la ciudad; y esto
a fin de que le alimente a él y a la turba que le rodea, venida en parte de fuera por las
malas compañías y en parte de dentro, ya suelta y liberada por disposiciones de la misma
índole que en él hay.¿No es esta la vida de semejante sujeto?
-Ésa, de cierto -dijo.
-Y,si los tales hombres -proseguí- son pocos en la ciudad y el resto del pueblo tiene
sensatez, saldrán de ella y servirán de guardia armada a algún otro tirano o prestarán
auxilio por dinero si hay guerra en algún sitio; pero, si viven en época de paz y
tranquilidad, entonces causarán a la ciudad misma algunos pequeños males.
-¿Cuáles son esos males?
-Por ejemplo, roban, perforan muros, cortan bolsas,hurtan vestidos, despojan templos y
hacen esclavos a hombres libres; algunas veces se dedican a la delación,si son hábiles
para hablar, o se hacen testigos falsos y prevaricadores a sueldo.
-Verdad que son pequeños
-dijo- los males de que hablas si son pocos los tales sujetos.
-Es que lo pequeño -dije yo- es pequeño en relación con lo grande; y todas estas cosas
no son nada,como suele decirse, al lado del tirano en lo que toca a la miseria y desdicha
de la ciudad. Pero, cuando llega a ser grande el número de esos hombres y el de los otros
que les siguen,y cuando se dan cuenta de su multitud, entonces son ellos los que, ayudados
por la insensatez del pueblo, engendran como tirano a aquel de entre ellos que lleve a su
vez en la propia alma al más grande y consumado tirano.
-Naturalmente -dijo-, porque ése será el más apropiado para la tiranía.
-Si los otros ceden, bien; pero, si no lo consiente la ciudad, lo mismo que entonces
reprimía a su padre y a su madre, reprimirá ahora a su patria si puede atrayéndose
nuevos amigos; y bajo los tales tendrá y mantendrá esclavizada a la anteriormente amada,
a la patria o matria como dicen los
cretenses.Y éste será el término del deseo de tal hombre.
-Ése en un todo -dijo.
-Ahora bien -proseguí-, ¿esos hombres no se comportan, en privado y antes de
gobernar,del modo siguiente? ¿No ocurre, ante todo, que aquellos con quienes conviven se
hacen sus aduladores, dispuestos a serles en lo que sea, o ellos mismos, si en algo
necesitan de alguno, se arrastran a sus pies tomando ímpúdicamente todas las
apariencias,como si fueran sus deudos, para reaparecer como extraños cuando han
conseguido lo que querían?
-Muy de cierto.
-Y así no son en toda su vida amigos de nadie, sino siempre déspotas de alguno o
esclavos de otro; pues de la verdadera libertad y amistad no gusta nunca la naturaleza
tiránica.
-Desde luego.
-¿Acaso, pues, no llamamos con razón desleales a estos hombres?
-¿Cómo no?
-Y también sumamente injustos si es que fue acertado nuestro acuerdo en lo que va dicho
acerca de lo que es la justicia.
-Acertado fue, sin duda -dijo.
-Resumamos, pues -seguí-, en
cuanto al hombre más perverso. Éste es, según creo, el que sea tal en vela cual lo
describimos antes en sueños.
-Muy de cierto.
-Y llega a ser así el que, teniendo por naturaleza la índole más tiránica, logra
reinar por sí solo; y, cuanto más tiempo viva en la tiranía, más se afirmará en ser
como es.
-Por fuerza -dijo Glaucón tomando a su vez la palabra.
-¿Y acaso -dije- el que se muestra más perverso no se ha de mostrar también el más
desgraciado? ¿Y no lo será igualmente en mayor grado y duración,a decir verdad, el que
más y por más tiempo ejerza la tiranía.Pues las opiniones de la multitud son
ciertamente distintas en este punto.
-De todos modos es fuerza que sea como tú dices -observó-.
-¿Y no es también cierto -pregunté- que el hombre tiránico es la semejanza de la
ciudad tiranizada y el democrático la de la gobernada democráticamente y así los
demás?
-¿Cómo no?
-¿Y del mismo modo la proporción en virtud y dicha entre una ciudad y otra ha de existir
también entre hombre y hombre?
-¿Qué otra cosa cabe?
-¿Y cuál es la diferencia en virtud entre la ciudad tiranizada y la real,de que
discurrimos en primer término?
-Ha de ser todo lo contrario -contestó-: la una es la mejor; la otra, la peor que existe.
Comentario2
Presentación
LIBRO IX REPÚBLICA
COMENTARIO3
(577a-588b)
A continuación, Platón, se propone analizar la
cuestión referida acerca de la FELICIDAD O INFELICIDAD DEL
TIRANO.
Para demostrar la INFELICIDAD del tirano, Platón, describe TRES PRUEBAS:
Prueba Politica (República 577ª-580d)
Prueba Psicológica (República
580d-583b)
Prueba Metafísica (República
583b-592b)
Presentación
Cuestionario
PRUEBA POLÍTICA
(República 577a-580d)
La denominada prueba política (Adan) se le demomina así porque
Platón deduce la infelicidad del tirano a partir de la infelicidad existente
en una polis regida por un regimen tiránico. Algunas de las ideas presentes en esta
prueba son las siguientes:
- Si la ciudad tiranizada, argumenta Platón, es la más esclava de las ciudades,
parece tambien evidente que el sujeto que se identifica con ella (individuo tirano) sea
tambien el menos libre de los hombres.
- Del mismo modo que una ciudad tiranizada es una ciudad llena de zozobra,
pobreza, turbación y pesar, parece lógico suponer que el alma del tirano posea tambien
estas características.
- Platón se sirve de un simil para describirnos la infelicidad de un
alma tiranizada. Nos pone el simil del hombre rico que es abandonado por un dios
en el desierto con sus esclavos. Compara el miedo que ese hombre rico debe sentir ante sus
esclavos con el miedo que siente el tirano dentro de su ciudad. Habla tambien del miedo
del tirano cuando vive rodeado por ciudades con regímenes distintos a la tiranía. El
aislamiento y la infelicidad están presentes en su ser.
- Platón finaliza la prueba política señalando que tanto la tiranía como el
tirano son las realidades más infelices que existen. {
Ver Texto1c}
Comentario3
Cuestionario
PRUEBA PSICOLÓGICA
(República 580d-583b)
Platón sitúa el elemento esencial de esta prueba
psicológica en el estudio del PLACER en la vida del hombre
justo y en la del injusto. Para realizar tal análisis, Platón, relaciona el placer con
las tres partes del alma, por lo que tambien habría tres tipos de placer
y tres formas de dominio sobre tales apetitos o tendencias placenteras.
- Esas tres partes del alma son, como vimos, la parte racional, la
irascible y la concupiscible. Pues bien, con ellas se corresponderían,
según Platón, tres tipos de deseos o placeres: deseo de conocer la verdad
(parte racional); deseo de ser arrogante, ambicioso y honra (parte irascible); deseo
desmedido de ganancias (parte concupiscible).
(Ver
República 580d-581d).
A continuación, Platón, afirma que si se plantease a cada uno de los hombres
que representan estas clases de deseo, cuál es el mejor, sin duda que cada uno
defendería la grandeza del placer que representarían (conocer la verdad, honra,
ganancias) (Ver República 581d-582a)
Má adelante, Platón ,se pregunta cómo podríamos saber cuál de esos hombres
habla con mayor verdad. (Ver República 582a y
siguientes)
La respuesta de Platón a la cuestión planteada en el apartado anterior revela
claramente su intelectualismo moral. Afirma que el mejor modo de saber quien de
los tres representantes de los deseos (el avaro o deseoso de lucro y ganancias, el
ambicioso o deseoso de honores, el filósofo o deseoso de saber) descritos dice la verdad,
pasa por aceptar que a quien le corresponde el JUZGAR acerca de ello es necesariamente a la RAZÓN y al raciocinio, virtud claramente filosófica. Por lo tanto, afirma Platón, ya
desde el principio parece que el placer de la sabiduría está por encima de los
otros dos placeres.
Pero además, continúa Platón, el amante del saber tiene más
experiencia en toda clases de placeres que los otros dos (ambicioso, avaro). Y ello se
puede entender, según Platón, por el razonamiento siguiente: el amante del saber puede experimentar
los deseos de la ambición y de la avaricia. Sin embargo, tanto al ambicioso como al avaro
les resulta dificil o imposible pararse a reflexionar acerva de la esencia de sus
respectivos placeres. En definitiva, unicamente el amante del saber puede conocer
la esencia de todos los placeres, y, si quiere, podría incluso el experimentarlos.
No sucede así con quienes representan el deseo de la ambición y de la avaricia, ya que
están incapacitados para conocer, incluso, la esencia de sus propios placeres.
Suele señalarse como una crítica a la prueba psicológica de Platón que éste
no se limita a señalar como más importante el deseo o placer de la sabiduría al partir
del presupuesto de que el sabio puede saber y experimentar más tipos de placeres que el
ambicioso y el avaro, sino que ,además, defiende que el sabio, a través de su capacidad
de reflexión es quien siente un mayor grado de intensidad placentera (¿orgásmo
mental?) y, por ello, define al saber como el placer más deleitoso (Ver República 583a). Y evidententemente, según
muchos, afirmar que la razón es quien mide la intensidad de un placer es pasarse de
intelectualista. {Ver Texto2c}
Comentario3
Cuestionario
PRUEBA METAFÍSICA
(República 583b-592b)
La base de la prueba metafísica reside en la
investigación que Platón realiza acerca de la NATURALEZA O
ESENCIA DEL PLACER. (Ver República
583b y siguientes).
- Platón comienza afirmando que solamente el placer del filósofo es el
completo y puro, mientras que los de los demás están sombreados, es decir,
proceden de la mezcla y el contraste.
(Ver República 583b).
A continuación afirma que el placer no puede consentir ni en la
ausencia de dolor ni el dolor ser la ausencia de placer. Para explicar el porque
comienza estableciendo una diferencia entre dolor y placer a partir de que son elementos
contrarios. Despues hace referencia a un estadio que no es propiamente ni
dolor ni placer, es decir, aquel estado intermedio entre placer y dolor, al que denomina
como sosiego. Como ejemplo de lo que quiere decir, Platón, refiere aquellos
estados en que sentimos un gran dolor y en dónde decimos que su desaparición produciría
un gran placer; o aquellos estados en que sintiendo placer decimos que su desaparición
constituiría un dolor. En definitiva, muchas veces parece que entendemos el placer
como ausencia de dolor y el dolor como ausencia de placer. Pues
bien, Platón niega que el placer o el dolor puedan ser algo intermedio o
mezcla ya que mientras que el dolor y el placer implican algún tipo de movimiento
interno o conmoción, el sosiego es quietud. (Ver
República 584a y siguientes).
Para explicar el tipo de placer al que se refiere, es decir, al placer puro,
Platón, refiere la experiencia de aquellos placeres que experimentamos sin que intervenga
para nada el dolor ni como algo que preceda a la experimentación de un placer, ni como
algo que surja cuando tal placer desaparece. Platón piensa, por ejemplo, en los placeres
del olfato,la vista o el oido. Aunque se cuida de señalar que estos placeres son una
excepción ya que los placeres corporales suelen ser impuros por implicar la
mayoría de las veces una escapada al dolor.
Y es que los placeres puros, para Platón, son los placeres del
alma aunque tambien pueden existir en ella placeres impuros como son los
presentimientos, las expectaciones....etc ya que en ellas suele estar presente la
privación y el dolor por algo. (Ver República 584b)
Además, los placeres poseen grados y relatividad, es decir,
poseen diferentes niveles que van de lo bajo a lo medio y a lo alto. (Ver
República 584d). Esta visión acerca de los niveles o grados
dentro del placer le sirve a Platón para hacernos ver que es fundamental conocer la esencia
o naturaleza del placer, es decir, saber lo que realmente es. De lo contrario el ignorante
de tal esencia (no olvidar lo que se dijo antes acerca de que Platón identifica saber y
medida de intensidad de un placer) es evidente que si pasa de un nivel bajo de placer
hacia un nivel medio, podría pensar que ha experimentando la verdadera esencia del
placer, cuando, en realidad, no pasa del nivel medio. Lo mismo podríamos decir de alguien
que pasa de un nivel medio a un nivel más alto; el qu ignora la verdadera esencia del
placer, podría pensar que ha experimentado el summum.
A partir de esta última idea expuesta, Platón, enumera ejemplos de
insatisfacciones y placeres del cuerpo (hambre y sed=dolor de lo vacio y comida=placer
de lo lleno); asi como insatisfacciones y placeres del alma (ignorancia e
insensatez=vacíos del alma, y, saber=placer de lo lleno en el alma). Despues se
pregunta lo siguiente: cuándo se llenan esos vacíos ¿dónde hay más plenitud, más
nivel del placer? (Ver República 584d- 585b)
La respuesa a esta cuestión la sitúa Platón en relación con su teoría
de las ideas y del conocimiento. Es evidente, señala Platón, que lo que trata de lo
que es siempre igual, verdadero, pleno, inmovil, etc, es más perfecto y
placentero que aquello que trata de lo mudable. Ello significa que las cosas que tratan
sobre cuestiones del cuerpo participan menos de la verdad que las que atañen al servicio
del alma. Por ello, aquello que se refiera a cosas que permanecen idénticas a sí
mismas, gozará más realmente y con auténtico placer; mientras que lo que se sitúa
en el ámbito de lo corporal unicamente percibirá la relatividad del placer sin saber
nunca en qué consiste la auténcia esencia del mismo. (Ver
República 585c-586c)
Pues bien, según Platón, el alma del tirano es quien se encuentra
más alejado del verdadero placer. Está más alejado que el individuo timocrático
pues éste, aunque dominado por la parte irascible de su alma, siempre cabe la posibilidad
de que pueda seguir los dictados de la razón. Lo mismo podríamos decir del sujeto
oligárquico, ya que éste, tambien está dominado, y a un nivel mayor que el
timocrático, por la parte irascible de su alma en su deseo de riquezas. Por su parte, el sujeto
democrático aún estando presente en él la parte concupiscible, no se puede olvidar
que su alma es una mezcla abigarrada y confusa en dónde no ha desaparecido del todo la
parte irascible y, por consiguiente, el puente hacia la razón. En el individuo
tiránico, sin embargo, unicamente está presente como algo dominante la parte
concupiscible. Ello significa que en el nivel de los placeres, el tirano es quien se
encuentra más alejado del verdadero placer. (Ver República
587b) {Ver
Texto3c}
Comentario3
Cuestionario
TEXTO1C
(577a-580c)
-No te preguntaré -dije yo- a cuál de ellas aplicas cada uno de esos
calificativos, porque es manifiesto; pero ¿es el mismo tu juicio acerca de la felicidad y la desdicha o es distinto?.Y
no nos deslumbremos fijando los ojos en el tirano solo o en unos cuantos que pueda tener a
su alrededor, sino que, como es necesario que nos filtremos en la ciudad y la contemplemos íntegramente,sólo debemos dar nuestra
opinión una vez que hayamos recorrido y visto toda ella.
-Recta -dijo- es tu advertencia; y con ello para todo el mundo resulta evidente que no hay
ciudad más infeliz que la tiranizada ni más dichosa que la gobernada por el rey.
-¿Y no tendría yo razón -dije- al advertir lo mismo en el juicio acerca de los hombres,
exigiendo que juzgue sobre ellos aquel que pueda penetrar y ver con su mente en el
carácter de ellos y no se deslumbre,mirando desde fuera como un niño, por la
superioridad que afectan los tiranos ante los extraños, sino distinga como debe.¿Y si yo
pensara que todos debíamos oír a ese sujeto capaz de juzgar y que, por otra parte, ha vivido en la misma casa del tirano, ha
estado a su lado en los casos de la vida doméstica, en sus relaciones con las personas de
su propio hogar,en las que ha podido vérsele más desnudo de su indumento teatral,y
tambien en los azares públicos, y si, después que él ha visto todo esto, le requiriera
yo a que nos comunicase cuál es el estado de dicha o infelicidad del tirano en relación
con el de los demás?
-Estarías muy en razón al pedir eso -contestó.
-¿Quieres, pues -dije-, que supongamos que nosotros mismos poseemos esta capacidad de
juzgar y que ya nos hemos encontrado en la vida con tales hombres,a fin de que tengamos
quien conteste a nuestras preguntas?
-Sí por cierto.
-Vamos, pues -seguí-:examina la cosa conmigo. Acuérdate de la semejanza que existe entre
la ciudad y el individuo y, considerando a cada cual punto por punto, expón cuanto les
ocurre a uno y otro.
-¿Qué es ello? -preguntó.
-Primeramente -dije-, hablando de la ciudad llamas libre o esclava a la que está tiranizada?
-Esclava hasta no poder más -respondió.
-Sin embargo, ves en ella señores y hombres libres.
-Los veo -dijo, pero en pequeña cantidad; en conjunto puedo decir que la parte más
considerable de ella es ignominiosa y miserablemente esclava.
-Por tanto -dije-, si el individuo es semejante a la ciudad, ¿no es fuerza que en él
haya la misma disposición y que su alma esté henchida de esclavitud y vileza y que
estén en servidumbre aquellas de sus partes que sean más decentes mientras impera una
pequeña, la más malvada y furiosa?
-Fuerza es -contestó.
-¿Y qué? ¿Dirás que tal alma es libre o que es esclava?
-Esclava sin ninguna duda.
-¿Pero la ciudad esclava y tiranizada no hace en modo alguno lo que quiere?
-No, desde luego.
-Y por tanto el alma tiranizada, hablando de ella en su totalidad, no hará tampoco lo que
quiera sino que,arrastrada siempre por la violencia del aguijón,estará llena de turbación y de pesar.
-¿Cómo no?
-¿Y la ciudad tiranizada será necesariamente rica o pobre?
-Pobre.
-Por tanto el alma tiránica ha de ser, sin remedio,igualmente pobre e indigente.
-Así es -dijo.
-¿Y qué? ¿No es forzoso que tal ciudad y tal hombre estén llenos de miedo?
-Muy forzoso.
-¿Y crees que podremos hallar en ninguna otra ciudad más lamentos, gemidos, plañidos y
dolores que en aquélla?
-De ningún modo.
-Y en cuanto al individuo,¿admitirás que hay más de todas estas cosas en cualquier otro
que en este hombre tiránico alocado por los deseos y los amores?
-¿Cómo habria de admitirlo? -dijo.
-Asi,pues,creo que el mirar a todo ello y a otras cosas semejantes fue el motivo de que no
sólo juzgaras a esta ciudad la más desdichada de las ciudades...
-Y con razón, ¿no es cierto? -preguntó.
-Con mucha razón -contesté-; pero ¿qué dices del hombre tiránico considerando esos
mismos puntos?
-Que es, con mucho, el más desdichado de todos los hombres -dijo.
-Pues eso -repliqué- ya no lo dices con razón.
-¿Cómo así -preguntó.
-Creo -dije yo- que no es ése todavía el más desdichado.
-¿Quién lo es, pues?
-El que voy a decirte tal vez te parezca más desdichado aún que él.
-¿Cuál?
-El que, siendo tiránico por sí -dije yo, no termina su vida como particular,sino que es
lo bastante infortunado para que un azar le permita ejercer la tiranía.
-Por lo que ya hemos hablado -observó- conjeturo que dices verdad.
-Sí -dije-; pero no conviene creer simplemente tales cosas, sino examinarlas conforme al
razonamiento que voy a hacer: porque nuestro examen es sobre lo más grande que puede
darse, sobre la buena o mala vida.
-Tienes entera razón -dijo él.
-Mira, pues, si es de algún peso lo que digo: me parece que, al investigar acerca del
tirano, tenemos que representárnoslo partiendo de este ejemplo.
-¿De cuál?
-De cada uno de los ciudadanos particulares que son ricos y poseen muchos esclavos. Éstos
son semejantes a los tiranos en lo de mandar en muchas personas, aunque la cantidad sea en
el tirano diferente.
-Diferente, en efecto.
-¿Y sabes que los tales ricos viven sin miedo y no temen a sus domésticos?
-¿Qué habrían de temer?
-Nada-dijo-;pero ¿te das cuenta de cuál es la causa?
-Si que la ciudad entera da favores a cada uno de esos particulares.
-Bien dicho - observé-. ¿Y qué? Si una divinidad cogiese a uno de esos hombres que tuviera cincuenta esclavos o más
y, sacándolo de la ciudad a él, a su mujer y a sus hijos, los pusiera en un desierto
juntamente con su hacienda y sus domésticos, allí donde ninguno de los hombres libres
hubiera de darle ayuda, ¿en qué clase y qué grado de miedo crees que habría de entrar
respecto de si mismo, de su mujer y de sus hijos, pensando que iban a perecer a manos de
sus esclavos?
-En un miedo sin límites -respondió.
-¿No se vería, pues, obligado a halagar a algunos de aquellos esclavos, a formularles
grandes promesas, a hacerlos libres sin necesidad y a aparecer con ello como adulador de
sus propios servidores?
-Sin remedio -dijo- tendría que hacer eso o perecer.
-¿Y qué sería -dije yo- si el mismo dios estableciese a su alrededor una multitud de vecinos que no sufrieran que nadie
pretendiese mandar en otro, sino que si a alguien sorprendian en tal intento, lo
castigaran con los últimos castigos?
-Creo yo -dijo- que aumentaría lo extremo de sus males al estar vigilado en derredor no
más que por enemigos.
-¿Y no es esa la cárcel en que está preso el tirano siendo por naturaleza como hemos
referido, un cúmulo de muchos y diversos miedos y pasiones? ¿No es cierto que, por mucha
que sea la curiosidad de su espíritu,a él solo le está prohibido el salir de su ciudad
adondequiera que sea y contemplar todo aquello que desean contemplar todos los demás
hombres libres, y así vive la mayor parte del tiempo metido en su casa como una mujer, envidiando a los otros
ciudadanos si salen fuera y ven algo que merezca ser visto?
-Muy de cierto es así -dijo.
-Tanto mayor es la cosecha de grandes males que recoge aquel hombre tiránico, al que tú
juzgaste como el más desgraciado, cuando, gobernándose mal a sí mismo, no pasa la vida
como simple particular, sino que se ve forzado por alguna circunstancia a ejercer la
tiranía y,no siendo dueño de sí, trata de gobernar a los demás:compararíase a un
individuo enfermo y sin fuerzas para regirse que, en vez de quedarse en casa, fuese
obligado a pasar la vida en certámenes y luchas con otros sujetos.
-Exacta es la comparación, ¡oh, Sócrates! exclamó-, y cuanto dices es la pura verdad.
-¿No es, pues, cierto, querido Glaucón -dije yo-,que todo lo que le sucede es una
desgracia y que el que ejerce la tiranía vive una vida más miserable aún que aquella
que tú tuviste por la más miserable?
-Bien de cierto -dijo.
-Por lo tanto, en realidad y aunque alguien no lo crea, el auténtico tirano resulta ser
auténtico esclavo,sujeto a las más bajas adulaciones y servidumbres, lisonjeador de los
hombres más perversos, totalmente insatisfecho en sus deseos, falto de multitud de cosas
y verdaderamente indigente si aprendemos a mirar en la totalidad de su alma; henchido de
miedo durante toda su y lleno de sobresaltos y dolores si de veras se parece su
disposición a la de la ciudad que gobierna.
Y se parece, en efecto, ¿no es asi?
-Y mucho -replicó.
-Sobre esto, aún hemos de adscribir a este hombre a todas aquellas cosas de que antes
hablábamos:le es forzoso ser,e incluso hacerse en mayor grado que antes por virtud de su
mando,envidioso,desleal,injusto,falto de amigos, impío,albergado y sustentador de toda
maldad y, por consecuencia de todo esto, infeliz en grado sumo;finalmente,ha de hacer
iguales que él a todos los que están a su lado.
-Nadie que esté en su juicio -contestó- dirá lo contrario.
-¡Ea, pues! -dije yo-. Tú ahora, a manera de un juez que decide en último término,dictamina quién,a tu
parecer,es el primero en felicidad, quién el segundo y así sucesivamente hasta los cinco
que son: el hombre real, el timocrático,el oligárquico, el democrático y el tiránico.
-El juicio es fácil -dijo-;yo los juzgo,como si fueran coros, por el orden en que han
entrado en escena,tanto en virtud y en maldad como en felicidad y en su contrario.
-¿Alquilaremos, pues, un pregonero --dije-, o bien debo proclamar yo mismo que el hijo de
Aristón ha declarado que el hombre más dichoso es el mejor y más justo, y que éste es
el hombre real, que reina sobre sí mismo; y
que el más desdichado es el peor y el más injusto, y éste, en cambio, se halla ser el
que, siendo más tiránico, se tiranice en mayor grado a sí mismo y a su ciudad?
-Proclámalo -dijo.
-¿Y no he de proclamar además -pregunté- que esto es así lo encubran o no lo encubran
los tales a la vista de los hombres y los dioses todos?
-Añade eso también dijo él.
Prueba política
Comentario3
Presentación
TEXTO2C
(580d-583a)
-.Bien - proseguí - ésta podría ser una demostración; he aquí una
segunda,si te parece de algún peso.
-¿Cuál es ella?
-Si es cierto -dije- que, lo mismo que la ciudad se divide en tres especies, también se
divide en otras tres el alma de cada
individuo, nuestra tesis obtendrá, según creo, una segunda prueba.
-¿Qué prueba?
-Ésta: siendo tres esos elementos, los placeres se mostrarán también de tres clases,
propia cada uno de aquellos,y lo mismo los deseos y los mandos.
-¿Cómo lo entiendes? -pregunté.
-Había algo,decimos,con lo que el hombre comprende;algo con lo cual se encoleriza y una tercera cosa,en
fin, a la que por la variedad de sus apariencias no pudimos designar con un nombre
adecuado, por lo cual le dimos el del elemento más importante y fuerte que en ella
había:la llamamos lo concupiscible,por la violencia de las concupiscencias correspondientes al comer y al beber, a los placeres eróticos
y a todo aquello que viene tras esto, y la llamábamos también avarienta o deseosa de
riquezas,porque es con las riquezas principalmente con lo que se satisfacen tales deseos.
-Y es razonable llamarla así -dijo.
-Y si dijéramos que su placer e inclinación es la ganancia,¿no apoyaríamos esta
designación sobre un puntal,de suerte que tengamos como una señal evidente cuando
hablemos de esta parte del alma,y no acertariamos llamándola codiciosa y deseosa de
ganancia?
-Bien me parece -dijo.
-¿Y qué? La parte irascible ¿no decimos que tiende entera y constantemente al mando, a
la victoria y al renombre?
-Muy de cierto.
-¿No sería, pues, acertado que la llamáramos arrogante y ambiciosa?
-Acertadísimo.
-Pues, por lo que toca a aquella otra con que comprendemos, a todo el mundo le resulta claro que siempre tiende toda ella a
conocer la verdad tal cual es y no hay nada que le importe menos que las riquezas o la
fama.
-Muy cierto.
-¿La llamaremos, pues, apropiadamente amante de la instrucción o del saber?
-¿Cómo no?
-¿Y no es cierto -prosegui- que en el alma de los hombres manda unas veces este elemento que hemos citado y
otras alguno de los otros dos según el caso?
-Así es -dijo.
-¿Por eso afirmamos que los géneros
fundamentales de hombres son tres: el filosófico, el ambicioso y el avaro?
-De entero acuerdo.
-¿Y tres las clases de placeres que subsisten respectivamente en ellos?
-Muy de cierto.
-¿Y no sabes -dije- que, si fueras a preguntar sucesivamente a cada uno de estos hombres
cuál de sus vidas respectivas era más agradable, cada uno alabaría sumamente la propia suya? ¿Y el hombre avaro dirá que
no valen nada el placer de los honores o el del saber al lado de la ganancia a menos que
en ellos haya algo que produzca dinero?
-Es verdad -dijo.
-¿Y qué dirá el ambicioso? -seguí-. ¿No tendrá por grosero el placer de la riqueza,
e igualmente por humo y fruslería el del saber si la ciencia no lleva honra consigo?
-Asi es ello -replicó.
-¿Y qué hemos de creer -dije- que piensa el filósofo de los otros placeres en
comparación con el de conocer la verdad tal cual es y estar aprendiendo siempre algo en tal aspecto? ¿No pensará
que están bien lejos del placer verdadero y no los llamará con verdad placeres forzosos,
pues no los echaría de menos si no fuera por necesidad?
-Hay que estar seguros de ello -dijo.
-Siendo así -dije- que están en discusión los placeres de cada especie y la misma
manera de vivir,no ya en lo que se refiere a cuál es más decorosa o ignominiosa o mejor
o peor, sino a cuál es más agradable y exenta de pesares, ¿cómo podríamos saber cuál de esos hombres habla con mayor verdad?
-No está en mi decirlo en modo alguno -replicó.
-Pues atiende a esto: ¿a quién corresponde juzgar lo que ha de ser rectamente juzgado?
¿No es acaso a la experiencia, al talento y al raciocinio. ¿O hay un medio de juzgar mejor que éstos?
-¿Cómo habría de haberlo? -preguntó.
-Atiende, pues. Siendo tres los hombres, ¿cuál te parece el de más experiencia en todos
los placeres de que hemos hablado? ¿Acaso el avaro, puesto a conocer la verdad tal cual
es, te parece más experimentado del placer de saber que el filósofo del placer de la
ganancia?
-Va mucha diferencia -dijo-, porque este último ha gustado por fuerza de los otros
placeres desde su niñez, mientras que el avaro, cuando le ocurra estudiar las esencias,
no es forzoso que saboree la dulzura de este placer ni que adquiera su experiencia, digo
más, no le será fácil aunque tenga empeño en ello.
-Grande es, por tanto -dije yo-, la ventaja
que lleva el filósofo al avaro en experiencia de estos dos placeres.
-Mucha de cierto.
-¿Y qué será respecto del ambicioso? ¿Acaso tendrá aquel memos experiencia del placer
de la honra que éste del placer de razonar?
-Por lo que toca a la honra -dijo, si realizan aquello a que cada uno ha aspirado,
entonces a todos se les alcanza, porque, en efecto, el rico recibe honra de mucha gente y
lo mismo el valiente y el sabio, de modo que todos tienen experiencia de cómo es el
placer que da el ser honrado; pero del placer propio de la contemplación del ser,de ése es imposible que haya
gustádo ningún otro salvo el filósofo.
-Por tanto -dije-, en razón de experiencia éste es, de esos hombres, el que juzga mejor.
-Con gran diferencia.
-Y será, además, el único que tenga esa experiencia ayudada por el entendimiento.
-¿Cómo no?
-Por otro lado, el instrumento con
que se debe juzgar no es propio del avaro ni del ambicioso, sino del filósofo.
-¿Cuál es?
-Dijimos que era por medio de razonamientos como había que juzgar,¿no es así?
-Sí.
-Y los razonamientos son capitalmente instrumento del filósofo.
-¿Cómo no?
-Por tanto, si lo sometido a juicio se juzgara mejor con la riqueza y la ganancia, la
aprobación o reprobación del avaro contendrían forzosamente la máxima verdad.
-Sin duda alguna.
-Y si hubiera que juzgar con el honor, la victoria y la valentía ¿no estaría esa verdad
en la opinión del hecho ambicioso y arrogante?
-Es claro.
-Pero ¿y si el juicio ha de hacerse con la experiencia, el entendimiento y el raciocinio?
-Es fuerza -dijo- que la máxima verdad se halle en la alabanza del filósofo y razonador.
-Siendo, pues, tres los placeres, ¿el de aquella parte del alma con que alcanzamos el
saber será el más deleitoso, y la
vida más grata, la del hombre en que esa parte rija lo demás?
-¿Cómo va a ser de otro modo? -dijo-. En su ser de calificador soberano, el hombre
inteligente alaba su propia vida.
-¿Y cuáles -pregunté- serán la vida y el placer que ese juez ponga en segundo
término?
-Es evidente que los del hombre guerrero y ambicioso, porque están más cerca de los
suyos que los del hombre de negocios.
-La del avaro será, pues, según parece, la manera inferior de vivir.
-¿Qué otra cosa cabe? -dijo él.
Prueba psicológica
Comentario3
Presentación
TEXTO3C
(583b-587b)
-Ésas,pues, podrán ser las dos pruebas sucesivas y el justo resulta dos veces
vencedor del injusto; para la
tercera invoquemos,
a la manera olímpica, a Zeus Olimpio
Salvador.Fíjate en que el placer de los
demás, excluido el filósofo, no es completo ni puro, sino que está como sombreado, conforme oí yo decir
a alguno de los sabios;y ésta es, para el injusto, la mayor y más soberana de sus
caídas.
-Con mucho; pero ¿cómo lo explicas?
-La explicación -dije- la he de hallar inquiriendo si tú me respondes.
-Pregunta, pues dijo.
-Dime -proseguí-, ¿no diremos del dolor que es contrario al placer?
-Sin duda.
-¿Y que hay, además de ellos, otra cosa que no es estar ni en gozo ni en dolor?
-La hay de cierto.
-¿Algo que está en medio de los dos, un cierto sosiego del alma en lo que a uno y otro se refiere? ¿No es eso lo que dices?
-Eso -replicó.
-¿Y no recuerdas -pregunté- lo que suelen decir los enfermos durante el curso de su
enfetmedad?
-¿Qué?
-Que no hay nada más dulce que estar sano, bien que esa dulzura se les pasara por alto
antes de enfermar.
-Lo recuerdo -dijo.
-¿Y asimismo oyes decir a los que están dominados por un dolor violento que nada hay
más placentero que la cesación del dolor?
-Eso oigo.
-Y asimismo sabes, creo yo, que los hombres pasan por muchas circunstancias en las que,
cuando están doloridos,encomian como sumo placer no ya el gozar, sino el no sentir el
dolor y descansar de él.
-En efecto -dijo-,quizá sea entonces ese descanso lo que resulte deleitoso y apetecible.
-Y cuando alguno -seguí-, estando en gozo, cese de gozar, esa cesación del placer será
penosa.
-Tal vez -dijo.
-Por lo tanto, aquello que dijimos que estaba en medio de ambos, el sosiego, será en
algún modo las dos cosas: dolor y placer.
-Asi parece.
-¿Y es posible que, no siendo
ninguna de las dos cosas, venga a convertirse en una y otra?
-Creo que no.
-Además lo placentero y lo doloroso, cuando se producen en el alma, constituyen uno y
otro un cierto movimiento,¿no es asi?
-Si.
-Y lo que no es placentero ni doloroso, ¿no es sosiego y no se nos ha mostrado hace un
momento en medio de aquellos?
-Se nos ha mostrado, en efecto.
-¿Cómo puede, pues, tomarse rectamente el no tener dolor por algo placentero y el no
sentir gozo por algo penoso?
-De ningún modo.
-Por lo tanto -dije yo, el sosiego no es, sino simplemente parece ser placentero junto a
lo doloroso y doloroso junto a lo placentero; y en relación con la esencia del pacer no
hay nada válido en esas apariencias, sino una cierta superchería.
-Así resulta por lo menos de tu razonamiento -dijo.
-Mira, pues -dije yo, a placeres que no procedan de dolores para que no te des más a
creer, en el caso que voy a ponerte, que ello es asi y que el placer consiste en el
descanso del dolor y el dolor en la pausa del placer.
-Son muchos -dije- y los percibirás principalmente si quieres fijarte en los propios del olfato: éstos se producen de pronto con
una extraordinaria intensidad, sin que les haya precedido dolor, y al cesar no dejan
tampoco dolor alguno.
-Es la pura verdad -replicó.
-No nos convencerá, pues, eso de que el cese del dolor es un placer puro y el cese del
placer un dolor.
-No, en efecto.
-Sin embargo -dije-,los llamados placeres que por el cuerpo se extienden hacia el alma y
resultan quizá los más abundantes e intensos son de ese género: unas escapadas del dolor.
-Eso son.
-¿Y no son de esa misma índole los presentimientos agradables o dolorosos del porvenir,
nacidos de la expectación?
-De la misma.
-¿Y sabes -dije yo- cómo son esos placeres y qué es aquello a que en mayor grado se
asemejan?
-¿Qué? -preguntó.
-¿Crees -dije- que existen en la naturaleza lo alto, lo bajo y lo de en medio?
-Lo creo.
-¿Y crees que una persona llevada de lo bajo a lo de en medio puede pensar otra cosa sino
que se la lleva a lo alto? Y, cuando esté en medio, contemplando el punto de donde ha
sido traída, ¿supondrá que está en otro sitio sino en la altura no habiendo visto la
altura verdadera?
-No creo, ¡por Zeus! -exclamó-, que tal persona pueda pensar de manera distinta.
-Y, si fuese llevada de nuevo al punto de partida -seguí-,¿no pensaría, esta vez con
razón, que se la llevaba a lo bajo?
-¿Qué más cabe?
-¿Y todo eso le pasaria por su inexperiencia de lo que es verdaderamente lo alto, lo bajo y lo de en medio?
-Claro está.
-¿Y te admirarás de que los que no conocen la verdad no sólo tengan opiniones
extraviadas sobre otras muchas cosas, sino también se hallen en tal disposición,respecto
del dolor y del placer y de lo que hay en medio de ellos, que, cuando son arrastrados al
dolor, se sienten realmente doloridos, poniéndose con ello en lo cierto, pero cuando son
pasados del dolor a lo intermedio, creen a pies juntillas que han llegado a la
satisfacción y al placer y, a semejanza de los que, por no conocer lo blanco, ven en lo
gris lo opuesto a lo negro, ellos,por ígnorancia del placer, se engañan viendo en la
falta de dolor lo opuesto al dolor?
-No me admiraré, ¡por Zeus! -dijo-; más bien me admiraría de que no fuese así.
-Atiende ahora -dije- a esto otro: el hambre
y la sed y fenómenos semejantes, ¿no son como unos vacíos en la disposición del
cuerpo?
-¿Qué otra cosa cabe?
-Y la ignorancia y la
insensatez,¿no son a su vez unos vacíos en la disposición del alma?
-Muy de cierto.
-¿Y no llenaría esos vacíos el que tomase alimento o adquiriese inteligencia?
-¿Cómo no?
-¿Y es más verdadera la plenitud de lo que
tiene más realidad o la de lo que tiene menos?
-Claro que la de lo que tiene más.
-¿Y cual de los dos géneros de cosas crees que participa más de la existencia pura, el de aquellas como el trigo,la bebida, el
companage y los demás alimentos o el de la creencia verdadera, la doctrina y la
inteligencia,en una palabra, el de toda virtud? Juzga de esto: lo que está atenido a lo
que es siempre igual, inmortal y
verdadero, siendo además tal en sí mismo y produciéndose en algo de su misma índole,
¿no te parece de mayor realidad que lo que, estando atenido a lo siempre mudable y
mortal, es así igualmente en sí mismo y se produce en algo de su misma naturaleza?
-Es muy superior-dijo-lo atenido a lo que es igual.
-Según eso,¿el ser de lo siempre mudable tiene más realidad que el ser de ser de la ciencia?
-De ningún modo.
-¿Y qué? ¿Acaso tiene más de verdad ?
-Tampoco eso.
-Y si tiene menos de verdad, ¿tendrá menos también de realidad?
-Es forzoso.
-¿Así,pues,en general las especies de cosas que atañen al servicio del cuerpo
participan menos de la verdad y de la realidad que las que atañen al servicio del alma?
-Mucho menos.
-¿Y no crees lo mismo del cuerpo con respecto al alma?
-Sí por cierto.
-Así, pues, lo lleno de cosas más reales y que es más real en sí mismo, ¿está más
realmente lleno que lo lleno de cosas menos reales y que es además menos real en sí
mismo?
-¿Cómo no?
-De modo que, si el llenarse de las cosas convenientes a la naturaleza es placentero,lo
gue se llena más realmente y de cosas más reales gozará más real y verdaderamente con auténtico placer; y lo que participa
de cosas menos reales se llenará menos real y sólidamente y participará de un placer
menos seguro y verdadero.
-Nada hay más forzoso -dijo.
-Por eso los faltos de inteligencia y
virtud, que siempre andan en festines y otras cosas de este estilo, son arrastrados,
según parece, a lo bajo y de aquí llevados nuevamente a la mitad de la subida y así
están errando toda su vida; y,sin rebasar este punto, jamás ven ni alcanzan la verdadera
altura ni se llenan realmente de lo real ni gustan de firme ni puro placer, sino, a manera
de bestias, miran siempre hacia abajo y, agachados hacia la tierra y hacia sus mesas, se ceban de
pasto, se aparean y,por conseguir más de todo ello, se dan de coces y se acornean
mutuamente con cascos y cuernos de
hierro y se matan por su insatisfacción, porque no llenan de cosas reales su ser real y su parte apta para contener
aquéllas.
-Eres un oráculo, Sócrates -dijo Glaucón-, pintando tan a la perfección la vida de la
mayoría de los hombres.
-¿No es, pues, fuerza que no tengan sino placeres mezclados con dolores, meras apariencias del verdadero placer y sombras
sin otro color que aquel, aparentemente muy intenso, que les da la yuxtaposición de
placer y dolor y que nazcan en los insensatos unos mutuos y furiosos amores, por los
cuales luchan como cuenta Estesícoro
que, por ignorancia de la verdad, se luchó ante Troya en torno a la apariencia de Helena?
-Sin remedio ha de ser así -dijo.
-¿Y qué? ¿No ha de suceder otro tanto con lo irascible, cuando alguien le da salida en
la envidia, movido por la ambición,
o en la violencia, movido de soberbia, o en la ira, movido de su mal humor, buscando
saciedad de honra, de predominio o de venganza sin razonamiento ni discreción.
-También es fatal -dijo- que ocurran en ellos tales cosas.
-¿Y qué? -dije yo-. ¿No podemos afirmar sin miedo que, de los deseos comprendidos en el
afán de ríquezas y de honra, aquellos que, siguiendo al conocimiento y al raciocinio y
buscando en compañia de éstos los placeres, tomen los que la razón les presente, ésos
serán los que lleguen a percibir los más verdaderos -en cuanto pueden serlo los que
ellos perciben-, puesto que la verdad es su guía, y a percibir también aquellos placeres
que más se les apropien, dado que lo mejor para cada cosa es también lo más adecuado
para ella?
-Lo más adecuado, en efecto -dijo.
-Por tanto, cuando el alma toda sigue al elemento filosófico y no hay en ella sedición alguna, entonces sucede que
cada una de sus partes hace lo que le es propio y cumple la justicia;y además cada cual disfruta de sus peculiares
placeres, que son los mejores y, en la medida de lo posible, los más verdaderos.
-Así es en un todo.
-Pero, cuando se impone alguno de los otros elementos, ocurre que éste no halla su propio
placer y encima fuerza a los otros a perseguir un placer extraño y no verdadero.
-Así es -dijo.
-¿Conforme a ello, lo que más lejos esté
de la fílosofía y de la razón será lo que mayormente produzca tales efectos?
-Bien seguro.
-Y lo que más se aleja de la razón ¿no es también lo que más se aleja de la ley y el
orden?
-Es claro.
-¿Y los que se muestran más alejados de todo ello no resultaron ser los deseos eróticos
y tiránicos?
-Con mucho.
-¿Y los que menos, los deseos monárquicos y ordenados?
-Sí.
-Creo, pues, que el tirano es que más lejos se halla del placer verdadero y apropiado;y
el otro,el que más cerca.
-No cabe la menor duda.
-La vida del tirano -dije yo- será, pues, la más ingrata; y la del rey, la más
placentera.
-Sin remedio.
-¿Y sabes -dije- cuánto más amargamente vive el tirano que el rey?
-Si tú me lo dices... -respondió.
-Habiendo, según parece, tres placeres, uno legítimo y dos bastardos, el tirano rebasa
los límites aun de estos últimos, se escapa de ley y de razón y vive entre ciertos
placeres serviles y mercenarios; ahora bien, cuánta sea su inferioridad no es enteramente
fácil decirlo si no es acaso por el siguiente procedimiento.
-¿Cómo? -preguntó.
-Empezando a contar que el hombre oligárquico, el tirano ocupa el tercer puesto,ya que entre uno y otro está el hombre
democrático.
-Cierto.
-Y,si lo que queda dicho tiene fundamento, ¿no vive respecto de la verdad con la tercera
apariencia de placer contando desde el hombre oligárquico?
-Así es.
-Y el hombre oligárquico es a su vez el tercero contando desde el monárquico si hacemos uno solo al hombre monárquico y al
aristocrático.
-El tercero es, en efecto.
-El tirano está, pues -dije yo-, alejado del verdadero placer en un número triplemente
triple.
-Tal parece.
-Según eso -dije- la apariencia de placer del tirano sería, en el respecto de su
largura, un número plano.
-No hay duda.
-Elevándolo, pues, a la segunda y a la tercera potencia quedará de manifiesto a qué
distancia se halla.
-Es cosa clara -dijo para el que sabe calcular.
-Y así, si en sentido inverso hubiéramos de decir a qué distancia está el rey del
tirano en la realidad del placer, hallaríamos,hecha la multiplicación, que la vida de
aquél es setecientas veintinueve veces más deleitosa que la de éste y que la del tirano
es a su vez más amarga en la misma proporción.
-Imponente -dijo- es la cifra que acabas de dar de la diferencia entre los dos hombres, el
justo y el injusto, en lo que toca al placer y al dolor.
-Y no obstante -contesté yo-, ese número es verdadero y ajustado a sus vidas si a ellas
responden sus días, sus noches, sus meses y sus años.
-Pues responden de cierto -dijo.
-Así, si el hombre bueno y justo supera tanto al malvado e injusto en cuanto a placer,
¿cuánto más enorme ventaja le sacará en el arreglo, la belleza y la virtud de su vida?
-Enorme, en verdad, ¡por Zeus! observó.
Prueba metafísica
Comentario3
Presentación
LIBRO IX REPÚBLICA
COMENTARIO4
(588b-592b)
A finales del libro IX, Platón, vuelve a plantear una
cuestión expuesta en el libro II de la República (361a) y que hace referencia al VALOR INTRÍNSECO de la justicia. Según Platón, se trataría de responder, a esta altura del
diálogo a las cuestiones siguientes: (Ver República 588 b)
- ¿Es ventajoso cometer injusticia pero con la apariencia de ser justo?
- ¿Por qué es mejor ser justo que injusto?
Para responder a estas cuestiones, Platón, nos propone usar de la imaginación
y, por ello, se sirve de nuevo de un simil que nos haga comprender el por qué la
justicia es un valor mejor que la injusticia. Sirviéndose de figuras mitológicas como
son la Quimera (león por delante, dragón por detrás y cabra en su parte
central); la Escila (cara y pecho de mujer y en los costados y cabezas y doce
patas de perro); y el Cérbero (tiene 3 cabezas de perro, cola de dragón y
varias cabezas de serpiente en el lomo), Platón, nos propone que modelemos en nuestra
imaginación la escena siguiente: una primera figura formada por una bestia
abigarrada y policéfala que tiene en torno suyo diversas cabezas de animales mansos y
feroces; una segunda figura que se corresponda con un león y de menos tamaño
que la primera; una tercera que represente a un hombre y que sea más pequeña
que la anterior. A continuación, nos pide que juntemos estas tres figuras y las situemos
dentro de una imagen humana, de tal modo que no podamos ver las tres figuras descritas
anteriormente sino unicamente su envoltura, es decir, la imagen humana.
(Ver República 588c- 588e).
A continuación, Platón, plantea que preguntemos a quienes defienden el valor de la
injusticia si con ello acaso no estarían pidiendo que se tratara con todo regalo a
la fiera monstruosa que vive dentro (lo concupiscible) y al león (lo irascible), y, en
cambio, dejar hambriento y débil al hombre de dentro (lo racional), de suerte que sea
arrastrado a dónde le lleve el uno o el otro de aquellos. Por el contrario, aquellos que
sostienen el valor de la justicia, como mejor que el de la injusticia, obrarán
de tal modo que de ello resulte el hombre interior el más fuerte dentro del otro del
hombre y será él quien se cuide de la bestia policéfala y la crie, cultivando, como un
labrador lo que hay en ella de manso, procurando con ello la alianza con la naturaleza
leonina. (Ver República 588e-589b)
En definitiva, según Platón, el hombre justo es visto ahora a un nivel muy
diferente a como se nos presentaba en los libros II y IV. Y es que ahora tenemos tambien delante el análisis de la naturaleza de la
injusticia tanto en la ciudad como en el individuo. La justicia implica orden y armonía
entre los responsables del desorden y de la desarmonía, es decir , de la injustica (la
bestia y el león). Tal armonía unicamente pude conseguirse cuando el hombre que llevamos
dentro (razón) es quien rige tanto los destinos individuales como ciudadanos. (Ver República 590b-590d)
NOTA FINAL: Aunque Platón hace referencia a la justicia
tanto a nivel de la ciudad como del individuo, no puede dejarse de hacer
referencia a la suprema importancia que Platón da a lo individual a finales del
libro IX de la República. Tal importancia llega a un nivel tal que Platón parece
renunciar a la idea de justicia política o ciudadana (Ver
República 592 a-b. Y es que Platón parece defender que existe
un modelo de ciudad ideal y que lo importante es que nos formemos en nuestro interior
el modelo de ciudad ideal interna. Si ello es así, ¿cuál es valor que deberíamos
dar a la teoría política de Platón? {Ver Texto1d}
Presentación
Cuestionario
TEXTO1D
(588b-592b)
-Bien -dije- puesto que hemos llegado a este punto de nuestro
discurso volvamos a lo antes expuesto,
que es lo que nos condujo hasta aquí. Creo que se sostuvo en algún momento que al que es
absolutamente injusto le conviene cometer injusticia con tal de aparecer como justo. ¿No
se dijo así?
-Así se dijo,en efecto.
-Pues ahora -dije- vamos a dialogar con el que sostuvo eso, ya que hemos llegado a un
acuerdo sobre el especial efecto de ambas cosas: del obrar justamente y del obrar contra
justicia.
-¿Cómo? -preguntó.
-Formando en nuestro pensamiento una imagen del alma para que el que dice eso vea bien lo
que ha dicho.
-¿Qué imagen? -dijo.
-La de una de aquellas tantas criaturas -conteste- que se cuenta existieron en la
antigüedad, como la Quimera,
Escila, el Cérbero
y otras muchas que se dice que vinieron a formarse en una unidad de distintas figuras.
-Eso se dice, en efecto -replicó.
-Modela, pues,la figura de una bestia
abigarrada y policéfala que tiene en torno diversas cabezas de animales mansos y feroces
y que es capaz de cambiar y sacar de sí misma todas estas cosas.
-Trabajo es ése -dijo- de un hábil modelador; no obstante, puesto que el pensamiento es
aún más plástico que la cera y otros materiales semejantes, dala por modelada.
-Plasma ahora una figura de león y
otra de hombre; pero que aquella otra
primera sea la más grande y que le siga en tamaño la segunda.
-¿Eso es más fácil -dijo; ya están modeladas.
-Acomoda ahora esas tres cosas distintas en una sola haciendo que se unan de algún modo
entre sí.
-Ya están acomodadas -contestó.
-Pues bien, en derredor y por fuera de ellas modela la imagen de una cosa sola : una imagen humana de modo que para
el que no pueda ver lo ínteríor, sino únicamente la envoltura, no aparezca más que un
ser vivo, el hombre.
-Ya está
modelada -dijo.
-Digamos, pues, al que afirmó que a este hombre le conviene hacer
injusticia
y no le conviene obrar justamente,que lo que él dice no significa otra cosa sino que a
tal sujeto le interesa tratar con todo regalo a la fiera monstruosa y hacerla fuerte, y lo
mismo al león y a lo relativo a éste, y, en cambio, dejar hambriento y débil al hombre
de suerte que sea arrastrado adonde le lleve el uno o el otro de aquéllos; y asimismo no
acostumbrar a ninguno de ellos a la compañía de los demás ni hacerlos amigos, sino
dejar que se muerdan mutuamente y se devoren en su lucha.
-En efecto, eso es exactamente -dijo- lo que dice el que alaba la injusticia.
-¿Y a la inversa, el que sostiene la conveniencia de la justicia vendrá a decir que es necesario obrar y hablar tal modo que de ello
resulte el hombre
interior el más fuerte dentro del
otro hombre y sea él quien se cuide de la bestia policéfala y la críe cultivando, como
un labrador,lo que hay en ella de manso y evitando que crezca lo silvestre, procurándose
en ello la alianza de la naturaleza
leonina, atendiendo
en común a todos y haciéndolos amigos entre sí y también de sí mismo?
-Eso es, bien de cierto,lo que viene a decir el que ensalza la justicia.
-En todos los respectos, pues, el alabador de la justicia dirá verdad y mentirá el de la
injusticia. Ya se mire al placer, ya a la buena fama, ya al provecho, el que encomia lo
justo acierta y el que lo censura no dice nada en razón y ni siquiera conoce lo que
censura.
-No creo -dijo- que lo conozca en modo alguno.
-Tratemos, por tanto, de persuadirle con dulzura, puesto que si yerra no es por su
voluntad. Preguntémosle: «No reconoceremos,hombre bendito, el origen de la ley de lo
digno y de lo indigno en el hecho de que lo primero pone bajo el hombre, mejor dicho tal
vez,bajo su parte
divina lo que hay en su naturaleza de
salvaje y lo segundo esclaviza lo que hay en él de manso a lo salvaje? Asentirá a ello,
¿no? ¿O qué dirá?
-Asentirá si sigue mi consejo -replicó.
-«Conforme a este razonamiento -segui-, ¿habra pues, alguien a quien convenga tomar
dinero o injustamente si acontece que, al tomarlo, esclaviza lo mejor de su ser a lo más
miserable? Y, mientras el tomar dinero por hacer esclavo a un hijo o a una hija,y
precisamente bajo hombres fieros y malvados, no le convendrá por grande que sea la
cantidad percibida, si somete,en cambio,sin compasión la parte más divina que en él hay
a la más impía e infame, ¿no se hará con ello desgraciado y no pagará el oro de su
soborno con un destino mucho más tetrible y fatal que el de
Erifile
al recibir el collar por la vida de su esposo?»
-Mucho más ruinoso -dijo Glaucón-; que yo respondo por él.
-Asi, pues, ¿no pensarás también que, si la irregularidad en la vida ha sido vituperada
desde antiguo,lo ha sido porque con ella se da rienda suelta en mayor grado de lo
conveniente a aquella bestia terrible,a aquel grande y abigarrado animal que queda
referido?
-Es claro -contestó.
-¿Y la insolencia y el mal humor no se censuran cuando lo leonino y lo colérico crece y
se extiende demesuradamente?
-Bien de cierto.
-¿Y el lujo y la molicie no se censuran por la flojedad y remisión de este mismo
elemento cuando producen en él la cobardía?
-¿Qué otra cosa cabe?
-¿Y la lisonja y la bajeza, cuando alguno pone eso mismo, o sea lo irascible, bajo
aquella otra parte turbulenta y,por causa de las riquezas y del insaciable apetito de
ésta,humilla a aquélla desde la juventud y la hace convertirse de león en mono?
-Bien seguro -dijo.
-Y el
artesanado y la clase obrera,¿por qué crees
que son vituperados? ¿Diremos que por otra cosa sino porque son gente en quienes la parte
mejor es débil por naturaleza,de modo que no puede gobernar a las bestias que hay dentro,
sino que las sirve y no es capaz de aprender más que a adularlas?
-Eso parece -replicó.
-¿Por consíguiente, para que esa clase de hombres sea gobernada por algo semejante a lo
que rige al hombre superior,sostenemos que debe ser esclava de este mismo hombre, que es
el que lleva en sí el principio rector divino; y esto no porque pensemos que el esclavo
debe ser gobernado para su daño, como creía Trasímaco de los sometidos a gobierno, sino porque es mejor para todo ser el
estar
sujeto a lo divino y racional, sea, capitalmente,
que este elemento habite en él, sea, en otro caso, que lo rija desde fuera, a fin de que
todos, sometidos al mismo gobierno, seamos en lo posible semejantes y amigos?
-Exactamente -dijo.
-Y la ley -dije yo- muestra también que es eso mismo lo que quiere,puesto que da favor a
todos los que viven en la ciudad. E igualmente el gobierno que ejercemos sobre los niños,
a quienes no dejamos que sean libres hasta que establecemos dentro de ellos un régimen
como el de la ciudad misma, cuando, después de haber cultivado en ellos la parte mejor
con lo mejor que hay en nosotros,ponemos dentro de cada uno, en lugar nuestro,un guardián
y jefe semejante a nosotros para sólo entonces darles la libertad.
-Sí que lo muestra -dijo.
-¿En qué respecto o conforme a qué cálculo diremos,pues, oh, Glaucón, que es
provechoso el cometer injusticia o el obrar con intemperancia o el hacer algo ignominioso,
si por resultado de todo ello se es más perverso, aunque por otra parte se consigan
riquezas o se alcance otra clase de poder?
-En ningún respecto -dijo.
-¿Y cómo ha de ser tampoco provechoso que el que cometa injusticia lo mantenga escondido
y no pague su pena? ¿O no sucede
más bien que el que se oculta se hace más miserable, mientras que, si no se oculta, sino
recibe el castigo, entonces lo bestial de su ser se aplaca y amansa, lo pacífico se
libera y toda su alma, puesta en mejor condición, adquiere, al conseguir moderación y
justicia con la ayuda del buen entendimiento,un nuevo
temple
tanto más precioso que el del cuerpo dotado de salud, vigor y hermosura cuanto que el
alma misma es más preciosa que el cuerpo?
-Así es en un todo -dijo.
-Y el hombre sensato, ¿no vivirá tendiendo con todas sus energías a honrar aquellas
enseñanzas que hacen su alma tal como queda dicho y a despreciar todo lo demás?
-Es evidente -dijo.
-Además -seguí-, en lo que toca al uso y sustento de su cuerpo, no solo no se volverá
al placer fiero e irracional para vivir de cara a él, sino que ni siquiera mirará su
salud ni atenderá a ella para ser fuerte, sano y hermoso si estas cosas no le sirven para
la sanidad de su mente; antes al contrario, aparecerá siempre ajustando la armonía de su
cuerpo en razón de la
sinfonía de su alma.
-Puntualmente lo hará así -dijo- si es que ha de ser músico de verdad. -¿Y no
ajustará también a ello -pregunté- el orden y la armonía en la adquisición de sus
bienes? ¿O es que, impresionado por lo que la multitud entiende por felicidad, va a
aumentar hasta el infinito la masa de sus bienes procurándose con ello también infinitos
males?
-No creo -dijo.
-Antes bien -proseguí-, poniendo la vista en su gobierno
interior
y cuidando de que no se mueva nada de lo que allí hay por exceso o escasez de fortuna, se
regirá conforme a esta norma aumentando o gastando de lo que tiene según su capacidad.
-Exacto -dijo.
-Y del mismo modo mirará a los honores y participará y gustará de buen grado de
aquellos que crea que le han de hacer mejor; y, en cuanto a aquellos otros que vea que han
de relajar la disposición de su ser, los rehuirá así en la vida pública como en la
privada.
-Entonces -dijo- no querrá actuar en política si su preocupación es,en efecto,la que
quedad dicha.
-No, por vida del perro contesté-: actuará, e intensamente, en su ciudad interior, pero no de
cierto en la ciudad patria a menos que se presente alguna ocasión de origen divino.
-Ya entiendo -dijo-: quieres decir que sólo ha de ser en la ciudad que veníamos
fundando, la cual no existe más que en nuestros razonamientos,pues no creo que se dé en
lugar alguno de la tierra.
-Pero quizá -proseguí- haya en el cielo
un modelo de ella para el que quiera mirarlo y fundar conforme a su ciudad interior. No
importa nada que exista en algún sitio o que haya de existir; sólo en esa ciudad actuara
y en ninguna más.
-Es de razón -
dijo él.
Comentario4
Presentación
TIRANICO
En el libro IX de la
República,Platón,continúa con el análisis de la tiranía,centrándose en el estudio
psicológico del individuo tiránico,degeneración,por otra parte, de sujeto
democrático. Volver a
Tiránico.
Texto1a
Comentario1
DESEOS
Platón estudia la psicología del sujeto tiránico
centrándose en el análisis de los deseos que divide en necesarios-no
necesarios-ilicitos.La comida y la bebida son necesarios;la comida y la
bebida en bandejas de plata son no necesrios;robar para comer en bandejas de
plata es ilicito.Pues bien,el individuo tiránico hace aflorar en sí
los deseos más ilicitos.
Volver
a Deseos.
Texto1a
Comentario1
CONTRA LEY
Hay que entender contra ley natural: el adjetivo
paránomos califica frecuentemente lo antinatural y mosntruoso como puede verse en lo
que a continuación decribe Sócrates en el texto. Volver a Contra ley.
Texto1a
Comentario1
SUEÑO
Platón se sirve del mundo de los sueños para
expresar lo que quiere decir acerca de los deseos más ilícitos y licenciosos.Parece
expresar realmente el mundo de lo inconsciente y el Ello en Freud cuando dice:son
los que surgen cuando duerme la parte tranquila y razonable del alma y salta la feroz y
salvaje tratándose de abrir camino y saciar sus propios instintos.Pues bien,estos
tipos de deseos son los habitan el alma del tirano.Volver a Sueño.
Texto1a
Comentario1
COHABITAR
En una de sus tragedias (Oed. rex 980 y siguientes),
Sófocles afirma: no te asusten las nupcias con tu madre; son muchos los mortales que
en sueños ha dormido con las suyas. Recordar tambien el famoso sueño de Cesar.
En otros casos, en los sueños, se muestran parricidios u otros asesinatos mostruosos,
incluida la antropofagia. Volver
a Cohabitar.
Texto1a
Comentario1
CONCUPISCIBLE
Lo concupiscible es,para Platón,una de las tres
funciones o partes del alma.Se corresponde con lo más bajo y es,por tanto,la
sede de los deseos y tendencias más ilícitas.Volver a Concupiscible.
Texto1a
Comentario1
IRASCIBLE
Es,según Platón,la función y parte del alma que
ocuparía una posición intermedia entre lo concupiscible y lo racional.Se
relaciona con la fogosidad,el querer y la ambición.Puede
ser,sin embargo,una buena aliada de la razón para dominar lo concupiscible.
Volver a Irascible.
Texto1a
Comentario1
TERCERO
Con este concepto,Platón,está haciendo referencia a
la tercera función o parte del alma,es decir,la racional y base del buen
juicio.Es la llamada a lograr el control y el equilibrio sobre las otras funciones.Volver a Tercero.
Texto1a
Comentario1
VISIONES DE LOS SUEÑOS
En Timeo 45e-46a, Platón, observa que las imágenes de los sueños corresponden a lo que el alma
ha tenido en sí durante la vigilia. Al mismo tiempo, esta concepción es común en la
literatua posterior. Asi, por ejemplo, Quevedo en El sueño de las calaveras,
afirma: aunque en casa de un poeta es cosa dificultosa de creer que haya cosa de
juicio, aún por sueños, le hubo en mi por la razón que da Claudiano...diciendo que
todos los animales sueñan de noche como sombras de lo que trataron de día. Tambien
es común en la antigüedad la creencia adivinatoria que el alma adquiere en el sueño, de
ahí la antiquísima reputación de los onirópolos o intérpretes de ensueños.
Volver a visiones.
Texto1a
Comentario1
RECUERDA
Ver 561a-562a. Volver a
Recuerda.
Texto1a
Comentario1
CONVERSIÓN
Parece que, a la vista de lo que nos depara el hombre
tiránico, Sócrates, considera al hombre democrático como luces más favorables
que antes. Volver a
Convertido.
Texto1a
Comentario1
HIJO
El tirano es el hijo de un padre demócrata,(es
decir,de un sujeto criado bajo la tutela de un padre ahorrativo y que daba valor solamente
a la pasión del dinero (oligárca),y que,a su vez,había tenido contacto con las masas zánganas
de la ciudad,participando,aunque moderadamente,de sus pasiones y deseos).Pues bien,
ahora, el hijo de ese demócrata, afirma Platón, ya no se contenta con los moderados
deseos de su padre,asi como tampoco con meras ideas abstractas, sino que se embarca en el
mar de los instintos más salvajes.Dando alas a la parte zángana de su padre la
profundiza aún más dando lugar a la aparición del aguijón venenoso que aprovechará
para engañar a las masas y lograr que lo nombren caudillo.Ha nacido el sujeto tiránico.Volver a Hijo.
Texto1a
Comentario1
ZÁNGANO CON ALAS
El jefe erigido en el alma del hombre democrático
corrresponde al jefe levantado en el estado democrático que luego se convierte en tirano (Ver 564 d). Por lo demás, las alas del
zángano recuerdan la representación alada del amor. Volver a Con alas.
Texto1a
Comentario1
EROS
Eros
(mitología), en la mitología griega, dios del amor equivalente al romano Cupido. En la
mitología más antigua se le representaba como una de las fuerzas primigenias de la
naturaleza, el hijo de Caos, y como encarnación de la armonía y del poder creativo en el
universo. Pronto, sin embargo, se le consideró como un hermoso y apasionado joven,
acompañado por Poto o Hímero ('el Deseo'). La mitología posterior hizo de él el
permanente acompañante de su madre, Afrodita, diosa del amor. En el arte griego, Eros
aparece como un joven alado, ligero pero bello, a menudo con los
ojos vendados como símbolo de la ceguera del amor. A veces llevaba una flor, pero más
comúnmente el arco de plata y las flechas, con las que lanzaba los dardos del deseo en el
pecho de dioses y hombres. En la leyenda y el arte romanos, Eros se convirtió en un niño
travieso representado a menudo como arquero. Volver
a Eros.
Texto1a
Comentario1
BORRACHO
En un fragmento de Baquílides se habla del
borracho que rompe los baluartes de las ciudades y piensa mandar solo sobre todos los
hombres. Es importante comparar esto con lo que Sócrates dice más adelante en el texto
sobre el furioso y perturbado. Volver
a Borracho.
Texto1a
Comentario1
VIVE
Platón describe tambien la trayectoria vital del
sujeto tiránico.Su vida,afirma Platón, coincide con la aquellas personas que comienza
dándose a toda clase de licencias (fiestas, banquetes, orgías, cortesanas.....) hasta
que el tirano eros comienza a dominar su alma. Poco a poco comienza a mermar su
patrimonio lo que le hacer mirar a su alrededor para intentar sacar ganancias de donde
sea.Volver a Vive.
Texto1b
Comentario2
DIMELO TU
En Grecia era un dicho común el que se refiere al que,
cuando se le pregunta algo que es sabido del que interroga e ignorado por él mismo,
responde: tú lo dirás tambien. Volver a Tú.
Texto1b
Comentario2
BROTAN LOS DESEOS
Estos deseos corresponden a aquel campamento del tirano
político de que se habla en 568 d. Volver a Brotan.
Texto1b
Comentario2
TODO FALTA
Es la misma necesidad de dinero ya señalada en el tirano
político (ver 569 b), que, como el
tirano individual, acaba por asesinar a su padre cuando le faltan los otros recursos. En
rigor ese tirano es el amor que le impulsa. (Ver 575a). Volver a Faltar.
Texto1b
Comentario2
PADRE
Platón se sirve de la imagen de los padres del sujeto
tiránico para mostrarnos en toda su dimensión la naturaleza cruel de tal individuo.Asi
nos lo presenta como el sujeto que,para satisfacer sus ilícitos deseos,no tiene
inconveniente en dilapidar la hacienda de sus padres e,incluso,usar de la violencia con
los mismos para lograr sus fines.Volver
a Padre.
Texto1b
Comentario2
AMIGA NECESARIA
El adjetivo griego anankaíos, como el latino necesarius,
significa a un tiempo necesario y pariente o consanguineo.
Aquí se funden ambos sentidos; el mismo epíteto se aplica al padre. Volver a Necesaria.
Texto1b
Comentario2
NO SE ABSTIENE DEL CRIMEN
Ver 571 d. Volver a Crimen.
Texto1b
Comentario2
MALES
Siguiendo con la trayectoria vital del sujeto
tiránico,Platón,afirma que,despues de deshacerse de sus propios padres,comienza a actuar
con la "madre" patria,es decir,dentro de la ciudad.Si se da la
circunstancia,señala Platón,que vive en una ciudad pequeña y tranquila,entonces le
ocasionará pequeños males (pequeños hurtos,delaciones,falsos
testimonios,prevaricación....). Ahora bien,si vive en una ciudad grande y con
problemas,siendo el número de sujetos tiránicos importante, entonces, alguno de ellos
podría acabar por convertirse en caudillo y con apoyo popular.Si ello llega a suceder,la
identificación entre el individuo tiránico y la ciudad tiránica acabaría de
producirse.Volver a Males.
Texto1b
Comentario2
PEQUEÑOS MALES
Sócrates los llama seriamente pequeños con la
mente puesta en aquellos otros que se producen cuando esos hombres son muchos e instauran
en la ciudad al tirano (ver 575c). No
hay, pues, ironía, y el pensamiento va desenvolviéndose al explicar Sócrates la
verdadera relación entre el número de los hombres tiránicos y la gravedad que causan. Volver a Pequeños.
Texto1b
Comentario2
CONSUMADO TIRANO
El hombre tiránico lleva en si un tirano, el amor,
que se sobrepone a todos su deseos; de la misma
manera, él, se sobrepone a sus conciudadanos estableciendo en su patria la tiranía.
Volvemos, pues a la esfera política, porque
en los dos extremos de la evolución, que son el filosófico y lo tiránico, lo individual
sólo tiene su plena desarrollo cuando llega a predominar en la ciudad. Volver a Consumado.
Texto1b
Comentario2
MATRIA
Los dos conceptos de patria y matria aparecen en
nuestra expresión madre patria. Volver a Matria.
Texto1b
Comentario2
RESUMAMOS
En el resumen que Platón hace a continuación, Sócrates,
presenta la tiranía como el término de un proceso, término que en el aspecto
moral resulta infranqueable. Aristóteles le censura por no declarar qué es lo
que viene después de ella; y, si nos concretamos a este pasaje, resulta enteramente
ociosa e inconsistente la presentación de que en la mente del filósofo esté la vuelta
al primero y más excelente régimen para cerrar con ello todo el ciclo de la evolución
política. De todos modos, Platón decide tratar seguidamente, como veremos, una nueva
cuestión: la de la felicidad o infelicidad del tirano. Volver a Resumamos.
Texto1b
Comentario2
FELICIDAD
Despues de analizar la trayectoria vital de sujeto tiránico y
mostrar como tal trayectoria suele coincidir con la de la ciudad,Platón,decide plantearse
el estudiar si el tirano es feliz o infeliz. Evidentemente,Platón,piensa que es
el tirano es el ser más infeliz de todos lo que existen.Ahora bien,tal pensamiento
necesita ser fundamentado en la reflexión.Por ello,describirá tres pruebas (Política-Psicológica-Metafísica)
que,según él,demostrarían porque pensaba de esa forma.Lo que trata este texto es de la
prueba política. Volver
a Felicidad.
Texto1c
Prueba política
Comentario3
CIUDAD
La primera prueba de la infelicidad del tirano
es la que Adan llama política,ya que Platón deduce tal infelicidad a
partir de la comparación entre el individuo tiránico y la ciudad tiranizada.Volver a Ciudad
Texto1c
Prueba política
Comentario3
VIVIR EN LA EN MISMA CASA
En este pasaje, Platón, relata su propia experiencia al
haber vivido bajo el mismo techo de un tirano como había sido Dionisio I de Siracusa.
Pero como no puede aparecer en persona, tiene que recurrir a la ficción de dotar a
Sócrates de sus propios conocimientos. Volver a Vivido.
Texto1c
Prueba política
Comentario3
ESCLAVA
Dentro de la prueba política,demostradora
de la infelicidad del tirano,Platón,describe a la ciudad tiranizada como una ciudad
esclava y,partiendo de ahí,deduce tambien que el individuo tiránico,semejante a tal
ciudad,debe poseer un alma henchida de esclavitud y vileza.Volver a Esclava.
Texto1c
Prueba política
Comentario3
NO HACER LO QUE QUIERE
Es doctrina platónica que sólo el bien puede ser querido
y que los tiranos y demagogos que dominan en las ciudades no hacen realmente lo que
quieren (Ver Gorgias 467 b). Volver a Quiere.
Texto1c
Prueba política
Comentario3
TURBACION
A una ciudad tiranizada y esclavizada le es imposible hacer lo
que realmente quiere ya que,arrastada siempre por la violencia del aguijón,estará llena
de pesar y de turbación.En consonancia con una ciudad tal,el alma del sujeto tiránico
será tambien el prototipo de tal pesar y turbación.Volver a Turbación.
Texto1c
Prueba política
Comentario3
MIEDO
La ciudad tiranizada está,según Platón,llena de miedo por
ser la más desdichada de las ciudades.En consonancia con tal ciudad,el sujeto tiránico
sería,incluso más desdichado,si un azar le permitiera ejercer la tiranía.En este
caso,el miedo sería su acompañante habitual.Volver a Miedo.
Texto1c
Prueba política
Comentario3
NO EL MÁS DESDICHADO
A primera vista esta respuesta de Sócrates parece extraña
pues parece que afirma que el tirano no es el se más desdichado. Más adelante, sin
embargo, explica el porqué: el tirano más desdichado no es aquel que por algún azar
deja de ejercer la tiranía sino el que la ejerce efectivamente. Más adelante
examinará, conforme a razonamiento, la veracidad de esta tesis. Volver a Desdichado.
Texto1c
Prueba política
Comentario3
UN EJEMPLO
El ejemplo del que se ayuda Sócrates para demostrar que el
tirano más desdichado es aquel que ejerce la tiranía se centra en la descripción del hombre
rico que posee muchos esclavos. Tal hombre rico se parece al tirano
pues manda sobre varias personas. Volver
a Ejemplo.
Texto1c
Prueba política
Comentario3
DIVINIDAD